el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 16 de abril de 2010

16/ 04: LES ANGOISSES DE CELLULITE


Mañana cumple 70 bellísimos años la increíble Claire Bretécher, lo cual me lleva a agarrar el segundo tomo de Cellulite, cuyo título en castellano sería Las Angustias de Celulitis. Si te perdiste la reseña del primer tomo, podés hacer click en la etiqueta abajo de esta reseña, y al toque te van a aparecer las dos.
Digo esto para ahorrarme la explicación acerca de la serie y su protagonista, la hija de un poderoso señor feudal, el Rey de Cornucopia, que espera ansiosa (por no decir alzada) al hombre que la haga feliz. Varias de las cosas que habíamos apuntado en el primer tomo, en este se hacen más evidentes. En primer lugar, el descalabro hormonal de esta chica, que para el final del libro ya está más caliente que calzoncillo de Johnny Storm. Y en segundo, pero más interesante, el hecho de que Bretecher ambienta la tira en el medioevo sólo para hinchar las bolas, porque su objetivo es –claramente- bajar línea sobre su época (en este caso, los ´70).
De las dos historias que componen el tomo, la más extensa se centra en darle palo y palo y palo al perverso accionar de las empresas de medicina pre-paga. Por supuesto, Cellulite y su avechuchesco padre (al que los caprichos y veleidades de su hija acercan cada vez más a la ruina) se van a poner al frente de la empresa, con estrepitosos resultados. También en la misma historia, vemos cómo los poderosos usan la guerra como distracción, para generar falsa cohesión y obtener pingües dividendos del sufrimiento de su pueblo. El “enemigo” en este caso es el rastrero Vicedómine, clásico rival del padre de Cellulite. Y el tema de la medicina, al extrapolarse a la Edad Media, nos lleva a darle un rol protagónico al Alquimista, de quien Cellulite se enamorará perdidamente. Las peripecias, trapisondas y desventuras de este sólido elenco no distraen a Bretecher del tema central de la serie, que es la búsqueda de un novio para la protagonista. Pero además de eso, hay tantas situaciones cómicas, tanta venalidad satirizada con tanta mala leche, que la cosa cobra dimensiones mucho más atractivas.
La historia más breve (24 páginas) es la que aparece primero en el tomo y la que hace más hincapié en el tema de Un novio para Cellulite. Al promocionarla con una dote de u$ 500.000 (notable guiño de Bretecher: en su Europa medieval, todo se paga en dólares), seis candidatos acuden a pedir la mano de Cellulite, por supuesto más seducidos por la guita que por la joven. Uno de ellos, para eliminar a la competencia, pela una flauta y toca una melodía hipnótica que los hace desaparecer, entrar al mundo de las sombras del que no se vuelve jamás. Pero pronto llegan las madres de estos muchachos, a preguntar dónde están y a exigir su aparición. Y cuando el padre de Cellulite le paga a otro flautista para que haga desaparecer a las madres... vienen las abuelas! Esto que leído en la Argentina post-dictadura militar parece una joda de una crueldad inverosímil, fue escrito (y dibujado) en 1973, pero igual asusta.
En cuanto al dibujo de Bretecher, la evolución respecto del tomo anterior se nota, pero no demasiado. Todavía estamos lejos de ese pico en la calidad de la autora que llegará con Les Frustrées, su serie más importante, ya en la segunda mitad de los ´70.
Al igual que el primer tomo de Cellulite, este también fue editado en España por Grijalbo, aunque no debe ser fácil de conseguir porque salió hace 30 años. Ojalá Claire Bretecher siga cumpliendo años y mimándonos con más historietas de esta calidad.

jueves, 18 de marzo de 2010

18/ 03: LES ETATS D´AME DE CELLULITE


O para decirlo en cristiano, Los Estados de Animo de Celulitis.
Allá por los albores de 2010 hablábamos de Gerard Lauzier, el genio que le inyectó a la bande dessinée de los ´70 una dosis devastadora de un humor costumbrista basado en la sátira y la mala leche. Bueno, obviamente Lauzier no hizo todo solo. La revolución del comic humorístico francés tuvo varios nombres y apellidos (y apenas dos revistas emblemáticas, L´Echo de Savanes y Fluide Glaciel) y entre ellos hay que destacar a Marcel Gotlib (el pionero, el que empezó a armar kilombo en los ´60), a Frank Margerin, a Mandryka, a Florence Cestac, a Regis Franc, a Masse, pero por sobre todo a Claire Bretécher, que fue la que inventó la variante femenina del humor costumbrista jodido, ese sub-sub-género que llegó a su punto más alto con los laburos de Maitena en Para Ti y La Nación.
Si Lauzier forzó a la clase media a reirse de su propio patetismo, Bretécher focalizó su mirada irónica en las mujeres, sobre todo las que –a tono con los tiempos que corrían- se daban aires de intelectuales, pero sin descuidar el glamour. Con su dibujo cercano al de clásicos norteamericanos como Johnny Hart y una puesta en escena sobria, escueta, con claras influencias de Copi (aunque no tan minimalista), Bretécher pegó un hit atrás de otro hasta llegar a Les Frustrées (Las Frustradas), que fue la serie que la consagró a nivel mundial (acá se publicaba en Humo®).
Cellulite no es su obra más famosa (de hecho tuvo sólo dos tomos) y –me entero a través del blog de mi amigo y referente Fabio Blanco- acá la publicaba SuperHumo®. Al igual que The Wizard of Id (la tira más conocida de Johnny Hart), Cellulite está ambientada en el medioevo, pero usa ese escenario para hablar de su época. La protagonista es una chica, ni muy linda ni muy fea, que no ve la hora de casarse, pero no consigue novio. Vive en un castillo con su padre, un noble que de noble tiene sólo el título, porque es una criatura rastrera y venal como pocas, todo el tiempo pendiente de la guita, el poder y la chapa. Su objetivo es que su hija se case, sobre todo para sacársela de encima y ahorrarse los gastos que le ocasiona con su adicción a las cremas y productos de belleza.
Por supuesto, la serie se puebla con otros personajes igualmente avechuchescos, como el sacerdote que recluta tropas para las cruzadas y les cobra a los nobles para ordenarlos caballeros, o el abyecto Vicedómine, tan preocupado por la guita y el poder como el padre de Cellulite. A medida que pasan las historias (el primer tomo recopila tres: dos extensas y una más breve), a Cellulite le sube la temperatura y cada vez se le cuelga más rápido de los lienzos a los varones que le pasan cerca, sin dejar nunca de poner en duda si a ellos les interesa más que ellas sean hermosas o inteligentes, cariñosas o ariscas, dulces o fáciles. Esa es la pregunta que Bretécher quiere dejar rebotando en la cabeza de los lectores (sobre todo las lectoras) y además es lo que le da un toquecito ácido al vertiginoso despliegue de situaciones cómicas que propone cada guión.
Para el que nunca leyó a Bretécher, Cellulite es un punto de partida ideal, porque tiene un formato más parecido al del comic de aventuras cómicas tipo Franquin, con peripecias, pantomimas y un humor un poco más visual. Sus series más famosas, en cambio, son historietas de una sóla página en las cuales muchas veces los personajes apenas se mueven y oscilan entre silencios incómodos y extensos soliloquios, con un timing de increíble efectividad, pero no tan reader-friendly como el de Cellulite.
Ah! Para los que no quieran ponerse a buscar las paginitas dispersas entre decenas de números de SuperHumo®, esto salió también en libro, en una edición española de Grijalbo… que tampoco debe ser fácil de conseguir… Es lo que hay…