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jueves, 7 de febrero de 2019

Climax


Climax (2018), de Gaspar Noé, usa el baile como manifestación de terror, con esos movimientos que parecen que se están quebrando los propios huesos, con esos bailes similares a orgías y como la invasión de un virus que enloquece a sus participantes. Es algo sensual y violento. El baile lo es todo en el filme, vistoso y virtuoso, con grandes coreografías, una hasta tomada desde arriba. Como película de terror el filme tiene al baile como arma, cosa que también pretende cierta polémica vista tanta sexualidad, pero así es Noé, aunque ésta vez éste filme ha logrado lo imposible, que todo el mundo lo celebre.

Es un filme que tiene una narrativa escueta, más es el baile moderno que otra cosa, pero todo tiene perfecta concordancia general, tiene sentido, en que unos bailarines se reúnen en un lugar abandonado en la nieve, tipo bunker, y en medio de sus prácticas y exhibiciones exóticas e imponentes se despierta el daño, el crimen masificado, en la que es también una fiesta desenfrenada, muy hedonista y libertina.

Antes de que se expanda el mal tenemos un visionado fascinante, hay que admitirlo, lo mejor del filme, al proponer tremenda maestría en las coreografías, que no son en absoluto delicadas. Se trata de algo potente, intenso, decidido, festivo, como lo es el cine del irreverente Noé. Locura que se despierta a raíz de que la gente es drogada anónimamente, sin mayor razón. Pero se puede entender fácilmente una justificación.

En el inicio vemos que ante la cámara se presenta cada uno de los bailarines, ésta parte busca ser irreverente y más bien desanima, no es una presentación muy interesante, es obvia, pero cuando todos estos “personajes” extravagantes salen en grupo a bailar todo es esplendoroso, entretenido, impactante. Pero la propuesta no es mucho tampoco, aunque tiene lógica.

En un momento por un cromatismo que domina el filme, el rojo, de peligro, de ardor, y el constante juego de la cámara, poner en ángulos difíciles las imágenes o prender y apagar la visibilidad, tenemos el caos en todo apogeo, producto de que todos quedan drogados excesivamente, pero en éste momento fastidia observar un poco la película. Luego se verán momentos de violencia desagradable, típico en Noé, y termina paseando la mirada por un reguero de perdición en conclusión. Esto no luce muy bien, aun cuando no está tan extendido, o por más que el filme había anunciado que era un hecho real. Las escenas de sexo, aunque sin explicites, tampoco son muy gratificantes.

El filme con su querer ser polémico o híper libre más bien lo muestra barato, mediocre. No obstante Noé tiene talento en manifestar el baile como terror, pero lo sexual le cobra la grandeza; es como tener grandes técnicas o ideas, pero una exhibición finalmente pobre. El baile como monstruo es ingenioso, pero las escenas de exceso no están a la altura, es decir, Noé falla porque quiere ser irreverente, cuando debería enfocarse más bien en lo que concibe, en la narrativa. Lo mejor es simplemente el baile tal cual y después su proyección en distintas otras formas. Por todo lo dicho es un filme imperfecto, como uno ha de esperar de Noé pero también muy irregular, malo por partes –sobre todo al final-, bueno en otras. Me quedo con las coreografías y la técnica, pero en construir una película narrativa no mucho.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Love

La presente película que estuvo en el festival de Cannes 2015 fue vapuleada por la crítica, lo cual sorprende, cuando gran parte de ésta misma crítica enaltece El desconocido del lago (2013), con la que comparte similitudes explicitas de orden pornográfico, y la misma temática, el amor y el sexo, sólo que Love se enfoca en lo heterosexual apuntando al amor sexualizado, mientras El desconocido del lago a la pasión y a la sensualidad por sobre el amor, homosexual, teniendo la lectura de ir incluso hacia la perdición, dictaminando una idiosincrasia, con la gracia de que la película de Alain Guiraudie contenía un “engañoso” thriller tardío amortiguando bastante gratuidad con sus escenas gay, y la de Gaspar Noé es una película más franca, directa y clara, pero teniendo una ideología por debajo y una representación mental, no intentando vender gato por libre, es decir, una presunción de arte mayor, que para algunos la proclamada desfachatez y el exceso, del cine de culto de Noé, le arrebata, le quita esa admiración y respeto que supone sí exuda el cine de Guiraudie, cuando con obviedad se trata de dos directores leyendo el espíritu del séptimo arte polémico, revolucionario y artístico último dictado por Francia, con un logro mucho menor del anhelado por ambos. Por todo ello, enaltecer a uno suena tan incongruente y arbitrario como reducir a polvo al otro, cuando deberían estar, al menos con éstas obras, emparentados, aunque sin exagerar el entusiasmo hacia ellos.

