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domingo, 23 de febrero de 2025

Decision to leave

Decision to leave es un muy buen noir al estilo coreano, de la mano de la magia del talentoso Park Chan wook. Tiene una parafernalia cómica que acompaña en una primera parte y poco a poco la propuesta se va poniendo seria, como suelen hacer el cine en Corea. De ésta misma manera mezclan cierta pequeña extravagancia expresiva que recorre toda la narrativa, que te pone fuera –un poco, pero entendiendo sin problemas la película- de las convenciones y presenta novedad en la forma de relatar o ver. La historia es sobre una asesina que se enamora del detective que la investiga, como en Bajos instintos (1992). La asesina la interpreta la hermosa actriz china Tang Wei que hace justamente de su nacionalidad origen. En la historia ella era mantenida como trofeo por un marido millonario, pero pronto, como sueño húmedo feminista, el hombre caerá de una montaña señalándosele un suicidio. Es así que el detective de policía Hae-jun (Park Hae-il) quedará prendado desde el inicio de la sospechosa. El primer interrogatorio tiene un leve toque a lo Wes Anderson. Además, Seo-rae (Tang Wei) es inteligente y se nota en las conversaciones que sostiene con él. Ella autodefine su universo mencionando a Confucio (y la montaña y el mar acompañaran todo el filme), la película se mantiene en el uso de referencias asiáticas, lo cual es un acierto, proponer la propia personalidad dentro de un paquete que puede coger cualquiera. El filme se convierte en uno de romance dentro de un noir. Ella es una femme fatale. Seo-rae se nota siempre naturalmente perspicaz, quien habla mucho con la mirada, detrás de su belleza, la belleza madura de una mujer de 45 años. Hae-jun está enamorado de su trabajo como policía, pero Seo-rae lo volverá loco, la fémina se transformará en su prioridad mental, aunque algo siempre los separa y él mantiene las formas, lucha por cumplir con sus deberes y sus compromisos. Cuando finalmente confiesa que la ama, lo expresa indirectamente, con un acto que va por encima de su orgullo como policía, profesión que es la que siempre lo ha obsesionado, aun cuando teme hallar crímenes donde haya mucha sangre (y hasta esos detalles los recordará Seo-rae). Ella, producto de su alta capacidad intelectual, capta la declaración, como poca gente lo haría. El detective está casado hace más de una década. Su esposa, que muestra su personalidad, no es un ente de adorno, le propone tener sexo una vez por semana, aun cuando se lleguen a odiar, hacerlo un pacto. Hae-jun en un momento pone su vida en manos de la femme fatale, se entrega a su amor tanto que él mismo deja de importar. Muchas circunstancias particulares llevan a que pasen asesinatos que se van descubriendo despacio y sus justificaciones son curiosas en sí (tanto que pareciera que se dijera que matar muchas veces tiene sentido, si bien esto te lleva a la autodestrucción), puesto que es una película de misterio e investigación, la que tiene su complejidad, siendo el detonante cómo es tratada la mujer, cómo percibe el mundo. El crimen está fuertemente ligado al romance. El detective He-jun tiene una personalidad difícil, pelea consigo mismo, e igualmente es muy inteligente. Así lo vemos movilizando la pantalla colocando escenas (con él como vigilante y fantasma) que brotan de su mente, similar a El Aura (2005). Es una película un poco intrincada de seguir en su figura de especificar los crímenes, hay mucho celular de por medio, pero así mismo está la obra expuesta con la típica intensidad, locura, de los poderosos y famosos thrillers coreanos, por lo que no falta la violencia y los exabruptos, los matones primitivos como salidos del anime. Es una película que rompe un poco con lo común al poner los crímenes bajo la lupa de la potente pasión afectiva. Es verdad que esto se suele percibir en montón de filmes, sólo que de la misma manera a menudo como apunte superficial, mientras que aquí está ensamblado dentro de una argumentación sólida, como una gran narrativa noir a ese eje. El relato aunque algo intrincado nunca deja de ser fresco, de sentirse vivo, intenso, con su espolvoreo de extravagancia sostenida. La relación entre la china y el policía insomne tiene mucho atractivo, y no es algo usual, que se percibe desde lo sexual, sino es a través de un quehacer romántico, dentro de lo clásico y poético, aunque maldito. Ambos son capaces de romper toda regla por el otro. Hasta el final no faltan las pruebas de amor.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

The Handmaiden (Ah-ga-ssi)

