Mostrando entradas con la etiqueta western. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta western. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de enero de 2024

Killers of the Flower Moon

Killers of the flower moon (2023), de Martin Scorsese adapta el libro de no ficción de título homónimo con subtitulo Los crímenes en Osage y el nacimiento del FBI, del periodista americano de investigación David Grann, sobre como blancos en Oklahoma mataban a los de la tribu Osage que estaban principalmente establecidos en éste estado de EEUU y quienes se habían hecho millonarios con el descubrimiento en sus tierras de petróleo, pero que necesitaban de tutores blancos por la ley y muchas mujeres indias se casaron con blancos. Pero en el filme de Scorsese que se basa todo en hechos reales vemos como los blancos hacen planes para quedarse con las tierras y los bienes y las herencias, matando directamente a los de la tribu Osage, o envenenando lentamente a las mujeres. El personaje que hace Leonardo DiCaprio, Ernest Burkhart, es en buena parte un ignorante, pero ambicioso y a esa vera totalmente manipulable e inescrupuloso, dependiendo de las ideas de su tío, William Hale (Robert De Niro), que era un terrateniente rico pero quería más dinero y tenía muchos planes para que sus sobrinos lo consiguieran de las herencias y bienes de las indias. William Hale era a la vista de todos como un especie de amigo de las tribus o un consejero muy bien relacionado, pero detrás era en realidad todo un criminal pensando en contratar vaqueros delincuentes para matar indios para obtener riqueza, o tenía amigos doctores que eran capaces de envenenar hasta su propia madre por dinero, aunque también denota cierto racismo, minusvalorar a las tribus. Burkhart se casa por consejo del tío con una india Osage, Mollie (Lily Gladstone), y dice amarla, pero le interesa más hacerse rico y no duda en querer matar a quien sea por conseguirlo. Mollie sabe como son los blancos, sin embargo se casa con Burkhart que a leguas no se ve muy decente. DiCaprio con la mandíbula salida a lo Marlon Brando de El Padrino hace de un ex veterano de la primera guerra mundial que en realidad era cocinero de las tropas que viene sin nada en busca de futuro donde su tío que le da siempre las pautas a seguir, bajo un notorio cinismo, como quien habla con alguien más lento, y éste cinismo a ratos hace ver el filme de Scorsese como una comedia de humor negro, con el constante resalte de la sugerencia escondida en la palabra "inocente". Burkhart como es de cierto aspecto estúpido parece no estar del todo consciente quien es, que clase de persona es, o qué está haciendo. Hay un planteamiento claro para el espectador de que es una persona terrible, pero como éste hombre es lento hay cierta ligera ambigüedad en su personalidad -como quien parece dudar, desorientarse o reflexionar por momentos como con la explosión homicida, pero también luce como quien se queda al poco rato en el vacío, en el limbo mental- que hace que una Mollie, tampoco muy despierta, no lo bote, sin poder alejarse del notorio peligro que él representa para incluso su propia vida. William Hale no duda en matar ningún supuesto amigo perteneciente a la tribu Osage (la que conoce de toda la vida), como en detalle con el indio melancólico suicida. DeNiro hace un memorable papel de un ser flagrantemente despreciable, pero sofisticado y culto dentro del mundo del western -de lo salvaje- con cuota noir -de oscuridad criminal-, mientras DiCaprio se enmienda de haber hecho de un personaje tan débil, pero sobredimensionado, plano, en Gangs of New York (2002), logrando ser ahora un gran personaje con varias dimensiones aunque con el eje de la perversidad. DiCaprio logra estar a la altura de los grandes personajes del cine, de los grandes malvados lacayos. Es una película que se puede definir dentro del cinismo, del blanco matando al indio, para quedarse con sus bienes y es especifico lo que se denuncia, como cierta indiferencia general hacia lo que sucedía con ellos. Todo lo expuesto de los crímenes de la tribu Osage es en la década de los 20s y se ve que Mollie recurre al presidente del país, a Calvin Coolidge, y éste muestra ética y manda al naciente FBI -con unos 12 años de existencia- a investigar con un tipo real, el agente del FBI Thomas White (Jesse Plemons) que sí piensa en ir hasta las últimas consecuencias con su deber. Mollie hace de una damisela en peligro en pos de que la rescaten, pero es su accionar -su activismo- el que le proporciona lo que necesita, incluso salvándola de ella misma. Mollie la mayor parte del tiempo para en cama, lo suyo es realmente deprimente, pero Scorsese se centra en las acciones perversas, en los malos hombres, le da forma a cada criminal contratado, le pone folclore, le pone personalidad y lo hace produciendo entretenimiento con pensamiento social. Todo lleva una construcción plena, un desarrollo sólido, pero con ritmo (puesto además que la película que adapta Scorsese con el célebre guionista Eric Roth dura como 3 horas y media y exige novedad, flotando con éxito, dentro de un cinismo recurrente), para que cada muerte sea significativa y se vea el mecanismo del saqueo, de la apropiación, de un grupo criminal liderado por William Hale. 

lunes, 13 de diciembre de 2021

The power of the dog


The power of the dog (2021), de la neozelandesa Jane Campion, es una película imponente (sin que tampoco recurra a muchos elementos visuales), una de las sensaciones de la temporada previa a los Oscars 2022, producida por Netflix. Mereció mejor director en el festival de Venecia 2021. Es una obra notable, pero no una obra maestra, porque es demasiado clara, tanto que hasta casi te deja ciego, tiene partes subrayadas, deja todo muy a la vista, como para que no hagas ningún esfuerzo de comprensión; éste exceso de explicación hace que deje una cierta sensación de ociosidad en uno, le quita magia al juego con el cine. Se extraña un poco de sutileza, espolvorearla aquí y allá, esto la hubiera convertido en una obra perfecta. No obstante tenemos entre manos una gran historia, super interesante, además de original, es un western gay, un western sin disparar una sola bala, con una temática labrada en profundidad, con mucha sustancia. Es como la continuación de una Brokekack Mountain (2005) dentro de una versión perversa. Un hombre menciona constantemente a alguien muerto hace más de 20 años, quien le enseñó a ser quien es, a Bronco Henry. Phil (Benedict Cumberbatch) dice que apesta, pero le gusta ser así. Bronco Henry le enseñó un disfraz, que en un mundo como el que vive, un western, donde se remarca el machismo y la masculinidad y la bravura y la tosquedad lo empuja a ser agresivo. Phil yace enfundado en la ira, lleno de miedo. Ha decidido apestar, esto lo lleva a ser una mala persona, un peligro y una peste para una mujer en particular, la madre de Peter (Kodi Smit-McPhee), interpretada por Kirsten Dunst, Rose. Habrá que enfrentar esa amenaza, ese gen de desequilibrio emocional, de destrucción de la paz, victima del mundo también. Rose sufrirá y como dice la voz en off en la apertura, habrá una prioridad, eso hace del filme algo rico. Cumberbatch domina la pantalla, hasta muestra escenas sensuales, éste es el único lugar donde el filme de Campion deja de ser clásico, excesivamente clásico (hasta alejarse un poco de esa gloria de antaño). Es una propuesta que nunca es vulgar, dice las cosas con gran nivel y no es elitista. Una sutileza, una elipsis, es la primera experiencia sexual de Peter, donde Peter finalmente es como dice él mismo, es alguien duro, aunque le digan afeminado, fue quien encontró ahorcado a su padre. Dunst siempre tiene cara de ansiedad, se redunda en ello pero es vital. Otra elipsis, hay algunas, es la ausencia del hermano y marido, que no lo juzgan, pero tiene culpa. Phil trata mal a su hermano, pero en el fondo no puede ni quiere vivir sin éste. Es claro que por ello odia a Rose. Phil muestra matices, es tremendo personaje, domina la obra, llega a mostrar humanidad al verse como en un espejo, el mundo tiende a repetirse. No será un western por las balaceras, pero hay gente igual de dura, digna de esos contextos, sólo que más allá de las apariencias, de las primeras impresiones, inclusive de los lugares comunes y los menosprecios. Phil apesta, pero como dice el gobernador, es una suciedad bien ganada, al ser ganadero, y le es efectivo, aunque como dice un famoso microcuento, al levantarse el dinosaurio seguirá ahí, todos los dolorosos problemas existenciales. Phil es mala persona, se burla del alcoholismo y la autodestrucción por dar una mención, pero en ésta inteligente historia él es más que eso y eso es notable en un filme, tallada su persona minuciosamente eso sí. Es un western clásico en sentido de que se repele la debilidad, pero la pregunta salta a la vista, ¿a qué costo?, de ahí salen mil respuestas y un estudio glorioso, como varios eventos claves. 

