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domingo, 24 de julio de 2016

Batman: The Killing Joke

El filme animado de Sam Liu, que adapta el legendario cómic que escribiera Alan Moore en 1988, parece estar dividido en dos. La primera parte que dura unos 30 minutos nos enseña la interrelación de Batman y Batgirl, en una relación amorosa -más allá del deber y el nexo de maestro y pupilo- que luce como la de un hombre mayor hecho y derecho y una jovencita en desarrollo, para ello Batman nunca rompe su seriedad, gravedad y estado parco, no habla mucho y rehúye el flirteo, mientras ella se comporta como una chiquilla fuerte pero no sabiendo lidiar con sus sentimientos, que bien ejemplifica la idea símbolo del profesor de yoga.

No hay que obviar que esta primera parte tiene buenas escenas de acción que generan un equilibrio de géneros, o maneja un cierto yin yang, con un joven gángster entre Tony Montana y otro especie de Joker por enemigo, que juega en medio de la delincuencia al pretendiente duro con Batgirl, al chico malo que la niña correcta no puede evitar, pero, claro, esto es propio de la perversidad y la locura del joven hampón llamado curiosamente Paris Franz. Es la historia típica de aquellas conversaciones en la biblioteca de Bárbara con su mejor amigo, de Batgirl, no de Batman. Se le emparenta a ella con cualquier fémina de aire adolescente con conflicto afectivo. Es un filme lleno de tipos de affaires, más allá de su doble vida de enmascarada y su efectividad en combate como superhéroe, capaz de derribar al mismo Batman.

La segunda parte utiliza a Bárbara Gordon nuevamente, sirviendo todo el previo metraje para darle consistencia humana a un personaje que será un poderoso aliciente que acecha dibujando la perdición, creándose una nueva y propia historia, en buena parte independiente de lo anterior, salvando la idea del gran riesgo que puede caer en nuestra concepción ante una entrega devota a la lucha contra el crimen y la maldad. Comienza con saber que el Joker anda suelto y busca demostrar un punto, el cual es el reto que enfrenta Batman y el Comisionado Gordon, donde el señalamiento del Joker tiene de verdad, aunque se desmienta en la diferencia entre el bien y el mal, tratándose de lo mismo pero manejado de forma personal. En el trayecto vemos el pasado del Joker, que es algo estupendo, viendo que siempre es interesante saber de los personajes apreciados (personalmente, me encanta el Joker, como a muchos).

Lo que le reprocharía al filme y a ésta parte es que Batman surge como un tipo frío, demasiado neuronal y ligero, y le falta esa emotividad que suele tener todo ser humano (curioso porque en la primera parte hay mucho de esto y de aire adolescente), en donde el final suena muy consolador dentro de una narrativa chocante en una broma, y Batman es sangre, un sujeto pasional, por algo la muerte de sus padres lo definen. Más se acerca a la realidad hacerlo un tipo oscuro. Fuera de que la animación esté en el mundo de los adultos, se percibe que no se quiere perder su cercanía con una tradición más pura e inocente de espectador. Por todo se humaniza al Joker, un tipo cruel y violento en el presente, cuando Batman busca entenderlo, y conseguir una paz consigo mismo recurriendo a mantener la disciplina, cansado de enfrentar a un desconocido como llama a su peor rival. No obstante, ¿Batman sabe todo lo que vemos del pasado del Joker?, es más, ¿resulta suficiente para detenerse, y encima hacer un mea culpa?

jueves, 17 de enero de 2013

Batman: The Dark Knight Returns parte 1 y 2

Jay Oliva viene de trabajar de storyborder con muchos superhéroes como Linterna verde, Hulk, Batman, Spider-Man, Superman, La Mujer Maravilla, La liga de la justicia, y otros personajes como Robocop y Winnie Pooh; es él quien dirige las dos películas que trataremos, basada en 4 cómics de una serie hecha por Frank Miller (Sin City, 2005).

