Mostrando entradas con la etiqueta Zep. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zep. Mostrar todas las entradas
lunes, 2 de diciembre de 2024
SEMANA COMPLICADA
Increíble lo que me costó encontrar un rato para leer comics y un rato para reseñarlos esta semana. Y ahora seguro no vuelvo a postear por lo menos hasta el domingo, porque entre el miércoles y el sábado voy a estar en San Pablo, Brasil, en la CCXP. Pero vamos rápido con las lecturas...
What a Wonderful World! es un libro de casi 180 páginas que reúne trabajos del maestro suizo Zep, más en clave de humor gráfico que de historieta propiamente dicha. Hay algunas páginas resueltas a través de la narración secuencial, pero la mayoría tiene más que ver con lo que hacía Maitena en la revista Para Ti, o Alfredo Grondona White en la Hum®: Zep tira un tema y lo desarrolla en varias viñetas cómicas que muchas veces no dialogan entre sí. Los resultados son brillantes en los dos casos: cuando hay un relato secuencial y cuando no lo hay.
En estos "ensayos gráficos" de dos o tres páginas, el creador de Titeuf se mueve con la más absoluta libertad, y se mete con temas que tienen que ver con la política internacional, la religión, las costumbres sociales, la economía, la inmigración, la brecha generacional, el deterioro del medio ambiente, el impacto de las redes sociales en nuestras vidas, el rock, el cine, los comics, la sexualidad... incluso hay algunos en los que aparece la escatología, que es algo que siempre estuvo presente en las historietas de Titeuf. Cuando publica este material (primera mitad de la década del 2010) Zep es un muchacho ya cuarentón, al que le pega fuerte pensar en cómo cambió todo (incluso su cuerpo) desde sus ya lejanos años mozos. Y además no oculta su lado nerd, de fanático de las películas de ciencia ficción, los superhéroes, Star Wars, y un montón de clásicos del comic francés. Hay también un homenaje muy lindo a las víctimas de la masacre de Charlie Hebdo, a B.B. King, a Calvin & Hobbes... y son los únicos momentos del libro en los que no reina la mala leche. La mirada de Zep sobre todos estos temas (y muchos otros) es la de un tipo ácido, de un cinismo implacable, que no tiene piedad con nadie, ni siquiera con su mujer, sus hijos, o con él mismo. El tipo ve patetismo en todas partes y lo sabe convertir en humor de una manera absolutamente fascinante.
Además de lo mucho que me reí con el libro, me sorprendió (una vez más, porque llevaba varios años sin leer trabajos del ídolo) la calidad del dibujo. Zep tiene ese trazo redondito, prolijo y amistoso típico de Florence Cestac, pero sumado a la desfachatez gráfica de Marcel Gotlib y a esa sobriedad irónica y paródica de Morris. Es un combo bestial, que acá brilla más que en Titeuf, porque hay muchas menos viñetas por página y ni siquiera tienen marcos dentro de los cuales contener a los dibujos. Las dos modalidades de combinar palabras e imágenes (globos de diálogo y textos por fuera de la imagen) le abren a Zep un abanico muy vasto de recursos humorísticos, y el suizo no desaprovecha ninguno. What a Wonderful World! es una auténtica joya del humor gráfico y lamento infinitamente que solo exista en francés.
Me vengo a Argentina, año 2024, para encontrarme con Los Hijos de Jesús, el nuevo trabajo del notable guionista Federico Baert. Esta obra se inscribe en la misma tónica que El Rey de la Historieta (ver reseña del 21/11/19): una historia tremenda, sin concesiones, sin piedad, protagonizada por un hijo de puta irredimible, un personaje completamente amoral, perverso y execrable. No quiero contar nada del argumento, porque es una obra reciente, pero Baert nos muestra una por una las atrocidades que hace y dice Jesús a lo largo de 60 páginas realmente escabrosas. Por lo jodido del protagonista, por lo maligno de su accionar y por lo real y cercano que resulta todo lo que sucede. Acá no hay elementos fantásticos, ni saltos al vacío: hay una mirada de la realidad cotidiana totalmente descarnada, sórdida y perturbadora, sobre la cual se sostiene una trama de muerte y desolación. Los diálogos no se quedan atrás a la hora de la violencia y la transgresión, y -una vez más- están pensados para incomodar al lector, para hacernos sentir mal por disfrutar (o incluso reirnos) de las animaladas que dice Jesús. Al lado de este personaje, Roberto (el tipo de mierda creado por Marcelo Dupleich) es un Premio Nobel de la Paz.
