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domingo, 23 de febrero de 2025
Decision to leave
Decision
to leave es un muy buen noir al estilo coreano, de la mano de la magia del talentoso
Park Chan wook. Tiene una parafernalia cómica que acompaña en una primera parte
y poco a poco la propuesta se va poniendo seria, como suelen hacer el cine en
Corea. De ésta misma manera mezclan cierta pequeña extravagancia expresiva que
recorre toda la narrativa, que te pone fuera –un poco, pero entendiendo sin
problemas la película- de las convenciones y presenta novedad en la forma de
relatar o ver. La historia es sobre una asesina que se enamora del detective
que la investiga, como en Bajos instintos (1992). La asesina la interpreta la
hermosa actriz china Tang Wei que hace justamente de su nacionalidad origen. En
la historia ella era mantenida como trofeo por un marido millonario, pero
pronto, como sueño húmedo feminista, el hombre caerá de una montaña señalándosele
un suicidio. Es así que el detective de policía Hae-jun (Park Hae-il) quedará
prendado desde el inicio de la sospechosa. El primer interrogatorio tiene un
leve toque a lo Wes Anderson. Además, Seo-rae (Tang Wei) es inteligente y se nota
en las conversaciones que sostiene con él. Ella autodefine su universo mencionando
a Confucio (y la montaña y el mar acompañaran todo el filme), la película se
mantiene en el uso de referencias asiáticas, lo cual es un acierto, proponer la
propia personalidad dentro de un paquete que puede coger cualquiera. El filme
se convierte en uno de romance dentro de un noir. Ella es una femme fatale.
Seo-rae se nota siempre naturalmente perspicaz, quien habla mucho con la
mirada, detrás de su belleza, la belleza madura de una mujer de 45 años.
Hae-jun está enamorado de su trabajo como policía, pero Seo-rae lo volverá
loco, la fémina se transformará en su prioridad mental, aunque algo siempre los
separa y él mantiene las formas, lucha por cumplir con sus deberes y sus
compromisos. Cuando finalmente confiesa que la ama, lo expresa indirectamente,
con un acto que va por encima de su orgullo como policía, profesión que es la
que siempre lo ha obsesionado, aun cuando teme hallar crímenes donde haya mucha
sangre (y hasta esos detalles los recordará Seo-rae). Ella, producto de su alta
capacidad intelectual, capta la declaración, como poca gente lo haría. El
detective está casado hace más de una década. Su esposa, que muestra su
personalidad, no es un ente de adorno, le propone tener sexo una vez por
semana, aun cuando se lleguen a odiar, hacerlo un pacto. Hae-jun en un momento
pone su vida en manos de la femme fatale, se entrega a su amor tanto que él
mismo deja de importar. Muchas circunstancias particulares llevan a que pasen
asesinatos que se van descubriendo despacio y sus justificaciones son curiosas
en sí (tanto que pareciera que se dijera que matar muchas veces tiene sentido,
si bien esto te lleva a la autodestrucción), puesto que es una película de
misterio e investigación, la que tiene su complejidad, siendo el detonante cómo
es tratada la mujer, cómo percibe el mundo. El crimen está fuertemente ligado
al romance. El detective He-jun tiene una personalidad difícil, pelea consigo
mismo, e igualmente es muy inteligente. Así lo vemos movilizando la pantalla colocando
escenas (con él como vigilante y fantasma) que brotan de su mente, similar a El
Aura (2005). Es una película un poco intrincada de seguir en su figura de
especificar los crímenes, hay mucho celular de por medio, pero así mismo está
la obra expuesta con la típica intensidad, locura, de los poderosos y famosos
thrillers coreanos, por lo que no falta la violencia y los exabruptos, los
matones primitivos como salidos del anime. Es una película que rompe un poco
con lo común al poner los crímenes bajo la lupa de la potente pasión afectiva.
Es verdad que esto se suele percibir en montón de filmes, sólo que de la misma
manera a menudo como apunte superficial, mientras que aquí está ensamblado
dentro de una argumentación sólida, como una gran narrativa noir a ese eje. El
relato aunque algo intrincado nunca deja de ser fresco, de sentirse vivo,
intenso, con su espolvoreo de extravagancia sostenida. La relación entre la
china y el policía insomne tiene mucho atractivo, y no es algo usual, que se
percibe desde lo sexual, sino es a través de un quehacer romántico, dentro de
lo clásico y poético, aunque maldito. Ambos son capaces de romper toda regla por
el otro. Hasta el final no faltan las pruebas de amor.
