Mostrando entradas con la etiqueta cine indio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine indio. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de noviembre de 2021

A Night of Knowing Nothing


Presentada en la Quincena de los Realizadores, en el festival de Cannes 2021, perteneciente a la india Payal Kapadia, que debuta en el largo y el documental. El filme es una bitácora vivencial o diario intimo de una chica que solo conoceremos como L, y una voz en off leerá unas cosas que se encontraron de ésta muchacha anónima, halladas en una Universidad, donde justo estudió la directora; L suena a un alter ego de Kapadia, una voz coherente y decidida para hacer oír otras voces similares. L es una estudiante socialista de casta baja que se enamora de un joven de una casta superior mientras su Universidad es tomada por la ideología dominante, ideología que practica la discriminación a través de castas o capas sociales, esto impide que L se case con su amado, éste amado teme a su familia y a la propia familia de L, se habla de que lo pueden hasta matar. Ésta separación y pirámide de castas es muy fuerte en India, y son estudiantes como L los que luchan por derrumbarla, destruirla. La policía reprime ésta especie de pequeña revolución estudiantil, y hasta estudiantes de derecha entran a golpear a los muchachos socialistas usando máscaras y todo tipo de palos. Por el final vemos en un video de la cámara de vigilancia como los policías golpean estudiantes socialistas hacinados como animales desesperados contra una diminuta puerta tratando de escapar de las golpizas y arrestos. L, que supone la voz en off, habla poéticamente, también muy inteligente. En un momento se le siente melancólica, expresa sentir decepción de su pareja, y le hace un último llamado sutil (éste hombre se explica a través de lo que señala el título, recurre a lo onírico para comprender el mundo). El filme se basa en imágenes reales de fiestas y ceremonias típicas, folclóricas, indias, también de los mítines y huelgas estudiantiles que son muchos y con discursos y debates muy potentes y bien articulados. Los estudiantes también son vistos como una amenaza para la religión hindú y se les tacha de terroristas así como se les discrimina a los musulmanes en India desde el poder. En un momento Kapadia/L se detiene a reflexionar sobre el personal de la policía femenina y la lucha de clases y trae a la discusión palabras del mítico director italiano Pier Paolo Pasolini. Es un filme ensayo para pensar y como dice el ensayo es propio de la época, una época que clama por nuevos cambios sociales; más que la gente, se manifiesta, es el tiempo que se vive. Ésta propuesta está hecha a blanco y negro y mediante imágenes sencillas, pero es bastante competente y una obra de nivel. 

domingo, 20 de junio de 2021

Milestone (Meel patthar)


Presentada en la sección Orizzonti del festival de cine de Venecia 2020. Dirigida por el indio Ivan Ayr. Orizzonti es una sección para cine de última actualidad (es como decir, el cine del futuro), cine rompedor, original, atrevido si se quiere. Éste filme es cine de autor, no es cine indio popular, aquí no hay musical ni melodrama, hay drama pero expuesto con cierto sostén emocional. El protagonista está en el trance de definir su existencia, de pegar un gran cambio, le ha llegado la vejez de golpe, a través de abandonar el trabajo que ha tenido toda su vida, él es camionero. Yace en medio de una fuerte tensión, y carga además un peso grande por la muerte de su esposa. El sufrimiento se ha posado en su diario vivir. No obstante el filme tiene cierta frialdad, le ha puesto razonamiento y temple a su protagonista, a Ghalib (Suvinder Vicky). Ghalib no llora, pero está preocupado en su interior. El filme tiene una narrativa no del todo convencional, hay respuestas un poco que salen expuestas fuera de lo común, quizá por estar haciendo cine arte o cine de autor o quizá porque también el cine indio tiene o busca su pequeña distinción. El filme es claro, sencillo, no del todo directo, maneja sutilidad, pero tiene momentos de clímax, momentos decisivos. Uno de ellos es cuando Ghalib ofrece una gran suma de dinero -un fajo grueso, mismo negocio mafioso- al muchacho aprendiz que ha llegado para tomar la posta, para relevarlo, para jubilarlo. Éste muchacho necesita el trabajo, tiene una necesidad económica, no hay maldad en sus acciones, es alguien humilde y amable, esto hace más complejo el panorama. Encima Ghalib ha tenido acciones discutibles, no es ningún santo aunque también es un tipo educado, no es tampoco un agente del mal. Se trata el retrato de personas comunes. La propuesta tiene un contexto sencillo, sin estridencias ni algarabía, hay mesura en el ambiente, por más que la situación no pinta bien, como llegamos a oír de huelgas y la explosión del amigo despedido, pero en fuera de campo; el filme deja la violencia para imaginarla, poniendo hincapié en lo intelectual, pero también en lo sensible, en lo humano, nos pone a razonar el fin de una etapa, la vejez, la compensación y los beneficios sociales, el filme es cine social sutil, conocemos de la sociedad, de la tradición india. Presenciamos lo autóctono de la mano de ese juicio popular que recibe Ghalib. Es un filme que sabe explotar elementos simples de manera muy competente y novedosa. 

