Luis Buñuel hace una película de aventuras, con un país
equis en América latina que está gobernando por militares y que un día prohíben
a los extranjeros extraer diamantes. Esto genera el choque entre los
extranjeros y el gobierno dictatorial. Así comienzan las persecuciones, se forma
un grupo que quiere escapar, se van rumbo a la selva del Brasil. Un extractor
de diamantes, Castin (Charles Vanel), quiere casarse con la prostituta local,
con Djin (Simone Signoret), ella lo considera viejo, pero por interés acepta.
De esto saldrá una pequeña aventura sorpresa más adelante, con francotirador
incluido. El héroe es un tipo corrupto en varios sentidos, un tipo violento con
las mujeres, Shark (Georges Marchal), un ladrón que simplemente sobrevive como
puede y se une al grupo de la fuga. Michel Piccoli es el padre Lizardi, un tipo
común, curiosamente una rara avis de Piccoli que en el cine hace mucho de hombre extraño y extravagante. Junto a ellos la hija sordomuda de Castin (la
hermosa Michèle Girardon). El filme recuerda el cine de aventuras de John
Huston, pero con un toque de personalidad propia. Buñuel es más primitivo para escenificar
los comportamientos. El filme es bastante práctico, tiene buen ritmo. Está
explicado con suma facilidad, pretende la movilidad. No hay grandes
protagonistas, están a media caña, les falta grandeza, por más que se intenta,
pero se distinguen, no son personajes planos. Las acciones son decentes e interesantes,
pero muchas muy simples, aunque es un filme que escapa del rótulo final de típico.
Shark es un tipo bastante rudo y aporta cierto realismo, aunque carece de
carisma. La mort en ce jardin (1956) es una película entretenida, pero no una
gran película. Esta propuesta es una mezcla mexicana con francesa. Un nado
entre europeo y latino. Sobresale la actuación de Piccoli.
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jueves, 11 de julio de 2019
domingo, 24 de junio de 2018
La verdad (La vérité)
Los filmes sobre juicios suelen ser pesados, pero éste escapa a ello cuando vemos de donde vienen las justificaciones para acusar o defender a una criminal, Dominique Marceau (Brigitte Bardot), que ha matado al novio de su hermana, al músico Gilbert Tellier (Sami Frey). El filme cautiva cuando pivotea el presente con flashbacks sobre la vida de Dominique, y conocemos su manera de comportarse, quien es y que la ha llevado a matar a Gilbert. Se genera una gran dinámica de complemento mutuo entre los flashbacks y el juicio con la genial interactuación entre el abogado acusador (Paul Meurisse) y el abogado defensor (Charles Vanel) y los testigos. Ella es una mujer fácil digamos, que inclusive llega a practicar la prostitución. Dominique es una mujer alegre y deseosa de aventuras, de vivir la vida como una fiesta, pero todo el mundo le hace ver su mal comportamiento, salvo su banda de alegres jóvenes.
Un día Gibert, un muchacho formal, queda flechado y corteja a Dominique, cae en su red, producto de un baile de trasero desnudo debajo de la sábana. En ello Bardot es la reina de la sensualidad y la provocación en estado de simpatía y buena vibra. Ella no cae en lo vulgar por más que su cuerpo es el centro del asunto. Pero la hermosa Brigitte Bardot es mucho más que su sexy cuerpo y cómo hacerlo un imán, por más que se le encasille como sex symbol. Ella tenía talento para la interpretación, y ésta película de Henri-Georges Clouzot es la prueba fehaciente, su mejor actuación, la más exigente, aun cuando no escabulle su sexualidad a flor de piel, pero trasciende por su dramatismo.
El filme pone a la alegre Bardot como una mujer que hace sufrir a Gilbert, muchacho que le insiste y la persigue, busca que le sea fiel. Pero esto luego cambia, Gilbert se enfurece con ella y se venga de tanto maltrato, dice nunca haberle querido, chocando con su imagen de chico bueno, sensible y aguantador. Dominique es una mujer que finalmente se enamora de él, lo convierte en su héroe, tras tanto libertinaje, pero el karma le pasa factura. En ello Bardot es maravillosa, afín a su imagen de mujer intensa, feliz, radiante, subyugadora, sólo que aquí no le funciona a su personaje, vive chocándose contra un muro tras otro, lo que propone mucho dramatismo, mucho llanto y decepción.
