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martes, 10 de febrero de 2026

Privilege


La cuestión con el cine para quien escribe es buscar películas realmente interesantes, valiosas, destacables, alimentar la autenticidad y seriedad de una pasión, que se distinguen sin ser gratuitas, efectistas, vacías, efímeras, sino que argumentan, sostienen pensamientos, sostienen variedad de miradas. Se mantienen en el tiempo otorgando valor a su procedencia. Se trata de obras que trascienden. El cine es arte en toda la palabra, como la literatura, como la pintura, etc., cuando, como en todo, hay talento, por encima de la idea común sobre éste. Aun cuando no se trata de forzar nada. Es ser lo que uno quiere, tienes cualidades sostenibles para, que realmente sea, más allá del papel. El cine es un lugar donde se puede intelectualizar todo. El cine no sólo es entretenimiento o artificio (un lugar de tecnicismos comunitarios). No sólo es colocarte en modo piloto automático. Tampoco es únicamente -y no está mal que lo sea, sino es parte de un conjunto, de ser muchas cosas- un acto social, masivo, colectivo, popular, simplemente placentero (hay muchas variaciones de esto). Bajo mi perspectiva, lo que busco, es un lugar para pensar el mundo. A través del poder de las imágenes y elucubrar creativamente cómo mostrarlas, qué exhibir. En esto encaja la presente película del británico Peter Watkins, que como su compatriota George Orwell, supo trabajar notablemente alrededor de la distopía y las realidades sociales y políticas. Lo que quiso debatir y donde se identificaba. En el presente filme tenemos un sci-fi discreto, bajo un futuro muy próximo -los 70s- a la fecha del filme (1967). Hay una figura de un cantante de pop -el número uno que yace en todas partes- que se ha vuelto un especie de profeta, un tipo que crea opinión masiva rápidamente (ahí yace la ironía de la publicidad de comer 5 manzanas al día y generar un consumo popular o una industria y los cruzados y el nacionalismo en pos de las guerras), que influencia bastante en las masas. Involucra el liderazgo, una figura destacada. Ser famoso pasa por lo mismo. La cuestión es que éste cantante de pop se auto-percibe como la nada absoluta, es una creación de la empresa que representa, que está detrás de él. El cantante Steven Shorter (Paul Jones, un cantante real) no es que sea una mala persona, incluso está cargado de dudas y miradas perdidas, sólo que es simplemente anodino por sí mismo, aun cuando es un buen cantante. Los genios son los que están detrás de él, que desfilan con sarcasmo por la trama (peinándose cuidadosamente o tocando la bateria), pero ven más que todo hacer dinero (hay un poster con Shorter celebrando un puñado de dinero en su mano, celebración de su riqueza). Como el estado y la iglesia están muy pendientes de la opinión pública compran la imagen del cantante. En muchas cosas es un filme obvio, pero se presta para el pensamiento. El guionista es el americano Norman Bogner, un escritor de bestsellers en la vida real. No es que toda figura pública tenga que ser la voz de la consciencia o meterse a hablar de cosas que quizá no le competen, lo político y lo social, pero Watkins se define de esa manera y quiso incluso que otra gente famosa piense igual. El mensaje puede variar dependiendo la celebridad. He ahí lo que señala el filme. En un momento se dice que no se quiere diversidad de opinión (debate) o incluso que no se quiere que la gente sea individualista y creativa en realidad. El filme se puede ver como quien anhela que las figuras famosas deberían ver por un mundo mejor, si bien Watkins lo usa para sus propias ideas, lo que él cree. La propuesta critica que en verdad esa felicidad no venga sola, que no sea honesta. La felicidad es pasajera, va y viene, que ver que algo te la proporcione como arte o entretenimiento me parece muy bueno. Yo diría más que suficiente. Pero no se debe pretender un fanatismo ciego, como vemos en muchas demostraciones de la película (histeria). La idea es no perder la consciencia desde ningún lado. Al final cuando Steven dice odiar al público por lo que se ha convertido, un dios vacío de personalidad, entra en el olvido. El enrostre de la banalidad. Muchos podemos pensar que reflexionar más de la cuenta también no siempre termina siendo saludable. Vivir también es practicidad, no exagerar, todo no es filosofía. Aceptar el proceso, aceptar las frustraciones. La música está para alegrar, para emocionar, como así miraba Truffaut el cine o ir a la sala de exhibición, un proceso comunitario, un proceso emocional, una experiencia social. Éste filme me hace pensar, y el pensamiento que me da es que entretenerse, ser feliz a esa vera, es también algo valioso. Cuando un artista te proponga algo, simplemente pensemos que nos ofrece. Puede ser sólo buena música y eso es mucho también. Puede ser muy fastidioso cuando un personaje se vuelve muy político. Porque eso no es lo que ha hecho que uno se acerque a esa persona. El problema es que Steven Shorter es un monigote. Es ahí que la modelo real Jean Shrimpton -muy bella eso sí; aunque no es una luminaria no actúa mal tampoco- entra a tallar. Curioso que una modelo -una de las primeras supermodelos-, siendo su máximo atributo o fundamento sólo la belleza física, sea una fuente de reflexión, sea la que desencante a Shorter de su universo (si bien alude al amor), hable de la falta de personalidad propia. Ésta es una película curiosa. Muchos de los hits musicales de Shorter son propios de la época y de la música de Paul Jones. La canción Libérame (con los policías como los malvados, la autoridad, pecando al querer ganarse al público a toda costa, otro mal endémico), es poder ser uno mismo, que bien enfrenta la distopía del filme. Muchas canciones suenan melancólicas y se oyen bastante bien. La sátira tiene su encanto, con su sequedad por ratos en el estilo, en otros tiene intensidad. Es un filme de culto. En mucho se puede ver cómo el poder destruye muchas veces a los profetas, como se intentó con Jesús. Otra crítica es que muchas entidades no quieren perder simplemente su lugar. Watkins hizo siempre el cine que quiso. El individualismo de la película remite a un capitalismo reflexivo, autocritico, capitalismo como evolución. El título habla de valorar el privilegio de ser importante. Si está en ti ser un verdadero líder, hay que hacer mejores a los demás. 

