domingo, 19 de julio de 2026
El partido
El (co)director de la película, Juan Cabral, junto a Santiago Franco, se nota un tipo inteligente. Proviene de una carrera exitosa en la publicidad y uno lo nota enseguida, como con la elección de la película, escoger un tema tremendamente ganador, que atraiga a muchos, sobre todo a sus compatriotas, pero que va más allá porque llega a todo amante real del deporte, punto importante junto con el arte y la música, que hacen más grande a la humanidad y a quienes los practican. Qué mejor que el fútbol, donde Argentina se destaca muy en especial. En el deporte más popular del mundo. Mejor aun si hablamos de un Mundial histórico como el de 1986 donde ganó Argentina, por segunda vez, y con el mundial de Messi de Qatar del 2022 llevan tres veces ganándolo. Ese mismo 1986, Maradona con 26 años de edad produjo su leyenda, haciendo ganar a su país por 2 a 1 frente a Inglaterra, en un partido recordado particularmente por todo el planeta, lo que brinda absoluta existencia a la propuesta, en cuartos de final, con los 2 célebres goles anotados por él, llamados La mano de Dios y El barrilete cósmico. Se convirtió en un mito para su gente y para la historia del fútbol, como dejan ver los 8 entrevistados principales de la película, entre ingleses y argentinos, de ese legendario partido de 1986. Cabral es coguionista con Franco y la idea central para hacer el filme es suya. Adaptan el libro del periodista deportivo argentino Andrés Burgo publicado el 2016. Otro apunte de la genialidad de la elección es que se estrenó en mayo, en el festival de Cannes 2026, y casi a la par, a sólo unos días de diferencia en el mismo mes, tuvo su estreno comercial en Argentina, cuando un nuevo mundial se está viviendo desde junio, siendo hoy 19 de julio dentro de unos minutos la final entre Argentina y España, que conciben una final maravillosa porque son efectivamente los mejores equipos de éste Mundial. España por hacer un recorrido prácticamente perfecto, derrotando a 2 potencias del fútbol como son Francia y Portugal, cuando muchos veían favorito a Francia que tiene a Kylian Mbappé con 27 años de edad como el actual máximo goleador del mundial con 10 goles, e igual con 22 en la historia de todos los mundiales, seguido de Messi con 8 tantos en el presente y 21 en todos los mundiales, que con 39 años de edad ha demostrado a mi ver ser ya hoy el mejor del mundo. Y Argentina porque ha sufrido para ganar -ha estado a punto de perder en varias ocasiones produciéndose mucho dramatismo- pero ha mostrado su calidad futbolística para remontar, dentro de una pasión sinigual y motivación excepcional, con Cabo Verde, Egipto (donde en cerca de 30 minutos faltantes marcó 3 goles superando el marcador de 2 a 0), e Inglaterra (por 2 a 1, a 85 minutos de partido y a los 92) cuando para el minuto 55 iban perdiendo frente a un equipo poderoso de la mano del capitán y goleador Harry Kane que marcó 6 goles en éste Mundial y el prometedor goleador Jude Bellingham con 23 años que se ha coronado con 7 goles como el máximo goleador histórico inglés de un mundial superando a su compatriota Gary Lineker que es uno de los entrevistados estrellas del presente documental y uno de los mejores de su país. Inglaterra es uno de los más brillantes equipos históricos y contemporáneos. En el mundial actual ha quedado en tercer puesto venciendo en cuartos de final a tremendo equipo en Noruega, liderado por el goleador recientemente hiper popular a todo nivel masivo, jugador prometedor y estrella Erling Haaland de 25 años que ha marcado 7 goles y se queda con el tercer puesto en goleadores junto a Bellingham. La película describe muchas coincidencias donde la disputa entre Inglaterra y Argentina llega a convertirse en un partido muy importante para ambos, aunque más para Argentina. No todo es enojo, también se habla de méritos ingleses y agradecimientos, al ser los creadores de las reglas del fútbol o institucionarlo desde 1863; y de sembrar directamente la semilla futbolística en Argentina, por curioso que suene. Pero está la guerra de las Malvinas ocurrida en 1982 donde Inglaterra ganó lógicamente, por tener de lejos un poder militar mayor. Y que le ha quedado doliendo a Argentina. Pero el documental de Cabral y Franco busca fomentar una especie de reconciliación y manifiesta mutuo respeto y hasta admiración y cierta amistad, como con ese cierre sentimental donde los entrevistados estrellas juegan al futbolín. Así vemos en archivo como un ex veterano inglés llora recordando las muertes de sus contrincantes en la guerra, a los que no considera enemigos sino sus iguales, seres humanos. La guerra tiene un aire político propio de su época para ambos lados que puede que vaya más allá de simplemente adjudicarse el control del lugar. Tanto un lado como el otro tienen sus justificaciones como país, y éste documental deja ver las inglesas, mostrándose sentimental por el lado de los argentinos que llevaron la peor parte de la guerra al hallarse en desventaja al enfrentar una potencia. El partido histórico se va describiendo muy detalladamente, por medio de montón de pequeños diferentes tiempos, engrosando de manera muy rica el contexto, al uso del libro de Burgo que exhibe varias anécdotas interesantes. El filme está repleto de ellas. En esto se hace muy atractiva la figura del entrenador de Argentina de entonces, Carlos Bilardo, a quien se le debe mucho el triunfo de su país en el mundial de 1986, y quien es todo un personaje de esos harto curiosos. Los 3 jugadores ingleses escogidos para entrevistarlos son piezas importantes del Mundial. Lucen perfectas sus elecciones una vez visto/oído lo que ofrecen para el documental y no como inicialmente parece, que son pocas voces. El filme tiene una estructura sólida, con los jugadores por separado mirando un ecran en una sala íntima, analizando el mundial del 86. Lleva harto material de archivo que se ve notable para explicar cada mínimo momento, sin perder nada de ritmo, porque es un filme muy ágil, sin mucha recarga visual, en un estado de acuerdo con el ritmo, que no satura, sino relaja la mirada, mientras el filme se siente cálido, muy poco conflictivo, si bien toca temas de esa índole o es el meollo del partido, la rivalidad emocional y sentimental, aunque ambos países se muestran fuertes psicológicamente. La precisión de las remembranzas es un plus, como ver desde varios ángulos el gol con la mano que hizo Maradona, e ir hasta después del mítico partido. Los entrevistados ingleses son el goleador Gary Lineker que se muestra siempre muy tranquilo, humilde y bastante amable. El delantero John Barnes que demuestra en pantalla en repetidas ocasiones mucha admiración por Maradona. Y el arquero Peter Shilton que fue el capitán de su equipo en el partido y al que se le ve más nacionalista que sus compañeros entrevistados, que es de lo más normal. No obstante puede atribuírsele de alguien muy serio frente a la información que le presentan Cabral y Barnes, con cierta salvedad de dejar algún rato para pasar por simpático. La propuesta describe muy bien, de manera fresca, porqué ellos tres fueron tan importantes durante el partido. Se siente más compleja la intervención directa de los entrevistados ingleses, puede que porque es más laborioso de construir frente al público objetivo que sentimentalmente se sentirán del lado argentino. Del lado albiceleste está Giusti, Burruchaga, Ruggeri, Valdano y Olarticoechea. Éste último fue factor importante del triunfo porque salvó del empate a Argentina, aunque quizá poco se habla de ello.
