viernes, 2 de febrero de 2024
Caliche sangriento
sábado, 26 de noviembre de 2022
La gran guerra
La gran guerra (1959) es una muy buena película bélica, dirigida por el italiano Mario Monicelli. Es una comedia también y tiene gran tino donde pone la broma como cierre de cada secuencia. El filme es un retrato duro de la primera guerra mundial, donde se escenifica la lucha entre austriacos con italianos. Ostenta una mirada seria de los terrible que es la guerra, pero al mismo tiempo se permite hacer humor dentro de un contexto atípico de esto. Nunca la broma anula el contexto de guerra, no lo superficializa, pero la broma es buena porque bromea donde "no" se debe bromear, pero no llega a ser humor negro, sino es algo más inocente, aunque tiene de comedia italiana y ésta permite cierta llaneza o un poco de ordinariez, pero es un mínimo, porque Monicelli siempre mantiene el buen nivel de su comedia, sin perder identidad general y al mismo tiempo ponerle su impronta. Tiene a 2 pillos como protagonistas, pero nunca caricaturas ni que la comedia los exceda de perder su humanismo, su nexo fuerte con lo real. Están interpretados por dos actores italianos de mucho talento. Vittorio Gassman como Giovanni Busacca y Alberto Sordi como Oreste Jacovacci. Bussacca es de gran tamaño y le gusta jugar un poquito al intelectual pero desde el campechanismo; Jacovacci es bajito y más débil, pero bastante pícaro. Los 2 se parecen bastante, pero Jacovacci es más abierto con quien es o no es algo que le interese o esté al tanto; Busacca es más cínico. Pero los dos temen por su vidas y tratan de escapar en cuanto pueden del peligro natural del enfrentamiento, de la guerra. No temen hacer trampa, ser un poco viles, como que el miedo les gana y predomina su preservación, pero aun así no quieren ser malas personas, y tiene ratos muy humanos, quizá por eso son unos cobardes y requieren de ser tramposos y ladinos para sobrevivir. Se conocen cuando Jacovacci lo tima a Bussacca, pero éste finalmente lo perdona, pero luego logra desquitarse poniéndolo en aprietos con el paredón. Hay otros soldados que trasmiten nobleza y personalidad, como el ducho Bordin (Folco Lulli) que a pesar de tener una numerosa familia detrás se arriesga bastante, pero siempre mostrando que tiene mucha experiencia en la guerra. El mismo teniente Gallina (Romolo Valli) es otro gran personaje secundario, como un muy buen líder, muy identificado con su pelotón. Tanto Sordi como Gassman tienen momentos propios de genialidad en la comedia, son realmente un éxito, tienen mucha empatía con el género y se trasmite bastante al público. Uno puede verse bastante reflejado en su llaneza, en su campechanía y picardía, aunque son timadores y cobardes. Esa es la genialidad de Monicelli, de ponerles matices, nunca son tontos del todo, bonachones sí más a ratos. Tampoco temen jugar con quedar mal parados. No obstante siempre salen ilesos, son inmunes a la lapidación total. El final redime a uno de ellos y el otro cae en la misma situación pero en la ley de la eterna venganza de los compañeros disparejos o peleados, jugando a tomarse el pelo siempre. Se parecen bastante, hacen de compinches, pero en el fondo son agua y aceite porque son como espejos y saben de sus defectos y en el fondo se da una autocrítica. El cierre es como una última broma macabra, con su cuota de perversidad, pero curiosamente dentro de cierto toque tangencial o envuelto en cierto paquete de inocencia. La picardía y la perversidad maneja mucha astucia en la propuesta, nunca deja de ser un filme amable, popular, buena onda, pero es notoriamente inteligente. Hay muy buenas bromas al termino de cada secuencia, hay tremendo nivel de humor, y es una gran película de guerra y a la vez una excelente comedia. La parte femenina que hace Silvana Mangano como la prostituta Constantina es también maravillosa. Tiene escenas muy pícaras y graciosas con Gassman que hace de pretendiente serio como que no sabe de su oficio, pero se da un juego donde disimulan no conocerse para timarse mutuamente, pero también se forma un lado romántico muy bueno. Es una mirada muy liberal; al mismo tiempo Mangano maneja un lado rústico y naturalmente sensual y un toque de humanidad, un lado femenino común, a pesar de su profesión donde suele calmar sexualmente a los soldados y se conoce a todo el regimiento. Mangano es bella y muy chispeante, es muy intensa, tiene un personaje lleno de carácter y llano, típico de la comedia a la italiana. El filme tiene de violencia propio de la guerra, tiene de comedia y también tiene ratos de ternura.