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Tang Wei
miércoles, 21 de septiembre de 2016
The Handmaiden (Ah-ga-ssi)
Encontrarse con esta película es encontrarse con la
sofisticación, el portento coreano Park Chan-wook vuelve a la ruta de los
grandes con este filme, tras fallar con Stoker (2013). Este se divide en tres
partes. La primera es desde el enfoque de la nueva criada personal de una mujer privilegiada, llamada Sook-Hee (la
novel pero muy prometedora Kim Tae-ri), una carterista de pocos recursos económicos
y una familia a cuestas contratada para que un falso Conde, Fujiwara (el
talentoso Ha Jung-woo) se haga con la fortuna que heredará Lady Hideko (otro
puntal de talento, Kim Min-hee). El enfoque muestra todo un plan siniestro,
mientras en medio están las perversiones de los juegos sexuales del tío Kouzuki,
que supuestamente debería de cuidar de Hideko y más bien la viene maltratando
desde niña, además de que también aspira a quedarse con su fortuna. Luego de un
imponente despliegue de seducciones y acondicionamientos que incluyen el amor
en el lesbianismo, mediante un conseguido y laborioso erotismo (tomando en cuenta que Park Chan-wook es un maestro de la
estética), surge un segundo enfoque y giro narrativo, la historia se
complementa, se contrasta y se corrompe, he ahí la admirable sofisticación del
filme que nada tiene que envidiar a la literatura (que, sea dicho de paso, adapta
Fingersmith, de Sarah Waters, novela publicada el 2002), en la bisagra entre
las dos historias contadas desde una cabeza distinta. El segundo enfoque lo
provee Lady Hideko, e inserta un nuevo plan siniestro, siempre tras quien se
quedará con la fortuna a heredar, sumado al manejo y el escape de las garras de
los tramposos y aprovechados. Lady Hideko hace de mujer inocente y de arpía. El
filme se sostiene no solo por la ambición desmedida y el arribismo dentro de las
esferas de la opulencia y el refinamiento que esconde la vulgaridad y lo
ramplón de sus criaturas disfrazadas, sino
de la misma forma del amor que lo puede todo, para lo que en una trama
ambientada en 1930 hace uso de cierta revolución sexual. La tercera parte une
cabos, define las dos vertientes y a sus acompañantes, da algunos giros, en el
que es un filme que maneja los ángulos perfectamente, como posibles
conclusiones, y nuevamente es admirable ver que todo queda muy bien
interrelacionado sin que el panorama se vea absurdo o incongruente, en lo que
es asistir a una continua sorpresa tras otra. La tercera parte también
aunque cumple su cometido decae un poco y termina dándoles fin a cada personaje
de forma cumplidora y poco afín a la complejidad que ha desarrollado previamente,
pero no podemos ser mezquinos y lapidar el filme por algo tan pequeño que
tampoco es el mal, porque el filme es realmente grandioso.
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lunes, 10 de junio de 2013
Stoker
La primera incursión de uno de los grandes directores
coreanos, Park Chan-wook, en Estados Unidos ha dado como resultado la presente.
Que nos recuerda un poco lejanamente a La sombra de una duda (1943) de Alfred
Hitchcock, sin embargo hay que decir que la obra del británico es muy superior,
y me duele admitirlo porque soy fanático del cine coreano moderno, aunque mucho
también del maestro del suspenso, pero lo que hace el famoso director de Oldboy (2003) es bastante simple e inferior fuera de las apariencias, denotando muy poca
sustancia y muchos errores, en pocas palabras es un bluf. No es todo lo interesante
que si es la de Hitch que aunque subyace en su constante inocencia y apertura, tiene
algunos ratos de antipatía, diálogos explicativos varias veces molestos, es
notoriamente toda una obra maestra del séptimo arte, con un Joseph Cotten
haciendo lo que a Cary Grant no le estaba sido permitido, y seguramente fue
porque es un actor menos carismático y menos estrella, sin embargo su entrega y
disposición no hacen más que alabarlo y darle un mejor lugar en nuestro
recuerdo. Junto a una Teresa Wright que como se solía ser, era toda una señorita,
una dama, madura pero dulce, simple y familiar, aparte de bella (tanto como
deseable sin esforzarse) y común a muchas, guardando esas formas que
naturalmente la hacían tan idónea con su personaje.
Ver a Mia Wasikowska también ha sido un deleite de alta
categoría en aspectos más típicos a nuestros tiempos, con una personificación
muy destacable (su solvencia como actriz es irrefutable y mucho se debe a que
no sea todo lo grande que parece ser a que sus elecciones cinematográficas no
suelen ser tan atractivas o son secundarias), como una chica con muchos
conflictos internos, que por fuera como es normal ante ello se muestra extraña,
defensiva, y es captada de esa manera, aunque es muy inteligente y segura de sí.