martes, 10 de marzo de 2026
My Armenian Phantoms
Éste documental de la armenia Tamara Stepanyan estuvo en la sección forum de la Berlinale 2025 y fue la seleccionada por su país para representarlo en los premios Oscars 2026 pero no consiguió ser nominada. Es una película que trabaja con material de archivo, principalmente con películas armenias -que dirige la voz en off de la directora-; junto a archivos de eventos históricos de Armenia (como la caída en 1991 de la URSS con la destrucción de un monumento de Lenin o la ceremonia fúnebre pública de Parajanov en 1990), completado con material de video casero de la directora sobre su familia. Stepanyan llama fantasmas a cosas del pasado que la representan, con las que se siente muy vinculada sentimentalmente, como la historia del cine de su país y su propio padre, Vigen, que fue un actor de cine y de teatro, no muy conocido fuera de su país, un pequeño actor, pero sentimentalmente la película lo retrata como la persona especial que fue para su hija quien parece dedicarle el filme. Tamara le pasa revista a varias películas trascendentales de la historia del cine de Armenia, revisando en el trayecto la vida histórica de su país y con ello lo familiar o nuclear. Lo que muestra parece en realidad elemental, pero para quien no conoce de éste cine resulta novedoso. Es un país con una historia cultural cinematográfica interesante aunque no de muchos títulos. Armenia fue anexada a la URSS desde 1922 hasta 1991 por lo que el cine de Armenia fue dictado/manejado por los soviéticos (con Armenfilm como la primera productora de Armenia, fundada en 1923, bajo las ordenes del Goskino, el comité rector del cine de la URSS; Armenfilm sigue funcionando en la actualidad como entidad estatal), con la habitual impronta socialista y propagandística, pero se deja ver que los directores armenios se las ingeniaron para plasmar su identidad, su folclore, sus tradiciones. Hasta sus ironías, como con We are our mountains (1969), de Henrik Malyan. Trataron de romper un poquito el molde, en lo posible, fuera de lo ideológico o ser simplemente vistos como un anexo de la URSS, cosa difícil habiendo censura. De esta manera uno de los directores más destacados, Sergei Parajanov, georgiano de ascendientes armenios, fue censurado y apresado múltiples veces. Vemos material de archivo donde el mismo Parajanov se queja de ésta persecución, de un arte libre. Podemos observar retazos de su más célebre película, experimental y única armenia que hizo, The color of Pomegranates (1969), con la caída masiva de manzanas de unos árboles, frutas que terminan flotando en una playa o un hombre desmayado sobre un piso de madera rodeado de gallinas agitadas en estado caótico. Escenas llenas de poder visual, vanguardista y estético. Las películas que Tamara presenta aquí son de una buena curaduría, llenas de su sensibilidad, como ella misma señala, y de su gente. Menciona a la primera película armenia, que era de cine mudo y en blanco y negro, Namus (1925). Nombra directamente a su director, Hamo Bek-Nazarian, como un defensor de la mujer, y un feminista no del todo al tanto de ello, digamos que de manera natural, asunto a tomar particularmente en cuenta ya que durante mucho tiempo no han habido directoras de cine armenias e incluso escaseaban los protagonismos femeninos. Bek-Nazarian criticaba la tradiciones brutas, primitivas y abusivas, de poder, de los hombres frente a las mujeres. El propio padre de Tamara da a entender medio entre broma que ella será un problema similar frente al abuso o al poder mal llevado. Le advierte también que la profesión que está escogiendo es ardua para las féminas. Otro señalamiento importante de la propuesta, de la historia del país, es sobre el genocidio armenio en manos del imperio otomano, ocurrido durante 1915 hasta 1922. Lo cual se solía escenificar indirectamente, como con la visión de una gigantesca e imponente montaña o por terremotos, pero que finalmente los soviéticos permitieron hacer una película sobre estos hechos, 60 años después. Ésta película sería Nahapet (1977), de Henrik Malyan. Tamara anexa su vida familiar a su propuesta, su familia estaba siempre alrededor del arte, con la universidad, el mismo cine y la música. El filme muestra bastante a Vigen, al que se le ve a menudo como una persona alegre y de buen humor. Hasta hizo una película como un italiano, ironizando un poco el conocimiento que tenía de éste idioma. El documental pasa de la propaganda soviética inmersa en el cine armenio a la denuncia de los crímenes de Stalin y la URSS en la película Nostalgia (1986). Otro punto de inflexión en el cine armenio, aparte de los 90s que abrían la puerta de la independencia en todo sentido, fue en los 60s con la influencia de las nuevas olas cinematográficas, lográndose que por primera vez una película armenia participe del festival de Cannes, Hello, That´s me! (1966), de Frunze Dovlatyan. Ahí debutaba la rusa Margarita Terekhova, mostrando toda su belleza a los 24 años de edad. Ella se haría famosa más tarde por El espejo (1975) de Tarkovsky, donde haría de la madre del cineasta. De Tarkovsky también se hace mención que fue asesor creativo/artístico de una película armenia, Terpkiy vinograd (1974), de Bagrat Oganesyan, donde Tamara hace un símil entre la película y su vida, una de varias en todo el documental, con el niño que espera a su padre en la estación de tren, que vuelva de la guerra mientras ella habla de retornar a su país (primero de Líbano, después de París), a las raíces de uno, ese lugar importante que representa Armenia para ella por su asociación con su propio padre y sus vínculos con el séptimo arte nacional, que nace de la práctica habitual familiar de su infancia de sentarse los jueves por las tardes a ver una película armenia. Tamara muestra su amor por su padre, por su familia, por su país, por el arte, por el cine específicamente. Es un viaje por la cinefilia nacional, que ella vincula a contener la esencia de su nación, a través del tiempo y donde quiere insertarse, mirando cada huella (cada película o cada actor en ésta) como un fantasma que va a habitar el mundo eternamente y al que vas a volver con emotividad, tocado por sus tramas y afinidades en común. Tamara se ve identificada con la belleza y modernidad de Margarita Terekhova, en su caminar coqueto por la calle en tacos altos y vestido, recogiendo siempre fragmentos de existencia extraídos de la gran pantalla, sobrevolando cierto feminismo a su paso, frente al intelectual que fuma perdido en sus pensamientos. Un acto de seducción, como que también escriba el guion de éste documental junto a su esposo, Jean-Christophe Ferrari. Su fusión arte-vida es tan grande que ve parecido físico y, a esa vera, expresivo en Vigen con Frunze Dovlatyan quien normalmente protagonizaba las películas que dirigía. Se percibe que tenía como él bastante sentido del humor. La sugerente foto del poster de presentación de la película, con una niña pidiendo silencio con el dedo, es de otra película armenia, de lo que presenciamos un extracto en pantalla y me hace pensar en una Elephant (2003) de cierto vuelo fantástico, aun cuando el cine armenio estaba instalado en el realismo y, con los soviéticos, en el realismo socialista, película en la que Tamara participó de niña (ella actualmente tiene 44 años). Esto enuncia que ella siempre ha amado el cine. Lo mismo se siente de la libia Jihan K en su documental bastante político My father and Qaddafi (2025) que comparte videos caseros y escenas familiares hasta de actualidad, habiendo recuerdos grabados donde muestra su cinefilia, con imágenes de archivo históricos y biográficos -íntimos y otros públicos- sobre su padre el diplomático libio Mansur Rashid Kikhia, desaparecido en 1993 en una conferencia en Egipto y del que no se sabe que le pasó (su cuerpo fue hallado casi 20 años después en Libia), pero el documental tiene la hipótesis de que el mismo Muammar Gaddafi al terminar en una amistad desquebrajada con él lo mandó a matar porque lo veía como rival/detractor de su mandato -donde gobernó durante como 40 años- o un futuro traidor que le quitaría el poder. Lo concreto es que Mansur, por lo que señala el filme tenía miras más pequeñas y así lo ve la realidad histórica. Se explica que criticaba pero le guardaba lealtad a Gaddafi y a su régimen político, aunque era activista de derechos humanos. Jihan K como Tamara muestra mucho afecto por su padre, le dedica un documental entero, aunque Jihan sólo compartió con Mansur hasta los 6 años de edad, pero las historias y memorias familiares le hablaban de un hombre intachable, incluyéndolo muy amante de su familia. Jihan por su parte así mismo se ve ligada con su ascendencia, libia, aunque más convulsa, viviéndola a la distancia.
martes, 3 de marzo de 2026
Después de las ciudades
El rumano Radu Jude hacia un largo de 61 minutos llamado Sleep #2 (2024). Editaba muchas horas de grabación de la earthcam que se había posicionado sobre la tumba de Andy Warhol. Veíamos gente que lo visitaba al cementerio y en realidad era todo muy rustico y simple que no llegaba a entusiasmar, pero era una idea interesante en el papel, editar la cotidianidad, como se comportaba la gente frente a ésta celebridad "dormida". Había juego, tontería, incluso intervenía la naturaleza y Jude le ponía su habitual ironía. El rumano dijo que éste era un desktop film, un simple divertimento del entretiempo. El filme del gallego Xacio Baño, su segundo largometraje y su primer documental, retoma ligeramente ésta idea, usando google maps o la cámara sobre el planeta yendo a enfocarse en la ciudad de Santiago de Compostela, famosa por su peregrinaje y su devoción católica-cristiana, donde como se dice hay muchas iglesias. Por ratos se difuminan los contornos -cosa que en realidad no parece muy importante- como si estuviéramos metidos en esa computadora que abre el filme, dentro de una simple habitación tras un viaje turístico, donde un padre se cartea via whatsapp con su hija, la que le habla de su nueva afición por las palabras muertas o desaparecidas. Otra curiosidad es que las imágenes están complementadas bajo la lupa de postales (70 postales por 30 euros), viendo las palabras pegadas sobre las imágenes del viajar en general, una mirada comunitaria y variopinta, casual y que es darle algo de distinción al trabajo, como lo haría la habitual voz en off sobre metraje encontrado o verbalidad con imágenes de soporte. Por gente que supuestamente ha dejado sus impresiones del lugar. Es una película sobre la célebre ciudad pero también sobre la subjetividad y personalidad (que queda como memoria) de la gente que la ha visitado y que incluye el turismo en la actualidad. Pero trata de hacerlo, si se quiere, de cierta manera novedosa, mediante el guion del mismo Xacio Baño y Tamara Canosa, asesorados por el también gallego Lois Patiño. Otra curiosidad es que se trata de hacer lectura psicológica de la escritura de cartas, sacar un perfil por cómo escribes. Hay bailes, canciones, fiesta, bebidas, gastronomía, hasta participan monjas de claustro, donaciones, se celebra navidad, varias cositas sencillas y amables de oír, como quien hace un viaje virtual o induce a animarse a visitar algún día Santiago de Compostela. Se habla de un pasaje particularmente estrecho. Es un filme simpático para los que gustan de viajar, conocer nuevos lugares y que mejor que un lugar que tiene todo para que sea una visita memorable. Es una película bastante cuidada y nunca desanima nuestra atención, aun siendo básica, como todo documental sobre conocer una ciudad. Se vive un ambiente tradicional-familiar que resuena agradable, sobre todo en épocas de extravagancia y querer llamar la atención a toda costa. El ingenio no busca excederse. Si quieres llamarlo experimental todo es muy llevadero y entendible. Es agarrar la computadora y usarla de guía. Es como si dijéramos que ni los avances tecnológicos ni el exceso de modernidad nunca nos va a arrebatar nuestra humanidad, nuestra sensibilidad, nuestros afectos, lo clásico y eterno. Se exhiben composiciones, puestas de escena, como con las luces vistas desde arriba prendiendo poco a poco, gente común y corriente posando para la cámara, lecturas en cabinas de radio. Es una película que mezcla un poquito literatura con cine. Es una propuesta sencilla, pero cálida, esa es la mejor lectura.