Jay Oliva en Batman: The Dark Knight Returns (parte uno: 2012 - parte dos: 2013) se muestra como un gran storyboarder, y no solo queda en ese lugar, sino que nos entrega a continuación una magnífica adaptación animada en dos partes del superhéroe que más ama el mundo, con perdón de Superman, Spider-Man y The Avengers que intentan hacerle la competencia

Otra película de la que hablaré de paso es Batman: year one (2011), de Sam Liu y Lauren Montgomery, también creada por Frank Miller, en 1987, un año después de la presente. Los cómics de Batman: The Dark Knight Returns son de 1986, a diferencia de los filmes que han invertido su lugar de exhibición. Batman: year one es un filme muy intenso, que nos remite al inicio de la construcción de Batman en una ciudad caótica donde el crimen reina hasta el punto de que la policía está totalmente corrompida, pero no está solo ya que al mismo tiempo aparece un compañero dentro de la legalidad, con quien codo a codo lucha por rescatar a ciudad Gótica, el detective de policía James Gordon. En paralelo se nos da la historia de ambos. Mientras uno crece y aprende su lado enmascarado de la justicia, el otro se enfrenta a la agresión y desconfianza de los corruptos compañeros, de la supervisión abusiva de su jefe y de una relación extramatrimonial mientras su esposa está embarazada. A la luz de un humano pero idealista Gordon que tiene fuerte presencia en el conjunto vemos a un Batman decidido, aceptando y proyectando su pasado, en datos a grosso modo pero precisos, mientras asume -y se asume- su papel en la salvación de la ciudad. Por ahí se ve la historia de Selina Kyle y su transformación rauda en Catwoman; sus habilidades de combate y su choque con el murciélago humano.

Batman: year one comparte vínculos con Batman: The Dark Knight Returns, siguen algunas ideas en común, aparte de provenir de una renovación dictada por la pluma de Frank Miller, su trazo veloz y un aura de arte rompedor nada limpio; tienen un destacado pero parcial tono realista, cercano a los cotidiano en varios rasgos, a los problemas identificables aunque dentro de una ficción y una aventura fantástica propia de cómics de superhéroes (más la segunda parte), como su modernidad y su lado cool, su soltura, su explicites en la acción y sus repercusiones en los combates, su ir a complacer más al adulto que a los niños, su agilidad narrativa y su claridad argumental sin perder un tono humano y mayor al simple dibujo animado de primera referencia, o sea el infantil, sino saciar ese lado oscuro que muchos creemos es la verdadera y mejor identidad del cómic que muchos apreciamos. Otro rasgo es que Batman, aunque muchos no lo ven así, vive una fuerte represión hacia su persona oculta, la que es una necesidad, entonces cuando la ciudad  vuelve a caer en el caos, en la alta criminalidad, en la anarquía y su peligrosidad callejera, y la policía no puede detenerla, se requiere de su presencia. Sin embargo la trama de The Dark Knight Returns nos presenta un nuevo contexto, bastante especial y opuesto, Bruce Wayne tiene 55 años de edad, yace retirado hace diez años tras la muerte de Robin, Jason Todd, y decide como anuncia el título regresar.

La primera parte de Batman: The Dark Knight Returns, nos pone como entes de destrucción e inseguridad a los denominados mutantes, una pandilla de punks que son inhumanos y asesinos implacables, naturalmente proclives a la violencia pero anclados al servilismo límite (matan a un niño aun recibiendo el rescate económico por él). Los mutantes tienen un líder muy parecido al Bane más ligero que uno conozca, solo puro músculo, y lo que se hace complicado al enfrentarlo, su juventud. En cambio el hombre murciélago está viejo pero sigue fuerte, valiente y confiado en sus nociones, por lo que vemos que hace frente a todos con esa misma agilidad de antaño, salvando algún esfuerzo extra. No obstante ahí es nada porque sale a flote no solo por su inteligencia, sus recursos técnicos, su osadía, sino con su capacidad de pelear a puño limpio. Acepta pelear cuerpo a cuerpo con el mastodonte, inmisericorde y bruto líder mutante, en dos oportunidades; la segunda ya con algún truco bajo la manga pero igual de aguerrido.

