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lunes, 31 de julio de 2023

Puss in Boots: The Last Wish

Ésta es la primera película que mi hijo de 4 años ve en una sala de cine y ha sido todo un éxito. Ha resultado más buena de lo que inicialmente imagine, convirtiéndose en una gran experiencia familiar y cinéfila para un niño pequeño y de paso para los adultos. En la sala los mayores reían bastante. Es una secuela de Puss in boots (2011) y ha logrado incluso ser mucho mejor que la primera. Ésta película de 2 directores, Joel Crawford y Januel Mercado, no conocidos por el gran publico es tremenda carta de presentación para ambos y perfectamente nominada a los premios Oscar 2023, hecha a computadora por DreamWorks Animation. La animación en lo visual ha sido una delicia, intachable. Así mismo el filme tenía ideas inteligentes expuestas con notable claridad. Se ha tratado con la idea -madura y atípica- de tener una sola vida y no temer a la muerte por ello, porque la muerte siempre acecha de cierta manera, pero no se puede vivir con miedo, puesto que el heroísmo (o la vitalidad, la personalidad y la autoconfianza) no es un lugar nunca de confort, un lugar banal, sino un acto de valentía y naturalidad. No es que el miedo no deba existir o no lo tengamos presente, siendo necesario pues nos alerta del peligro y nos inflige cuidado y atención por nuestra seguridad, y sobrevivencia, y hasta nos entrega calidad de vida, pero hay que saber manejarlo, superarlo o atenderlo, sin que nos quite la normal existencia, o haciendo más que eso. El gato con botas (la magnífica representativa voz de Antonio Banderas en todas las versiones) es un héroe que pelea con gigantes, un héroe popular que ama ser famoso y admirado por el pueblo, por la gente, aun cuando es un especie de Robin Hood, tiene en su haber un precio para ser atrapado por la ley, pero es full bondad y reflexión, aun cuando puede ser demasiado pícaro y manejar defectos, como cualquiera. Un día se entera que le queda una sola vida, 8 ya las ha perdido, y ya no será lo mismo. Él suele ser atrevido y torpe por ello, pero ahora debe tener mucho cuidado. Es entonces que entra a tallar tremendo personaje, un cazarrecompensas que es al mismo tiempo la muerte, un enorme y fiero lobo que silva su llegada y carga un par de hoces, adaptando éste cuento de hadas al western, no solo a la fantasía. Ese tono que gana con el western es un gran acierto, uno de varios tonos y varios aciertos. El relato hace un poco la relectura del cowboy jubilado que debe volver a cabalgar. El filme también trabaja en equipo y en grupos. Hay varios grupos. Uno de ellos, de cazarrecompensas, por el doblaje toma la identidad argentina y es ganancia para el conjunto. El gato con botas no solo tiene un reto que vencer en la muerte sino con el Gran Jack Horner, el gigante malvado, y quien tiene un background político y folclórico interesante. La participación del chihuahua sufrido pero libre de perturbación, inocente, positivo, también es una curiosidad que con el trajín o percepción de la existencia da mucho más que el libro de autoayuda y es una buena reinvención de como ver las cosas con optimismo enfrentando lo cursi para proclamarlo una vez más, como uno más de mil aciertos en un filme bastante destacable como película para niños. Es una propuesta que entretiene de principio a fin, que tiene humor bueno y sano, que le da nueva dimensión a lo que conocemos, que moderniza el cuento infantil con creatividad y gusta a todo el mundo. 

lunes, 7 de noviembre de 2022

Átame!