Encontrarse con esta película es encontrarse con la sofisticación, el portento coreano Park Chan-wook vuelve a la ruta de los grandes con este filme, tras fallar con Stoker (2013). Este se divide en tres partes. La primera es desde el enfoque de la nueva criada personal  de una mujer privilegiada, llamada Sook-Hee (la novel pero muy prometedora Kim Tae-ri), una carterista de pocos recursos económicos y una familia a cuestas contratada para que un falso Conde, Fujiwara (el talentoso Ha Jung-woo) se haga con la fortuna que heredará Lady Hideko (otro puntal de talento, Kim Min-hee). El enfoque muestra todo un plan siniestro, mientras en medio están las perversiones de los juegos sexuales del tío Kouzuki, que supuestamente debería de cuidar de Hideko y más bien la viene maltratando desde niña, además de que también aspira a quedarse con su fortuna. Luego de un imponente despliegue de seducciones y acondicionamientos que incluyen el amor en el lesbianismo, mediante un conseguido y laborioso erotismo (tomando en cuenta que Park Chan-wook es un maestro de la estética), surge un segundo enfoque y giro narrativo, la historia se complementa, se contrasta y se corrompe, he ahí la admirable sofisticación del filme que nada tiene que envidiar a la literatura (que, sea dicho de paso, adapta Fingersmith, de Sarah Waters, novela publicada el 2002), en la bisagra entre las dos historias contadas desde una cabeza distinta. El segundo enfoque lo provee Lady Hideko, e inserta un nuevo plan siniestro, siempre tras quien se quedará con la fortuna a heredar, sumado al manejo y el escape de las garras de los tramposos y aprovechados. Lady Hideko hace de mujer inocente y de arpía. El filme se sostiene no solo por la ambición desmedida y el arribismo dentro de las esferas de la opulencia y el refinamiento que esconde la vulgaridad y lo ramplón de sus criaturas disfrazadas, sino  de la misma forma del amor que lo puede todo, para lo que en una trama ambientada en 1930 hace uso de cierta revolución sexual. La tercera parte une cabos, define las dos vertientes y a sus acompañantes, da algunos giros, en el que es un filme que maneja los ángulos perfectamente, como posibles conclusiones, y nuevamente es admirable ver que todo queda muy bien interrelacionado sin que el panorama se vea absurdo o incongruente, en lo que es asistir a una continua sorpresa tras otra. La tercera parte también aunque cumple su cometido decae un poco y termina dándoles fin a cada personaje de forma cumplidora y poco afín a la complejidad que ha desarrollado previamente, pero no podemos ser mezquinos y lapidar el filme por algo tan pequeño que tampoco es el mal, porque el filme es realmente grandioso. 

lunes, 10 de junio de 2013

Stoker

La primera incursión de uno de los grandes directores coreanos, Park Chan-wook, en Estados Unidos ha dado como resultado la presente. Que nos recuerda un poco lejanamente a La sombra de una duda (1943) de Alfred Hitchcock, sin embargo hay que decir que la obra del británico es muy superior, y me duele admitirlo porque soy fanático del cine coreano moderno, aunque mucho también del maestro del suspenso, pero lo que hace el famoso director de Oldboy (2003) es bastante simple e inferior fuera de las apariencias, denotando muy poca sustancia y muchos errores, en pocas palabras es un bluf. No es todo lo interesante que si es la de Hitch que aunque subyace en su constante inocencia y apertura, tiene algunos ratos de antipatía, diálogos explicativos varias veces molestos, es notoriamente toda una obra maestra del séptimo arte, con un Joseph Cotten haciendo lo que a Cary Grant no le estaba sido permitido, y seguramente fue porque es un actor menos carismático y menos estrella, sin embargo su entrega y disposición no hacen más que alabarlo y darle un mejor lugar en nuestro recuerdo. Junto a una Teresa Wright que como se solía ser, era toda una señorita, una dama, madura pero dulce, simple y familiar, aparte de bella (tanto como deseable sin esforzarse) y común a muchas, guardando esas formas que naturalmente la hacían tan idónea con su personaje.  

Ver a Mia Wasikowska también ha sido un deleite de alta categoría en aspectos más típicos a nuestros tiempos, con una personificación muy destacable (su solvencia como actriz es irrefutable y mucho se debe a que no sea todo lo grande que parece ser a que sus elecciones cinematográficas no suelen ser tan atractivas o son secundarias), como una chica con muchos conflictos internos, que por fuera como es normal ante ello se muestra extraña, defensiva, y es captada de esa manera, aunque es muy inteligente y segura de sí. Puede ser capaz como dice en un rato de celos de abrir una puerta nueva a su personalidad y en ese lapso deparar un momento inolvidable a otra persona. Ella está pasando por el trance de convertirse en una mujer –al punto de competir con su madre- en medio de la muerte violenta de su padre, el egoísmo, egocentrismo y anhelo de deseos de su hermosa progenitora (también muy destacable Nicole Kidman que se asume en un papel más de cartón que complejo pero que sus gestos de delicadeza, esnobismo y vanidad la hacen digna de mención, aunque por detrás de una Wasikowska que es demasiado dominante en cuanto a talento e historia) y la interrelación de un nuevo modelo en su solitaria existencia, su tío Charlie que acaba de regresar y meterse en sus vidas (Matthew Goode, que lo hace bien en un papel de lujo para alguien muy desconocido, pero que no es finalmente tan atractivo en el guion y se queda en una figura de monótona expresión que termina cansando).