lunes, 22 de febrero de 2021

The white tiger

 


El popular crítico americano Roger Ebert decía que el director de ésta película, el americano de padres iraníes Ramin Bahrani era un gran director, llegando a ser más tarde muy buenos amigos, incluso hasta los últimos días de Ebert. Bahrani con sus tres primeras películas, Man push cart (2005), Chop shop (2007) y Goodbye solo (2008) se hizo del respeto de cierta crítica; hoy finalmente creo ver que llega de cierta manera la popularidad, con su potente película The white tiger (2021), producida por Netflix. Es una película que intenta hablar con Slumdog Millionaire (2008), otra película india hecha por un anglosajón, ganadora de 8 Oscars, y una película que le encanta a muchos y me incluyo. The white tiger le dice a esa megapelícula que su historia habla y propone pasividad, servidumbre eterna e ilusión y fantasía utópica en poder convertirse uno en millonario o en poder salir de la pobreza, que señala la proclama de forma tan fácil y falsa -es decir, por un juego, ciertamente como una rifa, más allá de mil penurias que muestra el protagonista en su habitad y crecimiento-, tras el tema que comparten. Audazmente, The white tiger le dice salir del gallinero a salir de pobre o de la servidumbre tan arraigada en la sociedad india, como se nos explica. The white tiger exhibe como se le humilla al pobre, como ser señalado de criminal e ir a la cárcel injustamente para que los amos pasen sin polvo y paja sus delitos y culpas, señalando una servidumbre psicológica inclusive. El filme que se basa en un bestseller es políticamente incorrecto haciendo uso de la violencia de la peor forma, para salir del hoyo, para escapar del gallinero. En la película de Bahrani todo vale por dejar de ser pobre. Para eso el filme se ampara en la excepción (cosa que curiosamente comparte con Slumdog Millionaire), en ser un tigre blanco, un ser único en cada generación, un ser que recurre a lo oscuro para llegar a la luz (por supuesto, entre comillas). El protagonista finalmente se ufana de su éxito, posición y dinero. The white tiger es una película amoral, propia de nuestra contemporaneidad, pero carente de ser políticamente correcta, como también es parte del hoy en día. Es un filme que justifica la violencia, aunque se ampara en la excepcionalidad (medio romantizada, medio de cartón), pero al estilo del cine criminal, que me recuerda cierta semejanza con esa obra omnipotente y gloriosa que es El Padrino (1972), salvando ciertas distancias, como también que The white tiger genera muchos daños colaterales a diestra y siniestra; mueren perversos, y también justos por pecadores, bajo la noción de la autoinmolación, de saber plenamente qué estamos haciendo, decidiendo, perdiendo y ganando. El cambio lo es todo, nos dice el filme. Balram (un maravilloso Adarsh Gourav) empieza bastante humilde, y es hasta simpático. Mientras tanto, yace dominado por una abuela dura, abusiva y aprovechada, que deja morir al padre de Balram, un hombre humilde, trabajador y ultra correcto. Pero va creciendo en él un germen de disconformidad con su situación, provocando que vaya dando pequeños cambios en su vida, hasta que se calza a un amo de buen corazón (para seguir mejorando), pero débil en varios sentidos, interpretado por el genial Rajkummar Rao como Ashok. Ashok y Pinky, su mujer (la hermosa y voluptuosa Priyanka Chopra), son de ideas liberales y libertarias y terminan favoreciendo al demonio que crece en el cuerpo y la mente de Balram (consciente de que el mal yace en realidad en otra parte), igualmente por dársela de cool. La paradoja es ver como Balram se convierte en un monstruo, justificando su accionar, hasta el orgullo; hay una alusión al despertar de una pesadilla -muy creativa- que lo describe de cuerpo entero, y al filme y al libro en que se basa también, es una imagen terrible dígase de paso. En esto el filme es bastante atrevido, en ello basa su distinción, que es gran parte de la propuesta; casi todo el metraje -toda la explicación, en hermoso cine- es lo que hará que Balram entre en estado de locura, 100% consciente. El cambio será a razón de todo ese background que hemos visto, muy parecido, pero más de pobreza y penurias del bajo mundo, al de Slumdog Millionaire, película que exagera adrede -bromea incluso con ello-, en medio de un fresco muy amplio, tremendo resumen del cine indio, simplificando muchas existencias en una vida humilde. Pero con distinta salida o conclusión (en la de Danny Boyle su protagonista nunca abandona su alma). Balram vivirá una epifanía macabra, muy bien ilustrada cuando se topa con un loco de la calle y caga uno frente al otro al aire libre entre risas y euforia, provocando tremenda, mítica, escena, inmortalizando el click. Luego, a lo Oldboy (2003), blande un fierro, por un martillo, y proclama su libertad de la peor forma, de la forma más vulgar, pero todo muy consistente. 

viernes, 19 de febrero de 2021

The disciple

 


