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viernes, 2 de febrero de 2024

Caliche sangriento

Caliche sangriento (1969), del chileno Helvio Soto, es una película sobre la guerra del Pacífico, la guerra entre Chile y Perú (Bolivia fue el detonante pero se rindió enseguida), y recibió cierta censura en su país, porque se permite ser crítica con la guerra, guerra que ganó Chile y de la que se siente orgulloso (si bien Cáceres nunca dejó de pelear), pero Helvio desnuda inteligencia, franqueza y humanidad y señala que el verdadero gestor de la guerra fue el ansía de riqueza y el salitre o el caliche representaba esa riqueza, al ser tan pedido el caliche que ansiaban países europeos y los americanos. Los ricos de Chile la impulsaron para obtener esa riqueza. Helvio -como director y guionista en solitario- menciona que a costa del roto, jerga para señalar al chileno más común o más humilde, como el soldado, que fueron a pelear, a morir, por simplemente amar y querer defender su patria. En el filme que es un especie de ensayo analítico sobre estar en una guerra, también un ensayo histórico pero recurriendo en su escenificación a la imaginación, a la ficción y hasta un poco del arte del teatro tenemos a 17 militares chilenos anclados en el desierto entre Moquegua y Tacna, sin agua, que se debaten entre ir a la costa, al cuartel, o seguir hacia la batalla o avanzadas en Moquegua y Tacna. El capitán del regimiento (Hector Duvauchelle) los hace ir al frente, es un militar totalmente tradicional, de los que solo siguen ordenes y, se deben, a comunicarlas, que no discuten ni quieren discutir nada. Pero el teniente o segundo al mando (Jaime Vadell) es un idealista, es abogado además, y discute las cosas políticamente y surgen debates éticos y morales entre ambos, de lo que se oye de su boca autocríticas de la guerra. Pero el capitán también tiene un poco de razón, uno defiende su país, como militares es su labor. No obstante eso no quita que el teniente diga la verdad, tenga semejante grado de honestidad y apertura, pero también en una guerra es matar y morir y cuesta ser humano, donde entra a tallar que el teniente aprenderá a ser un poco como el capitán y viceversa. El capitán es un buen líder, es muy estratégico, muy realista y astuto, y también tiene de noble, de humano, pero es más tosco, más consciente de que es peligroso romantizar la guerra, porque como pasa con el pistolero loco en el pueblo abandonado, pues éste filme tiene de spaghetti western de los que tienen su cuota política, puedes recibir un balazo si te fias o desconoces donde estás. En el inicio son los 17 militares vagando por el desierto (con un muy buen arranque con una canción satírica). El filme de Helvio Soto siempre es ingenioso y novedoso con pocos elementos, le alcanza con el desierto y los hombres para perpetrar mucho entretenimiento. En un momento es como un cuento de terror o noir donde uno por uno va desapareciendo, con la locura y la sed a cuestas. Hay muchos momentos propios de un buen western con la etiqueta chilena o latinoamericana. Existe autocrítica, pero también un poco de lógico nacionalismo, sin exagerar. Tenemos humanidad de ambas partes, representada en la bella mujer peruana interpretada por la chilena Patricia Guzmán. También el filme se permite momentos de traición y deserción. Se trata de gente puesta al límite. Es un filme contra la guerra en general, una obra humanista, mostrando que se llega a vivir miedo, desesperación, como la que viven estos soldados en el desierto. No obstante el capitán y el teniente, que son los puntos más fuertes del relato, se mantienen firmes. Finalmente es una propuesta pesimista, pues su fin es criticar las guerras en general, hay un quehacer altruista. Presenciamos momentos que conocemos bien en la historia bélica del Perú, heroísmo, sacrificio, lealtad, afecto por el prójimo, generosidad. Es una película que como western también se permite tirar a matar como acción y aventura y es un algo libre pensándose simplemente como entretenimiento, como con los planos del montonero. Es una película interesante en varios sentidos, desde lo ligero hasta lo reflexivo. 

sábado, 26 de noviembre de 2022

La gran guerra


La gran guerra (1959) es una muy buena película bélica, dirigida por el italiano Mario Monicelli. Es una comedia también y tiene gran tino donde pone la broma como cierre de cada secuencia. El filme es un retrato duro de la primera guerra mundial, donde se escenifica la lucha entre austriacos con italianos. Ostenta una mirada seria de los terrible que es la guerra, pero al mismo tiempo se permite hacer humor dentro de un contexto atípico de esto. Nunca la broma anula el contexto de guerra, no lo superficializa, pero la broma es buena porque bromea donde "no" se debe bromear, pero no llega a ser humor negro, sino es algo más inocente, aunque tiene de comedia italiana y ésta permite cierta llaneza o un poco de ordinariez, pero es un mínimo, porque Monicelli siempre mantiene el buen nivel de su comedia, sin perder identidad general y al mismo tiempo ponerle su impronta. Tiene a 2 pillos como protagonistas, pero nunca caricaturas ni que la comedia los exceda de perder su humanismo, su nexo fuerte con lo real. Están interpretados por dos actores italianos de mucho talento. Vittorio Gassman como Giovanni Busacca y Alberto Sordi como Oreste Jacovacci. Bussacca es de gran tamaño y le gusta jugar un poquito al intelectual pero desde el campechanismo; Jacovacci es bajito y más débil, pero bastante pícaro. Los 2 se parecen bastante, pero Jacovacci es más abierto con quien es o no es algo que le interese o esté al tanto; Busacca es más cínico. Pero los dos temen por su vidas y tratan de escapar en cuanto pueden del peligro natural del enfrentamiento, de la guerra. No temen hacer trampa, ser un poco viles, como que el miedo les gana y predomina su preservación, pero aun así no quieren ser malas personas, y tiene ratos muy humanos, quizá por eso son unos cobardes y requieren de ser tramposos y ladinos para sobrevivir. Se conocen cuando Jacovacci lo tima a Bussacca, pero éste finalmente lo perdona, pero luego logra desquitarse poniéndolo en aprietos con el paredón. Hay otros soldados que trasmiten nobleza y personalidad, como el ducho Bordin (Folco Lulli) que a pesar de tener una numerosa familia detrás se arriesga bastante, pero siempre mostrando que tiene mucha experiencia en la guerra. El mismo teniente Gallina (Romolo Valli) es otro gran personaje secundario, como un muy buen líder, muy identificado con su pelotón. Tanto Sordi como Gassman tienen momentos propios de genialidad en la comedia, son realmente un éxito, tienen mucha empatía con el género y se trasmite bastante al público. Uno puede verse bastante reflejado en su llaneza, en su campechanía y picardía, aunque son timadores y cobardes. Esa es la genialidad de Monicelli, de ponerles matices, nunca son tontos del todo, bonachones sí más a ratos. Tampoco temen jugar con quedar mal parados. No obstante siempre salen ilesos, son inmunes a la lapidación total. El final redime a uno de ellos y el otro cae en la misma situación pero en la ley de la eterna venganza de los compañeros disparejos o peleados, jugando a tomarse el pelo siempre. Se parecen bastante, hacen de compinches, pero en el fondo son agua y aceite porque son como espejos y saben de sus defectos y en el fondo se da una autocrítica. El cierre es como una última broma macabra, con su cuota de perversidad, pero curiosamente dentro de cierto toque tangencial o envuelto en cierto paquete de inocencia. La picardía y la perversidad maneja mucha astucia en la propuesta, nunca deja de ser un filme amable, popular, buena onda, pero es notoriamente inteligente. Hay muy buenas bromas al termino de cada secuencia, hay tremendo nivel de humor, y es una gran película de guerra y a la vez una excelente comedia. La parte femenina que hace Silvana Mangano como la prostituta Constantina es también maravillosa. Tiene escenas muy pícaras y graciosas con Gassman que hace de pretendiente serio como que no sabe de su oficio, pero se da un juego donde disimulan no conocerse para timarse mutuamente, pero también se forma un lado romántico muy bueno. Es una mirada muy liberal; al mismo tiempo Mangano maneja un lado rústico y naturalmente sensual y un toque de humanidad, un lado femenino común, a pesar de su profesión donde suele calmar sexualmente a los soldados y se conoce a todo el regimiento. Mangano es bella y muy chispeante, es muy intensa, tiene un personaje lleno de carácter y llano, típico de la comedia a la italiana. El filme tiene de violencia propio de la guerra, tiene de comedia y también tiene ratos de ternura. 