Park Chan-wook hace de un filme que en realidad es muy comercial en cuanto a su historia algo más elaborado, le proporciona morosidad, calma, lo reviste de la elegancia de antaño. Complejiza la forma, la ennoblece y la disfraza con su estética, que tiene un aire vintage delicado, de colores opacos y oscuros. Nos pone en un “anacronismo” aceptado, en un lugar de clase alta culta y refinada de un pueblo americano. Envolviéndonos bajo su toma técnica y audaz, en sus detalles y en una personalidad que recubre el ambiente.  Como si nuestros rasgos trataran de salvar y transformar lo que parece destinado a no ser importante.

El problema es que no abundan los aciertos en la historia, e incluso la exageración propia de la contemporaneidad, el mismo Park Chan-wook y el cine de su país terminan siendo incongruentes con la elegancia e intelectualidad que antes ha estado trabajando. El nuevo toque pesa en contra y no es ingenioso, hasta desdibujar el elogioso precedente. Abarata el logro y muestra tal cual al relato. Ya por entonces todo está perdido, y solo queda la belleza de la sangre sobre las flores. La estética de Park Chan-wook.

Dentro de lo positivo funciona durante un tiempo correcto el halo de misterio del relato y la hazaña de develarlo rápidamente gana puntos a favor ya que es irrelevante oliéndose a metros. Funciona en lo necesario sacándole el debido provecho. Luego el resto de lo que se guarda en secreto no es una revelación que sea atractiva sino muy ordinaria y manida, no obstante la mano del coreano en la manera de visualizarlo es la que vuelve a hacer algo mejor de lo que es en sí. Lástima que nuevamente el guion sea tan poca cosa y el querer ser original a través de este termine siendo tan vacío. Asunto que cobra la factura al conjunto que no teniendo una base jugosa representa una continua desilusión tras otra. La sorpresa falla cada vez que aparece, por superficial y no tener asidero argumental. Solamente India (Mia Wasikowska) sobresale al respecto,  con cierta forma y valor que relacionada a una perversidad que parecía prometer a través del tío Charlie crea una expectativa que se diluye hasta pasar desapercibida. 

Volviendo a lo negativo, los crímenes caen mayormente en ser algo absurdos y poco impactantes, salvando uno predecible pero inteligente en el recuerdo de la arena en donde juega el hermano pequeño, y algún otro parcialmente logrado.  El filme nos hace recordar un poco las de Psycho, el hallazgo en la heladera, el pasado en el manicomio o la sonrisa de Goode en comparación a la de Anthony Perkins junto con un pasaje donde a este se le percibe con mucha inseguridad, la que más tarde le abandonará por una personalidad nueva (radicalmente distinta a la de Norman Bates, digamos de paso, ya que lo hemos mencionado). Seductora y firme. Que deparará  la lección y admiración del alumno hacia el maestro. El tolerante “somos familia, no importa querernos”, leitmotiv de toda la película, quedará de lado por un apasionamiento, aunque apuntando que no sobreviven muchos instantes en la memoria; los que brillan en su inducción a través de las cualidades del último tío Charlie, de quien nos preguntamos ¿de dónde provienen? Pero ya que hemos mencionado a Hitchcock, debemos de refrendarlo diciendo que él no creía en esas preguntas de verosimilitud sino en preocuparse solo por el entretenimiento. Que hay que decir que la presente tiene lo suyo solo que no resiste una crítica aguda.

Tratar de darle un background asesino a la historia a través de la caza o la taxidermia queda muy suelto, artificial e insustancial, tanto como no darle motivos a otro personaje. Escenas como la sensualidad de la imaginación en la pieza apasionada en el piano aportan un sentido que pudo caerle mucho mejor a la trama si lo hubieran explotado y direccionado más y con mayor ingenio, como no pasa visualmente en el orgasmo en la ducha tras la excitación homicida, una buena idea no conseguida en toda su magnitud. Sumando simbolismos desafortunados, como el del rifle o la correa, mientras alguno como el de los zapatos de taco alto aunque obvio, es atrevido, honesto y resulta atractivo. Estamos ante un Park Chan –wook desperdiciado, al observar su estética y la forma que ha labrado delicadamente –como muestra tenemos la intervención repetida de las arañas, una especie de simbolización de posesión o envenenamiento-, y no en su mejor intervención por un guion y una historia bastante mala. Esperemos regrese con algo mejor. Desde aquí creemos que nadie lo tiene seguro, mucho menos si se es atrevido, e ir a trabajar a Estados Unidos siempre lo es. Pero desde ya es un tipo de condecoración, aunque muchas veces –creo, mayormente- termine siendo el producto una decepción.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Halloween Maratón 2012