Ganadora de mejor guion en el Festival de Cine de Venecia 2020. La dirige el indio Chaitanya Tamhane, es su segunda película. Es una película que requiere cierto esfuerzo, de cierta paciencia. Es una película inteligente, sutil, y cuando no es sutil lo contrasta muy bien, como cuando escuchamos lecciones y definiciones de la música clásica india que tiene de cierto aire de esnobismo y excepcionalidad. En el filme vemos cómo hacer o entregarse a la música clásica india del norte es algo especial, algo exigente y poco popular, es un sacrificio en sí y es algo que requiere de alguien místico de cierta manera. Todo esto se puede conjugar con la vocación por encima del éxito y el dinero, es decir, lo auténtico y al mismo tiempo lo romántico y poco práctico, en ello está la esencia de hacer algo trascendental, sin tener todo el reconocimiento que esto debería tener. Es señalar a ésta música como el arte y lo sublime y no lo popular, lo superficial o monetario. En el filme suenan algo pedantes las lecciones y conceptos de una maestra de la música que escucha y se entrega con devoción nuestro protagonista, Sharad (Aditya Modak), pero en otro momento esto se dice, mediante un especie de critico musical y coleccionista de rarezas musicales, a quien se le termina lanzando agua a la cara por sus comentarios tan descarnados, sin filtro se podría decir. Éste critico es un personaje rico en palabra, aun cuando, desde luego, no tiene nada de simpático; así igualmente el protagonista es lo más seco y poco empático que uno puede imaginar, incluso lo vemos masturbándose en varias ocasiones como desfogue común, otro punto de virtud del filme, esa naturalidad para no querer ganarse fácil al público. Es un retrato muy honesto, muy profundo, y valen mucho sus contrastes, son muy astutos y sabios, y complejos, como cuando la música clásica india -música mística, ascética, trascendental- se contrasta con esos programas de cable de concursos de talentos musicales (pero a través de una aspirante de aspecto tímido y sensible) o con la simple música romántica y melancólica que llegamos a ver cantar en el metro por alguien humilde. El filme maneja contrastes y matices notables; hay gente noble, pero imperfecta, discutible (aunque sin nada grave tampoco), seres humanos simplemente; hay gente honesta, pero igualmente imperfecta. El gurú o maestro musical de Sharad es un anciano que tiene problemas de salud, que toca con fervor, pero no le alcanza el dinero ni para su salud, y esto se dice que en parte es por su culpa -no hizo todo lo que estaba en sus manos-, tanto por la idiosincrasia de su tipo de música. Así en el filme se da más de una sola perspectiva, hay un panorama complementario, aun con el comentario poco empático. ¿Verdad o comentario mala vibra?, queda cierta duda, hay algo de cierto ahí. Es una propuesta que quiere que el arte o la música hablen por sí mismos; nos dice que el arte también conlleva su marketing, sus historias, y que lo popular también tiene su gente auténtica o no demos todo por sentado, no cerremos las puertas. Sharad es un hombre inteligente, tendrá éxito, será empresario, él haya la salida a sus dificultades y retos musicales, no todo puede ser romanticismo nos expresa el filme. Por otro lado es una película exigente porque todo lo que hace Sharad no parece gran cosa, el tratamiento es bastante austero. Así mismo la música clásica india que oímos no se percibe muy empática, hay cierta distancia, pero esto se dice muy bien en la película, y queda muy bien definido como cine. Ésta música es para pocos. Aun así la oiremos bastante en ésta obra, hay mucha performance. En la última escena, con el músico callejero, se puede entender que nada está escrito, que el éxito le cuesta más a algunos, a cierta arte, pero el éxito finalmente no tiene dueño, depende de cada uno. En un momento se dice con euforia, claramente, si quieres tener dinero trabaja con canciones románticas, pero la presente película nos dice como conjunto, no des nada por sentado, y con eso nos quedamos. Ésta película es tal cual la música que retrata, aun bajo la autocritica, es una propuesta exigente, pero exitosa, y es mística no para pegarla de trascendente o esnob, sino por la dedicación que le entregas, por el amor que le pones, por tu sacrificio, porque el protagonista no es simpático, pero sí un tipo verdadero, así verlo masturbándose no será algo lindo, pero es eso, la imperfección de lo real, y uno no deja de luchar y ansiar no solo trascendencia; más que sobrevivencia, también éxito. 

