domingo, 24 de mayo de 2026
EN EL LIMBO
No sé cuándo voy a subir al blog las reseñas que voy a redactar a continuación, porque estoy sin servicio de internet, y así es muy difícil, tanto subir el texto al blog como encontrar las portadas digitalizadas que suelen acompañar a los textos. Pero bueno, aprovecho el rato que tengo y escribo...
Empiezo en Francia, año 2010, con una rareza: el maestro Pascal Rabaté, al frente de una nueva adaptación literaria, que en este caso es un cuento para chicos del escritor inglés Dick King-Smith. Ya desde el vamos es raro un álbum francés de un autor con la chapa de Rabaté publicado en tapa blanda, pero la verdad que la edición es preciosa y -quizás por la tapa blanda- lo conseguí muy barato. Después, lo otro que me llama mucho la atención es cómo Rabaté se reinventa desde lo estético. Acá parece otro dibujante, un autor con un trazo dinámico, sí, pero muy finito, una mezcla entre Nicolás De Crécy y un clásico dibujante de línea clara, con alguna cosita del nunca bien ponderado Hank Ketcham, el autor de Dennis the Menace. Cuando Rabaté dibuja al loro Madison (co-protagonista de la historia) el trazo se hace más cargado, como si de pronto viniera a entintarlo Blutch. Pero hay pocas masas negras, e incuso pocas tonalidades en el color, que está resuelto (como en la clásica bande dessinée infanto-juvenil) con colores planos. ¿Hay referencia fotográfica? Yo diría que sí, que Rabaté toma de la realidad (y luego reinterpreta en su estilo) mucho de lo que se ve en la obra en materia de arquitectura, de expresiones corporales, y obviamente en cuanto a los rasgos y los movimientos del loro, que son los momentos más realistas que tiene el dibujo.
"Harry est Fou" (Harry está loco) es una historieta breve, de 46 páginas, con una trama muy lineal y muy sencilla, porque surge de un relato claramente apuntado a las infancias. Es la historia de la amistad entre un chico y un loro que habla, ambientada en una gran ciudad del Reino Unido (probablemente Londres), en una versión "a lo Disney", en la que no existen ni la violencia ni las desigualdades sociales. El conflicto pasa por otro lado, y está muy bien llevado, más allá de su escasa complejidad. Hay momentos cómicos, momentos más emotivos y una mínima situación "de peligro" como para sacudir un poquito el statu quo, todo muy bien plasmado por Rabaté, con una puesta en página muy sobria y con el texto muy bien repartido, de modo que haya una alternancia entre escenas con más diálogo y escenas prácticamente mudas.
¿Es una obra fundamental en la trayectoria de Rabaté? No, ni en pedo. En el contexto de la bibliografía del ídolo, estas 46 páginas son sin duda un trabajo menor. Pero eso no es óbice para que la lectura resulte muy disfrutable para los adultos y me imagino que muy atractiva para los más chicos.
Y me vengo a Argentina, año 2022, cuando no solo teníamos una Secretaría de Derechos Humanos, sino que la misma impulsaba acciones que involucraban a talentosos artistas de nuestro país. Así surge el libro Trelew: La Pasión Fusilada, a cargo del maestro Lautaro Fiszman, con la colaboración en el guion de la cineasta y documentalista Mariana Arruti. Este es un comic 100% documental, nutrido en su totalidad de testimonios orales, periodísticos y fotográficos de lo que fueron los fusilamientos de Trelew en 1972 (durante la dictadura que encabezaba el general Agustín Lanusse), pero que además explora a fondo sus causas y sus consecuencias.
Como suele suceder en las historietas de corte documental, acá hay poca narración secuencial. Prácticamente siempre la unidad narrativa es la viñeta, y son pocas las veces que Fiszman logra hilvanar una secuencia de imágenes para plasmar un fragmento de la narración. En general, su tarea se limita a ilustrar (de manera majestuosa) el texto que acompaña a cada viñeta, que a veces es narrado en off y a veces se presenta en forma de diálogos entre los protagonistas, tomados de testimonios reales.
Como la trama se centra en hechos reales y bastante recientes, Fiszman contó con muchísima documentación fotográfica. Y sí, la trasladó al papel en su estilo pictórico, a pincelada limpia, y le puso una impronta emotiva, por momentos más sacada, más expresionista, y por momentos más contenida. No me molesta ver a Lautaro contenido, abocado a respetar la referencia fotográfica, pero claro, siempre es mejor cuando es él quien elige los enfoques y cómo poner en escena lo que tiene para contar. En las escenas que nadie fotografió (que son no casualmente las más dramáticas, las más violentas, las de más acción), el autor de Nuda Vida, Náufrago Morris y Andresito hace gala de su solvencia como narrador visual y compone unas viñetas de una intensidad desgarradora.