Una vez más, Baert escribe un guion que tendría que haber dibujado Peter Bagge. Todo el tiempo me imaginé esta historieta dibujada por Bagge. Pero no. El Rey de la Historieta la dibujó él mismo, y Los Hijos de Jesús fue a manos de Matías Di Stéfano, cuyo trabajo no solo no me gustó, sino que por momentos me molestó. Primero, porque recuerdo haber leído hace años historietas mejor dibujadas por este mismo autor (ver reseña del 01/09/18). Y segundo, porque hay páginas dibujadas de un modo muy descuidado, con poca onda, como si Di Stéfano pensara solo en sacarse de encima este trabajo lo más rápido posible. Incluso me molestó esa boludez, ese rasgo de pereza que rompe totalmente el verosímil, que es que los personajes aparezcan siempre con la misma ropa... Eso puede funcionar en South Park, o en The Simpsons, e incluso puede ser un plus a la hora de generar comicidad, o complicidad con el espectador. Pero acá, donde se supone que estamos frente a una obra ambientada en el mundo real, no tiene sentido que Graciela o Facundo aparezcan siempre con la misma ropa, escena tras escena. Fuera de eso, la narrativa fluye muy bien y los grises (aplicados por Leo Cabrera) contribuyen bastante a que todo se vea un poco mejor. Pero, al igual que El Rey de la Historieta, Los Hijos de Jesús merecía un dibujante con menos limitaciones a la hora de llevar al papel las guachadas que se le ocurren a Baert. Ves la ilustración de la portada, obra de Marcos Vergara, y no es difícil imaginarte toda la historieta dibujada así. Sin embargo, adentro tenemos un nivel de dibujo muy por debajo del de Vergara, con manos que cambian de tamaño en todas las viñetas, autos que parecen hechos con cajitas de remedios y perspectivas chingadas. Una pena, porque el guion de Baert es una cátedra de mala leche, oscuridad y abyección moral.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos la semana que viene, a la vuelta de San Pablo, con nuevas reseñas acá en el blog, que ya está ahí nomás de cumplir 15 años.
Etiquetas:
Federico Baert,
Matias Di Stefano,
Zep
miércoles, 26 de febrero de 2014
26/ 02: TITEUF Vol.12
Vuelvo a encontrarme con la hiper-taquillera creación de Zep, pero en vez de seguir el orden cronológico, me mandé al tomo más reciente que encontré. O sea que pegué un salto bestial, de principios de los ´90 a 2008, apostando a ver algo bastante distinto, una evolución marcada respecto de aquellos primeros dos álbumes (reseñados a principios de 2013). Y la verdad es que encontré algunos cambios, pero no muchos, ni muy significativos.
Como aquel álbum de El Pequeño Spirou que vimos el 16/09/13, este tiene, además de un montón de planchas autoconclusivas, una historieta “larga”, de cuatro páginas, titulada “La Edad del Pavo”. Acostumbrado a hacer humor en base al contraste entre los chicos y los adultos, Zep se mete ahora con los adolescentes. Titeuf debe convivir varios días con un chico que está en plena edad del pavo y descubre que la adolescencia, esa que le espera en no muchos años, “no mola”. Todo esto a través de una sucesión de gags muy cómicos, donde el suizo revela un agudo sentido de la observación.
En las historietas de una sola página lo que más llama la atención es cómo Zep no adopta nunca una grilla standard. Tiene páginas de cuatro tiras (con 11 ó 12 viñetas), páginas armadas con la clásica grilla de nueve cuadros, páginas con CINCO tiras de dos o tres cuadros, páginas de ocho viñetas idénticas entre sí, y mucho criterio para decidir qué chistes se pueden contar sin recurrir a los marquitos de las viñetas. Las variaciones en la grilla y las frecuentes desapariciones de los marcos de las viñetas (y los fondos) son apenas algunos de los muchos trucos narrativos que despliega Zep para controlar molecularmente el tempo de cada uno de estos mini-relatos y potenciar el efecto cómico de los mismos. Por supuesto, le sale MUY bien. Acá hay algunos chistes realmente muy graciosos, que sorprenden por el ingenio, por la mala leche o por el nivel de guarangada (bastante elevado, si pensamos que esta es una historieta pensada básicamente para chicos).
