el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 31 de mayo de 2011

31/ 05: ASTROBOY Vol.5


Ay, ay, ay… Osamu Tezuka se retuerce en su tumba. No se puede creer cómo de un tomo a otro, el incorregible Muñones se las ingenió para bajar TANTO la calidad del papel y la impresión de este manga. Los primeros tomos no eran de lujo, ni mucho menos, y tenían varios problemas en la impresión. Pero este ya es una inmundicia. El papel es asquerosamente trucho y las páginas en las que en vez de negros plenos hay grises arratonados son… demasiadas. La cartulina de las portadas tampoco puede ser más berreta: la mirás fijo y se resquebraja. Que no le caiga una gota de agua a tu tomito de Astroboy, porque te lo desintegra como si fuera un ácido hiper-corrosivo desarrollado en las profundidades de Apokolips.
Por suerte las tres historietas del tomo zafan dignamente. Las tres tienen cosas en común: acción grandilocuente, elementos de ciencia-ficción, un ritmo muy salvaje, de palo y palo, en el que todo el tiempo pasan miles de cosas, y mucho protagonismo para los personajes secundarios, que eclipsan casi por completo a Astroboy. La primera es la más acelerada, en la que los villanos tienen el plan más zarpado y en la que el peligro se siente más inminente. Acá los malos (todos viejos conocidos para el asiduo lector del Manga no Kamisama) se roban el spotlight, aparecen más que los buenos y –por supuesto- no falta el que apuesta a la redención. También tiene mucho peso en la trama Puk, otro chico robot, que rivaliza con Astroboy hasta que recibe poderes mil veces más copados que los del titular de la serie. Y el otro que se morfa la aventura y protagoniza muchísimas secuencias fundamentales para el guión es el ídolo, Shunsaku Ban, a quien en tomos anteriores llamaban “Mostachio” y ahora alguien (no se sabe quién traduce los mangas de Deux, se ve que es gente que está muy orgullosa de su trabajo) rebautizó como “Mustacchio”.
En la segunda aventura, de nuevo Mustacchio tiene un rol destacado, pero ahora también participa el Profesor Ochanomizu, que en la primera estuvo pintado al óleo. Esta es la más fumada de las tres historias, en la que Tezuka se caga más veces en mantener algo así como un verosímil. Hay explicaciones pseudo-científicas, pero pasan cosas tan increíbles (y a un ritmo tan frenético), que terminan por no explicar nada.
Y la tercera por ahí es la menos original, pero es la que tiene el guión más redondo, con menos giros argumentales limados o traídos de los pelos. Hay peligros grossos, hay muertes, destrucción, un plan maligno por parte del villano (que es el más malo de los de la primera aventura) y si bien no aparece Shunsaku Ban, hay otro co-protagonista que se lleva buena parte de los laureles: Tezuka usa a Sherlock Holmspan para bajar línea en su clásico argumento de “los robots son seres vivos como cualquier otro y no hay que despreciarlos ni discriminarlos”, pero lo hace tan bien, que Un Sol Artificial termina por ser una aventura de Sherlock Holmspan en la que participa Astroboy.
En la primera secuencia de esta historia, el Manga no Kamisama habla del proceso por el cual re-adapta, a principios de los ´80, estas aventuras originalmente creadas varias décadas antes. Por lo que da a entender, él mismo es el responsable de que muchas páginas estén armadas en cuatro tiras de viñetas y de pronto irrumpan páginas armadas en tres tiras, esas en las que el dibujo se aprecia muchísimo más. Ojalá sea así. Sería un bajón que esas idas y vueltas entre las tres y las cuatro tiras fueran fruto del capricho de algún editor occidental.
Lo bueno es que, entre tantos retoques que Tezuka le hizo a las historietas, logró que el dibujo alcance la calidad del de las grandes obras con las que el maestro nos deleitó en los ´70. En este tomo no se ven ni asistentes, ni clones chotos de Tezuka, sino el estilo más maduro del ídolo, desplegado con onda, con ingenio, con osadía, y siempre al servicio de la narración. Como siempre, abundan las secuencias exageradamente humorísticas, que hacen ruido en el contexto de peligro y tensión que crean los guiones, pero sería un delirio pretender que Tezuka convirtiera en obras 100% adultas (y bastante dark) a las historietas que creó en los ´50 y ´60, cuando su público principal eran los más chicos.
Lo que también parece una exigencia desmedida e imposible de cumplir es que este material se edite en Argentina como corresponde. Al problema principal de casi todas las ediciones locales de manga (que es la periodicidad entre errática e irrespetuosa), Deux aporta su granito de arena que es –repito y me indigno, como los manifestantes españoles a los que les mando toda mi solidaridad- una estrepitosa caída en la calidad del papel y la impresión, que dificulta el disfrute de las historietas del Más Grande. Ni olvido ni perdón.