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Cry Macho

 


Ésta película tiene a Clint Eastwood actuando, no solo dirigiendo, a los 91 años de edad, toda una hazaña. Parte importante del filme es ver como se va a comportar Clint como Mike, un cowboy que hacia rodeo y ahora es capataz de un amigo suyo. Clint ha hecho de hombre duro por mucho tiempo, verlo anciano es particular, pocos se animan a hacer películas a su edad, menos como un cowboy, la edad no perdona, cualquier movimiento puede perjudicar la salud real de Clint (encima se grabó en pandemia). En el filme Clint se las arregla hasta para lanzar golpes, pero es el ingenio del guionista Nick Schenk que adapta la novela de N. Richard Nash el que se pone a prueba, junto con como lo efectuará físicamente Clint. Schenk es inteligente, ha sido guionista de una de las mejores películas de Clint donde ha actuado y de su filmografía, Gran Torino (2008). Así también fue guionista de La Mula (2018), una buena película del ya viejo actor Clint. En el filme hay cosas extraordinarias, que quizá algunos no notan, Mike en el presente viaje consigue un trabajo domando nada más y nada menos que mustangs, caballos salvajes, ahí vemos el ingenio de la puesta de escena para hacerlo aceptable al menos y se consigue. Clint aunque ha de tener montón de dobles y mil asistentes se ve que hace algo excepcional, se ve lento en todo momento, propio de la edad, pero se ve que hace cosas, y eso es algo notable que hay que apreciar, además no es un filme malo, aunque, claro, no es una maravilla. A Clint se le ve subir a autos -simbólica carrocería fuerte norteamericana-, dormir en la intemperie, son movimientos muy lentos los que da. El filme lo pone en una historia donde tiene que ir a traer al hijo de su jefe, a México, donde reina digamos la violencia, la gente ruda. Clint se las arregla para quedar bien parado frente a ésta realidad, nuevamente -y es a cada rato- el guion y el filme muestran ingenio, incluso en cómo convencer al muchacho rebelde a quien va a buscar. En un momento se pone el chiquillo sabroso con él, y Clint, Mike, se pone en postura de boxeador callejero y va en serio. Ésta película también lleva ironía y cierta comedia ligera, decente. Clint no es bobo, está bastante al tanto de su edad, tampoco quiere exagerar el sentimentalismo de la edad que tiene y la imagen que da y confronta. En cierto rato una poderosa mujer del tipo salvaje por llamarla de una forma le dice, pero si es un tatita el que me viene a buscar (y ríe); después Clint algo vanidoso y orgulloso la pone medio puta a seducirlo. Sin duda, Clint es el jefe, pero esto es lo de menos, el filme respeta una historia y le pone su buena cuota de humildad al protagonista, interpretado por el legendario Clint Eastwood, bien flaquito, más pequeño, pero actor que sabe actuar, que trasmite feeling, ironía, audacia, algo de firmeza y cierta sabiduría de a pie, sin ínfulas. Clint es un macho hasta el fin de sus días, viejito, pero aun con su personal y auténtico espíritu. Más débil, claro, más tierno, es como dice la mujer, un tatita, pero capaz de ridiculizar a unos policías corruptos y a aspirantes a criminales, capaz de meterse en una persecusión de autos, y de paso ser romántico con una canción cliché -y perdonárselo-. Los actores mexicanos no son perfectos, pero lo hacen bien, dan credibilidad, y no son estereotipos, trasmiten emociones, aun cuando el muchacho protagonista es más blando que lo que se dice de éste, cuando se le achaca ser un gran rebelde, y es en realidad pan de Dios (y todos ríen cuando se pretende cowboy, y es curiosamente su gallo el que da la cara en las peleas, por todos, en más de una oportunidad). Pero esto produce empatía, y buena química con un Clint viejito, como un abuelito amigo. Es un filme para gente sensible, que tiene su cuota de acción medida, que hace de Clint un héroe final, en sus últimos días. No hay que esperar fuegos artificiales, no a los 91 años como actor, es imposible. Pero ahí vemos astucia en dar credibilidad a un cowboy de ésta edad, y que no pretende aplausos exagerados de quien es una leyenda, tiene un personaje más bien humilde, subordinado a su jefe y a su misión, quien sonríe con los decretos de una mujer de carácter, pero quien no deja morir jamás al domador de mustangs, al macho de siempre, aun cuando es obvio que es un tatita, y es un filme que entretiene, que se ve bien, noblezas aparte. 

martes, 16 de julio de 2019

The Ox-Bow Incident


Éste filme tiene un arranque fenomenal, con un Henry Fonda buscando entusiasmo en peleas de bar, para terminar desmayado por un botellazo del cantinero. Todo en son familiar por más extraño que suene. Así se presenta el filme, nos habla de un pueblo donde todos son como una gran familia que deliberan y debaten juntos, aunque tengan diferencias y rencillas de paso. El debate central y meollo del filme lo ocasiona la muerte de un ganadero, un hombre ejemplar y muy querido, ha sido robado su ganado y asesinado. El pueblo, los amigos, los compañeros, los vecinos, la comunidad, enardece, quieren venganza, quieren hacerse cargo de los asesinos, para eso quieren ir a buscarlos, atraparlos y lincharlos, ahorcarlos. El debate surge porque antes algunos pretenden que se les arreste y pasen por un juicio, pero la mayoría no quiere tanto tramite, están furiosos, quieren el linchamiento. Deliberan rápidamente, y salen en busca de los asesinos, la gran escena se muestra con montón de jinetes cabalgando. El filme se define por la justicia en manos de la gente contra la de la ley. La consciencia viene más tarde con un toque sentimental, con una declaración de por medio. El filme tiene un mensaje claro y muy certero. Es también una propuesta entretenida, muy ágil, muy simpática, aun cuando acción no es que abunde, es más un drama, una película para pensar dígase aunque no sea para nada compleja de ver. Como uno de los bandoleros está Anthony Quinn aunque como secundario. The Ox-Box Incident (1942), de William A. Wellman, es un filme en su punto de tiempo, dura menos de hora y media, y es muy potente.

sábado, 13 de abril de 2019

Boss Nigger


Blaxploitation de Jack Arnold, escrito por Fred Williamson quien es el protagonista, Boss Nigger, cazarecompensas que con su acompañante Amos (D'Urville Martin) llegan a un pueblo donde se hace del puesto de sheriff cuando todos temen y obedecen a un pistolero, Jed Clayton (William Smith), que Boss Nigger está persiguiendo. El filme tiene mucho de humor, pero tiene su lado serio, pero no es demasiado tampoco. Boss Nigger es una película de lucimiento, de dejar en gran estado a la gente de color, pero propone burlarse del racismo, haciendo ver a Boss Nigger más astuto que todos, a veces parece un poco abusivo y matón pero representa al héroe, al tipo guapo, el más despierto. Les pone el pie encima a los malvados o a quienes no lo aceptan como sheriff, que son la mayoría. No hay impresionantes escenas de acción, pero es un filme competente en ese rubro. Es un divertimento, pero no un gran western. Hay mucha picardía, incluso con una morena (una sexy Carmen Hayward). También hay sus muertes, no es que el filme tema matar a nadie, sea una película familiar del todo, es un filme con harta violencia. Boss Nigger (1975) es uno de los filmes capitales del blaxploitation. El alcalde lo interpreta R.G. Armstrong, un personaje vistoso, como el alcahuete de Jed Clayton, aunque el pistolero lo trata mal. Clayton es un malvado clásico, pero no tan llamativo, tiene músculos, se le ve tosco y cruel, pero visualmente le falta mítica. Boss Nigger pinta mucho a comedia, pero el héroe es atractivo para el espectador. La musiquilla que lo acompaña es verdaderamente mala al oído. Boss Nigger pone de cabeza este pueblo lleno de racismo, pero tampoco nada muy profundo, se lo toma bien ligero. Inclusive Boss parece comprender la situación bastante bien y no exaltarse ni asombrarse. No es ningún llamado a la consciencia, sino hedonismo de cine B.  

viernes, 4 de enero de 2019

The Sisters Brothers


Western del francés Jacques Audiard con Joaquin Phoenix y John C. Reilly como Charlie y Eli Sisters, dos pistoleros mercenarios que simplemente siguen el dinero y a un jefe tras bambalinas, al Comodoro (Rutger Hauer). El filme es duro, no es del tipo del western clásico, aquí no se pretende hacer de los hermanos Sisters unos héroes modelo, son antihéroes en toda la palabra –con humanidad, eso sí, aunque suene contradictorio-, pero con crueldad y barbarie encima. No obstante aun así con cierta empatía para el público. Son los protagonistas y pueden ser muy salvajes como con Mayfield (Rebecca Root), que tiene de feminista.

