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viernes, 30 de agosto de 2019

Parasite


Fue la ganadora de la palma de oro 2019. El coreano Bong Joon-ho se coronó en popularidad en el cine arte, siendo muy querido por la cinefilia internacional. Le faltaría sólo un cupo al Oscar a película extranjera para completar toda popularidad. Bong ha hecho cine social inteligente y de cine arte. Aunque su mejor película sigue siendo Madeo (2009) y la más aclamada Memories of murder (2003), Parasite es una muy buena película. Bong no es críptico, pero sí muy inteligente con ésta propuesta. Es cine social con arte en mayúsculas. El filme no necesita de montón de rareza para ser bueno, tiene solo una cierta cuota por el final. No obstante todo el filme es una construcción artística. Al mismo tiempo es una obra seductora, que se ve muy bien, que entretiene bastante, que mantiene el interés y la sorpresa. Es un filme que medio que dispone todo para el final, con esos remates poderosos del séptimo arte. Es cine social efectivo e inteligente, como no lo era Snowpiercer (2013). La sátira o el humor negro que ven muchos lo veo en un inicio mostrando la pobreza de los protagonistas. Pero va menguando. La narrativa lleva cierta calma hasta el final explosivo. Por el final se vuelve brutal, híper violenta y gore, donde la lectura social está más diluida, es más metafórica y más complicada de entender por mayor impacto y hedonismo. Es una historia de estafadores, pero sin subrayarlos, dándoles humanidad y algo de discreción. Es la historia de unos arribistas, que luego por un lado se enfrentan a la consciencia. Pero que buscan escapar de ella. El primer suspenso surge cuando sus planes ya están ejecutados, cuando los lugares de trabajo están ocupados y reemplazados, es ahí que vemos tocar el timbre a la antigua ama de llaves. De esto se desprenden dos líneas de pobreza. No veo tanta lucha de clases, de ideología, aunque si deja qué pensar. Bong es más sutil que esto, piensa en hacer cine. En un momento la esposa compara al marido (el genial Song Kang-ho) con una cucaracha, y en ese momento anida el meollo del filme, el marido atisba violencia frente al menosprecio. Todo ello se manejará en la relación de la clase alta con la clase baja, entre servidumbre y patrones. El detonante es algo nimio, pero que hiere el amor propio, se manipula a través del olor, aunque en realidad es el olor del desprecio, del menoscabo, más que de algo físico u olfateable. El chofer entra por tanto en depresión silenciosa, le molesta el vender su alma por dinero, el humillarse, pero su realidad lo empuja a obedecer. De no ser así le espera un borracho meando por su ventana (la sátira), o un electrocutamiento tras una inundación (el drama). Nuevamente Bong se muestra inteligente, lo hace de algo aparentemente insignificante, hacer que el chofer se disfrace de indio para alegrar la fijación del hijo del dueño. La explosión de violencia surge por dos vertientes, por medio del desprecio y la venganza. El hijo del chofer, pobre, duda y pregunta si puede encajar en la clase alta a la hija de la familia privilegiada que enamora, él cree que no, al ver tanto goce. Su padre antes le dice que no hay que tener plan porque la vida se ríe de los planes. Pero el hijo no hace caso de nada y propone un plan y buscar el dinero como solución de todo. El filme vuelve al ciclo de destrucción que nos ha mostrado previamente. O quizá no, habrá éxito, y es porque ahora es distinto, al ejecutarse por el buen camino. De todas formas queda todo como una cierta ilusión. El problema es que como dice el padre la vida no permite que exista un plan efectivo a lo que uno tanto delinea, y se habla de pesimismo o del realismo de la frustración. Puede también que la salida venga de lo improbable, ese es el mensaje, el llamado de la eterna sorpresa, como la violencia del filme.

viernes, 29 de marzo de 2013

La filmografía de Kim Jee-woon

El podio del mejor cine moderno coreano se lo pelea Kim Ki-duk, Park Chan –wook y Hong Sang-soo, como también Lee Chang-dong, con sus dramas sublimes; Bong Joon-ho, con su originalidad; y Kim Jee-woon con el atrevimiento de su abordaje cinematográfico dentro de distintos géneros y combinaciones bajo un estándar de alta calidad. Kim Jee-woon cuenta con siete películas y dos segmentos en colaboraciones grupales.

