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viernes, 10 de febrero de 2017

Fences

Lo primero que denota el filme es que es una adaptación de una obra de teatro (la del dramaturgo August Wilson con la que ganó el Pulitzer y el premio Tony en 1987), lo cual se siente mucho, aunque no invalida el producto. Lo que significa que hay muy pocos lugares como escenarios, el filme yace dominado por la casa en los suburbios de Pittsburgh Pennsylvania de una familia afroamericana, los Maxson; que se habla mucho, yo diría que harto; que hay una exhibición austera en cuanto a elementos visuales (hay unos pocos intersticios de ubicación y estética). Es la interactuación de unos pocos personajes en un espacio reducido y recurrente. El patio donde el protagonista, Troy Maxson, construye una cerca para su hogar. 

Troy, Denzel Washington, director además de la película, es el amo y señor de la historia. Un hombre de mediana edad común y corriente, promedio, pero aun así especial y muy interesante, el que nos cuenta en largos monólogos sobre qué ha vivido, cómo se ha hecho quien es y hasta hacia dónde se dirige, qué es lo que espera de la vida que le falta (viviendo en la rutina familiar y la de la carga laboral). Escuchamos de sus hazañas (como retar constantemente a la muerte), sus pequeñas luchas, su manera de ver y ser en el mundo. También entendemos de sus carencias, defectos, errores, crueldades y abusos.

Troy reniega de los blancos que no lo dejan/dejaron ascender en la vida, desde que fue un deportista prometedor (sobre todo a su ver), aunque más tarde se sabrá que presentaba propios puntos en contra. Troy está cansado de cargar y recoger pesados tachos de basura en su barrio, quiere ser chofer del camión de la basura, un trabajo que está destinado a los blancos, y el que le representa más dinero, tranquilidad, un ascenso. Pero el filme que se ubica en los 50s permite ver que los tiempos están cambiando en cuanto a los derechos civiles y oportunidades de los afroamericanos. El hijo de Troy, Cory (Jovan Adepo), puede desarrollar una carrera profesional en el futbol americano, pero su padre -producto de cómo ve el mundo- lo restringe, lo obstaculiza. Lo que pasa es que Troy es un hombre egocéntrico, todo cree que gira -y debe girar- a su alrededor, y su familia y amigos son como su pequeño reino dictatorial.

Lo mejor de Fences es Troy, por supuesto; el retrato de este sujeto es bastante rico, no obstante teniendo en cuenta que es una persona detestable, en buena parte una mala persona, pero a la vez un sobreviviente. Los desaciertos, fracasos y tantos golpes de su crecimiento lo constituyen y lo persiguen (de esto que el béisbol se vive siempre en la trama). No podemos obviar que es tal cual los hombres que se dejan llevar por sus frustraciones y malas experiencias, y siembran a su paso daño, dolor, cargas, humillaciones y conflictos. Sin embargo el filme quiere por una parte congraciarse con la figura de Troy. Quiere que uno le comprenda, que incluso llegue a admirarle de alguna forma, como un hombre complejo, y para el caso vemos a su esposa, la muy talentosa Viola Davis como Rose Maxson, mujer de carácter, intensa, pero una simple ama de casa dócil ante Troy, defenderlo y dirigirlo a la gloria, a razón de una “extraña” nostalgia. La película es la convivencia de este hombre con su esposa, sus dos hijos (uno de un previo matrimonio, un músico pobre y lambiscón), su hermano mayor discapacitado, y su mejor amigo y compañero de trabajo, Jim Bono (Stephen Henderson), que está espléndido en cada intervención.  

El hermano discapacitado mental (Mykelti Williamson, Bubba, de Forrest Gump, 1994) no está mal en su hechura y performance, que va y viene vagabundeando en la trama, pero resulta efectista en gran parte, algo visto –no llega a impresionar ni proporcionar novedad en realidad- pretendiendo ser la audacia/extravagancia del filme. El que apunta a describir otra mala jugada de parte de Troy que presenta ambigüedad en el amor hacia su hermano.

Ver cómo llegan hasta celebrar la existencia de éste hombre terrible vale muy bien ver el filme, perdonando la verborrea, sobre todo del comienzo, y escuchar como Troy abundante nos cuenta hasta lo más mínimo de su pasado y lo que pasa por su cabeza. Este hombre dará una sorpresa tras otra. Es un retrato popular –no solo afroamericano- de un tipo de ser humano que podemos constatar fácilmente que existe. Denzel Washington lo interpreta con gran solvencia, provocando varias escenas memorables, y otras disque memorables, hay para todos los gustos. La interactuación de idas y venidas con el protagonista es intensa y prolífica, a ratos toma mucha velocidad y luego como que explota, para, y vuelve a la carga. Troy Maxson es como decía Forrest Gump, a colación de que Bubba está en el reparto, es tal cual una caja de bombones. 

martes, 31 de enero de 2012

The help

Criadas y señoras como se le conoce en España e Historias cruzadas en Latinoamérica está compitiendo por el Oscar 2012 con cuatro nominaciones; cuenta con tres actrices postuladas a la estatuilla dorada junto con el apartado de mejor filme, teniendo a ambas intérpretes afroamericanas con posibilidades muy altas de vencer.