Hay una línea narrativa que luego se reúne con los hermanos Sisters, la forman el químico  Hermann Kermit Warm (un notable Riz Ahmed) y el buscavidas romántico John Morris (Jake Gyllenhaal) que va en voz en off apuntando en su diario su discurrir por la vida y es alguien que ha dejado una cierta buena vida atrás, pero quiere hacerse su propio camino; lo mismo Warm que tiene una filosofía socialista, medio utópica y filantrópica, en contraste con los Sisters, pero que en general la apuesta es por una vida de paz en todo sentido. El filme tiene muchos diálogos ricos, medio atípicos al western más puro, en especial entre Morris y Warm, que profundizan sobre la existencia en el oeste, mientras entre Eli y Charlie hay hasta humor.

La propuesta tiene intensas y muy veloces escenas de acción, los tiroteos son secos, inmediatos, desde la aparición de los hermanos en una misión a un granero, pero se da poca mítica antagonista –más son estos accesorios- o muy poco tradicional –como con Mayfield-. Los hermanos Sisters se roban toda la mítica, se trata de su historia, de ellos, en casi la totalidad. Pero la llevan más relajada que antaño. Luce el filme fluir despreocupado en que tenga o no leyenda sus protagonistas, aun cuando los hermanos Sisters si hacen mención de su reputación, al menos a Charlie le interesa y tiene de vanidad y matonería.

El filme tiene un estilo fuerte, rudo, que puede no agradar y lo hace a un punto un western exigente, pero también tiene escenas sensibles o de comedia ligera; la amistad y la hermandad están muy bien definidas, son sólidas y aportan todo el tiempo, son un eje potente, brilla la lealtad a prueba de todo, incluso contra poder sobrevivir, ponerse en riesgo o enfrentar criminales y cazarecompensas inmisericordes. También el filme tiene muchas cosas impensadas, como con la araña y la fiebre o el arrebato de ambición y torpeza de Charlie que propone algo descomunal. Tiene la propuesta momentos de creatividad visual, como con las persecuciones a los hermanos Sisters y su reducción de acción y estructuración a esa vera.

El sueño del padre mutilado es también muy sugerente y fuerte, y aunque deja abierta la descripción exacta, con esto basta y sobra para más que entenderlo y dejar tremenda sensación y mezcla de sentimientos. El dúo Phoenix y Reilly es logrado, son creíbles, cuando no todo el tiempo son serios o tienen acuesta el humor en su carrera y pueden perder verosimilitud, aun cuando son muy carismáticos como actores. También la vestimenta y la actitud sobresalen en ellos; todo es bastante natural. El retorno de cuando Eli le cubre la espalda a su hermano de sus ex compañeros es glorioso visualmente, y maneja la elipsis.

Lo voluble en Charlie es coherente porque a ratos se muestra inmaduro y lo mueve mucho el dinero y la acción; no le falta la risa sarcástica de pasar todo por alto, de la mano de su furia, egocentrismo y rebeldía. Su sonrisa de ambición, la mirada perdida, su expresividad de tipo loco, es notable en Phoenix. Reilly es más el lado humano, suave, familiar, como con la prostituta o el caballo, pero es un gran apoyo y es ahí hacia donde finalmente se dirige la película, tras enfrentar la aventura juvenil, lo efímero, lo atrevido, que termina en golpe existencial, en la soledad y vacío del pistolero, en cierta derrota y en la naturaleza brutal del western moderno.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Dulce país (Sweet Country)


Western australiano perteneciente a Warwick Thornton, ganador del Premio Especial del Jurado en el festival de Venecia 2017, que resalta por la inclusión en la historia de negros aborígenes como servidumbre explotada y maltratada. Cuenta la historia de un hombre de color que en defensa propia mata a un caucásico. El filme utiliza la elipsis en varias oportunidades y hasta algunos flashforwards como destellos. Hay un hombre blanco que sufre de problemas psicológicos, lo vemos sufrir a solas, preparando su arma y disparando a campo abierto, cuando se encapricha con la sobrina de un empleado negro. A Sam Kelly (Hamilton Morris) entonces no le queda otra que disparar y matarlo en una escena potente, visualmente hermosa. El filme no cuenta con muchas escenas de acción, portentosos tiroteos o grandes duelos, pero sí una buena aventura en el escape, donde la película se hace totalmente impredecible, con una llanura de especial estética, salina. La personificación del niño Philomac (interpretado por los gemelos Trevon y Tremayne Doolan) es impresionante, aun cuando su aporte a la narrativa es menor, pero sus mataperradas, su fuerte carácter y su sencillez formal deslumbran en la entrega al rol. En el filme se vive una atmósfera de injusticia hacia los aborígenes negros, pero éste niño no presenta un cariz melancólico, sino una recia y astuta sobrevivencia. Igualmente otro aborigen, Archie (Gibson John), es una personificación magistral, un viejo lobo o, mejor dicho, un dingo. Hay tremenda naturalidad. Bryan Brown es el sargento Fletcher, el tipo rudo, duro, pero finalmente honesto y justo; es un sujeto con mucho carácter, pero no un superhombre. En el filme se da la expectativa de que se enfrenten Fletcher y Kelly. Kelly aunque es un hombre humilde maneja muy bien el arma larga, es de lo más básico, pero aun así imponente. Es un western con todas las de la ley, muy bien plasmado en suelo australiano, de manera esencial y efectiva. Sweet Country (2017) habla de lugares oscuros del pasado y de un futuro incierto. No obstante el levantamiento de una iglesia es la puerta a la esperanza.

martes, 11 de diciembre de 2018

La balada de Buster Scruggs


Es una película perteneciente a los hermanos Coen que se divide en 6 historias que versan sobre el western. En la primera historia que designa el título al conjunto conocemos a Buster Scruggs (Tim Blake Nelson) y reina la parodia, la ironía, sobre un pistolero y lo salvaje que es el oeste, el sobrevivir siendo un forajido. También brilla por la música, clásica de la región del sur. La mayoría de historias son muy sencillas, pero muy bien tratadas, entretenidas de ver, visualmente imponentes además. Otra historia tiene a James Franco como un rustico asaltante de bancos. Aquí vemos un ataque de indios muy potente, y no va a ser el único, habrá otro con un tal Mr. Arthur (Grainger Hines) que se robará el show a último minuto en otro relato, aun cuando la relación intelectual que manejan Bill Heck y Zoe Kazan inicialmente es notable, despierta curiosidad de hacia dónde se dirige éste segmento.

Al filme no le falta el humor, todo tipo de comedia. Igualmente es atractiva la recreación física de los personajes, los Coen no han buscado que sean personas embellecidas, sino todo lo contrario, más bien realistas, y pasan muchos por bastante humildes y hasta alguno por feo. En una de las historias se luce irreconocible Tom Waits como un viejo buscador de oro que le habla a Dios negando la derrota. Ésta pequeña historia se halla llena de sorpresas. Tiene a su vez toda la magia de los cuentos pioneros del genial Jack London. La mejor historia –por el personaje- es la del actor sin extremidades, interpretado por Harry Melling, que tiene un rostro sumamente expresivo, sobre todo en lo referente a la melancolía. Aunque su personaje vale por ser un gran orador lo mejor son sus gestos tan significativos. En ésta historia le acompaña Liam Neeson, que al igual que Brendan Gleeson en otro relato, tiene una injerencia menor, pero elevan el nivel del conjunto con su presencia y experiencia.