The Quiet Family (1998)



Su ópera prima es entretenida, de espíritu joven, francamente salvaje, cómica en un humor negro ácido pero fácil de asimilar; la cual le saca la vuelta al terror burlándose y rompiendo todo género (incluso el amor se presta para el juego como en un posible romance que se convierte en un intento de violación que desencadena risa y violencia), llegando a explotar un lado dramático pero siempre irreverente, con lo que se nos entrega el arranque y el descubrimiento de alguien audaz a quien seguir indefectiblemente. The Quiet Family es sobre una familia que tiene un albergue de campamento en las montañas y que tras la desesperación inicial de querer y no tener clientes finalmente los consigue pero implican suicidios y homicidios que deben ocultar perennemente. Cuenta con dos figuras muy importantes del cine coreano, Song Kang-ho y Choi Min-sik que por entonces andaban en el comienzo de sus carreras.

The Foul King (2000)


Su segundo filme no sería tan genial como el anterior pero sigue siendo entretenido. Sobre un tipo atormentado por su jefe que descubre el deporte de la lucha profesional, con la que remonta su cariz de perdedor ganándose la admiración del entorno, como de su padre que lo menosprecia, aspirando con mayor facilidad a una novia y sintiéndose personalmente mejor, en un motivo de vida que visto con gracia se disfruta con una cálida sencilla reflexión. Song Kang-ho yace en su natural simpatía, tontería y soltura. La película no se toma en serio y esa constante extravagancia y espontaneidad de su trama funcionan logrando cautivar sin pretensiones.

Three (2002)



Cuenta con tres segmentos sobre el género de terror. El más flojo aun en un contexto exótico y folclórico bastante atractivo, por culpa de darle un tono de telefilme con escenas sobreactuadas, insípidas y melifluas, es el del tailandés Nonzee Nimibutr. El de Peter Chan es el más ingenioso aunque tenga una que otra falla, como con el atropello, donde a leguas se ve que es un muñeco el cuerpo arrollado, o pensando que mantener un cadáver en buenas condiciones durante mucho tiempo suena imposible, sin embargo asumir desde un inicio un contexto de rapto, desaparición, necrofilia y resurrección paga y mucho el visionado. Nuestro director Kim Jee-woon trabaja sobre una historia bastante conocida que se engrandece con su arte y creatividad dándole un toque críptico, denso y complejo a una marcada ausencia, en que se crea un enigma continuo hasta un final redondo. Estéticamente tiene detalles terroríficos y un tono lúgubre, oscuro (tirando a un cromatismo verdoso/azulado a ratos) aunque manidos que se agregan a un centro como artificios que brindan sobresaltos que yacen bien ejecutados pero son algo arbitrarios (hermosamente macabra la caída de los dedos amputados en el lavabo). Se trata a todas luces de explotar algo pequeño, y el resultado aunque denota la intención artística de sus elementos complementarios, que no la trama en la que quiere confundirnos, está bastante bien.

A Tale of Two Sisters (2003)



Experimentado el género de terror en su participación anterior lo aborda ahora en solitario, con vasta solvencia, con su infaltable y a un grado inefable atrevimiento. Uno que se ajusta a lo psicológico y de una forma complicada, oscura, densa, nuevamente con algunos artificios muy propios del cine asiático y el horror en general que buscan inquietarnos en medio de una trama ardua e intrincada de definir en su argumento y que busca ser ambigua a propósito mostrando mucha inteligencia, y seguro aburriendo a algunos que sientan que se hace difícil entender sus vueltas de tuerca, el esquivar dar respuestas sino más bien buscar lo contrario, desconcertarnos, en un relato que se mueve en el odio de una madrastra hacia una niña que siente entre otros nebulosos sentimientos culpa por la pérdida de una hermana.

