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martes, 29 de agosto de 2017

Death Note

Ésta serie anime del 2006 y del 2007 cuenta como un muchacho muy inteligente llamado Light Yagami se encuentra un cuaderno llamado death note, que pertenece a un dios de la muerte o demonio que abandona su libreta a propósito en la tierra porque se encuentra muy aburrido en su mundo. A estos demonios se les conoce como Shinigami, y éste demonio en especial se llama Ryuk. Light tiene una visión personal sobre la justicia (en sentido de que es capaz de llevarlo hasta las últimas consecuencias), le encoleriza que el mundo sea tan corrupto. Pronto la death note le dará la facultad de poner sus ideas en práctica. Si escribes un nombre en la death note y piensas en esa persona ésta morirá, incluso puedes decidir cómo y cuándo morirá y hasta manipular sus decisiones poco antes de morir. El death note tiene muchas reglas que cada vez hacen más interesante la trama. Éste anime juega con algo que muchos suelen discutir, que se debería matar a los criminales, y tomar la justicia en nuestras manos. Para ello Light será conocido como Kira y se creerá un dios en la tierra.

Light tendrá un potente antagonista, un personaje tan rico como él, se le conoce como “L” y es un investigador famoso y anónimo que persigue ahora a Kira. Entre ambos habrá un gran juego a ver si es finalmente descubierta la identidad de Kira, para eso L rápidamente cree que es Light, mientras Light espera matarlo antes de ir a la cárcel. Light y L perpetran grandes luchas cerebrales, el filme propone mucha inteligencia en ambos, e ingeniosamente vemos que L descubre muchas pistas que señalan quien es Kira, pero Light también contraataca y va cubriéndose los pasos. Light y L son muchachos excepcionales. L es un freak, mientras Light es prácticamente el joven perfecto. Su lucha es lo mejor de este anime de 37 episodios de 24 minutos cada uno, contando la intro y el cierre musical que llegan a ser tres en toda la serie. Las 2 últimas introducciones son música genial, muy intensa, mezcla de heavy metal, punk y rock, pertenecientes al grupo japonés Maximum the Hormone.

Éste anime se puede dividir en 3 partes. La primera dura hasta el capítulo 17 más o menos y es lo mejor de la serie, es realmente maravilloso –una obra mayor- ver como Light y L juegan a destruirse, como si estuviéramos presenciando un juego de ajedrez del más alto nivel. El anime es muy claro, todo se entiende sin ningún problema, pero ostenta admirable inteligencia, es un filme de razonamientos –y filosofía- puestos a pelear. L suele deducir qué piensa Kira/Light y viceversa, qué planea el contrincante, y con ello replantear todo, buscar ser siempre más astuto que el enemigo-amigo (porque así se tratan) y vencerse. Los análisis exceden lo normal, sus mentes son demasiado precisas y poderosas, pero todo genera un juego glorioso de suspenso, de cuál será la próxima jugada maestra.

Light es perverso, sin sentido alguno de culpa –porque cree fervorosamente en su ideología como la más digna y justa para la humanidad- y terroríficamente crudo. Esto genera que Kira sea un ser invencible y omnipotente, admirado por muchos, quien se escapa de los mayores retos y no desiste –maniático- de matar sobre todo criminales y quienes se oponen a él (al final todo termina siendo sobrevivir, L lo empuja a ello, lo reduce, aunque en la sociedad no), Light es un mentiroso de antología. A esa sazón la risa de Ryuk divertido con él y sus muchos contrincantes es la risa empática del público. L planea muchas formas de atrapar a Light/Kira, pero de todas se escurre con grave sagacidad, presenciando una gran investigación. El manga lo escribe Tsugumi Oba y lo ilustra Takeshi Obata; la serie anime la dirige Tetsuro Araki.

Una de las tantas novedades del anime es la intervención de la bella ídolo pop Misa Amane, como la de su shinigami llamada Rem que la adora a diferencia de Ryuk que únicamente se divierte con Light. Misa Amane no desentona para nada, y aunque es un personaje chillón y exagerado es otra virtud de la historia, generando audaces vuelcos y sorpresas.