domingo, 20 de noviembre de 2022
Enamorada
Enamorada (1946), de Emilio "El Indio" Fernández, es una gran película, se puede decir que es una comedia romántica, a la mexicana, con la revolución mexicana de contexto y un general revolucionario, José Juan Reyes (Pedro Armendáriz), perdidamente enamorado de la hija de un aristócrata, de Beatriz Peñafiel (María Félix). José Juan es muy idealista y un revolucionario de pura cepa, además tiene de intelectual, es un tipo muy inteligente y muy justo, pero tampoco le tiembla la mano para fusilar a los enemigos de su revolución y enaltecer su ideología de justicia e igualdad social, pero una muchacha de porte, carácter y vanidad que lo rechaza y le tiene ojeriza lo pondrá en jaque con no poder conquistarla y padecer sus terribles desplantes que juegan a la broma de los golpes y las caídas, como con los fuegos artificiales. Éste general revolucionario domina un pueblo, empieza a ejercer su deber con su puesto y de pronto conoce a Beatriz que no le teme en absoluto y más bien lo reta constantemente, aun cuando José Juan le perdona la vida a su padre que también es altanero con los revolucionarios. Hay momentos donde José Juan define muy bien su lucha, como con el uso de la pintura y los reyes magos. En cierta circunstancia José Juan pierde la paciencia y la abofetea a ella y al mismo tiempo golpea al cura del pueblo, que es un viejo amigo suyo, también muy inteligente e idealista, al padre Rafael (Fernando Fernández). Pero esto lo lleva a redimirse más adelante y mostrar su calidad como ser humano en todo sentido, aun cuando él representa el poder absoluto y ésta aguantando a gente contraria a su revolución, pero así mismo el enamoramiento que plantea tiene que hacer que Beatriz aprenda a convivir con su ideología y ese es otro reto, aparte del carácter díscolo de ella y su ira natural hacia él. El filme es astuto y creíble, aun cuando el escenario de enamoramiento luce propio de la ficción y la libertad creativa, de la comedia romántica. Es una propuesta que diluye un poco lo revolucionario y da más cabida a la interacción del enamoramiento "imposible", que es el juego de éste subgénero, poner siempre las cosas complicadas. Ciertamente el general desde su humildad las tiene muy difícil, pero ese es el encanto de la propuesta. El Indio no sataniza ni a los revolucionarios ni a los aristócratas, si bien presenta una versión light de los revolucionarios (y es ahí donde se posa más). De la misma forma exhibe a un líder ideal, a alguien excepcional, en el general José Juan, pero digamos que se pone en el punto medio donde Beatriz, la representación de la élite, debe trabar conexión favorable con la revolución y un nuevo mañana para el país. No se irá a fusilar a todos los ricos, como reza el original estribillo revolucionario. La intervención con el cura también es bastante buena, hace de entrada que el general sea más suave y ya con Beatriz se humaniza bastante. Los soldados de José Juan lo entienden y lo respetan, lo admiran, y nunca hay descontento en el grupo, por lo que se mantiene una imagen de unidad detrás de cada acción del general enamorado, aun cuando puede parecer algo risible frente a la mujer que lo humilla, lo rechaza, pero en tono fresco y jocoso. La guerra queda bajo el concepto del amor como prioridad y ese es el talento del Indio, hacer la temática de la revolución muy accesible, aunque infaltablemente con un velo de cierta fantasía, donde hay rudeza notable