miércoles, 23 de enero de 2019

The Gold-Laden Sheep & the Sacred Mountain


Un avión –que se menciona bastante, pero que no se ve el accidente- cae en una montaña sagrada en el Himalaya y esto despierta la codicia de los lugareños, habiendo una recompensa por recuperar al piloto y mucho oro en la zona, aun cuando dicen que entrar a la montaña es ir contra lo místico del lugar y la montaña te traga prácticamente. La naturaleza toma mucha injerencia en el relato, imponiéndose, prologándose el misterio y el suspenso en el vagabundeo (y sobrevivencia) de tres grupos. Entre ellos está un pastor viejo ducho conocedor del lugar, que aunque de trato rústico y campechano le lleva ventaja al resto, además de que es un sujeto muy dinámico. Otro grupo lo forman unos exploradores muy jóvenes; y por último el criado del pastor cae por torpeza en la zona prohibida. Sin embargo aunque se trata de seducir a la montaña, convencerla, nadie está libre de perecer, por lo que es una hazaña cruzar hacia allá. Frente a fogatas de estética plomiza los lugareños y el pastor conversan sobre el oro y la montaña, folclore que se emparenta con el Perú en la adoración a la tierra. Todos yacen entusiasmados por obtener riqueza, lo piensan bastante que olvidan el respeto por la montaña sagrada. De eso va el relato, de profanación y respeto a lo místico, a la tradición. El Himalaya luce maravilloso a la vista, con grandes picos de altura, abismos, vegetación, nieve y lo salvaje. El pastoreo de ovejas, mostradas hasta el más mínimo, el detallismo en los animales, cuidados y organizados, moviéndose en grandes grupos, es algo también bello de ver. Ésta propuesta de Ridham Janve no parece muy común en el cine de India, es más cine arte minoritario, a ratos contemplativo, bastante lento y con muy poca narrativa, repitiendo y futurizando escenas, yendo mucho a mostrar estar atrapados en la naturaleza, manteniendo la expectativa de lo imprevisible, que caigan en la red de lo fantástico, visto con austeridad, sutileza y humildad. Es el trabajo de lo mínimo, aunque India es un país filosófico, ultra místico y religioso y aquí se puede ver toda esa devoción y la fuerza del territorio enfrentados a la ambición natural de los hombres.  

sábado, 19 de enero de 2019

Newton


Newton (2017), de Amit Masurkar, es una comedia india suave, con Newton (Rajkummar Rao), un muchacho bastante estricto consigo mismo, pero algo perdedor. Es alguien que es enviado a que voten en una población peligrosa, por la proliferación de guerrilleros maoístas. Newton lo ve como tremenda obligación y quiere hacer cumplir su deber al pie de la letra. En la zona hay un jefe militar que es el típico militar canchero (un excelente Pankaj Tripathi), quien será el antagonista de Newton, en justo lo contrario, hacer el trabajo de la votación como sea.

En el filme se oponen, pero sin ningún tipo de violencia –que no sea la propia presencia tacita-, ejército con personal de votación encabezado por Newton –un tipo bravo y obsesivo hasta la locura-. Mientras los militares que encabeza Aatma Singh (Tripathi) cogen a los votantes casi por la fuerza y solo quieren quedar bien con sus superiores y estos con su imagen ante el país, Newton es un idealista que raya lo tonto y quiere que pobladores bastante humildes desligados de la votación entiendan qué es democracia, su derecho, deber, la potencial oportunidad de cambio y bendición. Los militares los ven como ganado a los pobladores y poco les interesa las formas, Newton no soporta ese comportamiento, sufre existencialmente frente a ésta situación. De esto salen chispas de comedia, de humor negro.

Los entretelones de la votación están perfectamente desplegados, aunque con sencillez formal, pero contienen todo el escenario de éste tipo de eventos. El filme llega hasta la confrontación abierta entre Aatma y Newton, en ello, el pico de la propuesta, muestra humor exagerado, pero efectivo. El resto es suave, discreto. Presenciamos el día “típico” de la labor del personal de votación, más con un jefe estricto como Newton. Lo que hace todo aún más curioso –aparte del protagonista- es que están en medio de lo natural, de lo salvaje, de cierto atraso, y encima con guerrilleros forzando que no se ejecuten las elecciones. Los maoístas hacen simple presencia con un asesinato y de ahí en adelante la noción de su presencia es perpetua, pero el verdadero contratiempo de Newton es Aatma, aun cuando los militares están para protegerlo y apoyarlo.

Aatma es astuto, aunque desplegado con la misma inocencia que Newton. Los baches que le pone el jefe militar es lo típico que hacen los militares dictatoriales, y en esa dialéctica entre el ideal –Newton- y la corrupción –Aatma- está lo más trascendente de la propuesta. Es un filme creíble, a pesar del humor, pero muy simple, de narrativa austera. Pero entretiene bastante. No es que invente nada, todo lo conocemos, pero está muy bien ejecutado, con lo especial –si bien es idéntico a muchas realidades, incluyendo la peruana- de un espacio indio de pueblo perdido y peligroso. Todo es fácil de identificar. Newton tampoco está hecho de manera redundante o burda, aun cuando es un tipo propio de lo muy estricto. Newton aunque tiene de loser, es un tipo también con habilidades, coherencia y trato. Newton es un muy buen protagonista, aunque Aatma es más divertido, sin mucho esfuerzo, está preciso.

viernes, 18 de enero de 2019

Sir


Lo que pudo ser un melodrama abierto, algo telenovelero, donde abundan éste tipo de relaciones románticas, entre patrón y empleada, en el Perú tenemos a Natacha, Rohena Gera lo hace con un tratamiento delicado, muy cuidadoso de no caer en esto o al menos no en demasía, aparte de fomentar la relación sentimental muy lentamente, con mil atenciones de parte del patrón, Ashwin (Vivek Gomber), a quien Ratna (Tillotama Shome), la empleada del hogar, llama siempre formalmente Sir (Señor), y lo cuida al milímetro, le sirve la comida, limpia la casa, lo acompaña todo el tiempo, con suma docilidad.