Puede ser capaz como dice en un rato de celos de abrir una puerta nueva a su
personalidad y en ese lapso deparar un momento inolvidable a otra persona. Ella
está pasando por el trance de convertirse en una mujer –al punto de competir
con su madre- en medio de la muerte violenta de su padre, el egoísmo, egocentrismo
y anhelo de deseos de su hermosa progenitora (también muy destacable Nicole
Kidman que se asume en un papel más de cartón que complejo pero que sus gestos
de delicadeza, esnobismo y vanidad la hacen digna de mención, aunque por detrás
de una Wasikowska que es demasiado dominante en cuanto a talento e historia) y
la interrelación de un nuevo modelo en su solitaria existencia, su tío Charlie que
acaba de regresar y meterse en sus vidas (Matthew Goode, que lo hace bien en un
papel de lujo para alguien muy desconocido, pero que no es finalmente tan
atractivo en el guion y se queda en una figura de monótona expresión que
termina cansando).
Park Chan-wook hace de un filme que en realidad es muy
comercial en cuanto a su historia algo más elaborado, le proporciona morosidad,
calma, lo reviste de la elegancia de antaño. Complejiza la forma, la ennoblece
y la disfraza con su estética, que tiene un aire vintage delicado, de colores
opacos y oscuros. Nos pone en un “anacronismo” aceptado, en un lugar de clase
alta culta y refinada de un pueblo americano. Envolviéndonos bajo su toma
técnica y audaz, en sus detalles y en una personalidad que recubre el ambiente.
Como si nuestros rasgos trataran de
salvar y transformar lo que parece destinado a no ser importante.
El problema es que no abundan los aciertos en la historia, e
incluso la exageración propia de la contemporaneidad, el mismo Park Chan-wook y
el cine de su país terminan siendo incongruentes con la elegancia e intelectualidad
que antes ha estado trabajando. El nuevo toque pesa en contra y no es ingenioso,
hasta desdibujar el elogioso precedente. Abarata el logro y muestra tal cual al
relato. Ya por entonces todo está perdido, y solo queda la belleza de la sangre
sobre las flores. La estética de Park Chan-wook.
Dentro de lo positivo funciona durante un tiempo correcto el halo de misterio del relato y la hazaña de develarlo rápidamente gana puntos a favor ya que es irrelevante oliéndose a metros. Funciona en lo necesario sacándole el debido provecho. Luego el resto de lo que se guarda en secreto no es una revelación que sea atractiva sino muy ordinaria y manida, no obstante la mano del coreano en la manera de visualizarlo es la que vuelve a hacer algo mejor de lo que es en sí. Lástima que nuevamente el guion sea tan poca cosa y el querer ser original a través de este termine siendo tan vacío. Asunto que cobra la factura al conjunto que no teniendo una base jugosa representa una continua desilusión tras otra. La sorpresa falla cada vez que aparece, por superficial y no tener asidero argumental. Solamente India (Mia Wasikowska) sobresale al respecto, con cierta forma y valor que relacionada a una perversidad que parecía prometer a través del tío Charlie crea una expectativa que se diluye hasta pasar desapercibida.
Volviendo a lo negativo, los crímenes caen mayormente en ser
algo absurdos y poco impactantes, salvando uno predecible pero inteligente en
el recuerdo de la arena en donde juega el hermano pequeño, y algún otro parcialmente
logrado. El filme nos hace recordar un
poco las de Psycho, el hallazgo en la heladera, el pasado en el manicomio o la sonrisa
de Goode en comparación a la de Anthony Perkins junto con un pasaje donde a este
se le percibe con mucha inseguridad, la que más tarde le abandonará por una personalidad
nueva (radicalmente distinta a la de Norman Bates, digamos de paso, ya que lo
hemos mencionado). Seductora y firme. Que deparará la lección y admiración del alumno hacia el
maestro. El tolerante “somos familia, no importa querernos”, leitmotiv de toda
la película, quedará de lado por un apasionamiento, aunque apuntando que no sobreviven muchos instantes en la memoria; los que brillan en su
inducción a través de las cualidades del último tío Charlie, de quien nos
preguntamos ¿de dónde provienen? Pero ya que hemos
mencionado a Hitchcock, debemos de refrendarlo diciendo que él no creía en esas
preguntas de verosimilitud sino en preocuparse solo por el entretenimiento. Que hay que decir que la presente tiene lo suyo solo que no resiste una crítica aguda.
