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viernes, 29 de abril de 2022
The Batman
La oferta con los superhéroes es bastante grande, hay para todos los gustos y éste Batman es justamente para la cinefilia hardcore. Dirige el americano Matt Reeves. De lo bueno que presenta éste Batman es que más de media película recurre al cine negro, al cine de investigación y tiene suelto a un asesino en serie que es un enemigo clásico de Batman, The Riddler. El Riddler deja mensajes con misterios a resolver y tiene un plan maestro, mostrar que el sistema está corrupto y, copiando a Batman, buscar venganza. Batman, un muy buen actor en Robert Pattinson, golpeado por la muerte de sus padres quiere acabar con el crimen de su ciudad, aunque esto, sabe, es imposible, pero quiere intentarlo. Pattinson hace de un chico melancólico pero que se sostiene con fuerza por fuera, pero es un alma sufrida, un chico dark digámosle. En la película de Matt Reeves se trabaja un poco con el cine social, con cierta lucha de clases, se critica a los ricos, a los coludidos con las mafias y los policías corruptos. Pero también se habla hasta de los privilegiados en un alarde de lenguaje de actualidad. Hay una historia que se inserta en lo clásico y agrega novedades en la concepción del padre de Bruce Wayne (Pattinson), y esto presenta varios giros y vueltas de tuerca interesantes y bien argumentados. Es un filme que cambia de centro de búsqueda de soluciones hasta en tres oportunidades. El final es un colofón de acción, y lleva una crítica social a esa típica gente desadaptada americana en busca de venganza que realiza tiroteos como francotiradores a victimas inocentes o también están esas bombas que colocan en la ciudad esos otros tipos de gente de cierta locura que intentan desquitarse de su frustraciones pasadas o existenciales generando muerte o destrucción de manera anárquica. Todo el filme, todo lo que veremos, es un estudio y reflexión sobre reemplazar la ira y la venganza por un camino de perdón, sanación y de construcción positiva. Es así que Batman entenderá ésta lección y sembrará en sí una nueva filosofía, como que aprenderá de The Riddler; así toma -en esa sugerente escena de las motos yendo hacia lados contrarios- el camino opuesto del robo a los ricos que escoge Catwoman, la bella y sexy Zoe Kravitz, que tiene una historia bien cimentada e interesante. Ella nada en cierta inclasificación, es una criminal menor con "justificación" y hasta código de humanidad, lo mismo que todos los personajes, vidas pobres, vidas duras y desagradables, querer desquitarse del mundo. Éste Batman yace mucho en la oscuridad, incluso literalmente el filme para siempre en la noche, entre sombras y tinieblas -manejo aparte del miedo-. Tiene un poquito de cine de terror, medido, bien manejado, para no desvirtuar la esencia del cómic. John Turturro hace de un importante mafioso, Carmine Falcone, un personaje usualmente menor, que con Turturro y Reeves crece bastante y es bastante atractivo. Colin Farrell es otro gángster, en la piel del legendario Pingüino, que tira más para el noir y el realismo. Es un filme que hay que prestarle mucha atención, puede ser complejo, pero se entiende todo, pasamos de una rata o soplón con varias facetas y rostros entre anónimos a un ajuste de cuentas también de cambios de historia en medio de la lucha por el poder que incluye lo político y el orden. Ésta propuesta tiene de Nolan y de Fincher. Paul Dano está excelente como un desquiciado con gran intelecto. El filme está lleno de detalles y es muy entretenido siendo inteligente y audaz con muestras cuidadas de crueldad y sufrimiento general. Es una obra notable, y es desde el mundo de los superhéroes, aunque con un código más pegado al cine de autor popular.
sábado, 14 de abril de 2018
Súper Cóndor
La película de Alejandro Nieto Polo es muy básica y no
presenta mucha originalidad, pero es a la vez la primera película de superhéroes
del Perú y tiene su entretenimiento. Pedro (Gerardo Zamora) es un contador y
padre soltero que va de visita a su pueblo, a Marcahuasi, y halla un cuarzo mitológico
incaico que le señala súper-poderes y su destino trazado, convertirse en Súper
Cóndor, con lo cual podrá volar, llevar un especie de boomerang para pelear, ser
ágil y más fuerte de lo normal y recuperarse fácilmente de las heridas. La
entrada al protagonista es muy rápida, sin prácticamente preámbulo, pero
eficaz. En ello hay una línea graciosa. Una voz de leyenda le dice a Pedro:
Eres el elegido. Pedro responde: Ya pues, no bromees.
El filme tiene mucha acción, hay una lucha de bandos de
narcotraficantes y políticos corruptos, que incluyen al presidente de la
república. Hay una balacera en el centro comercial Arenales y una persecución
en la carretera panamericana. También hay rostros conocidos del medio aunque en
roles muy secundarios como el de Reynaldo Arenas que hace del padre de Pedro y Antonio
Arrué como un jefe de la policía, otro corrupto o intimidado por la corrupción. Mayella
Lloclla hace de periodista y la parte sentimental de la trama, paseando por
restaurantes a manera de comercial publicitario de televisión.
Los narcotraficantes se dejan ver con chicas sexys y oímos
salsas de fondo, el lado y sabor criollo está servido. José Luis Ruiz es el Mayor
Martínez y aliado de Súper Cóndor. Aunque hay corrupción policial también policías
honestos y valientes. Súper Cóndor (2016) tiene balaceras breves, secuestros,
torturas, venganzas y un sinfín de actos criminales, que hasta en un momento se
baten los delincuentes desde varias posiciones, con Súper Cóndor y el Mayor
Martínez fuera del conflicto. El aporte del superhéroe en sí es muy primario,
muy convencional, todo muy conocido. Pero está decente visualmente. Willy Méndez
como la mano derecha del congresista corrupto (Havier Arboleda) es el malvado
con mayor carisma, parece aunque simple parte de un cómic. Zamora recuerda la
bondad e inocencia de Superman, es sumamente correcto. El mensaje es claro,
luchar contra los corruptos en todas las capas sociales, mejorar la paz de la ciudad
y los valores y la identidad del país.
domingo, 24 de diciembre de 2017
Logan
La propuesta de James Mangold de Wolverine es una película
crepuscular, como aquellos western donde ya el héroe y el oeste están viejos. Logan
(Hugh Jackman), Wolverine, es éste héroe apunto de apagarse, pero con mucha
pelea por dar como despedida. Logan tiene que salvar a una niña, Laura (Dafne
Keen), que tiene sus mismas habilidades y componentes corpóreos de combate,
aunque Logan no quiere, quiere simplemente morir. Logan carga un peso
existencial, está cansado de producir dolor a otros, aunque sean también
asesinos.
Charles (Patrick Stewart), su maestro, también está en su
última etapa, pero quiere que Logan se recupere emocionalmente y siga adelante,
para ello quiere que cumpla con llevar a la niña a la frontera, que es
perseguida por el gobierno –que se mueve por premisas sencillas- y su ejército
de mercenarios, a los que Logan hace picadillo en el acto provocando peleas y
muertes gore y mucho espectáculo y entretenimiento. Logan (2017) es un filme
muy violento y salvajemente explícito. Esto le da un plus. Los X-Men digamos
que dejan de ser infantiles, aunque tratar con una bella niña asesina y ladrona
tenga de naif.
El filme es muy básico, pero divertido. Logan primero yace
como chofer de limusina, adaptado a una vida humilde, que esconde en un hangar
a su maestro. A Charles le debe aplicar una medicina para que no genere un
sonido caótico, mientras Logan toma drogas para calmar su dolor existencial y
su cansancio. La idea del crepúsculo está muy trabajada, hasta lo obvio. Logan
muchas veces no tiene fuerza para moverse. La niña lo complementa en las
peleas.