Por último sobresale una historia sobre una simple diligencia –como en otra hay una caravana de colonos- llevando distinta gente a un nuevo pueblo. Dentro del carro se ponen todos los presentes –supuestamente gente respetable- a conversar, hasta discutir, sobre cómo cada uno ve el mundo desde quien es cada quien y aquí se trabaja mucho distintos tipos de dualidad. Pero lo mejor llega después (aun), cuando la historia se convierte en una (sugerente) historia de terror, mezclando un uso poco trabajado todavía en el cine, de western con horror. El filme utiliza la mención de los míticos y despreciados caza-recompensas de manera magistral. Éste relato recuerda un poco a Bola de Sebo, de Guy de Maupassant, pero la vuelta de tuerca es atacar directamente a una señora digamos que honorable, a una señora tradicional, familiar.

domingo, 23 de septiembre de 2018

The Outlaw Josey Wales


Entre el spaghetti western de Sergio Leone y Los imperdonables (1992) aparece Josey Wales (Clint Eastwood), un granjero del sur que asesinada su familia por aliados salvajes del ejército del norte se opone a ellos aun cuando casi todos los de su territorio se han rendido. Como un solitario huye de cazadores de recompensas, de los asesinos de su familia ahora soldados del norte, guiados por Terrill (Bill McKinney), y del traidor Fletcher (John Vernon).

Clint Eastwood dirige éste estupendo western, que está lleno de acción y es muy entretenido. Mil sucesos le suceden a Josey Wales, pistolero temido, que se enfrenta a más de uno a la vez y siempre sale triunfante. El filme pone incluso varias veces una suma gigante frente a Wales, poniendo la cosa muy extrema, pero se las arregla para que el pistolero héroe sobreviva. Josey Wales como le dice al jefe indio Diez Osos (Will Sampson, recordado por One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1975, y Poltergeist II, 1986) que quiere matar al grupo de colonos que lo siguen, no teme morir, y lo demuestra a plenitud en toda la propuesta.

Hay una escena brutal donde unos contrabandistas atacan una carreta e intentan violar a la mujer más joven del grupo, interpretada por Sondra Locke, pero interviene Wales, quien tendrá más tarde una relación romántica con la dama en la trama. Wales aunque es un lobo solitario termina siendo siempre acompañado, como por un indio viejo (Chief Dan George) que hace de un complemento irónico. También con ellos una anciana (Paula Trueman) de pico atrevido y algo desatinada, y una joven india (Geraldine Keams) sencilla y guerrera.

The Outlaw Josey Wales (1976) es un filme intenso y cargado de emoción, hay momentos muy violentos, un realismo fuerte. Es una película de bravura, aunque Josey Wales es un tipo finalmente civilizado, que estila defenderse solamente, pero como su cabeza tiene precio todo el mundo está tras él y se halla en constantes tiroteos. El filme tiene muchas aventuras propias del oeste salvaje, es un filme más de acción que de argumentación, lo cual augura mucha diversión, pero aun así es de una trama sólida aunque sencilla, en más de 2 horas de metraje.

Josey Wales es un héroe clásico de Clint Eastwood, un tipo excepcionalmente talentoso con las armas pero justo y humilde, a pesar de ser considerado un criminal o un asesino. De paso el filme define regiones como Missouri, Kansas y Texas. Es curioso que el héroe sea del sur, generalmente suelen hacer de los malvados. Interesante también cuando Wales explica su elección de a quien disparar primero al enfrentarse sólo a muchos pistoleros cuando estos dudan frente a él en una escena emocionante, de suspenso, entre lo macho americano y el spaghetti western; lo cual es vital para que sobreviva y se conozca de su habilidad.

Clint Eastwood le pone relajo e ironía a toda su película, sin perder realismo y crudeza. La guerra de secesión es el detonante de quien es Josey Wales, pero luego queda en segundo plano frente a sus peripecias, leyenda y la orden de captura y recompensa, aunque mezclado con el sentido de conjunto que toma a ratos el filme con los colonos, donde vemos al pueblo, distintas regiones y a los indios unidos detrás de Wales quien es un gran sobreviviente.

Ésta propuesta es muchas cosas, de cara a la noción ducha de entretenimiento con personalidad –que llega hasta la inteligente resolución-, como con aquel arranque con el chiquillo pistolero herido que además proporciona una escena maravillosa con su delirio, lo mismo que con el rescate de la joven india. Tanta mezcla en lugar de sofocar al filme, hacerlo incongruente, toma mayor sentido, lo realza, e igual al héroe.

The Last Frontier


El eje sobre el que gira éste western es sobre lo salvaje y lo civilizado. El protagonista es un explorador, Jed Cooper (Victor Mature), que es un hombre que se mueve a lo bruto, es como un típico adolescente americano de gran tamaño, se alcoholiza, toma en sus brazos a las mujeres de manera agresiva, hace bromas de mal gusto, es impetuoso, emocional y un hombre de acciones más que de reflexiones, pero esto cambiará.

Lo que es el motor es que Cooper siempre pregunta por lo civilizado –lo anhela habiendo un lado inocente en su persona-, él se tiene por salvaje, su calidad de explorador es un reflejo de su personalidad, de quien es él, esa vida a la intemperie, ese especie de aislamiento lo definen. Pero al conocer al Capitán Glenn Riordan (Guy Madison) quedará enamorado de su traje azul, de ser soldado, cosa que aún no está listo para ser, y curiosamente, o poco típico, no implica el cuerpo, la violencia, las acciones, la cualidad de sobrevivencia y combate –que le sobran- sino sencillamente la disciplina, lo civilizado.

Pero aun así hay soldados que no merecen ser soldados nos dice el filme del genial Anthony Mann, y se agrega una cierta confusión que parte de adentro también, que se ve claramente en aquella negación de encerrar al líder visto como enajenado. Todo esto se aprecia dibujado en la presencia del coronel Frank Marston (Robert Preston), un hombre lleno de ira, de violencia, amante de la guerra. El filme se aboca a enaltecer el nombre del ejército asumiéndolo desde su mejor valor, lo civilizado, pero esto se piensa de manera más libre, con anexiones, es decir, el soldado debe combatir, pero antes tiene un deber con la ética y la justicia frente a sus acciones. El ideal vive en el filme de Mann.

De manera inteligente, se ve que Cooper es el más apto para la guerra de todos, a diferencia del regimiento del fuerte del coronel Frank Marston que no están preparados y el filme pelea porque no se enfrenten a los indios, porque es una derrota y muerte segura. Pero Cooper es un salvaje, alguien criticable, y en más de una ocasión se deja ver esto, aunque se le dan concesiones, es finalmente el héroe. Una muy discutible es con la mujer de Marston, interpretada por Anne Bancroft. Con ella incluso se le dice a Cooper que haga lo correcto, hasta se menciona lo cristiano, donde Mann como todo gestor de arte se toma concesiones. El filme trata de la evolución de su protagonista, aunque parezca algo leve, es hacia lo civilizado.

El filme tiene muchas excelentes escenas de acción, de combates con harto indio y soldado matándose, incluso una más personal y emocionante entre el héroe y un sargento. Cooper no agrada a todos, es también inicialmente una mala influencia en la disciplina del regimiento, pero el capitán Glenn Riordan y un explorador más viejo, Gus (James Whitmore), lo van haciendo mejor persona. Se trata de creer en él, cosa que también la inteligencia del filme dirige hacia Marston, aunque más desde un lado humanitario.