domingo, 20 de noviembre de 2022

Enamorada


Enamorada (1946), de Emilio "El Indio" Fernández, es una gran película, se puede decir que es una comedia romántica, a la mexicana, con la revolución mexicana de contexto y un general revolucionario, José Juan Reyes (Pedro Armendáriz), perdidamente enamorado de la hija de un aristócrata, de Beatriz Peñafiel (María Félix). José Juan es muy idealista y un revolucionario de pura cepa, además tiene de intelectual, es un tipo muy inteligente y muy justo, pero tampoco le tiembla la mano para fusilar a los enemigos de su revolución y enaltecer su ideología de justicia e igualdad social, pero una muchacha de porte, carácter y vanidad que lo rechaza y le tiene ojeriza lo pondrá en jaque con no poder conquistarla y padecer sus terribles desplantes que juegan a la broma de los golpes y las caídas, como con los fuegos artificiales. Éste general revolucionario domina un pueblo, empieza a ejercer su deber con su puesto y de pronto conoce a Beatriz que no le teme en absoluto y más bien lo reta constantemente, aun cuando José Juan le perdona la vida a su padre que también es altanero con los revolucionarios. Hay momentos donde José Juan define muy bien su lucha, como con el uso de la pintura y los reyes magos. En cierta circunstancia José Juan pierde la paciencia y la abofetea a ella y al mismo tiempo golpea al cura del pueblo, que es un viejo amigo suyo, también muy inteligente e idealista, al padre Rafael (Fernando Fernández). Pero esto lo lleva a redimirse más adelante y mostrar su calidad como ser humano en todo sentido, aun cuando él representa el poder absoluto y ésta aguantando a gente contraria a su revolución, pero así mismo el enamoramiento que plantea tiene que hacer que Beatriz aprenda a convivir con su ideología y ese es otro reto, aparte del carácter díscolo de ella y su ira natural hacia él. El filme es astuto y creíble, aun cuando el escenario de enamoramiento luce propio de la ficción y la libertad creativa, de la comedia romántica. Es una propuesta que diluye un poco lo revolucionario y da más cabida a la interacción del enamoramiento "imposible", que es el juego de éste subgénero, poner siempre las cosas complicadas. Ciertamente el general desde su humildad las tiene muy difícil, pero ese es el encanto de la propuesta. El Indio no sataniza ni a los revolucionarios ni a los aristócratas, si bien presenta una versión light de los revolucionarios (y es ahí donde se posa más). De la misma forma exhibe a un líder ideal, a alguien excepcional, en el general José Juan, pero digamos que se pone en el punto medio donde Beatriz, la representación de la élite, debe trabar conexión favorable con la revolución y un nuevo mañana para el país. No se irá a fusilar a todos los ricos, como reza el original estribillo revolucionario. La intervención con el cura también es bastante buena, hace de entrada que el general sea más suave y ya con Beatriz se humaniza bastante. Los soldados de José Juan lo entienden y lo respetan, lo admiran, y nunca hay descontento en el grupo, por lo que se mantiene una imagen de unidad detrás de cada acción del general enamorado, aun cuando puede parecer algo risible frente a la mujer que lo humilla, lo rechaza, pero en tono fresco y jocoso. La guerra queda bajo el concepto del amor como prioridad y ese es el talento del Indio, hacer la temática de la revolución muy accesible, aunque infaltablemente con un velo de cierta fantasía, donde hay rudeza notable también, como con el subalterno bien mexicano que hace el talentoso Miguel Inclán, y el mismo Pedro Armendáriz que es de mente abierta, pero también un tipo fiero. Esa ceja levantada en él es toda una expresión de estar pensando ir a la yugular, pero dentro de un ser racional, contenido, pero con fuerza interna. El filme manejará melancolía, propio del romance negado, y habrá gran maestría en todo el soltar del objeto amado. Pensemos que Beatriz se va a casar, con un gringo, aunque luce poca competencia en realidad, y su intervención es muy de quehacer ligero, que incluso pregunta tranquilo si el matrimonio está todavía en pie frente a saber de la pasión que siente el general, pero el meollo es la posición férrea de la dama, donde entra a tallar la canción "La Malagueña" que es muy precisa en lo que dice y es muy representativa con lo mexicano, con los mariachis y cantar de noche a la dama amada, hacia su balcón, despertándola en varios sentidos. 

sábado, 22 de mayo de 2021

Masacre ven y mira y La Ascensión

Dos obras maestras bélicas pertenecientes a la URSS y hechas por separado por un matrimonio, Shepitko fue esposa de Elem Klimov, ella murió temprano, a los 41. Ambos hicieron su respectiva obra maestra como su última película y tienen mucho en común. Hablan del ataque brutal de la Alemania nazi sobre los soviéticos; la película de 1985 contextualizada en 1943, la de 1977 sin fecha pero por el mismo tiempo. Se ubican en Bielorrusia, es la lucha de los partisanos soviéticos por sobrevivir y triunfar. 


Masacre ven y mira (1985)

La presente obra la dirige el director Elem Klimov y es una película que puede pasar fácilmente por una película de terror, es una propuesta sobre la locura también, sobre el trauma psicológico de un niño de 13 años, Flyora (Aleksey Kravchenko), al verse tan de cerca ante el horror del ataque nazi que destruyó 600 aldeas bielorrusas y masacró una enorme cantidad de seres humanos. El momento donde Flyora atraviesa el pantano es locura en estado pura, es un momento intenso, como toda la película. El trato con Glasha está también lleno de emociones y de una demencia palpable en medio de una lluvia de bombas y una tormenta infernal, para más tarde mostrar una horrible violación. Es un filme sobre el dolor, sobre el sufrimiento físico, mental, sobre lo más abominable del ser humano. Flyora padece todo, con la vida en un hilo. Vive incluso la traición de algunos compatriotas -traducido en muertes- y cómo los propios partisanos se hacen cargo de la misma manera, de forma atroz. Se da una gran escena cuando las balas, fosforescentes, mismas laser de luz, atraviesan el cielo y muere una vaca. Los bombardeos por doquier también dan la sensación de un poder sobrenatural constantemente acechante, dando a entender que la vida no vale nada. Es un filme un poco machacón con la violencia y super claro en su mensaje, los nazis son el demonio mismo. Pero es notable haciéndote sentir todo el horror de una guerra, el mensaje antibélico también es poderoso. El niño Kravchenko soporta bastante tensión, momentos muy fieros y traumáticos, éste sostenimiento es de principio a fin. Su leva es chocante, aun por su bando llamado patriótico; incluso pisa unos pichones a punto de nacer augurando todo el infierno que vendrá y no lo dejará jamás en paz. Éste filme fue hecho en conmemoración de los 40 años de la gran victoria de la URSS sobre los nazis. El guionista y novelista de la obra que adapta Masacre ven y mira, Alés Adamóvich, vivió esto y convenció a Klimov de seguir con el proyecto cuando él temió estar haciendo una obra demasiado dura, cómo es que se vive, muy intensa, que te mueve, te impacta; es toda una experiencia cinematográfica, una experiencia muy especial, y es cine en estado puro, como cuando Flyora va en busca de su familia y pasa por un lado de su casa y la toma deja ver al espectador -no necesariamente a Flyora- cadáveres desnudos apilados en una esquina. Luego viene un túnel propio de un shock


La ascensión (1977)

Dirigida por Larisa Shepitko. Aquí vemos el horror a través de mucha actuación, incluyendo un poco de melodrama; es un lugar para que los actores nos llenen de emociones, para que se trabaje el miedo y la valentía a fondo, no un registro extremo de presión, sino algo más propio de Shakespeare. Dos partisanos soviéticos van en busca de comida para su gente y son atrapados por los nazis, nazis que no son ilustrados de manera rígida -como se suele hacer-, estos exudan vida, aun siendo crueles. Uno de los partisanos, Sotnikov (Boris Plotnikov), representa la valentía, el sacrificio y la convicción, es el ideal humano, un hombre casi santo, el héroe fantástico soviético, pero lleno de grandes momentos, como cuando es transportado en un carro alemán y su cabeza sobresale sobre el paisaje, sobre esa nieve tan fría y dura, tan simbólica. ¿Qué pasa por su cabeza en ese momento?, en esa propia interpretación de cada espectador yace uno de los momentos más mágicos del cine, ésta actuación es soberbia. El otro partisano es Rybak (Vladimir Gostyukhin), un hombre débil, humano, pero visto como trapo sucio, como una rata de la peor calaña, un judas para la causa soviética, un hombre que tiene demasiado miedo encima, aunque luego muestre consciencia y arrepentimiento. Entre los dos hay una interacción shakesperiana de lujo, lo mejor del filme, y no dejan de haber actuaciones así en ésta propuesta, sobre todo cuando aparece el traidor máximo, un soviético hecho jefe policía nazi, Portnov (uno de los grandes actores del séptimo arte, Anatoliy Solonitsyn). De esto surge tremendo interrogatorio, una clase de la mejor actuación. Solonitsyn tiene una manera de mirar, de expresar con la mirada, de quedarse pegado en el aire, que es maravillosa, muy natural. El filme articula mucho la toma en las expresiones de los actores, cuando hablan tan potentes, sin caer en la obviedad. Es un filme que puede tener personajes muy marcados, pero aun así hay riqueza en las performances, hay momentos de mucha sensibilidad, de mucho detallismo. Es una película que trabaja con lo que quiere la URSS, pero al mismo tiempo hace un cine memorable, muy humano.

sábado, 30 de marzo de 2019

The Captain (Der Hauptmann)


El director alemán Robert Schwentke hace una buena película, con un tema manido, los nazis, volviendo a su natal Alemania a contextualizar la historia, sobre un soldado desertor que encuentra un uniforme de un capitán nazi y se convierte en él volviéndose un sanguinario asesino de desertores, valga la paradoja.