Descoloca en buena medida el tiempo de sus partes, no se percibe lineal, y es que es un recurso e intrepidez esencial de la obra, no quiere el director ser en ese sentido claro. Son como las piezas de un rompecabezas que no se limitan en la libertad visual de como contar una trama, rompiendo nuestra lógica de observación. Hay solo datos parciales en una aparente unidad que aun así no llegan a verse desordenados e insalvablemente incompleto como conjunto (yo diría que hay más de una historia posible), que frustra en buena parte, pero provoca resolverlo en la mente, abstraernos en una búsqueda interpretativa. Se juega con lo onírico, con la pesadilla y la “proyección” de asesinato aunque más con el recuerdo y la distorsión mental. La estética aparte de ingeniosa en su trama es sublime, como la escena del saco con el cadáver.

A Bittersweet Life (2005)



Una película en que predomina la adrenalina, la intensidad –los sentimientos que son parte de ello, al más puro estilo del mejor Hamlet- y la acción sin complejos pero aun así en la sabiduría de lo llano. Empieza suave con esa engañosa calma del mundo asiático o que solemos asumir como intrínseca a ellos, un lado clásico que domina nuestra impresión general, como la “falsa” tranquilidad que esconde al poderoso mar. Sin embargo pronto una deslealtad y un rasgo nuevo de humanidad en el trabajo de guardaespaldas y asesino de nuestro protagonista, Sun-woo (Lee Byung-hun, otro ícono del cine coreano), pondrá en movimiento toda la infernal matanza que tejen las mafias y los comercializadores de armas tras un individuo de hierro, un antihéroe silencioso y sumiso desprovisto de personalidad hasta el día en que se enamora y simplemente la belleza de una mujer le infringe piedad, un error que le costará caro en un mundo de fríos gángsters en donde el deber no se cuestiona, solo se obedece, sin pero que valga.

Nuestro personaje pregunta que ha hecho para merecer semejante humillación, menosprecio y sentencia a costa de olvidar todo el gran servicio casi ciego que ha tenido hacia su trabajo y su lugar en éste hasta el punto de levantar envidias, y aunque es en parte cínico y en otro momento se entiende su sorpresa ante la ingratitud despiadada, él sabe que sí es culpable, aunque fue por algo impoluto y platónico, que lo llevó a perdonar la infidelidad de una Elena de Troya en éste moderno drama griego.

A razón de un sentimiento exógeno a una acostumbrada esencia anulada éste ser invisible simplemente cambia de dueño, por él mismo, y pone la máquina de muerte en ejecución. Y con ello tenemos cuatro frentes implacables, en un tres contra uno que no merma un ápice de su intrépida actividad en el ecran, ya que el filme vive para la espectacularidad, desde ese ajuste de cuentas salvaje que trata de poner fin a Sun-woo quien es más peligroso y atómico que cualquier otro sujeto, como se espera y se le atribuye es más duro y temible que el peor de los hombres. El filme vive en el acribillamientos atroz, de un individuo contra el mundo, uno detrás de otro como en una épica de muerte, bajo la grandilocuencia del asesinato, rápido, fácil y directo, sin perturbación ni engolamiento. La historia de un outsider vengador que invoca dignidad haciendo pagar el mal a su enemigo y antiguo jefe, que se cree omnipotente, pero que desconoce la ira de la justicia en la propia ley. La trama es poética y rabiosa a más no poder. Su fuego a sangre fría es como un canto frenético en que nos sumimos en el entretenimiento, es lo básico del instinto que nos acerca y nos confabula con una historia muy simple, y que suma gracias a sus elementos estéticos dulces, sus detalles, en la musa de tantos, del asesino y del padrino, la que le da sentido y motivo al conjunto, como en el momento de la última memoria, del sueño, de creer en la vida paradójicamente ante la muerte.

Una obra de arte en el aspecto más embrionario de nuestra humanidad en medio de nuestra naturaleza violenta. Esa única chispa por la que constantemente creemos que el mundo es mucho mejor de lo que es, y eso en carne viva lo representa nuestro protagonista en toda magnitud, como una radiografía compacta y simbólica de la realidad, en el evocativo, emotivo y duro Lee Byung-hun. Y todo desde la claridad del mejor cine de acción que no se contiene en absoluto ni tergiversa su personalidad, tantas veces menospreciado y que a muchos les parece ya todo conocido. Por más increíble que suene.