Haute tension (2003, Francia)
Alexandre Aja nos dio éste filme gore con la actriz Cecile de France, una de sus mejores películas para ella, y su punto más alto para él que lo hiciera famoso en el género. Éste es un filme que guarda 20 minutos finales inconmensurables en que da un giro sorprendente a un nuevo subgénero de terror. Nunca podrán separarnos es la frase que define la trama, mezcla de violencia y sexo, sadismo, excitación, desmedido afán de posesión. Es un slasher despiadado que hasta inventa un arma en un garrote con alambre de púas. Un asesino en serie que persigue mujeres llega en su camioneta a una casa descampada en el campo, toca la puerta y empieza a matar, en el lugar en que dos mejores amigas van a visitar a la familia de una de ellas. Sobresaliente protagonismo de la dupla de actores en dos caracteres enfrentados, de France y Philippe Nahon. Éste último yace en un tipo vulgar vestido con overol, botas de minero y gorra de béisbol. Da la imagen de fuerza y salvajismo que se espera de alguien desquiciado pero frío y engañosamente ecuánime. Ella parece una heroína salida de Prueba de muerte (2007). Destaca un tercer personaje, Alexia (Maiwenn), reducida a escombros en un aire de áspero e implacable desasosiego, bajo una humillación extrema que parece una muestra demencial y moderna de esclavitud. Se trata de un filme directo, rudo, sencillo, de pocos diálogos, muy fácil de digerir, salvando la exposición descarnada y trepidante. Es una película entretenida. Tiene un excelente despliegue de ocultamiento, escape y contraataque.



El páramo (2011, Colombia)
Estamos ante un filme de mucho suspenso en que nueve comandos del ejército colombiano llegan a un puesto militar abandonado que parece haber sido atacado por la guerrilla en un páramo. Una vez en el lugar encuentran una extraña sobreviviente de aspecto degradado y atemorizador tras un muro que advierte el temor por algo sobrenatural. En adelante cunde el miedo, el desorden y la muerte. Es un filme en que el director Jaime Osorio Márquez ha sabido brindar justificación para generar realismo en la progresiva eliminación de los soldados, hay creatividad y ambigüedad en lo que acontece. Existe un ritmo que mantiene tensión en un clima de sorpresas en medio de sombras, de neblina, de oscuridad, mientras surte efecto el generar un background paranormal, pagano y supersticioso. ¿Es un karma el que están pagando? Parece la pesadilla de algún militar que ha cometido crímenes en la facultad que creen tener en la guerra. Ayuda mucho la atmósfera que se vive, el carácter de misterio, de abandono, de estar aislados, en un lugar destinado al envilecimiento, a los temores, a los excesos, a la sobrevivencia. El enemigo resulta muy natural habiendo un audaz juego de expectación, gracias a algunos artilugios claves. Se rompen los elementos que definen las fuerzas armadas, disciplina y sentido de grupo. También hay mucho contexto con sangre y cadáveres, mientras hay una normalización de los militares. El temor se vive en otro nivel de pensamiento, los efectos visuales están en el entorno más que en los protagonistas. Resulta un juego mental bastante interesante.



Livide (2011, Francia)
El presente es un filme que apela a los miedos más viscerales, dentro de un aire de deja vu, de estar ante algo visto pero mezclado para que se vea original. No logra adjudicarse una trama ingeniosa aunque creando sobresaltos primarios es donde está su fuerte y por ende la recomendación. Inquietan las cruces en el cementerio, la desaparición de varios niños, el encierro en la mansión, el perderse en el interior, los fetos enfrascados, los juguetes moviéndose, las muñecas de porcelana rotas, la taxidermia, el aire clásico en el inmobiliario, una muñeca humana que parece estar embalsamada y eso es solo el comienzo ya que el misterio aguarda. Los directores galos Alexandre Bustillo y Julien Maury ponen a tres muchachos de la clase trabajadora a buscar un tesoro en una vieja casona donde hay una anciana en coma postrada en la cama con una llave desconocida. Van a un lugar tenebroso que pronto les hará arrepentirse de haber entrado.


