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sábado, 17 de octubre de 2015

The assassin (La asesina)

Que un director como el taiwanés Hou Hsiao-hsien haga un wuxia, una película china de artes marciales, sin duda, resulta interesante y curioso para cualquier amante del cine, conociendo su séptimo arte intimista, histórico, reflexivo en cuanto a su sociedad y hasta romántico, que se mueve en el cine arte minoritario, a pesar de que sus retratos están cargados de encanto emotivo y no son tramas complicadas de seguir (salvo por El vuelo del globo rojo, 2007, al que le tengo especial simpatía, y se complejiza en su narrativa, como la presente), quizá sí provistas de algo de lentitud expositiva, con lo que verlo acometer una empresa sobre un subgénero de acción que suele ser entretenimiento puro y duro, abría el apetito pensando cómo sería en sus manos una obra de éste tipo. 

El resultado ha sido cine arte en toda palabra, con luchas cuerpo a cuerpo breves, puntuales, secas, calmadas, que quien espere espectáculo tradicional a ese respecto no lo encontrará. Sin embargo el filme trasciende en sus tantas lecturas y significación con ésta esencia combativa, proveyéndonos de venganza, amor, política, hechos históricos, soledad, como un conflicto con el sentido de nuestra vida y quienes somos, que a Nie Yinniang le ha causado el exilio de su familia ante la ruptura de su temprano compromiso matrimonial con su primo, y futuro gobernador de una provincia fronteriza que rivaliza con la corte imperial, lugar donde iría a parar Yinniang entrenada por una monja princesa, convertida en una temible asesina donde brilla sobre todo su concepto y aura que lo físico (Shu Qi es muy bella, luce pequeña, suele ser frágil por lo general, lo que es un gran cambio de registro, que funciona al natural). Yinniang, ahora una guerrera imbatible y letal, está encomendada a matar a su primo y ex amor por el que aun siente algo, por Tian Ji'an (Chen Chang), que tiene feliz esposa e hijos pequeños, y el que deberá sostener la grandeza de la provincia de Weibo que se ve amenazada por el imperio y otras provincias subalternas que conspiran contra ella, hasta bajo la magia oscura.

En el filme hay una urdimbre narrativa intrincada, de elipsis, sutil, detallista, que despliega el choque emocional interno de Yinniang, entre su deber como asesina implacable, y la devoción natural que le debe a sus seres queridos, como a sus padres que la salvaron de morir, pero se sienten en parte arrepentidos por el peligro que ella representa en la actualidad para el gobierno e independencia de su clan, y de Weibo, en la cabeza pedida de Tian Ji'an. Observamos que la lealtad va más allá del parentesco familiar, con lo que una joya partida en dos simboliza la paz entre los dos linajes en conflicto; como el relato del pájaro azul contada por la maestra tocando su instrumento musical folclórico (hermosa la ambientación, la recreación, los paisajes), otra mujer desdichada, remite a una melancolía destructiva (un designio, la fatalidad), que acompaña, como el silencio, a Yinniang, que pelea por sus vínculos sanguíneos, por sus afectos, y la descubre más que una máquina de matar, como invoca su antecesora.  

Es un filme que tiene bastante de acción, es decir, de actos (en tremenda estructura, hasta romper los combates tienen estilo), la mayoría de ellos elegantes, aunque no de peleas vistosas y elaboradas, más que de argumentación, pero teniendo aristas, puntos en contraposición, tanto como suma coherencia, pero a su vez albergando tantas emociones, una visceralidad maravillosa en juego, por encima de lo explícito, donde todo se reduce a lo esencial, supeditándose a un entretenimiento inteligente, al que hay que seguir en sus pormenores narrativos para gozar, apreciando su lentitud como en una caja de continua meditación observacional, de coger el momento, dentro de una estética, invocando la luminosidad por sobre la superficialidad, o en la trama el rencor, enfrentando a la soledad, que es capital, múltiple, en la historia, el saber perderlo todo, y aun así mantenerse intacto, puro, valiente. Es una propuesta que muchos pondrán en sus listas de lo mejor del 2015, tras 8 largos años de esperar su realización, y obtener un merecido premio de mejor director en el festival de Cannes. 