Logan despacha con facilidad a los mercenarios, que no
representan reto alguno para él, pero siempre busca escapar, ya que
siguen llegando más y más soldados. Pero pronto aparece otro Wolverine, X-24, y
la pelea se iguala y se pone híper agresiva. Los combates, con cualquiera, son
sangrientos. X-24 hasta decapita a una persona y se ve muy real. Los efectos
especiales son de un alto nivel. También la velocidad de los combates/muertes resulta
virtuosa, se pueden ver los movimientos y ejecuciones sin problemas y mantienen la
intensidad.
Logan es una road movie, una persecución, y lo que va
pasando, la gente con la que se van encontrando, en realidad es irrelevante,
todo apunta a la exhibición violenta, grandilocuente pero fulminante, salvo con
X-24 donde las peleas son extensas y más brutales en cuanto a constancia de
daño. Logan es un filme de acción, más que uno existencial.
En Logan vemos -literalmente, además- Shane (1953), pero con cierta
distancia. Logan es el pistolero harto de matar que huye del pasado, que quiere
algún tipo de paz, pero el mal le persigue y debe defender a los indefensos, y de
paso enseñarle a un niño el camino.
lunes, 10 de julio de 2017
Spider-Man: Homecoming
Estamos frente a un nuevo reboot de Spider-Man, tras el
desastre The Amazing Spider-Man 2 (2014), de Marc Webb, que empezó bien con The
Amazing Spider-Man (2012), y lo mismo pasó con la trilogía de Sam Raimi, las 2
primeras fueron muy buenas y aun son las mejores de todas las que se han hecho
de Spider-Man, pero la tercera fue una caída. Éste nuevo reboot es un muy buen
filme, a pesar de algunas cosas criticables. Incluso es mejor que la primera de
Webb, tiene mucho de juvenil y de última generación, más que la de Webb lo
cual es notable. En el filme de Jon Watts se llega hasta futurizar y jugar a H.
G. Wells y Julio Verne, a tratar mucho con el sci-fi, observamos la naturalización
de armas, aviones y artefactos de gran imaginación futurista, como que el traje
de Spider-Man, inventado por Tony Stark (Robert Downey Jr., que tiene una buena
fórmula en su seguridad, vanidad y carisma), es de una tecnología fantástica,
con todos los implementos clásicos de El Hombre Araña y muchos nuevos, que se equipara con la
plasticidad y eterna novedad, puede que más, de Iron Man, teniendo en cuenta
que Tony Stark es el mentor de Spider-Man en ésta historia, aunque Spider-Man
buscará plasmar su personalidad, y si bien reniega de la simplicidad de sus
primeras misiones, quiere mayores retos y aventuras, y admira y quiere emular a
los Avengers, terminará quedándose en su pequeño rincón, que también tiene sus
grandes misiones.
El reto de Spider-Man en ésta oportunidad se llama The
Vulture (El Buitre), interpretado por un estupendo Michael Keaton, que dentro
de su grupo criminal tiene otro villano famoso del cómic, Shocker (y no es solo
uno, sino son dos, en el cuerpo de Logan Marshall-Green y Bokeem Woodbine), que
está medio encubierto en el estilo del realismo que impuso Christopher Nolan en
sus adaptaciones de cómics, estilo que tiene una cuota pero que no domina el
filme, porque es estilo Marvel, con mucha ironía y relajo, más el de Stan Lee,
con la temática adolescente y pequeño existencial, más la capacidad mental de
¡6 guionistas!, incluido el director. El buitre de Keaton está dibujado entre asesino en
serie y gángster, medio loco y matón, al hallarse decepcionado del sistema, y
se siente empujado a delinquir, a ver por sí mismo y su familia mediante la
venta ilegal de armas. Tiene una gran escena, en la que lleva a Peter Parker en
el auto, que es rara e incómoda y sale un poco del parámetro del cómic,
recurriendo al cine noir.
Los combates, desde luego, son espectaculares, pero lo menos interesante
a fin de cuentas (si no fuera así seríamos todos fans de la
saga de los Transformers con los impresionantes
efectos especiales que posee), porque uno quiere hallar sobre todo argumentos, como
cuando The Vulture no quiere irse sin ninguna ganancia y ciego arriesga su vida
o cuando Peter Parker trata de ser un superhéroe más allá de la máscara al caer
bajo escombros. No obstante sí tiene escenas entretenidas. En el ínterin el nuevo Spider-Man busca superar su calidad de novato con cada aventura. En todo esto tenemos la maravillosa frescura que trasmite Tom
Holland como el nuevo superhéroe, y se ve en cada hazaña,
vuelo o llamado del deber, que tiene broma, novedad y mucha libertad. El filme
se logra emocionante, intenso y de sorpresa en sorpresa en sus escenas
centrales, en el caso del caos que se genera en el monumento a Washington y en
el ferry de Staten Island.
El filme muy inteligente evita volver a contar por enésima vez
como se convierte Peter Parker en Spider-Man, mientras la trama es original en
que siga, se enliste, se adiestre y medio que lo cree Tony Stark, junto a su
mano derecha en el asunto, Happy (Jon Favreau), aunque lo de tía May (Marisa
Tomei) y tío Ben sea demasiado pobre o inexistente. Tomei es parte de un
quehacer idiota de extrema atracción, sumado a la clásica sobreprotección. No
obstante es coherente con la línea de crear un Spider-Man efervescente, ultra
moderno y veloz.
La trama tiene su lado de autoayuda, aunque no en el nivel
de la muy aplaudida –demasiado, diría- pero respetable Wonder Woman (2017).
Plantea mucho la diversidad, puede que hasta exagere un poco, como con el bully
del cómic Flash Thompson que ahora hace Tony Revolori, que tampoco resulta mal hecho, a
pesar de que luce algo extraño al uso, ya que finalmente tiene veracidad porque
pertenece al mundo nerd de Peter Parker. Pero están muy bien trabajados los
amigos y la aspiración amorosa de Peter Parker, tienen una base sólida. Son divertidos,
como el mejor amigo de Peter, Ned (Jacob Batalon), o manejan bien el sarcasmo,
como Michelle (Zendaya), o son cool y maduros como la deseada Liz (la bella Laura
Harrier).
martes, 9 de agosto de 2016
Escuadrón Suicida (Suicide Squad)
Una película esperada, que lleva al ecran a una banda de
villanos como salvadores del planeta, ante un posible ataque de un ente
sobrenatural, detrás de la experiencia de que Superman puede ser peligroso, en
una película que tiene unos personajes que son un espectáculo en sí mismos, con
la curiosidad de la breve presencia de Batman, que esta vez queda relegado a un
papel ínfimo y le cede la posta a sus enemigos, criminales como Killer Croc, Harley
Quinn y Deadshot, viendo que la película trata más de estos dos últimos,
habiendo bastante historia y acción con ellos en especial, al igual que varias
presentaciones, donde al director en general David Ayer se le pasa un poco la
mano con su celebración y la idolatría de sus antihéroes, revelando de paso a
Ayer como un gran fanático de los cómics, sobre todo al
comienzo que parecen simples viñetas donde los personajes se ven
espectaculares, muy cool, sin mayor narrativa.
Es un lujo ver este tipo de héroes reunidos, con los que se
intenta ser audaz con la ambigüedad que manejan por su pasado y su manera de
comportarse, desde incluso la cabeza, Amanda Waller (Viola Davis), la que idea
y une al equipo, la que es implacable con su misión y es capaz de hasta lo más
ruin si es necesario, como vemos que muy ligera asesina a sus propios militares
para no dejar testigos o pone dispositivos de explosión en los cuerpos de los
villanos para matarlos en caso de rebelión, de lo que llega a verse que se elimina
a alguno, aunque a un simple extra que no tiene ni presentación para no formar vínculo
alguno con él. De la misma forma el trato perverso que reciben los antihéroes
es a un punto particular, y eso lo sienten existiendo variedad de sentimientos
encontrados, son utilizados para las peores
misiones, sin que importe si es que quedan vivos, al mismo tiempo que son vistos
como escoria, y tratados así por el comando militar Rick Flag (Joel Kinnaman),
un especie de G.I. Joe a cargo del
equipo.