también, como con el subalterno bien mexicano que hace el talentoso Miguel Inclán, y el mismo Pedro Armendáriz que es de mente abierta, pero también un tipo fiero. Esa ceja levantada en él es toda una expresión de estar pensando ir a la yugular, pero dentro de un ser racional, contenido, pero con fuerza interna. El filme manejará melancolía, propio del romance negado, y habrá gran maestría en todo el soltar del objeto amado. Pensemos que Beatriz se va a casar, con un gringo, aunque luce poca competencia en realidad, y su intervención es muy de quehacer ligero, que incluso pregunta tranquilo si el matrimonio está todavía en pie frente a saber de la pasión que siente el general, pero el meollo es la posición férrea de la dama, donde entra a tallar la canción "La Malagueña" que es muy precisa en lo que dice y es muy representativa con lo mexicano, con los mariachis y cantar de noche a la dama amada, hacia su balcón, despertándola en varios sentidos.
sábado, 22 de mayo de 2021
Masacre ven y mira y La Ascensión
Masacre ven y mira (1985)
La presente obra la dirige el director Elem Klimov y es una película que puede pasar fácilmente por una película de terror, es una propuesta sobre la locura también, sobre el trauma psicológico de un niño de 13 años, Flyora (Aleksey Kravchenko), al verse tan de cerca ante el horror del ataque nazi que destruyó 600 aldeas bielorrusas y masacró una enorme cantidad de seres humanos. El momento donde Flyora atraviesa el pantano es locura en estado pura, es un momento intenso, como toda la película. El trato con Glasha está también lleno de emociones y de una demencia palpable en medio de una lluvia de bombas y una tormenta infernal, para más tarde mostrar una horrible violación. Es un filme sobre el dolor, sobre el sufrimiento físico, mental, sobre lo más abominable del ser humano. Flyora padece todo, con la vida en un hilo. Vive incluso la traición de algunos compatriotas -traducido en muertes- y cómo los propios partisanos se hacen cargo de la misma manera, de forma atroz. Se da una gran escena cuando las balas, fosforescentes, mismas laser de luz, atraviesan el cielo y muere una vaca. Los bombardeos por doquier también dan la sensación de un poder sobrenatural constantemente acechante, dando a entender que la vida no vale nada. Es un filme un poco machacón con la violencia y super claro en su mensaje, los nazis son el demonio mismo. Pero es notable haciéndote sentir todo el horror de una guerra, el mensaje antibélico también es poderoso. El niño Kravchenko soporta bastante tensión, momentos muy fieros y traumáticos, éste sostenimiento es de principio a fin. Su leva es chocante, aun por su bando llamado patriótico; incluso pisa unos pichones a punto de nacer augurando todo el infierno que vendrá y no lo dejará jamás en paz. Éste filme fue hecho en conmemoración de los 40 años de la gran victoria de la URSS sobre los nazis. El guionista y novelista de la obra que adapta Masacre ven y mira, Alés Adamóvich, vivió esto y convenció a Klimov de seguir con el proyecto cuando él temió estar haciendo una obra demasiado dura, cómo es que se vive, muy intensa, que te mueve, te impacta; es toda una experiencia cinematográfica, una experiencia muy especial, y es cine en estado puro, como cuando Flyora va en busca de su familia y pasa por un lado de su casa y la toma deja ver al espectador -no necesariamente a Flyora- cadáveres desnudos apilados en una esquina. Luego viene un túnel propio de un shock.