El soldado se convierte en Willi Herold (Max Hubacher) y va acumulando seguidores tras su uniforme, cuando la guerra está por terminar y rinde el caos en las filas alemanas. Herold es un militar duro y efectivo en pleno mundo nazi y esto lo mantiene como líder, mostrando mucha astucia para hacerse cargo del falso cargo. El filme de Schwentke no plantea poner en aprietos a Herold con su sustitución, no va por lo ordinario, sino que el traje y el poder cada vez hacen peor persona a Herold, que se mantiene frío ante los sucesos que van apareciendo.

Otra curiosidad de la temática nazi es que no se habla de judíos sino de desertores alemanes, Herold por quedar bien se imbuye en una carnicería de su propia gente, considerando a los desertores traidores y gente inmunda a su causa recién nacida, por lo que se siente en el derecho de acabar con todos ellos. El filme tampoco sataniza a los alemanes sino los vuelve de carne y hueso y se agradece darles forma y credibilidad más allá de lo de siempre.

The captain (2017) sí los dibuja horribles a muchos alemanes pero lo hace sin caricaturizarlos o convertirlos en figuras exageradas de maldad, son tipos perversos, pero también cantan, ríen, bailan, bromean, se hacen favores, sociabilizan, etc., como con el dúo de desertores haciendo humor para los militares. El filme se centra en el asesinato de desertores, y hay hasta alemanes que ven esto como una matanza inhumana. Herold es visto como un tipo cruel entre algunos alemanes, pero como con el juicio de los nazis se ve que estos lo aplauden en contraste.

También es notorio la lealtad y deslealtad del séquito, entre dos subalternos en especial. Freytag (Milan Peschel) es fiel como un perro, hombre humilde y respetuoso, es el que además inicia toda la mentira con Herold, lo cree inmediatamente un capitán nazi y es su primer seguidor. Luego tenemos a Kipinski (Frederick Lau), un tipo vulgar sin ética alguna, un hombre sin ley en realidad que en más de una oportunidad quiere dejar mal o hasta traicionar abiertamente a Herold. Estos dos lo siguen en toda la película y brindan muchos momentos.

La película está muy bien contada, tiene todo el uso del buen entretenimiento, de la grandeza, la agilidad y el buen ritmo hollywodeense, pero también sabe generar atención e interés un poco más de lo común con lo que cuenta, un hecho real, con la existencia de Willi Herold, que por el final se convierte en un especie de rey de su propio reino en medio del caos absoluto alemán y su inminente derrota, en lo que pudo ser fácilmente una nueva película con la segunda guerra mundial de fondo y éste loco comandando un séquito de asesinos de llamados traidores, en medio de un propio orden y la bohemia, la prostitución, la fiesta y el alcohol.

miércoles, 13 de junio de 2018

La boca del lobo


La boca del lobo (1988), de Francisco Lombardi, es una de las películas más icónicas del cine peruano, de las más populares y conocidas por todos, y también de las más polémicas. Polémica porque hace ver la acción del ejército en Ayacucho como criminal en los comienzos de los 80s cuando se lucha contra el terrorismo. No sólo los soldados roban animales del pueblo y un mal elemento viola a una joven mujer andina y el resto lo encubre sino que hay una masacre y todo por ese mismo mal elemento que intenta aprovecharse de los pobladores.

Lo peor que el teniente en jefe es otro elemento corrupto y criminal, un tipo frustrado con ganas de vengarse de todos, cuando yace atrapado en el ejército eternizado en un rango, y que está lleno de complejos. Uno que es eje del filme es pensar siempre en su hombría, en un orgullo masculino machista, algo arcaico pero aun perenne, y aunque suene a algo básico es suficiente como para que muchos militares arriesguen la vida.

El teniente Iván Roca (Gustavo Bueno) llega a reemplazar a un buen teniente, un hombre que cree en la legalidad y el respeto de la población, pero muchos lo creen débil e ineficiente, lo llaman un tipo de escritorio. Roca quiere demostrarles a todos que vale más que su atrofiado rango, que no es un perdedor como así lo creen en Lima. Trata de imponer la fuerza, hacer una lucha frontal contra el terrorismo, contra un enemigo invisible. Empieza decidido, positivo, pero termina corrompiéndose producto de sus errores, su carácter volátil, su comportamiento explosivo y sus muchos complejos.

La boca del lobo en un momento se perfila en el pánico, en el miedo a morir de los soldados ante un monstruo como el terrorismo, que deja cadáveres mutilados regados en sus emboscadas, que mata pobladores acusándolos de soplones. El militar que hace Aristóteles Picho lo lleva al ámbito bastante visual, entra en desesperación, tiene un ataque de miedo. Luego vemos la lluvia, la tormenta, el relámpago, la mirada perdida en la ventana, todos síntomas del terror que todos viven. Hasta este punto el filme brilla en una mirada menos polémica, pero luego gira en señalar la brutalidad de los militares en la zona de emergencia.

El filme es excesivo en señalar la acción militar, no podemos culpar a todo el ejército, pero si observamos con detenimiento esto se debe a malos elementos, elementos dañados psicológicamente y a otras alimañas que tratan de aprovecharse de la situación, del puesto de autoridad que tienen, de vivir en estado de emergencia y guerra subversiva, de querer calmar sus necesidades como si el mundo les perteneciera y no existiera ningún orden. Lo grave es que la cabeza militar en la zona –un pueblo llamado Chuspi- está dañada. Esto engrandece el señalamiento de brutalidad del ejército, más frases -lugares comunes- sobre abuso militar.

Pero también se escuchan soldados lamentando y criticando la criminalidad militar, lo extrajudicial, algo complejo pero digno contra una disciplina ciega, bruta y absurda que prohíbe cualquier puesta en duda, en el quehacer de evitar el desequilibrio de la jerarquía, como en la voz del sargento Moncada (Gilberto Torres), hasta llegar a la rebelión del ente conductor, del muchacho en desarrollo y descubrimiento, de Vitin Luna (un carismático Toño Vega), que en un inicio está contaminado por el poder, la furia, el miedo y el falso heroísmo, esto último representando en una hombría de niños de colegio, por algo éste filme yace hermanado a la anterior película de Lombardi, La ciudad y los perros (1985).

Todo el discurso del teniente Roca, que en un comienzo se siente heroico, ejemplar y engaña a sus subalternos, en especial al protagonista, termina sonando a manipulación, cuando se ve como pretexto para ocultar el desequilibrio interno, mientras el terrorismo pasa a un nivel secundario (fijación militar que en la realidad supone ser algo más racional). Cosa que va por lo más notorio, unas fallas propias de un enemigo absoluto, y no muestra la lucha con el terrorismo en toda su magnitud o directamente, aunque se entiende viéndolo camuflado, escondido y en buena parte inubicable, con un accionar en fuera de campo.

Gustavo Bueno proporciona una gran actuación como un tipo de carácter, aunque torcido, Tiene una figura bastante fuerte, de tipo bruto aunque propio de grandes discursos, marca de la personalidad cinematográfica que se ha hecho. Todo el grupo está muy bien, incluyendo la recreación y participación de la población autóctona. Pero sobresale muy en especial, en total justicia de talento, alguien poco reconocido, José Tejada como Kike Gallardo, que tiene todo del típico criollo avispado y abusador. Aporta una cara ladina y algo sátira, una cierta parte suave humorística y se le maneja bien cuando cae en el choque donde sale mal parado y como persona vengativa mueve los hilos del monstruo del poder dictatorial.  

Más que tener a éste filme por propaganda o complicidad anti –militar es propio de tener entre manos una ficción, aunque queriendo ilustrar los puntos oscuros de la realidad, no solo abocado a la guerra contra el terrorismo sino a la humanidad en general, bárbara, pútrida y criminal, esa que prefiere sortear la suerte del castigo – entre la vida y la muerte- con una bala. La notable y entretenida La boca del lobo muestra a una niña pastora de ovejas en momentos claves de violencia, observando silenciosa. Es el pueblo andino que mira y simboliza la empatía hacia ellos, la humanidad que debe subsistir hacia ellos, dentro de una mención romántica, como aquel joven que huye sin importarle ya nada. También debemos recordar gente como aquel primer teniente, voz con consciencia y buen mando, una imagen que debe perdurar.  

lunes, 26 de febrero de 2018

Last men in Aleppo


Éste documental es impactante y devastador, es terrible ver como sacan bajo los escombros bebés muertos, inertes, llenos de polvo, marcas de impacto, algo de sangre, fríos; la sensibilidad que te toca es alta, como humanidad esto no debería suceder, y lo peor que se repite en varias oportunidades en el filme y esto no es nada comparable a la cantidad total de muertos en el país, de gente que pierde en especial a su hijos pequeños, niños inocentes de todo conflicto, porque en Siria hay una guerra civil, con insurgentes que luchan contra el gobierno de Bashar al-Ásad que envía aviones a bombardear las ciudades ocupadas por el bando contrario, y caen muchos civiles muertos ante el ataque indiscriminado.