miércoles, 21 de enero de 2026
El diablo nunca duerme
Éste documental de 1994 de la mexicana Lourdes Portillo parte de la muerte de un pariente suyo, su tío Oscar Ruiz Almeida, un hombre que poseía mucho dinero, que trabajó un tiempo relacionado con la política incluso. Tuvo 7 hermanos, los que tuvieron que valerse entre ellos cuando murió su padre cuando la mayoría era chico aun, lo que señala que fueron durante su crecimiento muy unidos en especial. Pero cuando murió su primera esposa se casó nuevamente a tan solo 2 meses de su muerte con una miss local de belleza a la que le llevaba como 20 años de diferencia y dicen era de otra condición social a la de él. De aquí parte un poco lo que veremos. Éste nuevo matrimonio marcó cierta ruptura con la familia sanguínea de Oscar Ruiz, donde la madre de Lourdes era su hermana y su marido su compadre. Incluso la primera esposa de Oscar se la presentaron los padres de Lourdes, fueron muy cercanos. Todos querían a ésta mujer que se murió antes de tiempo de una enfermedad. La nueva mujer buscando asentarse y viendo las reticencias que se vislumbraban con la familia de Oscar y el lugar de residencia, Chihuahua, decidió migrar a otro estado mexicano. Lourdes nació en Chihuahua pero vivió la mayor parte de su vida en EE.UU, hasta su muerte (el 2024 a los 80 años); teniendo la nacionalidad americana. En la película se nota el desagrado hacia la nueva esposa de Oscar. Además Lourdes le pide una entrevista, la graba solamente por el teléfono filmándose en una habitación de hotel, y la mujer no quiere colaborar con el documental. Se huele la falta de amistad, donde llega a ser hasta irónica dentro de su campechanía. El filme evoluciona con la creatividad de Lourdes. Ella convierte el filme en uno de investigación tirando al whodunit literario donde vemos hasta telenovela directamente. No obstante ella deja ver que está al tanto, no pretende mostrar inocencia o desentenderse del asunto que propone, llega a preguntarse abiertamente, retóricamente, si ha manipulado un poco el filme, en el que es un claro documental subjetivo, si bien muchos creen que la objetividad no existe, pero en realidad quiere decir que no es un documental tradicional, periodístico, o que se sustente de manera únicamente informativa, no busca afirmaciones. Lourdes deja volar un poco la imaginación. Coloca algo de sustento, pero suelta todo en el aire. Es como si dudara hasta de lo más pequeño (hasta de la paternidad biológica), todo lo pusiera en tela de juicio, como para que el espectador entre en el mismo juego y escoja entre todos los datos, escoja en que creer. Se podría decir que es un filme abierto a la interpretación libre, aunque la narración también apunta un poco a lo más lógico, o lo más claro y básico, y depende también como vemos el mundo. Mayormente optamos por lo más extraordinario, cuando muchas veces la vida puede ser muy pedestre, muy simple. A Oscar le pesaba hasta la edad, como lo demuestra una cirugía facial. La propuesta de Lourdes pone en la palestra el suicidio de su tío, se pone a discutirlo. La policía justifica el suicidio en pantalla, sin mucha pompa. Lo ven de lo más ordinario. Pero por ahí se puede entender como parte de una austeridad formal como policía, por decirlo amablemente. Igualmente, que todos hablen al gusto, habla de esa hegemonía de que cualquiera da una opinión de cualquier cosa. O que todos somos capaces de manifestar las ideas más extravagantes, si bien hay gente que le pone freno a la entrevistadora que exhibe querer expurgar la verdad a lo periodista de Shock Corridor (1963), aun a costa de esa gloriosa escena psicológica de lluvia en el pasadizo. Cree que pueden haberlo mandado a matar y presenta distintos posibles culpables, hasta uno de estos su última esposa. Muchos familiares dicen que el suicidio no parece algo propio de la personalidad de Oscar. Como el hombre estaba en otro estado y tenía una vida más hermética, por el final de su vida se especula hasta con su sexualidad y una enfermedad terminal. Todo en realidad apunta a una existencia común y corriente, pero que tenia sus curiosidades como no puede faltarle a alguien que fue aventurero y emprendedor. Fue un hombre de éxito además. Emprendió varios negocios, algunos donde no le pagaron cuantiosas sumas y se apunta a otras razones para interrogarse con su muerte, también porque uno puede meterse con la gente equivocada. A la historia no le falta el gángster mexicano. Oscar sabía de acupuntura -parece que como pasa a cierta edad la salud se hace demasiado presente- que Lourdes recrea consigo misma en un póster muy vendedor. No podemos dudar del poder de la publicidad. Estéticamente, el material que se muestra, sus elementos, parecen propios de un documental artesanal, aunque tampoco se nota para nada barato, sencillo sí, pero profesional, si bien Lourdes hace reflejar mediante un efecto de postproducción algunas entrevistas dentro de unos lentes de sol. El título también es muy sugerente, aun cuando como en el ensayo visionario de Haxan (1922) muchos ya no ven lo extraordinario o sobrenatural, como sus miles de maravillosas representaciones del demonio sarcástico y envenenador y sus brujas malvadas en lugar de superstición, una criminal inquisición e histeria, sino algo más material, el mal per se, dificultades comunes, pedestres, la lucha por el amor y la felicidad en general.
domingo, 5 de octubre de 2025
Jota Urondo, un cocinero impertinente
Lo primero que va a llamarle la atención a mucha gente, a muchos argentinos, es que el protagonista, Javier Urondo, es hijo de Paco Urondo, poeta y guerrillero, pero el filme es otra cosa y es una buena película. Javier habla un poco de su padre, es inevitable, pero como él mismo dice, menciona su lado íntimo, no su participación como personaje público. No le importa que habría escogido ser Paco, incluso desmitifica su muerte. Paco Urondo era su padre, y eso es todo lo que le importa. Javier se crio con su abuela y su madre. Cuando su padre fue guerrillero ya estaba separado de su madre. Su hermana mayor si tuvo un acercamiento político con su progenitor. El filme se centra en que Javier es chef y tiene su restaurante, uno que tiene la particularidad de que no lleva afuera cartel de identificación. Javier es un hombre inteligente, tiene sus propias ideas, y los directores, Juan Villegas y Mariana Erijimovich, las exponen muy bien, con total claridad. Es un documental sencillo, pero siempre interesante, así como el mismo Javier. Dentro de sus ideas personales o definición de su labor es que la comida sea rica y honesta; no exótica, industrial o sólo una mercancía. Vemos a Javier cocinando, desde lo humilde, pero a quien se le ve conocedor y apasionado a su modo. Son de aquellos que no pretenden venderte una publicidad para desfalcarte el bolsillo y servirte muy poco de paso. A Javier se le ve un poco cansado. Él mismo lo dice indirectamente. Lo oímos hablar bastante. El filme es sobre él, sobre su cocina. Éste documental se presentó en la sección Culinary Cinema del festival de San Sebastián 2025. Javier es un tipo que está realmente en el asunto, que lo vive desde lo más pragmático, y lo de él es vocación en toda la palabra. El dinero siempre es importante, que nadie te engañe diciendo lo contrario, pero no es lo principal (tampoco para él). Se ve que ama cocinar, sin ponerle demasiado rollo. Es hacer y ser de verdad, sin banda sonora, más allá del papel, aunque es duro muchas veces (como se percibe de Javier), porque es más fácil cuando eres popular (más allá de si eres realmente bueno). Javier conjuga la música, que el produce a computadora por placer, con cocinar, y se puede ver que también exhibe, con sus explicaciones, muchas semejanzas con el séptimo arte, y el arte en general. Javier se expresa de manera simple, amable. A su argumentación sobre saber aprovechar al máximo los alimentos (con las fermentaciones), desde la sabiduría culinaria coreana, se le puede rescatar -aunque no es una intención directa- una esencia social, en valorar más. En Javier se puede leer una cosmovisión espiritual, tampoco dicha literalmente, el de ser agradecido con la vida. Javier deja ver ideales. Pero no es dejarse arrastrar por los tontos romanticismos, los que muchas veces los inventan otros para anclarnos al masoquismo. Lleva una vida tranquila. Tiene lo suyo y no quiere pelear con nadie. Conversa con amigos de vinos, mientras tienen opinión propia, sustentada, inteligente. Se ve su relación con el mundo coreano, que es sinónimo de integración multicultural, y con su barrio. Lo observamos en el clásico ir al mercado por insumos. Su mirada, en muchos sentidos, es la de ser un buen economista. Otra idea suya interesante es su valoración del pan, más que alucinar con algo grandilocuente lo suyo es ver la genialidad en lo minimalista, en las pequeñas variaciones, en los detalles que rechazan la falsa intelectualidad y señala donde encuentra la verdadera sustancia (he ahí su impertinencia). Expuesto sin revoluciones ni alardes. El pan es rico en matices con pocos ingredientes. El sencillo detallismo de Javier se ve por mencionar algo en usar el caldo de las empanadas en la saborización de las papas doradas. Él experimenta también, como observamos en la película, desde su mirada. Lo suyo es igualmente ser bien argentino, servir provoleta y trozos abundantes de carne. Su restaurante se llama como él, Urondo, como está impreso en la carta del menú, como está estampado en los polos que lleva, aunque también lleva uno de Metallica.