Suicide Squad ha tenido mayormente críticas negativas,
producto a su vez de que cantidad de críticos simplemente se dedican a repetir el
veredicto que los antecede, catalogándola oficialmente de mala película, fuera
de que en taquilla ha tenido una apertura gloriosa, sin embargo no me parece
que sea así en absoluto, sino una propuesta decente, atractiva y entretenida,
pero con su cantidad de puntos recriminables, como sucede con la mayoría de las
películas. Entre ello podemos ver que Enchantress (Cara Delevingne) y los
efectos digitales que trae a colación con el hermano no son lo más interesantes,
en mi caso no soy muy entusiasta de estas pirotecnias por computadora, extrañándose
más actuación, aunque imponerle un lado de película de terror tiene su acierto
y hubiera preferido ir más por ese rumbo. En ello tenemos una gran parte del
filme, la tercera y última parte, la lucha contra esta villana escapada de la
banda, lo cual cumple, pero no emociona ni despunta.
Lo que mantiene a flote a Suicide Squad, aparte de que es indudablemente
genial ver un formato de villanos de cómics haciendo de héroes en la gran
pantalla, es la parte del centro del metraje, en la interrelación del equipo,
viendo que la Harley Quinn de Margot Robbie engancha, aun cuando uno tenía la
idea de siempre de que Quinn era una tipa empalagosa fanática de un Joker que
la trataba peor que trapo sucio, y aquí es como un amor furioso y apasionado mutuo,
no obstante por una parte hay un momento donde se deja ver esa dejadez del
Joker con ella, cuando la entrega a un pandillero, pero el filme finalmente
apunta a la relación convencional de amor, aunque entre criminales. En esto se
ha de decir que el Joker aparece poco en pantalla y se extraña mayor
repercusión, y no principalmente ir a salvar a cada rato a Quinn, en lo que
parece lugar común romántico de película de televisión, aunque digna de
espectáculo y con su encanto, que es justo cómo se maneja la propuesta, lo
simple con lo atractivo. El Joker de Jared Leto luce visualmente muy bien, como
un tipo de gángster; mientras en versión latina lo es el pandillero y pirómano Diablo,
Jay Hernandez, que cabila sobre su criminalidad, de ahí que no tenga mucha
injerencia en gran parte del metraje, recluido en una cierta espiritualidad. La
realidad es que Harley Quinn está destinada a brillar (cambiando de prioridad
con el Joker, él es como su maestro e inspiración, aparte del amor desenfrenado),
y todos han mordido el anzuelo, les ha encantado, y está muy bien también, no
obstante en varios momentos su simpleza formal, y su quehacer fantástico no
compaginan coherencia, aun en un filme de cómics, ya que igualmente todo exige algún
tipo de lógica, y en lo personal su otrora ubicación natural de secundaria –del Joker- le cobra una cierta factura, donde en el filme incluso es parte
trascendental para vencer a la bruja y de forma bastante tonta. El otro rol
principal le pertenece a Deadshot (Will Smith) que en su lazo sentimental con su
hija, su odio y deseo de deshacerse de Batman, su amoralidad en su trabajo de
asesino a sueldo y su nueva “sorpresiva” consciencia no genera algo original o intrépido,
pero se le entiende como la solidez amable del filme que engancha con mucho
público.
El villano que realmente captura mi atención es uno pequeño
y secundario, Boomerang (Jai Courtney), la verdadera sorpresa en mi personal apreciación,
aunque recuerde al poco valioso Deadpool (2016). Boomerang es igual de simple
que Harley Quinn en cuanto a capacidad de lucha aunque arbitrariamente mucho menos
efectivo, pero me parece más entretenido que ella, aun habiendo poca presencia
suya (centralmente flirtea con escapar del equipo; y con la heroína, entre insulsa,
vacía, y cool, Katana), de lo que muchos lo creen intrascendente e intercambiable
como Killer Croc, y no es tanto así, sino un personaje pequeño pero bastante simpático,
el que es un antihéroe ridículo, un sujeto cómico, que carga absurdamente un
peluche de unicornio en su saco, en un asaltante de bancos australiano que solo
lanza el búmerang (para variar), pero su ordinariez en todo sentido, su falta
de pretensiones rimbombantes y su cariz primario de solo desear largarse y de
simplemente pasársela bien, un neandertal en esencia, un ser que no le importa
nada, una figura de una ociosidad plena, resulta atractivo, aparte de que Jai
Courtney lo luce descuidado, como un vagabundo mendigo de cuerpo grueso.
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séptimo arte,
superhéroe,
Will Smith
domingo, 24 de julio de 2016
Batman: The Killing Joke
El filme animado de Sam Liu, que adapta el legendario cómic
que escribiera Alan Moore en 1988, parece estar dividido en dos. La primera parte
que dura unos 30 minutos nos enseña la interrelación de Batman y Batgirl, en
una relación amorosa -más allá del deber y el nexo de maestro y pupilo- que
luce como la de un hombre mayor hecho y derecho y una jovencita en desarrollo,
para ello Batman nunca rompe su seriedad, gravedad y estado parco, no habla mucho
y rehúye el flirteo, mientras ella se comporta como una chiquilla fuerte pero no
sabiendo lidiar con sus sentimientos, que bien ejemplifica la idea símbolo del
profesor de yoga.
No hay que obviar que esta primera parte tiene buenas
escenas de acción que generan un equilibrio de géneros, o maneja un cierto yin
yang, con un joven gángster entre Tony Montana y otro especie de Joker por
enemigo, que juega en medio de la delincuencia al pretendiente duro con Batgirl,
al chico malo que la niña correcta no puede evitar, pero, claro, esto es propio
de la perversidad y la locura del joven hampón llamado curiosamente Paris Franz.
Es la historia típica de aquellas conversaciones en la biblioteca de
Bárbara con su mejor amigo, de Batgirl, no de Batman. Se le emparenta a ella
con cualquier fémina de aire adolescente con conflicto afectivo. Es un filme lleno
de tipos de affaires, más allá de su doble vida de enmascarada y su efectividad
en combate como superhéroe, capaz de derribar al mismo Batman.
La segunda parte utiliza a Bárbara Gordon nuevamente,
sirviendo todo el previo metraje para darle consistencia humana a un personaje
que será un poderoso aliciente que acecha dibujando la perdición, creándose una
nueva y propia historia, en buena parte independiente de lo anterior, salvando
la idea del gran riesgo que puede caer en nuestra concepción ante una entrega
devota a la lucha contra el crimen y la maldad. Comienza con saber que el
Joker anda suelto y busca demostrar un punto, el cual es el reto que enfrenta
Batman y el Comisionado Gordon, donde el señalamiento del Joker tiene de
verdad, aunque se desmienta en la diferencia entre el bien y el mal, tratándose
de lo mismo pero manejado de forma personal. En el trayecto vemos el pasado del
Joker, que es algo estupendo, viendo que siempre es interesante saber de los
personajes apreciados (personalmente, me encanta el Joker, como a muchos).
Lo que le reprocharía al filme y a ésta parte es que Batman
surge como un tipo frío, demasiado neuronal y ligero, y le falta esa emotividad
que suele tener todo ser humano (curioso porque en la primera parte hay mucho
de esto y de aire adolescente), en donde el final suena muy consolador dentro
de una narrativa chocante en una broma, y Batman es sangre, un sujeto pasional,
por algo la muerte de sus padres lo definen. Más se acerca a la realidad
hacerlo un tipo oscuro. Fuera de que la animación esté en el mundo de los
adultos, se percibe que no se quiere perder su cercanía con una tradición más pura e
inocente de espectador. Por todo se humaniza al Joker, un tipo cruel y violento
en el presente, cuando Batman busca entenderlo, y conseguir una paz consigo
mismo recurriendo a mantener la disciplina, cansado de enfrentar a un
desconocido como llama a su peor rival. No obstante, ¿Batman sabe todo lo que
vemos del pasado del Joker?, es más, ¿resulta suficiente para detenerse, y
encima hacer un mea culpa?