domingo, 3 de agosto de 2025

Punishment Park


Punishment park (1971), del inglés Peter Watkins es un filme político y social frontal, se le podría llamar el filme definitivo de una época, que refleja en toda fuerza el conflicto entre los jóvenes socialistas y el gobierno americano. Los jóvenes americanos defienden a las minorías, combaten/rechazan la guerra de Vietnam y hacen notar las diferencias sociales, la pobreza de su nación, aun cuando EEUU es un país rico y lleno de oportunidades. Se contextualiza en el gobierno de entonces, el de Nixon. El filme es curioso porque es un falso documental, pionero en su tipo. Muy realista cogiendo lo histórico, su tiempo, y también es un thriller, una película de sobrevivencia, donde los policías y militares persiguen a los jóvenes rebeldes, activistas, por el desierto, con la consigna de que intenten huir/llegar hacia una bandera americana (como si les dijeran que le demuestren amor a su nación, tal si fuera un acto de redención o una cura) para al poco tiempo ser perseguidos en un juego donde se insta a pensar en la brutalidad policial y la represión. Es una película que aun siendo tan clara políticamente se da bastante entretenida. A pesar de cierta posible incomodidad es harto dinámica e intensa. Hay juicios donde se da a escoger a los jóvenes revolucionarios entre ir a la cárcel o entrar al punishment park. En estos juicios se ven a los jóvenes fuera de sí, defendiendo con mucha energía sus ideas, frente a jueces y conservadores que chocan ideológicamente de manera abierta, mostrando la furia de ésta juventud y la misma furia del otro lado. Se representan las ideas de cada bando de forma potente, si bien la postura que se expone más es la de la contracultura. Policías y activistas son entrevistados, expresan sus posiciones, enfocándose en la reacción a las protestas. En la huida se desarrolla enfrentamiento y mueren oficiales y también muchachos rebeldes. Se analiza la violencia que se genera por las ideologías. Los malos parecen ser los perseguidores que se ven bien básicos -siguen ordenes; dicen defender simplemente a la gente que paga sus impuestos, manifiestan que no hay otra cosa en ellos- pero uno no empatiza fácilmente con los jóvenes revolucionarios que vemos en pantalla. No son expuestos pacíficos o naturalmente tratables, sino histéricos y hippies, aun cuando pueden verse algunos promedio. Hay un retrato que refleja a la gente en esencia, con su -algo visto- hoy a estereotipo. Cuando el filme se pone distópico, o a lo 1984, en el juego de punishment park parece que estamos ante un thriller puro y duro o la emulación de un juego de video y se vuelve enormemente disfrutable. A esa vera puedes leer toda la política como superficial, como un background de personajes de acción o como jugadores que hacen una presentación o introducción antes de empezar éste especie de juego mortal mediático. La prensa tiene un rol en ésta exposición de época, que muestra muy lógico al formato documental, aunque los policías los señalan de interesados monetarios. Es una obra seria. La representación política también es interesante de por sí y sorprende su cierta precisión. Es una película que para su época pudo ser bastante polémica, bastante osada, aun cuando tiene igualmente mucho de lúdica. Es una propuesta fácil de ver, de entender todo y está muy bien hecha, es de esas películas que aunque son hiper políticas pueden gustarle a mucho público, lo cual es una verdadera novedad, sobre todo cuando las películas políticas no suelen ser tan furiosamente entretenidas. Es creativa, aunque (perfectamente) sencilla, como falso documental. Es bastante representativa de su época, de épocas de mucha lucha social, de guerra fría, de ideologías que se tenían mucho enojo entre sí, de toda esa efervescencia que se podía leer como crisis, y busca de temple.