lunes, 29 de septiembre de 2025
Bus 174
Éste es el debut de José Padilha, el director de una de las mejores películas de la historia del cine brasileño, Tropa de Élite (2007). El documental lo codirige con Felipe Lacerda. Es una película de cine social. Un muchacho negro de unos 21 años secuestró un ómnibus con 11 rehenes el año 2000. Estuvo plantado en plena calle, del Jardín Botánico, Rio de Janeiro. Lo rodearon los medios de comunicación y lo cercó la policía. El documental de Padilha y Lacerda expone una mirada muy completa sobre el suceso, indagando en cómo este muchacho de color llegó a ésta situación. Hay un momento de sobremanera traumático/dramático en la vida de Sandro Barbosa do Nascimento, el secuestrador. De muy pequeño vio como asaltaban su tienda y mataban a su madre a puñaladas. Esto hizo que temiera y repudiara su barrio y terminara como niño de la calle. De ahí en adelante vinieron las drogas, esnifar pegamento y cocaína, caer en el reformatorio y en la cárcel (la que es parte de éste documental que deja plenamente expuesto lo horrible que son). Robaba para drogarse. Fue participe de un caso muy conocido en Brasil, el de la masacre de Candelaria (cuando tenía unos 13 años) donde murieron asesinados niños de la calle. El filme expone una mirada que desnuda la criminalidad y también analiza de dónde proviene, que está fallando o que debería de enmendarse como sociedad. Se habla de invisibilidad, falta de oportunidad, de mucha violencia y furia como consecuencia de una vida delictiva y una vida infrahumana en prisión. Pero también se ve que no se puede negar -ser tan iluso o inocente, como anuncia el H.G. Wells que prevé el futuro- que el crimen debe combatirse (que muchas veces valga la analogía estos policías son como quienes matan animales para que los comamos, hacen el trabajo que no queremos hacer/ver y se necesita, enfrentan directamente sin falsos romanticismos la brutalidad de los criminales), puesto que existen muchos criminales en exceso crueles, fríos, harto peligrosos para cualquier ciudadano (uno encapuchado habla de quemar gente y de su odio por los policías), que atentan contra la tranquilidad y seguridad del poblador común, de todos. El filme expone que es importante tener una policía competente, bien entrenada, preparada para vencer la inseguridad, la violencia y el crimen. El secuestro duró 5 horas y expuso muchos defectos en como combatirle, dejando en claro lo importante que es estar preparado, tener una buena policía. Cuando piensan porqué hizo esto Sandro, compañeros delincuentes dicen que pudo haber querido robar a alguien, haber seguido a alguien de un banco por decir y terminó desbordándosele la situación. En realidad con éste secuestro marcaba su sentencia de muerte frente a la policía, que se contenía porque estaban los medios de comunicación haciendo show del asunto -dando poder al secuestrador- y había ordenes de no dispararle. No querían que en tv. surjan imágenes de shock, si un francotirador apretaba el gatillo, como se dice detalladamente. Secuestró jovencitas de su misma edad. Algunas entraron en pánico. Sandro se comportaba de manera muy elemental, no sabía que hacer en realidad. Pedía una granada para amedrentar y amenazó con matar rehenes en poco tiempo. Hasta hizo una mímica de ello. Quería escapar, no ir a la cárcel, pero ya tenía la soga en el cuello. No sabia ni que pedir. Decía a voz en cuello, esto no es una película de acción. Lo que se quería es que no matara a nadie, pudo hasta disparar hacia afuera por la ventanilla, había mucho curioso. Se entrevista a secuestrados o a la tía de Sandro. Se ve incluso declarar a un hombre que fue parte, sobrevivió, a la calle y a la masacre de Candelaria, como Sandro, al que se muestra complementado con imágenes de archivo. Sandro tuvo soporte de una especie de madre adoptiva y de una asistenta social, pero él no optó por enmendarse. Se dice que en realidad no quería matar a nadie, pero estaba ya fregado con el asunto. Fue tremendo error haber secuestrado el ómnibus, dicho por amigos criminales de Sandro que lo señalan de loco o porque seguro estuvo drogado. Se deja decir en el aire que fue un grito social, aunque Sandro lo hizo inconsciente. Es una película muy completa, muy honesta, hasta puede verse que se trata de entender al secuestrador. De verdad profundiza en quien es él, desde varios ángulos. Pero igualmente se percibe que es una lucha contra la criminalidad, en ayudar a prevenir y generar soluciones para salvaguardar la sociedad y la convivencia tranquila y pacífica. Oímos hablar a activistas pro derechos humanos de criminales o de los jóvenes de la calle. No todos son ladrones, algunos buscan ser vendedores ambulantes, otros los vemos haciendo malabares. Hay de los que logran reinsertarse en la sociedad como vemos en el caso de la generosidad del profesor de capoeira de la Universidad. Un psicólogo que habla largo y tendido los humaniza, señala la precariedad y estar solo en la vida, como crecer/dormir en las calles, bajo cartones, pasar hambre, verse influenciado por el tráfico y el consumo de drogas. Los niños de la calle llaman niños ricos a los que tienen padre y madre. Varios policías también hablan a la cámara, tipos que se expresan muy bien (todas las declaraciones en general hacen un conjunto sólido, muy competente, muy bueno), conscientes de todo. Se ve el notorio germen de Tropa de Élite, esa adrenalina e inteligencia para luchar el crimen. El desenlace del secuestro muestra la torpeza policial, de la policía común, pero eso justamente lo discuten policías de la BOPE, expertos. Como todo el secuestro fue seguido por montón de medios de comunicación que estuvieron en pleno, en éste documental se pueden ver imágenes de primera mano, privilegiadas, muchas partes del secuestro con pelos y señales. Al mismo Sandro en todo su accionar. Somos participes de un final hiper dramático, milímetro a milímetro, con cámara lenta, puesto que el final fue caótico. La gente misma, presente en masa en el lugar, quería lincharlo, entraron en total estado de furia. Observamos a Sandro cogiendo/jaloneando del cuello a las rehenes, poniéndoles el arma en la cara, en la boca, gritando, cogiéndolas como escudo, por las ventanillas del ómnibus. Se siente la tensión policial de querer dispararle. La vida completa de Sandro, si bien un criminal, es toda una tragedia.
viernes, 15 de agosto de 2025
78 Festival de Locarno: Nova '78
Éste documental lo dirigen Aaron Brookner y Rodrigo Areias. Se basa en la restauración (y composición) del material que filmó Howard Brookner, tío de Aaron, durante La Nova Convention de 1978, un encuentro de 3 días en New York en honor de las ideas de William S. Burroughs, quien estuvo presente en todo el proyecto donde ejerció de inspiración. Hubo encuentros, performances, musicales, exposiciones poéticas de índole alternativa, experimentales, representando a la contracultura, con rostros muy representativos de la época de los que muchos han quedado consolidados vistos desde la actualidad. Burroughs con 64 años asiste a comidas, habla de política interna e internacional y hasta acompaña/participa directamente de algunas performances. Es la contracultura representada en su figura. Burroughs es todo un personaje. Sale jugando con un cuchillo que lanza a una mesa, disparando armas hablando de una cierta asociación de autodefensa de minorías. Frontalmente defiende en un pasaje a la homosexualidad en EEUU del ataque de un político. El mismo Allen Ginsberg refleja en todo momento esa apertura sexual y es muy cercano de Burroughs. Ginsberg también hace una performance en honor de su amigo. La Convención tiene exhibiciones donde se habla de arte sin encasillarla, donde prima mucha libertad que hasta dudan definiéndola, lo hacen reduciéndola a cualquier expresión, como propio del arte moderno, quitándole toda grandilocuencia, por ello muchas de las performances pueden ser un poco ridículas o de muy poco formalismo o bastante como en estado bruto. Se siente si bien algo de intelectualidad -hay escritores, psicólogos, filósofos presentes, pertenecientes a la contracultura- también un cierto aire hippie, de mucho relajo. No obstante Burroughs viste con traje y es un hombre mayor y así es su imagen, el que a ratos puede ser distante, aunque pinta de viejo medio loco, de aspecto literal formal pero perteneciendo a lo extravagante. Se ausculta, se fundamenta, la idea de arte que tenía ésta especie de comunidad liderada por Burroughs, que era como autoadjudicarse de futuristas, como si fueran a ser ellos el futuro, quienes son, como se expresan, como se comportan, que hacen, así íbamos a ser o eso creían, jugando un poco a lo sci-fi en los discursos. Aluden los sueños como viajes a otros planetas y esos sueños lo viven a través de convertirlos en arte, sueño literal -aunque no tan inconsciente- que muta en revelación puesta en práctica, así como cada performance señala algún pensamiento de Burroughs, a quien llegan a llamar un tipo de profeta o visionario. Oímos el método que tenía Burroughs para generar arte. Es todo un gurú, quien llega a decir que deberían escuchar más a Andy Warhol para que el mundo sea mejor. Pasea en carro por Manhattan a lo Cosmópolis (2012). Se puede ver claramente porque quiso Cronenberg hacer The naked lunch (1991). Se defiende el uso de drogas con Timothy Leary que exhibe un panel de debate. Éste Leary recuerda a Altered States (1980), lo que es recoger el pensamiento de una época de experimentación. Las performances llevan un estado de cierta ironía aunque leve hacia el statu quo si bien el documental nunca lo hace motivo central. La composición escoge un camino que tiene mucho de show de variaté. Hay una sola escena donde algunos policías yacen como vigilantes afuera del teatro de la convención, pero pasa por poca cosa, nada especial. Estos performers parecen un poco niños fastidiados, mezcla de imperfección y libertad, pero se percibe más ironía que furia. Más hay calma. Cuando la cámara enfoca los rostros de estudiantes, o los jóvenes seguidores de rockeros outsiders, el público presente, muchos si bien fans tienen cara de sorprendidos, como quien mira algo que no comprende del todo. Las poesías recitadas tienen un cierto aire a lo Ed Wood, aun cuando lo hace gente de cierto renombre. Tenemos presentaciones de Philip Glass, John Cage y de Laurie Anderson, pero todo desde lo austero. No se puede negar tampoco que de lo que vemos parece el club de los loquillos. Detrás están esos estudiantes que aman literalmente lo arty, que la viven como se podría decir. Burroughs hace una performance de una autopsia y no tiene nada que envidiar a ninguna película de terror. Las mejores performances son las de Patti Smith y Frank Zappa. Zappa dice que no le gusta leer literatura, pero dentro de sus excepciones le encanta Naked Lunch (1959), aunque para muchos seguramente es más fácil identificar Yonqui (1953). Zappa lee un pasaje del libro, compartiendo su entusiasmo. Patti Smith ante la ausencia de Keith Richards (Susan Sontag también se escapó), que dijo iría a la convención, bromea con que no tiene en realidad mucha importancia que no esté presente. Ofrece 12 dólares en total pensando en los que pedirán su devolución por no estar él. Patti Smith canta y toca en honor de Jim Morrison, a 7 años de su muerte. Luce el encuentro de muchos amigos. Es un documental atractivo como experiencia de una época.
