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domingo, 21 de octubre de 2018

La tragedia de una empleada de teléfonos


Podría ser un filme convencional, pero la construcción narrativa de Dusan Makavejev hace volar su propuesta más alto, producto de su notable noción del cine y de los temas que le interesan auscultar como las ideologías o formas de gobierno y la sexualidad en especial, a lo que suma en conjunto perpetrar un pequeño ensayo sobre criminología.

Todo parte de una relación amorosa de gente sencilla, una empleada de teléfonos húngara de cabellos rubios, Izabela (Eva Ras), y un inspector sanitario o exterminador de ratas musulmán, de ascendencia turca, Ahmed (Slobodan Aligrudic). Vemos varios momentos de cómo es bella su relación, con escenas caseras, humildes, de felicidad. En dichos momentos sobresale la imagen de Eva Ras sonriente desnuda con el gato a la altura del trasero.

El inicio de la relación muestra como la pareja protagonista comparten el televisor viendo lo que parecen escenas de un gobierno totalitario. La observación de la subsiguiente ideología está en todo el filme, habiendo un vínculo con la austeridad de sus vidas, ella cocina sobre una plancha y usa un cuadro como bandeja. El filme también comparte escenas documentales de destrucción de iglesias por parte del gobierno.

El filme tiene una parte que se basa en hechos reales, en un caso policial, escuchando en una parte documental como explican el comportamiento de los asesinos y cuán difícil es solucionar estos casos. La propuesta de Makavejev hace uso de newsreels -noticieros documentales-. El estilo documental, en éste hibrido de filme, nos lleva a oír de la sobrevivencia de las ratas. Igualmente un sexólogo en varias oportunidades explica sobre la trascendencia del sexo, poniendo de ejemplo en especial la simplicidad con la que se ve algo tan maravilloso como es un huevo de gallina, que señala mucho más que un alimento. Aquí Makavejev pone en la palestra la importancia de los temas que le gustan y se fijaran en su filmografía.

El filme combina de manera notable exposiciones documentales, explicaciones que realzan la historia que seguimos, que tiene una belleza cinematográfica que es cosa aparte, lo que nos lleva a una traición forzada y a cierta elipsis final en el pozo. Ésta película trata el medio inexplicable e impredecible comportamiento del ser humano convertido en asesino. El filme no se regodea en la sordidez aunque a ratos es duro de ver. Se siente una propuesta muy libre, muy estética –detrás de su blanco y negro-, muy de composición de arte, y también una obra científica. No un filme intelectual de aquellos que provocan aburrimiento, sino un filme entretenido e interesante al mismo tiempo.

Man is Not a Bird


El debut de Dusan Makavejev en el largometraje de ficción tiene un manejo metafórico de la hipnosis, con la cual sutilmente se apunta contra el socialismo, contra las dictaduras, transversalmente, hablando de la liberación, igualdad y respeto de la mujer contra el machismo y el abuso patriarcal, para luego englobarlo en todos los seres humanos como sociedad. En ésta pequeña historia, porque hay otra central, la actriz Eva Ras interpreta a una mujer sojuzgada por un marido neanderthal -borracho, mujeriego, descarado, primario-, que produce una escena rica, candente, humorística, de claro ejemplo machista y de una sociedad arcaica, con un vestido de su mujer que le regala éste marido bruto a su amante. Aquí no hay sutilezas, se trata de burlarse y criticar ésta situación institucionalizada.

La película tiene como centro el romance entre un ingeniero ya de cierta edad, Jan Rudinski (Janez Vrhovec), y una joven y bella peluquera, Rajka (Milena Dravic), en el que parece un pueblo minero, atrasado en el tiempo. Junto a esto hay elementos de tipo documental, como los que muestran el trabajo en una fábrica y el quehacer de obreros, lo mismo pasa con el circo y los actos de su repertorio. Como otro elemento en el filme entra a tallar un camionero, con el que se trata de mostrar la revolución femenina y su liberalidad, sin prácticamente consecuencias, de manera muy fresca, lúdica y sin darle mucha profundidad. Echar agua sobre un camión parece representar un orgasmo masculino, señalando libertad sexual. El filme tiene una parte llana, y otra digamos que intelectual, con la muestra de una orquesta tocando la música de Beethoven acompañando la vida de los obreros, porque Jan es también un obrero.

No hay demasiado que ahondar en éste filme que es lo más sencillo del mundo, pero en el que claramente se puede ver el mundo cinematográfico del director, el embrión. La manera de narrar el romance tiene su encanto, el circo como libertad, un mundo proletario, los obreros, una chica común. El intento de buscar la libertad sexual se da sin que la protagonista lo note, lo hace inconscientemente, sin meditarlo mucho que hasta resulta irónico. Rajka, la heroína, actúa como en una película francesa o típica europea, entendiéndose una Yugoslavia en poca consonancia aun con la modernidad, la que defiende el cine de Makavejev. Moralmente es otra cosa, la liberalidad es una trasgresión de todas maneras. En la frescura de su heroína el director serbio muestra su mirada, aun cuando Makavejev es de una enorme simpleza cuando trata con la liberalidad sexual, como quien supone que está invocando lo justo o lo irrefutable y no pretende entregar demasiadas explicaciones, aun cuando representa mucha lucha.