El documental de Feras Fayyad, ganador del máximo premio en el festival de Sundance 2017, no nos habla de las razones del conflicto, tampoco de porque el gobierno ataca Aleppo, sólo se señala odio hacia el presidente Bashar al-Ásad por sus acciones. El documental más que en bandos se enfoca en la parte humanitaria, en la destrucción de la ciudad, en los continuos e implacables ataque aéreos, de aviones rusos también, y en las muertes, en esa dureza que ocasiona desenterrar cadáveres cada poco tiempo tras un bombardeo, los que vemos de forma privilegiada desde que pasa el avión, deja caer las bombas y se ilumina la ciudad y se eleva el fuego, va quedando en ruinas.

Este documental es respetuoso de lo que muestra, es un documental muy serio, aunque de explicación elemental, se trata de la muerte de gente común, de niños y bebés, que vemos en toda explicites y crudeza, cuando son sacados sin vida de los edificios derribados. El documental es de una gran factura, estética, con una narrativa solvente y por su composición, no es un simple documental, tipo los reportajes televisivos periodísticos nacionales. Éste documental va directo al punto, pero está muy bien elaborado.

Se siente un poco como propaganda, cuando vemos arengas contra el presidente actual sirio, pero tiene una empatía humanitaria que está por encima de todo, esos niños muertos realmente duelen, es difícil ser indiferente. También resulta lógico por lo que vemos que sientan odio hacia Bashar al-Ásad por los ataques aéreos, sea la razón que tenga.

Last men in Aleppo (2017) sigue a los cascos blancos sirios, rescatistas voluntarios que buscan sobrevivientes tras los bombardeos, en particular a 2 cascos blancos. Uno es un jovencito soltero llamado Mahmoud, pero se enfoca más en Khaled Umar Harah, que siempre está positivo a pesar de todo, ama Aleppo y no quiere dejar la ciudad, por más que su esposa se lo pide y tiene hijos pequeños. Khaled es joven y una pizca de travieso, como cuando se pone a jugar futbol y un compañero le destruye la pelota. Los cascos blancos también son punto de los ataques aéreos, por ello el asunto y el voluntariado es serio.

Seguimos en toda la película el andar diario de ambos rescatistas. Mahmoud va a un matrimonio y nos dice como la gente sigue hacia adelante como sea mientras las muertes siguen acaeciendo. Todo esto le parece increíble, extraño, un mundo contradictorio, pero así es la humanidad. El presente documental te pone la piel como gallina hasta el último minuto.

viernes, 24 de febrero de 2017

Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)

La vuelta de Mel Gibson al perdón y aceptación de Hollywood es una película que defiende la guerra, que proclama la necesidad de ir a luchar a una, para salvar a los niños y a las mujeres de nuestro país, nos dice un diálogo, que completo, de la opresión y el abuso del enemigo dominador, que uno puede substituir pensando en American Sniper (2014), viendo como niños y mujeres son empujados a acciones de defensa contra los invasores y caen muertos por el francotirador. El filme es una apología a la guerra y un tributo al soldado americano, específicamente al de La Segunda Guerra Mundial, y más a fondo, en la escalada de Hacksaw Ridge, en la batalla de Okinawa. Todo apuntaría a una película bélica más, enarbolando lo habitual, nacionalismo y justificación, no obstante el ingenio de la película de Mel Gibson se basa en unificar la guerra con la religión, con el humanismo, con la sensibilidad por no matar. Es decir, hacerlos compatibles, y justificar doblemente las acciones bélicas, y esa forma terrible de asesinar, que Gibson sabe muy bien retratar de forma brutal, sin dejar nada a la imaginación.

La guerra, lo horrible de morir y matar queda retratado fielmente –con su toque de humor, otro de exageración y un potente anhelo de entretenimiento- en la película, habiendo largas y variadas exhibiciones de combate (como media película son las recreaciones pormenorizadas de los combates), asumidos en el gore y en la explicites más liberal, viendo cómo se salen las vísceras, surgen incansables mutilaciones, sangre por doquier, escenas de todo tipo de destrozo sobre el cuerpo humano. Por ese lado sabe uno a lo que va y el patriotismo y el heroísmo queda fehaciente, al mismo tiempo que el miedo queda relegado en la obra de Gibson.

Lo inteligente de la propuesta es justificarlo del lado de lo humano, del miedo a ir contra Dios, y quedar bien con matar al prójimo, como versan las religiones y el ideal, y la que más se adapta al lugar es la religión de nuestro protagonista, el médico y primer objetor de consciencia medalla de honor en combate Desmond Doss (Andrew Garfield), quien en realidad existió y es un héroe total, que en el filme llegan hasta santificarlo –hay una escena de elevación muy clara al respecto- y a convertirlo en el guía espiritual de la guerra para sus compañeros americanos, que sí usan las armas convencionalmente, mientras él simplemente salva a los heridos, no solo como médico, sino en una acción especial, algo sobrehumana, que puede sonarnos fantástica e irreal. De hecho hay su buen toque de maquillaje y cine, pero eso no le quita un ápice histórico a la valentía y excepcionalidad de Doss. La religión que sirve para adecuarse a la guerra es la Iglesia adventista del séptimo día. Doss va a la guerra sin usar armas, ni matar a nadie, cuando los japoneses son retratados como militares radicales, casi locos, no tienen humanidad, son simples entes para reflejar al enemigo que había que combatir y destruir, otro punto de concordancia con la idea clásica de retratar la guerra en el cine americano (al otro lado están los salvajes), que la notable Cartas desde Iwo Jima (2006) no acataba y se mostraba generosa, real y más humana.  

En el filme hay una jugada maestra, se habla de tolerancia, hacia este soldado que no quiere matar, que se niega a usar un arma, pero siente una necesidad de participar en la guerra, pero, claro está, sirve también para esa otra tolerancia a perpetrar y defender la guerra. Lo cual es la audacia del filme, esta conjunción y convivencia. El resto es entretenerse con la visualidad de Gibson, que es todo un showman con el gore de los combates.

El filme empieza enseñando el hábitat de Doss, con un Andrew Garfield haciendo de joven maduro y bondadoso con cara de niño bueno y tonto perpetuo, sumándose un enamoramiento tierno, pero con menciones al divertimento de la sangre, el que tanto gusta al hijo prodigo Mel Gibson. Muy bien la guapa y dulce Teresa Palmer como la novia de Doss. También decir que Garfield proyecta más cuando ya queda involucrado en la guerra. Vince Vaughn como el sargento Howell, el entrenador del ejército, cumple, no lo hace mal, pensando que total nunca nadie superará la figura y recuerdo del Sargento e instructor Hartman (R. Lee Ermey) en el cine. El que sí merece mucho más respeto y luz es Hugo Weaving que hace del alcohólico, abusador familiar y ex –militar con trauma y dolor existencial Tom Doss que termina comportándose decentemente más tarde. Lo que uno puede notar del filme de Mel Gibson es que utiliza las ideas manejables y aceptables de la guerra, y arregla los errores de una película como American Sniper (2014). Gibson es entretenido, pero nunca barato.

lunes, 8 de junio de 2015

Corn Island y Mandarinas

Mandarinas (Mandariinid, 2013), de Zaza Urushadze, y Corn island (Simindis kundzuli, 2014), de George Ovashvili, ambos georgianos, son dos películas con varias similitudes, pero tratadas de distinta forma, con su propia historia y narrativa, que tienen principalmente en común estar ambientadas en la guerra de Abjasia, que se dio entre 1992 y 1993, y que trata sobre la independencia de éste territorio titular como república, antes situado como parte de Georgia. En Corn island se mezclan también los rusos por lo que fue Georgia parte de la URSS. En Mandarinas interviene otro pueblo del Cáucaso, Chechenia, que apoyaron históricamente a los abjasios, habiendo igual en el relato la participación de Estonia. Ambas películas además coinciden en propiciar una trama donde se ayuda a salvar la vida del enemigo. También está la línea argumental de compartir el deseo digamos que prohibido por la nieta del protagonista respectivo, aunque en Mandarinas esto sea leve, casi anecdótico, sutil, dentro de una narrativa bien tratada, cautivante, pero harto convencional, remarcando que en Corn island esto es muy importante, está trabajado a fondo, en la chiquilla que descubre su femineidad y sensualidad, es decir, se hace mujer (como en más de una capa de naturaleza interior), muy bien representado en la muñeca de trapo que carga al inicio, y luego abandona en la cabaña, para ser reencontrada años después como símbolo de remembranza de aquella época de beligerancia, pero también de inocencia, de pureza, de humanidad, de principios, de igualdad entre todos los hombres, que comparten como sentido esencial y filosófico las dos películas.