domingo, 10 de agosto de 2025
Santiago
Lo primero que anotar de éste filme es que el director de la película el brasileño Joao Moreira Salles dice que el documental es más su mirada que la de quien se basa. Queda claro que Moreira Salles aplica su subjetividad y hasta dice que el documental no refleja una relación afectiva próxima horizontal -haciendo un especie de mea culpa como conclusión- sino la del hijo del patrón y el mayordomo que sirvió fielmente a su opulenta familia durante 30 años. El filme se basa en el mayordomo argentino Santiago Badariotti Merlo. Él le habla a la cámara de quien es, a qué entregó su tiempo, su existencia, y en que lo ocupa actualmente. Ésta subjetividad del director llega a decir o dar a entender como que de cierta manera Badariotti ha desperdiciado su vida (como un tipo de Iván Ilich proletario), como quien habla de diferencias (luchas) de clases, deberes, y realmente ser libre y hacer lo que a uno le plazca, o poder hacerlo, como que la vida lo ha limitado y el propio Badariotti se ha autolimitado en esa caja social. Se puede entender que ésta subjetividad de Moreira proviene de cierto socialismo, aun cuando él representa justamente otro lugar de la pirámide. Igualmente se puede tener la lectura de que le habla a todo el mundo, en ser uno mismo y hacer lo que de verdad llevamos en el corazón, más allá de cualquier limitación, aunque suene un poco a algo ilusorio, fantasioso, un simple arrullo moral, si bien motivacional, o quizá puede que a un poco de cinismo. Lo que se equivoca el filme es que Badariotti parece que sí hizo lo que quiso, sólo que muchas veces le damos importancia a cosas que la muerte terminará olvidando o minimizando bastante, que le pasará hasta al más narcisista. No podemos ocultar que la muerte no engaña, es implacable. Así como quienes son realmente autónomos dan lugar a lo que realmente quieren, aunque el mundo tampoco se lo pone fácil a la mayoría y muchas responsabilidades, lo que implica madurez, también requieren de mucho sacrificio. Pero a grosso modo no es tampoco arduo optar por cosas simples que el mundo tiene mucho de ello, más allá de cualquier cuento publicitario de excepcionalidad, incluso de casos particulares. Badariotti pasó muchas décadas recopilando, escribiendo, sobre las aristocracias del mundo. Como Moreira Salles tiene un cierto aire socialista o puede que sea un tipo de disculpa esto le parece una especie de perdida de tiempo, como hablando de cierto absurdo. Te da por recordar Ikiru (1952). Suena lógico pensarlo de cierta manera, más allá de la simpleza de la escritura, apuntes, o porque está copiando, como hace la mayoría, y no creando en realidad nada, que eso es lo más complicado, raro. Recopilando, citando, archivando simplemente. No obstante sin duda esto lo ha mantenido entretenido, un hobby que lo ha tenido entusiasmado por años. Él mismo dice que con esto ha vencido la soledad en su vida. Badariotti gusta de la alta cultura, se nota instruido, le atrae la música clásica, el teatro, la ópera, las plantas, lee mucho. Habla de manera sencilla, pero mucho de todo eso que le gusta. Se podría decir que es culto, "pobre" pero culto. Tiene una personalidad bastante expresiva. Denota mucha soltura, mucha facilidad de palabra, relajo, incluso un poquito de extravagancia. En un momento a lo Godard quiere que le filmen sólo las manos en movimiento. Cosa a la que accede enseguida el director. También se ha de apuntar que le piden que toque las castañuelas, recuerdo de infancia del mismo director. Uno pensaría, no sé, que lo va a hacer mal, tras tanto entusiasmo alrededor, pero lo hace de manera que brota mucha gracia en su performance, y efectivamente tiene su encanto, y así todo el documental. Es un personaje con sus aires -tiene su notorio engreimiento- pero que aun así cae naturalmente simpático. Uno hubiera pensado que el filme se enfocaría en su clase social, del tipo reivindicativo, como se suele estilar, también porque eso es de más fácil empatía que justamente hablar de lo que muchos llaman lo burgués, pero no es así, sólo al final se le coloca una reflexión general de esa índole que engloba todo el producto. El filme luce muy suelto, harto fluido, aun cuando vemos que le dan muchas instrucciones como si estuviera en un comercial de televisión. Es un documental entretenido, simple en realidad. Lo vemos a Badariotti en gran parte hablando desde su cocina y tiene sus buenas anécdotas. También revela sobre la opulencia de los Salles. El padre fue diplomático y ministro, pertenecía a la élite de su país. A Badariotti se le ve que le gustaba ser mayordomo, le encantaba la vida de los ricos. Como no pudo serlo ésta ha sido su manera de pertenecer a ese mundo al que le dedicó toda su existencia, dentro y fuera de su labor. El documental también alude a analizar que pasos seguir para hacer un trabajo cinematográfico que pase por interesante para mucho público, asunto que se nota porque hay más de una década de diferencia entre el primer intento y concluirlo. Indaga con la voz en off por donde moverse. Alude tres planos estéticos, tres fotografías representativas. Piensa en Werner Herzog. Así mismo parece implicar querer ser auténtico y de esto que suelte un mea culpa que más que destruir lo que ha hecho es en el fondo que lo justifiquen los demás, como quien se presenta humilde para ser aceptado. No está mal, porque es un documental solvente, el personaje por sí mismo vale haber intentando el filme, había materia. Es mejor personaje de lo que muchos pueden creer, si bien éste trabajo revela la liviandad de la existencia, pero no solo la de éste mayordomo, sino la de todos.
sábado, 7 de junio de 2025
Las cinéphilas
Las cinéphilas (2017) es la ópera prima de la argentina María Álvarez. El documental sigue a 6 mujeres, 5 en realidad de las que profundiza. 2 de Uruguay, 2 de Argentina y 2 de España. Son viejas jubiladas y que yacen solas, son mayormente viudas, hay una que nunca contrajo matrimonio. Álvarez busca trabajar con el tema de la vejez y la soledad, a ratos se nota sus intenciones, como filmar a una viejita sentada con su andador que está esperando que la vengan a ver o recoger su cuidadora y está sola mientras la película le pone una musiquilla melancólica y se pone la cámara -zoom out ralentizado de paso- señalándole como alguien olvidado y triste, pero la viejita tiene cara como que está preguntándose: porqué detienen la cámara en mí, sin decirme nada. Hay algunos cineastas -felizmente son pocos y no muy conocidos- que quieren dársela de vivos con las personas que retratan, se ven por encima de ellos y a esa vera hay un público tonto que marca distancia de su propio reflejo, como que son otros los que están viendo ser puestos o expuestos en medio de cierta ambigüedad para no caer en ser perversos o mostrar cuanto hambre uno tiene de gloria por encima de la humanidad o empatía real de quienes utilizan oportunistamente, como si habláramos de aquellos periodistas capaces de todo por la gran noticia, que quieren filmar algo picante sin pensar en realidad en nada en la propia vida que recogen. El documental de Álvarez busca ser tierno con éstas viejitas solitarias, que quieren contar de sus vidas. Muestran sus existencias frontalmente. En su soledad y con mucho tiempo libre han encontrado en el cine un lugar o sentido para hallar o descubrir alegrías, felicidad, aventuras, llenar sus vidas. Una de ellas manifiesta como que le dicen que se le ve muy obsesiva, que porqué no para y ella responde que para qué va a parar, de hacerlo qué va ser de ella, de su sentido, como de su tiempo ocupado entretenido. Reza una frase que expresa que la humanidad no tiene ningún sentido en realidad, pero en su esencia el ser humano -cada uno, desde su individualismo y lo hace tanto el de abajo como el de arriba- siempre crea o inventa uno para sí mismo. Otra cosa particular de cierto tipo de documental es que nos descubre que hay un argentino que le gusta sentirse por encima de los demás, de ser canchero con el resto, incluso se observa en gente de bajos recursos, mofarse un poco de los "otros" y de ahí viene eso de que se les señale de pedantes como idiosincrasia general. Claramente no son todos, no todos se creen más vivos de lo que en realidad son, y en todas partes del mundo existe algo. Es una critica general hacia una forma de documentar o hacer cine en general, sobre todo cuando no hay mucho presupuesto y se quiere algún tipo de idea original, un hit o quehacer de culto de bajo costo. Pero la gente merece respeto y sensibilidad, sobre todo si no son malas personas. En ese sentido si bien a Álvarez se le ve que quiere hacer una película que enternezca al público o que digan, ¡oh (suspiro), pobres viejitas!, con ellas se nota que quieren hablarle a la cámara, quieren hablar de sus vidas, cosa también que puede ser un boomerang, ¿por cierta celebridad (o unos minutos de gloria) qué se logra?, ¿a qué costo? La cámara seduce mucho a mucha gente. La uruguaya Lucia agradece que la filmen. Es quien justifica que se les documente. Dice que no tiene a nadie que la vaya a recordar, pero cuando vean la película la gente se preguntará ¿quién es esa vieja?, y de cierta manera se indagará en su paso por el mundo. Es decir, se le ha perennizado. Es gente común y corriente, como la mayor parte del planeta o finalmente todos, aun cuando nos tendemos a considerar superhombres o excepcionales, sólo que aman el cine -sin demasiadas vanidades, de manera tradicional y para uno mismo- y de eso va la propuesta, así igualmente de la vejez y la soledad, y de un motor de vida que no nos haga sentir vacíos. Lo que sería la búsqueda de momentos de felicidad cuando hemos dejado atrás seres y cosas queridas. En eso queda perfecto la mención del club de lectores de Proust, como del tiempo perdido, el tiempo que ya se fue y donde le pasamos revista a nuestras memorias, a lo que ya hemos vivido para continuar con lo que viene ahora. Es un momento donde por madurez nos visualizamos. El viaje no termina hasta que termina, es decir, la vida alberga espacios de felicidad y los lapsos de derrota son más psicológicos que otra cosa, si lo ves bien. El camino sigue. Ese es otro punto interesante, todo siempre expuesto con suma sencillez, puesto que el presente es un documental muy sencillo, de los bastante amables. Y es que mucha gente célebre pasa a muy segundo plano cuando muere. Se diría -con respeto- que la muerte le resta importancia a todo el mundo. La vida siempre busca actualizarse, es actividad, es movimiento, es desarrollo, y lo que muere no sólo desaparece físicamente. Pensar en la trascendencia después de la muerte no debe quitarnos el sueño. No digo que hay que ser en todo promedio, o no aspirar a nada que vaya a ser historia, sino que hay que valorar mucho más el viaje, el trayecto. Hay que vivir, sentir, disfrutar, hacer y tranquilos. Una viejita (Norma) identifica la melancolía con tomar la sopa sola. Recuerda una película que se enfoca únicamente en el sonido que se hace en esa actividad, que busca recoger o plasmar un sentimiento, como el niño de cara al mar que voltea a mirar la cámara, el gran Jean-Pierre Léaud a los 14 años, en los 400 golpes (1959) de Truffaut -retratando su propia vida- que bien describe Lucia. Otra viejita yace en su cama echada meditabunda. Pero donde más gana el filme es cuando Paloma ríe de su propia locurilla o extravagancia, como cuando le manda cartas a su hijo casi a diario y se olvida de escribirle dentro. Ella es parte de un coro y, rodeada de gente, se le ve ahí contenta. Se menciona borrar nuestro rastro -que supone otro tipo de melancolía- con su marido, pero eso aunque puede sonar curioso como parte de éste filme tan sencillo no parece realmente importante, porque hay que buscar ser menos negativo, evitar melancolías (o malas poéticas) sin sentido, puesto que uno a veces se da ese matiz existencial, se asume en el drama. No digo que no haya cosas que nos molesten o nos hagan sentir mal, o que nos falte, pero como esa viejita (Estela) que se autodefine como cinéfila y no simple espectadora, tenemos que anclarnos a un motor o a varios. Debemos buscar algo que nos motive a levantarnos de la cama todos los días, puede ser alguien, o puede ser una actividad, crear o buscar una pasión, y aquí es el cine. Lucia habla muy bien, analiza sin mucho embrollo, de manera útil y reconfortante el séptimo arte. También se permite un poco de ironía y audacia con su propia vida al mencionar a Jeremy Irons.