La segunda parte de la serie es cuando aparece el grupo Yotsuba y suma a los criminales como asesinos y violadores la corrupción del dinero, el enemigo es el empresario ciego de ambición. La tercera parte es cuando surge un Kira más –hay varios en toda la trama- y se incorporan dos investigadores (Near y Mello). En la serie hay muchos tras Kira (que significa asesino en japonés), incluido el mismo Light haciendo un doble –e hipócrita- papel. Near y Mello son personajes endebles, de lejos el mejor investigador es L, y le sigue el padre de Light, Soichiro Yagami, que es un policía híper idealista, que genera una escena emocionante e impactante cuando quiere matar a su hijo y suicidarse (qué diferente es el Death Note, 2017, de Adam Wingard, un bodrio, así a secas, un intento de propia interpretación que es un canto de torpezas y bochorno). Soichiro representa al japonés tradicional; Light al hombre de hoy en día, aunque al peor de todos. Light es muy recio y perverso, hasta niveles impresionantes. Ryuk se queda corto en mucho frente a él. Solo L le hace la competencia de la mano de sus manías y rarezas. La segunda y tercera parte son aun interesantes, el conjunto es muy bueno, pero va decayendo el ingenio. Es un arranque intenso y va descendiendo de a poco, pero hasta el final uno está pegado. La serie tiene en un inicio más realismo, pero poco a poco esto va liberándose y entrando de lleno a la fantasía, más allá de la idea de tener Shinigamis alrededor.

El anime tiene su cuota de erotismo y mucha modernidad, aunque Light es frío con las mujeres, las suele manipular, y no le tiembla la mano para deshacerse –matar- a alguna, aunque es un mujeriego y un seductor nato. El anime tiene humor pero felizmente no en gran cantidad. Es un anime sólido, libre, pero serio, que no teme hacer lo que le da la gana –arriesga en muchas oportunidades- y nunca pierde su interés. Ésta serie anime no está hecha para una mente cuadriculada que desmerezca la radicalidad, la fantasía o la mezcla con lo naif. Near se comporta como un niño con inteligencia superdotada y Misa como una mujer a la que muchos creen estúpida –pero a veces se hace la estúpida- y otros la desean y ella es coqueta. En el anime hay cierta sensualidad, pero es menor, e igual todo suma.

Cuando acaba la investigación uno se siente un poco defraudado. La mayor inteligencia está en los antecedentes que crea la primera parte. L descubre todo, pero aun así Light sigue en pie (lo cual es ingenioso), prueba que culparlo y atraparlo es lo de menos interés en el anime (y es que ha hecho demasiados méritos), salvo que el final –capturarlo o no capturarlo- se aprecia poético, único momento de debilidad de Light, que recordarlo impertérrito peleando intelectualmente con L es la obra maestra de la trama. 

jueves, 22 de mayo de 2014

Paranoia Agent

Ésta serie consta de 13 capítulos, de 24 minutos cada uno. Le pertenece a Satoshi Kon. Satoshi tuvo una corta filmografía (4 películas únicamente y 1 serie), pero brilló entre los más grandes del anime. Murió a la temprana edad de 46 años.

Las películas

Perfect Blue (1997) es su obra más compleja, destinada a los más fervientes fanáticos de Kon y del anime –siendo uno de los mejores del rubro- y, qué duda cabe, a los más exigentes, sobre la fama y el éxito, lo mediático y la locura. Sigue Millennium Actress (2001), la que versa en dar a la luz las memorias de una actriz legendaria para un periodista en especial que escuchará como ella mezcla su propia vida con su labor cinematográfica en una unificación de dos partes que se retroalimentan mutuamente quebrando todo límite entre sí, viéndose que en las películas de Satoshi Kon las formas aportan un lenguaje imaginario visual de cariz privilegiado. A continuación viene Tokyo Godfathers (2003), su filme más amable, uno emotivo y sensible pero con arte, mucha aventura, comedia y su toque noir existencial, sobre tres vagabundos que se topan en navidad con un bebé abandonado. Ellos son un travesti maduro, solitario y con carácter; un alcohólico y ex apostador de juegos caído en el inminente fracaso y la fractura de su hogar; y una niña mimada huida por un acto delincuencial familiar. Estos 3 vagabundos deciden hallar por sí mismos a los padres del bebé, habiendo una auscultación interior de cada uno y de dos posibles progenitores. Es una historia entretenida y muy fácil de ver, una apuesta segura al mundo de Kon, para todo curioso. Por último, pero, desde luego, no menos importante (las cuatro lo son), tenemos Paprika (2006), su obra más popular en cuanto a unanimidad, en un retorno a la cosmovisión onírica y surrealista de Perfect Blue, aunque mucho más clara, con mucha acción y metalingüística. En ésta es ir tras los pasos de un traidor o terrorista infiltrado en un sistema capaz de manipular el subconsciente y los sueños, contra un criminal que tergiversa el ideal de sanación que invoca el proyecto, convirtiendo en una pesadilla la realidad, mientras Paprika, la heroína, es el álter ego de Chiba Atsuko, co-creadora del invento, y la encargada de resolver el conflicto y el misterio.