Es una película finalmente triste, que critica la libertad absoluta, con una muchacha que todo le sale mal cuando pretende ser una especie de hippie. Clouzot empieza con un filme que ve por los pormenores intrascendentes hasta ir aumentado el interés y crear tremendo background de la personalidad de su protagonista. Bardot sostiene todo plenamente, con una mujer que llega a renegar de sí misma, pero antes hace lo que le da la gana. Es una crítica a la sexualidad sin meditación y la dificultad de formalizar cuando hemos hecho mucho daño. Ésta película puede verse como la otra cara de Manon (1949), ambas con féminas poéticas compartiendo un fuerte vínculo por un ser a quien al final se le demuestra amor verdadero.
Un día Gibert, un muchacho formal, queda flechado y corteja a Dominique, cae en su red, producto de un baile de trasero desnudo debajo de la sábana. En ello Bardot es la reina de la sensualidad y la provocación en estado de simpatía y buena vibra. Ella no cae en lo vulgar por más que su cuerpo es el centro del asunto. Pero la hermosa Brigitte Bardot es mucho más que su sexy cuerpo y cómo hacerlo un imán, por más que se le encasille como sex symbol. Ella tenía talento para la interpretación, y ésta película de Henri-Georges Clouzot es la prueba fehaciente, su mejor actuación, la más exigente, aun cuando no escabulle su sexualidad a flor de piel, pero trasciende por su dramatismo.
El filme pone a la alegre Bardot como una mujer que hace sufrir a Gilbert, muchacho que le insiste y la persigue, busca que le sea fiel. Pero esto luego cambia, Gilbert se enfurece con ella y se venga de tanto maltrato, dice nunca haberle querido, chocando con su imagen de chico bueno, sensible y aguantador. Dominique es una mujer que finalmente se enamora de él, lo convierte en su héroe, tras tanto libertinaje, pero el karma le pasa factura. En ello Bardot es maravillosa, afín a su imagen de mujer intensa, feliz, radiante, subyugadora, sólo que aquí no le funciona a su personaje, vive chocándose contra un muro tras otro, lo que propone mucho dramatismo, mucho llanto y decepción.
Es una película finalmente triste, que critica la libertad absoluta, con una muchacha que todo le sale mal cuando pretende ser una especie de hippie. Clouzot empieza con un filme que ve por los pormenores intrascendentes hasta ir aumentado el interés y crear tremendo background de la personalidad de su protagonista. Bardot sostiene todo plenamente, con una mujer que llega a renegar de sí misma, pero antes hace lo que le da la gana. Es una crítica a la sexualidad sin meditación y la dificultad de formalizar cuando hemos hecho mucho daño. Ésta película puede verse como la otra cara de Manon (1949), ambas con féminas poéticas compartiendo un fuerte vínculo por un ser a quien al final se le demuestra amor verdadero.
lunes, 11 de junio de 2018
El salario del miedo (Le salaire de la peur)
Señor thriller perteneciente al francés Henri-Georges
Clouzot, ganador de excepción del oso de oro –La Berlinale- y de la palma de
oro –Cannes-. En un país latinoamericano no especificado gobierna una empresa
de extracción de petróleo, la compañía americana Southern Oil Company, que es
la mayor fuente de trabajo y de explotación del lugar. Muchos pobladores mueren
producto de las extracciones. Es una tierra de nadie donde la policía está
comprada y donde no hay trabajo. El mensaje suena antiamericano. Dice una
línea, donde hay petróleo ahí están siempre los americanos –aludiendo aves de
rapiña-. Por esta razón estuvo recortada por partes en su exhibición en EE.UU.,
pero en la actualidad tranquilamente se ve completa.
El salario del miedo (1953) tiene una gran representación de
cada uno de sus personajes, en los 4 seleccionados para una misión suicida, una
misión muy peligrosa. A cambio de 2 mil dólares que para entonces era una suma
astronómica estos hombres deben transportar en camiones bidones de
nitroglicerina, cuando al menor movimiento esto puede explotar. Deben llevarlos
por carreteras descuidadas, en mal estado. La pericia de los camioneros se pone
en la más difícil práctica, creando un filme de mucho suspenso, emocionante. El
trayecto está lleno de pruebas a su ingenio, a su sobrevivencia. Todo expuesto
de manera realista.
Uno se encariña con los personajes, que son hombres duros,
sufridos, solitarios y con pasados oscuros algunos, aunque no tan gentiles,
como Mario (Yves Montand), el personaje principal, que maltrata -aunque sea
rastrera- a una mujer que está enamorada de él (Véra Clouzot). Éste personaje
femenino hace aguas por todas partes, parece forzado. Impone un dramatismo
innecesario, no posee gran línea argumental. Véra Clouzot era la esposa del
director, puede haberla colocado más por su parentesco, aunque en Les
diaboliques (1955) está perfecta.