martes, 20 de mayo de 2025
Tardes de soledad
Ésta película va a mortificar o enojar a algunos y a producir felicidad a otros, refiriéndome a un alto estándar, no desde lo habitual. Es una película divisiva, se podría decir, pero sin ser estúpido o muy marketero el director catalán Albert Serra siempre ha gustado de crear un poco de polémica o debate. Muchos actores y directores de cine saben que en sus profesiones hay que buscar retos, distinciones. No todo el tiempo quizá, podemos pensar, pero al menos de vez en cuando, sobre todo cuando amas verdaderamente lo que haces y no solo se trata de dinero, que desde luego siempre es importante también. Los tontos mueren de romanticismo excesivo. No obstante, no es lo único a lo que aspira ni debe aspirar alguien apasionado de su arte. Es así que actores y directores apuestan por algo que rompa con lo convencional, que sea osado, que quiebre el confort (el suyo y el de los demás) mientras se aspira a ser memorable (valioso, justificado) rompiendo las expectativas comunes. Ahí se inserta éste documental, ganador de la concha de oro 2024, del festival de San Sebastián. Éste trabajo remite a la tauromaquia, la que representa la tradición y la identidad (para el caso, la española); y el progresismo mundial justamente discute todo ello, lo cual es parte latente de la actualidad. El documental de Serra se puede decir que a esa vera es políticamente incorrecto. La contemporaneidad implica poner ciertas nuevas reglas. Es algo que muta o que autoanaliza su mirada o posturas, pero por otro lado no se precipita ni cede a todo. El documental de Albert Serra es muy realista, muestra la tauromaquia en todo su esplendor, sin medias tintas, es tal cual es, no hay mentiras en lo que muestra. Es así que muchos van a odiar el documental y otros van a quedar anonadados o extasiados. Para quien ama la corrida de toros esto es ver la gloria misma. Para quien no, todo lo contrario, lo peor. Esto será inmediato, igualmente sin medias tintas. Serra muestra al torero peruano-español Andrés Roca Rey, de 28 años de edad, el mejor torero del mundo actualmente, haciendo su trabajo. Conocemos la tauromaquia de pies a cabeza a través de él, de la autenticidad de la cámara de Serra y de su protagonista. Es un documental antropológico impoluto. Roca Rey torea en varias oportunidades para la cámara que lo inmortaliza en pleno. Vemos a estos toros gigantes, bravos, intimidantes, salvajes, salir a éste coliseo romano moderno. Frente al poderoso animal se despliegan técnicas para acabar con éste que es en buena parte el espectáculo en sí. Hay un picador y un banderillero. Se le pica con una lanza y se le ponen 8 cuchillas en el lomo. Una vez sangrante y debilitado, el torero lo hace dar vueltas, atraído por el capote o la capa roja. En ello el torero se pega mucho a la bestia – cosa de cada uno- arriesgando su vida. Queda manifiesto en el documental. Roca Rey a menudo recibe heridas, cortes, embestidas. El toro cansado saca la lengua jadeante, babea, y finalmente recibe la espada que se incrusta en su espalda y cae moribundo. Lo acaban con un cuchillo en la cabeza y se lo llevan arrastrando con cadenas misma película Gladiador (2000). El torero celebra a veces exhibiendo las 2 orejas cortadas. Saluda con su montera, sombrero. Hay cierto acto de pavonearse, muy histriónico, muy artístico, en todo el ruedo. Una cosa particular es que la cámara de Serra prácticamente no muestra al público, es sonido a ese respecto (celebración), pero se entiende que se quiere centrar en lo específico del asunto, el toreo y el torero. Es arduo de ver. Serra no se guarda nada, todo está ahí para quienes odian y aman éste espectáculo. Es algo que tiene de primitivo y de elaborado. Ver esto es como si el torero representara a los antiguos primitivos matando un mamut. Una reminiscencia de sobrevivencia y desarrollo de una técnica. Vemos toda la preparación, como le ponen el vestuario al torero, es interesante conocer cada detalle a ese respecto. El torero tiene un ayudante para vestirse y con éste se reviste de cierto endiosamiento, cierto acto de admiración cultural y social. Serra encuadra desde distintos ángulos privilegiados. No hay banda sonora muchas veces, es ver el momento en todo descarnamiento. Al torero lo transportan en camioneta que lleva una cámara ahí dentro al estilo de las confesiones en taxis de HBO. Lo llenan de elogios. Roca Rey se mantiene sentado en el sillón principal muy natural, aunque se percibe en él la tensión acumulada de un acto que contiene riesgo, que implica vencer el miedo. No cae antipático nunca, es verdad, a pesar de que por momentos lo asumen como alguien salido de otro planeta, como vemos a su equipo de camaradas en la camioneta darle full respaldo con palabras. Ayudantes y compañeros del torero le demuestran admiración. Comparten el mismo sentimiento. Es difícil para quien escribe dar un veredicto, pero así también hay películas, hablando de las que realmente lo ameritan. Considero que Serra ha sido imparcial a cierto punto o eso se recoge de todo lo que observamos, donde se percibe empatía por cierta sensualidad que brota, aun en un mundo que luce machista. Y en otros ratos se le siente crítico en como muestra en primer plano al toro ser demolido, en poner la cámara donde las papas queman. El documental es bueno porque coge la esencia del torero, su lado humano, pero también muestra sin adornos qué pasa con el animal.
martes, 25 de marzo de 2025
Fiume o Morte!
Fiume o morte! (2025), del croata Igor Bezinovic, ganó el premio mayor del festival de Rotterdam 2025. Es un documental que recrea dramáticamente imágenes de archivo y le pone por momentos un poco de comedia en el asunto. La historia que se nos cuenta parece salida de la ficción pero todo es real, con una documentación pormenorizada de lo que se nos muestra. Lo que vemos todo lleva un soporte histórico que se justifica directamente en pantalla. Igor nació y creció en la ciudad croata portuaria de Rijeka y es ahí donde se contextualiza el documental. Narra la invasión del célebre escritor italiano Gabriele D’Annunzio que en 1919 con 56 años tomó la ciudad de Rijeka por entonces llamada Fiume, un lugar que era disputado por italianos y por la naciente Yugoslavia. D’Annunzio formó un pequeño ejército y tomó la ciudad, sin prácticamente resistencia alguna. Lo que le ayudó a conseguirlo fue que era muy respetado y admirado en Italia y no querían hacerle daño. La misma Yugoslavia miraba sin hacer nada por temor al poder italiano. D’Annunzio puede verse incluso como cierta inspiración para el mismísimo Mussolini que en 1921-22 pondría en ejecución el fascismo. El mandato de Gabriele D’Annunzio duraría 1 año y 4 meses, durante 1919-1920. No fue propiamente fascista, pero lleva cosas en común. D’Annunzio gobernó sin ser elegido, y aunque la ciudad era croata había mucha población italiana por entonces y era hacia ellos quienes gobernaba, incluso menospreciaba al propio pueblo croata. Bezinovic hace uso de sus compatriotas de Rijeka que participan en las recreaciones. Muchos lo toman a juego, con lo cautivante que llega a ser para montón de gente participar de una película. Actuar en ella. Hay una cantidad considerable que lo hace bastante bien. Las recreaciones de las fotografías, murales o pinturas por la población actual de Rijeka se ve muy profesional, muy detallista. Fácilmente se podría haber hecho una película no documental de lo que observamos (es como si asistiéramos por una parte a su preparación, si bien éste es un filme hecho y derecho y encima bueno). Llega a haber una banda significativa de hombres calvos que copian la apariencia física de D’Annunzio para verlos en acción y muchos son gente seria, profesionales consumados de otras carreras. La película es moderna y dinámica, no es la típica película rara ganadora del festival outsider o minoritario, sino puede entretener sin dificultad a cualquier espectador. Hay acompañamientos que podemos tomarlos por punks o juguetones como el uso de una batería en una pequeña banda al aire libre y canciones que te ponen en ritmo o te sacan una sonrisa. La historia se narra de una manera distintiva y al mismo tiempo para todo el mundo. Se puede aprender de datos curiosos y asistirlos de manera atractiva y además corroborado como documental. Sin duda, D’Annunzio era un tipo especial, muy particular, con su infaltable cuota de locura que es lo que suele anidar, algo, en toda originalidad. Lo que hizo es un acto de extravagancia extrema para quien era él, un célebre y talentoso escritor de cierta edad. Parafraseando a Pasolini, éste podía haber sido el capricho o engreimiento de un egomaniático. Pero además hay que tener bastante coraje. Se enfrentó a actos militares, recientemente terminada la primera guerra mundial, o donde podía anidar la violencia y la muerte. De hecho hubo gente que perdió la vida con ésta pequeña invasión. A esa vera lo señalan ligeramente como un especie de futuro Che Guevara; otros, un prototipo de fascista. De Italia recibió cuantioso apoyo, como de hasta un premio Nobel italiano, incluso Mussolini le donó dinero. Fue tremenda aventura para él que perduró durante 17 años después donde fue a vivir y que ha quedado de museo, y que sembró un background bastante anecdótico en la hoy Rijeka. Se exhiben en pantalla muchas historias -hay mucha información interesante- de esa época, alrededor del lema símbolo que pintan en paredes las milicias de D’Annunzio, Fiume o muerte!, el no querer irse por nada del mundo. Visualmente es un muy buen documental; a ratos minimalista, pero que sabe recrear sólidamente el pasado. También es curioso oír las tantas impresiones de los croatas contemporáneos sobre el pasado de su ciudad, sobre la llamada Fiume y D’Annunzio habiendo bastantes que participan con sus performances, puesto que la historia fue escrita por un tiempo por italianos, pero éste documental es croata, está dedicado a ellos y de ellos hacia el mundo, es ahora su historia.