El filme hace a Cooper muy intenso, suelto en plaza, quien a ratos parece un niño grande, se entiende de la propuesta en “descargo” que sea salvaje, al punto que humillado llega a cachetear a una mujer, pero esto es propio del siglo XIX –estamos en medio de la guerra civil americana- o, peor, aun de los 50s, que podía ver sensual y quizá hasta necesario estos actos, aunque hoy parezcan difíciles de digerir, tratar de menos a la mujer, eran otros tiempos, como con aquella frase del marido militar que dice: amo el sabor de la victoria, tú eres mujer, tú no lo comprendes. No es por defender éste trato pero también se debía a la rudeza y ruralidad que enarbolaba el género, aceptada en sus mujeres.

Lo que sí es que Mann en cierta manera estaba adelantado a muchos de sus contemporáneos en el western en la imagen que hace de los indios, parecía respetarlos, les ponía humanidad, heroísmo y no solo peligrosidad. Aunque también le eran funcionales les daba razones, los mostraba maltratados u ofendidos. En la presente propuesta se debe a la presencia de los fuertes y los soldados y el atisbo de la dominación e invasión del territorio que se deja ver puntualmente en la primera aparición de los exploradores y el cerco de los indios.

Tierras lejanas (The Far Country)


A muchos western de Anthony Mann los define su gran argumentación, son narrativas muy nutridas, inteligentes, con sucesos imprevistos, llenos de giros emocionantes, la acción está supeditada a la historia, como en la presente que va cocinando los grandes tiroteos y duelos en dramas de ambición en plena fiebre del oro del Klondike, con personajes pintorescos, tal es el de Ronda Castle (Ruth Roman), mujer sensual, entre la elegancia y el cabaret, autosuficiente; y el corrupto sheriff Gannon (John McIntire), representante del político clásico, pero que no solo es malvado sino pícaro y con un cierto carisma.

Del lado de los buenos tenemos al símbolo del heroísmo por antonomasia del western de Anthony Mann, James Stewart, como Jeff Webster, a quien en Tierras lejanas curiosamente no le gusta meterse en cosas ajenas, o sea Mann lo excusa del heroísmo, y encima lo tiene por un misántropo, incluso avergüenza a un hombre que quiere hacer el bien, hacer respetar la ley, en otro personaje pintoresco aunque clásico del western, un borracho rustico de buen corazón, Rube (Jay C. Flippen), que nos habla de paso de la fe en uno cuando nos menospreciamos, que es lo que le pasa con el vicio hacia la botella.

Con ellos está el querido Ben Tatum (Walter Brennan, nombre legendario del western), que pone el lado sentimental, noble e inocente en el filme, aparte de ser amante del café, hasta morir por él, junto a Renee Vallon (Corinne Calvet), como una jovencita enamorada del héroe, a la que le molesta que no la vean como mujer, que no la tomen en serio (curiosidad aparte de que Calvet tenía por ese entonces 29 años), pero que no sólo es híper independiente y emprendedora, en realidad está para hacerle ver que hay que velar por los demás, por los débiles, en aquella frase elíptica que señala que si uno no sabe observar el bien, el deber, no es una buena persona, y no hay que explicarlo, se ve fácilmente, verlo nos define.

Pero Webster lo tendrá que aprender, y a la mala, y otros con él, al alejarse del egocentrismo y pensar en los demás, cuando vea sufrir a gente honrada, sana, indefensa y querida por uno, todo expuesto de la manera más clara y sencilla, pero con una estructura narrativa que es difícil de predecir, que sigue un recorrido hacia la aventura.

Mann no necesita de muchas escenas de duelo o tiroteo para generar adrenalina, pero cuando llegan son poderosas, con mil sucesos de un golpe, aunque prefiere lo impredecible, de esto que busque la narrativa por encima de las escenas de acción, especialmente con Gannon al que deja de lado y luego magistralmente retoma, sumándole bandoleros, emoción. Las balas son el colofón glorioso a mil y un preámbulos dramáticos, presenciando al pueblo levantado sosteniendo al héroe finalmente entregado a ellos.

Bend of the River


El filme se centra en una caravana de colonos, en los distintos viajes y quehaceres para solventar una comunidad, liderados por Jeremy Baile (Jay C. Flippen), pero quien depende de Glyn McLyntock (James Stewart) que los guía y los protege. La idea que Anthony Mann maneja en ésta propuesta es que Baile suele decir que alguien que ha cometido un delito no puede redimirse, reformarse, que una manzana podrida siempre lo será y va a corromper al resto. Pero lo que no sabe es que Glyn ha sido un outlaw que ha cambiado y que lo suele oír hablando negativamente de los criminales con posibilidad de reformarse, lo que más bien puede inducir a que se lo tome por un muro al que hay que rendirse.

Sobre ésta premisa trabaja el filme, y pone de complemento la participación de Emerson Cole (un estupendo Arthur Kennedy), otro ex outlaw, muy amigo de Glyn cuando éste lo salva de la horca en un juicio popular. Tanto Glyn como Cole son pistoleros fieros. El filme pone a muchos enemigos imprevistos, gente común que salta del bien al mal y viceversa, trabajando con las diferentes posibilidades de su temática, solidificando su eje.

La caravana –que incluye seguir por barco, con la curiosidad de haber un marinero de color, pero propio de tiempos muy humildes para la gente de color, interpretado por Stepin Fetchit- atraviesa por muchas escenas de acción bastante intensas y emocionantes; tenemos indios y distintos vaqueros atacándola por parajes montañosos y salvajes. Se da una secuencia de acción de orden mínimo donde Glyn al ras del suelo con la cámara cerca al salto de la sorpresa se mueve por el terreno en busca de 5 indios escondidos que los están atacando.

La obra de Mann planea sobre la ambición, la lealtad, la confianza y la traición, y tiene cierto aire de romance, sostenido por Julie Adams, recordada por ser la mujer que rapta el monstruo de la laguna negra (1954). Hay una escena sorprendente, de alto impacto, con un ataque salido de la nada hacia ella. Otra distinción es que con Glyn se maneja en buena parte la mítica y el heroísmo con el fuera de campo. En un momento de fuerte tensión el ex outlaw promete vengarse y es él sólo contra el mundo; su éxito se oye improbable, pero como todo héroe ciego y osado lo emprende generando entusiasmo, adrenalina y entretenimiento.

Se presentan a muchos héroes y enemigos como volubles, rompiendo con cualquier imagen preconcebida, generando mayor argumentación. Participa en la película también Rock Hudson aunque como actor secundario, pero que ayuda a sostener la mayoría de tiroteos, siempre con la amplia sonrisa y su cualidad de tipo seductor, atractivo, en contraposición de un James Stewart que luce como un hombre común pero que es eficiente en todos los campos, generador de una identificación que nunca discute y evita la sobreactuación o endiosamiento; Stewart hace de un hombre que hace cosas excepcionales pero a la vez se mantiene humilde.

En el filme predomina la acción, pero hay una dotada estructura, se dan muchas novedades, tiene una sólida argumentación y narrativa, presenta originalidad e incluso cierta pesadez. El recorrido de los colonos tiene muchos contrincantes, y ahí para protegerlos está Glyn McLyntock, con quien se plantea la lucha entre el ideal y la corrupción, el derecho a cambiar, la fe en el criminal que quiere redimirse, también la ética por sobre el dinero, en un mensaje contra el capitalismo ramplón; primero es el ser humano, nos dice la obra de Mann, aduciendo que el agradecimiento puede ser más poderoso que la fiebre por el oro.

La puerta del diablo (Devil's Doorway)


Un indio, Lance Poole (Robert Taylor), vuelve de la guerra de secesión condecorado por el Congreso y pronto se hace de un gran terreno, lo trabaja y lo hace muy próspero. Éste indio se ha acogido a la vida de hombre blanco, pero en su rancho da hospicio a otros indios y sigue las costumbres de sus orígenes. Es un hombre que une dos mundos, pero pronto la discriminación, la envidia, el resentimiento y el odio se harán presentes en el cuerpo de un abogado, Verne Coolan (Louis Calhern), que manipulará la situación y enfrentará a éste indio intachable con la población americana blanca.