La historia tiene momentos muy crudos, a tono con los crímenes de lesa humanidad que sucedieron en 1972 en Trelew, pero transmite un mensaje de esperanza, de solidaridad, de unidad en la lucha contra la injusticia. Se entiende mucho mejor en el contexto de la época, esos años bisagra entre los ´60 y los ´70 en los que la confrontación política incluía bombas, chumbos y fusiles; pero incluso para el que no tiene la menor idea de quiénes eran el ERP o los Montoneros, está todo muy bien explicado y bien contado, como para que el propio relato te lleve de la mano y entiendas perfectamente las motivaciones de los protagonistas. Debe ser entre muy heavy y muy alucinante no tener la más puta idea de que estas cosas pasaron en nuestro país y enterarse a través de la lectura de un comic, que encima está dibujado a un nivel demencial por uno de los mejores autores que tiene hoy la historieta argentina. Me imagino que este libro (que nunca circuló en librerías y comiquerías) hoy no debe ser fácil de conseguir, pero cualquier esfuerzo que hagas para obtenerlo se va a ver ampliamente recompensado cuando lo leas.
Nada más, por hoy. Sé que es poco, pero es lo que hay. Nos vemos el miércoles a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando en otra emisión en vivo de Agenda Abierta y el jueves a las 18 hs en la Universidad Nacional de San Martín, donde voy a estar conduciendo una charla con el maestro Horacio Altuna. Gracias y hasta pronto.
martes, 19 de mayo de 2026
MEDIODIA DE MARTES
Bueno, por fin encontré un ratito para escribir reseñas. Vamos de nuevo con el formato de tres por posteo, así no dejo nada para el próximo (que no sé cuándo será).
Empiezo en España, año 2004, cuando la editorial Glénat recopila en un formato chetísimo varias historias cortas del maestro Alfonso Font, todas en vibrante blanco y negro. Son solo 46 páginas de historieta, pero como son relatos bastante breves, aún así el álbum ofrece una diversidad muy atractiva. La primera historia es la que da título a la recopilación: El As Negro, una historia cruda, maligna, ciertamente admonitoria, resuelta con una pincelada de humor negro escalofriante. Después tenemos una historia titulada "Privado", centrada en un caso menor de un detective privado. Seis paginitas entretenidas, sin mayores sobresaltos ni nada que te haga decir "ah, qué genial esto que acabo de leer". Pero después hay otra de "Privado" (con otros personajes) que se extiende a 10 páginas y ahí sí, Font encuentra espacio para desarrollar más a los protagonistas y darle mayor espesor a una trama hiper-turbia de sexo y mala leche. Enseguida viene otra joya: "Y Tú, ¿Qué Has Hecho por la Victoria", con guion del maestro Víctor Mora. Una historia ambientada en la Guerra Civil Española, tremenda, oscura, desgarradora, donde los sentimientos y los vínculos se mezclan con el horror de la contienda bélica de una manera sencillamente magistral. Le sigue la breve "¡Dios lo Quiere!", otro ejercicio de ironía y humor negro en el que Font juega un poco más con la narrativa, al plantearse páginas con menos viñetas. Y cierran dos historietas muy cortitas, casi chistes largos, una de las cuales ("Blobul") llama la atención porque Font emplea una técnica de entintado que no habíamos visto en el resto del álbum.
El nivel de las historias es -en general- muy bueno, pero sin dudas lo que me hace atesorar este libro es el trazo de un Font tocado con la varita mágica. Un narrador eficaz, claro, al que no sacan de su sobriedad y su aplomo las páginas con muchas viñetas repletas de texto y que cuando puede meter secuencias mudas, o páginas con menos cuadros, aprovecha y la rompe toda. Crack del claroscuro, dueño de una línea ágil y expresiva, Font se luce tanto cuando aplica grises con tramas mecánicas como cuando resuelve todo con el pincel, o con un plumín endemoniado del que brotan líneas finitas y crosshatchings imposibles. Banco muchísimo a Font, me encanta saber que sigue activo y tengo por lo menos un libro más que lleva su firma en la pila de los pendientes, así que volveremos a leerlo por acá.
Fui a buscar otro librito de Garth Ennis para darle revancha al irlandés después de aquel Battlefields que no me convenció, y me encuentro con The Punisher presents Barracuda, tomito que reúne los cinco episodios de una miniserie... en la que Punisher no aparece ni una sola viñeta. Esto es algo así como "Cazador en el Universo Marvel". Ennis nos presenta a un personaje corpulento, marginal, amoral, que anda en musculosa, putea como una cloaca y solo piensa en términos de sexo y violencia. Incluso lo plantea como una especie de antihéroe, que al final no va a lograr su (poco noble) objetivo. Chumbos, explosiones, sangre, gore, chistes ultra-groseros de teta, pija y concha, los garches más explícitos que se pueden mostrar en un comic de Marvel, personajes grotescos y una sobredosis de puteadas: más Cazador, imposible. Esto es un poquito más realista, porque nadie tiene superpoderes, no hay demonios y las balas lastiman de verdad. Pero va por ese lado: el del impacto que generan la violencia física y verbal. Para que no sea todo tan cabeza, hay también una trama política, bastante bien llevada aunque basada en la concepción caricaturesca que tienen los británicos de América Latina (incluso sin saber distinguir a Argentina o Brasil de cualquier país chiquitito de Centroamérica).