Gaspar Noé, duela a quien le duela o con cierta razón en contra tiene un nombre ganado, posee cierto talento y estilo, quiere ser innovador y trasgresor, suele buscar distinguirse en lo formal y en sus mensajes (libertad sexual, anarquía, naturaleza violenta, causalidad por sobre destino, vacío tras la muerte, drogas como puerta mística), pero un exceso de “audacia” le pasa siempre cierta factura, como que su ingenio suele tener tremendos huecos y no logra esa grandeza que se le escurre entre los dedos, y lo deja como un cineasta menor (incluso uno rechazado y payaso), solo apto para un grupo reducido de fanáticos. Esto lo vemos en su primer largometraje y mejor película hasta la fecha, Seul contre tous (1998), que tiene un realismo harto identificable, notable, en aquellas conversaciones mentales que mantiene El carnicero (Philippe Nahon) tras su prominente furia, rabia, frustración, decepción, como en un estado de violencia a punto de reventar, al ser un gran perdedor estando ya en la vejez, frente a una sociedad que, ninguneado y maltrecho, él rechaza, proclamando una poderosa ideología “propia” que no falla porque exagera en el daño que profesa (hasta literalmente, como en los golpes a su autoritaria esposa embarazada). Lastimosamente termina convirtiéndose en un discurso efectista, hueco, absurdo y torpe al exhibir un tipo de amor, libertad y plenitud en querer ser incestuoso con una hija que parece sufrir de autismo, que es una autómata; y lo peor es que Noé lo sabe ya que advierte con un inter-título que nos retiremos de la película o atengámonos con lo que veremos a continuación, por tratar de impactar en un tipo de espectador primario, más que preocuparse por contener coherencia, aun con un tipo tan despreciable, al que no le hace falta un agregado tan paupérrimo y descarado. De ahí en adelante uno saca sus cuentas que Noé no quiere ser grande, o le falta mayor inteligencia, que hasta para lo extremo y extravagante hay que tenerla para realmente distinguirse como creador de arte, e incluso de entretenimiento.

Su infamia lo perseguirá y será su estigma por una parte, la que en Love se atribuye a secas a no tener miedo a las convenciones sociales, lo que sirve como guía narrativa, invocando una liberalidad sexual que vemos tomar forma en la explicites, como quien indica ser fiel a sí mismo, donde no faltan felatios, cunnilingus, penetraciones, masturbaciones, eyaculaciones, tomas frontales o un primer plano de un miembro erecto (que recordando que el filme originalmente está destinado a ser pasado en 3D esto es casi una afrenta o chascarrillo), o repetidos coitos en distintas posiciones, tanto como que hay espacio para el erotismo y la sensualidad, como en un definitorio trío con las actrices Klara Kristin (de papel secundario), la joven esposa que representará la desilusión existencial impuesta por la obligación de un bebé; y Aomi Muyock, como Electra, la mujer de su vida de nuestro protagonista, el americano Murphy (Karl Glusman, quien parece ser el único al que le espera una carrera, visto los filmes que se le vienen, trabajar con Nicolas Winding Refn y con Tom Ford; a pesar -o por ello- de que las debutantes dejaron todo en la cancha). Con Aomi se verán la mayoría de las escenas subidas de tono.