Tratar de darle un background asesino a la historia a través
de la caza o la taxidermia queda muy suelto, artificial e insustancial, tanto
como no darle motivos a otro personaje. Escenas como la sensualidad de la
imaginación en la pieza apasionada en el piano aportan un sentido que pudo caerle
mucho mejor a la trama si lo hubieran explotado y direccionado más y con mayor
ingenio, como no pasa visualmente en el orgasmo en la ducha tras la excitación homicida,
una buena idea no conseguida en toda su magnitud. Sumando simbolismos desafortunados,
como el del rifle o la correa, mientras alguno como el de los zapatos de taco
alto aunque obvio, es atrevido, honesto y resulta atractivo. Estamos ante un Park Chan –wook desperdiciado, al observar su estética y la forma que ha labrado delicadamente –como muestra tenemos la intervención repetida de las
arañas, una especie de simbolización de posesión o envenenamiento-, y
no en su mejor intervención por un guion y una historia bastante mala. Esperemos
regrese con algo mejor. Desde aquí creemos que nadie lo tiene seguro, mucho menos si se es atrevido,
e ir a trabajar a Estados Unidos siempre lo es. Pero desde ya es un tipo
de condecoración, aunque muchas veces –creo, mayormente- termine
siendo el producto una decepción.
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drama,
misterio,
Park Chan-wook,
séptimo arte,
thriller
miércoles, 31 de octubre de 2012
Halloween Maratón 2012
Alexandre Aja nos dio éste filme gore con la actriz Cecile
de France, una de sus mejores películas para ella, y su punto más alto para él
que lo hiciera famoso en el género. Éste es un filme que guarda 20 minutos finales
inconmensurables en que da un giro sorprendente a un nuevo subgénero de terror.
Nunca podrán separarnos es la frase que define la trama, mezcla de violencia y sexo,
sadismo, excitación, desmedido afán de posesión. Es un slasher despiadado que
hasta inventa un arma en un garrote con alambre de púas. Un asesino en serie
que persigue mujeres llega en su camioneta a una casa descampada en el campo,
toca la puerta y empieza a matar, en el lugar en que dos mejores amigas van a
visitar a la familia de una de ellas. Sobresaliente protagonismo de la dupla de
actores en dos caracteres enfrentados, de France y Philippe Nahon. Éste último
yace en un tipo vulgar vestido con overol, botas de minero y gorra de
béisbol. Da la imagen de fuerza y salvajismo que se espera de alguien
desquiciado pero frío y engañosamente ecuánime. Ella parece una heroína salida
de Prueba de muerte (2007). Destaca un tercer personaje, Alexia (Maiwenn), reducida a escombros en un aire de áspero
e implacable desasosiego, bajo una humillación extrema que parece una muestra
demencial y moderna de esclavitud. Se trata de un filme directo, rudo, sencillo, de pocos
diálogos, muy fácil de digerir, salvando la exposición descarnada y trepidante. Es una película entretenida. Tiene un excelente despliegue de ocultamiento, escape y contraataque.
El páramo (2011, Colombia)
Estamos ante un filme de mucho suspenso en que nueve comandos del
ejército colombiano llegan a un puesto militar abandonado que parece haber sido
atacado por la guerrilla en un páramo. Una vez en el lugar encuentran una extraña
sobreviviente de aspecto degradado y atemorizador tras un muro que advierte el
temor por algo sobrenatural. En adelante cunde el miedo, el desorden y la
muerte. Es un filme en que el director Jaime Osorio Márquez ha sabido brindar
justificación para generar realismo en la progresiva eliminación de los
soldados, hay creatividad y ambigüedad en lo que acontece. Existe un ritmo que
mantiene tensión en un clima de sorpresas en medio de sombras, de neblina, de
oscuridad, mientras surte efecto el generar un background paranormal, pagano y
supersticioso. ¿Es un karma el que están pagando? Parece la pesadilla de algún
militar que ha cometido crímenes en la facultad que creen tener en la guerra.
Ayuda mucho la atmósfera que se vive, el carácter de misterio, de abandono, de
estar aislados, en un lugar destinado al envilecimiento, a los temores, a los
excesos, a la sobrevivencia. El enemigo resulta muy natural habiendo un audaz
juego de expectación, gracias a algunos artilugios claves. Se rompen los
elementos que definen las fuerzas armadas, disciplina y sentido de grupo. También
hay mucho contexto con sangre y cadáveres, mientras hay una normalización de
los militares. El temor se vive en otro nivel de pensamiento, los efectos
visuales están en el entorno más que en los protagonistas. Resulta un juego
mental bastante interesante.
Livide (2011, Francia)
El presente es un filme que apela a los miedos más viscerales, dentro de un
aire de deja vu, de estar ante algo visto pero mezclado para que se vea
original. No logra adjudicarse una trama ingeniosa aunque creando sobresaltos
primarios es donde está su fuerte y por ende la recomendación. Inquietan las
cruces en el cementerio, la desaparición de varios niños, el encierro en la
mansión, el perderse en el interior, los fetos enfrascados, los juguetes
moviéndose, las muñecas de porcelana rotas, la taxidermia, el aire clásico en el
inmobiliario, una muñeca humana que parece estar embalsamada y eso es solo el
comienzo ya que el misterio aguarda. Los directores galos Alexandre Bustillo y Julien Maury ponen a
tres muchachos de la clase trabajadora a buscar un tesoro en una vieja casona
donde hay una anciana en coma postrada en la cama con una llave desconocida. Van a un lugar tenebroso que pronto les hará arrepentirse de haber entrado.