Una vez más, Ennis encuentra al compañero ideal en el capo croata Goran Parlov, que acá lleva su línea siempre potente y expresiva un poquito más hacia el estilo de Giancarlo Alessandrini, con algunos chispazos de Carlos Giménez y hasta de Gustavo Trigo. A Parlov se le ocurre la idea (discutible, pero bien ejecutada) de que los personajes tengan las facciones de gente mundialmente famosa: así, Barracuda se parece mucho a Mike Tyson, Big Chris tiene los rasgos de Christopher Walken y Digby está claramente basado en Donald Trump. Seguramente habrá más rostros de famosos que identificarán los lectores que sepan más que yo de cine o de deportes. El color es excelente, la narrativa es atrapante, sin baches, todo el tiempo al palo, y Parlov se da el gusto de dibujar gente en pelotas y sangre a raudales, algo no muy frecuente para los artistas que trabajan en el mainstream yanki. Lo único que no me cerró mucho es el final, ya que Barracuda queda en una situación que hace prácticamente inviable su reaparición en otras historietas, ya sea como enemigo de Punisher o como protagonista de otra epopeya de guarangadas y crímenes de lesa humanidad como esta. Pero puede ser que lo hayan hecho volver, la verdad que no lo sé. Este comic es de 2020, así que oportunidades seguramente no faltaron. ¿Recomiendo el librito? Sí, porque me divertí muchísimo, me reí fuerte con los diálogos llenos de puteadas y el dibujo de Parlov siempre es un lujo y un placer.
Después de unos meses de "desintoxicación" volví a leer historieta argentina, y me fue bastante mal. Le entré a la adaptación de Romeo y Julieta que realizaron en 2020 el guionista Hernán Carreras y la dibujante Aleta Vidal, y me encontré con un trabajo desabrido, anodino, como hecho sin ganas ni onda. El guion es confuso, los personajes entran y salen de escena sin orden, sin la claridad que hace falta sobre todo si pensamos que estos libros están apuntados a un público mayormente de edad escolar. Los diálogos (tomados de manera textual de la obra teatral de William Shakespeare) no contribuyen ni a que la historia se entienda mejor, ni a que los personajes nos resulten más queribles. Y lo más frustrante: el dibujo. Si me decís que Aleta dibujó esto en... 2008, 2009, bueno, puede ser. Eran sus primeros trabajos, le faltaba un poco... Pero en 2020, Aleta ya dibujaba MIL veces mejor que lo que vemos acá.
Por ahí esto es una reedición y realmente se trata de un trabajo muy anterior. Lo cierto es que vemos un dibujo con pocos destellos de la calidad que uno asocia con la autora. Los fondos escasean de manera alarmante, cuando aparecen los personajes de cuerpo entero hay errores de anatomía, y los personajes secundarios cambian de aspecto cada vez que aparecen: engordan o adelgazan, envejecen o rejuvenecen, pasan de lindos a feos, de una secuencia a otra... e incluso de una viñeta a la siguiente. El color está muy bien trabajado, pero no llega a esconder (ni mucho menos a compensar) las limitaciones que uno, que sigue desde hace años la trayectoria de Vidal, no esperaba encontrarse en una historieta como esta. Entiendo que las adaptaciones de Latinbooks se hacen por encargo, que en una de esas los autores las "sacan con fritas" en poquísimas semanas de trabajo, y que no le ponés el mismo amor a una creación propia que a la adaptación de un drama del Siglo XVI que te "encaja" una editorial. Pero cuando leíste el Romeo y Julieta de Gianni De Luca (ver reseña del 30/10/17) sabés que esto se puede hacer con mucha más onda, más compromiso y mejores resultados, sobre todo si -como es el caso de Aleta Vidal- tenés talento para el dibujo y la narrativa secuencial.
Y nada más, por hoy. Sigo a full con la Comiqueando Digital, que sale a fines de Junio a devastar el multiverso. Y la semana que viene tenemos Agenda Abierta en YouTube y otra actividad con público presente de la que les voy a tirar data más adelante, tanto acá como en el sitio web de Comiqueando. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 14 de mayo de 2026
OTRA VEZ CON POCO TIEMPO
Tengo varios libros leídos, pero me costó un maple de huevos encontrar un rato para escribir las reseñas. Aprovecho que son libros cortitos para volver a incursionar en el formato de tres reseñas en una misma entrada del blog.
Johan et Pirluit es una serie clásica del maestro belga Peyo, recordada sobre todo por ser donde aparecieron por primera vez Les Schtroumpfs (los Pitufos, en el habla hispana). Pero, ¿qué onda el resto de la serie? ¿Se la bancan hoy estas aventuras escritas y dibujadas en 1957, pensadas para los pibes de 9-10 años que compraban todas las semanas la revista Spirou? Me parece que sí, a ver si lo puedo fundamentar.