En ésta propuesta Anthony Mann mezcla capitalismo y lucha de clases con discriminación. Vaqueros blancos requieren de tierra, pasto fresco y agua, y no tienen recursos para que sus animales subsistan -su alimento, y fuente de ingreso- mientras Lance Poole los tiene. Poole no es del todo individualista, es decir, un terrateniente adinerado, en confrontación con un gran número de personas necesitadas, porque él ayuda a su comunidad y esa tampoco es la imagen que Mann fabrica, pero su orgullo hace que le hierva de ira que se le obligue a que los vaqueros blancos utilicen sus terreros, su esfuerzo y beneficios personales.

Esto que en otros casos puede verse como una repartición justa –aunque Poole ha trabajado su tierra, no es gratuita-, y se trate de la necesidad de que se beneficien muchos, tiene la injerencia en realidad de que los indios no pueden tener tierras a su nombre y son tratados de menos. El panorama cambia entonces, y aunque pareciera que fuera una defensa del capitalismo y no de un socialismo que ya está en práctica con la propia comunidad india que asila el protagonista –como si fuera una cierta ayuda social de derecha- el asunto que maneja el filme es la discriminación y el odio a los indios.

Se tiene que sopesar que el indio que representa Poole es uno que se ha adaptado al hombre blanco, a sus reglas, reglas que terminan pagándole mal, y queda un abuso, una mala práctica de los ideales americanos, con los que juega Mann para que el espectador se identifique, mezclando los elementos propios del western y del heroísmo.

Pero el filme además pone en circulación otro elemento en favor de Poole, la mística con la pertenencia a la tierra, la unión trascendente del hombre con la naturaleza. Como dice el padre moribundo del protagonista: Un hombre –un indio, en especial- no es nada sin tierra; y ahí anida otra lectura, una lucha capitalista, el conseguir propiedades, tener dinero. Poole es un personaje al que se le hace fiero, provocando hermosos combates de ver, entre los vaqueros blancos y los indios; busca defender su tierra, lo que le quieren arrebatar. Ya las razones quedan en segundo plano dando pie a la acción.

Más tarde con la abogada Orrie Masters (Paula Raymond) entrará a colación la compasión, hacia el outsider. Para todo esto Louis Calhern es perfecto como el demonio azuzador. También no faltan grandes escenas como la pelea a puño limpio en el bar entre Poole y un vaquero. No obstante el filme va más allá de dos enemigos puntuales, enfrenta a toda la población con sus propias leyes, aunque la pone más difícil éticamente, ya que el hambre suele matar la razón; hace un pequeño sucedáneo de esa guerra de la que vuelve Poole y no se menciona nombre, que se sobreentiende.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Damsel


Los hermanos David Zellner y Nathan Zellner dirigen, escriben el guion y actúan ésta película, que es cine marginal de cierta manera, no va acorde con el cine comercial amable, es humor negro marginal valga la redundancia, lo que la hace una película fácil de rechazar. Pero los hermanos Zellner muestran también personalidad y autenticidad. El filme busca en sus protagonistas lo que todos, felicidad, pero en lugar de hacer que todo el mundo la consiga, como sería un cine más comercial y empático deja a sus personajes con las ganas, mirando melancólicos el horizonte mientras cruzan en barca en pos de un eterno nuevo comienzo.

El filme es uno que habla de volver a comenzar, desde el principio vemos a uno de los tres protagonistas, interpretado por David Zellner, que no tiene nada, lo ha perdido todo, y de manera muy alegre se topa con un predicador, también agotado de intentar y siempre fallar, que renuncia y quien escucha toma su lugar. El filme desde el inicio nos indica que veremos, es bueno atenerse a ello para apreciar el cine de los hermanos Zellner. Nos dice que presenciaremos mucha mierda y cosas fantásticas –entretenimiento-, igualmente que el resultado será el mismo que el del predicador por estas tierras, la frustración, encontraremos vacío, en medio de muchas aventuras y seguir y seguir intentando. De eso parece decirnos que se trata todo, aunque no sea un mensaje optimista, sino muy poco empático.

Éste western moderno es más humor negro que otra cosa, bromea con lo que no debería darnos risa, así están varias muertes, chocantes, en medio de cierto absurdo, que luego toma sentido, en aquel del predicador. Samuel (un muy talentoso Robert Pattinson) parece una buena persona, inicialmente es nuestro héroe, pero aunque el filme se encarga de que le tengamos aprecio, luciendo fuera de lugar en medio de un oeste salvaje, él no es lo que parece. En la segunda mitad, que le pertenece a Penelope (Mia Wasikowska), la primera es de Pattinson, lo sabremos. Ella mostrará un lado feminista, aunque sin rehuirle a la felicidad que todos buscan, pero sin conformarse ni querer el camino más fácil. Ese que quiere un desesperado Parson Henry (David Zellner), el nuevo predicador, a quien nadie convence, pero que como el estribillo del filme salta de aventura en aventura.

Es un filme que narrativamente hablando no busca ser comercial, convencional, te lo cuenta medio extraño, y sus aventuras no son tan audaces, tienen un lado un poco raro, atípico, al menos en la manera de mostrarlo. La violencia está al servicio del humor negro. Es un humor que no da risa, pero que te impacta y finalmente tiene sentido, hasta hace pensar, en aquello de la frustración constante, de la sinrazón existencial. Parson es un hombre débil, es un perdedor, los hombres en ésta propuesta todos lo son, mientras Penelope es la luz, pero que se niega a dar cobijo así nomás, primero es su propio camino.

Con una narrativa extraña, con sucesos idénticamente extraños a su vera, con asuntos intrascendentes a ratos, con un humor difícil y héroes que no lo son éste es un filme que tiene todo para ser rechazado, pero por lo mismo genera interés, por su cuota de personalidad. También hay ternura, con Butterscotch, por la que uno se halla pendiente. El filme pega giros brutales, por lo menos dos, uno una novedad que sale de la nada como una locura, que implica generar mucha acción, y otro una revelación, como truco cruel. El filme tiende a desconcertar, por lo que su marginalidad está asegurada. El filme es como su título, pero acorde con los nuevos tiempos, pero en un sentido poco complaciente. El anterior filme de los Zellner era un homenaje a los hermanos Coen –los top del humor negro-, y éste un grito de terquedad o, mejor dicho, del amor por el humor negro, por uno de los más radicales en su tipo.

viernes, 24 de agosto de 2018

Las Furias (The Furies)


Éste western de Anthony Mann es más un drama que una película con llamativas escenas de acción, apenas hay un par y sirven a la historia, a ese respecto tiene muy poca adrenalina. Pero hay varias escenas dramáticas bastante intensas y alguna hasta chocante. El filme pone primero un vínculo muy cercano entre padre e hija, entre Vance (Barbara Stanwyck) y T.C. Jeffords (Walter Huston, padre de John Huston, en su último papel en el cine), para luego enfrentarlos.

El filme es sobre un patriarca dueño de muchas tierras, con gente que vive en ellas sin su aprobación, colonos, y éste terrateniente, T.C., quiere botarlos, pero su hija Vance defiende a una familia de estos habitantes, en especial al hijo mayor, Juan Herrera (Gilbert Roland), galán enamorado de ella, todo un caballero, pero ésta corresponde más bien a un tipo más discutible, de cierto aire vanidoso, jugador, apostador, materialista, seductor, Rip Darrow (Wendell Corey). Pero guarda una gran amistad y lealtad por Juan y viceversa.

Ésta propuesta es una épica, que recurre a caminos imprevistos, muy ricos, es todo un clásico que parece tomar de pretexto ser un western. No hay pistoleros ni outlaws, no hay duelos ni tiroteos grandiosos. Apenas hay un pequeño choque entre los colonos y el patriarca y su gente, y el resto son relaciones de familia y de negocios. Rip tiene una vendetta con T.C. pero piensa como capitalista y no con las armas, ganar dinero, quitarle el poder al patriarca.

Tanto Rip como T.C. están muy bien dibujados para el oeste sin ser pistoleros, como unos excéntricos y amantes de sí mismos. Rip es más fino, pero con un toque machista; T.C. es más brusco, como cuando coge a un borracho y lo arroja como un saco de papas, o domina un buey frente a su tropa de trabajadores. Pero ni Juan hace ninguna gran demostración con las armas, todo queda en imaginación, prefiere quedar como un tipo de poeta.