sábado, 22 de enero de 2011

22/ 01: ASTROBOY Vol.4


Qué cagada, no? Hacía casi un año que Deux no sacaba nuevos tomos de Astroboy y cuando lo hizo, salió justo el que para mí es el más flojo de los publicados hasta ahora.
Hay una aventura extensa, titulada La Máquina de Crear Espectros, que tiene un muy buen guión, sólido, interesante y raro, además, porque el villano es una caricatura muy obvia y grotesca de Adolf Hitler. Y es raro también el dibujo, no se parece al de las otras aventuras del tomo. Primero porque las páginas están armadas en tres tiras (casi siempre de dos viñetas), mientras que en el resto del tomo la grilla básica es de cuatro tiras. Mejor, no? Con menos cuadros por página, la historia avanza más rápido y el dibujo se luce más. Ehhh… no. El dibujo es notoriamente más flojo que en las otras historias, como si no lo hubiese dibujado el propio Osamu Tezuka, sino un ayudante, o un imitador. También puede ser que las demás historias hayan sido redibujadas posteriormente por el Manga no Kamisama para alguna reedición, y esta no. Lo cierto es que, si bien la narrativa es tan ajustada y transparente como siempre, la faz gráfica está muy por debajo del resto de las aventuras de Astroboy que publicó Deux (o Dark Horse o Glénat, porque estos libros publican el mismo material y en el mismo orden que las editoriales mencionadas).
Fuera de estas 89 páginas en la que el dibujo va para atrás, el resto del tomo muestra a Tezuka en un nivel gráfico altísimo, sin nada que envidiarle a sus mejores trabajos de los ´70 y ´80, excepto porque tantas viñetas en una página tan chiquita hacen que el dibujo no se aprecie tanto. Todo esto me lleva a suponer que son historias redibujadas por el maestro, mientras que La Máquina de Crear Espectros conserva el dibujo original, lógicamente más crudo y menos afianzado.
En cuanto a los guiones, la primera historieta, Robotlandia, tiene la intención de contar una buena historia, de bajar la línea correcta. Pero no lo logra. Las peleas están buenísimas, hay mucha emoción, pero Tezuka hace añicos el verosímil (incluso en una serie de acción futurista para chicos) cuando los compañeros de colegio de Astroboy llegan nadando a Robotlandia para rescatar a su amigo y al maestro Mostachio. Eso es cualquiera, mal. El resto, muy divertido.
La segunda historieta, Iván el Tonto, es la que tiene el planteo más original e interesante, y Tezuka lo sostiene hasta el final, que es un poco apresurado. De pronto, un montón de detalles que parecía que iban a tener peso en la trama, se simplifican de modo medio grosero y la resolución se precipita. No quiero ahondar en el guión, pero lo más bizarro es que en una historieta de clima trágico, opresivo, ominoso, aparece de golpe… un número musical! Posta, tres personajes secundarios se ponen a cantar y bailar una coreografía en el medio de la historia, sin motivo aparente.
Y nos queda una sóla historieta, de apenas 14 páginas, muy ingeniosa y emotiva, un poco afectada por el escaso espacio que tenía Tezuka para desarrollarla, pero igual muy pulenta. Con esas mismas ideas, se podría haber hecho una muy grossa historia de 50 ó 60 páginas.
Tuvimos mala suerte, nos tocó un tomito de Astroboy que no entra a la lista de los imprescindibles, porque el dibujo de una historieta y los guiones de las otras tres tienen fallas (algunas mínimas, otras más notorias) que las ponen por debajo del elevado listón colocado por el mismísimo Tezuka en trabajos anteriores. Igual lo banco y espero ansioso el próximo tomo, que ojalá no tarde 11 meses en salir.