El bueno, el malo y el raro (2008)



Un filme que es un homenaje al spaguetti western y en especial a Sergio Leone en un título y subgénero que alude claramente. Tiene bases muy atractivas, en donde yace como contexto Manchuria en la época del  dominio japonés, y eso pone sobre la mesa a chinos, japoneses y coreanos, lo cual enriquece la trama. Los tres personajes principales son jugosos, el bueno es el caza-recompensas (Jung Woo-sung, que ganó un premio por este papel), el malo el asesino a sueldo (Lee Byung-hun) y el raro un ladrón (Song Kang-ho).

La trama mezcla la tendencia de cómo se expresa el cine coreano moderno normalmente, con un toque personal de Kim Jee-woon aunque no es que sea tan creativa la película en realidad para lo que uno puede atribuirle en el papel o lo que podría esperarse, sin embargo es suficientemente entretenida para tenerla en cuenta, que es lo que quiere ser.

Desde el comienzo es notorio que prima una vocación relajada, de tomárselo muy a lo ligero, en asumir como se va a desenvolver toda la historia, que estilo va a recorrer, y no le va a faltar acción ni aventura. Hay buenas luchas, escapes, tiroteos, persecuciones, asaltos a un tren y ansiados enfrentamientos, habiendo tomas mayores al respecto, estados de mucha combatividad y explosividad. Es un filme que lleva bastante comedia, y es que al cine de Corea nunca le falta, pero en esta en particular lo lleva de forma constante y en ello Song Kang-ho cuando se le requiere es un especialista, quien colinda con la simpatía y cualidad de guapo literal y metafórico de su compañero momentáneo, Park Do-won, el bueno, que sin querer pasa a ser bastante inocuo en su alcance formal como personaje fuera de que sea heroico, como que demasiado sano que cae en lo plano. Y tercero está el malo que es el más elaborado del grupo, porque está como quien sobreactúa a propósito, que no se cree la interpretación del todo seriamente, pareciendo un personaje propio del cómic. Lee Byung-hun demuestra sutilmente que puede ser gracioso o jugar con el estándar de su figura. Estamos ante un filme de los buenos para pasar el rato, que era la esencia y voluntad del western mediterráneo, y que Kim Jee- woon asume en emulación, continuidad y vocación de buen anfitrión, no tan gloriosa sea dicho, pero sin duda siendo curiosa.




Hacer click en el enlace del título para leer la crítica respectiva

Doomsday Book (2012)



Vi algunos fotogramas del filme y me llene de mucha expectativa, pero una vez que lo he visto no ha sido lo que esperaba, sin embargo entendiendo que subyace la libertad creativa, el amor al cine y el juego en las secciones del director Yim Pil-Sung se hace más que aceptable, mientras Kim Jee-woon tiene la mejor participación.

Yim Pil-Sung. Es un nombre interesante a descubrir en el séptimo arte coreano, tiene sus atributos, especialmente en su primer filme Antarctic Journal (2005) que para quien escribe le parece una obra maestra, pero de esas al estilo de A Tale of Two Sisters (2003), de las que podemos no entender buena parte, que resultan a un punto engañosas (en el buen sentido), que imprimen un personal estilo con historias muy libres y hasta arbitrarias tanto que rompen la lógica del entendimiento normal, del ser siempre lógico y querer saberlo todo, que buscan la ambigüedad y se saltan las explicaciones. Juegan con el artificio imprimiendo tensión y atención. En dicho filme siempre subyace la inminencia de algún peligro pero la realidad es que más es la psicología del hombre, de una manera de pensar. El filme recarga muchas ideas y las deja en el aire, hay mucha elipsis. Se trata del transcurrir de una expedición coreana a la Antártida en que la voluntad férrea se distorsionará negativamente. El espíritu conlleva la muerte de la mano de un capitán llamado Choi Do-hyung (Song Kang-ho) que quiere romper una marca.