Es una obra que ejemplifica el sentido de un director que entre sus películas de cabecera yace Saló o los 120 días de Sodoma (1975), como deja ver además un póster en plena película, habiendo varios de otros filmes renombrados, como que Murphy es un estudiante de cine, implicando (infaltable) cinefilia. De lo que se trata la propuesta es el recuerdo de la mujer idolatrada, ideal, el amor verdadero, tras una llamada contando de su desaparición y haciendo pensar en un suicidio, notando que la ternura, como la cotidianidad de pareja, que no sea coito, asoma en pocos momentos, porque el sentido claro es perpetrarse en el sexo, ver el amor a través de ello. Pero se asume en parte en el acto de rememorarla recurrentemente y en la gran pena de la ausencia que simboliza la derrota, convertirnos en perdedores, cuando la dibuja como un fantasma en el presente y en sus conversaciones mentales. La pierde por un error de libido. Así van apareciendo las aventuras y encuentros con ella, los roces, el predominante sexo, en sus tantas facetas expresivas físicas que representan las variaciones del amor en el argumento. Pero hay cierta fusión, habiendo momentos de celos y calenturas medio idiotas, aunque, bueno, humanas, como con el propio Noé que sale con peluquín y es un alter ego de sí mismo, a la vera del arribismo, tras una entrega promiscua de por medio, una que no falta en el cine ni en varias profesiones de ascenso y empujón inmediato.

Otra ocurrencia es hacerse asesorar por la filosofía francesa de un policía fuera de servicio, entre tragos, que termina finalmente en una experiencia (felizmente) trunca con un transexual, que queda como una mala experiencia personal en la historia, si no el filme habría tomado un nuevo giro, aunque quizá ahí había una razón para que cierta crítica se entusiasme. Como que el amable y “sabio” oficial enseña a buscar el siguiente nivel de la compenetrada relación, en la mística del amor sexualizado, dentro de la permisividad sexual en la pareja, en el intercambio y la orgía, alegando el vencer el miedo y liberarse de la sociedad (tema central  de Seul contre tous, a la vera del camino del perdedor) y lo que parecía una broma termina cumpliéndose en un lugar oscuro tipo el Rectum de Irreversible (2002), y es que las películas de Noé dialogan entre sí, hay conceptos recurrentes.

Otra película de Noé, Enter the void (2009), son 2 horas con 40 minutos de sentida extensión y a un punto redundante viaje lisérgico por el vacío, la nada, hacia la resurrección, como dicta el diálogo guía sobre el libro de los muertos, la vigilia del mundo inmediato perdido, mientras vemos promiscuidad, drogadicción, crimen, frustración, que yacen como símbolo de la filmografía de Noé, por lo que quien sabe qué esperar de él la va a pasar mucho mejor. Los nombres llevan connotaciones, Electra, Murphy, o un dividido Gaspar y otro Noé (él mismo), donde uno puede esperar algún tipo de autobiografía. Pero más es como uno piensa la vida o la sueña, bajo criaturas extremas, mientras supone un divertimento. Love es dolorosa y también bastante festiva. Ya lo dice una línea, lo mejor es el amor (que por un lado tiene de pretexto), luego el sexo (de lo que curiosamente la banalidad es la razón de la ruptura, como quien dinamita sus propias ideas o arguye la autodestrucción). 

martes, 19 de abril de 2011

Irreversible

Película dirigida por el argentino Gaspar Noé, de factura francesa. En ella se dan algunos trucos para cautivar a la audiencia, de los que destaca el manejo de la trama que se cuenta desde el final hacia atrás en pequeños cortes de tiempo de diferente duración junto con la utilización de un lenguaje visual explícito, produciéndose una violación de larga data con todo lo infame que puede ser ésta situación. Hay una gran violencia escénica, se ve a Monica Bellucci desnuda siendo sodomizada por un tipo que la ultraja en medio de un callejón subterráneo. Además hay una muerte en la cinta que también maneja altos grados de intensidad y desenfreno.