miércoles, 18 de abril de 2012

Millennium Mambo

El cineasta chino Hou Hsiao-hsien es famoso por muchos reconocidos festivales en que ha logrado recibir alguna premiación importante entre ellas el león de oro del Festival Internacional de Cine de Venecia. Nos trae aquí una historia de búsqueda y supervivencia del amor, la de Vicky (Shu Qi), en medio del comienzo del nuevo milenio en donde observamos en su vida con relación a dos parejas suyas, Hao-Hao, un joven descolocado en el mundo que vive del hurto, la música electrónica y las drogas, y Jack, dueño de un club -en que Vicky hace de anfitriona- y quien aparentemente está implicado en negocios turbios. Ambos de trato muy distinto nos mostraran la convivencia y dependencia emocional entre ellos, su conflicto constante y la idiosincrasia nocturna-liberal de su diario quehacer, los nexos entre ciertos vicios de juerga y el discurrir vago de su existencia muy en la onda de nuestra contemporaneidad juvenil libre de ataduras y de reglas severo moralistas. Vicky es el eje de ese ir sin rumbo que se nos presenta.

No puede pasar desapercibido que hay una narración en off que anticipa recurrentemente el clima posterior de la historia y que nos deletrea los acontecimientos ayudando a entender el ambiente mínimo que ocurre pero que se nos hace como una intrusión que hace recordatorio de una falla general en lo que se ha fabricado, una sorpresa viniendo de un cineasta de la envergadura de Hsiao-hsien. Pero haciendo cierta salvedad puede que él halla estado buscando otorgar un estilo a su obra. No obstante pasa por error técnico ya que desfavorece el producto al incurrir en descripciones que hacen lo que debieran hacer las imágenes y sin tampoco haber tenido que abandonarse a la dificultad.

Una segunda forma estructural especial del filme es una sensación de fragmentación, no en forma ordenada, que se articula como en un especie de rompecabezas de piezas apenas separadas, esto le da dinamismo, versatilidad y se puede ver como una gran virtud del producto ya que de no ser así fuera algo más cansino y tedioso por carecer de intensidad en su trama.

Un síntoma general aún con el ambiente de grave inestabilidad, celos violentos y fastidios complicados de su primera parte o un segundo plano elíptico de su siguiente mitad en relación a repercusiones criminales es lo anodino, lo apacible, lo frívolo o lo intrascendente. Hay una tranquilidad que se pega a la pantalla y aborda al espectador, un querer no impresionar al público, aunque halla una modernidad que es escandalosa, pero que no quiere tocarse de esa forma más que mostrándola tal cual, y que tampoco deja fuera un aire romántico o inocente que distribuye una dosis de fe en la monotonía actual y una diafanidad en medio de todo, una adaptación general y un aire de condescendencia hacia lo que administra el título de la realización, una nueva era, un baile festivo que no lo es tanto pero que no llora sus nuevas maneras sino que sigue creyendo y queriendo la felicidad con un optimismo seco a prueba de derrotistas, depresivos o pesimistas, como con el viaje último para ver paneles publicitarios.

Hay enojo y desencanto, por eso nuestra protagonista bebe y fuma con efusividad o evita caricias o preámbulos sexuales. Sin embargo el tono interior flota leve en toda la historia. A pesar de la gigantesca agresividad existencial negativa, Vicky sigue soñando y viviendo buenos momentos. Cree que quien la dejó quiso llamarla para volver a reunirse con ella en otro lugar fuera de Taiwán; sigue viendo afectos en otros y proyectando una cierta emotividad fuera de los errores amorosos.

Tenemos una película de algunos rasgos psicodélicos en el inicio y luego oscuros en vínculo con el amor de ese llamado nuevo milenio en que nada es tan fácil como antes o así reza siempre la frase del pasado siempre fue mejor. Efectivamente nada es igual. Es una auscultación cinematográfica de un pensamiento conocido pero trabajado con destacada delicadeza sin faltarle fidelidad. Resulta bastante interesante desde la contextualización china aunque desde un sitio moderno como Taipei. No obstante resulta pequeña en esencia por deseo creativo, autoral, pero sosteniendo un aspecto culto, aunque carente de mayor fuerza y quizá mayor relevancia.