Vance es inteligente, pero también salvaje y un poco engreída, gracias a una gran Barbara Stanwyck, como cuando le dice una mujer voluptuosa que los hombres las prefieren flacas, como quien quiere decir actrices talentosas y con personalidad primero que demasiado atractivas. El filme tiene un lado romántico rudo propio del oeste en Rip y uno muy suave en Juan. Hay varias escenas en ese son, de seducción, de traición, rechazo y sensualidad.

El filme es algo pesado, es un gran drama, pero también tiene momentos impactantes, tanto como discutibles, como los que propicia la relación tirante entre la madrastra Flo Burnett (Judith Anderson, la muy recordada señora Danvers de Rebecca, 1940) y Vance, que salta del intelecto avispado a lo bruto y criminal. Con esto los personajes tienen un lado bárbaro y bastante recriminable, no hay figuras limpias de polvo y paja. También está el maltrato físico visto como seductor y macho, propio de la época.

Pero también tienen un lado de nobleza. El trato de T.C. con Flo y su trato con Juan, el bien y el mal habitan en todos, hacia lo extremo. La franqueza de Flo –aun con cierta ambición de por medio- y su argumentación no merecen lo que le pasa en la trama, luce más como un error del filme y flagrante contradicción en Vance, algo demasiado extremo y que se toma a la ligera.

El filme brilla por su interacción, por sus relaciones tensas, y lo típico de lo rural, con un pie en el pasado –lo tosco, lo violento, la falta de ley- y otro en la civilización –el poder del dinero, los negocios y no las armas-. Es más que todo un drama, un clásico que puede bailar en varios géneros, que un western en toda la palabra, pero aun así una buena película.

lunes, 20 de agosto de 2018

The Tin Star


Es una historia de mentor y alumno entre Morgan Hickman (Henry Fonda), un ex sheriff convertido en cazarecompensas, y un reciente sheriff, Ben Owens (Anthony Perkins). Owens es un tipo valiente, terco y muy ético, pero aun inexperto y por ello está expuesto a un oeste salvaje que puede quitarle la vida por su torpeza. Cuando Hickman lleva un cadáver en busca de su recompensa conoce a Owens y pronto entablan un vínculo que termina en la enseñanza de Hickman para que Owens sea mejor sheriff, no pierda la vida.

En el pueblo de Owens hay muchos personajes interesantes. El antagonista es el robusto Bart Bogardus (Neville Brand), un pistolero rudo que no respeta la ley y por lo mismo tampoco a Owens, tal como un caso de bullying en que Owens que no le teme debe finalmente vencerlo. Bogardus es una mala semilla, una mala influencia para el pueblo. Entre lo atractivo de la hechura del pueblo está que convive gente salvaje, propensa a la violencia que no necesariamente son tipos unidimensionales, son sólo gente común, con personas muy queridas, como el doctor Joe McCord (John McIntire).

El filme opta por un movimiento original, no se encasilla con Bogardus sino lo complementa con 2 asaltantes de caminos, independientes de su criminalidad, Zeke McGaffey (Peter Baldwin) y Ed McGaffey (Lee Van Cleef). También en el filme hay 2 héroes, mentor y alumno. Como mentor, Hickman, es repudiado en el pueblo por ser cazarecompensas, por preferir matar a quienes persigue. La línea entre el orden y el pecado por llamarlo así es muy tenue, pero el idealista Owens querrá definir la situación en su pueblo.

Tanto mentor como alumno se nutren mutuamente. Hickman le habla mucho a Owens sobre cómo ser un sheriff capaz, lo que suele decir es coherente, inteligente, pero hay una sobreexposición de sabiduría, se siente que hay muchas palabras en el ambiente. Hickman también está dibujado como un tipo desilusionado de la gente, pero tampoco lo hacen muy difícil, rápidamente se encariña con un niño, Kip Mayfield (Michel Ray), que hay que mencionar que es muy carismático. Por ahí pasa una línea de no odiar a los indios ni a los extranjeros. Nada del otro mundo, pero vale su inclusión. La madre de Kip es la actriz Betsy Palmer que todo amante del terror conoce, como la madre de Jason Voorhees.

Ésta propuesta de Anthony Mann tiene 2 líneas narrativas centrales dadas por los héroes. Owens tiene todo para ser un héroe, pero le faltan algunos tips, a ratos es demasiado ingenuo. Es algo gracioso cuando se sorprende de que un criminal le dispare cuando trata de arrestarlo pacíficamente, aun cuando está mostrando bondad como sheriff. Pero, claro, nadie quiere que lo ahorquen o ir a la cárcel. De todas maneras es notable que a Owens se le de mérito, aun son épocas no tan cínicas o pesimistas. El filme tiene la magia del cine clásico, es de 1957.

Hickman no se cansa de decirle a Owens de que lo mataran como sheriff por cómo ve el mundo y se comporta, y Owens no se cansa de entregarle una estrella de la ley a Hickman, con lo cual es interesante notar que lo heroico no remite al más dotado, y que se aprecia a la juventud, capaz de influir en un viejo ducho, conviviendo dos mundos. El mensaje es bastante sano, ser apto parte de la convicción, de creer en uno, aunque detrás, perfilando lo que será la maravillosa The Man Who Shot Liberty Valance (1962), está Morgan Hickman, de manera menos trágica y más participativa de Owens en el terreno de lo salvaje.

viernes, 17 de agosto de 2018

Man of the West


Man of the West (1958) es el último western que hizo Anthony Mann, un western de mucha acción y violencia. A una mujer, a Billie Ellis (Julie London), unos bandoleros la obligan a desnudarse frente al grupo y amenazan constantemente al héroe con violarla aun cuando la creen su mujer. El héroe, Link Jones (Gary Cooper), es un ex outlaw que fue criado como un hijo por el pistolero y criminal Dock Tobin (Lee J. Cobb).

Se cansó y decidió cambiar. En un pueblito finalmente confiaron en él, nos dice el propio Link; y se casó y tiene 2 hijos. De éste pueblito donde lo han perdonado lo envían con dinero en busca de una maestra. Pero en el camino el tren en que va es asaltado y se rencuentra con su antigua pandilla, con Tobin. Mucha información sobre Link es dada verbalmente, porque el filme prefiere enfocarse en las escenas de acción y en la tensión entre Link y la banda de Tobin.

Un defecto marcado del filme es que Gary Cooper para éste western estaba ya viejo, pero hace de un hombre más joven, incluso es mayor que Lee J. Cobb pero no obstante Cobb hace de su padre adoptivo. A Cooper visualmente se le nota su edad, pero aun es un hombre ágil de movimientos, como lo muestra una pelea a puño limpio, larga, bastante coreografiada, y su talento para interpretar su papel. Hay diálogos que suenan notoriamente fallidos, dentro de la narrativa del protagonista, pero Cooper se muestra con aplomo y se puede paliar.

Por lo demás es un buen western, la brutalidad del oeste se ve especialmente en el abuso a la mujer, a Billie, una parte efectivamente desagradable pero cuidada en el filme, sugerente, pero potente. Las escenas de acción son muy buenas, poner a un pueblo fantasma de escenario es una gran idea. El filme trata como Link debe enfrentar su pasado, debe volver a regirse a la violencia, aunque ésta vez lo hace del lado de los buenos. No es un filme muy profundo, pero sí bastante entretenido. Cooper primero se hace ver débil, y va creciendo, hasta volver a ser el temido outlaw que fue antes, ese que despierta la admiración de Tobin.

La relación padre-hijo entre Tobin y Link es una relación de corrupción. Link sabe que éste hombre lo moviliza hacia ese lugar, lo vuelve alguien despreciable. Tobin es un tipo que está muy bien escenificado, es un ser que denota maldad y vulgaridad, pero aunque tiene en su banda gente muy fiel prefiere curiosamente a Link que no le corresponde, quien a pesar de que disimula se le nota y lo dice un diálogo. Ésta parte que puede parecer un poco ilógica más bien enriquece al filme porque la vida es de caprichos y contradicciones. También se debe a que Link fue un outlaw muy duro e inteligente, en cambio los de la banda de Tobin son más lentos y engreídos aunque sádicos, hasta hay un mudo al que se le achaca idiotez.