El dibujo de Peyo todavía no está tan suelto como en los años ´60, sobre todo porque está atrapado en una grilla de 12 cuadros por página que no rompe casi nunca. Y muchos de ellos son cuadros con MUCHO texto, que dejan poco espacio para que levante vuelo el dibujo. Pero el trazo del belga es ajustado, amistoso, expresivo, dinámico, un par de cambios más abajo respecto del frenesí que André Franquin le ponía en esos años a las aventuras de Spirou, y sobre todo con una claridad narrativa infernal, lo cual hace de Johan et Pirluit la lectura ideal para los chicos que están en esa transición desde la historieta 100% humorística hacia relatos más aventureros, con más densidad argumental.
Y lo otro que me llamó la atención es que acá hay pinceladas del humor que asociamos con la etapa clásica de Astérix... ANTES de Astérix. Ese juego de "estamos en la Edad Media pero hablamos entre líneas de lo que sucede en la actualidad" ya está presente en esta obra de Peyo y la bajada de línea contra la explotación a los trabajadores por momentos cobra un enorme protagonismo. Por último (y hablando de Astérix) el devenir de la trama lleva a Johan y Pirluit a encontrarse con un anciano de larga barba blanca, poseedor de ancestrales saberes arcanos, que les habilita un líquido que proporciona fuerza, resistencia y vitalidad fuera de lo normal. ¿Visitaron la aldea gala y se encontraron con Panorámix? No, pero evidentemente el tropo de "la poción mágica" ya estaba presente en el comic infanto-juvenil franco-belga antes de que René Goscinny y Albert Uderzo rompieran todo con su icónica creación.
Johan et Pirluit está muy bien para conocer al Peyo pre-Pitufos, cuando el equilibrio entre aventura y humor lo llevaba más para el lado de la aventura, más allá de que en este álbum puntual hay varios chistes bastante graciosos. Y siempre es un placer verlo dibujar al ídolo.
Hace poco me topé con un recopilatorio de chistes de Crist editado en 1977 por Ediciones de la Flor (cómo la vamos a extrañar, LPMQLP). El librito titulado Crist-Dos ofrece un poco menos de 80 chistes de una sola viñeta, que andá a saber dónde se publicaron originalmente (¿Hortensia, Chaupinela, Mengano, Satiricón, Clarín...?) y que funcionan como un gran muestrario de lo que hacía el capo cordobés en esa etapa de mediados de los ´70. Lo más interesante es cómo cambia la línea de Crist: la evolución no es lineal, porque los chistes siguen un orden temático, no cronológico. Pero se nota que en un momento deja el plumín para adoptar las fibras, y se disfruta muchísimo cuando mezcla técnicas y mete pincel, plumín, fibra, algo que parece rotring (aunque no sé si ya existía el rotring a mediados de los ´70)... un delirio fascinante, con un impacto visual exquisito.
Es inevitable: uno trata de hablar de la obra de Crist como humorista gráfico y termina hablando de sus prodigios como dibujante, de su manejo inigualable de las técnicas gráficas, cuando no pictóricas. Y sí, en el libro me encontré con varios chistes muy buenos. Pero todo pasa a un segundo plano cuando entra en escena un dibujante de la magnitud de Crist. Hay dibujos tan zarpados, tan elaborados, tan complejos, que ni hace falta que los personajes digan algo gracioso. Eso que caracteriza al Crist de hoy, está presente también en esto trabajos de hace casi 50 años. La diferencia es que en el librito los dibujos están en blanco y negro y reproducidos a mayor tamaño, con lo cual se los disfruta más.
Creo que me falta un solo librito de humor gráfico de Crist, y estoy atento a ver si aparece, porque me parece un monstruo del que (injustamente) se habla muy poco.
Y para terminar, me leí el Vol.5 de Battlefields, la colección que recopila las miniseries de guerra que realizó Garth Ennis para Dynamite. Esta vez me cerraron bien el orto a mí, que siempre digo que Ennis la rompe toda cuando escribe historieta bélica. "The Firefly and his Majesty" es una historia tirando a pobretona, que cuenta en 66 páginas lo mismo que Bob Kanigher contaba en 10 ó 12 en los comics de DC de los años ´60. Lo más jugoso, que es esa fricción entre los ingleses y los irlandeses (que además no se fuman a los yankis), no está muy enfatizado más allá de algún diálogo. Y al final lo que más rescato (junto con los diálogos, claro) es el esfuerzo que hace Ennis para darle volumen y tridimensionalidad a los soldados de Tercer Reich, que no son simples villanos, sino personajes muy bien trabajados, que por las circunstancias de la guerra están del lado opuesto al de los protagonistas.
El dibujo del prócer Carlos Ezquerra está bárbaro, muy bien complementado por las tintas de su hijo Héctor y los colores de Tony Aviña. Pero esperaba más del argumento, sinceramente. Por suerte tengo en el pilón de los pendientes varias obras de Ennis, entre ellas otro libro de Battlefields en el que (me parece) aparecen por primera vez varios de los personajes de este arco que no me terminó de enganchar. Así que el irlandés tendrá oportunidad de "levantar la nota".
Nada más, por hoy. Sigo a full en la producción de la Comiqueando Digital que va a estar lista a fines de Junio, y siempre hay algo más por ahí, cobrando forma de a poco. Gracias y hasta pronto.