La ascensión (1977)
Dirigida por Larisa Shepitko. Aquí vemos el horror a través de mucha actuación, incluyendo un poco de melodrama; es un lugar para que los actores nos llenen de emociones, para que se trabaje el miedo y la valentía a fondo, no un registro extremo de presión, sino algo más propio de Shakespeare. Dos partisanos soviéticos van en busca de comida para su gente y son atrapados por los nazis, nazis que no son ilustrados de manera rígida -como se suele hacer-, estos exudan vida, aun siendo crueles. Uno de los partisanos, Sotnikov (Boris Plotnikov), representa la valentía, el sacrificio y la convicción, es el ideal humano, un hombre casi santo, el héroe fantástico soviético, pero lleno de grandes momentos, como cuando es transportado en un carro alemán y su cabeza sobresale sobre el paisaje, sobre esa nieve tan fría y dura, tan simbólica. ¿Qué pasa por su cabeza en ese momento?, en esa propia interpretación de cada espectador yace uno de los momentos más mágicos del cine, ésta actuación es soberbia. El otro partisano es Rybak (Vladimir Gostyukhin), un hombre débil, humano, pero visto como trapo sucio, como una rata de la peor calaña, un judas para la causa soviética, un hombre que tiene demasiado miedo encima, aunque luego muestre consciencia y arrepentimiento. Entre los dos hay una interacción shakesperiana de lujo, lo mejor del filme, y no dejan de haber actuaciones así en ésta propuesta, sobre todo cuando aparece el traidor máximo, un soviético hecho jefe policía nazi, Portnov (uno de los grandes actores del séptimo arte, Anatoliy Solonitsyn). De esto surge tremendo interrogatorio, una clase de la mejor actuación. Solonitsyn tiene una manera de mirar, de expresar con la mirada, de quedarse pegado en el aire, que es maravillosa, muy natural. El filme articula mucho la toma en las expresiones de los actores, cuando hablan tan potentes, sin caer en la obviedad. Es un filme que puede tener personajes muy marcados, pero aun así hay riqueza en las performances, hay momentos de mucha sensibilidad, de mucho detallismo. Es una película que trabaja con lo que quiere la URSS, pero al mismo tiempo hace un cine memorable, muy humano.
sábado, 30 de marzo de 2019
The Captain (Der Hauptmann)
miércoles, 13 de junio de 2018
La boca del lobo
lunes, 26 de febrero de 2018
Last men in Aleppo
viernes, 24 de febrero de 2017
Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)
lunes, 8 de junio de 2015
Corn Island y Mandarinas
miércoles, 3 de julio de 2013
California Dreamin'
Marilena de la P7 (2006), ha servido como formación para su siguiente película (la que aunque en parte no lo aparenta por su narrativa discreta, sí que es muy ambiciosa y no solo teniendo en cuenta el tiempo de duración), aunque hay que proclamar que destaca, contando con tan solo 48 minutos de metraje. Marilena de la P7 trata sobre el primer amor de un avispado chiquillo de 13 años de un barrio de Bucarest que para impresionar a la mujer de sus sueños, una joven y guapa prostituta de tetas chicas (duraznos pequeños como se suele repetir -y atraer entre personajes- en el cine de Nemescu), capaz de provocar cortos circuitos sin tocar la luz, decide robar un ómnibus público siguiendo el consejo de que las mujeres solo aceptan pretendientes con vehículo y dinero. Es una historia dura y romántica que bien vale la pena tener muy presente, y de la cual pasan ideas a su última incursión en el séptimo arte.
domingo, 20 de mayo de 2012
Hiroshima mon amour
domingo, 29 de abril de 2012
El viento que agita la cebada
Nos remite a la lucha por la independencia de Irlanda del poder inglés hasta la guerra civil que desunió al Ejército Republicano Irlandés (IRA) en dos bandos, representados por dos amigos desde la infancia, Damien O´Donovan (Cillian Murphy) y Teddy O´Sullivan. El primero es un idealista total, quiere que el rey de Inglaterra no tenga ninguna injerencia sobre su país ni que Irlanda esté separada en dos territorios, además de resentir las diferencias entre la población y su élite en cuanto a contrastes abismales de hambruna debajo de gollerías en el extranjero, mientras el segundo acepta el pacto de paz entre las dos naciones en conflicto a cambio de llevar un gobierno independiente aunque aún relacionado a Inglaterra.