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dibujos animados,
Sam Liu,
séptimo arte,
superhéroe
sábado, 25 de julio de 2015
Ant-Man
Ant-Man es un superhéroe que valga la redundancia
es muy pequeño, no tan popular como otros de la Marvel, no es The Avengers, los
X-Men ni Spiderman, y en ello se ha creado una pequeña diferencia en su
narrativa, viéndose que las luchas son menos aparatosas y grandilocuentes que
lo que se acostumbra hoy en día, en un tiempo donde se le da demasiada importancia a los efectos especiales y, claro, Ant-Man los tiene en gran nivel, véase cuando
se encoge y se mueve entre las hormigas (sus aliadas) o cuando lucha con
su némesis “semejante” donde crece y se reduce al chasquido de unos dedos
mientras reparte golpes, a la par que se agigantan los objetos, como un pequeño tren
de juguete (que valga la curiosidad puede ser amenazante) o algún insecto que
luego permite la broma. Sin embargo hay mucha argumentación que hace cierta
diferencia, se concibe una historia en que un padre quiere ser apto para su
hija, cuando lo absorbe un pasado de robos finos (repeliendo cualquier tipo de
implicancia mortal) y una temporada en la cárcel. Nuestro protagonista es Scott
Lang, el carismático Paul Rudd.
Es de resaltar que el personaje de Michael Douglas brinda
mucha profundidad, sin salirse de un personaje serio y creíble en una de
superhéroes, en que anida mucha comedia, no por poco iba a terminar dirigida
por Edgar Wright (que hizo uno de sus primeros guionistas, junto a Joe
Cornish, director de Attack the block, 2011), artífice de la trilogía del
cornetto, con lo que han quedado muchos rezagos de su audacia en el competente pero más simple director Peyton Reed, que deja fluir la comedia ya que si vemos su
filmografía también va por ese camino, por lo que el no tomarse demasiado en
serio y reírse de la solemnidad ayuda a caer más simpático, aunque
no sea una película especialmente taquillera, lo cual hay que decir que es
irrelevante porque escoger rehuirle a los efectos e impresiones cada vez más
grandes, a lo superficial de un anhelo de sobrecarga de sorpresa visual, como se
recita elocuentemente en Jurassic World (2015) es saludable cuando se quiere
contar algo entrañable y divertido primero, a la vieja usanza digamos, y en ese lugar Ant-Man
hace gala de modestia, como que la graduación de superhéroe sea vencer a
un Avenger en una confrontación con el tamaño de una hormiga, en lo que pudo
sumirse en el ridículo y no lo fue, además de que se hizo de buenas risas con el rol de Michael
Peña como el compinche de Scott, el de los trabalenguas, y de suficiente
seriedad para creernos algo que poca lógica imprime, aunque se hable demasiado,
salvando que eso agota un poco, pero no malogra un filme que cuando llega el
momento se llena de espectacularidad en sus encogimientos y convence en su mayoría.
Paul Rudd no es el típico
actor que hace de superhéroe y eso es una apuesta por algo distinto, aparte
del cosmopolitismo de sus amigos, latinos, europeos del este y afroamericanos,
ya no se trata sólo de gringos musculosos o angloamericanos blancos, además de
que siendo conocida la vena cómica de Rudd aportó en el guion y da también mucha
personalidad a su rol, aparte de conmover en su mayor motivación, el amor
por su hija, como en la línea paralela con Michael Douglas, como el científico
creador y su prole, en la guerrera marcial e intelectual de Hope van Dyne, en la
piel de Evangeline Lilly. En ese aspecto el reparto lo contienen actores que
nos son celebridades (exceptuando a Michael Douglas, aunque es de otra
generación), pero que hacen bien su trabajo, como el del en buena parte desconocido
Corey Stoll como otro científico que tiene desequilibrios mentales producto de
su fijación con crear soldados diminutos y venderlo al mundo, y de paso ponerlo
en peligro al no medir consecuencias. Stoll será Yellowjacket.
Ant-Man reduce todo a lo esencial, siendo ligera, y gana con
esa elección. Se ampara en la comedia, que quién esperaría que la introducción
de los títulos sea nada más y nada menos que con una salsa, y una despedida de
prisión particular, de un preso enorme golpeándonos por diversión para poco después
abrazarnos. En ese relajo conjunto yace una base potente de empatía.
El resto es hacer de un hombre “común” (sus robos son muy complejos) un
superhéroe cautivante, mediante un traje especial y no poderes sobrehumanos propios,
con un background que cambiar (el mensaje altruista de corregirnos, aunque haya
peros realistas a la hora de aquello, como salir de la cárcel y no hallar
trabajo por antecedentes) y una pequeña a quien cumplirle (la tierna Abby Ryder
Fortson). En ese trayecto se nos habla de padres separados y nuevos compromisos,
un lugar común de la Norteamérica indie, real, en un secundario siempre competente,
Bobby Cannavale, como el padrastro de la hija de Scott y además policía, que
haciendo su deber lo persigue. Tantos ingredientes positivos dan una
buena película en su tipo, sin que tampoco sea demasiado innovadora, porque
tampoco es que se salga de cierta expectación de lo que hoy nos gobierna salido
de Hollywood y por éstas épocas, pero sí que es entretenida, eficaz y por su
lado medianamente original, con lo que me quedo satisfecho.
Labels:
acción,
aventura,
ciencia ficción,
cine americano,
crítica,
Paul Rudd,
Peyton Reed,
séptimo arte,
superhéroe
jueves, 17 de enero de 2013
Batman: The Dark Knight Returns parte 1 y 2
Jay Oliva viene de trabajar de storyborder con muchos superhéroes
como Linterna verde, Hulk, Batman, Spider-Man, Superman, La Mujer Maravilla, La
liga de la justicia, y otros personajes como Robocop y Winnie Pooh; es él quien dirige las
dos películas que trataremos, basada en 4 cómics de una serie hecha por Frank
Miller (Sin City, 2005).
Jay Oliva en Batman: The Dark Knight Returns (parte uno: 2012 - parte dos: 2013) se muestra como un gran storyboarder, y no solo queda en ese lugar, sino que nos entrega a continuación una magnífica adaptación animada en dos partes del superhéroe que más ama el mundo, con perdón de Superman, Spider-Man y The Avengers que intentan hacerle la competencia
Jay Oliva en Batman: The Dark Knight Returns (parte uno: 2012 - parte dos: 2013) se muestra como un gran storyboarder, y no solo queda en ese lugar, sino que nos entrega a continuación una magnífica adaptación animada en dos partes del superhéroe que más ama el mundo, con perdón de Superman, Spider-Man y The Avengers que intentan hacerle la competencia
Otra película de la que hablaré de paso es Batman: year one (2011), de Sam Liu y Lauren Montgomery, también creada por Frank Miller, en
1987, un año después de la presente. Los cómics de Batman: The Dark Knight Returns son de 1986, a diferencia de los filmes que han invertido su lugar de exhibición. Batman: year one es un filme muy intenso, que nos remite al inicio de la
construcción de Batman en una ciudad caótica donde el crimen reina hasta el
punto de que la policía está totalmente corrompida, pero no está solo ya que al
mismo tiempo aparece un compañero dentro de la legalidad, con quien codo a codo
lucha por rescatar a ciudad Gótica, el detective de policía James Gordon. En
paralelo se nos da la historia de ambos. Mientras uno crece y aprende su lado enmascarado
de la justicia, el otro se enfrenta a la agresión y desconfianza de los
corruptos compañeros, de la supervisión abusiva de su jefe y de una relación
extramatrimonial mientras su esposa está embarazada. A la luz de un humano pero
idealista Gordon que tiene fuerte presencia en el conjunto vemos a un Batman
decidido, aceptando y proyectando su pasado, en datos a grosso modo pero precisos,
mientras asume -y se asume- su papel en la salvación de la ciudad. Por ahí se
ve la historia de Selina Kyle y su transformación rauda en Catwoman; sus
habilidades de combate y su choque con el murciélago humano.