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sábado, 9 de mayo de 2026
RESEÑAS DE SÁBADO POR LA NOCHE
Qué lindo es conseguir algo que uno estaba resignadísimo a no tener jamás. Hace varios años, el 02/02/22, yo rompía mi regla de leer los libros en orden y reseñaba el Vol.2 de Aromm, convencido de que nunca en la fuckin´vida iba a encontrar el Vol.1. Y finalmente apareció, creo que en una comiquería de España (sí, sigo leyendo material del que me traje la última vez que estuve en Europa, hace dos años y medio). Así que ahora leí la primera mitad de este díptico de los maestros Jorge Zentner y Rubén Pellejero, obviamente bastante en bolas, porque no acordaba casi nada de lo que pasa en el Vol.2. De hecho, tuve que volver a leer la reseña de aquel entonces para recordar si me había gustado o no. Y sí, me había gustado mucho.
El Vol.1 me gustó un poquito menos, me parece. Creo que porque pasan menos cosas. Zentner narra a un ritmo más pachorro, un poco porque no es tanto lo que tiene para contar y un poco porque se guarda un margen para añadirle a la trama aventurera, de venganza, poder y coraje, un cierto tinte poético, que "viste de gala" a la historia de Aromm. Sin ese componente, seguro que este tomo no arrimaría ni ahí a las 46 páginas, pero también seguro que sería un comic artísticamente más chiquito, menos trascendente, rápidamente olvidable.
De todos modos, y sin restarle méritos a la construcción por parte de Zentner de estos personajes complejos y estos conflictos fuertes, el as de espadas de este mazo es, sin ninguna duda, el dibujo de Pellejero. Acá el maestro catalán está tocado con la varita mágica y nos ofrece un trabajo formidable basado en la simplificación extrema de su trazo. Esto más que al Pellejero prattiano de los últimos años, se parece a Josep Ma. Beroy, al Daniel Torres de fines de los ´90, o incluso por momentos a Max, todos ellos dueños de una línea potente, elegante, expresiva y -sobre todo- despojada. Pellejero trabaja prácticamente sin texturas y casi sin áreas de negro pleno. Toda la sutileza, todos los efectos de iluminación están logrados con el color, que es glorioso. Si a estas páginas les sacás el color, no te digo que se caen a pedazos, pero se convierten en una obra de un dibujante de claroscuro perezoso, con pocas ganas de poner los negros que generen los contrastes que el estilo requiere. Pero felizmente, Pellejero se encargó de que el color le sume muchísimo a estas páginas, que conjuran unos climas inolvidables, por momentos más épicos, por momentos más místicos, pero siempre hipnóticos.
Qué loco que Aromm no sea una obra más conocida dentro de la excelente producción de esta dupla. Ni me meto a cuestionar por qué, si Zentner es argentino, toda la obra que realizó para Europa es virtualmente desconocida en nuestro país. Eso ya lo hablamos un montón, y si nos damos el lujo de ningunear los trabajos de los más grandes dibujantes por tener guionistas europeos... imaginate lo que le toca a los guionistas argentos que forman dupla con dibujantes del Viejo Continente, que encima son estrellas. Pero déjenme flashear con la ucronía de que Aromm en vez de darse a conocer en 2002 salía 15 años antes y se publicaba en una revista de aventuras de las que tuvimos en los kioscos durante décadas, cortada en fetas, por ahí rotulada para el orto... pero con una llegada que estos albumcitos chetos y finitos de Glénat no tuvieron ni tendrán jamás.
Hace poco comenté el especial de los 80 años de Robin, y conté que con ese librito completaba la colección de especiales de 80º Aniversario que publicó DC entre 2020 y 2021. ¿Y a Batman lo cagaron? ¿Hubo especial de los 80 años del personaje más popular de la editorial? Sí. Durante el año en que Batman cumplía 80, salió a la calle el nº1000 de Detective Comics y es exactamente igual que los libritos que ya vimos con los otros personajes: una antología de 100 páginas, con historias cortas a cargo de un montón de autores grossos, identificados con distintas épocas de la extensa trayectoria del personaje. Veamos con qué me encontré.
La primera historieta, a cargo de Scott Snyder y Greg Capullo, es flojita. Este especial era sin dudas el lugar donde la tenían que calzar, pero no aporta nada. La segunda tiene una buena idea de Kevin Smith, estirada a ocho páginas y dibujada sin onda por Jim Lee. Le tenía fe a la de Paul Dini y Dustin Nguyen, pero en un momento perdió mi interés y se me hizo "meh". La de Warren Ellis y Becky Cloonan está buenísima; es una secuencia que me hubiese gustado ver adentro de una novela gráfica o una miniserie, pero así solita, como aventura unitaria corta, también funciona bien. El mítico Denny O´Neil aporta un guion muy fuerte, muy conmovedor, que refuerza el mensaje que siempre nos transmitió: Batman es un pobre tipo, con la psiquis destrozada. Los dibujos de Steve Epting no están mal, pero por la jerarquía del guion se podría haber jugado más.