La casa muda (2010, Uruguay)
Una muchacha que va con su padre a reparar una casa de campo entra en pánico y en shock cuando descubre que en la vieja casona hay un criminal, anticipándose a enfrentar un antagonista, como a su vez a la muerte. En medio de la noche con un farol en la mano recorre el inmobiliario descubriéndose que guarda una relación oscura, sexual y trágica en relación a ella en que una pérdida subyuga su pensamiento. Éste es un filme un poco tramposo descubriéndonos quien está detrás de las muertes, que tiene más lógica si se puede ver como que no es lineal lo que observamos (pegado a lo surreal), pero como parece seguir el tiempo real (salvo que sea solo una técnica), entonces se nos esconden y dificultan muchos detalles. La película consta de una única larga toma en que se va hurgando en el lugar al pasar de un aposento a otro. Es una historia de suspenso en que el espacio desconocido se va abriendo al espectador y a su caminante, donde la luz nos va guiando presagiando lo inesperado en cualquier momento. La propuesta tiene un toque enigmático, se basa en un caso de hechos reales que no se ha resuelto. Es un filme muy bien dirigido que economiza sus recursos pero los magnífica en la trama, se van haciendo claves en el detalle. Es sugerente poniendo el miedo en la sensación de peligro y misterio del ambiente. Parece muy convencional pero su forma de poner algunos toques paranormales y psicológicos le da un alcance múltiple, mayor. Se ve visualmente sencillo y minimalista el trabajo del director Gustavo Hernández pero aun así tiene una trama en parte críptica. Dosifica muy bien el tiempo sin repetirse, una virtud viéndose que todo gira en el interior de una casa, por sus rincones, habitaciones y pasajes, como el título nos refiere, una lugar que guarda muchos secretos. Florencia Colucci se mantiene gritando, asustada, llorando, lo que crea una atmósfera de inquietud constante. Hay una iluminación base que hace tenebroso y mínimo lo que se observa al andar. Tenemos entre manos una apuesta muy inteligente en su estructura, que sabe construir un filme con precisión formal en lo visual aunque coqueteando con la ambigüedad de su historia, con el misterio y los secretos. No tiene mucha sangre ni grandes efectos especiales, pero genera un potente y notable estado de alerta.


Jigoku (1960, Japón)
Clásico de culto de tierras niponas que ha servido como inspiración a otros cineastas, perteneciente a Nobuo Nakagawa. Es una propuesta extravagante, personal, excesiva, una revisión budista en donde podemos ver fácilmente emulada La Divina Comedia, el infierno de Dante. Un hombre correcto se deja influenciar por un amigo –un Mefistófeles asiático cínico, teatral y burlón- y pronto entra en una carrera de pecado que incluye el asesinato. Tras la figura de alguien bondadoso pero manipulable afloran graves faltas que son provocadas sin intención, éste se rodea de mucho drama y una flagrante mala suerte, y es que parece la humanidad destinada al infierno (rige la frase de quien esté libre de pecado que tire la primera piedra), una mundanidad afectada al interés de exaltar el defecto humano. Tiene entre varias particularidades que en la segunda parte no existe casi trama, se llena de una visualidad abrumadora, cundiendo el terror de un sadismo naif. Es una película donde nadie se salva del castigo, doctores de mala práctica profesional interesados en el dinero, policías y periodistas corruptos, militares fratricidas, adúlteros, alcohólicos, promiscuas, suicidas que caen presas de un mundo ultra terrenal en que se dedican a sufrir y nosotros literalmente a observarlo. En ese submundo el protagonista principal busca salvar a su bebé mientras atraviesa los 8 círculos del infierno. Es una película de rasgos muy de cine B donde te chocan los cromatismos de la pantalla, hay lugares comunes en dobles a propósito como con Yukiko y Sachiko, algunas muertes lucen falsas –la caída del puente- aunque otras son de amplia estética (el yakuza sobre el charco de agua), hay sabor a telenovela barata –la madre infiel confesando una hija oculta, otra progenitora enloquecida repitiendo el nombre de la hija muerta-  o hay aspectos incongruentes y repetitivos en la trama. Exhibe una sensación de imperfección notoria pero también por todo ello se luce como un filme muy libre y audaz, vastamente estrafalario y curioso dando una versión original al cruzar el río Sanzu y pasar hacia el juicio del fuego eterno.


El pueblo de los malditos (1960, Inglaterra)
Un clásico del cine de terror en toda regla, convencional, ágil y elegante, dirigido por Wolf Rilla, y que tiene un arranque espectacular y misterioso. Crea un contexto en que unos niños alienígenos han nacido intempestivamente de madres humanas pero de dudosa paternidad en un pequeño pueblo inglés llamado Midwich. Llevan cabello rubio platinado, les brillan los ojos y tienen un coeficiente mental superior al normal con poderes telepáticos, lectura de la mente e hipnotización. El filme tiene una estructura muy bien planificada y hábilmente expuesta pero le falta un aire de pavor en sus postulados ya que tiene un aire inocente e inofensivo (aun provocando muertes, muy cuidadas y sugeridas), pero como historia de aventuras es muy original y entretenido. Sobresale el actor George Sanders que como científico más que como padre de uno de los niños cree en el poder superior del intelecto pero luego se da cuenta que mal encaminado e incontrolable representa el miedo que produce lo desconocido. Hay una notoria lectura simbólica sobre la raza aria, sobre la etapa nazi, sobrevuela el temor que desató en la segunda guerra mundial y su nefasto desarrollo, que nos retrata la inteligencia al orden del mal. Se trata como un fenómeno general que compete al mundo. Es muy audaz ver a los niños temidos como si fueran una especie de monstruo de Frankenstein, y es que en ningún momento sus apariencias pequeñas se vuelven una carga para su exterminación ante el temor que desatan, hay noción de que son el enemigo y aunque ellos dicen solo defenderse no conocen la moral, tienen sus propias reglas. Es una clara revisión histórica en clave. Predominan las ideas del aislamiento y el rechazo a lo diferente. Presenciamos un filme inteligente en su profundidad y claridad aunque guarda sus elipsis, que quedan fuera sin problemas. El pueblo de los malditos es una película sumamente entretenida.