Batman: year one comparte vínculos con Batman: The Dark
Knight Returns, siguen algunas ideas en común, aparte de provenir de una
renovación dictada por la pluma de Frank Miller, su trazo veloz y un aura de
arte rompedor nada limpio; tienen un destacado pero parcial tono realista, cercano
a los cotidiano en varios rasgos, a los problemas identificables aunque dentro
de una ficción y una aventura fantástica propia de cómics de superhéroes (más
la segunda parte), como su modernidad y su lado cool, su soltura, su explicites
en la acción y sus repercusiones en los combates, su ir a complacer más al
adulto que a los niños, su agilidad narrativa y su claridad argumental sin perder
un tono humano y mayor al simple dibujo animado de primera referencia, o sea el
infantil, sino saciar ese lado oscuro que muchos creemos es la verdadera y
mejor identidad del cómic que muchos apreciamos. Otro rasgo es que Batman, aunque muchos no lo ven así, vive una fuerte represión hacia su persona oculta, la que es una necesidad, entonces cuando la ciudad
vuelve a caer en el caos, en la alta criminalidad, en la anarquía y su peligrosidad
callejera, y la policía no puede detenerla, se requiere de su presencia. Sin
embargo la trama de The Dark Knight Returns nos presenta un nuevo contexto, bastante
especial y opuesto, Bruce Wayne tiene 55 años de edad, yace retirado hace diez
años tras la muerte de Robin, Jason Todd,
y decide como anuncia el título regresar.
La primera parte de Batman: The Dark Knight Returns, nos
pone como entes de destrucción e inseguridad a los denominados mutantes, una
pandilla de punks que son inhumanos y asesinos implacables, naturalmente proclives a la violencia pero anclados al servilismo límite (matan a un niño aun recibiendo el rescate económico por él). Los mutantes tienen un
líder muy parecido al Bane más ligero que uno conozca, solo puro músculo, y lo
que se hace complicado al enfrentarlo, su juventud. En cambio el hombre
murciélago está viejo pero sigue fuerte, valiente y confiado en sus nociones,
por lo que vemos que hace frente a todos con esa misma agilidad de antaño,
salvando algún esfuerzo extra. No obstante ahí es nada porque sale a flote no
solo por su inteligencia, sus recursos técnicos, su osadía, sino con su capacidad de pelear a puño limpio. Acepta pelear
cuerpo a cuerpo con el mastodonte, inmisericorde y bruto líder mutante, en dos
oportunidades; la segunda ya con algún truco bajo la manga pero igual de
aguerrido.
El relato es sencillo y es artificialmente nostálgico, como en un colofón glorioso que es lo que apunta constantemente, un ir hacia adelante frente a la lentitud, al pasar de los años, pero en donde a nuestro héroe le queda ante todo la experiencia si bien parece no haber cambiado en realidad. Aunque luce como un anciano sigue siendo Batman. Le da duro a todo el que se mete con él y no se podía esperar otra cosa, por lo que es, un cómic que con buena dosis de modernidad y audacia también requiere de ciertas constantes tradicionales, sino no existiría. Lo mismo le pasa a fin de cuentas y en otro grado mucho menos notorio a Christopher Nolan y la discusión de que era o no realista, lo cual parece algo bastante tonto de pedirle a un personaje de historieta, y es que desde el arranque se nos muestra inverosímil, solo irrigado por unos pocos rasgos realistas pero que es una fantasía en toda regla.
Otro rival es Dos Caras, que nos dice literalmente –y en varios planos- que uno aun con cambios físicos sigue siendo el mismo. También destacan algunos toques de recuerdos que son muy escuetos pero son como brillos iluminadores, que hacen al héroe quien es, exhiben sus rasgos de identidad ya muy populares. Batman no deja de tener ese fuego en su interior ni con avanzada edad, yace inamovible ese combate por superar sus pérdidas y en quien lo ha convertido (depende de ello), bajo la curiosidad en el filme de monologar con su propia psiquis de forma exaltada, y es que si vemos bien Batman está un poco loco. Además, en pantalla se da la sutil ironía, en realidad de siempre con el personaje, para quienes decían de que Robin tenía un aire afeminado; la elección de una niña lo hace algo muy esencial, muy descarado, pero entretenido, como es siempre éste magnífico superhéroe.
El relato es sencillo y es artificialmente nostálgico, como en un colofón glorioso que es lo que apunta constantemente, un ir hacia adelante frente a la lentitud, al pasar de los años, pero en donde a nuestro héroe le queda ante todo la experiencia si bien parece no haber cambiado en realidad. Aunque luce como un anciano sigue siendo Batman. Le da duro a todo el que se mete con él y no se podía esperar otra cosa, por lo que es, un cómic que con buena dosis de modernidad y audacia también requiere de ciertas constantes tradicionales, sino no existiría. Lo mismo le pasa a fin de cuentas y en otro grado mucho menos notorio a Christopher Nolan y la discusión de que era o no realista, lo cual parece algo bastante tonto de pedirle a un personaje de historieta, y es que desde el arranque se nos muestra inverosímil, solo irrigado por unos pocos rasgos realistas pero que es una fantasía en toda regla.
Otro rival es Dos Caras, que nos dice literalmente –y en varios planos- que uno aun con cambios físicos sigue siendo el mismo. También destacan algunos toques de recuerdos que son muy escuetos pero son como brillos iluminadores, que hacen al héroe quien es, exhiben sus rasgos de identidad ya muy populares. Batman no deja de tener ese fuego en su interior ni con avanzada edad, yace inamovible ese combate por superar sus pérdidas y en quien lo ha convertido (depende de ello), bajo la curiosidad en el filme de monologar con su propia psiquis de forma exaltada, y es que si vemos bien Batman está un poco loco. Además, en pantalla se da la sutil ironía, en realidad de siempre con el personaje, para quienes decían de que Robin tenía un aire afeminado; la elección de una niña lo hace algo muy esencial, muy descarado, pero entretenido, como es siempre éste magnífico superhéroe.
La primera parte no auguraba algo destacable como ha
sucedido, los mutantes son bastante planos como personajes, no representan
mucha imaginación en el trazo ni en el fondo. No obstante todo el paquete es lo que la hace
sumamente agradable, y aun con estos enemigos se hace audaz. En total,
entre ambas partes, mucho importa ver la trasformación del tiempo, ese nuevo
contexto desplegado como impremeditado, en cada presencia dentro de una
novedosa interpretación visual y hasta en parte de su fondo, todo envuelto en
un aire de cierta modernidad. Tenemos la infaltable y constante prensa, las autoridades,
las entrevistas a analistas y psiquiatras, la intervención de un presentador de
televisión, que la hacen una historia
más mediática, analítica y referencial en su discurrir predominantemente ligero.
