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sábado, 5 de mayo de 2012

Central do Brasil

Estación Central (1998), del brasileño Walter Salles, lleva un indiscutible respaldo, con sendos premios importantes como el Bafta a mejor película en lengua no inglesa, el oso de oro de la Berlinale, el globo de oro, el premio del jurado en el Festival de Cine de la Habana o el premio del público en San Sebastián. Éste es un filme que nos habla de la relación de una mujer sin ningún tipo de familia que vive de estafar a gente analfabeta redactándole cartas que luego rompe, con un niño que pierde a su madre atropellada en la estación central de Rio de Janeiro, y que mostrará el afecto y la sensibilidad que el amor produce en los seres humanos dándoles la oportunidad de reivindicarse o como es, de solo amar tal cual producto de una novedosa experiencia que derrumba los antecedentes de la perenne desilusión y acerca la fe que otros destruyen en un mundo que como muestra Salles en sus panorámicas rurales y en sus caseríos pobres no nos circunscribe a ningún lecho de rosas.

Una misión aproxima a esa pareja de desamparados como en esa hermosa toma de ambos alejándose hacia el interior de una pista al estilo de Tiempos Modernos de Charles Chaplin; encontrar al padre del pequeño Josué, con la ayuda de Isadora, la actriz brasileña Fernanda Montenegro que estuvo nominada al Oscar por ésta actuación. El padre que buscan es un hombre mujeriego, irresponsable y alcohólico que aún así es la admiración de un hijo que no lo conoce y no para de contar que su progenitor construyó por sí mismo su casa producto de su habilidad con la carpintería. Josué sueña con ser conductor de camión y su perspectiva de vida es tan simple como la del contexto y el conjunto de los personajes que nos reúnen frente a la pantalla. Salles hace un acercamiento a una naturaleza muy precaria, una población muy básica que se saben como dice un poblador en el fin del mundo pero sin romanticismos ni exageraciones melodramáticas sino que nos ubica en la religiosidad de la gente y en su quehacer diario como telón de fondo, sin un embellecimiento pero tampoco sin ninguna tragedia. Es como pasear por ese universo que atrae a los turistas o a los urbanos, a esa diafanidad y felicidad que aspiran buscar fuera de la vorágine de sus imponentes ciudades.

En su inicio hay un color que estéticamente pinta el ecran de un aire optimista aun no siendo las condiciones más fiables o más adecuadas. La estación central es un sitio donde los robos se pagan con la muerte, se trafica con niños y está surtida de muchas irregularidades anacrónicas para la bien llamada civilización moderna aunque ésta también es magma de esas realidades adversas. Luego a manera de una road movie la mujer adulta entrada en años de talante duro pero común y el chiquillo lenguaraz de espíritu independiente, noble e inocente, dos personalidades enriquecidas en la trama que solventan ese acompañamiento por los pueblitos del Brasil, crean un sentimiento, en un espacio geográfico pintoresco y a la vez menos evolucionado, arma idónea para un filme que funciona sin exacerbar intrascendentemente la emotividad aunque no faltan momentos claves con el impulso de solventar esa relación y esa esencia, el niño perdiéndose entre el gentío huyendo de su “madre adoptiva” desesperada persiguiéndolo lenta a la distancia, el camionero evitando un encuentro sexual ante su fe evangélica y el consiguiente consuelo en la conversación entre Josué e Isadora que indirectamente desmiente la poca presencia física de ella, el vestido regalado tras la jornada improvisada de trabajo o la fotografía de 3 reales con un santo local. Todo justificado ya que el director carioca termina expandiendo y cerrando cabos, generando conclusiones en la línea de esa confabulación que produce risas además de llanto en la última carta, como en el hurtar de una tienda de comestibles tras la mentira de devolver lo antes cogido o con la pícara pero efímera escena de la cama compartida cuando el niño dice ser un hombre de muchas aventuras sensuales.

Es un filme con distintas aristas, tranquilo y alegre a fin de cuentas, de una llaneza muy ejemplar pero sobre todo porque es natural con los protagonistas en sus múltiples defectos, en su interrelación desigual en años pero en la verdadera horizontalidad y que no juzga aun con pruebas, aceptando y creando una nueva puerta demostrando que las dificultades son el camino del engrandecimiento personal y que mientras vivamos nunca quedamos fuera de mejorar interiormente, sin importar la edad, tal así como humanidad, siendo un tema muy propio de todos, a manera de una suave y discreta lección que explica cambios y voluntades solo con tomar un poco de consciencia sobre los demás, aunque bajo un claro vinculo especial que es lo que fomenta por completo el relato. Isadora no es ningún dulce aunque en el fondo yace alguien golpeado que implica una indiferencia aprendida más que otra denominación desfavorable, y es en las idas y venidas del mundo, en sus choques vitales, que se puede vivir la mejor de las experiencias, un momento único que marca nuestras existencias, el niño con la mujer que nunca va a olvidar sin que ella quiera ser por una vez olvidada.

domingo, 25 de marzo de 2012

Tyrannosaur

El debut de Paddy Considine en el guión y dirección de ésta película le ha traído reconocimientos importantes en su país como en los Premios Bafta a ópera prima y en el extranjero en el Festival de Cine de Sundance al mejor director. En resumidas cuentas es un filme imperfecto cargado de violencia en donde la vida para gente promedio es como dentro de una pesadilla, en circunstancias que sacan su peor respuesta, incluso para una mujer con ciertos lujos, con tendencia a la bondad y a la religión.

Pesimista y dura por donde se vea, trae la sorpresa desligándose de un hombre de naturaleza salvaje para revelarnos la oscuridad de la dama con la que entabla una relación de amistad y más tarde de amor como de reinserción social y afectiva.

