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sábado, 4 de julio de 2026
Larceny, Inc
No sé que me apasiona más, si escribir de cine o ver películas, aunque en el fondo en mi caso es indisoluble. Ver películas es para todos, para cualquiera, a todos nos gusta el cine en distinta medida. Está instalado en toda vida. No implica ninguna intelectualidad necesariamente y así pasa en la mayoría de los casos. A ese respecto funciona para esto lo de sólo dejarse llevar por la película, que está bien, lógicamente. Para eso cada quien se especializa en algo o debe hallar su real virtud. Como planteaba Truffaut, dirigiéndose al público que lo llenaba y el cine o el quehacer que lo identificaba, para él se trata de coger -ver a través de- la empatía básica o lo emocional (que así mismo está bien, pero es parte de algo más grande), como bien lo define su obra más icónica, los 400 Golpes (1959), con su aspecto sentimental y autobiográfico, que hay que decir que ciertamente es una buena película. Leer películas es en realidad un don, una habilidad especial, aun cuando muchos no lo entienden así. Me refiero a pensar por uno mismo y profundizar en lo que vemos. Ofrecer creación. No simplemente copiar o citar, refiriéndome de paso a lo académico. Mayormente se ofrecen datos, info, incluyendo así los libros de cine, pero pensar el cine es justamente algo particular. No porque cualquiera no pueda pensar, todos poseemos un cierto grado de reflexión, pero profundizar -leer realmente el cine- es precisamente lo que hace que el séptimo arte me genere a mí tanta pasión. Hablo en primera persona: No puedo sentarme a sólo ver. Yo veo el cine como un acto muy personal, autodidacta, auténtico, especial, de descubrimiento intelectual y creación (que incluye la propia teoría). Larceny Inc (1942), del americano Lloyd Bacon, es todo un descubrimiento. A éste director no suele mencionársele mucho, si bien está de cierta manera canonizado dentro del cine clásico, aun cuando tiene cierto perfil bajo. Es una comedia del noir, como quienes hacen comedias del terror, aunque éstas últimas son más habituales. Se podría decir que Bacon se especializó en ello dentro de un paquete más grande donde también tuvo tradicionales noir y hasta alguno célebre. El protagonista es un ícono del cine de gángsters, de los más grandes del género, Edward G. Robinson, como "Pressure" Maxwell, quien yace acompañado todo el tiempo de 2 compinches, Jug Martin, interpretado por Broderick Crawford con 31 años -que se le ve joven y fornido, no gordo- que hace de un tipo un poco tonto, y Weepy Davis (Edward Brophy), quien, cuando Pressure intenta que sea maltratado para sacar algún provecho, contesta: "Esas no son mis líneas", mi párrafo, mi performance diríamos, ese no soy yo, que es una buena respuesta, con lo que Jug termina haciéndolo siempre. El filme abre con un partido de béisbol que es algo engañoso porque después se muestra que es dentro de una célebre cárcel americana y así se mueve la trama, entre lo criminal y lo familiar. Cuando salen de prisión, Pressure y Jug piensan en volver a los negocios ilícitos. Así se presenta el robo de un banco, pero terminan comprando una tienda de venta de maletas. El plan sigue en ejecución. Jug no puede dejar de delinquir, está como acto reflejo en muchos de su gags. Es una película screwball comedy también y no falta el caos, los golpes, lo abrupto, los movimientos toscos, la intensidad, la palabra rápida de vez en cuando. Pressure tiene la habilidad de convencer a la gente y así se gana, medio sin querer, a sus vecinos, a los negociantes de la misma calle de su tienda. Toda ésta interacción lleva inocencia e ironía. Curioso es ver que su hija adoptiva, interpretada por Jane Wyman con 25 años, es enamorada por un vendedor/manufactor de maletas que trata de convencerla, como si ella fuera una clienta, de venderle un matrimonio inmediato. También aparece el gran Anthony Quinn con 27 años como un criminal de temer, que atemoriza incluso a Pressure. El filme inicialmente se toma su tiempo, pero se vuelve luego dinámico como buena screwball comedy. Pressure llega a hablar bastante y a esa vera se arma, aunque con un poco de lentitud, de manera notable el inicio del filme. Es una película memorable, pero tiene un poco de perfil bajo, si bien hay espectáculo. Tiene sus escenas de extrema comedia, como las tantas que provoca el hueco para entrar al banco que es donde gira el filme junto a caerle paradójicamente bien a todo el mundo, no enterados de sus verdaderas intenciones que es donde se produce mucha comedia. Es una propuesta que parece inspirar una película más popular, más celebrada, The ladykillers (1955). Incluso hay una línea que dice que estos tres chiflados más parecen asaltantes de viejitas que criminales de peso. La popularidad es más fácil de sobrellevar, genera entusiasmo inmediato en general, pero yo siempre me pregunto: ¿me gusta lo que escribo?, ¿me gusta leerme?, y sigo escribiendo.