El segundo filme de Yim Pil-Sung, Hansel and Gretel (2007), es una buena idea, muy poderosa y sugerente, la que te atrapa inmediatamente. Más que todo cuando guarda el misterio, cuando no vemos nada claro aún ni sabemos de qué se trata en realidad, en ello hay tensión y curiosidad, y es al inicio que maneja muy bien sus fichas. Cada extrañeza y acto fantástico alimenta nuestra expectativa y por buen rato no decae aun siendo difícil de sobrellevar el argumento, el no poder salir de la zona sin perder lógica. Y es que en ningún momento quiere tener sentido normal, eso lo notamos una vez que yace palpable que se pretende irreal y que sus personajes ya lo saben. Pero luego peca de demasiado alucinante, se vuelve empalagosa en varios sentidos, su reflexión pesa y fastidia, no conmueve como quiere hacerlo y la resolución que encaramos disuelve y mata la buena predisposición, después se llena de un toque de melodrama vacío que quiere justificarse demasiado mientras los actos fantásticos en toda presencia no llevan la fuerza de lo oculto, de lo sugerido o enigmático, como el de la mujer convertida en muñeca. Y no toda explicación es mala (la del cuento de hadas sobre la vida del protagonista y toda la escena en el jardín es bastante exitosa porque mezcla fantasía y realidad), pero el desenlace es poco ingenioso, autodestructivo, y el filme decae, se hunde. A partir de la puerta en el bosque, otra gran idea desperdiciada, se da mayormente un tropiezo tras otro hasta el final. Aparte presenta cierta arbitrariedad con respecto al título –aunque no sea tan importante- que parece otra promesa incumplida una vez que se halla la casa de colores. Y no es una película desechable porque se agradece parte del metraje pero está bastante lejos de su antecesora.

Doomsday Book. Antología cinematográfica que sigue el patrón del fin del mundo.

El primer segmento se llama “Un mundo feliz”, perteneciente a Yim Pil-Sung. Éste no está mal aunque versa sobre un lugar medio gastado, pero no menos divertido, la epidemia de zombies. El amor y re-encuentro de dos de ellos de los que parte el filme luce como una escena que vale bien toda la propuesta. A su vez como otra en la hermana sentada ocupada en el baño teniendo encima una muerte segura con el zombie empujando la puerta, ensangrentado mientras ella se defiende y a la vez se deja llevar por sus necesidades. Y es ahí que uno refrenda que el autor tiene una valiosa imaginación muy a pesar del alcance conjunto, que se ampara en los detalles, unos más acertados que otros. La trama viene a ser el desarrollo de una transformación que concibe una película sin pena ni gloria, pero lo de los vómitos, lo de la cámara próxima, la erección o el escupitajo están bastante demás, son molestos más que un aporte realmente valioso, aunque aunando que toda la trama se da con bastante soltura y resulta entretenida.

El segundo segmento tiene el rótulo de “Criaturas celestiales” y es de Kim Jee-woon, es el mejor del grupo. Es bastante claro pero no rehuye literalmente algo de filosofía sosteniéndose además de un existencialismo muy seductor, la destrucción del mundo pasa por el nirvana de los “autómatas”. Un robot que parece la reencarnación de Buda dispersa el pánico por la empresa que los construye y quieren destruirlo, pero la comunidad budista pide clemencia por él mientras un técnico descubre mucho de sí a través de éste. Una película que permite muchas lecturas de forma diáfana, que como buen arte es un cántico de reflexión. Es el lado inteligente del autor puesto al servicio del entretenimiento con mensaje. Se deja ver muy bien, es una historia ágil y sencilla y si uno es observador su temática intrínsecamente da para mucho jugo, y es que la elección de un relato también importa y mucho.   