viernes, 29 de enero de 2010

29/ 01: ASTROBOY Vol.3


Hora de reencontrarnos con el Manga no Kamisama para la que probablemente sea la mejor aventura de Astroboy, el clásico de clásicos del manga y el animé. Este tercer tomo de la edición de Deux (¿vieron? Yo lo vivo bardeando a Muñones, pero le compro todo lo que edita…) incluye una historia corta y una larguísima, que no es otra que la mítica saga de Plutón, el mega-robot creado para destruir a los siete mejores robots de la Tierra. Seguramente es la aventura de Astroboy con más machaca y destrucción, la que tiene más y mejores combates. Pero además tiene –típico de Tezuka- una fuerte dosis de mensaje moral.
Plutón es un robot creado para destruir, pero no es necesariamente malo. Combate y destroza a sus adversarios porque responde a su programación. Así es como, con el correr de las páginas, su propia relación con Astroboy y su hermanita Uran empiezan a mostrarnos un lado “humano” de Plutón, o por lo menos ciertos gestos de nobleza, de agradecimiento, de solidaridad, siempre seguidos de un “Esta vez no te hago crosta, pero la próxima, posta que sí”. El Dr. Ochanomizu hace lo que el lector quiere hacer: buscar al turro que programó a Plutón y tratar de revertir ese designio jodido que lo convierte en una máquina de matar. Obviamente no lo logra, pero Tezuka aprovecha las peripecias de Ochanomizu para mostrarnos al verdadero villano de la historia, lo cual hace que le tomemos más cariño todavía al implacable Plutón.
Sin duda, un golpe bajo de niveles disneyanos por parte del Manga no Kamisama, porque en todo momento sabés que Plutón va a terminar muy mal. Ni siquiera es el único golpe bajo: la escena de Epsilon (el robot australiano) con los nenitos que le dicen “tío” y lo abrazan es too much. Sirve para hacer impredecible y sorprendente la actitud de Epsilon para con Plutón cuando este último queda sepultado en el barro, pero es terrible.
Además de Epsilon, hay un par de robots más a los que Tezuka llega a desarrollar bastante antes de que Plutón los convierta en chatarra, lo cual por un lado está bueno y por el otro es un bajón, porque podrían haberse sumado al elenco de secundarios de la serie y enriquecerlo notablemente. El que se dio cuenta de esto fue el gran Naoki Urasawa, que convirtió a esos robots en los protagonistas de Pluto, su increíble policial noir ambientado en el universo de Astroboy. Gesicht, el robot policía alemán (Gezith, en la traducción argenta) será quien lleve adelante la trama, pero todos ponen, como en la perinola.
Y así como el mensaje de esta primera historia parece ser “Cada uno es lo que lleva en su interior”, más allá de la programación que te implante un villano, o de los caballos de fuerza que tenga tu motor atómico, la segunda historia es un alegato contra la codicia y la discriminación. En apenas 19 páginas, Tezuka desarrolla un argumento coherente, complejo y divertido, sin estirar al pedo, sin ninguno de los tics molestos que tienen los mangas de hoy, esos que se toman 250 páginas para mostrarte cómo un tarado con anteojitos se agacha para mirarle la chabomba a una tarada con minifalda.
En ese sentido, casi todas las aventuras de Astroboy contradicen los principios de lo que hoy se considera “narrativa oriental”. Lo cual es más que paradóljco, porque estamos frente a trabajos del tipo que es considerado “el padre del manga moderno” que no se parecen en lo más mínimo al “manga moderno”, sino que está mucho más cerca de ser un comic occidental, aunque leído de derecha a izquierda. Cosa que también sucede con otros autores fundamentales, como Yoshihiro Tatsumi, o Suehiro Maruo, lo cual me hace pensar que eso que hoy parece ser “el manga moderno”, ese canon indiscutible, en realidad no es más que un estilo entre varios, no la única forma narrativa posible para el comic japonés como tantos prefieren creer.
Pero bueno, la onda de esta reseña no era hilar tan fino, sino recomendar enfáticamente este tomo de Astroboy a todos los que se aguanten la espesa cucharada de golpe bajo y moraleja que el Manga no Kamisama te hace tragar a modo de peaje, para dejarte entrar a un mundo maravilloso de ciencia-ficción, runflas políticas y superhéroes mecánicos que se recontra-cagan a palos en peleas desbordantes de dinamismo y emoción. Ahora que se viene la peli, vas a escuchar a hordas de subnormales hablando horas en todos los medios sobre este “clásico indiscutido de blablabla”. Si te queda alguna duda de por qué Astroboy es un clásico indiscutido, este librito te la saca, para siempre.