Thirst (2009, Corea del Sur)
Uno de los nombres importantes de Corea, Park Chan-wook, nos trae una historia de vampiros, con la actuación de Song Kang-ho como un padre católico que quiere sacrificar su vida por la humanidad y que termina en una vuelta de tuerca no pudiendo controlar el instinto de pecado una vez enamorado de una mujer casada que lo arrastrará a la corrupción. El cineasta surcoreano mezcla un gore implacable, de constante exposición, con el humor negro, dos rasgos muy propios del séptimo arte de este país. A su vez nos conmueve con una historia de amor en medio del salvajismo de la naturaleza. Ella pretende ser un zorro tras una gallina mientras él es un hombre con dudas existenciales. Se mezclan paradigmas, hay una lucha interna entre lo que uno representa. Se rompen límites en fondo y género, pronto se confunde el bien y el mal, las apariencias caen por falsas y sin embargo la primera muestra de afecto en la entrega de los zapatos engloba el concepto. Se trata de un filme sobre la enajenación de la pasión donde la muerte es secundaria. No espanta en absoluto aunque hay que tener un estómago fuerte, entretiene en otro nivel sin adscribirnos a un único lugar. Genera emociones encontradas entre rechazar o aceptar a la pareja protagonista y es que a fin de cuentas no hay rótulos contundentes sobre ellos, van hacia adelante y atrás pudiendo redimirse o seguir cayendo, un canto de excesos visuales grotescos en un aura de despreocupación, Thirst tiene comedia, sensibilidad, irreverencia, intensidad, muy en el estilo que tanto entusiasma a los seguidores del cine surcoreano.


Viernes 13 (1980, Estados Unidos)
Éste es uno de los slashers capitales del género, dirigido por Sean S. Cunningham, explotado hasta la extenuación, que tiene un origen de culto. Un campamento llamado Cristal Lake vuelve a abrir sus puertas a un grupo de jóvenes tras algunas muertes sin descubrir el culpable, las cuales aluden al ahogo de un niño llamado Jason Voorhees. Se habla de una maldición que no intimida a los aventureros dispuestos a divertirse y a tener sexo, y como resultado se da un despliegue implacable de desaparecidos en medio de la incomunicación mediante el ataque con objetos punzo-cortantes. Uno a uno será presa de un asesino oculto en el bosque al cual solo vemos en el desenlace. Se hace un poco inverosímil al final, sin embargo el misterio alimenta la razón de las muertes. El filme es menos visual que muchas de las otras realizaciones que vendrían después, pero en la línea de la música de identificación que antecede al pánico, los gritos, un destino firmado y un final abrupto no tiene pierde, resultando de visionado obligado. El primer Viernes 13 es una reliquia del pasado que ha perdido fuerza con el tiempo ante un embate mucho más sádico, más explícito, más detallado y más crudo dentro del avance del cine de terror pero que entraña cariño por un subgénero que se creó a su vera. Recuerda en parte a Psicosis (1960), siendo curioso que sea más una introducción en toda regla, una apuesta visionaria, que algo literal. Mantiene la invisibilidad del ejecutor, lo que le da prioridad a los asesinatos, haciendo gala del fuera de cámara, para enaltecer misterio, sorpresa e impacto, desde cada acto hasta la conclusión, mientras en el trayecto proporciona el esquema que forma las estructuras de los filmes de la saga. Está primero el tonteo de unos veraneantes jóvenes, alegres y lujuriosos (la resonancia sexual es parte ineludible), y luego una matanza paciente, de persecución en descampado, personalizada, bajo reglaje, omnipresente y de feroz culminación. Vemos entre los muchachos al actor Kevin Bacon y no es precisamente el héroe. En esencia hay una intrascendencia general, es el ambiente de los jóvenes que pagan por su libertad, dispuesto el filme para que predomine la acción, en tan solo un día. Estamos ante entretenimiento puro y duro del bueno.


Session 9 (2001, Estados Unidos)
Ésta es una película de terror psicológico, que dirige Brad Anderson (El Maquinista, 2004). Nos pone a ver los arreglos de 5 trabajadores en un manicomio abandonado. Sobresale Peter Mullan como el jefe de operaciones de la restauración que yace deprimido por problemas personales, mientras hay roces en su equipo y se descubren intereses propios. Destaca un ambiente rápidamente enrarecido y expectante, habiendo conversaciones curiosas sobre el recinto y los distintos pacientes. Prima la presión mental en el espacio habiendo una fuga con el pasado del lugar, trama que va en paralelo con otra sobre personalidad de desórdenes múltiples, de ahí proviene el nombre del filme, sobre las sesiones que tuvo un enfermo homicida con su psiquiatra que interesa a uno de los trabajadores que escucha sus grabaciones. Inquietan las voces moduladas de distinta forma en el confesor tras la hipnosis. Es una propuesta de bajo presupuesto que se ha convertido en un filme de culto y que para la crítica americana yace entre las mejores del género. Posee realmente una argumentación sencilla en medio de un lugar intimidante que apuesta al golpe en el desenlace. Le pesa un poco la fama pero genera mucha expectativa saber cómo y cuándo se va a desencadenar el terror.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Oldboy