Pedro Almodóvar dijo que El Coleccionista (1965) lo inspiró a hacer su película e hizo algo totalmente distinto, tomo lo general solamente y algunas cositas de la de Wyler, pero hizo algo totalmente suyo, le puso su impronta, su cine, su visión, su personalidad, lo cual está muy bien. Le quedó algo bueno y, elogiablemente, propio. En éste filme el protagonista, Ricky (Antonio Banderas, en una de sus mejores actuaciones), sale de un sanatorio mental, curado o aprobado para volver a circular, y decide secuestrar a la mujer que lo vuelve loco, una mujer con la que se acostó una vez y quedó prendado, pero ella lo olvidó por completo. Ella, Marina (Victoria Abril), es una ex actriz porno que quiere hacer una carrera seria digamos, y trabaja actualmente en una película de terror. Hay algunas buenas escenas ahí de ese tipo de película, siempre con la impronta de Almodóvar, aunque trabajando con el giallo o viéndose reflejado en éste. Marina es una mujer simple y, obviamente, muy sensual, plasmando Almodóvar sexualidad con ella, pero sin llegar a lo explícito, aunque hay una escena cuidada de coito que desde el espejo del techo deja ver carne y su toque erótico, marca de la casa, de la irreverencia que lo acompaña siempre a Almodóvar. Lo mismo con hacer a la protagonista actriz porno y hasta pone un video solo sugerente de ello, acomodado, con el que el director del filme de terror en que trabaja está más que obsesionado, y quien no, es una mujer muy provocativa, en ello Almodóvar sabe sacarle mucho jugo a Victoria Abril. Es una obra sensual, pero nunca chusca, aunque no le falta erotismo. Ricky también es muy básico, por ello puede recurrir a ser tosco, el filme lo hace dar algunos golpes, pone realismo. También cómo al tratarse de la interacción de un loco y de una mujer ligera pueden haber algunas libertades, aunque acotando que Almodóvar le otorga seriedad a ella, pero a fin de cuentas es irreverente porque estará el síndrome de Estocolmo siempre latente, rondando, aunque Marina inicialmente esté más que asustada, bastante enojada con su secuestrador. Ricky es muy frontal, muy primitivo a ratos, pero también su sencillez puede ser algo empática, lo mismo que Marina se comporta coherentemente, muy campechana, sin restringirse sólo a su sexualidad. Ésta pareja es creíble, no son gente sofisticada, son gente de la calle por decirlo así y todo esto se presta para que el retrato sea contundente, porque así es éste cine de Almodóvar, directo al punto siempre. Es un filme que juega frontalmente y cada acción se ve lógica de acuerdo a quienes son los protagonistas. No hay romanticismos, hay carne, hay deseo, hay anhelo y todo es llano y práctico. Es un retrato moderno, muy propio del cine de Almodóvar, y es uno bueno. Rossy de Palma como la medio marimacho vendedora de drogas, una pequeña gángster, está super bien como secundaria, tiene una cierta notable vena cómica, y al mismo tiempo se deja ver real, curiosa también, y seria. Almodóvar no obstante les da inteligencia suficiente para que sus protagonistas tengan aunque simples su cuota de personalidad y hacer de ese tira y afloja del secuestro que busca finalmente ser fuente de seducción un lugar entretenido y, aunque llano, interesante. 

miércoles, 16 de febrero de 2022

Mujeres al borde de un ataque de "nervios"