La segunda parte gracias al ambiente anterior –concreto y
bien desarrollado- se dedica a ser solo un poco original en su trama, en la
misma dirección pero ya de forma menor recogiendo la miel que le precede, pero nadando
en personajes más atractivos a través del hecho de estar consolidados y ser un
gancho seguro en el espectador que no se cansa de volver a verles. Surge siempre
clásico el Joker como rival, que con él es como dicen que un superhéroe no
sería nadie sin un buen antagonista. El plan es sencillo y es un macguffin,
pero termina siendo una matanza insaciable y un enfrentamiento final muy duro y
explícito. Hay más, Batman se enfrenta
a Superman estando viejo. Es el hombre intachable que obedece al gobierno de
Estados Unidos, versus el que es un audaz, efectivo, justo y exitoso outsider,
metafóricamente interesante. Esto uno no lo puede creer sino lo ve y es que
viendo lo que ya nos han reflejado parece una lucha imposible, aun siendo Batman, y juega como connotación
doble, porque es un hombre contra uno que no lo es, sino de otro planeta con
poderes superlativos, mucho sabiendo que el hombre
de acero sigue siendo el mismo de antaño, joven y poderoso.
Ésta segunda parte aunque en realidad no aporta casi nada
nuevo en su superficie y utiliza un refrito muy gastado en una nueva guerra
atómica entre una ulterior Unión Soviética y el país de las barras y estrellas
por un territorio en disputa, se hace más entretenida, más fácil, e igual sigue
el mismo método, aparecen algunos viejos personajes como Selina Kyle (a la que
vemos irónicamente vestida de Mujer Maravilla y le cae precisa la frase malvada del Joker, los años no perdonan); y un superhéroe que ahora tiene
su propia serie de tv., Oliver Queen, Flecha Verde, que es otro ejemplo
de una constante en el filme, ser el mismo, seguir siendo un superhéroe
aun siendo ya un hombre sin disfraz. De aderezo presenciamos a los mutantes divididos, a Robin, y
la persecución policial en un nuevo comisario, y el anunciado y esperado
cierre “definitivo” de la leyenda.
viernes, 3 de agosto de 2012
The dark knight rises
El mes de julio nos ha deparado la última película de Batman
de la trilogía de Christopher Nolan, finalmente ha llegado y ha sido algo épico
como se esperaba, casi tres horas de acción. Nuevamente el sentimiento de la primera
vez ha regresado para dar rienda a poder concretar la imagen global que la obra
de Nolan ha plasmado desde hace 8 años. La experiencia ha sido distinta pero la
magia perdura en otro tipo de producto, Batman sigue imponiendo su magnetismo
en aquellos que aun guardamos estima por el superhéroe de nuestra infancia.
Ésta vez tras su retiro el hombre murciélago descansa en el
recuerdo como el asesino de Harvey Dent; a los ojos de la gente fue el probo
fiscal de distrito que representaba la esperanza de la justicia en la ciudad
caótica y siempre proclive a la anarquía de Gotham city. Sin embargo la verdad
es que en la oscuridad se corrompió como Dos Caras, gracias al plan macabro del Joker quien aplica la idea de que nada es impoluto de acuerdo a ciertas
condiciones, por ello la imagen de Dent debe ser salvada para crear esos
ideales que mueven a los seres humanos, algo muy claro en el contexto americano
donde sin bases no hay unidad ni destino en común.
Surge un nuevo enemigo para Gótica, que puede ser visto como un sobrenombre para New York o alguna ciudad cosmopolita de Estados
Unidos, ya que Nolan aplica a su obra abundante realismo que le da verosimilitud
y sustancia a esta ficción que proviene de la –en general- superficialidad de
un cómic, incluso se hace alguna broma sobre el disfraz de Batman que luego se
justifica con que es una forma de crear miedo y misterio, a lo que el
superhéroe desprovisto de máscara revela que se trata de encubrir su relación
con sus seres queridos y crear la sensación de que cualquiera puede ser el protector
de la libertad y la tranquilidad de la sociedad, para el caso vencer la
criminalidad que gobierna alrededor y hace peligrar esa condición.
Surge un nuevo componente que hace retornar la propia fe en ser un
vigilante nocturno, repudiado en un inicio por la policía salvo por el comisionado James Gordon (Gary
Oldman) que conoce del esfuerzo de ese entregado salvador, de ese envejecido, desilusionado,
oculto y renco Bruce Wayne (Christian Bale). Éste componente se llama Bane, un mercenario que
sigue el camino que fue impartido por la locura y maldad del Joker
(inconmensurable Heath Ledger en el papel que dio el fruto de un merecido Oscar
póstumo por actor secundario). Se trata de imponer la anarquía, ésta vez de
toda la población inducida a la rebelión al aprovechar la debilidad de los
agentes de ley ante una bomba de grandes dimensiones. Sin embargo Batman
desliga de las mayorías la teoría de esa aproximación natural humana a la
supuesta libertad absoluta engendrada en la utópica anarquía diciendo que la
responsabilidad y el deber son inamovibles del compromiso con la sociedad (ante
el reino del caos la ausencia de figuras también depara silencio, espera e
inmovilidad de las masas). Esto último es algo aceptado que demuestra una
necesidad que hay que adoptar sin fantasías, para ello en este caso la paradoja
resulta en que el motor de ello es la intromisión de un superhéroe imaginario,
ajustado a un especial contexto pero que puesto a cumplir con el realismo del
que se adhiere constantemente se defiende arguyendo que el orden es intrínseco
a nuestra evolución y convivencia, una segunda piel que nos realiza, por ende
la lucha es de todos, para lo que se sostiene no solo de sí mismo sino de un
colectivo. Batman es uno más, aún no siéndolo definitivamente, al igual que
Bane. Sin embargo son solo líderes y símbolos de algo más grande y masivo, la
perenne lucha entre el bien y el mal ajustado a la estructura de la sociedad,
lo prodigo y lo destructivo. Por eso ahí vemos a los agentes policiales
chocando frontalmente contra los terroristas o al joven oficial John Blake (Joseph
Gordon-Levitt), Robin, que lleva una audaz argumentación sobre su persona, en
un magma que surge de la relación de admiración que le produce la figura de
Batman, el que se convierte en propulsor de heroísmo, de identificación. Wayne
representa además un huérfano inspirador, su sufrimiento ampara su lucha y su
lugar tiene solidez en clave de epifanía, un llamado para el compañero que ve
en el mentor y superhéroe su camino, esa voluntad de paz contundente que quiere
prodigar. Gordon sigue siendo indispensable para no salirnos de cánones
normales, de no perder la fe en el orden público que es complementario,
recordemos que es la historia de Batman pero que Nolan quiere veracidad, por lo
que Batman desaparece y se entiende en ese final pausado, no sobre-exaltado
aunque valiente y sobre todo afín.
El querido mayordomo Alfred (Michael Caine) temiendo por la
vida de su señor al que ha criado desea un devenir ordinario para él y sueña
con encontrarlo con la mirada sentado en un café en Florencia con una pareja. Wayne en su condición de soltero y solitario no posee el afecto estable de ninguna mujer, encima vive con el recuerdo de la que perdió, pero nunca le faltan parejas. En el filme tiene dos
relaciones. Alfred tiene en la historia una participación bastante menor, muy parecida a la de Lucius Fox, Morgan Freeman, aunque son básicos en el
relato. Yace en una sub-trama poco engordada pero que da algo de matiz a la
carencia de mundo del personaje de Wayne, poco desarrollado realmente. Caine da
realce a un personaje muy pequeño aunque reconocible, en contraste a otro
secundario que más bien no funciona tan bien, se trata de Marion Cotillard como
la magnate filántropa Miranda Tate, y a pesar de que toma importancia y resulta
coherente parece algo muy hollywoodense, que hay que anotar que es muy parte
del universo Nolan que mezcla el aparato comercial con ese cariz profundo que
emerge de su imaginación y la de su hermano Jonathan Nolan que participa en el
guion de éste definido como entretenimiento inteligente.