El tercer segmento es de Yim Pil-Sung denominado “Feliz cumpleaños” y aunque uno se lo pasa bastante bien debo confesar que sentí vergüenza ajena contándoselo a un ser querido. Y lo dejo a la libre interpretación. Se trata de una niña que asustada por defraudar a su padre al malograrle una bola de billar solicita un reemplazo en internet y ese mensaje desata que un meteorito vaya a impactar contra la tierra, ¿saben que es? La bola Nro. 8 gigante enviada por extraterrestres. El filme es estoico y afronta toda la payasada con un aire de comedia (las peleas en el noticiero) pero "creyéndolo". La famosa actriz coreana Doona Bae participa en el desenlace. Estamos ante una tontería con algo de gracia, pero nada más. 

El último desafío (2013)




Debo decir a boca de jarro que me gustó este filme y eso que esperaba lo peor. Alguna cantidad considerable de extranjeros se han adaptado a Hollywood y hasta se han quedado en USA pero demasiados también –más yo diría- lo han hecho pésimo. Y no es que tampoco no haya disfrutado con Arnold Schwarzenegger, porque tenemos a Terminator (1984), Depredador (1987), Total Recall (1990) y Terminator 2: el juicio final (1991) que digan lo que digan con imperfecciones o siendo sumamente comerciales son grandes obras del séptimo arte. Total Recall también aun en sus efectos especiales y maquillaje tan primitivos, clásicos de serie B. Pero claro Arnold ya está viejo para hacer de héroe y cada nueva participación de los antiguos ídolos del género son como estados de anacronismo. Sin embargo el filme está consciente de ello que prepara todo para la gran intervención del austriaco nacionalizado americano, que yace en medio de la modernidad que imprime este as del cine coreano actual.

Si notamos, su momento se reduce al desenlace (con algo de presencia breve anterior), a los últimos cuarenta minutos. Después es mostrarnos cuan terrible puede ser este capo del narcotráfico Gabriel Cortez (bien Eduardo Noriega), lo cual juega a favor de este sheriff testarudo que lo espera en la frontera. Él hará lo imposible, y se debe al trabajo de grupo en una atmósfera de ligereza, no yendo con la solemnidad de antaño, tanto que incluso una anciana se deshace de un asesino, y es que la broma, la sencillez y la frescura permiten la acción del otrora Terminator.

Haciendo un descargo habría que pedir que no le den cameos tan feos a Harry Dean Stanton, primero mismo abuelo tierno en un desconcertante basurero en The Avengers (2012) y ahora de campesino obstinado que al no tranzar lo aniquilan salvajemente. Rescato la ocurrencia de poner a pelear a Arnold y a Noriega muy contemporáneos, aunque uno sienta que yacen fuera de su elemento. También la persecución de astucia en el maizal, o las tomas aéreas del veloz auto deportivo en la carretera. Sin embargo hay muchos aspectos que no salen de lo común y no seducen tanto (no se llega a poner toda la magia del cine coreano y con ello el filme se haga especial), como el caso de no ser fácil dominar la comedia absurda y la acción trepidante en un solo personaje sin descreer de su papel como hacen tantas veces los coreanos por lo que no se le exige nada a Arnold (aunque se le explota un lado activo no tan intenso pero decente para el tipo) como debiera ser, sino Johnny Knoxville y Luis Guzmán asumen esa ausencia, relajando directamente el ambiente pero sin que sea nada del otro mundo. Al final estamos ante una película para comer popcorn, abrazar a la pareja y entretenerse sin complicaciones.

domingo, 28 de octubre de 2012

Memories of murder

Ésta es la película más famosa del surcoreano Bong Joon-ho. Tiene un ritmo trepidante lleno de investigaciones en una atmósfera familiar y relajada que va siguiendo pistas y falencias. Por un lado está el agente que viene de la capital a éste pequeño pueblo donde un asesino en serie está matando mujeres. Seo Tae-Yoon (Kim Sang-Kyung) es el detective racional que se inmiscuirá emocionalmente. Por el otro yace el local Park Doo-Man, el tonto, que piensa en pesquisas absurdas y se mueve en los interrogatorios violentos; lo interpreta el reconocido actor Song Kang-ho.