En este tomo hay una especie de saga, un tema que recorre varias planchas autoconclusivas, que tiene que ver con el papá de Titeuf, que de pronto se queda sin trabajo. Esto hace que el protagonista se empiece a cuestionar cosas que ya no tienen que ver con los pitos y las tetas, sino con el dinero, el laburo y la economía en general. Los adultos le explican estas cuestiones a Titeuf (obviamente a medias, porque suponen que no va a entender la explicación exhaustiva de cómo el capitalismo salvaje exprime y descarta a los trabajadores) y esto le genera al enano maldito toda otra serie de confusiones y malinterpretaciones, también muy cómicas, a pesar de que Zep está hablando de algo mucho más trágico que darle un beso de lengua a una chica o un chico que tienen mal aliento.
Por último, un parrafito mínimo para hablar del dibujo, que es espectacular. Dinámico, expresivo, redondito pero no “cute”, y respaldado por un trabajo sublime, lleno de sutilezas, a la hora de sumarle el color. Acá sí, se nota una evolución muy interesante respecto de los primeros tomos. Zep creció mucho como dibujante y si al principio era buenísimo, ahora ya es imbatible.
Se ve que en Argentina no le fue bien a Titeuf, porque la edición local nunca pasó del Vol.2. Como consuelo para el que no sabe francés, está la edición española, que no sé si pasó del Vol.12 pero es excelente.
Como aquel álbum de El Pequeño Spirou que vimos el 16/09/13, este tiene, además de un montón de planchas autoconclusivas, una historieta “larga”, de cuatro páginas, titulada “La Edad del Pavo”. Acostumbrado a hacer humor en base al contraste entre los chicos y los adultos, Zep se mete ahora con los adolescentes. Titeuf debe convivir varios días con un chico que está en plena edad del pavo y descubre que la adolescencia, esa que le espera en no muchos años, “no mola”. Todo esto a través de una sucesión de gags muy cómicos, donde el suizo revela un agudo sentido de la observación.
En las historietas de una sola página lo que más llama la atención es cómo Zep no adopta nunca una grilla standard. Tiene páginas de cuatro tiras (con 11 ó 12 viñetas), páginas armadas con la clásica grilla de nueve cuadros, páginas con CINCO tiras de dos o tres cuadros, páginas de ocho viñetas idénticas entre sí, y mucho criterio para decidir qué chistes se pueden contar sin recurrir a los marquitos de las viñetas. Las variaciones en la grilla y las frecuentes desapariciones de los marcos de las viñetas (y los fondos) son apenas algunos de los muchos trucos narrativos que despliega Zep para controlar molecularmente el tempo de cada uno de estos mini-relatos y potenciar el efecto cómico de los mismos. Por supuesto, le sale MUY bien. Acá hay algunos chistes realmente muy graciosos, que sorprenden por el ingenio, por la mala leche o por el nivel de guarangada (bastante elevado, si pensamos que esta es una historieta pensada básicamente para chicos).
En este tomo hay una especie de saga, un tema que recorre varias planchas autoconclusivas, que tiene que ver con el papá de Titeuf, que de pronto se queda sin trabajo. Esto hace que el protagonista se empiece a cuestionar cosas que ya no tienen que ver con los pitos y las tetas, sino con el dinero, el laburo y la economía en general. Los adultos le explican estas cuestiones a Titeuf (obviamente a medias, porque suponen que no va a entender la explicación exhaustiva de cómo el capitalismo salvaje exprime y descarta a los trabajadores) y esto le genera al enano maldito toda otra serie de confusiones y malinterpretaciones, también muy cómicas, a pesar de que Zep está hablando de algo mucho más trágico que darle un beso de lengua a una chica o un chico que tienen mal aliento.
Por último, un parrafito mínimo para hablar del dibujo, que es espectacular. Dinámico, expresivo, redondito pero no “cute”, y respaldado por un trabajo sublime, lleno de sutilezas, a la hora de sumarle el color. Acá sí, se nota una evolución muy interesante respecto de los primeros tomos. Zep creció mucho como dibujante y si al principio era buenísimo, ahora ya es imbatible.
Se ve que en Argentina no le fue bien a Titeuf, porque la edición local nunca pasó del Vol.2. Como consuelo para el que no sabe francés, está la edición española, que no sé si pasó del Vol.12 pero es excelente.
domingo, 3 de febrero de 2013
03/ 02: TITEUF Vol.2
Excelente. Este tomo me hizo reir más que el primero. Estamos ante una verdadera joya de la historieta humorística actual.