Un detalle a recalcar son las vueltas y resonancias que toma
aquel niño que logra escapar de una prisión inexpugnable a la que hay que salir
por arriba escalando sin arneses, se hace alusión de que la desesperanza llama a la fe, y para ello huir
parece posible si bien la muerte siempre se manifiesta ante la tentativa. Ésta es una
atractiva incorporación, parte del entretenimiento y que
reporta un reto para el hombre detrás de la máscara, el que tendrá la
oportunidad de intentarlo poco después de la derrota tras un combate a puño limpio muy bien articulado,
espectacular, que despliega una simpática coreografía de artes marciales.
Se unen cabos, no solo dentro de ésta realización sino con
las anteriores; las tres representan un tríptico, una continuación que puede
ser vista independientemente pero que son más que un rótulo de unidad. Resurge la presencia de Ra´s Al Ghul (Liam Neeson) y la liga de las sombras,
Bane hace hincapié en que es su sucesor, aunque hijo "ilegitimo", una vez que se descubre mucho más que un peón de causas ajenas al
servicio de un inescrupuloso empresario John Daggett (Ben Meldensohn, el
recordado Pope de Animal Kingdom) y que termina teniendo una causa afectiva
-que tiene mucho de literal- a la cual seguir, el reverso/reflejo de Batman. La
oscuridad que ha mantenido toda su existencia lo ha construido, lo ha vuelto
cruel y lleno de venganza, algo superficial que recalca su fortaleza y su
característica de rival difícil de vencer, y es que la historia requiere un
poco de resonancia y simple vitalidad.
Se puede ver a Jonathan Crane (Cillian Murphy), El Espantapájaros, como juez de los ciudadanos a los que se quiere despachar; muerte o exilio clama y obliga a cruzar el hielo quebradizo. Toda la obra y
creatividad de Nolan retorna, se asimila como una cosmovisión que predomina como una singular propuesta de un nuevo Batman,
único y a la vez verificable en la esencia de su padre Bob Kane que estaría
orgulloso de la transformación a la que al día de hoy asistimos. Distinta a lo
que hizo Tim Burton, pero que vivirán paralelas como dos opciones destacables. Una
más pegada al carnaval, a la extravagancia, a lo puramente fantástico y a lo
freak y gótico -valga la redundancia- del estilo Burtoniano; y otra a una
resolución mucho más verificable, que admite menos la inocencia y la
dramatización de corte infantil, una más adulta, pero ambas divertidas a su modo. El comienzo no tiene nada que envidiar a una cinta del género de acción, en
cualquier circunstancia impresionante y trepidante donde la precisión, los
adelantos científicos, la CIA y terroristas se dan espacio, y eso gobierna la
película, combinando la fantasía y lo que hay en el mundo actual, mercenarios
escondidos en lo desagües o un táctico robo armado a la bolsa de valores.
Junto a Bane, un musculoso y calvo Tom
Hardy escondido detrás de lo que parece un bozal y con la voz distorsionada,
magnifico en lo que será un escalón más al estrellato en Hollywood, está Catwoman, Selina Kyle (Anne Hathaway). Se veía complicado que superara la
actuación de Michell Pfeiffer y no lo ha hecho. Sin embargo ha dejado una buena
sensación, mucho pensando que ella se suele presentar algo cómica e
intrascendente y requería de sensualidad y algo de oscuridad; en el filme de
Nolan levanta las piernas en incontables situaciones misma danzarina de ballet
o animadora en un partido de básquetbol, usa ropa apretada, se reviste de
seducción, lo que aunado a su rostro hermoso puesto a la seriedad toma
razonable contundencia. Se ha hecho loable su interpretación como una ladrona
de guante blanco; su disfraz parecía innecesario ya que se podía deducir quien
era por lo que más ha sido lucirla lo más apetitosa posible como asumir el
personaje, poco ha sido el esfuerzo de no dar a conocer su identidad. Pero el
guion justifica esa elección, ella busca limpiarse de un historial delictivo y
esa es su motivación principal, y ya que se sabe que es una delincuente menor conocida
dentro de los archivos policiales poco implica saber o no quien es a vista de
los demás. Otro punto es su ambigüedad en cuanto a sus acciones, termina
jugando en ambos bandos pero algo reparable es que Wayne desde siempre le
brinda el beneficio de la duda al extremo de caer en desgracia, interesante ya
que de arranque ella muestra su verdadera inclinación robándole un collar
familiar, comprensible solo porque Wayne descubre que ella quiere algo más,
tiene alguna secreta intención que la mueve a tratar con criminales, agregando
la atracción que ella despierta y como se sabe el amor perdona hasta lo
imposible. Nunca antes Hathaway ha estado más hermosa y eso se aprecia porque
asume un papel menos cotidiano a su frescura y ligereza, un acierto de un
“osado” Nolan que ha confiado en la que parecía su carta más ardua de superar
en cuanto a elegancia y complejidad; con ésta actriz se da otra de su marcas de
autor, articular componentes de lo minoritario con figuras populares (la trama tiene cierta dosis de
intrincamiento y veracidad, pero visto bien tampoco es demasiado, nunca pierde de vista al público).
Sobre el mismo Batman hay que aplaudir que no cae en lo
ridículo esperando de él una versión madura, asunto peliagudo sabiendo de que
va el cómic, usar el calzoncillo encima de una malla es algo que puede ser muy
risible si aspiramos a la credibilidad o estamos acostumbrados a los dramas
relevantes, pero el hombre murciélago revestido de su aura todo el tiempo es
rudo, parco, activo y oscuro. Se moviliza bajo el uso de la alta tecnología, usa motos
modernas que sirven para posturas sensuales, como las fantasías de Joel
Schumacher, si me permiten la ironía, pero respaldadas por el público; un aparato de vuelo impresionante y un
vehículo de guerra que parece un tanque, prototipos que se ven bajo la lupa de
la ingeniería militar de avanzada. Puesto en el traje, la voz cambiada de Bale y su semblante se imponen haciendo que
esta película vibre en la pantalla, se sienta consistente y no nos hace creer
en algo kitsch. Estamos ante un filme mayor salido de un cómic y que no deja de serlo,
teniendo una perspectiva elogiable que alimenta nuestro lado más efímero con
algo mejor y aun así seguirá siendo solo una opción a escoger, notando que no
es la banalización de la complejidad sino la complicación de lo menor sin que
tampoco lo sobredimensionemos y salga de su lugar de entretenimiento, además de fabricar sustancia en arquetipos con aire de outsiders y
con ello estamos ante una gran parte de lo que significa hacer cine, un buen
séptimo arte masivo.
miércoles, 11 de julio de 2012
The Amazing Spider-Man
Si vemos la actual cartelera cinematográfica nacional e
internacional resulta ineludible la nueva cinta de Spider-Man, la que convoca
mucha presencia en las salas de exhibición, amplias colas y un lleno abrumador
digno de la máxima envidia de otras propuestas, agregando el cariño que
despierta en el público el personaje del cómic, del que para Marvel es su pieza más popular, ya
antes llevado a la pantalla grande en tres oportunidades, en la dirección de
Sam Raimi, y a la televisión múltiples veces con lo que reconocerlo y
apreciarlo es casi un hecho si se hace un mínimo de mérito creativo siendo una
apuesta grande dentro de la industria del séptimo arte.
Si la analizáramos diríamos en palabras directas que ha
estado bastante bien para la desconfianza que se temía tras 5 años atrás en que
tras la última propuesta disminuyó su éxito en el ecran y sus participantes
principales entre protagonistas y director perdieron el entusiasmo. Ésta nueva Spider-Man tiene un perfil bajo o “modesto”, dentro de lo imaginable para una cinta
de su envergadura comercial, que le ha jugado en favor, quizás temiendo despertar demasiadas expectativas y rebote contra ésta, sobre todo con lo apabullante que está resultando la
proximidad de The Dark Knight Rises y frente a la otra gran producción en el rubro, The Avenger, aun con la distancia afectiva que implica en comparación. Batman en cambio tiene una obligación de
agradar mucho mayor y eso -aparte de ser el superhéroe por antonomasia por
encima de un Superman perdido en el tiempo pero con una etapa de gloria en la
actuación de Christopher Reeve- se debe también a que en manos de Christopher
Nolan se ha elevado la profundidad de la propuesta cinematográfica, tarea fácil
en comparación a lo que hizo Joel Schumacher destruyendo el alto nivel que
implicó lo hecho por Tim Burton y que con Nolan ha llegado al paroxismo.