De los 4 protagonistas tenemos aparte del corso Mario, quien
es el galán macho man, aunque tiene sus ademanes engreídos, al italiano Luigi (Folco
Lulli), un hombre robusto algo sobrado que sufre de los pulmones y debe
abandonar el trabajo y el pueblo, en un filme que abre enseñando el territorio con
un niño desnudo de las piernas jugando con cucarachas en un charco. Otro es Jo
(Charles Vanel), también corso, un ex gángster, muy próximo a Mario. Entre Jo y
Luigi hay una gran escena de reto, de esas míticas del séptimo arte. El cuarto
es el alemán Bimba (Peter van Eyck) que es un tipo que ha sufrido el nazismo y
tiene un espíritu kamikaze.
Ésta película no es como una de Hollywood donde nadie suele
morir así nomás cuando se es principal, por lo tanto no hay que encariñarse
mucho con los protagonistas porque ésta película europea no escatima nada por
su imaginación. Esto puede sonar algo medio recriminable, porque cada muerte
duele, pero también tiene un trabajo escénico poderoso, en especial el del
espacio lleno de líquido de camión que es otra de las grandes escenas del
filme. Ésta propuesta está cargada de novedades y algún pequeño misterio.
martes, 31 de mayo de 2011
Las diabólicas (Les diaboliques)
En el inicio de la película se nos describe la personalidad de Michel que compra vino barato para sus empleados y da comida rancia a los alumnos, suele avergonzar a su esposa en público e incluso no solo abusa de su persona emocional sino físicamente llegando a prodigar su infidelidad por toda la institución. Tanto Christina como Nicole extrañamente son amigas aún compartiendo el mismo hombre y los descaros de su mano que puede ser la razón de esa cercanía. La primera es débil, cándida y dócil; la segunda es enérgica, decidida y osada. Nicole logra convencer a Christina de matar a Michel; para hacerlo idea un plan perfecto que conlleva atraerlo a un apartamento fuera de la ciudad y sedarlo con una bebida para luego eliminarlo. Lo llevan a cabo con algunas dificultades pero lo logran, drogándolo y ahogándolo en la bañera; esto sucede no muy avanzada la película y es alrededor de éste incidente que girará el relato.
Más tarde sucede lo inexplicable. Al lanzar el cuerpo de Michel a la piscina sucia del colegio, al esperar bajo bastante tensión que se encuentren sus restos, incluso cuando los niños juegan cerca del agua hasta sumergirse en ella y terminan pidiéndole a un trabajador que desagüe el estanque en busca de unas llaves, se dan con que ya no está en ese lugar, ha desaparecido sin dejar rastro. Desde aquí empieza el misterio y el desarrollo del concepto de la cinta.
Ésta es una película con mucho dramatismo e histrionismo. Presenciamos la lucha entre Nicole y Christina bajo emociones de culpabilidad y miedo sacándose en cara la presión y participación mayor de la amante como la colaboración de la otra y el mutuo ataque dividiéndose la responsabilidad mientras desatan conjeturas y viven al filo de la navaja. Se da una persecución por saber dónde se halla el cadáver, por parte de Christina que se ve más afectada y más decidida a resolver el caso. Surge la intervención de un viejo sabueso, Alfred Fichet (Charles Vanel), que investiga a costa de recibir un sueldo de tener éxito con el paradero del desaparecido, siendo contratado sin querer por la dama Delassalle.
A la narración se le van agregando elementos que incrementan el enigma como la incertidumbre. Se dejan pequeños rastros como que hay un fantasma rondando o crece la duda de si lo han matado verdaderamente para lo que ellas mismas se convencen de que en efecto lo han hecho y toman las rarezas como sucesos que buscan desentrañar vehementemente.
La carga de preocupación la absorbe gravemente Christina, que cae enferma actuando muy desequilibrada por el asunto que la envuelve. Nicole es más fría y se mantiene al margen apoyando a su compañera que está tan desesperada que hasta quiere confesar el crimen. Para colmo, como para volverse loco, un niño dice haber visto al director recientemente, pero nadie le cree y lo castigan. Sin embargo al tomarse la foto general del alumnado y el profesorado juntos aparece en el reflejo de una ventana el rostro de Michel. Christina se quiebra, sumida en el pánico y en el remordimiento.
La trama se maneja con efectividad durante las casi dos horas de duración, con esa calma y exhibición controlada y metódica propia de los clásicos. La expresividad de ambas mujeres son bien desplegadas, sobre todo por el lado de Christina que lleva todo el peso de la historia. Su sufrimiento y su embrollo la dibujan con un realismo sólido. El desenlace cumple con ser atractivo y cierra el círculo con ingenio. ¿Al final el niño sigue mintiendo o es que continúa diciendo la verdad? ¿Qué es lo que ve o es sólo un invento?
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