Es una película que cala rápido en el sentimiento humano siendo además un tema importante para la sociedad, por eso se hace fácil llegar al público, sin embargo tiene dos puntos en contra como que es una historia de ficción que a fin de cuentas no es más que la imaginación de Kathryn Stockett, la autora de éste best seller americano, empero aun así tiene mucho valor porque sirve para tener presente el racismo como mal endémico en contra de la convivencia igualitaria y justa, contextualizada en la lucha real por los derechos civiles de los años sesenta. El otro es que maneja figuras ante todo planas y estereotipadas como la maldad y abuso de Hilly Holbrook (Bryce Dallas Howard), y la existencia sufrida, maltratada y en busca de reivindicación de las empleadas domésticas de color representadas por Aibileen Clark (Viola Davis) y Minny Jakson (Octavia Spencer). Esto no impide que se busque la denuncia general de la discriminación pero equivale a no crear complejidad en sus personajes. Queremos que los malvados sean castigados a toda costa como en la desagradable e impiadosa, hasta para muchos coherente en lo contrario a la realidad, venganza del pastel y su divulgación, y que los buenos, constantemente humillados, tengan un final feliz solucionando sus incontables problemas, que me parece loable pero que se ajusta a lo que viene a ser el filme en el fondo, una fábula simplificadora y muy monocorde que contenta las emotivas expectativas de salvaguardar a las personas de la iniquidad exhibida desde el arte. Visto bien no está en absoluto mal sino muy por encima de ello ya que se pueden extraer amplios valores como en el sentirse bien con uno mismo como inculcan por ejemplo las nanas a las niñas que cuidan, no obstante nos impulsa a ser más básicos con las propuestas del séptimo arte ya que éste filme aunque es imaginado por una novelista se adscribe a un tema serio. La idiosincrasia es relativa pero el límite entre creer en el altruismo y ayudar en su realización está muy próxima de dejarse llevar por facilísimos artísticos.

La trama nos permite ver a Aibileen, una mujer mayor y solitaria que ha perdido a su hijo de 24 años en condiciones deleznables para cualquier ser humano y que decide contar a fuerza de perennizar la memoria de su vástago, todos los agravios que sufre su gremio desde la perspectiva de la mujer negra que es segregada en el sur de Estados Unidos, último bastión anglosajón de la desigualdad racial y que luchó en la guerra civil americana por mantener el esclavismo ya que eran una comunidad agraria que se alimentaba de la explotación de hombres de color.

Junto con Aibileen está su mejor amiga Minny, una mujer joven, gorda y deslenguada que no se deja difamar por nadie aun en las condiciones de su tiempo, con una individual tragedia familiar a cuestas, experta cocinera que será el soporte fraternal que necesita su compañera y todo el movimiento por descubrir su cotidiana marginación. Ella aunque no es la protagonista principal lleva a cuestas dos relatos, el que la enfrenta a la cabeza de las injusticias en el personaje de Dallas Howard, y la de Celia Foote (Jessica Chastain) que es una mujer vulgar pero de buenos sentimientos que necesita apoyo moral ante el rechazo unánime de las mujeres blancas que la ven como una puta.

La heroína de éste cuento cinematográfico es Skeeter (Emma Stone), periodista novel que no suele ser muy buena con las relaciones de pareja y que idealista como pocas, defenderá a las criadas de cara a todo su entorno social, familiar y personal, en el recuerdo de esa mujer de color que le enseñó a quererse y respetarse como ser humano ante progenitoras despreocupadas y frívolas que son indiferentes a sus proles y que irónicamente terminan siendo el modelo generacional que se repite.

Fuera de cualquier acritud que se pueda percibir en contra de la realización, solo es apuntar definiciones personales legitimas que toda crítica lleva en su libertad hacia el concepto de arte cinematográfico pero que para nada desestima el poder de las ideas de convivencia a la que aspira -en su atracción central- el filme que son las que hay que practicar, el amor entre los hombres sin distinciones de piel o el no permitir ninguna forma de separación entre ellos de poder tener las mismas oportunidades. En esa ruta el público identificado con la temática puede hacer valer su voto aun sabiendo que el alcance artístico no sea el que predomine ante películas como Los descendientes, Medianoche en Paris o El artista, aunque tiene un nivel estructural muy decente que tampoco baja el listón de la competitividad.

El Screen Actors Guild Awards (SAG), los premios desde el gremio de actores, recompensó por su destacable perfomance a Octavia Spencer (ganadora a su vez del globo de oro 2012 por actriz secundaria), a la convincente Viola Davis por actriz principal y al elenco de The help que significa ayuda en español en el eufemismo cotidiano de sirvientas.

Veremos que ocurre la noche de los Oscars 2012. Si en los rubros competitivos de intérprete al que se adscribe éste filme se hace historia en el cine para los afroamericanos, recalcando que siguen siendo minoría en recolectar estatuillas doradas y que sus actuaciones han sido muy remarcables.