Tiene un aspecto desordenado por ratos, como muy espontáneo, más que todo en la interacción de los oficiales de la ley, pero se hace interesante hallar que los asesinatos son muy curiosos y extravagantes, como matar a mujeres con ropa de color rojo, bajo la lluvia y cuando suena una canción en especial. Hay un progresivo desarrollo con muchos cambios que van desde lo inane hasta poseer contexto sustentado, habiendo un carácter universal en la trama con rasgos de origen coreanos que se minimizan ante lo humanamente global, y que sobrelleva coherentemente la forma de descubrir rasgos de identidad que no son comunes a ningún otro crimen; se unen cabos pero rehúye la brújula en repetidas oportunidades; parece una lucha muy titánica e imposible aunque a ratos haya proximidad, mientras se lleva la investigación con errores y algunas tonterías.

Se da un aire fresco, repetidamente cómico que no afecta el contexto ya que es de drama y crimen de lo que va; hace que la película se haga predominantemente entretenida y digerible, nada pesada, además que hay originalidad en el asesino invisible, solo hipotético. El filme se mueve en construir y dar forma al criminal, buscarlo desde una huella, nudos militares, acosos, el semen, la excitación de la ropa interior utilizada para amordazar, etc., viéndose en el ecran incluso una de las acciones de secuestro, apreciando además que parte y termina el filme con la revisión del primer cadáver.

Cumple la obra con poner todos los instrumentos de una historia de asesinatos e investigaciones, pero lo matiza con la personalidad de sus investigadores que van dando un tira y afloja dentro de su labor, ambos decididos y comprometidos solo que con mayor o menor inteligencia. Kang-ho otorga esa ligereza que hace de la película algo contrario a lo denso que suele ser ponerse en una investigación de asesinos en serie sin resolver, donde sus arrebatos y elucubraciones no desmerecen el producto, solamente lo suavizan, ya que seguimos atentos a sus posibles culpables. Uno lo proporciona el más bobo detective; luego el otro que impone la técnica y la modernidad, y entre ambos hay un tercero.

A media película estamos tras los pasos del asesino ya decididos a agarrarlo luego de cierto aire de “despreocupación”; es una virtud encontrar que se puede ser ligero, irreverente y entretenido, y luego cambiar de registro y poner enjundia y sensatez a lo que se persigue. Matiza aun llevando exceso y sobresaltos, siendo una propuesta muy visual y extrovertida, que se permite más de un posible sospechoso, abordado y no solo esbozado, contando hasta tres, más un álbum de fotos. La locura que proporciona el protagónico de Kang-ho hace que exista visceralidad, entusiasmo, como el que se impregna en el compañero. Esa dualidad de carácter se fusiona logrando un equilibrio en el relato, aunque uno sea más llamativo que el otro.

La razón parece sucumbir a las emociones, hay una "sinrazón" que brota del mal y ese parecer aborda el filme aun siguiendo ciertas pautas generales propias de una investigación. El director hace gala de algunos trucos en proporcionar forma a personajes secundarios que hacen más próxima la relación con el caso. Se conoce a quienes mueren y eso hace que el compromiso se ensanche. Hay un deseo constante de punzar en donde más duele, y mientras se discute el proceder de los policías más arcaicos, provincianos, se humaniza a su vez el quehacer general por medio de ellos. Es una batalla entre el orden y la desorganización; se ocasiona la ruptura de la línea de acción policial de ese pueblo que tiene mucho de telón de fondo reprobable que termina justificándose en parte por la intimidad y el atraso, luego presente en quien representa a la racionalidad, habiendo mutua influencia, en un filme por debajo muy duro que hace reflexionar sobre la perversidad y el querer vencerla.