Ésta es la mejor película y comedia de Pedro Almodóvar, perfecta de cabo a rabo, con guion del mismo director, celebrada en todo frente, en los premios Goya, en cartelera española e internacionalmente, es muy famosa y en justo merecimiento. Carmen Maura es Pepa, mujer que hace una semana ha dejado de ser la "amante" de Iván (Fernando Guillén), la han dejado, y yace en pena, preocupación y fastidio, pero irá pasando por cosas, esos ataques de nervios, aventuras, exabruptos y locuras que la mostraran tal cual, una mujer fuerte, sin ser feminista de manual, cliché o etiqueta (o una mujer enojada con el mundo como el personaje de Paulina), sino muy femenina, fuerte, también sensible, y con personalidad. El filme es todo Almodóvar, es habitar en su universo personal, en sus gustos y mente, como con ese taxista que le gusta el mambo y tiene el cabello oxigenado y está a punto de llorar con la tristeza ajena. En el filme de Almodóvar se ama a las mujeres, las hacen pasar por mil cosas, pero triunfan al final, aprenden algo nuevo, aprenden a quererse (más). Iván es de Madrid pero como con esa canción mexicana de apertura tan sugerente parece un típico macho mexicano, como con su presentación, un mujeriego orgulloso de serlo, tan simpático como desleal, pero humano, sin odiarle ni ser antipático. Pepa buscará comunicarse con él, mientras éste planea un viaje con una nueva misteriosa amante y se escurre, no quiere topársela. No obstante ella insistirá y estos son los nervios en punta que arguye el título y presenciamos y son tan divertidos e interesantes, con un guion lleno de nexos perfectos, donde participan terroristas chiitas como amantes mentirosos y aprovechados y meten en problemas a otras mujeres, como Candela (María Barranco), la chica y modelo sensible, que un joven Antonio Banderas, el tartamudo Carlos, no parará de besar sin permiso pero sin tampoco negativa de ella, otro mujeriego en potencia, pero en plena juventud, un seductor en plena gloria. Otra injerencia graciosa y audaz es la del gazpacho con somníferos que provoca mil enredos, aventuras y un panorama colorido muy Almodovariano. La casa de Pepa también se presta para plasmar estos ataques de nervios sublimes, llenos de gozo para el público; se quema una cama en una fogata inspiradora, epifánica, reconstitutiva; vuela por los aires un teléfono rojo, otro elemento para el humor, tal cual el ubicuo color rojo; se habla con las plantas en medio del arca de Noé, montón de gallinas y patos, aunque como dice la protagonista el animal principal se escapa, como quien señala la pareja ideal, aunque siempre hay un roto para un descocido y el amor aparece donde menos lo crees, como con Carlos y Candela, mientras la mujer oficial (Rossy de Palma), con pinta de cascarrabias, pierde la virginidad de manera curiosa. Las mujeres también en el mundo Almodóvar no solo son sensibles, fuertes, con carácter y personalidad sino muchas muy locas; el filme se permite un malvado de cuento con Lucía (Julieta Serrano). Guillermo Montesinos que hace de taxista extravagante pero empático se parece un poco físicamente (y en espíritu) al mismo Pedro, aunque todo el reparto principal, todas las féminas también, son el autor. Hay persecución, hay disparos, hay buena broma como con la graciosa testigo de Jehová que ilustra Chus Lampreave. Carmen Maura incluso con sus 43 es sensual, como cuando se cambia frente a Banderas y trasluce sus tetas, pero es también siempre muy casual, muy libre de encasillamientos de sexualizarla como centro, antes es una persona y qué clase, de esas llenas de cosas, momentos, virtudes, etc. Muy gracioso el comercial que hace de la madre de un asesino en serie y también el uso de diálogos de películas emblemáticas con el doblaje para retratar de manera ingeniosa lo que está pasando. El filme gira alrededor del amor, al estilo de éste exitoso y especial director. 

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Autómata

Ha sido una sorpresa, a un punto, la segunda película del español Gabe Ibáñez, ya que en lo personal esperaba muy poco de ella y creía hasta poder ignorarla, como muchos no han sabido ver, tanto que apreciarla ha sucedido en parte por casualidad. Hallarla en la cartelera ha sido encontrar algo saludable, en medio de la avalancha de películas para matar el rato que nos suelen caer. El filme no es perfecto, como tampoco lo fue su ópera prima, Hierro (2009), pero son obras a valorar especialmente, y estar atentos a los próximos proyectos de Ibáñez.

El título de su debut se debe a que el contexto es un viaje de madre e hijo, de María (Elena Anaya) y su pequeño Diego, a la isla de Hierro (Islas Canarias), en donde perderá a su vástago en plena travesía de mar. Este thriller juega con lo paranormal y lo psicológico, creando atmósferas lúgubres que se vuelven un quehacer machacador dando la sensación parcial de efectismo gratuito, pero que consiguen generar interés, mediante un argumento que provoca suspicacia por desentrañar su misterio, donde asoman alternativas a discutir, y la suya funciona muy bien. Elena Anaya por esta película mereció un premio en el festival de Sitges 2009.

