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viernes, 22 de enero de 2021

The lodge

 


The lodge (2019), de los austriacos Severin Fiala y Veronika Franz, es una muy buena película, me ha gustado más que Goodnight mommy (2014). Es una película en conclusión clara. En buena parte es psicológica, maneja muy bien la extrañeza y se presenta sobrenatural, pero opta por ser transparente y coherente al final, aun a costa de ser más clásica o más ligera. The lodge al poco rato de empezada tiene una escena brutal que será disparador de los acontecimientos del filme. Dos niños no querrán a su madrastra, a Grace (la muy talentosa Riley Keough, nieta mayor del legendario Elvis), mientras su padre querrá unirlos. Grace tiene un pasado oscuro, de muerte, y carga un estigma y un trauma lógico. El filme se movilizará en la locura, que manejará sencilla pero de manera muy efectiva. Los niños están perfectos (Lia McHugh y Jaeden Martell). The lodge tiene gran potencia narrativa, presenta grandes momentos como película psicológica y de suspenso. La salida en la nieve pone adrenalina además. El desconcierto en la casa es sublime, terrorífico, latente y extenso. El filme maneja notable misterio. En cierto momento no se sabe por donde irán los sucesos. Es una película que es redonda, y rara porque hoy en día se suele optar por dejar huecos para pegarla de más arty, pero es una película interesante, que produce su buen toque de miedo y tensión, y que luego pasa a ser frontal y contundente en otro estilo, no por lo gore, sino por entender que está sucediendo y qué sucederá, con tremendo despliegue de las cartas sobre la mesa. 

viernes, 21 de diciembre de 2018

The House That Jack Built


La última película del danés Lars von Trier recuerda a su anterior película, Nymphomaniac (2013), en las citas intelectuales que acompañan la narrativa central, que pueden parecer intrascendentes, pero hacen más divertido el filme, cuando no exagera. Trier intenta hacer de su cine un cine más profundo, aunque nunca deja de ser polémico, y con ello tratar de plasmar un tipo de entretenimiento rebelde, revolucionario no, sino un hedonismo punk.

The House That Jack Built (2018) no es una de las grandes ideas de Trier, como Breaking the Waves (1996), su mejor película, pero sigue teniendo su encanto, su interés. No todo es perfecto, a veces la irreverencia le cobra factura, como con la historia de la familia y la cacería, muy endeble, muy efectista, pero tiene otras escenas que sobresalen. En particular la historia de Simple (Riley Keough, la nieta del mismísimo Elvis) luce la más destacada, con su ironía detrás del lugar común de la mujer hueca, acto irreverente por donde se le mire.

La interrelación de Simple con Jack (Matt Dillon) está en su punto, aquí uno se olvida un poco de tener que hacer de Jack un tipo cruel necesariamente, sabiendo que es un asesino en serie que en la película es quien cuenta de su vida homicida en cinco capítulos, o cinco separaciones de asesinatos. La muy bella Riley Keough hace de una mujer distraída que muy lentamente descubre quien es realmente su novio, un tipo brutal, sádico, sin pizca de misericordia, al que ridículamente le llaman Señor Sofisticación. Jack construye sus asesinatos como si fueran arte, justo lo que hace Trier, haciendo de la sencillez algo más complicado, arduo. 

En el filme hay de donde escoger, hay momentos buenos y otros menos logrados. La interrelación con Uma Thurman, que hace de una mujer antipática y muy inteligente pero paradójicamente descuidada, es otro momento cumbre. Se resuelve de la manera más siniestra, pero antes hay unos diálogos y prolongaciones jugosos. Así Trier no es estricto en sus 5 capítulos, vuela libremente, se expande a su gusto, mete otras cosas, todo formando la imagen de quien es Jack, un tipo que hasta tiene un toc de limpieza extrema y desde luego lo pone en práctica en perturbadora y satírica manera.

Trier muestra que es un tipo muy inteligente y tiene un sentido del humor perverso, y puede que no todo sea genialidad, pero le quedan varias cosas muy a su favor también. Todo tiene un giro de último minuto o más de uno o una estructuración de cierta manera extraordinaria, siempre hay un reto, un lugar en que Jack ha cometido un error y va a ser atrapado, pero aunque esto es divertido es en realidad lo que menos importa, ya que Jack es un monstruo condenado a ese glorioso epilogo del filme, que es muy surreal y hasta el final irónico.

Jack habla con Verge (Bruno Ganz), que puede ser varias cosas, aunque al final se muestra. Pero lo importante es que esto ilustra a Jack como un psicópata absoluto,  y no, no es Verge un demonio o quizá sí, sea un especie de Mefistófeles, como lo es el mismo Jack, aunque un demonio más perverso. Él llama cínicamente salvación a que muera, mientras sigue en pie tras su existencia podrida, sin ley. Valga mencionar la intrépida curiosidad de su infancia, la de amar ver segar la hierba, ver esas enormes hoces en movimiento perfecto, rítmico, un último bastión de inocencia rural -inocencia que el filme intelectualiza-, en medio de una herramienta que simboliza también la muerte. Trier trabaja con mitología y crueldad.