Ratna es una mujer servil y muy humilde, mientras Sir es un muchacho de familia adinerada, pero como se ha de esperar Ashwin es un gran tipo, muy bondadoso y sencillo. El filme en ello pone al frente una relación poética, separada por el ridículo como lo llama ella. Pero a Sir no le interesa en absoluto, no tiene la más mínima duda. Todo parte de que Sir es dejado a punto de casarse y Ratna lo reconforta anímicamente. Ella no le corresponde fácilmente porque no quiere ser la puta del patrón, además de que es muy respetuosa de su origen, la villa, el campo, lugar arcaico donde la tienen relegada, pero aun así ella la lleva muy presente.

El desarrollo de los afectos entre el Señor y la empleada del hogar es bastante trabajado, hay mucho detallismo, y continua atención mutua. Casi todo el filme  es éste desarrollo de formar un vínculo afectivo sólido entre ellos, aun cuando Ratna es sumamente humilde, como en una telenovela de Thalía o Verónica Castro, pero sin llegar al trazo grueso de la ignorancia. Ratna estudia para ser sastre, pero lo que verdaderamente quiere ser es diseñadora de alta costura. En un momento Sir le dice que quizá llegue a ser muy famosa y ni lo reconozca.

Ratna tiene complejos, en varios momentos se siente menospreciada por si sola cuando su patrón no tiene esa disposición en sus comentarios, pero ella lo siente así. Ratna es inteligente y muy honrada, pero tampoco es un muerto, muestra alegría, aunque mucha sencillez. El filme tiene las características románticas de una película india, así que no teme ser sensible, aunque no exagera, se cuida de no ser melodramática como suele ser. La relación entre patrón y empleada es dulce, está bien cimentada. En un momento Ashwin lleva una mujer bella a su casa, a la mañana siguiente Ratna la ve salir del cuarto y ésta pide un vaso de agua. Ratna siempre servil la atiende, pero se percibe su desilusión, aunque sugerente.

La protagonista tiene una amiga con la que comparte mucho tiempo, en un momento la amiga se pone un casco rojo de motocicleta con una estrella al lado –como quien señala una revolución light-y lleva a Ratna a hacer compras para realizar su sueño de estudiar algo y poder superarse, suena en ese momento la música de celebración o alegría india. Es así de típica también la película. Pero aunque la relación romántica central es un lugar común visto millones de veces Rohena se las arregla para hacer un filme simpático y delicado a un punto, un filme noble. Es una propuesta donde los chicos de la ciudad son buenos chicos, como deja oír un diálogo.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Tumbbad


Con una estética de lujo y una producción de primera ésta obra india, mitad película de terror mitad película fantástica, tiene una historia trepidante y muy entretenida, alrededor del folclore nacional siendo India un territorio de grandes mitos, muchos dioses y misticismo. Ésta propuesta tiene una potente parte visual de terror, primeramente con la presencia de una abuela maldita encerrada en pasadizos lúgubres, que tiene un aspecto de cadáver, de bruja y de monstruo, cuidada por su familia en una mansión que guarda una gran historia que involucra a un demonio, un dios e hijo maldito, rechazado, marginado, una cantidad inagotable de monedas de oro y contagios de maldiciones al simple toque del hambriento demonio.

El filme debut de Rahi Anil Barve y Adesh Prasad tiene una velocidad narrativa increíble y cada parte de su mitología está contada de la mejor manera, hilando y aumentando la información sobre el útero de una Diosa que es como una bóveda del infierno donde el ambicioso protagonista se interna en busca de tesoros. Es una obra llena de aventuras, con una visualidad imponente, con su toque de terror fuerte, girando alrededor de estos encuentros con lo oscuro y sus maldiciones con cuerpos encendidos en fuego, mientras presenciamos al vuelo algunos hechos históricos y el héroe pasa de niño a hombre y de hombre a su hijo.

Es una película que sabe explotar a plenitud la mitología del demonio y las monedas de oro, creando siempre novedad a su diestra, pasando a completar una figura de a pocos. Tumbbad es pura acción, un cine comercial audaz, toda una experiencia. No se trata de grandes argumentos, salvo lo mitológico, sino de mucha aventura, de grandes emociones. Se hace mucho uso del detalle hasta en la más mínima creación, proponiendo un mundo autosuficiente en sí mismo que es la exuberancia estética. Todo tiene un aspecto embellecido, con unos efectos visuales, digitales, gloriosos. India demuestra que tiene todo para hacer cine en grande, cine masivo de entretenimiento, capaz de competir con el mayor Blockbuster.