Lo que hace acá Zep (cuyo verdadero nombre es Philippe Chappuis) no es 100% original (porque tiene cositas que nos recuerdan a Mafalda, o a Calvin & Hobbes, o a algún gag de Bart Simpson), pero tiene vuelo, tiene impacto y tiene una eficacia increíble a la hora de manipular nuestras sensaciones. Zep cuando quiere nos arranca una carcajada y cuando quiere nos deja pensando. La fuente inagotable de su humor es esa tensión entre la forma en que los adultos vemos el mundo y la forma en la que lo ven los niños. Y el suizo le saca un jugo tan rico a ese viejo tópico que me encantaría verlo escribir un par de episodios de South Park (me pongo de pie para nombrar a la mejor serie animada de todos los tiempos).
Con el correr de las planchas, Zep incorpora nuevos personajes y nuevos recursos humorísticos. Juega a narrar sin textos, a contar (como hacía Bill Watterson) las fantasías que los chicos imaginan como si fueran reales, a eliminar los marcos de las viñetas y prescindir –solo por momentos- de los fondos, y hasta en algunas planchas cambia la grilla de cuatro tiras por la de tres, para que no se resienta el timing de comedia, que desemboca invariablemente en un remate de gran comicidad, en la última viñeta.
No me quiero poner a contar los chistes, simplemente destacar que hay muchos gloriosos y no son sólo los que involucran tetas, pitos y pedos. La traducción es MUY buena. ¿Te acordás que yo decía que hay que ser MUY buen traductor para lograr la risa en un idioma que no sea el original? Bueno, en la edición argentina eso está sumamente cuidado. Hay, por ahí, algún diálogo que suena choto al oído argento (esos que arrancan con la palabra “pues”), pero en general, la rompen. El título del álbum (El Trasero de las Cosas) esta vez está perfectamente respetado y el chiste que decidieron cambiar (reemplazando a Bob Esponja por el Marsupilami, que acá no lo conoce ni el loro) quedó perfecto, aunque si hilamos muy fino, se trata de una historieta de 1993, anterior a la creación del subnormal subacuático.
El dibujo de Zep está tan, pero tan bueno, que esto habría que comprarlo aunque los guiones tuvieran el nivel de los de un mal capítulo de Bananas en Piyamas. Además de la pasmosa solvencia narrativa, el suizo hace gala de un trazo versátil, fresco, respetuoso de la tradición infanto-juvenil francófona, pero con hallazgos que seguramente vienen de haber estudiado las mejores tiras cómicas de los diarios yankis. Sumémosle un manejo acertadísimo del color (agregado en 2010, ya que los primeros tomos originalmente se publicaron en blancoy negro) y tenemos un álbum que es una golosina irresistible para los ojos.
No mucho más, realmente. Bueno, sí, que ojalá salgan más tomos editados en nuestro país con esta calidad. Con lo que hay hasta ahora, alcanza y sobra para hacerse hardcore fan de la serie, así que quiero más Titeuf sin tener que ir a buscar las ediciones españolas o francesas.
Lo que hace acá Zep (cuyo verdadero nombre es Philippe Chappuis) no es 100% original (porque tiene cositas que nos recuerdan a Mafalda, o a Calvin & Hobbes, o a algún gag de Bart Simpson), pero tiene vuelo, tiene impacto y tiene una eficacia increíble a la hora de manipular nuestras sensaciones. Zep cuando quiere nos arranca una carcajada y cuando quiere nos deja pensando. La fuente inagotable de su humor es esa tensión entre la forma en que los adultos vemos el mundo y la forma en la que lo ven los niños. Y el suizo le saca un jugo tan rico a ese viejo tópico que me encantaría verlo escribir un par de episodios de South Park (me pongo de pie para nombrar a la mejor serie animada de todos los tiempos).
Con el correr de las planchas, Zep incorpora nuevos personajes y nuevos recursos humorísticos. Juega a narrar sin textos, a contar (como hacía Bill Watterson) las fantasías que los chicos imaginan como si fueran reales, a eliminar los marcos de las viñetas y prescindir –solo por momentos- de los fondos, y hasta en algunas planchas cambia la grilla de cuatro tiras por la de tres, para que no se resienta el timing de comedia, que desemboca invariablemente en un remate de gran comicidad, en la última viñeta.