domingo, 29 de diciembre de 2024
Dahomey
Documental ganador del oso de oro del festival de Berlín 2024. Dirige la francesa descendiente de senegaleses Mati Diop. Una de las ideas originales del filme se llega a oír de boca de una de las estudiantes que exponen su propio pensamiento -como todos los presentes- en un debate público de una Universidad -lo de los debates es algo habitual de ver en el cine africano-, hacer que las 26 obras de arte devueltas por Francia a la República de Benín muestren su lado místico que a la oradora señalada le produce temor, porque empalma con las artes mágicas populares que se practican por lo bajo en Benín según se manifiesta. Diop hace que una de las obras devueltas, la Número 26, hable con una voz que suena un poco como la voz de un demonio o propia de una película de terror, si bien también suena en parte al tono de la pronunciación que coge al hablar el africano. Ésta obra -la 26 en particular que toma protagonismo algo arbitrario- y el documental en sí habla de identidad, de relacionarse con lo más autóctono de su país, de la mano del rechazo al colonialismo francés que sin duda ha dejado una fuerte huella multicultural en Benín. Diop mediante el debate de los estudiantes expone un sinfín de ideas de nacionalismo africano. Hay pensamientos inteligentes en el ambiente universitario, pero también se les sienten muy desafiantes, algunos pasan por altaneros, que puede confundirse con gente problemática y quizá hasta contraproducente. Se percibe mucho político en ciernes, mucho intelectual revolucionario -que hasta uno lo dice abiertamente-, y como es típico, mucho ánimo de hacerse notar, de llamar la atención y, por supuesto, ¿cómo?, discutiendo. Más que pelear, las ideas deben oírse constructivas, llevar empatía como planeta, aunque con convicción. Llaman insulto que hallan devuelto únicamente 26 de lo que consideran son 7000 obras de arte que se llevaron los franceses. Llaman a la actual gestión del presidente de Benín un lavado de cara de su familia, que adjudican culpa de los saqueos colonialistas galos. El debate se oye más 80% como conflicto que de diálogo, pero hay ideas notables aun así, algunas son informativas además. El ambiente se pone picante y de manera muy simple se dice bastante. Es un documental abiertamente político, más allá de algunos adornos cinematográficos valiosos y una buena estética y profesionalismo en la documentación del traslado de las piezas africanas desde Europa. Como fuente para valorar la propia cultura, pensando que apuntan a que su país evolucione -aunque más que criticar se trata de crear, porque ser negativo es propio de cualquiera, la sabiduría real está en pensar en soluciones-, tiene su fuerza, maneja intelectualidad a rescatar. Una persona inteligente, en el debate, señala una respuesta audaz, que la cultura es intangible, está como decir en el aire o la cotidianidad del país. Otro lo complementa que así todos pueden recibirla, pensando en superar la pobreza. Hay que trabajar con el alma, junto con las motivaciones, siempre en un ambiente positivo, no del enojo, el buen líder siempre tiene que tener nobleza, porque cuando llega el poder (o la celebridad) eso es lo que lo define. También Diop ha sabido dar más alcances alrededor del debate, en términos autorales. No se ha quedado ahí, pero el meollo de todo es lo que dicen los estudiantes, propulsores -como el título señala- de volver a la gloria del reino de Dahomey (ponerlo en la palestra), el pasado de Benín y de donde nacen las obras devueltas. Se exhibe un manejo interesante de hacer hablar a la propia cultura (con la obra Número 26) y a esa vera querer unificarla con el poblador de Benín, si bien el feedback proviene de los jóvenes intelectuales. La cámara más tarde pasea simplemente por las calles en busca de la cotidianidad del poblador de a pie. En la propuesta se dice que es momento de pasar la antorcha y se manifiesta que ya existe ésta gente. No se enfoca en las personas hoy en día importantes, los que vemos llegar al Museo africano, aun cuando todos ellos muestran caras amables a la cámara, mediando trajes pintorescos, ricos en matices. Es un documental potente porque todo es bastante claro, fácil de entender, y no obstante tiene arte.
domingo, 15 de diciembre de 2024
Le mystère Koumiko
Éste documental es un filme ensayo perteneciente al francés Chris Marker, es uno de sus primeros trabajos, aunque ya tenía alrededor de una década de cineasta. Marker tenía 44 años cuando hizo ésta película que tiene una duración de entre 45 a 55 minutos, otra virtud, saber decir mucho, ser competente, en un transcurso que no abrume, que no se llene de tiempo muerto, o provoque desconexión o redundancia. Aquí hasta ocupa menos espacio al metraje promedio de 1 hora 30-45 minutos, observando que saber manejar el tiempo de lo que queremos exponer es atributo valioso en el cine, inherente al séptimo arte, así como saber editar, poder controlar el tiempo provocando riqueza intelectual. Marker estaba desarrollando sus habilidades de cineasta, su estilo de filmar, sus búsquedas reflexivas, humanistas, políticas, sociales, y ya en ésta propuesta exhibe excepcionalidad -hasta de pionero- como ensayista a través del cine. En 1964 filmaba los Juegos Olímpicos de Tokyo y como menciona como introducción conoció por casualidad a una muchacha japonesa llamada Kumiko Muraoka, que estaba en el rango de los 20 y 30 años. Decidió hacer un documental sobre su persona, y con ella reflexionar y conocer Japón, y de paso un poco el mundo. Es como si se hubiera enamorado, pensando más en lo platónico que algo más mundano. Desde el punto que se mire, algo más, o menos, doloroso. Marker es quien manda, siempre es el artífice, él se encarga del guion, del montaje, además. El filme se ve creíble de que Kumiko sea real, tal cual la vemos, aunque sin duda lleva del intelecto artístico que produce el conjunto de la guía de Marker, quien hace de voz en off, le conversa, la entrevista directamente y hasta le deja preguntas en el aire después de irse. A Kumiko la descubrimos en el estadio -como una espectadora más, entre la gente- y en adelante la vemos pasear por Tokyo, por tren, por las calles. La cámara también lo hace sola, muestras cosas complementarias. Es un filme que tiene a la joven de eje pero va más allá. Marker dice que es una chica común y corriente, pero así mismo tan especial como para hacerle una película, así como al Papa. Kumiko, nos explica, no es tradicional ni tampoco muy moderna. Mantiene un equilibrio en su personalidad, una donde se le ve sencilla, pero inteligente; amable, pero perspicaz. No es de esas mujeres que terminan fastidiando con sus engreimientos, y dice cosas, expresa pensamientos propios, pensamientos interesantes, y lo hace con pausa, con tranquilidad, con un aire de docilidad, de empatía. Se le siente real o simplemente lo es, aunque por la época cae como una mujer algo exótica, en especial para el europeo, pero desde un Tokyo en apertura y deseo de caerle bien al mundo tras su recomposición de la segunda guerra mundial. Demuestra mucha admiración por lo europeo, en un tiempo donde mucho japonés quería ser occidental en varios sentidos. Es un retrato propio de su época, y más su humanidad, su sencillez como ser humano, se amplia la lectura. Sobre todo con la habilidad de Marker para sacar lo mejor de su intelecto. No obstante sus respuestas son humildes, no suenan a pretender impresionar. Se le percibe realmente amable, dulce. Ella misma manifiesta que el amor y la ternura le mueven y que valen la pena sobre lo demás. Sin embargo dice respetar la violencia. Afirma no temerle y, de suceder, aceptar su devenir pasivamente, la muerte; así mismo se plantea cierto erotismo con lo japonés desde el sadomasoquismo que se expresa yace muy arraigado culturalmente. Si bien muestra que el japonés es muy adicto a las tradiciones que están por todas partes, como el folclore, también a la violencia -que se adjudica naturaleza del planeta-. Dejan ver en ellos un impensado carácter algo freak. En la apertura se desmiente señalando ironía que sean salvajes. Se menciona un comentario superficial de la gente que no conoce realmente Japón, de que los samuráis eran salvajes. Aun así tampoco dejan de ser humanos y no encajan sólo en la típica formalidad que muchos pueden creer inamovible, si bien se les conoce por una cultura basada en el respeto. En 1940 Japón iba a ser cede de las Olimpiadas, época de grandilocuencia, de egos deformes, y la segunda guerra mundial canceló la fecha. Ahora en 1964 todos sus jefes políticos saludan al resto del planeta. Japón se vuelve un lugar atrayente para cualquiera. En el documental se habla de varios estudios que tratan de comprender el país. Marker lo hace también a través de la mirada, de las respuestas, de la bella Kumiko que se acerca a una olla con sahumerio y ríe desmitificando el misticismo nipón, e incluso puede ser reduccionista con definir el espíritu japonés. Kumiko estudió en una escuela franco japonesa y tiene una mentalidad medio cosmopolita. Habla de cómo es el hombre japonés, cómo la observan a ella como mujer. Marker también pretende algo de seducción en su guion, como europeo. Hay un aura a lo Yoko Ono-John Lennon sobrevolando en el aire, sólo que lleno de simpatía. Kumiko sutilmente habla también de qué quiere, como mujer, de un hombre. Ella parece sentir algo de tedio con el exceso de amabilidad, de idolatría, y pretender, bajo la mención de observarlo en la mirada de los gatos (gatos que parecen enamorar al mismo Marker), un aire tal cual el título, de misterio, de ambigüedad, de poder ser un poco cruel, igual que tierno. Kumiko sin duda es una chica atractiva en muchas facetas, más allá de que pueda uno creerla aspirante a actriz. Se entiende que Marker le haya dedicado un documental; también, desde luego, provocando un ensayo con tantas aristas, a partir de una mujer hermosa, inteligente y fácil de querer, no habitualmente complicada, aunque ella declara que en su cabeza hay mucho desorden (complementado con su mención del mundo semejante a una ola). Sin duda está presente la magia del cine también, la ilusión, la fantasía, el romance, la mujer hecha poesía, como con las tantas tomas del rostro de Kumiko, hasta oír un piropo abierto del autor. Y en el trayecto hay demostraciones de kendo, nipones disfrazados de guardias ingleses mientras pretenden algo de comedia, la imagen de un búho gigante como publicidad pública que gira sus ojos intensamente, luces de neón a lo New York al son del tambor japonés tradicional, y hasta una secuencia celebrando similitudes con Los paraguas de Cherburgo (1964).