Corn island es una propuesta exigente, a un punto, teniendo muy pocos diálogos e indicios, como saber la nacionalidad de los involucrados solo por el idioma, de lo que muchos pueden perderse de la interrelación histórica y su mayor connotación argumental y humanitaria, aunque no faltará su prominente sentido universal, una sustancialidad de primer grado, en el hombre herido huido corriendo peligro, en el poder del gesto y de la imagen, siendo buscado para ser muerto, como anuncian sugerentes disparos, en medio de alguna connotación bélica. Corn island es la historia de un hombre bastante mayor pero estoico y su sensible cachorra abriéndose cual bella flor, labrando en condiciones adversas en una zona sumamente inquietante, amenazadora y mortal. Es un filme en su mayoría de contemplación, donde involucra a un río (el Enguri, al oeste de Georgia) y a un islote donde un anciano (Ilyas Salman) y su nieta van a sembrar maíz, de lo que en gran parte es ver como se asientan en la pequeña isla, y preparan el terreno para su siembra, una atípica a muchos espectadores, estando rodeados de agua que pronto subirá tras el cambio de temporada, enfrentándose a la lluvia destructora que simboliza lo mismo que aquellos disparos anónimos en lo boscoso, en la absorción de cómo el hombre se  mezcla con la/su naturaleza, en la mirada de lo primigenio, la esencialidad, bajo la sabiduría ancestral provista de suma diafanidad/luminosidad, en aquel trabajo de agricultura o de carpintería, como también de supervivencia, en un canto de vida y muerte. En ello hay un gran plus frente a lo ortodoxo que resulta Mandarinas. 

Mandarinas basa su mayor virtud en la empatía de una historia sensible, expuesta a todas luces, ganándose al público de forma más primaria, aunque Corn island tiene mucho lo suyo con la niña, que gana vasta complicidad del observador, en sus acciones “secretas”, naturales, revestidas de belleza, en un cariz innato, visual, silencioso, en medio de los reducido, limitador, hostil, impredecible y salvaje, dejado bastante visto con la broma manida del baldazo y la persecución que es un poco un pequeño desliz de su narrativa formal, pero que luego toma un sentido precioso y hasta irónico de temor. Mandarinas implica el rechazo mutuo entre un mercenario checheno herido y un soldado aún más convaleciente oriundo de Georgia, que yacen compartiendo hogar y ayuda por la misma persona, por el sencillo, pero elocuente y simpático anciano estonio llamado Ivo (Lembit Ulfsak), que también cultiva la tierra, mandarinas, como su vecino, pero cuando éste quiere irse a su país de origen, Ivo en cambio exhibe un sólido, bondadoso y valiente estado de resistencia frente a la deshumanización de la guerra, explicita/explicada, haciendo que perro y gato lleguen a un acuerdo de honor, y más tarde a lo impensable, en un desenlace poderoso, crudo e inesperado, terminando en un mensaje enfatizado y algo facilón pero con su cuota de subyugación. Corn island mereció el globo de cristal, máximo premio del festival de cine de Karlovy Vary 2014, mientras Mandarinas estuvo nominada a mejor película extranjera en los premios Oscar 2015.

miércoles, 3 de julio de 2013

California Dreamin'

Dentro del cine moderno rumano sobresale el nombre de Cristian Nemescu, quien murió a los 27 años de edad en un accidente de autos antes de finalizar la edición de esta película, la que se alzó con el premio de A certain regard en el Festival de Cine de Cannes del 2007. Con tan solo un largometraje "inconcluso", un mediometraje que en principio no iba a serlo y menos de media docena de cortometrajes (alguno premiado) en su haber se ha ganado un buen lugar en la memoria colectiva de su país y en la comunidad internacional al pasar por Cannes.

Marilena de la P7 (2006), ha servido como formación para su siguiente película (la que aunque en parte no lo aparenta por su narrativa discreta, sí que es muy ambiciosa y no solo teniendo en cuenta el tiempo de duración), aunque hay que proclamar que destaca, contando con tan solo 48 minutos de metraje. Marilena de la P7 trata sobre el primer amor de un avispado chiquillo de 13 años de un barrio de Bucarest que para impresionar a la mujer de sus sueños, una joven y guapa prostituta de tetas chicas (duraznos pequeños como se suele repetir -y atraer entre personajes- en el cine de Nemescu), capaz de provocar cortos circuitos sin tocar la luz, decide robar un ómnibus público siguiendo el consejo de que las mujeres solo aceptan pretendientes con vehículo y dinero. Es una historia dura y romántica que bien vale la pena tener muy presente, y de la cual pasan ideas a su última incursión en el séptimo arte.

La trama de California Dreamin' (2007) se basa en un hecho real ocurrido en 1999, un tren que transportaba armamento clasificado del ejército americano en representación de la OTAN en dirección a la guerra de Kosovo en la ex Yugoslavia fue detenido en Rumania quedándose estancado por cinco días. Ese fondo ubicado dentro de la película en un pueblito llamado Capalnita permite desarrollar una historia de ficción que implica el resentimiento de un hombre hacia Estados Unidos tras la segunda guerra mundial a partir de un incidente familiar en el año de 1944, recordado en un clásico blanco y negro que implica otro pequeño cuento.

Doiaru (Razvan Vasilescu), un tipo humilde pero instruido encargado de la estación de tren será el escollo que no permita ese ansiado pase si no le entregan ciertos papeles que avalen la carga militar, aunque ellos tengan el permiso del primer ministro, creándose una interrelación con el convoy americano que da pie a varias sub-tramas de orden afectivo, económico, social y cultural que involucra la influencia que puede tener Estados Unidos en los sueños rumanos, viéndose desde la perspectiva de este país europeo, que tiene a un imitador de Elvis Presley cantando la muy conocida y dulce "Love me tender" (Ámame tiernamente) en su día de celebración en honor a los visitantes (algo que se ve también en Marilena de la P7), no yendo más allá de lo común en una humanización general que incluye al capitán anglosajón y su tropa.

En las sub-tramas está que la hija de Doiaru, Mónica (Maria Dinulescu), una chica de 17 años de edad, bastante atractiva, engreída y resuelta quiere irse de su casa, no quiere estudiar en la Universidad como espera de ella su padre con quien no se lleva bien, y no ve mejor forma que enamorar a algún soldado americano con la promesa de que la lleve a su país, encontrando esa solución en el acercamiento al Sargento David McLaren (Jamie Elman), aun sin saber ni una pizca de inglés y provocar algunas risas al paso en cómo busca acercarse a él, mientras el hijo del principal dirigente huelguista y enemigo del hombre de la estación, Andrei (a quien le sangra la nariz cuando se emociona, un rasgo de identidad de Nemescu), ama con febril locura a Mónica, aunque ella ni lo nota. Con ellos yace la interesada hospitalidad del alcalde (Ion Sapdaru) y la picardía de un soldado rumano (Andi Vasluianu) haciéndose pasar por oriundo del país de las barras y estrellas para poder rodearse de bellas mujeres y atenciones, ya que yacen como enloquecidas por los extranjeros, en un ambiente de especial desorden calmo y de inamovilidad mientras la historia se rinde al folclore que representa un lugar como Capalnita (pero sin que se desvirtúe su esencia universal y hasta ideas modernas), y donde el único que sufre por no concretar su misión es el capitán Jones que siente perder su paciencia y los recursos de su imaginación ante la terquedad a toda prueba de Doiaru. Papel que interpreta un rostro ubicable aunque no tan popular en el cine americano, Armand Assante.

La película dura casi dos horas y media, y como se ve es larga pero aunque se mueve con calma no llega a extremos y está muy lejos de abrumar o pesar. En esta hay mucho realismo bajo un tono ligero, y es algo que es parte del cine rumano que lo maneja muy bien. Sabe combinar lo suyo con lo que todos somos. Tiene además conseguidos momentos cómicos pero que van leves en el conjunto sin quedarse pegado a ello y en sí tiene una atmósfera que no cae en demasiada profundidad sino presenta y oscila en el relajo y en la sencillez pero no como para anular momentos serios porque tiene buena cuota de drama, tensión (no tan exaltada en realidad pero implícita), imprevisto y finalmente violencia (algo que se puede intuir, se espera intrínseco más que exacerbado en el conflicto de no poder avanzar). Y es de resaltar que sabe escapar del lugar común aun tratando lo identificable. Es una película que luce coral y trabaja sus sub-tramas, las interrelaciona de forma bastante inteligente y no se queda en un punto, se matiza mucho en varias aristas dándoles a todas su importancia. Es una trama amplia que habla de buen manejo colectivo, con giros y hartos vínculos. A su vez, es una virtud y distinción que la trama cambie de humor, incluyendo sus personajes que denotan distintas características y emociones, pueden ser muy reprochables o divertidos para luego ser hasta corruptos o coherentes. 