sábado, 25 de febrero de 2012
Caballo de guerra
Steven Spielberg tiene dos Oscars por mejor director y uno por mejor película, gracias a Salvando al soldado Ryan y La lista de Schindler, además un Premio en Memoria de Irving Thalberg por su destacada carrera profesional. Películas como Indiana Jones y el arca perdida, E.T., Tiburón o Munich entre tantas otras lo colocan como uno de los grandes directores americanos de la historia del séptimo arte. No solo eso, Inglaterra y Francia se han rendido a sus pies con el Bafta y El Cesar. Por lo que a estas alturas ya el camino es menos exigente, continuando más que por propia decisión, vocación o amor al ecran.
Su última película, War Horse (2011), a ratos me recuerda a la familia Ingalls, pasando por cintas como Braveheart, Forrest Gump, Salvando al Soldado Ryan y hasta por Babe el puerquito valiente. Y no es en absoluto una mala película, funciona espléndidamente para una muy sana reunión de amigos o seres queridos que quieran relajarse con algo cálido, bien hecho y sin muchas complicaciones, que es lo que define en parte al cine de Spielberg, quien se defiende con las armas del artesano y de su amplio conocimiento cinematográfico que hace de ésta propuesta una nominación convencional y decente en los próximos Oscars, en los que definitivamente no ganará porque peca de demasiado oscarizable, algo predecible y porque Spielberg ya no lo necesita.
Dramatizar con el amor de un caballo tampoco es terrible por más adultos que nos creamos. No obstante merma su fuerza que estemos ya bastante acostumbrados a éste tipo de filmes. De todas formas, la película tiene un cierto encanto al buscar sensibilizarnos a través de un drama histórico sobre la primera guerra mundial que tiene como protagónico a un equino llamado Joey, perteneciente a Albert Narracott (primer largometraje del joven actor Jeremy Irving) quien crea un vínculo entrañable con el animal, que irá más allá de la distancia, partiendo de ser un sencillo granjero en Devon hasta un valiente soldado en la inevitable primera gran guerra.
Joey cambiará constantemente de amo (a) y hasta de bando en una aventura que lo llevará por los diferentes frentes de la llamada guerra de trincheras y el gas mostaza, en que todavía se combatía cabalgando a sable en mano, como en la impactante escena en que los ingleses emboscan a los alemanes en medio de ametralladoras y carpas de campaña.
Entre los destacados actores que pasan por la pantalla tenemos en un elenco prodigioso, a Emily Watson, Niel Arestrup y Tom Hiddleston o interpretes británicos menos conocidos aunque talentosos en Peter Mullan o David Thewlis. Sin embargo quien más sorprende es el caballo que hace trucos y pantomimas que demuestran el gran dominio de Spielberg para dar protagonismo al ecuestre, con impresionantes e incontables efectos especiales y alguno que otro entrenamiento real. El momento en que Joey -tras galopar eufórico para salvar su vida- cae en el cerco de púas es toda una hazaña visual.
El filme tiene momentos lacrimógenos efectivos que casi no fuerzan al espectador, donde se puede llorar sin restricciones al no creernos engañados por un poco de cebolla, pero también ostenta otros recursos muy al estilo Hollywood en que las posturas y los deja vu son abundantes. Los parámetros no son todos estrictos en cuanto a emotividad, tiene tramos que son olvidables y que se nos hacen indiferentes, como sitios en que hay que dejarse llevar porque también se debe sentir con el séptimo arte; y eso no es todo porque tiene zonas difíciles que se ejecutan sin sentimentalismo; por ejemplo, la muerte del capitán o el fusilamiento de los desertores teutones. Spielberg dosifica su carga entre suave y dura, pero siempre con el buen hacer de la experiencia, que admite un filme para todo público.