jueves, 21 de noviembre de 2024
Subject: Filmmaking
Éste es un documental bastante cálido, sencillo y está (así) bien hecho. Se basa en que el co-director de la presente película, el alemán Edgar Reitz, ahora de 90 años de edad, en 1968 trabajó un proyecto por entonces experimental en su natal Alemania. Quería que se dieran clases de cómo hacer/pensar cine como parte de la formación educativa de su país. Todo lo que vemos, incluido bastante material visto hoy como de archivo, el mismo documental de 1968, se puede corroborar fácilmente en la actualidad, todo lo que se muestra hablaron por entonces. Pero como todo lo que luego se acepta masivamente, hay que pelear por hacerle un lugar. Lo valioso nuevo por más contradictorio que suene -o quizá no tanto, porque lo bueno, te cuesta- tiene que luchar por ganarse el espacio dentro de lo establecido socialmente, popularmente. El documental de 1968 de Reitz es el resumen de éstas clases de cine, éstas clases piloto, con lo que él quería se hicieran películas que llevaran un estilo analítico, creativo, libre, horizontal, buscando el encuentro y desarrollo de una comunidad o colectividad, de un quehacer comunitario amable y despierto, desde cada propia voz. Buscaba dar herramientas. Que lo vieran accesible. Por ello trabaja con los alumnos, que fueron chicas de 13 y 14 años, el cómo hacer y pensar el séptimo arte, un cine de ideas, un cine de autor, no principalmente de entretenimiento, sino aunque podía ser sencillo, que sea intelectual, palabra tan temida y despreciada por muchos, como si pensar no fuera accesible a la humanidad. Lo que vemos en Subject: Filmmaking (2024) es el reencuentro (tras 55 años) de las alumnas de esas clases de cine que impartió el propio Edgar Reitz a los 35, consumado cineasta, pero mayormente de cine experimental por lo que a las mayorías no les parecerá familiar su nombre. No es un cineasta popular, pero sí respetado por los entendidos de cine. Uno podría pensar que la elección del cine que hizo éste director alemán -sumando su hiperbólica trilogía de Heimat- lo ha dejado medio desprivilegiado colectivamente, más allá de que ha tenido éxito en su campo y en sus ambiciones, pero lo que prevalece en él es que deja ver que ansiaba una vocación intelectual en su arte, ver el cine como una herramienta para pensar y que esa herramienta no sea ajena para muchos. Igual, hacer (buen) cine nunca es fácil. Pero su deseo parece auténtico en cuanto vemos qué tipo de clases impartió o pretendió en su documental de 1968. No se especifica el tiempo que se dieron las clases, pero se deja intuir que fue muy por debajo del tiempo que se anhelaba como parte de la currícula escolar, de 1 año siquiera. No obstante de éste experimento en particular salió algo interesante, que produjo conversaciones inteligentes con las alumnas, dentro de la edad y la sencillez del grupo. Fueron ellas casi 30, y lograron concebir cada una un cortometraje, conteniendo decente formalismo. Se produjo variedad de tipos de película que oímos ahora describir. El otro codirector, el alemán Jörg Adolph, filma el reencuentro, bajo un estilo sobrio. Se mantiene tras bambalinas. Oímos gente ya mayor, marcada por aquella experiencia, un evento que manifiestan de muy especial, aun cuando no se oye que pudieron desarrollarse en ésta profesión. Las voces del presente se escuchan nostálgicas, pero sobre todo contentas. No se percibe proclividad a sufrir frustración, como anunciaba un padre de familia en 1968, sino algo que valorar/valoraron por siempre. Tratamos con un canto de humildad. Puede leerse actualmente de algo muy normal lo que vivieron y conversaron, pero por entonces tuvo de visionario. Es una propuesta que no plantea ninguna grandilocuencia, se percibe como una obra bastante austera, sin ninguna dificultad para el público, llevadera, incluso estéticamente, profesional, un reencuentro amistoso más sencillo de lo que uno pensaría de haber formado parte de una película sobre una clase experimental, pero suficiente como para celebrar algo distintivo, algo que recordar y comunicar, de lo que se percibe en todas ellas, felicidad.
martes, 5 de noviembre de 2024
Una Sombra Oscilante
Cuando uno ve cine o se pretende hardcore con éste espera siempre sorprenderse. Puede ser por la vía del entretenimiento o por la vía intelectual, o quiere decir que el hedonismo de uno se debe a la poderosa diversidad del séptimo arte. Éste es un filme político, cuando yo me considero predominantemente apolítico. No obstante uno siempre tiene que tener la mente abierta cuando de verdad le apasiona algo. Dejar las ideologías personales de lado, que soy de izquierda, que soy de derecha, que esa es de terroristas, que esa es de fascistas. Yo suelo decir que soy de derecha con ayuda social, un hibrido. Las películas difíciles se deben apreciar sin quedar dominado por los prejuicios mientras sea un cine de nivel, inteligente, dialogante con el mundo o con nuestra profundidad existencial. Una buena película puede venir de cualquier parte, si hay talento. Ésta película es sobre un ex militante del MIR, El Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile, llamado Lucho Rojas, quien es uno más y a la vez fuerte representante de su movimiento. El filme empieza complicado de comprender por lo visual, pero pronto nos damos cuenta que se moverá mucho por una habitación de revelado de fotografía y ahí la directora, hija de Lucho Rojas, la argentina-chilena Celeste Rojas Mugica, en ésta su ópera prima hará uso del cine experimental, proponiendo esbozos, destellos, claroscuros, despliegues de luz, o mucha oscuridad literal. La propuesta fomenta el vinculo padre-hija. Ellos conversan en la voz en off. A veces habla uno, luego ella, o los dos dialogan. Celeste escucha el pasado joven del padre, su pasado como luchador social, su pasado revolucionario, que dejó cuando finalizó la dictadura de Pinochet, 1990, partiendo del plebiscito de 1988 (a 1 año de que Celeste naciera). Es una película sobre las memorias del padre, pero también un ensayo sobre el arte de la fotografía, pasándole revista a las fotos que tomara Lucho en los 70s y en los 80s, trabajo de fotógrafo que empezó como coartada para no ser detenido y terminó entusiasmándole. De éste militante no se dice qué ha hecho en realidad, si es que ha hecho algo (malo), si bien él mismo dice que era capaz de todo por sus creencias militantes. Pero como miembro del MIR que salió autoexiliado por el golpe de estado y regresó clandestinamente -de lo que se nos cuenta detalladamente con fotos cómo lo hizo- siempre el peligro le acechó, al dedicarse a registrar la dictadura como a mantener su militancia. Casi no le quedan fotos, muchos registros sólo los pensó, y en ello se plantea un juego con la imaginación, lo real y lo ilusorio, lo fantástico, el sueño, los límites perceptivos. Así mismo interpreta sus propias fotos, del tiempo detenido en una imagen, y con esto entra a tallar la vocación de la directora. Es interesante ver una reflexión sobre diferentes interpretaciones de la misma fotografía, como quien dice que hubo una mirada de la dictadura y otra revolucionaria, como quien pretende que se oigan a ambos. El filme tiene un cierto aire de querer comprensión, más allá de que muchos ideológicamente sientan más fácil y rápida empatía. Se percibe que se habla de una revolución movida por lo utópico, como si hubiera sido desplegada por unos perdedores idealistas románticos. No se menciona la violencia. La dictadura es representada por una pesadilla de sombras oscilantes que te atemorizan. Como esa tensión y ese acecho narrado del cuarto oscuro. Es una obra de esas austeras en lo estético y visual pero se siente intelectual con la participación directa de Celeste mientras Lucho cuenta todo de manera muy próxima, campechana, hasta bromea del tema. Vemos puestas de escena de cine indie austero en zonas rurales. Es un filme curioso. Posee cierta originalidad, aunque hay varios filmes de éste estilo. No es exhaustivo con los datos históricos. Es el retrato de un militante, pero sin engrandecerlo formalmente, pero que algo se percibe tal si hubiera salido de una película de acción como si se tratara de un agente secreto o un espía -quizá por la admiración filial- dentro de un mundo de aventura -incluso hasta distópico-, quien tiene que llegar a Santiago, el epicentro efervescente. En sí la propuesta lo muestra bastante simple, común a muchos. Es el estudio de un soldado, no de un alto mando. Se habla de mucho peligro, el régimen podía ser implacable mientras se dejan de lado las acciones específicas de los infiltrados revolucionarios. Se deja ver solamente algo de bulla y propaganda. Ganó una mención especial en la competencia de primeras películas del FID Marseille 2024 y fue la ganadora de mejor película chilena en el FIC Valdivia 2024.