La casa muda (2010, Uruguay)
Una muchacha que va con su padre a reparar una casa de campo
entra en pánico y en shock cuando descubre que en la vieja casona hay un
criminal, anticipándose a enfrentar un antagonista, como a su vez a la muerte.
En medio de la noche con un farol en la mano recorre el inmobiliario
descubriéndose que guarda una relación oscura, sexual y trágica en relación a ella en que
una pérdida subyuga su pensamiento. Éste es un filme un poco tramposo descubriéndonos
quien está detrás de las muertes, que tiene más lógica si se puede ver como que no es lineal lo que observamos (pegado a lo surreal), pero como parece seguir el tiempo real (salvo que sea solo una técnica), entonces se nos esconden y dificultan muchos detalles. La película consta de una única larga toma en que se va hurgando en el lugar al
pasar de un aposento a otro. Es una historia de suspenso en que el espacio
desconocido se va abriendo al espectador y a su caminante, donde la luz nos va
guiando presagiando lo inesperado en cualquier momento. La propuesta tiene un toque enigmático, se basa en un caso de hechos reales que no se ha resuelto. Es un filme
muy bien dirigido que economiza sus recursos pero los magnífica en la trama, se
van haciendo claves en el detalle. Es sugerente poniendo el miedo en la sensación
de peligro y misterio del ambiente. Parece muy convencional pero su forma de
poner algunos toques paranormales y psicológicos le da un alcance múltiple,
mayor. Se ve visualmente sencillo y minimalista el trabajo del director Gustavo Hernández pero aun así tiene una trama en parte críptica. Dosifica muy bien el
tiempo sin repetirse, una virtud viéndose que todo gira en el interior de una
casa, por sus rincones, habitaciones y pasajes, como el título nos refiere, una lugar que
guarda muchos secretos. Florencia Colucci se mantiene gritando, asustada, llorando, lo
que crea una atmósfera de inquietud constante. Hay una iluminación base
que hace tenebroso y mínimo lo que se observa al andar. Tenemos entre manos una apuesta muy
inteligente en su estructura, que sabe construir un filme con precisión formal en lo visual aunque coqueteando con la ambigüedad de su historia, con el misterio y los secretos. No tiene mucha sangre ni grandes efectos especiales, pero genera un potente y notable estado de alerta.
Jigoku (1960, Japón)
Clásico de culto de tierras niponas que ha servido como
inspiración a otros cineastas, perteneciente a Nobuo Nakagawa. Es una propuesta
extravagante, personal, excesiva, una revisión budista en donde podemos ver fácilmente
emulada La Divina Comedia, el infierno de Dante. Un hombre correcto se deja
influenciar por un amigo –un Mefistófeles asiático cínico, teatral y burlón- y
pronto entra en una carrera de pecado que incluye el asesinato. Tras la figura
de alguien bondadoso pero manipulable afloran graves faltas que son provocadas
sin intención, éste se rodea de mucho drama y una flagrante mala suerte, y es que
parece la humanidad destinada al infierno (rige la frase de quien esté libre de
pecado que tire la primera piedra), una mundanidad afectada al interés de
exaltar el defecto humano. Tiene entre varias particularidades que en la
segunda parte no existe casi trama, se llena de una visualidad abrumadora,
cundiendo el terror de un sadismo naif. Es una película donde nadie se salva del
castigo, doctores de mala práctica profesional interesados en el dinero,
policías y periodistas corruptos, militares fratricidas, adúlteros, alcohólicos,
promiscuas, suicidas que caen presas de un mundo ultra terrenal en que se
dedican a sufrir y nosotros literalmente a observarlo. En ese submundo el
protagonista principal busca salvar a su bebé mientras atraviesa los 8 círculos
del infierno. Es una película de rasgos muy de cine B donde te chocan los
cromatismos de la pantalla, hay lugares comunes en dobles a propósito como con
Yukiko y Sachiko, algunas muertes lucen falsas –la caída del puente- aunque
otras son de amplia estética (el yakuza sobre el charco de agua), hay sabor a
telenovela barata –la madre infiel confesando una hija oculta, otra progenitora
enloquecida repitiendo el nombre de la hija muerta- o hay aspectos incongruentes y repetitivos en
la trama. Exhibe una sensación de imperfección notoria pero también por todo ello se
luce como un filme muy libre y audaz, vastamente estrafalario y curioso dando una
versión original al cruzar el río Sanzu y pasar hacia el juicio del fuego
eterno.