La serie

Paranoia Agent tiene su centro en el Shonen Bate (el chico del bate), un niño de gorra y rulos oscuros, patines dorados y bate doblado de béisbol del mismo color, que suele pegarle batazos a gente que está reprimida o al borde de explotar, que ya no pude guardar ni soportar algo en sus vidas. Éste, aunque violento, es una especie de salvación o pretexto psicológico fantástico para pasar la página, o darse de golpe, valga la ironía, con los hechos inmanejables, en la que es una creación inverosímil, ilógica a un punto, increíble, si se quiere, ya que se trata mucho de algo mental, y juega en esas reglas sin límites, simbólica y sugerentemente. No obstante el shonen Bate se convierte en una especie de leyenda urbana, vox populi, y yace ubicuo, al punto de la sobredimensión, el rumor, la paranoia recurrente y que llega a distintos tipos de enajenación, la monstruosidad, el videojuego imaginativo, la ilusión, el terror o lo delincuencial. Cobra hasta vida en un doble, lo que es solo la audacia de Satoshi Kon para meter en la pantalla el universo que le apasiona en el arte, el que recuerda a David Lynch, un referente ineludible.

Kon es personal, único, y si de comparaciones tratamos patenta igual radicalidad en su personal cualidad de divertimento, sólo que dentro de un ambiente de relajo, compenetrando intelecto con sobre todo intensidad y entretenimiento, de cara a cautivar al espectador promedio, una hazaña vista la esencia, y lo logra, que llega incluso a lucir a ratos fácil, aunque a través de cierta rareza o particularidad argumental, es decir, un tema aun poco estudiado en todo el alcance tratado por Kon, a pesar de tener muchos visos de identificación primaria (incluyendo a lo formal). Sobrelleva una parte “lejana” en cuanto a lo cotidiano, sin embargo siendo fiel al dibujo animado en tierras de anime y a su idiosincrasia, que fuera de ciertas apariencias cavila en una temática general madura, para adultos, y no solo eso, se tratan directamente asuntos delicados como la pederastia, el incesto, el suicidio. Éste último presentado mediante comicidad, ironía y más tarde paradoja. 

Muestra la carga familiar en la enfermedad, la frustración existencial incluso desde la infancia, o la misma locura en distintas clases, como la doble personalidad autodestructiva, el mejor episodio del grupo, junto al del metalenguaje en que se contextualiza en un relato criminal el quehacer y los artífices de un anime. Trabaja las falsas memorias que desarrollan espacios de refugio pero a su vez de intimidación mental y autoflagelación, a partir de lo bastante libre, fresco y extrovertido, a veces algo bobo, infantil e intrascendente, sin complejos, notando que lo suyo “esconde” una naturaleza oscura, complicada, que implica la revelación metafórica del conjunto –por un lado expuesta, como se ve notoriamente en el último capítulo-, acerca de la realidad nipona en cuanto a la congestión, la velocidad, lo tecnológico, la ambición, la desilusión y la tensión urbano vivencial, y a esa vera lógicamente el planeta y las ciudades en que vivimos.

En los 13 capítulos hay mucha novedad desde la “sencillez” y en buena medida independencia, habiendo episodios más ligados que otros, como en los tres últimos para cerrar el caso, no descontando algunos lazos de interconexión, ya que existe el misterio de quien es el Shonen Bate, que tiene su nexo con un personaje que también está en todas partes, Maromi, un perro rosado de peluche creado por Sagi Tsukiko que es la primera víctima del chico del bate, y la que tiene una participación capital. 

El Shonen Bate es perseguido por dos detectives de policía, Keichii Ikari y Mitsuhiro Maniwa. El primero un oficial más o menos cincuentón, clásico en todo sentido, pero con un mundo interior a cuestas que debe enfrentar. Hay un juego de desdibujar o esbozar a los animes en el capítulo de la producción, en el que participa, de hacer de la vida literalmente algo plano y sin sorpresas -y lo que significa con ello-, que valga la curiosidad le sucede a alguien que defiende todo lo contrario, pero es que el desgaste cobra factura. El otro es un joven policía novato que tiene despierta la credulidad de lo fantástico, un héroe que hace referencia al lector de manga y al espectador de anime, que más tarde valga la gracia se convierte en un superhéroe nerd y llega a oír hablar a unas muñecas. En ese aspecto Satoshi Kon no se hace ningún problema, deja en claro que está ante un anime -que tiene toda libertad- e introduce cuanto le parece, como una ola masiva y expansiva de color oscuro invadiendo la ciudad arrasando con la gente, o combates al estilo de la leyenda de Zelda.