Segunda película de la trilogía de la venganza del director surcoreano Park Chan-wook, la que es su obra más destacada, en la cual no podía faltar como se acostumbra en el cine asiático la violencia descarnada, pero se ha de agregar que su desenlace resulta de imponente audacia, con justificaciones que explican un conflicto amoral que puede herir susceptibilidades. Sucede en medio de un diabólico e implacable ajuste de cuentas que se vale del hipnotismo y de la crianza cautiva de un ser humano. Todo esto descubrirá la originalidad de Park Chan-wook, en un filme de mucha fuerza. Por más que es bastante compleja la trampa y digna de la más perfecta elucubración mental, que puede sonar demasiado increíble, cautiva sin agotar un milímetro siquiera, ya que ésta obra maestra profesa mucha adrenalina y tantos cambios de rumbo que hacen imparable el montarse en ésta realización desenfrenada y despiadada. Se trata de una vorágine que mueve a dos ángulos enfrentados bajo sus convicciones, uno tras la verdad oculta de su feroz confinamiento y otro como moviendo los hilos de un títere en que se ha convertido su víctima -y verdugo- que debe encarar la resolución de su idiosincrasia arduamente castigada a razón del refrán de la curiosidad mató al gato.

El calvario de Dae-su (Choi Min-sik), alcohólico y natural antisocial sin remordimientos, un tipo rodeado de enemigos producto de sus múltiples pecados, empieza un día frente a una cabina de teléfono. Al poco rato se verá aprisionado en un cuarto durante 15 años sin saber la razón de semejante penitencia ni quienes lo mantienen de esa manera, aunque en su celda tiene televisión y alimento, cuidado como si fuera una mascota, en buenas condiciones. Inmerso en esas cuatro paredes dedicará su tiempo a planear su desquite, envuelto en la ira más desbordada. Una noche verá la luz y empezará un nuevo nivel de tortura.

La cinta es muy dinámica con demostraciones de combates físicos descomunales, muy bien trabajados, como es costumbre en oriente, bajo una furia incontrolable, en un hacer de aspecto espontáneo que no escatima excesos y que a pesar de su siempre grotesco espectáculo no agrede nuestra sensibilidad sino la exalta con su venia. Destaca a su vez una parte psicológica sostenida, que merodea la trama; perseguido o perseguidor, en ello está el juego perfecto, los papeles se invierten constantemente. Sin embargo al final sabremos que todo es una maquinación perversa que planea enseñar la culpa dolorosamente, sin contemplaciones, mediante la experiencia.

La tesis resulta contundente, de acuerdo o no con ella no deja de ser impresionante. Pone a prueba al personaje principal, aleccionándolo en evitar asumir algo por hecho. El amor distorsionado por un lado y en otro manipulado aparece teniendo matices punibles, no obstante en la libertad del guion se permite su manejo sin tapujos ni timidez, muy por el contrario su firmeza potencia su uso. Deja lejos los veredictos condenatorios de índole moral. Uno queda sorprendido y a su vez entusiasmado con la habilidad de darle forma a esos giros tan deleznables que yacen como síntoma de una humanidad que incomoda y que subvierte las reglas de la naturaleza.

Todo el circo que impone la personalidad de vocación prepotente de Dae-su se dará de rostro con la inteligencia que prepara su trasformación, que aunque no busca ser noble predicará sobre su figura imbuyéndola de humildad. Es una inquietante manera de entablar comunicación, un escarmiento pedagógico macabro; justo quizás, si pensamos en el ojo por ojo o en la ley en nuestras manos. Endiabladamente venenoso afecta lo que en época de guerra se le hace llamar de daños colaterales, vidas humanas periféricas que no tienen culpa alguna, pero que caerán en el pozo que arrastra sus vínculos, el mal habido destino dirían algunos.