Lo mejor del filme es la horrible y prolongada tensión entre Link, sus amigos del tren y la banda de Tobin, y más tarde la pelea a tiros en el pueblo fantasma. La huida de unos de los criminales en estado agonizante es de una belleza sublime, la toma de la secuencia hasta el final es de esos detallismos muy artísticos y cinematográficos que uno suele amar y llamar séptimo arte, proporcionando mucho drama y visualidad.

viernes, 10 de agosto de 2018

Pueblo Viejo


Pueblo Viejo (2015), del huancaíno Hans Matos Camac, es un western andino, con el uso de nombres en quechua y aymara como el del sobrino del llamado Principal, Supay (Alberto Nue), que significa demonio, el personaje más duro que enfrentará el héroe, el misti -que traducido es criollo u hombre blanco- Eduardo Camac (Cristhian Esquivel). El Principal es el hombre más poderoso del pueblo, de la región, y éste va cambiando, a medida que se impone la ley del western. El Principal Don Abelardo (Juan Manuel Ochoa) es un tipo que se aprovecha de todos. Finalmente cuando sucede la pelea entre Don Abelardo y el hermano menor de los Camac empieza digamos que la acción. El filme en realidad carece de escenas intensas, es un filme muy calmado, que se toma su tiempo además, que recorre el (clásico) drama familiar y social, la lucha contra el poder abusivo. La historia de amor la provee la actriz Mayella Lloclla, sugerente, pero aun así algo erótica en su amalgama con una pequeña argumentación. En los momentos de acción pareciera que fuera un filme defectuoso, pero en realidad éstas escenas excesivamente austeras, apagadas, alejadas de todo espectáculo, en momentos de confrontación claves, las volvemos a ver más tarde en mejor estado como una revelación, la maquinación de Supay. Finalmente esto toma distinción, como esa lentitud y actitud como dormida del filme y genera un cierto encanto que palia el sentir de imperfección dominante. Es rescatable su personalidad andina, aun recurriendo tan sólo a lo elemental, el paisaje rural, unos cuantos nombres autóctonos, la denuncia social. No es un western típico, debido sobre todo a que no posee intensidad, no es un filme de grandes escenas de acción, no es un filme de género en toda la palabra. La última escena de acción que es la más directa es muy básica, pero sus formas se sienten como identidad, hay una coherencia. Es un filme humilde, pero simpático. Tiene a ratos su toque arty en la puesta en escena, como con ese cuarto de cárcel desnudado al mínimo en que pasa sus días el héroe. También se puede sentir la presencia de José María Arguedas en esas escenas de las reparticiones de agua, tan burocráticas, insustancialmente formales. No es una propuesta tampoco demasiado social, prefiere ser un tipo de entretenimiento, un filme contemporáneo, y así se percibe con la figura del Principal, quien sepulta sus homicidios él mismo a pico, le rezan mujeres en secreto, es un tipo duro que se impone al resto y luego quizá se termina corrompiendo, lo cual se acerca a la esencia del western aunque en la combinación con lo andino mediante la lógica de lo rural.

lunes, 30 de julio de 2018

The Shooting


The Shooting (1966), de Monte Hellman, es un western raro, se parte a partir de una tumba, una muerte misteriosa y una huida, pero no se entiende hasta el final. Tiene a una mujer (Millie Perkins) que le paga a un ex cazarecompensas para que sea su guía, la transporte a un lugar. Willett Gashade (Warren Oates) es éste guía, que acepta a regañadientes por la terquedad de ésta mujer, pero a medida que el filme empieza su recorrido hacia un territorio del que poco se explica Gashade tiene una corazonada de lo que pretende la mujer y es lo que secretamente lo motiva a seguir y aguantarla.

Junto a Gashade está un hombre medio idiota llamado Coley (Will Hutchins) que el guía obliga a la mujer a que le pague y los acompañe. Coley es un tipo bonachón y Gashade lo quiere como un hermano pequeño. Coley no es cómico sino es un tipo lento e infantil. Su participación es algo molesta, además de que se siente fuertemente atraído por la mujer y se comporta más tonto aun. Pero el filme propone cierta originalidad con él, como cuando se topa con un hombre abandonado moribundo en el desierto y le regala caramelos.

El filme es el trayecto sin explicación hacia un lugar, pero a medida que avanza el filme se empieza a intuir de qué trata todo, y es algo sencillo, pero se guarda Monte Hellman de explicarlo hasta el final. El filme se entiende claramente en última instancia con aquellos fotogramas ralentizados del doble, aun cuando la propuesta tiene una argumentación mínima. Pero es un western atípico, hay muy poca o casi ninguna escena de acción.

La rivalidad del héroe Gashade la aporta Jack Nicholson como el pistolero Billy Spear, se trata de crearle mítica, pero Nicholson aunque luce una buena presencia como pistolero, creíble, por su comportamiento y engrandecimiento se nota algo ridículo. Oates en cambio está muy natural, y mejor. Esta rivalidad se pone un poco infantil cuando Coley no puede esconder que le desagrada Spear, y no le teme aunque Coley con las armas sea muy común. Esta interacción de los tres es particular, no lo hace un western tan trascendental, pero mantiene la atención.

Es un filme que en el fondo no parece western, sino una road movie con gente que no se lleva muy bien y no tiene una idea muy clara de que están haciendo, pero siguen adelante porque lo que importa es la interacción entre ellos, las armas parecen meros adornos o juego. De cierta manera el remate es como sacar un truco bajo la manga. Aunque está obviamente planificado parece casual o quizá un pretexto para darle lógica a un filme espontáneo. El filme tiene un toque psicológico si se quiere, un toque muy indie, la acción propia del western es irrelevante. Por todo ello no tiene desperdicio, no es lo que uno espera en el género, pero sí como cine.

Ride in the Whirlwind


Éste western de Monte Hellman fue escrito por Jack Nicholson y es un filme convencional, pero muy intenso, bastante bueno aunque común, sin mucho de por medio. Arranca con el robo detallado de una diligencia y se pone en perspectiva cuando tres vaqueros cruzan la zona y ven a un hombre ahorcado colgado de un árbol. Esto sonaría a película de terror sino fuera un western, lo que significa una alarma para los héroes o, mejor dicho, víctimas.

El filme pone a los tres hombres a descansar en la cabaña y escondite de los asaltantes, liderados por el tuerto Dick (Harry Dean Stanton), y grave error, terminan siendo confundidos como parte del grupo por unos vigilantes de la zona, los hombres que ahorcan criminales. El filme tiene a estos vigilantes como tremenda banda de implacables perseguidores, que se toman la ley en sus manos. Esta premisa sencilla da mucho entretenimiento.

Tanto la banda del tuerto Dick como los vaqueros de paso, Wes (Jack Nicholson), Vern (Cameron Mitchell) y Otis (Tom Filer), quedan sentenciados a muerte y empieza una fuga y un combate fiero contra los vigilantes, que son en mucho anónimos y un número gaseoso, enorme. Salir vivo es casi imposible, pero se lanzan a intentarlo, no les queda otra. El filme genera mucha adrenalina, lo que suma al no poder los vaqueros quitarse de encima el estigma de criminales, y no les queda más que sobrevivir como pueden, aceptando verse como tales, porque los vigilantes disparan a matar y solo piensan en ahorcarlos.

El filme apenas dura 1 hora y 20 minutos y desde que son marcados los tres amigos vaqueros se ven en el infierno, acorralados, agredidos a una cuenta de tres, escondidos, huyendo, hasta llegar a una casa de colonos donde los sobrevivientes juegan damas pensando en la muerte; los flashbacks, la tensión y lo que se avecina parpadea en sus mentes. Nicholson y Mitchell trabajan muy bien el miedo y la expectativa, como su valentía frente a la adversidad.

Es un filme sumamente básico, pero genial por el ritmo que posee y la acción trepidante viéndose vehementemente perseguidos, sin tregua alguna, mientras los criminales capturados son inmediatamente colgados de la manera más sencilla, sin juicio, tal cual abre el robo de la diligencia que es también brutal y abusivo. Justos pagan por pecadores. La propuesta suena a un buen alegato contra la pena de muerte.