Spider-Man llega tranquilamente, casi sin ser competencia y sin ninguna
preocupación (afuera, claro, de cara a la percepción de la gente), gracias a la
receptividad de las figuras de esa cultura popular global en pantalla grande y a
su propia imagen histórica, aunque esperando el espectador un retorno algo distinto,
y sucede, entre comillas, ya que el hombre araña se auto-recicla y sale a la
carga pero con la misma esencia que ilusionó a los fanáticos en el cine con las
dos primeras películas de Raimi y eso quizás porque es inamovible el espíritu del cómic o
lo que siempre ha pretendido Stan Lee con éste superhéroe.
Se vuelve a contar la historia del superhéroe arácnido, pero
esta vez desde la pérdida de sus padres y su traslado raudo a su nuevo hogar
con sus tíos, unos más frescos Sally Field y Martin Sheen en los papeles
respectivos de tía May y Tío Ben, dos grandes estrellas del séptimo arte que
revisten de nivel a la película, siendo además indispensables en la trama ya
que uno inspirará la responsabilidad que el joven superhéroe requiere en su
labor y la otra es su vínculo con su sensibilidad y debilidad.
Ésta vez la posta es de Andrew Garfield, el cual logra
concebir la juventud que prodiga su director Marc Webb en toda la trama. La
filosofía de Stan Lee, el creador del cómic, yace en todo el filme nuevamente
pero ésta vez más flagrante aún en la dirección de Webb –un experto en el
asunto tras ver su destacada ópera prima (500) days of Summer- con respecto a
destacar la edad y el contexto detrás del deber como paladín de la justicia, y
aunque ésta apunta notoriamente a un público
joven se deja apreciar por un público general dispuesto a disfrutar de una
cinta ante todo (únicamente en realidad) entretenida que no pretende nada
complejo salvo rodearse de unos toques de identificación existencial bastante
básicos pero primordiales en esa primera edad tan conflictiva, el bullying en
el centro educativo, el primer amor en la ilusión de la chica perfecta o la
adaptación a un espacio social que desprecia o afirma y ubica de forma tajante,
agregándole a nuestro protagonista un hogar atípico y un aire independiente y
solitario a cuestas.
El rival, algo indispensable para el tipo de película que
estamos viendo, fue pensado aquí como algo ante todo superficial en la
esencia de las películas de Raimi y los
programas de tv. que le han antecedido, es decir todo lo audiovisual que se ha hecho
en Spider-Man, a diferencia de Nolan en
que el Joker absorbía de la esencia de la anarquía bajo tesis argumental, bastante
mejor todavía que lo que aspiraba Ra´s Al Ghul, una limpieza de la iniquidad
humana tergiversada de la misma presencia de Batman y mucho más que la
propuesta simplista de El hombre araña presente, hacer una raza más fuerte, pero
¿cuál?, de lagartos. No obstante nuevamente hay coherencia en toda la
propuesta, recordando que lo que importa aunque no parezca está detrás de la
máscara, lo que viene después es el ente puesto en la labor de acatar su
responsabilidad entendiendo de que background sucede.
El doctor sin brazo
convertido en lagarto es solo el lógico pretexto para que Spider-Man ejecute su deber, ese
recalcar una y otra vez hasta asimilar que ser un superhéroe es asunto de
valores y que todos podemos serlo, como cuando el hombre araña le dice al niño
que se ponga la máscara, dejando el mensaje de que tú también puedes ser un
héroe anónimo. El doctor sin brazo lo caracteriza Rhys
Ifans, con quien se apuesta como antes por un secundario no tan conocido, pero
interesante en el cine, tal cual lo hiciera Alfred Molina en la mejor película
de Spider-Man que se ha hecho hasta la fecha.
Con una misión sencilla de resolver en el guión, la fuerza
yace nuevamente en la identificación de la cotidianidad juvenil de Peter
Parker, para ello lo acompaña Emma Stone como la otra novia famosa del hombre
araña, Gwen Stacy (Mary Jane llegaría después), mención especial y abridora de
que se destaquen constantemente las piernas de la espigada actriz a la par de
su simpatía. Stone es guapa aun en un tinte extraño a como la solemos ver (pelirroja le queda mucho mejor). Sin embargo lo que más atrae de ella en conjunto es su
soltura, esa que nos hace pensar en ese rótulo americano de la chica de al lado, pero, claro, en el fondo, con atributos inigualables (solo es una sensación ficticia), que no
choca con un desbordante magnetismo gracias a una estilización proveniente de
sus piernas y su altura, la grave sensualidad de la chica hot del instituto, como
de un carisma, dulzura y personalidad envidiables, a la que se suma la fuerza
que exuda, algo innato en esa seguridad que manifiesta. La química está
bastante bien aunque parecen algo comunes en su interrelación, lo que se pude
interpretar quizás como una virtud y un gancho típico de cierto cine americano.
Andrew Garfield, el nuevo Spider-Man, luce por su lado una
naturalidad para verse entusiasmado que es una parte indisoluble de esa
juventud que aborda, como el cambio de un retraído, pero inteligente e idealista muchacho, a un vigilante de la ciudad. Éste Peter no es un nerd, como el de Raimi; al inicio se ve un poco en el maltrato
escolar, pero apenas, porque luego hasta se venga de una golpiza, una que enfrenta valientemente al saber que va a perder. Aquello yace sugerido más bajo un modernismo, que lo
alcanza a él también, en donde dan a entender que ya no vende la figura medio bobalicona que aparecía más
palpable en Tobey Maguire. Sobre todo con semejante contexto, alguien capaz de surcar el cielo desde lo alto de los rascacielos. En Garfield se mezcla la inocencia con la picardía y audacia (bromea con un
ladrón y hasta con la policía), y eso es parte de Webb, que se lo adhiere a la
personalidad del personaje, como quien estuviera en medio del desarrollo mental,
pudiendo ser infantil y rebelde (monta skateboard), compaginado perfectamente
con esa mirada del encumbramiento que tiene en ciernes, para cumplir con “un
gran poder conlleva una gran responsabilidad”, que dice la frase acuñada por
Stan Lee, trasmitida del Tío Ben a Peter.
No puede pasar desapercibida una mención especial al
actor Denis Leary, la verdadera novedad del filme, con una estupenda actuación,
para quien suscribe la mejor del grupo, éste hombre maneja el sarcasmo como
pocos y aunque su papel es menor en la interpretación del padre de Gwen y jefe
de la policía pone fuerza en atrapar a Spider-Man y en ayudarlo sin generar incongruencia.
Si hay algo a resaltar de Spider-Man es su frescura; se
repite mucho lo ya contado y el enemigo es plano, muy funcional, pero llega
rápido el mensaje en un buen empaque, y el ritmo es entretenido. Lo que me parece tremenda falla es la escena del desencadenante de una muerte principal, que parece el
comercial de alguna zapatilla para chiquillos "audaces". El 3D más es adorno en todo el
filme, a uno le es indiferente a pesar de su presencia atípica, salvo cuando Spider-Man
echa a volar y podemos coger algo de esa magia, de esa aventura, sintiendo ese
vértigo y agilidad especial. Spider-Man no es en su mayoría novedosa pero sí muy divertida y cool, como dirían los norteamericanos, sin que sea reto para el esperado Batman de
Christopher Nolan. Se vislumbra una segunda parte en el
desarrollo de la muerte de los padres de Peter: ¡Que venga!
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