El título hace alusión ingenua a un apodo provocado por la cinta Jurassic Park cuando un Tiranosaurio ataca la camioneta de unos paleontólogos, se compara un ruido personal con el de ese dinosaurio; pero más que eso se nos invoca el pensamiento de una incontrolable furia por la que deambulan los seres humanos descritos en el relato presente.

Contiene tres actores soberbios que manejan el desarrollo de un itinerario que desde el principio sabemos que terminará muy mal. Joseph (Peter Mullan) nuestro personaje principal y una de las materias de reflexión, cobra un dinero y ante el enojo rompe una ventana del lugar, vive al borde del nervio por culpa de un vecino abusivo que utiliza a su perro pitbull como imposición de respeto; entre sus amigos hay gente de mal aspecto aunque de apariencia engañosa en cuanto a sentimientos y un compañero enfermo de cáncer a punto de morir, cuando se mete en la vida de Hannah (Olivia Colman), la otra fuente de introspección, una dócil fémina que sufre maltratos físicos por parte de su esposo, James (Eddie Marsan, en una corta pero impactante actuación) y así Joseph empieza un trayecto en que busca salir de la rutina emotiva que le agobia aunque antes deberá superar unas pruebas.

Es algo predecible ver el lamentable final que se cierne sobre sus participantes con respecto al asunto del perro y el niño en medio de un hogar caótico, y sobre la humillación y martirio físico emocional de Hannah, sin embargo termina habiendo algo de sorpresa. El discurrir del filme es propio de un mundo proclive al dolor y al sufrimiento, empero hay aire de alegría en algunos momentos. Hay que elogiar a gran escala que Joseph llegue a respirar a través de Hannah destacando la escena del beso como una de las más logradas, que luce natural y no hay ninguna sobredimensión ni romanticismo meloso, siendo un estado puro, sano y directo, como también lo es el de los amigos reunidos en el bar poco después de una muerte.

Los personajes tratan de llevar matices, no son como se les pretende si bien hay una predisposición hacia una línea en los dos protagónicos que caminan indefectiblemente hacia la derrota. Son aun así espontáneos e indefinibles en última instancia, resultando creíbles.

Aunque pareciera que Hannah fuera el ángel enviado para salvar a Joseph, no solo va de eso sino que están para ayudarse mutuamente como dos verdaderas almas gemelas (nótese que ella tolera su agresividad pero no le teme al ser su actitud propia de la frustración, a diferencia de la del cónyuge que es ruin), no obstante hay que recalcar que Joseph ya viene estando pensando, arrepintiéndose, queriendo abandonar esa tendencia a la violencia que lo sojuzga hasta dañar a sus seres queridos, y aunque hay fuerzas que lo conducen a destruir su entorno, se inclina conscientemente por querer cambiar, que es la razón por la que se mete en la tienda a llorar, habiendo un entendimiento de poner de su parte y apoyarse en esa dama que le atrae, de la que intuye virtudes que necesita para sobrellevar su rabia y su enemistad con el mundo.

A medida que avanzamos vemos que Joseph también tiene bondad, y Hannah un lado animal como la del mencionado Tiranosaurio. Son dos caras de la misma moneda pero que vienen con empaques distintos, un yin yang visto desde el negro o el blanco.

Hay menciones curiosas a películas americanas, soy Robert De Niro contesta Joseph a una contemplativa Hannah que lo encuentra escondido detrás de unos colgadores con ropa, o muestra éste el culo gritando la última mítica frase de Braveheart, ¡freedom! (libertad).
Es una cinta que se hace ligera sin que se conciba superficialidad o predominancia de rentabilidad, empero muy bien propuesta. Tiene errores estéticos, como la rotura de un vidrio que se prepara mucho en la toma, o cuando el perro muere de una patada sin que ello irradie mucho visualmente o al destruir la cabaña de la mascota con una lentitud y poca intensidad que no asemeja el espíritu del principal, en lo cual hay una ambigüedad que puede destacarse ya que no asume desmedida certificación de rudeza en la actuación para no caer en el efectismo pero que también a ratos se hace corta para impresionar ya que sí busca explotar ese aspecto. Y aunque hay algunas acciones poco contundentes desde lo que vemos, más que lo que se nos quiere proponer, otras lucen espectaculares como en el descubrimiento del cuerpo con las moscas en el rostro.

El filme puede parecer excesivo si somos susceptibles, e incluso hasta mediocre si nos ponemos en un lado ético dejando de ver que puede ser prioritariamente demostrativo en cuanto a su relato (una falla menor de cierta forma ya que se nota algo despreocupado del mensaje y no asume totalmente esa profundidad que parece postular en los actos en relación a sus figuras, aún teniendo una seriedad que conlleva en el estilo y que la eleva del divertimento), sin embargo aunque hay una inclinación hacia la brutal venganza o actuar por nuestra cuenta, la trama se justifica plenamente desde las leyes de una proximidad con una barbarie muy palpable en muchos seres humanos sino en todos pero en diferente medida, que remite en unos a la vulgarización y a otros a la aceptación de lo radical.

Si notamos que la realización se moviliza en una exhibición de la falta de control, hacia una racionalidad del odio, o la estimulación hacia ello, viendo la lucha de Joseph y la resolución de Hannah, no habrá más que comprender que el filme se acopla a una línea, pobre en lo que implica y en cierto sentido también lo es la forma de llevarlo a cabo aunque indudablemente poderosa en su señalamiento, por lo que el filme no será el más inteligente pero sí bastante interesante y seguro como para atreverse a lo que nos ofrece.