El relato es sencillo y es artificialmente nostálgico, como en un colofón glorioso que es lo que apunta constantemente, un ir hacia adelante frente a la lentitud, al pasar de los años, pero en donde a nuestro héroe le queda ante todo la experiencia si bien parece no haber cambiado en realidad. Aunque luce como un anciano sigue siendo Batman. Le da duro a todo el que se mete con él y no se podía esperar otra cosa, por lo que es, un cómic que con buena dosis de modernidad y audacia también requiere de ciertas constantes tradicionales, sino no existiría. Lo  mismo le pasa a fin de cuentas y en otro grado mucho menos notorio a Christopher Nolan y la discusión de que era o no realista, lo cual parece algo bastante tonto de pedirle a un personaje de historieta, y es que desde el arranque se nos muestra inverosímil, solo irrigado por unos pocos rasgos realistas pero que es una fantasía en toda regla.

Otro rival es Dos Caras, que nos dice literalmente –y en varios planos- que uno aun con cambios físicos sigue siendo el mismo. También destacan algunos toques de recuerdos que son muy escuetos pero son como brillos iluminadores, que hacen al héroe quien es, exhiben sus rasgos de identidad ya muy populares. Batman no deja de tener ese fuego en su interior ni con avanzada edad, yace inamovible ese combate por superar sus pérdidas y en quien lo ha convertido (depende de ello), bajo la curiosidad en el filme de monologar con su propia psiquis de forma exaltada, y es que si vemos bien Batman está un poco loco. Además, en pantalla se da la sutil ironía, en realidad de siempre con el personaje, para quienes decían de que Robin tenía un aire afeminado; la elección de una niña lo hace algo muy esencial, muy descarado, pero entretenido, como es siempre éste magnífico superhéroe.

La primera parte no auguraba algo destacable como ha sucedido, los mutantes son bastante planos como personajes, no representan mucha imaginación en el trazo ni en el fondo. No obstante todo el paquete es lo que la hace sumamente agradable, y aun con estos enemigos se hace audaz. En total, entre ambas partes, mucho importa ver la trasformación del tiempo, ese nuevo contexto desplegado como impremeditado, en cada presencia dentro de una novedosa interpretación visual y hasta en parte de su fondo, todo envuelto en un aire de cierta modernidad. Tenemos la infaltable y constante prensa, las autoridades, las entrevistas a analistas y psiquiatras, la intervención de un presentador de televisión, que la hacen una historia más mediática, analítica y referencial en su discurrir predominantemente ligero.

La segunda parte gracias al ambiente anterior –concreto y bien desarrollado- se dedica a ser solo un poco original en su trama, en la misma dirección pero ya de forma menor recogiendo la miel que le precede, pero nadando en personajes más atractivos a través del hecho de estar consolidados y ser un gancho seguro en el espectador que no se cansa de volver a verles. Surge siempre clásico el Joker como rival, que con él es como dicen que un superhéroe no sería nadie sin un buen antagonista. El plan es sencillo y es un macguffin, pero termina siendo una matanza insaciable y un enfrentamiento final muy duro y explícito. Hay más, Batman se enfrenta a Superman estando viejo. Es el hombre intachable que obedece al gobierno de Estados Unidos, versus el que es un audaz, efectivo, justo y exitoso outsider, metafóricamente interesante. Esto uno no lo puede creer sino lo ve y es que viendo lo que ya nos han reflejado parece una lucha imposible, aun siendo Batman, y juega como connotación doble, porque es un hombre contra uno que no lo es, sino de otro planeta con poderes superlativos, mucho sabiendo que el hombre de acero sigue siendo el mismo de antaño, joven y poderoso.  

Ésta segunda parte aunque en realidad no aporta casi nada nuevo en su superficie y utiliza un refrito muy gastado en una nueva guerra atómica entre una ulterior Unión Soviética y el país de las barras y estrellas por un territorio en disputa, se hace más entretenida, más fácil, e igual sigue el mismo método, aparecen algunos viejos personajes como Selina Kyle (a la que vemos irónicamente vestida de Mujer Maravilla y le cae precisa la frase malvada del Joker, los años no perdonan); y un superhéroe que ahora tiene su propia serie de tv., Oliver Queen, Flecha Verde, que es otro ejemplo de una constante en el filme, ser el mismo, seguir siendo un superhéroe aun siendo ya un hombre sin disfraz. De aderezo presenciamos a los mutantes divididos, a Robin, y la persecución policial en un nuevo comisario, y el anunciado y esperado cierre “definitivo” de la leyenda.