La de Christopher Priest y Neal Adams es un mamarracho, que probablemente sea el prólogo a alguna otra saga que no voy a leer jamás. Una pena ver al otrora descomunal Adams en ese nivel tan mediocre. Brian Michael Bendis y Alex Maleev aportan un relato crepuscular, protagonizado por un Batman y un Penguin ya ancianos, que está bastante bien. El dibujo, glorioso. Después tenemos una historia sumamente olvidable a cargo de Geoff Johns y Kelley Jones, seguido por la mejor historia del librito, que además es la más corta: James Tynion IV y Álvaro Martínez Bueno le dedican cinco páginas a una discusión entre Bruce y Alfred, acerca de los pro y los contra de sumarlo a Dick Grayson como sidekick enmascarado del justiciero nocturno. Esto está MUY bien.
Los mejores diálogos del especial los escribe Tom King, pero para una historieta que a nivel argumental es la nada misma, encima dibujada por Tony Daniel, que a mí no me atrapa en lo más mínimo. Y al final tenemos una serie de ilustraciones espectaculares del enorme Doug Mahnke, hilvanadas por textos de Peter Tomasi, que también es un prólogo a otra saga que jamás leeré. Con esto y un par de pin-ups, redondeamos 100 páginas que calculo que los fans hardcore de Batman les deben resultar absolutamente imprescindibles. Yo lo disfruté de a ratos, en un subi-baja entre "che, qué bueno esto" y "che, qué garcha esto", pero bueno... hay que reconocer que le pusieron garra y trajeron a un seleccionado de autores que -por lo menos en la previa- estaba a la altura del aniversario.
Y nada más, por hoy. Le sigo metiendo pata a la Comiqueando Digital, para que la podamos tener a fin de Junio. Y ni bien tenga más material leído, lo comentamos acá en el blog. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 7 de mayo de 2026
INFIERNOS FORMALES
Las dos historietas que tengo para leer hoy tienen poco que ver y mucho en común. Las dos están dibujadas por autores que me parecen GENIOS, a los que les compro cualquier cosa que hagan. Las dos tienen algo que remite a un Infierno en la Tierra, de maneras muy distintas. Y las dos son obras en las que probablemente te llame más la atención el cómo se cuenta que lo que se cuenta. Son historietas en las que las decisiones de los autores en materia de narrativa son tan extremas, que se cobran un protagonismo inusitado y en un punto opacan a todos los otros aspectos de la obra.
En 1985, Keith Giffen adapta al comic (con la colaboración de su habitual secuaz Robert Loren Fleming) Hell on Earth, un relato de Robert Bloch originalmente publicado en 1942. El ídolo lo convierte en una historieta de 46 páginas en formato muy cheto, y lo dibuja de la manera más rara y más expresionista que te puedas imaginar. Para la inmensa mayoría de las páginas, propone una grilla de 16 viñetas iguales, chiquitas, que muestran solo primeros planos y planos detalle. Muuuuy de vez en cuando un plano medio, nunca un plano general. A medida que la tensión de la trama crece, Giffen empieza a delirar con los bordes de las viñetas, hasta que un punto tira a la mierda la grilla de 16 cuadros. Greg Theakston (legendario entintador de Jack Kirby) y Bill Wray respectivamente se ocupan de tintas y color, y le dan a los trazos del maestro una impronta muy original, muy sugestiva, que despegan (un poco) a Giffen de su principal influencia de aquellos años, que era -de manera obvia y grotesca- José Muñoz.
Visualmente, Hell on Earth es una joya absoluta, con unos estallidos de creatividad y con unas ganas de experimentar e irse a la mierda que ponen a Giffen ahí donde muy pocos autores del palo superheroico se animarían a llegar. Pero claro, adaptar literatura nunca es fácil, y llega un punto en que Giffen y Loren Fleming se dan cuenta de que 46 páginas no alcanzan para contar todo lo que contó Bloch en su versión. Y ahí, en esas páginas finales, cuando los autores tienen que decidir qué cosas NO mostrar en los dibujos y simplemente "explicar" con los textos, entramos en el terreno del WTF?!?. La página 44 tiene, en los bloques de texto, una cantidad de imágenes zarpadas, hermosas para dibujar, pero Giffen traiciona y no las dibuja. Y queda todo medio ahí, en un terreno un toque ambiguo. Lo cual no está del todo mal, porque el cuento de Bloch también juega de modo ambiguo con esos dos planos de realidad, entre lo que escribió el protagonista en sus novelas y lo que sucede a raíz de los experimentos prohibidos del Profesor Keith (no Giffen, otro Keith, que es el principal personaje secundario de Hell on Earth).
Seguramente, con algunas páginas más para esparcir todo ese texto de manera más armónica, el resultado final sería todavía mejor. Pero así como está, Hell on Earth te masacra, te emociona, te intriga y te hace cagar en las patas con una fuerza increíble.