El pueblo de los malditos (1960, Inglaterra)
Un clásico del cine de terror en toda regla, convencional, ágil
y elegante, dirigido por Wolf Rilla, y que tiene un arranque espectacular y
misterioso. Crea un contexto en que unos niños alienígenos han nacido
intempestivamente de madres humanas pero de dudosa paternidad en un pequeño
pueblo inglés llamado Midwich. Llevan cabello rubio platinado, les brillan los
ojos y tienen un coeficiente mental superior al normal con poderes telepáticos,
lectura de la mente e hipnotización. El filme tiene una estructura muy bien
planificada y hábilmente expuesta pero le falta un aire de pavor en sus
postulados ya que tiene un aire inocente e inofensivo (aun provocando muertes,
muy cuidadas y sugeridas), pero como historia de aventuras es muy original y
entretenido. Sobresale el actor George Sanders que como científico más que como
padre de uno de los niños cree en el poder superior del intelecto pero luego se
da cuenta que mal encaminado e incontrolable representa el miedo que produce lo
desconocido. Hay una notoria lectura simbólica sobre la raza aria, sobre la etapa
nazi, sobrevuela el temor que desató en la segunda guerra mundial y su nefasto
desarrollo, que nos retrata la inteligencia al orden del mal. Se trata como un
fenómeno general que compete al mundo. Es muy audaz ver a los niños temidos
como si fueran una especie de monstruo de Frankenstein, y es que en ningún
momento sus apariencias pequeñas se vuelven una carga para su exterminación ante
el temor que desatan, hay noción de que son el enemigo y aunque ellos dicen
solo defenderse no conocen la moral, tienen sus propias reglas. Es una clara
revisión histórica en clave. Predominan las ideas del aislamiento y el rechazo
a lo diferente. Presenciamos un filme inteligente en su profundidad y claridad aunque guarda sus elipsis, que quedan fuera sin problemas. El pueblo de los malditos es una película sumamente entretenida.
Thirst (2009, Corea del Sur)
Uno de los nombres importantes de Corea, Park Chan-wook, nos trae una historia de vampiros, con la actuación de Song Kang-ho como un
padre católico que quiere sacrificar su vida por la humanidad y que termina en
una vuelta de tuerca no pudiendo controlar el instinto de pecado una vez
enamorado de una mujer casada que lo arrastrará a la corrupción. El cineasta
surcoreano mezcla un gore implacable, de constante exposición, con el humor
negro, dos rasgos muy propios del séptimo arte de este país. A su vez nos
conmueve con una historia de amor en medio del salvajismo de la naturaleza.
Ella pretende ser un zorro tras una gallina mientras él es un hombre con dudas
existenciales. Se mezclan paradigmas, hay una lucha interna entre lo que uno
representa. Se rompen límites en fondo y género, pronto se confunde el bien y
el mal, las apariencias caen por falsas y sin embargo la primera muestra de
afecto en la entrega de los zapatos engloba el concepto. Se trata de un filme sobre la
enajenación de la pasión donde la muerte es secundaria. No espanta en absoluto
aunque hay que tener un estómago fuerte, entretiene en otro nivel sin
adscribirnos a un único lugar. Genera emociones encontradas entre rechazar o
aceptar a la pareja protagonista y es que a fin de cuentas no hay rótulos contundentes
sobre ellos, van hacia adelante y atrás pudiendo redimirse o seguir cayendo, un
canto de excesos visuales grotescos en un aura de despreocupación, Thirst tiene comedia,
sensibilidad, irreverencia, intensidad, muy en el estilo que tanto entusiasma a
los seguidores del cine surcoreano.