La factura del filme es impecable, aquí la maestría no tiene pegas, los escenarios y los contextos funcionan, incluso para definir quienes están en combate que es algo que puede generar confusión; hay pequeños detalles que indican espacios geográficos, orígenes e identifican personajes secundarios germanos, británicos y galos. También no se ha querido tomar partido por alguna nación evitándose el maniqueísmo. Si bien el bando inglés está representado por Albert, hay múltiples oportunidades de ver nobleza en los contrarios (llega a haber un armisticio –otro de esos instantes memorables de la realización- en que entre enemigos colaboran para salvar a Joey).
El caballo lleva una personalidad que lo hace trascender, no solo se le une a un pañuelo y a un silbido (se le describe perfectamente sacándolo de la natural uniformidad para corroborar que Albert es el dueño), sino que sus ojos, su conducta, su aprendizaje o su rebeldía dan realce a familiarizarnos con él, como cuando salva de la muerte a su compañero equino en un acto de iniciativa fantasiosa que aparenta naturalidad.
Otra característica digna del cine de Spielberg es el darle fuerza expresiva a sus criaturas, no faltan imágenes en que las palabras están demás, que la cámara se posiciona sobre un ser vivo que refleja incontables sentimientos en plena pantalla. Eso es el filme, un cúmulo de toques sensibles en una historia amena bajo un contexto bélico dispuesta para todos.
jueves, 9 de junio de 2011
Incendies
domingo, 22 de mayo de 2011
Balada triste de trompeta
La línea del mal y el bien no existe, uno es tan desequilibrado y salvaje como pervertido y agresivo el otro, el sueño surrealista de Javier cobra vida en la realidad ante sus temores y desde ese lugar la película toma tintes desbocados en precipitada carrera. El payaso se convierte en ente del horror, a su vez que su némesis llora el triste hecho de no poder hacer reír a los niños. La locura de la mente del director no tiene pierde ni escatima límites, es de indudable diversión, un juego visual, una guerra interpersonal, una conquista amorosa y por un lado caprichosa que es meta de nuestros aguerridos combatientes en donde uno llega a lucir muchas armas y hasta cometer asesinatos. Las escenas grotescas se suceden una a una, la extravagancia hace presencia de honor, los integrantes del circo son parte de la vorágine y no son más coherentes que los principales responsables de ensamblar una esperpéntica batalla, un motociclista temerario que siempre se descalabra sin misericordia, un presentador que perdió a una mujer al sentársele encima suyo un elefante y en general todos participan de esa pequeña comunidad anárquica tratando de subsistir a toda costa en el espectáculo y apoyando a Javier que aún en las mayores degradaciones y actos demenciales parece ser el “héroe” de nuestra trama, si bien De la Iglesia no duda en sumirlo en las peores condiciones ni difuminar su estatura moral o ideal, para eso no sigue reglas convencionales.
La canción de Raphael presta el nombre al título y su presencia no desentona sino se acomoda precisa e ingeniosamente al entorno. Antonio de la Torre destaca dentro del grupo con una actuación brillante que sustenta cada altercado y persecución metido en su personaje que se enriquece de su mano creando una personalidad amenazante, burlona, malévola y hasta melancólica. Natalia, la joven actriz Carolina Bang, comparte su generosa belleza sin delicadezas y aún siendo novata para el cine despierta mucha sensualidad inherente a su piel, dulzura e inocencia a ratos y ese toque necesario de ambigüedad y rareza que le permite ser la musa de dos locos irrefrenables, es el objeto del deseo, el leitmotiv que desde tiempos inmemorables ha caracterizado a parte de la humanidad.