jueves, 7 de julio de 2011

Simpatía por el Señor Venganza

Película del surcoreano Park Chan-wook del año 2002. Nos involucra con la temática que delinea el título sin rodeos, la venganza. Todo empieza cuando un sordomudo de nombre Ryu tiene que conseguir un donante de riñón para su hermana, pero al no obtenerlo por vía legal decide buscar en el mercado negro bajo una extraña venta, gasta todo su dinero en acceder a ésta e incluso permite que le extirpen uno, finalmente despierta sin nada y al perder su caudal monetario se deja convencer por su descocada novia de secuestrar a la hija de un empresario llamado Park Dong-jin (Song Kang-ho) que no hace mucho ha sido su jefe máximo en su antiguo trabajo de técnico de mecánica, para pedir un rescate que pueda pagar el ansiado órgano. En el trance suceden delicados imprevistos que ponen tanto al empresario como a él en rumbo de cobrarse el irreparable daño recibido que los llena de sufrimiento y un sentimiento de vacío que motiva al primero a deshacerse de todas sus adquisiciones materiales para planificar su resarcimiento emocional como al otro que no tiene nada a hacer pagar a los culpables indirectos de su perdida, cada uno por su propio camino.

Se desata desde éste lugar, partiendo de la primera parte de la cinta que es pausada y en verdad sin mucho orden lógico, un contundente estado de violencia, tan popular en el cine asiático que como de costumbre nos despertará la sed de sangre en una rocambolesca persecución mortal. Para eso no faltan algunas extravagancias, como el retrasado mental que aparece en el río cargando vistoso y exagerado un brazo bastante rígido, entrando en el contexto de forma intempestiva; la hermana enferma revolcándose en el llanto mientras sus vecinos se masturban a través de la pared pensando que está teniendo sexo salvaje; o el mismo comportamiento de Ryu, que luce en buena parte tonto e introvertido, a diferencia de su pareja Cha Yeong-mi (Doona Bae) que es una avispada socialista metida en un pequeño grupo terrorista, en la unión de la chica revoltosa con el joven pacífico y que supuestamente es noble aún convirtiéndose en criminal.

En la trama Ryu y Cha Yeong-mi son de situación humilde, ella suele renegar de su condición pero manteniendo una alegría desbordada como parte de su personalidad y siente como su ideología le guía en la consigna de que el mundo es totalmente injusto con algunas personas como ellos, para eso mueve semejante a un títere a su compañero que actúa con frialdad natural sin un enojo demasiado palpable sino casi como un autómata. El personaje de Song Kang-ho por su lado está destrozado y lo transmite sin rubor, perpetra su ajuste de cuentas con todo sentido del deber, siente que es lo correcto, tomando el asunto en sus manos con un inverosímil control de sus impulsos, parece un experto en asesinar, lo que no guarda un sentido coherente que lo respalde como tampoco a Ryu, ya que ambos son máquinas de matar sin tener nociones de ello, aparentemente sus deseos los han instruido en el arte del homicidio sin remordimientos, lo cual lo hace ver demasiado simple. Y en eso consiste el relato, en entretenernos, sin que hagamos muchas preguntas inquisitivas ni que la propuesta pretenda la habilidad de darnos respuestas, sino que sucede y punto, no hay vueltas que darle.

En efecto no cuestionamos el guión porque éstas cintas contienen una cierta magia para hacer aceptable lo impensable, como que nos ponemos primitivos con la brutalidad visual y quizás lleguemos a comprender los comportamientos desquiciados que en apariencia son consentidos como normales pero desde luego que no lo son. En toda la película subyace una discreta crítica sobre la pobreza económica en un país capitalista aunque en un momento sarcásticamente Cha Yeong-mi cante una canción contra la Corea comunista y a favor de la democracia.

La primera parte de la película es algo confusa pero luego se aclara ensayando buenas explicaciones ante las ambigüedades, como que arranca sin ton ni son y luego recompone esa primera estructura desordenada, mezclada y particular. La segunda mitad recalcamos es una medida carnicería de buena mano que exhibe una factura rara y sensacionalista, la meta es cazar a nuestros enemigos. La revancha alcanza a todo el universo fílmico hasta convertirse en algo que encuentra su propia personificación en la trasformación de los personajes principales, muy bien definido el argumento en el rotulo que enmarca la realización. Al final una supuesta mentira resulta verdad y cierra el ciclo propio de la parca no admitiendo tregua alguna para el espectador que si sabe que esperar se sentirá agradecido.