Estamos ante dos culturas distintas que se encuentran y conviven sin problemas como si se parecieran o quisieran hacerlo, combaten (de forma aislada y excepcional) o se brindan satisfacciones. Se puede ver claramente que el capitán Jones y Doiaru representan la figura de una relación conflictiva y parametrada aunque con modales, que en realidad ya es anacrónica, y así lo muestra el director rumano. Destaca ver que lo político casi no existe, no se percibe mucho, y si hay algo en esa línea es sumamente superficial y sin darle ninguna trascendencia, sin argumentarlo. Nemescu no quiere abordarlo desde ese lugar, al que le vemos aclimatación, comprensión y hasta cariño hacia lo americano (como con los múltiples pósters del rapero Eminem en el cuarto de Andrei en Marilena de la P7; cójase la conexión y continuidad autobiográfica). Y es que el título ya lo dice todo, basado en la popular canción "California Dreamin" del reconocido grupo hippy The Mamas and the Papas. Sin embargo, la historia sirve también de crítica a la dependencia extranjera, ya que finalmente en el desenlace nos queda el mensaje de que los rumanos pueden proyectarse con Estados Unidos y afuera pero deben encontrarse a sí mismos desde su propio lugar (aunque sin obviar lo cosmopolita). Subyace en la práctica familiar de Doiaru y Monica.

Es importante reflexionar que aunque este filme lleva entre paréntesis la palabra inacabada, no se aprecia en ningún momento que algo luzca faltante o notoriamente imperfecto, sino que es una obra muy bien desarrollada, y es una propuesta que bien merecido tiene su reconocimiento siendo una buena oportunidad de proclamar que el cine rumano es uno de los más atractivos y sólidos que hay en el mundo, sin obviar que puede confundirse su (notable) normalidad con algo menor, su tono contrario a lo solemne, su capacidad de simpatía y natural humanidad ("perdonando" algún entendible “exabrupto”, la tragedia en la manifestación y complot), porque sabe contar y armar una historia de múltiples vertientes, terminando en nuestra mente como una suave bola de nieve, cuando procesamos y vemos el alcance de sus pequeños relatos y su variedad temática. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Hiroshima mon amour

En el 65vo Festival de cine de Cannes hay un autor clásico en competencia, Alain Resnais, integrante de la mítica nouvelle vague. Compite con Vous n'avez encore rien vu (2012). Éste trata de las vicisitudes que genera un dramaturgo junto con sus amigos con relación a la obra Euridice de Jean Anouilh. Para profundizar en el arte de éste famoso cineasta francés, que en menos de 2 semanas cumplirá 90 años, exploraré una de sus máximas obras, que fue su primer largometraje de ficción y una de las mejores representantes del movimiento al que perteneció.

Resnais se apoya en el guion de la escritora Marguerite Duras, creadora de lacónicas frases cargadas de hondo razonamiento algo inexpugnable. El filme se reviste de una elegancia y profundidad en que los diálogos son base de reflexión sobre el romance de una francesa con un japonés en la devastada y vuelta a nacer Hiroshima, espacio geográfico que no piensa olvidar el desenlace de las hostilidades entre Japón y Estados Unidos en la segunda guerra mundial como no logra hacerlo, traumada, Elle (Emmanuelle Riva) que agazapada en un dolor amoroso producto del asesinato de su pareja a solo escasos años de juventud quiere cerrar ese círculo de su memoria al entablar una fugaz aventura con Lui (Eiji Okada), un hombre del que solo sabremos que está casado, muy bien educado y que apasionado insiste en prolongar el affaire.

Bajo la oportunidad de participar en una realización cinematográfica por la paz en la ciudad nipona castigada con la bomba atómica Elle intenta resolver de su mente el inamovible recuerdo de una desgracia acaecida en su ciudad natal de Nevers en Francia, conjugando los dos puntos territoriales en inseparable fusión del lugar y la persona en única humanidad para resolver el pasado pero dejando un pozo en Lui que como factor secundario ayuda y a su vez enfrenta su propio momento decisivo con el que hay que subsistir el resto de la existencia.

Asistimos a conversaciones urbanas, en la intimidad de un cuarto de hotel, por las calles o en un bar. Funcionan para tematizar el seguir adelante sometiéndonos a una especial situación de desgracia que está en pugna para superarse. Hiroshima se vincula con la muerte de un hombre en otra parte del mundo y mientras vemos imágenes derivadas de esa hecatombe que nos sensibiliza sobre la guerra y sus repercusiones acompañamos a esa mujer herida emocionalmente que vive una segunda oportunidad que igual de efímera busca subsanar su corazón y pasar la página. Se lucha con vehemencia, pero no se sabe si podrá lograrlo. Lui pide más que una escapada amorosa, en donde no faltan víctimas que parecen quedar siempre en segundo plano, además de que padecen ellos mismos. Trama de difícil resolución y en las pocas horas que les queda juntos se discute, se rememora, se contextualiza, se usan flashbacks.

Vemos románticas tomas de cuerpos mezclados en las sábanas mientras se repiten frases y se da un tono poético a inquisiciones privadas y vistas detenidamente universales, no exento el producto de fuerte dramatismo, sobre todo en la intensidad visual de lo ocurrido en la ciudad que los alberga actualmente (lleva un comienzo de aclimatación documental a un contexto histórico que puede chocar y desagradar ante su crudeza). Ella dice yo soy Nevers y tú eres Hiroshima, punto central del relato y que articula esa confrontación, esa insistencia de hoy y de ayer, un interminable epilogo que queda en nuestra imaginación rondando luego de tanta cavilación y vacilación, de duda sobre el futuro, para completar como sugiere la trama aunque si vemos a Hiroshima en 1959 (año de la obra de Resnais) hay optimismo, mostrándonos un paisaje bello, próspero y preocupado por la debacle atómica que es un hito de inflexión para sus habitantes y para el resto de los seres humanos como articula Resnais en su tratado cinematográfico. Lleva vaivenes en un hilo que parece espontáneo aunque está bien planificado; es un filme potente y seguro, solo que sin dictaminar respuestas totales sino probas en introspección.

Me resulta infaltable la mención de su relación con la película Casablanca (1942), que podemos ver como denominación de un establecimiento en Hiroshima. En ésta versión un hombre los une y no los separa. La melancolía primero y después el amor de un perfecto romance -aunque pasajero- que hay que vivir para obtener el perdón, el olvido, y cimentarlo finalmente como un recuerdo sano. No obstante es inevitable que tenga de historia triste, ya que todo indica que de igual forma tiene que terminar, desde la que es una experiencia significativa, tanto como concepto intelectual, que es lo que plantea el dúo Duras-Resnais. 

domingo, 29 de abril de 2012

El viento que agita la cebada


Nos remite a la lucha por la independencia de Irlanda del poder inglés hasta la guerra civil que desunió al Ejército Republicano Irlandés (IRA) en dos bandos, representados por dos amigos desde la infancia, Damien O´Donovan (Cillian Murphy) y Teddy O´Sullivan. El primero es un idealista total, quiere que el rey de Inglaterra no tenga ninguna injerencia sobre su país ni que Irlanda esté separada en dos territorios, además de resentir las diferencias entre la población y su élite en cuanto a contrastes abismales de hambruna debajo de gollerías en el extranjero, mientras el segundo acepta el pacto de paz entre las dos naciones en conflicto a cambio de llevar un gobierno independiente aunque aún relacionado a Inglaterra.

Éste es un filme que aún siendo de origen inglés -por la nacionalidad del director, Ken Loach- sorprende con una propuesta a favor del IRA, poniéndose no solo desde su parte de la historia sino sentimentalmente en todo momento, desde el inicio se ve el abuso infringido por los anglosajones y el valor de ser libres de los descendientes celtas de la opresión foránea invasora que quema sus casas, realiza ajusticiamientos ante el deseo de una propia identidad o hace requisas salvajes en lugares públicos y en el campo. Son esas humillaciones que conmueven y agitan a O´Donovan que solo busca ejercer la cátedra de anatomía y casarse, sin embargo ante la situación decide pertenecer a la guerrilla hasta las últimas consecuencias.

El filme demuestra el alma heroica de los combatientes irlandeses más humildes y aunque no hay una desproporción marcada de fuerzas en el filme se entiende el valor del sacrificio y la desigualdad de un campesinado orgulloso y valiente que son los que dirigen la revuelta. En ningún momento se disminuye su procedencia ni su educación, se ve la esencia socialista de Loach en enaltecer a la población de pie dejando de lado marcadas realidades comunes.

Esta propuesta es fiel al idealismo de sus bases revolucionarias y las estimula reiterativamente como estandarte, como se puede ver en un pequeño juzgado rural que demuestra que el interés personal o la necesidad no se sojuzgan sino ante la ética, la justicia y la honestidad, aunque implique perder ayuda económica. Eso divide desde un inicio a los que representan a O´Sullivan y O´Donovan, dos facciones que están unidas por un deseo conjunto de independencia pero separadas por ideas y acciones, uno de los motivos principales del filme. No obstante recurren a algunas semejanzas, el amigo que debe eliminar al compañero de toda la vida por traidor o por no obedecer los requerimientos de su ideología. Uno de los mejores instantes del filme es la recreación verbal de la entrega del cadáver de un joven ajusticiado por su gente a su madre, viendo más tarde en pantalla ese mismo quiebre emotivo desde la interacción exacta.