Autómata es una película que intenta ser novedosa y diferente en una cosmovisión Ciberpunk y eso la hace un gran esfuerzo de identidad en un espacio grandilocuente, complicado de imaginar y bastante extraño por lo general, pero sumamente cautivante como subgénero, y aunque no abunda en el exceso, como se suele buscar (parece una producción humilde, pero muy bien trabajada en la esencia de lo apocalíptico y distópico, sin remarcar), a veces falla en el intento, como con los niños asesinos tocando la puerta y disparando a quemarropa por mandado, ya que viéndose ordinarios y angelicales se ven gratuitos, fuera de lugar sin más, por más que se viva en un mundo paupérrimo y lógicamente desesperado e impredecible, de calles sucias, corrompidas, promiscuamente iluminadas y en ebullición e inquietud perpetua, muy bien contrastadas con el desierto seco, misterioso, silencioso, desolado, mortal y blanquecino en una especie de diáspora. Lo mismo sucede con la autogeneración de un robot que parece una cucaracha mecánica gigante (de lo que incluso se dice superficialmente que el futuro de sobrevivencia será de la sobrepoblación de estos bichos, que suena a un lugar común, más que a un dicho científico), en lugar de lo que pareciera querer ser un perro, una mascota o de lo que trata, el siguiente escalón evolutivo, y es que uno esperaba algo mejor de éstas mentes maestras, aun planteando querer ser algo raro, disímil del orden humano.

Una de las mejores escenas del filme es un espléndido WTF o un giro impensado, como que te preguntas desconcertado ¡¿qué está pasando?!, ¡¿qué va  pasar?!, mencionando un instante incómodo y de aprendizaje en especial cuando el agente de seguros robóticos y protagonista central Jacq Vaucan (Antonio Banderas, que sorprende en un registro y performance interesante a lo que acostumbra) danza sensualmente con una robot en medio de una botella de alcohol, en lo que refleja la humanización paulatina.

La premisa, por una parte, es la de siempre, ¿pueden los robots comportarse igual que los seres humanos, por libertad propia y bajo emociones?, y al respecto la intervención creativa es sutil, delicada, mínima, auspiciando una nueva evolución de la población de la tierra, otras formas de hacerse con el poder, que de eso va a fin de cuentas, donde los autómatas (visualmente muy bien ilustrados), las máquinas pensantes, son el siguiente paso, para lo que antes deben romper dos protocolos, que son la base de la trama. Uno es no agredir (cuidar) a los hombres, y no tener la voluntad de cambiar su mecanismo, con lo que quedan limitados a las órdenes, temores y deseos humanos, que como se dice, son ellos contra nosotros, rompiendo el sentido de su construcción, de hacernos sobrevivir, de lo que se deja en claro que los robots pueden y buscan hacer mucho más, observando que la radiactividad es el punto de no retorno, como la ciencia -más el descontrol- se nos pone en contra, si bien queda ambigua, elíptica, poco desarrollada, la idea de una lucha y desintegración. Pero acoto que los autómatas son exhibidos pacíficamente, vistos como víctimas, otro tipo de humanización, que puede ser por el protocolo, aunque lo rompen, y no se ajustan los últimos (las baterías) a ello, pero también luce maniqueo y pesimista con la humanidad, salvo por Vaucan que como un moderno socialista ideal recurre a la traición. El comportamiento de Vaucan es muy primario y elusivo con justificarse plenamente, no obstante refleja toda nuestra imperfección, espontaneidad y ordinariez. Muchos pueden pensar que el filme adolece de mayor argumentación, que es cierto, utiliza lo indispensable, poco. Sus momentos son austeros, menores, la mayor parte del tiempo, pero eso le da cierta distinción, tanto como una cualidad de entretenimiento y movimiento elemental efectivo, que como en ese enfrentamiento final con el camión y los hampones -tipo película de acción- todo va sin grandilocuencia, con morosidad, con esfuerzo, como con suerte y con aire de poca cosa, lo cual ahonda en una personalidad autoral esquiva con las fórmulas convencionales, por encima de su propia imperfección y simpleza, haciéndome sucumbir a un mundo tan imaginativo, productivo y personal, desde lo esencial, lo aparentemente gastado y sin atisbo de solemnidad.