Viernes 13 (1980, Estados Unidos)
Éste es uno de los slashers capitales del género, dirigido por Sean S. Cunningham, explotado hasta la
extenuación, que tiene un origen de culto. Un campamento llamado Cristal Lake
vuelve a abrir sus puertas a un grupo de jóvenes tras algunas muertes sin
descubrir el culpable, las cuales aluden al ahogo de un niño llamado Jason
Voorhees. Se habla de una maldición que no intimida a los aventureros
dispuestos a divertirse y a tener sexo, y como resultado se da un despliegue
implacable de desaparecidos en medio de la incomunicación mediante el ataque
con objetos punzo-cortantes. Uno a uno será presa de un asesino oculto en el
bosque al cual solo vemos en el desenlace. Se hace un poco inverosímil al
final, sin embargo el misterio alimenta la razón de las muertes. El filme es menos
visual que muchas de las otras realizaciones que vendrían después, pero en la
línea de la música de identificación que antecede al pánico, los gritos, un
destino firmado y un final abrupto no tiene pierde, resultando de visionado
obligado. El primer Viernes 13 es una reliquia del pasado que ha perdido fuerza con el tiempo ante un
embate mucho más sádico, más explícito, más detallado y más crudo dentro del avance
del cine de terror pero que entraña cariño por un subgénero que se creó a su
vera. Recuerda en parte a Psicosis (1960), siendo curioso que sea más una
introducción en toda regla, una apuesta visionaria, que algo literal. Mantiene la
invisibilidad del ejecutor, lo que le da prioridad a los asesinatos, haciendo gala del fuera de
cámara, para enaltecer misterio, sorpresa e impacto, desde cada acto hasta la conclusión, mientras en el trayecto proporciona el esquema que forma
las estructuras de los filmes de la saga. Está primero el tonteo de unos
veraneantes jóvenes, alegres y lujuriosos (la resonancia sexual es parte
ineludible), y luego una matanza paciente, de persecución en descampado,
personalizada, bajo reglaje, omnipresente y de feroz culminación. Vemos entre los muchachos al actor Kevin Bacon y
no es precisamente el héroe. En esencia hay una intrascendencia general, es el
ambiente de los jóvenes que pagan por su libertad, dispuesto el filme para que predomine la acción, en tan solo un día. Estamos ante entretenimiento puro y duro del bueno.
Session 9 (2001, Estados Unidos)
Ésta es una película de terror psicológico, que dirige Brad Anderson (El Maquinista, 2004). Nos pone a ver los arreglos de 5 trabajadores en un manicomio abandonado. Sobresale
Peter Mullan como el jefe de operaciones de la restauración que yace deprimido
por problemas personales, mientras hay roces en su equipo y se descubren intereses
propios. Destaca un ambiente rápidamente enrarecido y expectante, habiendo conversaciones
curiosas sobre el recinto y los distintos pacientes. Prima la presión mental en
el espacio habiendo una fuga con el pasado del lugar, trama que va en paralelo
con otra sobre personalidad de desórdenes múltiples, de ahí proviene el nombre
del filme, sobre las sesiones que tuvo un enfermo homicida con su psiquiatra que
interesa a uno de los trabajadores que escucha sus grabaciones. Inquietan las voces
moduladas de distinta forma en el confesor tras la hipnosis. Es una propuesta de
bajo presupuesto que se ha convertido en un filme de culto y que para la
crítica americana yace entre las mejores del género. Posee realmente una
argumentación sencilla en medio de un lugar intimidante que apuesta
al golpe en el desenlace. Le pesa un poco la fama pero genera mucha expectativa
saber cómo y cuándo se va a desencadenar el terror.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Oldboy
El calvario de Dae-su (Choi Min-sik), alcohólico y natural antisocial sin remordimientos, un tipo rodeado de enemigos producto de sus múltiples pecados, empieza un día frente a una cabina de teléfono. Al poco rato se verá aprisionado en un cuarto durante 15 años sin saber la razón de semejante penitencia ni quienes lo mantienen de esa manera, aunque en su celda tiene televisión y alimento, cuidado como si fuera una mascota, en buenas condiciones. Inmerso en esas cuatro paredes dedicará su tiempo a planear su desquite, envuelto en la ira más desbordada. Una noche verá la luz y empezará un nuevo nivel de tortura.
La cinta es muy dinámica con demostraciones de combates físicos descomunales, muy bien trabajados, como es costumbre en oriente, bajo una furia incontrolable, en un hacer de aspecto espontáneo que no escatima excesos y que a pesar de su siempre grotesco espectáculo no agrede nuestra sensibilidad sino la exalta con su venia. Destaca a su vez una parte psicológica sostenida, que merodea la trama; perseguido o perseguidor, en ello está el juego perfecto, los papeles se invierten constantemente. Sin embargo al final sabremos que todo es una maquinación perversa que planea enseñar la culpa dolorosamente, sin contemplaciones, mediante la experiencia.
La tesis resulta contundente, de acuerdo o no con ella no deja de ser impresionante. Pone a prueba al personaje principal, aleccionándolo en evitar asumir algo por hecho. El amor distorsionado por un lado y en otro manipulado aparece teniendo matices punibles, no obstante en la libertad del guion se permite su manejo sin tapujos ni timidez, muy por el contrario su firmeza potencia su uso. Deja lejos los veredictos condenatorios de índole moral. Uno queda sorprendido y a su vez entusiasmado con la habilidad de darle forma a esos giros tan deleznables que yacen como síntoma de una humanidad que incomoda y que subvierte las reglas de la naturaleza.