Su terror no da miedo, no va por ahí, pero tiene harto encanto, cada pieza brilla por su notable imaginación, la mitología india del filme es muy rica y su materialización produce entusiasmo. El dramatismo está en su punto, cuando su cine tiende a exagerar y ahí radica su habitual falla. El filme tiene una tosquedad en el comportamiento de sus personajes que va acorde con su poderoso ritmo, con su narrativa bajo la orden del impacto.

Tiene también una notable picardía aunque prima un mundo masculino, de hombres bravos, donde un niño se permite seducir a una mujer, a la amante de su padre, a la que le promete riquezas y un futuro matrimonio ante la sonrisa irónica y descreída de la hembra deseada, en un rito de sucesión. Pronto el niño hace a un lado a la madre mostrando el lugar que pronto va a ocupar en la sociedad. Los padres azotan a los avispados hijos, es un lugar no muy políticamente correcto. India propone sus propias reglas cinematográficas, su universo, y consigue entretener en grande.

viernes, 26 de junio de 2015

Gangs of Wasseypur

El Cine de Bollywood es muy amplio, prolifero, pero le cuesta llegar al mundo, que sea popular fuera de sus confines, aunque acotando que es un séptimo arte bastante autosuficiente, apreciando que tiene todo el respaldo de su población, quienes están enamorados de su propio arte, como deja ver la presente propuesta de crímenes y mafiosos que celebra el cine nacional mediante retazos de películas precedentes, la visibilidad de posters cinematográficos en la calle, la vista del panel de ciertas funciones, el baile de canciones antiguas en los filmes homenajeados, o sobre todo con las visitas continuas de los mismos gángsters a las salas de exhibición, habiendo incluso un discurso del llamado Padrino y némesis Ramadhir Singh (en referencia notoriamente buscada y repartida del famoso filme de Francis Ford Coppola) que dice que justifica su éxito en el hampa y sobrevivencia a no ver películas indias, a no entusiasmarse en imitar a los héroes y maleantes cool de la gran pantalla de su país, y no ansiar romper los límites, ni correr demasiados peligros.  

Estamos ante la lucha campal de tres generaciones de apellido Khan, principal y primeramente el indómito Shahid Khan (Jaideep Ahlawat) que se hace pasar por un mítico ladrón, luego pelea a puño limpio en el barro por respeto (en un alarde de grave efectismo) y se vuelve mano derecha de un Don, de un joven Ramadhir Singh (Tigmanshu Dhulia), de donde nacerá un gran odio y un profundo afán de venganza que durará 68 años, desde 1941 hasta el 2009. A continuación lo sigue Sardar Khan (Manoj Bajpayee, que se hace con la primera parte de la película) tipo muy lujurioso que tendrá 5 hijos y contendrá una fuerte fijación de reparar la honra familiar; y por “último” Faizal Khan (Nawazuddin Siddiqui) que es como el Michael Corleone de los Khan (que dominará la segunda parte de Gangs of Wasseypur), el que no estaba destinado a la mafia, pero que termina siendo peor que los otros anunciados, supuestamente más violentos. Es una parentela que está plagada de criminales, en lo que el director y guionista –junto a tres nombres más- Anurag Kashyap muestra mucho ingenio, ya que los grandes nombres y lúdicos personajes entran por montón, suscitando muchas acciones, que llevan en varios casos de explicites gore.

El filme está acompañado de colorido (uno que predomina), aparte de la vitalidad o intensidad que exuda por todas partes, o el ámbito de fiesta que asoma cada cierto tiempo, como en los enamoramientos. Yace en las canciones extra-diegéticas que abundan, tratando de compaginar y producir emociones en pleno apogeo, aunque desde la sencillez y lo didáctico, que molestan a un punto bajo tanta intromisión, al hacerse notar demasiado, como que además merman la brutalidad con su estilo naif, fuera de generar respiro o un contraste particular, ya que también propician harta personalidad y distinción al producto, aunque no son como la locura, el humor negro y la irreverencia de los filmes sur-coreanos. Junto a ello, de la misma forma, a la par que se trata de imponer una mítica en los gángsters, fallan algunos momentos a ese respecto, por conllevar poses inocentes, obvias, fáciles, que solo pueden implicar a un espectador bastante primario (aunque el filme sea comercial), propenso a la risa barata, como cuando se duda de la efectividad de Faizal Khan por medio de una broma seca directa y éste saca el arma y muy orondo lo mata frente a los demás y se retira, con lo que este tipo de énfasis luce endeble, poco creativa, quitándole oscuridad más bien al conjunto, a lo que de por si no lo quiere ser en alto grado, pero que tiene varias buenas escenas potentes, como la perdida de una pierna por una granada, o los tantos atentados, secuestros, choques y escaramuzas que pululan por la obra.