La voz en off de los pensamientos de Dae-su pretende dar la sensación de control pero eso termina siendo engañoso porque las situaciones nunca son lo que parecen, y en ese artificio yace la buena disposición de Park Chan-wook, que vacila hacia diferentes perspectivas con mano diestra. Y como no puede faltar, a la vera de la creatividad, se reiteran los acontecimientos imprevistos, una de las virtudes de ésta obra, no siendo en absoluto previsible. Frente a las explicaciones conclusivas y redondas denotamos que el director es otra mente maquiavélica en sentido que tiene su filme completamente definido, estructurado a la par de un arquitecto monumental y esa omnipotencia no hace más que retratar la máxima maestría, a través de extravagancias infaltables, acción desbocada, frases elocuentes (como “llora y llorarás sólo, ríe y el mundo reirá contigo”), comedia impúdica, una escena de sexo amplia y fundamental, escenas variopintas en el encierro y flashbacks decisivos y brutales aún en lo formal. Oldboy es un plato super apetitoso para la buena mesa cinematográfica.

jueves, 7 de julio de 2011

Simpatía por el Señor Venganza

Película del surcoreano Park Chan-wook del año 2002. Nos involucra con la temática que delinea el título sin rodeos, la venganza. Todo empieza cuando un sordomudo de nombre Ryu tiene que conseguir un donante de riñón para su hermana, pero al no obtenerlo por vía legal decide buscar en el mercado negro bajo una extraña venta, gasta todo su dinero en acceder a ésta e incluso permite que le extirpen uno, finalmente despierta sin nada y al perder su caudal monetario se deja convencer por su descocada novia de secuestrar a la hija de un empresario llamado Park Dong-jin (Song Kang-ho) que no hace mucho ha sido su jefe máximo en su antiguo trabajo de técnico de mecánica, para pedir un rescate que pueda pagar el ansiado órgano. En el trance suceden delicados imprevistos que ponen tanto al empresario como a él en rumbo de cobrarse el irreparable daño recibido que los llena de sufrimiento y un sentimiento de vacío que motiva al primero a deshacerse de todas sus adquisiciones materiales para planificar su resarcimiento emocional como al otro que no tiene nada a hacer pagar a los culpables indirectos de su perdida, cada uno por su propio camino.

Se desata desde éste lugar, partiendo de la primera parte de la cinta que es pausada y en verdad sin mucho orden lógico, un contundente estado de violencia, tan popular en el cine asiático que como de costumbre nos despertará la sed de sangre en una rocambolesca persecución mortal. Para eso no faltan algunas extravagancias, como el retrasado mental que aparece en el río cargando vistoso y exagerado un brazo bastante rígido, entrando en el contexto de forma intempestiva; la hermana enferma revolcándose en el llanto mientras sus vecinos se masturban a través de la pared pensando que está teniendo sexo salvaje; o el mismo comportamiento de Ryu, que luce en buena parte tonto e introvertido, a diferencia de su pareja Cha Yeong-mi (Doona Bae) que es una avispada socialista metida en un pequeño grupo terrorista, en la unión de la chica revoltosa con el joven pacífico y que supuestamente es noble aún convirtiéndose en criminal.

En la trama Ryu y Cha Yeong-mi son de situación humilde, ella suele renegar de su condición pero manteniendo una alegría desbordada como parte de su personalidad y siente como su ideología le guía en la consigna de que el mundo es totalmente injusto con algunas personas como ellos, para eso mueve semejante a un títere a su compañero que actúa con frialdad natural sin un enojo demasiado palpable sino casi como un autómata. El personaje de Song Kang-ho por su lado está destrozado y lo transmite sin rubor, perpetra su ajuste de cuentas con todo sentido del deber, siente que es lo correcto, tomando el asunto en sus manos con un inverosímil control de sus impulsos, parece un experto en asesinar, lo que no guarda un sentido coherente que lo respalde como tampoco a Ryu, ya que ambos son máquinas de matar sin tener nociones de ello, aparentemente sus deseos los han instruido en el arte del homicidio sin remordimientos, lo cual lo hace ver demasiado simple. Y en eso consiste el relato, en entretenernos, sin que hagamos muchas preguntas inquisitivas ni que la propuesta pretenda la habilidad de darnos respuestas, sino que sucede y punto, no hay vueltas que darle.

En efecto no cuestionamos el guión porque éstas cintas contienen una cierta magia para hacer aceptable lo impensable, como que nos ponemos primitivos con la brutalidad visual y quizás lleguemos a comprender los comportamientos desquiciados que en apariencia son consentidos como normales pero desde luego que no lo son. En toda la película subyace una discreta crítica sobre la pobreza económica en un país capitalista aunque en un momento sarcásticamente Cha Yeong-mi cante una canción contra la Corea comunista y a favor de la democracia.

La primera parte de la película es algo confusa pero luego se aclara ensayando buenas explicaciones ante las ambigüedades, como que arranca sin ton ni son y luego recompone esa primera estructura desordenada, mezclada y particular. La segunda mitad recalcamos es una medida carnicería de buena mano que exhibe una factura rara y sensacionalista, la meta es cazar a nuestros enemigos. La revancha alcanza a todo el universo fílmico hasta convertirse en algo que encuentra su propia personificación en la trasformación de los personajes principales, muy bien definido el argumento en el rotulo que enmarca la realización. Al final una supuesta mentira resulta verdad y cierra el ciclo propio de la parca no admitiendo tregua alguna para el espectador que si sabe que esperar se sentirá agradecido.