Todo el circo que impone la personalidad de vocación prepotente de Dae-su se dará de rostro con la inteligencia que prepara su trasformación, que aunque no busca ser noble predicará sobre su figura imbuyéndola de humildad. Es una inquietante manera de entablar comunicación, un escarmiento pedagógico macabro; justo quizás, si pensamos en el ojo por ojo o en la ley en nuestras manos. Endiabladamente venenoso afecta lo que en época de guerra se le hace llamar de daños colaterales, vidas humanas periféricas que no tienen culpa alguna, pero que caerán en el pozo que arrastra sus vínculos, el mal habido destino dirían algunos.
La voz en off de los pensamientos de Dae-su pretende dar la sensación de control pero eso termina siendo engañoso porque las situaciones nunca son lo que parecen, y en ese artificio yace la buena disposición de Park Chan-wook, que vacila hacia diferentes perspectivas con mano diestra. Y como no puede faltar, a la vera de la creatividad, se reiteran los acontecimientos imprevistos, una de las virtudes de ésta obra, no siendo en absoluto previsible. Frente a las explicaciones conclusivas y redondas denotamos que el director es otra mente maquiavélica en sentido que tiene su filme completamente definido, estructurado a la par de un arquitecto monumental y esa omnipotencia no hace más que retratar la máxima maestría, a través de extravagancias infaltables, acción desbocada, frases elocuentes (como “llora y llorarás sólo, ríe y el mundo reirá contigo”), comedia impúdica, una escena de sexo amplia y fundamental, escenas variopintas en el encierro y flashbacks decisivos y brutales aún en lo formal. Oldboy es un plato super apetitoso para la buena mesa cinematográfica.
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jueves, 7 de julio de 2011
Simpatía por el Señor Venganza
Se desata desde éste lugar, partiendo de la primera parte de la cinta que es pausada y en verdad sin mucho orden lógico, un contundente estado de violencia, tan popular en el cine asiático que como de costumbre nos despertará la sed de sangre en una rocambolesca persecución mortal. Para eso no faltan algunas extravagancias, como el retrasado mental que aparece en el río cargando vistoso y exagerado un brazo bastante rígido, entrando en el contexto de forma intempestiva; la hermana enferma revolcándose en el llanto mientras sus vecinos se masturban a través de la pared pensando que está teniendo sexo salvaje; o el mismo comportamiento de Ryu, que luce en buena parte tonto e introvertido, a diferencia de su pareja Cha Yeong-mi (Doona Bae) que es una avispada socialista metida en un pequeño grupo terrorista, en la unión de la chica revoltosa con el joven pacífico y que supuestamente es noble aún convirtiéndose en criminal.
En la trama Ryu y Cha Yeong-mi son de situación humilde, ella suele renegar de su condición pero manteniendo una alegría desbordada como parte de su personalidad y siente como su ideología le guía en la consigna de que el mundo es totalmente injusto con algunas personas como ellos, para eso mueve semejante a un títere a su compañero que actúa con frialdad natural sin un enojo demasiado palpable sino casi como un autómata. El personaje de Song Kang-ho por su lado está destrozado y lo transmite sin rubor, perpetra su ajuste de cuentas con todo sentido del deber, siente que es lo correcto, tomando el asunto en sus manos con un inverosímil control de sus impulsos, parece un experto en asesinar, lo que no guarda un sentido coherente que lo respalde como tampoco a Ryu, ya que ambos son máquinas de matar sin tener nociones de ello, aparentemente sus deseos los han instruido en el arte del homicidio sin remordimientos, lo cual lo hace ver demasiado simple. Y en eso consiste el relato, en entretenernos, sin que hagamos muchas preguntas inquisitivas ni que la propuesta pretenda la habilidad de darnos respuestas, sino que sucede y punto, no hay vueltas que darle.
En efecto no cuestionamos el guión porque éstas cintas contienen una cierta magia para hacer aceptable lo impensable, como que nos ponemos primitivos con la brutalidad visual y quizás lleguemos a comprender los comportamientos desquiciados que en apariencia son consentidos como normales pero desde luego que no lo son. En toda la película subyace una discreta crítica sobre la pobreza económica en un país capitalista aunque en un momento sarcásticamente Cha Yeong-mi cante una canción contra la Corea comunista y a favor de la democracia.
La primera parte de la película es algo confusa pero luego se aclara ensayando buenas explicaciones ante las ambigüedades, como que arranca sin ton ni son y luego recompone esa primera estructura desordenada, mezclada y particular. La segunda mitad recalcamos es una medida carnicería de buena mano que exhibe una factura rara y sensacionalista, la meta es cazar a nuestros enemigos. La revancha alcanza a todo el universo fílmico hasta convertirse en algo que encuentra su propia personificación en la trasformación de los personajes principales, muy bien definido el argumento en el rotulo que enmarca la realización. Al final una supuesta mentira resulta verdad y cierra el ciclo propio de la parca no admitiendo tregua alguna para el espectador que si sabe que esperar se sentirá agradecido.
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