La segunda historieta que tengo para comentar también es impactante desde lo formal, desde las decisiones y los riesgos narrativos que toma el autor. Estamos a fines de 2022 y el siempre asombroso David Rubín vuelve a lanzar una obra con guion propio, en este caso titulada El Fuego. El resultado es una novela gráfica de unas 240 páginas, con un argumento que podría haberse contado en 64, u 80 a lo sumo. Rubín opta por un ritmo hiper-descomprimido, que incluye, por ejemplo, viñetas que ocupan dos páginas y largas transiciones entre una secuencia y la siguiente. Y flashbacks, y secuencias oníricas y un montón de recursos narrativos que consumen páginas pero que no impulsan la trama hacia adelante. De nuevo, estamos ante una obra visualmente alucinante, con experimentos formales que yo jamás en mi vida había visto en un comic, como esos polípticos ambientados en dos momentos distintos del tiempo que vemos en las páginas 194 y 195. El uso del color, las texturas, la iluminación, el trabajo en los fondos... Excepto la puesta en página, que es bastante tradicional, todo lo demás está pensado para que El Fuego nos sorprenda incluso a los que tenemos leído mucho comic, y mucha obra de David Rubín.
Por debajo de todo este despliegue visual y este complejo andamiaje narrativo, el autor nos ofrece una historia triste, introspectiva, crepuscular. El Fuego es una larga cuenta regresiva hacia un final fatídico, tanto para el protagonista (Alexander Yorba) como para el planeta Tierra, que está por ser destruido por una bola gigante de piedra y fuego que parece imposible de detener. Sí, ya sé: está muy forzada la coincidencia de que Yorba y la Tierra tengan su fin pautados para el mismo momento. Pero créanme que Rubín utiliza esa casualidad no solo para lesionar el verosímil, sino para potenciar el efecto dramático de todo lo que le pasa (por fuera y por dentro) al protagonista. Al final, que la Tierra se destruya es un hecho casi anecdótico: el autor se encarga de que nos metamos tan adentro del personaje, que participemos de un modo tan activo de los cuestionamientos que le formulan los demás y que él se formula a sí mismo, que nos hace sentir ese vacío, esa desazón, esa mierda que debe ser la vida cuando uno se caga en los vínculos afectivos para apostarle todo a una ilusión de gloria que resulta ser... ni siquiera una ilusión.
Así, El Fuego se convierte en un relato existencialista, amargo, incluso admonitorio, de una magnitud que opaca (sin convertir en superficiales o en triviales) a los elementos de ciencia ficción que impulsan la trama. Todo el tiempo se nota lo mucho que Rubín pensó este trabajo, página a página, encuadre a encuadre. Coincidas o no con las decisiones narrativas que toma, te vas a chocar de frente con una planificación exhaustiva, casi obsesiva, y con una ejecución que lo confirma a David como uno de los autores más completos y más talentosos que tiene hoy el comic a nivel global. Perdón por no explayarme más en la trama, pero quiero que todo el mundo lea El Fuego sin saber qué catzo se va a encontrar, como hice yo. Ojalá los conmueva tanto como a mí.
Y nada más por hoy. Ya estoy sumergido en el frenesí de la Comiqueando Digital, así que sepan disculpar si de acá a fines de Junio no posteo con tanta frecuencia acá en el blog. Y muchas gracias a tod@s l@s que ya vieron el tercer episodio de Opiniones Meméticas en el canal de YouTube de La Batea. Será hasta pronto.
sábado, 2 de mayo de 2026
POCO PERO BUENO
Otra semana en la que me costó juntar un par de libros para reseñar, un poco porque estoy bastante enganchado con otras lecturas, de cosas que no reseño acá en el blog. Pero lo que leí y tengo para comentar es de una calidad muy, muy notable.
En el sector Obras de Autores Argentinos que no se conocen en Argentina, encontré la antología llamada Terra Nostra: Los Derechos de la Tierra, editada por Ikusager (en España, en castellano, no hay que traducirla del euskera, ni del francés, ni del chino) en 1998. Ahí tenemos varias historietas de temática ecológica, cada una de ocho páginas, a cargo de un All-Star Squadron de autores. El glorioso Max la rompe toda. Will Eisner, que a fines de los ´90 no atravesaba su período más inspirado, también se luce en una fábula donde deja todo. Bill Sienkiewicz no cuenta una historia, sino que compila reflexiones sobre la vida en la Tierra, la naturaleza y el abuso de los recursos naturales por parte del hombre formuladas por grandes literatos, poetas y pensadores. Y las acompaña con unas ilustraciones maravillosas. Miguelanxo Prado nos regala la mejor historieta del libro, profunda, tremenda, desgarradora, poética y con unos dibujos de la hiper-concha de Dios. A Felipe Hernández Cava se le ocurre hablar de las especies animales ya extintas a través de la figura del dodo, pero se enreda un poco cuando mezcla, además, el universo ficticio creado por Lewis Carroll para Alice in Wonderland. Lo acompañan dos dibujantes increíbles como son Raúl y Federico Del Barrio, dos de sus más asiduos colaboradores.