El viento que agita la cebada (2006) le da la oportunidad a Cillian Murphy de lucir mayores habilidades histriónicas tras deslumbrar en Batman Begins (2005) en su interpretación estupenda del villano El espantapájaros que ahí con plástica y sugerente expresión nos hace creer su dualidad entre locura y ciencia; ésta vez lo hace nuevamente -ante más compleja exigencia- con vasto e indiscutible talento si bien provoca algo de sencillez a su personaje que lo hace perder algo de valor en general, no por algo intrínseco en el hombre asumido sino por una falta de cierta vitalidad e intensidad –que las tiene sino que sin impresionar ávidamente- o ensanchamiento de lo que podría ser o debería ser, quizás para no sobredimensionarlo o no sacarlo de la imagen global de lo que es su revolución que es lo que prima aun en el peso contextual fabricado en su persona por el ingenio de Loach aunque indiscutiblemente es un punto cardinal en la trama así sea él precisamente una ficción. Su presencia es recurrente, trascendental y representativa para desarrollar perspectivas pero puede justificarse su interpretación a las ordenes requeridas, y eso no quita que lleve escenas magníficas, pero pequeñas o especificas, en sobre todo un compendio de instantes graves, el querer sustituir a O´Sullivan a puertas de la próxima tortura, el deshacerse de un traidor de aparente timidez y atrapado en circunstancias especiales, el dar discursos morales frontales sea en la iglesia a contracorriente de un antiguo aliado eclesiástico o en una celda a costa de la muerte, el involucrarse tan visceralmente con cada etapa del conflicto inglés y entre hermanos de patria; algo que es mucho menos contundente en el actor desconocido Padraic Delaney que hace de antagonista en la guerra civil irlandesa en el papel de O´Sullivan que está conforme con el éxito alcanzando en la independencia y que luchó codo a codo con O´Donovan, quien podría haber saltado a la fama con una actuación predominante, pero que solo cumple tranquilamente su rol aunque sin acaparar atención como para recordarlo demasiado.

Loach crea un filme bello estéticamente –como el título que suena muy literario y que deviene de un poema irlandés- que necesita de poco para sugerir (no vemos mucha sangre ni siquiera en las balaceras o en los ataques mutuos). Loach, con el guión de su habitual Paul Laberty, se muestra solvente, maduro y atinado, sobre todo en sus “sutiles” y necesarios clímax resolutivos que aspiran a motivar y entusiasmar como los cantos a instantes de la inmolación de los once revolucionarios o la carta de despedida del mártir central antes de los tiros, sin perder sentido a elección de evitar exceso ya que todo se sostiene en lo poco más de dos horas de duración de la película, humilde en cuanto a recrear esa etapa revolucionaria aunque clara como para crear afinidad, emotividad y entendimiento.

sábado, 25 de febrero de 2012

Caballo de guerra


Steven Spielberg tiene dos Oscars por mejor director y uno por mejor película, gracias a Salvando al soldado Ryan y La lista de Schindler, además un Premio en Memoria de Irving Thalberg por su destacada carrera profesional. Películas como Indiana Jones y el arca perdida, E.T., Tiburón o Munich entre tantas otras lo colocan como uno de los grandes directores americanos de la historia del séptimo arte. No solo eso, Inglaterra y Francia se han rendido a sus pies con el Bafta y El Cesar. Por lo que a estas alturas ya el camino es menos exigente, continuando más que por propia decisión, vocación o amor al ecran.

Su última película, War Horse (2011), a ratos me recuerda a la familia Ingalls, pasando por cintas como Braveheart, Forrest Gump, Salvando al Soldado Ryan y hasta por Babe el puerquito valiente. Y no es en absoluto una mala película, funciona espléndidamente para una muy sana reunión de amigos o seres queridos que quieran relajarse con algo cálido, bien hecho y sin muchas complicaciones, que es lo que define en parte al cine de Spielberg, quien se defiende con las armas del artesano y de su amplio conocimiento cinematográfico que hace de ésta propuesta una nominación convencional y decente en los próximos Oscars, en los que definitivamente no ganará porque peca de demasiado oscarizable, algo predecible y porque Spielberg ya no lo necesita.

Dramatizar con el amor de un caballo tampoco es terrible por más adultos que nos creamos. No obstante merma su fuerza que estemos ya bastante acostumbrados a éste tipo de filmes. De todas formas, la película tiene un cierto encanto al buscar sensibilizarnos a través de un drama histórico sobre la primera guerra mundial que tiene como protagónico a un equino llamado Joey, perteneciente a Albert Narracott (primer largometraje del joven actor Jeremy Irving) quien crea un vínculo entrañable con el animal, que irá más allá de la distancia, partiendo de ser un sencillo granjero en Devon hasta un valiente soldado en la inevitable primera gran guerra.

Joey cambiará constantemente de amo (a) y hasta de bando en una aventura que lo llevará por los diferentes frentes de la llamada guerra de trincheras y el gas mostaza, en que todavía se combatía cabalgando a sable en mano, como en la impactante escena en que los ingleses emboscan a los alemanes en medio de ametralladoras y carpas de campaña.

Entre los destacados actores que pasan por la pantalla tenemos en un elenco prodigioso, a Emily Watson, Niel Arestrup y Tom Hiddleston o interpretes británicos menos conocidos aunque talentosos en Peter Mullan o David Thewlis. Sin embargo quien más sorprende es el caballo que hace trucos y pantomimas que demuestran el gran dominio de Spielberg para dar protagonismo al ecuestre, con impresionantes e incontables efectos especiales y alguno que otro entrenamiento real. El momento en que Joey -tras galopar eufórico para salvar su vida- cae en el cerco de púas es toda una hazaña visual.

El filme tiene momentos lacrimógenos efectivos que casi no fuerzan al espectador, donde se puede llorar sin restricciones al no creernos engañados por un poco de cebolla, pero también ostenta otros recursos muy al estilo Hollywood en que las posturas y los deja vu son abundantes. Los parámetros no son todos estrictos en cuanto a emotividad, tiene tramos que son olvidables y que se nos hacen indiferentes, como sitios en que hay que dejarse llevar porque también se debe sentir con el séptimo arte; y eso no es todo porque tiene zonas difíciles que se ejecutan sin sentimentalismo; por ejemplo, la muerte del capitán o el fusilamiento de los desertores teutones. Spielberg dosifica su carga entre suave y dura, pero siempre con el buen hacer de la experiencia, que admite un filme para todo público.

La factura del filme es impecable, aquí la maestría no tiene pegas, los escenarios y los contextos funcionan, incluso para definir quienes están en combate que es algo que puede generar confusión; hay pequeños detalles que indican espacios geográficos, orígenes e identifican personajes secundarios germanos, británicos y galos. También no se ha querido tomar partido por alguna nación evitándose el maniqueísmo. Si bien el bando inglés está representado por Albert, hay múltiples oportunidades de ver nobleza en los contrarios (llega a haber un armisticio –otro de esos instantes memorables de la realización- en que entre enemigos colaboran para salvar a Joey).

El caballo lleva una personalidad que lo hace trascender, no solo se le une a un pañuelo y a un silbido (se le describe perfectamente sacándolo de la natural uniformidad para corroborar que Albert es el dueño), sino que sus ojos, su conducta, su aprendizaje o su rebeldía dan realce a familiarizarnos con él, como cuando salva de la muerte a su compañero equino en un acto de iniciativa fantasiosa que aparenta naturalidad.

Otra característica digna del cine de Spielberg es el darle fuerza expresiva a sus criaturas, no faltan imágenes en que las palabras están demás, que la cámara se posiciona sobre un ser vivo que refleja incontables sentimientos en plena pantalla. Eso es el filme, un cúmulo de toques sensibles en una historia amena bajo un contexto bélico dispuesta para todos.

jueves, 9 de junio de 2011

Incendies

Realización que fue nominada a mejor película en lengua no inglesa en los Premios Oscar 2011, dirigida por el canadiense Denis Villeneuve. Ésta es una historia compleja, laberíntica pero muy bien urdida aunque nos dará trabajo para comprender todas sus aristas, uno se puede perder por su recorrido que no explica muchas cosas sino hay que tratar de descubrirlas por deducción o por refracción de otras ideas. La historia es atrapante y tiene como hilo conductor el pasado de la madre de dos hermanos gemelos, Jeanne y Simon, a los que su progenitora en su testamento les deja una carta para cada uno que deben entregar por un lado a su padre y por otro a su hermano, personas a las que no conocen ni sabían de su existencia.