No me quiero poner a contar los chistes, simplemente destacar que hay muchos gloriosos y no son sólo los que involucran tetas, pitos y pedos. La traducción es MUY buena. ¿Te acordás que yo decía que hay que ser MUY buen traductor para lograr la risa en un idioma que no sea el original? Bueno, en la edición argentina eso está sumamente cuidado. Hay, por ahí, algún diálogo que suena choto al oído argento (esos que arrancan con la palabra “pues”), pero en general, la rompen. El título del álbum (El Trasero de las Cosas) esta vez está perfectamente respetado y el chiste que decidieron cambiar (reemplazando a Bob Esponja por el Marsupilami, que acá no lo conoce ni el loro) quedó perfecto, aunque si hilamos muy fino, se trata de una historieta de 1993, anterior a la creación del subnormal subacuático.
El dibujo de Zep está tan, pero tan bueno, que esto habría que comprarlo aunque los guiones tuvieran el nivel de los de un mal capítulo de Bananas en Piyamas. Además de la pasmosa solvencia narrativa, el suizo hace gala de un trazo versátil, fresco, respetuoso de la tradición infanto-juvenil francófona, pero con hallazgos que seguramente vienen de haber estudiado las mejores tiras cómicas de los diarios yankis. Sumémosle un manejo acertadísimo del color (agregado en 2010, ya que los primeros tomos originalmente se publicaron en blancoy negro) y tenemos un álbum que es una golosina irresistible para los ojos.
No mucho más, realmente. Bueno, sí, que ojalá salgan más tomos editados en nuestro país con esta calidad. Con lo que hay hasta ahora, alcanza y sobra para hacerse hardcore fan de la serie, así que quiero más Titeuf sin tener que ir a buscar las ediciones españolas o francesas.
martes, 22 de enero de 2013
22/ 01: TITEUF Vol.1
Veníamos de mezclas raras: guionista francés y dibujante filpino, guionista portugués y dibujante argentino, guionista inglés y dibujante brasilero... Esta vez es todo más sencillo: un sólo autor, el helveta Zep, que viene de la Suiza francófona y –coherentemente- trabaja para el mercado francés. En realidad, reina sobre el mercado francés. Su último libro, el Vol.13 de Titeuf, fue el álbum de mayor tirada y mayor venta de 2012, en un año en el que las librerías francesas recibieron más de 5.500 novedades. También en 2012, una editorial argentina apostó a editar en nuestro país los álbumes de Titeuf y arrancó con “Los adultos, las chicas y otros misterios”, una traducción bastante frutihortícola de “Dieu, le Sexe et les Bretelles” (Dios, el Sexo y los Tiradores), que es como se llamó este recopilatorio en Francia, cuando se editó hace 20 años, en Diciembre de 1992. Esa primera edición (con un humilde tiraje de 8000 ejemplares contra el millón que tiró el Vol.13) se imprimió en blanco y negro. La edición argentina, en cambio, está tomada de la reedición de 2010, para la cual el primer álbum de Titeuf fue íntegramente coloreado.
Acertadamente, la editorial V&R apunta este libro (y el Vol.2, que prometo reseñar pronto) a los fans de Mafalda y Bart Simpson. Como la nena de Quino, Titeuf cuestiona a full todas las cosas que no termina de entender del mundo de los adultos. Muchas tienen que ver con el sexo (tema que en Mafalda prácticamente no se toca), pero también se habla de Chernobyl, de los turistas japoneses, las drogas y las guerras, todo en un tono en el que se mezclan la ingenuidad con la mala leche. Y la referencia a Bart es ineludible, porque acá también tenemos a un borreguito kilombero, eternamente sublevado a padres y maestros, aunque cuando se pasa de listo, a Titeuf suele irle bastante peor que a Bart.
Por otro lado, tanto Bart como Mafalda comparten algo fundamental, que define a esta obra maestra de Zep: son chicos, pero sus historias no son para chicos. Así como no le podés dar un libro de Mafalda a un nene de seis años porque no va a entender el 70% de los chistes, lo mismo pasa con Titeuf. A los más chicos seguro les llamará la atención el dibujo, el color y obviamente el hecho de que los protagonistas son chicos. Pero no es una historieta pensada para ellos. Esto no se podría publicar nunca en Genios ni en Billiken, digamos. Y no sólo por los chistes de pitos y pedos. En Titeuf hay, sin duda, una visión de la vida jodida, cínica, ácida... adulta, bah. Y si bien se basa mucho en el contrapunto entre cómo entienden la vida los chicos y los grandes, puesto a quedarse con un grupo etáreo, me parece que Zep se queda con los grandes, o por lo menos con los mayores de 12 o 13 años, que ya entendieron unas cuantas cosas.