martes, 16 de julio de 2019
The Ox-Bow Incident
Éste filme tiene un arranque fenomenal, con un Henry Fonda
buscando entusiasmo en peleas de bar, para terminar desmayado por un botellazo
del cantinero. Todo en son familiar por más extraño que suene. Así se presenta
el filme, nos habla de un pueblo donde todos son como una gran familia que deliberan
y debaten juntos, aunque tengan diferencias y rencillas de paso. El debate
central y meollo del filme lo ocasiona la muerte de un ganadero, un hombre
ejemplar y muy querido, ha sido robado su ganado y asesinado. El pueblo, los
amigos, los compañeros, los vecinos, la comunidad, enardece, quieren venganza,
quieren hacerse cargo de los asesinos, para eso quieren ir a buscarlos,
atraparlos y lincharlos, ahorcarlos. El debate surge porque antes algunos pretenden
que se les arreste y pasen por un juicio, pero la mayoría no quiere tanto
tramite, están furiosos, quieren el linchamiento. Deliberan rápidamente, y
salen en busca de los asesinos, la gran escena se muestra con montón de jinetes
cabalgando. El filme se define por la justicia en manos de la gente contra la
de la ley. La consciencia viene más tarde con un toque sentimental, con una
declaración de por medio. El filme tiene un mensaje claro y muy certero. Es
también una propuesta entretenida, muy ágil, muy simpática, aun cuando acción
no es que abunde, es más un drama, una película para pensar dígase aunque no sea
para nada compleja de ver. Como uno de los bandoleros está Anthony Quinn aunque
como secundario. The Ox-Box Incident (1942), de William A. Wellman, es un filme
en su punto de tiempo, dura menos de hora y media, y es muy potente.
martes, 13 de febrero de 2018
El loco del pelo rojo (Lust for Life)
Película de Vincente Minnelli, sobre la vida de Vincent van
Gogh (Kirk Douglas). Douglas le da mucha dignidad a un
personaje que aunque fue un genio de la pintura en vida fue más bien un
perdedor, además de un tipo considerado desequilibrado. En la película dicen de
él los pobladores que es el loco del barrio, pero Minnelli muestra
toda la complejidad de van Gogh. Se menciona que sus cartas estaban repletas de
pasión, emoción y una sensibilidad muy grande, como también que van Gogh se dedicó
a predicar la palabra de Dios en la zona más marginal, y vivía con los mineros
más pobres de la misma manera, sin ninguna ventaja o privilegio.
El van Gogh de Minnelli es un genio atormentado, no se
percibe que dude de su arte, sino que vive de epifanías y apasionamientos, los
cuales lo conducen a una crisis y a un empeoramiento de su salud mental, que
tiene como uno de sus puntos picos el famoso cerceno de su oreja, lo cual tiene
de discutible y misterioso en la vida real. Aquí en la película se atribuye a
la versión más típica, que fue producto de un arrebato del propio van Gogh.
El personaje de Paul Gauguin (Anthony Quinn, que ganó el
Oscar) da momentos muy ricos de interacción, no es muy extensa su
participación, pero provoca mucha intensidad, se le pinta de un tipo salvaje (lo
admite y se vanagloria), solitario, frío, duro, rudo y hasta antisocial y mal
padre (de todo esto demás no quiere hablar), lo cual hacen ver a van Gogh más
normal de alguna forma. Deja duda de que pudo ocasionarle en una pelea la
extirpación de su oreja, por como es el personaje de Gauguin en el filme que
por lo que vemos del hecho en sí, que queda precisado en el propio acto loco,
desesperado y crítico de van Gogh ante la lejanía del amigo y ser admirado.
También la interacción con el temperamento de Gauguin provoca un diálogo analítico
sobre la violencia en la existencia de van Gogh, que es un tema interesante,
visto que el pintor holandés tendía también a enojarse, a gritar y a discutir.
Mucha gente lo marginaba por ello, aunque se ve en gran parte que el van Gogh
de Kirk Douglas no deja de tener una clásica empatía y simpatía propia de la
mayoría de los protagonistas.
Minnelli aunque le otorga dignidad a van Gogh, y Kirk
Douglas lo realza en mucho, tampoco evita mostrar el lado perdedor y derrotado
que siempre acompañó a éste genio de la pintura, como cuando van Gogh pretende
a su bella y joven prima viuda y ésta lo repudia. Finalmente van Gogh termina
teniendo por pareja a una sencilla lavandera madre soltera. El filme muestra la
obsesión de van Gogh por la pintura, en esto no caben dudas, van Gogh se
esfuerza, vive cada motivo de su obra, se ve como surgen sus epifanías y
entusiasmos, se entiende qué lo mueve, y se explica un poco su estilo y búsquedas.
El filme propaga y enaltece el lado genio de van Gogh, haciendo un contraste
que tiene de real, y que justifica la dignidad que presenta.
El trato con su hermano Theo (James Donald) no puede faltar,
queda también muy delineado el amor y la paciencia que le tenía Theo, su ayuda
y respeto. En esto Minnelli muestra todo puro e ideal, Theo es un gran hermano,
y van Gogh lo ama y muestra agradecimiento. El filme exhibe una relación muy
limpia y natural. Pero no se magnifica tampoco la ayuda. Van Gogh demuestra que
puede manejarse, aunque su apasionamiento le cobra factura. En todo el filme
hay una línea que habla de los tantos defectos del pintor holandés, pero no se hace escarnio de ello, siempre hay respeto,
sensibilidad, tino y humanidad. Minnelli no necesita del golpe bajo ni de la
exageración, hay clímax sí, pero efectismos baratos no. Hay delicadeza, pero
también franqueza en mostrar a van Gogh, en un tono clásico, inteligente y
amable.
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