Mientras Jeanne va al Líbano en busca de su padre empieza a descubrir las oscuras y terribles experiencias vividas por su madre, Nawal Marwan, que desde joven sufrió el dolor de la perdida de seres queridos y de la inhumanidad del semejante aún dentro de su propia familia. Nacida cristiana se enamorará de un refugiado musulmán de quien quedará embarazada, de esa relación empezará a conocer el sufrimiento como la lucha interna entre su origen y el árabe que la marcará para siempre, cruzando la línea divisora entre ambos bandos como terrorista islamita. Llegará a convertirse en una criminal y será apresada por 15 años, la apodaran la mujer que canta y será violada y torturada. Más tarde sabremos la identidad de ese verdugo que será parte del desenlace del relato.

Simon irá en busca de su hermano a través de la ayuda del notario Jean Lebel , antiguo jefe de su madre en Canadá que hace de testaferro en su horas terminales, el pariente que se desea encontrar estará incluido en la sorpresa que esconde el filme, que llega a reunir toda las circunstancias principales en un final impactante y convergente. Él lleva una marca de tres puntos tatuados en la parte superior de un talón que será importante para identificarlo. De éste se nos cuenta que al padecer una vida de soledad y abandono termina convirtiéndose en asesino, el que cambiará de equipo pero seguirá practicando lo que mejor sabe hacer, infringir daño a los demás estando muy inmiscuido en la guerra religiosa que vive Líbano.

Habrán actos que transformaran a Nawal, la frialdad de los hombres la convertirán en una revolucionaria renegada. La balacera y quema de un ómnibus con niños mahometanos dentro herirá su psiquis y la harán participe de la atrocidad reinante, habiendo tratado en una ocasión de olvidar su sufrimiento y anhelado insertarse en la sociedad tras un cruel asesinato que le compete muy cercanamente, el cual le abre un vacío secreto en su interior. Parece que el destino la persigue y ella toma la decisión de escucharle; luego sufrirá el oprobio en la cárcel y deseará la muerte de lo que lleva en su vientre, que terminará cuidando como amando en su renacimiento e incluso perdonando su procedencia ya que más tarde huirá a un nuevo país y logrará rehacer su vida ayudada por quienes ella defendió lealmente al tomar partido por una causa que no representa la más razonable sino solo una posición, para solo recordar sus años más jóvenes tras volver a toparse con lo irrepetible y enterrado en el silencio, de forma tan impiadosa y brutal poco tiempo antes de morir.

Es una historia de padecimiento, de odio, de venganza, de injusticia, de equivocación, de caos, de locura, de extrema resistencia. El contexto es la guerra y Nawal estará siempre bajo esa vorágine que desde el inicio de la película no la dejará en paz. El espectador será observador de todo el calvario y de los vaivenes de esa mujer. La historia se cuenta en dos tiempos cruzados de presente hacia atrás yendo y viniendo por turnos, el de la joven Nawal hacia la madurez, el de los hijos preguntando por el ser que los ha protegido durante toda su existencia, apartándolos de tanta demencia e infelicidad que le tocó atravesar. En un momento Simon recuerda que tuvieron un hermoso crecimiento, e incluso irónicamente dice que debieron tener un perro como si eso les hubiera faltado y hubiera resultado importante. En comparación con lo que pasa su progenitora, una despiadada pesadilla que muestra dos caras del mundo, interrelacionadas por su persona. No obstante, querrá cerrar ese capítulo, esa herida, con el entendimiento que ha previsto de su descendencia por su pasado, algo que encuentro realmente injustificable pero que nos sumerge en una trama poderosa y febril que nos conmueve, nos remece, nos hipnotiza, nos involucra en un trance de más de dos horas de duración.

Los hijos lloran, se mezclan con gente peligrosa, visitan lugares donde se detesta a su madre, sienten pena por ella, la conocen más como si pelaran una cebolla; nadan en la piscina, el agua simboliza la calma, que al contrario que el incendio que es toda la narración los aleja de momento de una realidad que les dolerá y que al llegar al lugar que han requerido sus pesquisas se cierra la obra en un colofón que une las piezas del rompecabezas donde el culpable es la incomprensión, la violencia, la furia e intolerancia por sobre el amor y la falta de fraternidad entre los seres humanos.

domingo, 22 de mayo de 2011

Balada triste de trompeta

Si uno desea ver a un director al margen de la cordura, alguien trasgresor, alguien original que no teme al estrepitoso fracaso, un cineasta que camina por la imperfección del aventurero no basta más que buscarlo en el realizador español Álex de la Iglesia. En ésta película vemos un cuento de hadas siniestro, una pesadilla contextualizada en el circo, una batalla entre payasos, el triste y el cómico, un vuelo esquizofrénico y radical. La historia es enrevesada, dirigiéndose al ritmo frenético de la espontaneidad más veleidosa, es como una sinfonía que da rienda suelta a los sonidos más elevados y cambiantes.

Dos hombres se disputan el amor de una mujer, una bella contorsionista llamada Natalia que alberga la atracción por el horror y que estando con Sergio (Antonio de la Torre) aprende a aceptar el maltrato y el temor por algo parecido al amor, está en una relación turbulenta, masoquista y apasionada, se deja golpear por éste y tiene sexo desenfrenado más tarde en reconciliación, el asunto se complica cuando logra seducir a un tímido personaje de circo que tiene en su subconsciente las palabras de su padre antes de morir en la guerra civil española disfrazado de su tradición profesional, la de payaso, venganza es el último grito de guerra que más tarde se convierte en un acto reflejo en su vástago.

En esa encrucijada, entre un tipo por naturaleza violento que irónicamente interpreta al artista feliz y gracioso que cambia brutalmente al hallarse alcoholizado muy a menudo, y un introvertido y apocado robusto circense llamado Javier (Carlos Areces), Natalia no sabe por quién optar, su indecisión trae una lucha devastadora que termina enloqueciendo a los dos sujetos desfigurados uno por mano propia y otro por la ajena. Mismo King Kong tratan de arrebatarse por la fuerza a la bella dama en disputa, luego de que en rocambolesca mutación Javier se vuelva tan temible y peligroso como Sergio, queriendo convencer a la par de su contrincante a la extraña mujer que tira y afloja para ambos lados.

La línea del mal y el bien no existe, uno es tan desequilibrado y salvaje como pervertido y agresivo el otro, el sueño surrealista de Javier cobra vida en la realidad ante sus temores y desde ese lugar la película toma tintes desbocados en precipitada carrera. El payaso se convierte en ente del horror, a su vez que su némesis llora el triste hecho de no poder hacer reír a los niños. La locura de la mente del director no tiene pierde ni escatima límites, es de indudable diversión, un juego visual, una guerra interpersonal, una conquista amorosa y por un lado caprichosa que es meta de nuestros aguerridos combatientes en donde uno llega a lucir muchas armas y hasta cometer asesinatos. Las escenas grotescas se suceden una a una, la extravagancia hace presencia de honor, los integrantes del circo son parte de la vorágine y no son más coherentes que los principales responsables de ensamblar una esperpéntica batalla, un motociclista temerario que siempre se descalabra sin misericordia, un presentador que perdió a una mujer al sentársele encima suyo un elefante y en general todos participan de esa pequeña comunidad anárquica tratando de subsistir a toda costa en el espectáculo y apoyando a Javier que aún en las mayores degradaciones y actos demenciales parece ser el “héroe” de nuestra trama, si bien De la Iglesia no duda en sumirlo en las peores condiciones ni difuminar su estatura moral o ideal, para eso no sigue reglas convencionales.

Debo decir que los actores cumplen tan descabellado proyecto dando realismo cuando no existe, comportándose como que se encuentran dentro de un contexto creíble en nuestra mundanidad, lo cual es inverosímil ya que el filme está completamente sumergido en la fantasía y esa sensación hace más llevadera la contemplación de la película. Tratar de no comprender que estamos en un mundo ilusorio y laberintico es llegar a despreciar el concepto y empezar a notar todo los desperfectos que notoriamente ostenta tanto desparpajo que produce vértigo primando el pensamiento de desorganización llegando a clasificarla de fallida. Pero no sucede de esa forma visto con ojos ávidos de absorbernos en la imaginación propia de la irrealidad cayendo en el absurdo más flagrante.

La canción de Raphael presta el nombre al título y su presencia no desentona sino se acomoda precisa e ingeniosamente al entorno. Antonio de la Torre destaca dentro del grupo con una actuación brillante que sustenta cada altercado y persecución metido en su personaje que se enriquece de su mano creando una personalidad amenazante, burlona, malévola y hasta melancólica. Natalia, la joven actriz Carolina Bang, comparte su generosa belleza sin delicadezas y aún siendo novata para el cine despierta mucha sensualidad inherente a su piel, dulzura e inocencia a ratos y ese toque necesario de ambigüedad y rareza que le permite ser la musa de dos locos irrefrenables, es el objeto del deseo, el leitmotiv que desde tiempos inmemorables ha caracterizado a parte de la humanidad.

Éste filme estuvo presente en los Goya 2011 quedando sin ningún galardón en la mencionada gala y que no tiene más que un único reconocimiento a mejor director en el prestigioso Festival Internacional de cine de Venecia, la cinta no es para académicos sino para espectadores ansiosos de diversas expresiones cinematográficas.