Tiene ratos muy teatrales que más que complicidad, matan trascendencias, pero siendo la duración de la propuesta de 5 horas y media, hay de donde escoger, tanto que perdonar, existen mejores elecciones, mezcladas con una cotidianidad que es importante para Anurag Kashyap, siendo elocuente que los mafiosos tengan diferentes rasgos de personalidad, o sea que lloren, rían, flirteen o que tonteen, que no sean tan estereotipados en su crueldad y ahí gana puntos, quizá hasta exagera a veces, ya que cuenta con mucha violencia y puede agotar, no obstante también tiene muchos ratos de “quietud” que pueden generar lo contrario, exhibe muchos momentos en familia, amoríos o se van construyendo los imperios a través de negocios sucios, saqueos, competencias o por la política, labrándose cada uno un nombre en la temible zona de Wasseypur o el distrito de Dhanbad, que es el leitmotiv del filme, aparte de las guerras entre bandos criminales, y al igual que antes, tiene su tontería  y facilismos, tanto como su imaginación efectiva, porque se juega mucho el director indio a ponerle background cool a cada criatura que entra en el hampa, al conflicto y a los tiroteos, en la búsqueda de implicar respeto, que se logra por traer a colación en Sultan (Pankaj Tripathy), un especie de mercenario de Ramadhir Singh, que no tiene que hacer ningún mohín de fiereza o traslucir frialdad, se le ve muy normal, sencillo y natural (grave virtud del filme, ya que muchos no lucen intimidantes a priori, tomemos en cuenta que Faizal Khan es un claro ejemplo de ello y tiene gran repercusión en el relato), pero perpetra ataques armados enérgicos, cargados de brutalidad. Véase cuando desconoce a un familiar que considera traicionero a su causa, logrando mucha adrenalina en un quehacer imponente.

La mujer en el filme vive en un mundo al parecer machista, pero tiene mucha participación, albergando sensualidad, engreimiento, ira, venganza, traición, carácter. Incluso increpan a los gángsters, favorecen contraataques o deciden futuros. En sí los personajes son como la vida (fuera de la exageración del mundo criminal, donde se mata frente a la policía, que queda bastante en segundo plano), llenos de emociones, y personalidad, hay un trabajo rico en ese apartado. Esto habla de la profundidad del ciudadano indio, que por algo se siente contento con su cine, a pesar de que veo imperfección, pero que aun así vale la pena.

Gangs of Wasseypur estuvo en la Quincena de realizadores, en el festival de Cannes 2012, que no ha sido la última vez para Anurag Kashyap, quien volvería con 2 filmes el 2013, otro de crímenes, en Ugly (2013), en la misma Quincena, sobre la desaparición de una niña en el que se denomina de territorio peligroso, suceso que tejerá una red muy complicada tras sus rastros y encuentro, donde mucho (conflicto) a veces hace de menos ganancia de la que se cree en primera instancia, y lo rocambolesco le cobra factura, pero que de todas formas tiene para entretener, con tanto revés, ambición, corrupción, sensualidad, frustración, maltrato y trampa. La otra fue Bombay Talkies (2013) y es una película ómnibus con la participación de 4 directores. Dos de las historias son de temática gay, una recuerda a Billy Elliot (2000) pero se hace muy india finalmente en la admiración de la belleza autóctona y de la danza popular; y la otra es casi una parábola de la honestidad en un matrimonio frustrado. Ambas simpáticas pero en buena parte redundantes para con el cine. La otra historia es con Nawazuddin Siddiqui y puede ser muy austera (poca cosa), pero la performance y la demostración de talento de éste actor ahí es digna de gran alabanza. Por último está la de Anurag Kashyap con Vineet Kumar Singh que en éste lugar hace el rol inverso a su papel de matón de Gangs of Wasseypur, como un buen hijo que debe cumplir la última petición de su padre, la que es que un actor famoso (Amitabh Bachchan) muerda una fruta dulce típica que le lleva, en donde se hace gala de ese amor declarado de Kashyap por el cine de Bollywood, habiendo dicho que este cuento lleva mucho de quien es. En estos no brilla la originalidad, pero si el tratamiento, además de que Bombay Talkies fue un homenaje a los 100 años de Bollywood, y ese espíritu perdura.

sábado, 18 de enero de 2014

Pather Panchali, Aparajito y Apu Sansar

Abordo otro bastión del séptimo arte, el cine de Bollywood, de la India (dicho a grosso modo, ya que éstas pertenecen específicamente a Tollywood, al estado de Bengala Occidental), que es uno de los más amplios y auto-suficientes del mundo. En mi anhelo de visitar toda opción que produzca interés especial dentro de la gran pantalla que mejor que partir de uno de sus nombres más importantes, el de Satyajit Ray, tocando su obra maestra, la trilogía de Apu, Pather Panchali (La canción del camino, 1955), Aparajito (El invencible, 1956) y Apu Sansar (El mundo de Apu, 1959) siendo Aparajito merecedora del fipresci y del león de oro en el festival de Venecia de 1957. Se trata de la historia de Apu que en cada película va creciendo, desde su nacimiento en la primera hasta quedarse de niño para pasar de ese estado a joven en la segunda y adulto en la última, en medio de un habitad humilde que comparte con su padre, un sacerdote hindú y poeta; su madre, una ama de casa que trata de sobrevivir con una baja economía; su abuela vagabunda y su intensa hermana mayor, la que aún no toma responsabilidades serias en su cultura; pero que irá perdiendo hasta quedarse solo y buscar su propio camino.