Pero además hay dos historietas de autores argentinos, predecible e injustamente inéditas en nuestro país. Por un lado, el inolvidable Carlos Nine le pone imágenes a un texto de su esposa, Alicia Caseiras, que conecta el tema de la ecología con el de las brutales desigualdades sociales. Como guion de historieta no brilla, pero el mensaje es potente y las ilustraciones de Nine le confieren un vuelo y una belleza impresionantes. Y también tenemos ocho páginas a cargo de la imparable dupla integrada por Carlos Trillo y Eduardo Risso (a quien por error en el libro se nombra como "Carlos Risso"). La breve "Fiebre de Primavera" es una salvajada, repleta de imaginación de ironía, y con un ritmo arrollador. Si la mirás bien, podría suceder tranquilamente en el universo de Borderline, aunque el hecho de que Risso le ponga color a estas páginas (un color extraordinario) la despega de aquel trabajo, tan caracterizado por el uso extremo del claroscuro.
Más allá de que el tema de la ecología te interese mucho, poco o nada, este libro te bombardea con relatos, imágenes e ideas muy grossas, a cargo de unos nombres que te ponen los pelos de punta. El hecho de que incluya material de Nine, Trillo y Risso que nunca vimos en Argentina lo hace todavía más atractivo. Estamos hablando de una excelente antología, que complementa a las legendarias Los Derechos Humanos (ver reseña del 28/07/14), Los Derechos del Niño (lo vimos el 12/08/14), Los Derechos de la Mujer (lo vimos el 20/08/14) y Los Derechos de los Pueblos (lo vimos el 07/08/14).
Me vengo más cerquita en el tiempo, a 2022, cuando Dark Horse compila en TPB la miniserie Groo Meets Tarzan, que es consecuencia del éxito de Groo Meets Tarzan, una saga que no tengo, que busco hace siglos y que si alguien me la quiere donar, ascenderá al panteón eterno de mis ídolos.
Esta vez, Sergio Aragonés y Mark Evanier arman una historia muy entretenida, que transcurre en tres niveles distintos de realidad. Uno es el de la típica aventura de Tarzan, donde el dibujo es clásico, académicamente correcto, y obra del maestro (nunca ponderado en toda su magnitud) Thomas Yeates. El segundo es el de la típica aventura de Groo, con Aragonés on fire, siempre en la cúspide de lo que se puede hacer hacer en materia de historieta humorística. Y el tercero, también con dibujos de Aragonés, cuenta una historia protagonizada por el propio autor, con un rol secundario (pero muy gracioso) para Mark Evanier. Eventualmente, la historia de Tarzan se va a cruzar con la de Groo, de un modo medio traído de los pelos, pero divertido. El capo de la monada y el guerrero más inepto del multiverso van a forjar una alianza improbable para derrotar a sus enemigos, y Tarzan se va a asegurar de que -una vez vencidos los malos- esos dos planos de realidad no vuelvan a intersectar nunca más.
Los chistes más cómicos, las situaciones más atractivas, están en las secuencias que transcurren en "el mundo real", donde Sergio y Mark son autores de historietas que van a la San Diego Comic Con a interactuar con sus colegas y sus fans. El efecto de reiterar los chistes, de apilarlos unos sobre otros de manera recurrente, funciona a la perfección. Sergio y Mark se ríen de las charlas en las convenciones, de los cosplayers y de los momentos chotos que les toca vivir cuando algún fan los confunde con otros historietistas. Pero la "aventura" en sí tiene que ver con parque de atracciones donde hay animales sueltos, al estilo del famoso zoológico que Jorge Cutini tenía en General Rodríguez. Ese ámbito les habilita a los autores toda una serie de situaciones desopilantes, una más bizarra que la otra. Y lo peor es que, si conocés la vida de Aragonés, y leíste sus historietas autobiográficas, casi todo lo que sucede en ese parque de Chula Vista podría ser real.
El eterno y glorioso colorista Tom Luth trabaja cada plano de realidad con distintas tonalidades y el contraste entre Groo y Tarzan (en las páginas en las que comparten viñetas) está perfectamente enfatizado desde el color. Si hay que criticar algo, podríamos decir que para el fan de Tarzan, esto es la nada misma. Si seguís las aventuras de Lord Greytsoke pero no sabés nada de Groo, ni leíste nunca comics de Aragonés, esto te va a parecer una bizarreada sin pies ni cabeza. Por el contrario, si sos fan de Groo esto te va a detonar el bocho porque el contrapunto entre los universos está muy bien logrado, y toda la secuencia del "mundo real", con los autores de Groo en el centro de la escena, es una cátedra de humor que combina delirio, erudición comiquera y mala leche en dosis exquisitas. Aguante Groo, y ya me duele la panza pensando cómo lo vamos a extrañar al maestro Aragonés cuando no esté más. Posta, no quedan vivos muchos historietistas de ese nivel de talento. Y Sergio tiene casi 90 años.
Hasta acá llegamos, por hoy. Nos reencontramos por acá en la semana, o el lunes a las 19:30 en Libros del Pasaje, donde voy a estar conversando con Liniers sobre sus 30 años de trayectoria. Gracias y hasta pronto.
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