Mostrando entradas con la etiqueta Carla Simón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carla Simón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de septiembre de 2022

As Long As Shotguns Remain, Carta a mi madre para mi hijo, La ricotta y Falling Leaves


As Long As Shotguns Remain (2014)

Ganadora del oso de oro 2014 en cortometrajes. Dirigen los franceses Jonathan Vinel y Caroline Poggi. Es un filme sobre la familia y en particular la relación entre hermanos. Tenemos sensibilidad y mucha violencia. Uno de dos hermanos le busca una pandilla al otro, porque quiere que él tenga una familia cuando se vaya, porque sufre una ausencia en su pueblo y siente que debe volar lejos. Hay historia de fantasmas medio oculta. Es un filme lleno de estéticas. Se busca notoriamente plasmar momentos artísticos. Suena extraño que a uno lo induzcan queriéndote a una pandilla, ofrecerle de cierta forma el mal a alguien, pero se está ofreciendo juventud -o entenderla de cierta manera- y un pretexto para vivir. No es un filme muy ético, pero también se habla mucho de soledad, depresión y de abandono. 


Carta a mi madre para mi hijo (2022)

Dirige la española Carla Simón, es un filme dedicado a su madre y a su hijo recién nacido. Vemos a Simón desnuda embarazada con sus partes intimas ocultas por computadora. Vemos archivo familiar, películas en super 8 y después una historia. Hay un baile sensual con flamenco, un hombre que morirá, tenemos el fuego como símbolo del alma. Hay una mención muy buena, la madre dice a la hija que hará que tenga menos miedos en el planeta, la maternidad/paternidad como sentido de seguridad y fuerza en uno mismo, no solo por presencia física sino como lección de vida. Simón materializa a la madre y la hace pasar por una canción sobre una mariposa blanca. Es la historia de la madre, es la propia historia. 3 estados del alma arden a lo lejos. Simón mira, despide el pasado para hacerse cargo del futuro.  


La ricotta (1963)

Pier Paolo Pasolini es incendiario a un punto, aquí pretende burlarse de la iglesia católica italiana. En un set de cine vemos que trabajan con la recreación de la crucificción de Jesucristo, ese es el contexto. El director de la película es Orson Welles haciendo de Pasolini. Éste se describe de manera directa, describe de analfabeto al pueblo, de ignorante a la clase privilegiada, llena de defectos horribles a la gente promedio. ¿A quien se dirige Pasolini?, su público es la clase media intelectual. A pesar de ser obvio en sus ganas de fastidiar a la iglesia, no es tan grave lo que hace. Tiene de protagonista a Stracci (un carismático Mario Cipriani), un tipo entre bufonesco y hampón de poca monta. Vive amando la comida que sirve para verlo con menosprecio y padecer humillación del propio pueblo. Stracci es un señalamiento de quien uno es si no se ama o no se da cuenta. Es un llamado al propio pueblo, ese que puede enojar a Pasolini, y también a quien le habla como un padre preocupado pero también algo violento. Pasolini quiere dejar huella y es un poco pretencioso (aunque ya sus 2 primeros filmes previos señalan su genialidad), también está lleno de furia.  


Falling Leaves (1912)

Es un filme muy bien hecho, pero básico, de la francesa y pionera del cine Alice Guy-Blaché. Tiene tomas fijas solamente, tratamos con el cine recién iniciado, es cine mudo. La historia es simple pero buena, y tiene decentes actuaciones, aunque histriónicas, un poco exageradas. Una muchacha se enferma de tuberculosis, su pequeña hermana oye algo y quiere evitarlo mediante un poco de fantasía e inocencia. Un doctor aparece como príncipe azul, desde la casualidad, si bien representa la intro del filme. La propuesta recurre al cine más práctico, mueven una cama de lugar para darle otra vida a la toma; la movilidad del cuerpo en el encuadre es también la movilidad de la cámara de cierta manera. Las habitaciones e incluso el jardín son muy nutridos, tal si fueran barrocos. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Verano 1993 (Estiu 1993)

Frida (Laia Artigas), una niña de 6 años, pierde a sus padres, no sabemos cómo específicamente, aunque sólo le tensiona y tiene presente la muerte de su madre, su padre parece que la arrastró a una enfermedad y todo sugiere que fue el Sida. Ni Frida ni la película de la española debutante en el largometraje de ficción Carla Simón lo dicen abiertamente, que Frida sufre mucho la muerte de su madre. Todo el metraje del filme es la conmoción y shock silencioso de la pérdida, Frida pasa por el trance de aceptar la muerte más importante de su existencia a muy corta edad. La niña ha ido a parar a vivir con un tío (el hermano de su mamá), su mujer y su pequeña hija (más pequeña que Frida); ha pasado a vivir a una buena casa de campo. Su nueva familia es muy cálida, bondadosa y responsable, aman a Frida, pero la niña -rebelde en este momento, por el vacío e impacto que lleva dentro- lucha por adaptarse a su nuevo hogar.

Lo que más puede agradar, teniendo en cuenta que el presente filme ha conseguido complacer prácticamente de forma apabullante, su parte distintiva y artística, es que tiene un tratamiento muy moderado y calmado de lo que siente Frida, de un golpe brutal en su vida, un dolor expuesto transversalmente mediante sus continuas travesuras, ocurrencias, escapes y exabruptos (por pequeñeces), es decir, Frida sufre, pero no lo vemos con lágrimas ni melodrama, está aparentemente postergado, pero lo que presenciamos en realidad en la trama de la catalana Carla Simón es la catarsis de la pequeña (para expulsar la enfermedad del organismo), y esto es a través de aprender a vivir con su nueva familia. La adaptación a la villa es un trance mortuorio íntimo, “secreto” y personal; entrar en la corrección es superar el sufrimiento interno.

El filme gusta inmediatamente porque se trata de una niña dulce y carismática, que identifica y sensibiliza al público y no sólo porque es linda en varios sentidos, tiene momentos donde denota una personalidad muy femenina; desde luego, inocente, pero también tiene su carácter y debe desarrollarlo aún más, sobre todo cuando este filme coming of age nos presenta una prueba –injusta- de la vida. El filme cautiva al que entiende –y no pierde de vista- el gran golpe que padece, ésta es una presencia mental y constante en cada acción. Es mirar su comportamiento –la reacción ante el leitmotiv del filme- en cada rincón. No obstante, la propuesta tiene cantidad de ratos de alegría, aventura y ternura, sumado a que no hay excesos de dramatismo con lo que se hace muy simpático y llevadero de observar; el filme requiere sensibilidad, la que aplaca cierta falta de originalidad y su sencillez formal.