Es un retrato social tanto duro como enternecedor, pero de esas historias que no se regodean en la lágrima aunque muestra constantemente el dolor de la pérdida, se sufre pero se proclama continuar con la vida, reponerse, entenderlo, enfrentar un reto de hondura emotiva, de trascendencia existencial, de crecimiento interior. Y todo desde un contexto sumamente sencillo, austero, atractivo y sano en lo rural, pero que también retrata la ciudad, sin rechazo, pero teniendo retos y dificultades que vencer, como a su vez los hay en el campo; cuando Apu de chico se muda un tiempo con sus padres, cuando se va a estudiar, o de mayor termina viviendo en Calcuta. Es un filme bastante folclórico donde se ve lo autóctono con una belleza y diafanidad digna de los máximos orgullos. Todavía más desde una familia de clase baja, pero instruida y con buen nombre desde su posición social, ya que suele versar mucho la ética y la moral en estos tres filmes, el respeto de los mejores comportamientos, que no impiden travesuras y mala-crianzas infantiles, enérgicos reclamos o depresiones que generan abandono, solo que el tono es de una calidez dominante, brillando como parte no solo la simpatía, el encanto, sino los buenos sentimientos. Es un cine amable, familiar, que retrata la vida desde un orden distinto al nuestro, pero a su vez valga la redundancia igual en nuestra humanidad, conflictos, mortalidad, necesidades, sueños, tristezas y afectos.

Es importante notar la construcción de su realismo, su deseo de que veamos su forma de vida desde lo más mínimo, su día a día, bajo una lograda composición artística que arropa al espectador y lo sumerge en un mundo, su aspecto formal, su tono, su música que acompaña como identidad cultural y que invoca intensidad, alegría o meditación. Su gesticulación articulada y sus estados de ánimo en primeros planos. Es una aclimatación total donde los diálogos son hasta secundarios por debajo de sus imágenes de cotidianidad que se dejan comprender con facilidad y generando complicidad, como en la ilusión de ver pasar al tren –los rieles que simbolizan nuestros vaivenes- o de bañarse en el río, el comprar dulces baratos pero sabrosos de los ambulantes, el estudiar y descubrir la ciencia y a los genios universales, el compartir momentos de felicidad, el ser gentil, humano y ser optimista aunque a veces haya que atravesar duelos y estados de limbo para luego renacer.

Tiene cabida lo individual y lo colectivo, no discuten entre sí, más bien se complementan y se aceptan mutuamente. Tiene, claro, a lo autóctono como a la religión o lo que exige su sociedad en cuanto a lo clásico -que tiene mucho de arcaico, no lo niego- por gran repercusión en sus existencias, y buscan complacerle más que luchar contra ello. Hay respeto hacia las creencias, lo popular, la gente y la convivencia y lo que implica asumirse en esos parámetros. La sobrevivencia va de la mano con la vocación, y los sueños en ello ofrecen una personalidad que se defiende a pesar de las preocupaciones y carencias que eso produce. Hay un aura por vivir bajo la realización de la libertad aun sobrellevando la consecuencia de la precariedad, y el ejercer oficios para alcanzar metas personales, siendo un motor y centro de gravedad la familia y el amor que debe acoplarse, pero que influye en mayor o menor medida, y a lo que hay que superar y enfrentar también para sentir y existir en nuestro yo. Su espíritu es el de los clásicos y su convencionalidad y frescura, su toque tan sensible y sin complejos al respecto, aporta una esencia que cautiva porque es segura y potente, atemporal, universal. Vibra la candidez y el goce pequeño, la tontería y el sentimentalismo.

Las tres como es lógico siguen patrones, se parecen bastante, invocan mismos recursos y formas, tanto que Satyajit Ray matiza y escoge o se extiende desde lo mismo; es la ruta de la vida, donde hay que entender mucho a la muerte, punto álgido de las historias y de la existencia, mientras se va saliendo adelante. El hijo en Aparajito escoge destetarse, que es algo natural, aunque yace la particularidad de la dependencia del cariño que él representa para una madre solitaria; más tarde plantea lo contrario, en Apu Sansar, acercarse a la esposa, ser a través de ella, no obstante debe padecer como una especie de injusto karma el mismo trance que su progenitora, incluso en peores circunstancias, para luego regresar, amar nuevamente, es un ir hacia un punto principal en una oportunidad y en otro alejarse, una y otra vez, ese es el “meollo” del asunto.

La humildad en estos filmes es de suma complejidad, siendo parte de la idiosincrasia cultural de la India que puede resultar muy instructiva y novedosa para los que viven mucho lo occidental, se puede ser feliz y respetable a pesar de los problemas, como soñar y hallar la realización aun sobrellevando limitaciones. Fomenta un mensaje profundo, que no engaña, que se da desde la claridad y lo transparente. Se destaca un sentir mayúsculo que envuelve y rige sus propuestas.