De visionar linealmente la narración, ésta nos habla de la relación entre Alex y Marcus, Monica Bellucci y Vincent Cassel, que junto con un ex novio y amigo cercano de ambos llamado Pierre (Albert Dupontel) quedan para ir a una fiesta. En el lugar Marcus se pone eufórico, se droga y empieza a seducir mujeres, con lo que más tarde Alex se enoja y decide irse por su cuenta. Pronto sucede lo inevitable y como reza el título del filme, lo irreversible. Desde ese punto empieza una carrera arrebatada por encontrar al violador.

La historia arranca muy temprano el mismo día con el claro del sol en un parque, en un momento de la película se ve a Alex y Marcus jugando cariñosos y sexualmente en su cuarto, ambos están desnudos y hay mucho erotismo, las tomas son abiertas y dejan ver ambos cuerpos sin reticencias. Sin embargo la película empieza con un diálogo entre dos hombres metidos en un cuarto de mala facha en que uno revela asuntos incestuosos de índole personal, se manifiestan disquisiciones medio existenciales que son interrumpidas por un tumulto que se oye en plena calle que proviene de un bar homosexual de tendencia sadomasoquista llamado “el Rectum”, del que sacan un cadáver, arrestan a un hombre y se llevan herido a otro. Después surgen los giros de la cámara moviéndose en derredor que dan paso a los lapsos en el tiempo. Lo que sigue es algo caótico y poco claro visualmente por donde se ven recorrer pasadizos del recinto antes mencionado, en busca de un sujeto apodado “El Tenia” que es el presunto violador. Producto de esa búsqueda se da una gresca que permite escenas de grave violencia que son rotundas y dejan poco a la imaginación. También se pretende otra brutalidad más en la película. Y es que la cinta no escatima esfuerzos en ser contundente y clara, firme en sus postulados de herir sensibilidades y mostrar tanto como se pueda colocar en una toma de alto realismo.

La película corta los tiempos por donde cree justo, lo que deja la sensación de estar inacabados, pero pasan inmediatamente a otro período de cierta proximidad. Cada vez que el reloj se va hacia atrás se recorre una mirada que va desgranando la trama, lo que al final deja el panorama descubierto en un relato de suma sencillez. Se ve como discuten Alex y Pierre sobre su pasado amoroso en diferentes espacios, también la ruta que los lleva a una reunión de baile y alcohol. Se ve a Marcus y Pierre entrando a la fiesta, uno muy animado y el otro desganado. Luego deambulando por un lugar lleno de algarabía nocturna, para encontrar a Alex bailando sensualmente entre dos mujeres. En ese sentido se van dando los detalles mediante esa metodología inusual y creativa de retroceso temporal.

La película tiene un toque personal que termina no haciendo que desestimemos la realización sino que obtiene el respaldo necesario para valorarla positivamente, a pesar de sus pocos escrúpulos y que a su vez resulta favorable para darle mayor resonancia al contenido. Pero también en algo llega a molestar no ganándose todo nuestro aprecio. Inicialmente toma un rato acostumbrarse a la técnica que ha escogido el filme, pero luego que se entiende la idea se sigue con atención por ese rompecabezas que va dando a conocer las correrías alocadas que se dan en el contexto. Definitivamente queda un aire de experimento y también la clara percepción de que el conjunto posee muchos errores. Es la forma que innova, aunque no llega a una atmósfera de perfección; está muy lejos de ello, pero se advierte el intento de perpetrarse con éxito trasgrediendo. No es una película de un fondo trascendente realmente, sin embargo ha tomado hechos crudos y los ha puesto en la gran pantalla, dándose por sí misma ese alcance que la narración no tiene y ese es un mérito del director que buscando su estilo ha creado una película en parte original usando el ensañamiento y el furor de un accionar humano deleznable y fuera de sí, que en las escenas de alto volumen de adrenalina y perjuicio se sobrellevan con cierta morbosidad y con el interés de lo poco visto que nos hace seguir observando con detenimiento el sufrimiento o la locura que irradia el odio, temas que por no comunes nos dejan con perplejidad, inquietud y un mal sabor, variando las emociones que se nos exaltan ante lo asombrosamente duro. Por todo ello la película sale ganando porque se queda en la memoria, si bien se mantiene distante de la esencia del arte, aunque tiene sus logros.