domingo, 18 de diciembre de 2011

La piel que habito

Si no supiéramos que la última película de Pedro Almodóvar se basa en la novela de Tierry Jonquet “Tarántula” diríamos que estamos ante la más precisa de las inventivas que define en esencia al cineasta español. Está la habilidad para presentar las constantes sexuales, la identidad y apetencia erótica del director o el atractivo de justificar las propias inclinaciones, en pocas palabras atrapar a la audiencia y convencerlos en ese intermedio de sus ideas, hacer accesible lo que de otra forma nos produciría rechazo.

Almodóvar logra concretar perfectamente la trama, cada concepto presenta sustento, no deja espacio sin respuesta, con total claridad cubre cada interrogante. Es una ventaja que se agradece ya que compenetra aunque quizás se hubiera estimado ser algo más creativo. No es que falle sino que se aboca a que los personajes especifiquen mucho de ellos verbalmente que sería la manera más elemental de hacerlo.

Sobre el suceso en sí del relato se perpetra con solvencia la transformación que requiere la cinta; en ningún momento se nos presenta como de ciencia ficción a pesar de que contiene rasgos científicos que albergan fantasía; se hace verosímil y es toda una virtud ya que posibilita más el drama que se nos cuenta con rasgos de la biogenética más avanzada.

Puede parecer que abusa del tema sexual pero en Almodóvar no hay timidez para la temática sino es requisito de su estética y de su personalidad, y en ésta oportunidad aunque tiene sus ratos de “exceso” se nos hace menos irreverente en el uso y se aboca más a la aventura del guión, como vemos en la violación de Zeca que otro hubiera evitado de repente aunque también es muy válido (el personaje es estrafalario pero tiene pleno sentido) o la otra de la desencadenante de la venganza.

Su mal gusto se suele interpretar como parte de su cosmovisión personal, que hay que defender ya que es solo la apreciación de quien es muy libre para abordar las relaciones carnales y es que una ventaja de su cine se debe a colocar la constante de predominancia sensual que lo caracteriza –en el filme totalmente razonable- pero proveyendo de una narrativa que se hace entretenida y hasta inteligente, porque Almodóvar lo es, ya en acto de celebrarlo como uno de los más importantes directores españoles de la actualidad, dicho desde ésta crítica por alguien que suele verlo irregular pero con mucha personalidad y alta cuota de talento, aunque deja una sensación de imperfección en el ambiente y se debe a que es autor de nutridos sucesos, de abundancia visual narrativa, llevando un ritmo veloz, a ratos prematuro, pero ante todo correcto en su desarrollo.

Es una historia que se nos hace audaz al descubrir quién es Vera, que secretos esconden los protagonistas, otro punto clave del asunto. El pasado nos acoge y nos define en la actualidad siendo la ley que maneja sus vidas en todo momento. El amor y el odio juntos borrando líneas entre ellos. La locura como parámetro latente. La devoción o su quebrantamiento. Las decisiones de cara a nuestra percepción voluble o rotunda, la sirvienta eligiendo entre dos hijos o el científico cayendo en manos de su pasión.

Almodóvar tampoco mide límites con sus personajes o actores, los explota sin miramientos y ellos se entregan a prueba de dedicación. Antonio Banderas le otorga dignidad a un Robert Ledgard que a ratos la pierde con su amor tan indulgente y nos muestra una seriedad que se nos materializa efectiva para el estilo ya que estamos con un tipo duro en el exterior pero blando por dentro. El actor luce elegante y seguro de sí, creíble aún en tanto mamotreto, sin dejar de ser sencillo.

Bastante hábil la participación decisiva de Elena Anaya, que en su papel es el objeto de culto que deja su notorio atractivo –está muy guapa- en segundo plano entregándose a la manipulación pero sin dejar de presentarse como el imán que termina obsesionando a Ledgard. Otras menciones especiales son para Jan Cornet y Marisa Paredes, destacando el aturdimiento/la desesperación o la firmeza/la abnegación respectivamente.