Me falta decir que cada página es un chiste autoconclusivo, que desde el primer momento Zep rodea a Titeuf de un muy lindo elenco de personajes secundarios, que muchos de estos chistes me resultaron muy, muy graciosos, con remates impredecibles y muy efectivos, y que todo está dibujado maravillosamente por un virtuoso, un dibujante de enorme talento al que –si las ventas ayudan y salen más tomos- vamos a ver mejorar hasta niveles siderales. Por lo menos al principio, Zep no hace nada a nivel gráfico que no hayamos visto en los buenos dibujantes franco-belgas de estilo humorístico. Aún así, hay páginas y viñetas bellísimas, con composiciones exquisitas y –lo más importante- hilvanadas por una narrativa perfecta, en la que sobresale un timing para la comedia absolutamente devastador.
En estas páginas, Zep nos invita a mirar con otros ojos a los chicos de 8 ó 9 años. ¿Son demonios despiadados que gozan haciéndoles la vida imposible a los adultos, o pobres criaturitas que no tienen ni la más puta idea de lo complejo, perverso e injusto que es el mundo en el que les toca vivir? Eso lo vas a decidir vos cuando tengas bastante Titeuf leído. Mientras tanto, a disfrutar de esta verdadera joya del humor y de este clásico moderno que –a diferencia de nuestro famoso felino- tiene merecidísimo su escalofriante éxito.
Acertadamente, la editorial V&R apunta este libro (y el Vol.2, que prometo reseñar pronto) a los fans de Mafalda y Bart Simpson. Como la nena de Quino, Titeuf cuestiona a full todas las cosas que no termina de entender del mundo de los adultos. Muchas tienen que ver con el sexo (tema que en Mafalda prácticamente no se toca), pero también se habla de Chernobyl, de los turistas japoneses, las drogas y las guerras, todo en un tono en el que se mezclan la ingenuidad con la mala leche. Y la referencia a Bart es ineludible, porque acá también tenemos a un borreguito kilombero, eternamente sublevado a padres y maestros, aunque cuando se pasa de listo, a Titeuf suele irle bastante peor que a Bart.
Por otro lado, tanto Bart como Mafalda comparten algo fundamental, que define a esta obra maestra de Zep: son chicos, pero sus historias no son para chicos. Así como no le podés dar un libro de Mafalda a un nene de seis años porque no va a entender el 70% de los chistes, lo mismo pasa con Titeuf. A los más chicos seguro les llamará la atención el dibujo, el color y obviamente el hecho de que los protagonistas son chicos. Pero no es una historieta pensada para ellos. Esto no se podría publicar nunca en Genios ni en Billiken, digamos. Y no sólo por los chistes de pitos y pedos. En Titeuf hay, sin duda, una visión de la vida jodida, cínica, ácida... adulta, bah. Y si bien se basa mucho en el contrapunto entre cómo entienden la vida los chicos y los grandes, puesto a quedarse con un grupo etáreo, me parece que Zep se queda con los grandes, o por lo menos con los mayores de 12 o 13 años, que ya entendieron unas cuantas cosas.
Me falta decir que cada página es un chiste autoconclusivo, que desde el primer momento Zep rodea a Titeuf de un muy lindo elenco de personajes secundarios, que muchos de estos chistes me resultaron muy, muy graciosos, con remates impredecibles y muy efectivos, y que todo está dibujado maravillosamente por un virtuoso, un dibujante de enorme talento al que –si las ventas ayudan y salen más tomos- vamos a ver mejorar hasta niveles siderales. Por lo menos al principio, Zep no hace nada a nivel gráfico que no hayamos visto en los buenos dibujantes franco-belgas de estilo humorístico. Aún así, hay páginas y viñetas bellísimas, con composiciones exquisitas y –lo más importante- hilvanadas por una narrativa perfecta, en la que sobresale un timing para la comedia absolutamente devastador.
En estas páginas, Zep nos invita a mirar con otros ojos a los chicos de 8 ó 9 años. ¿Son demonios despiadados que gozan haciéndoles la vida imposible a los adultos, o pobres criaturitas que no tienen ni la más puta idea de lo complejo, perverso e injusto que es el mundo en el que les toca vivir? Eso lo vas a decidir vos cuando tengas bastante Titeuf leído. Mientras tanto, a disfrutar de esta verdadera joya del humor y de este clásico moderno que –a diferencia de nuestro famoso felino- tiene merecidísimo su escalofriante éxito.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)