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viernes, 19 de agosto de 2022
NOCHE DE VIERNES
De a poquito se me van acomodando los horarios y empiezo a encontrar momentos para leer comics y reseñarlos, que para eso está este blog.
Sobre fines del año pasado, Loco Rabia y Belerofonte lanzaron el libro Nuggu y los Cuatro + La Niña de Sal, de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Los memoriosos recordarán que allá por 2007, Belerofonte había publicado en Uruguay un librito que traía Nuggu y los Cuatro. Cuando se anunció este, pensé que simplemente le habían agregado atrás otra serie de la dupla con una ambientación similar, como suele hacerse. Imaginate mi sorpresa cuando descubrí que La Niña de Sal no solo comparte ambientación con Nuggu y los Cuatro, sino que retoma a los personajes y los conceptos de aquella saga. O sea que a las 70 páginas originales se les sumaron 144 más, que forman parte de un mismo universo y resignifican lo que Eduardo y Quique nos habían contado en aquella primera saga. La única cagada que tiene el libro es que no ofrece información acerca de cuándo se realizaron estas historietas o cuándo fueron publicadas en Italia, su mercado original. El resto, todo alucinante.
Mazzitelli y Alcatena nos llevan a una versión fantástica y desaforada de Japón, donde conviven imperios poderosísimos, demonios ancestrales, hechiceros malignos, monjes, luchadores y todo de tipo de criaturas una más extrema que la otra. Como siempre, el guionista se las ingenia para contar pequeñas historias dentro de la historia troncal (que parecen ser dos, pero es una sola cuyo foco se desplaza un poquito), para mechar sutiles pinceladas de humor y algunos bloques de texto de increíble vuelo poético. Fiel a su costumbre, los guiones de Mazzitelli requieren de la violencia para resolver los conflictos, pero esta está bastante desenfatizada. Nunca llegan a ser historietas "de machaca", si bien proliferan las espadas, los ejércitos y los combates a todo o nada entre seres hiper-poderosos. Esta vez tenemos un héroe que realmente transpira la camiseta y la pasa mal para conseguir su objetivo, el rústico Togoro, quien recién alcanzará la paz en la última viñeta. Y dos chicas en roles muy destacados: Yaomi en el primer tramo y Okima en el segundo encerrarán las claves para que la historia avance y llegue a buen puerto. El trabajo que hace Mazzitelli con estos dos personajes es realmente muy notable. Como son historias pensadas para ser publicadas en episodios de 12 páginas, algunas incluyen peripecias que -miradas con un poquito de perspectiva- no aportan tanto al desarrollo global de las tramas, sino que están ahí básicamente para que no se vaya el episodio entero sin que "pase algo" que impacte al lector. Pero la lectura en libro, con toda la saga junta, no transmite la sensación de "esto está estirado al pedo", en lo más mínimo.
El dibujo de Alcatena está en ese nivel de esplendor al que se subió hace más de 30 años y nunca se bajó. Acá encontré algo infrecuente en la obra del ídolo: una página de 11 viñetas. Y no, no tuve un flashback traumático a la época en que leía las revistas de Columba. Quique pilotea con maestría el obstáculo de tener que meter todos esos dibujos y todos esos globos de diálogo en una sola página sin dejar nunca de maravillar al lector con su imaginación y su oficio para contar estas epopeyas, una más zarpada que la otra.
Recomiendo enfáticamente Nuggu y los Cuatro + La Niña de Sal, tanto a los fans de la dupla Mazzitelli-Alcatena como para quienes todavía no se aventuraron en los mundos fantásticos de estos dos genios de la historieta mundial.
Me voy contra dupla tremenda, la que integran Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Mucho después del final de Death Note, los demiurgos de aquel "shonen que redefinió el shonen" se volvieron a reunir para sumar algunas historias cortas que continúan y expanden la idea del manga original, y felizmente Ivrea las reunió en un librito muy copado.
Las tiras cómicas me parecieron malísimas. Las dos historias más breves, las de la infancia de L, están bien sobre todo por la impresionante calidad de los dibujos. Y las tres historias extensas son lo que realmente vale la pena. La saga de C-Kira se mete con el espinoso tema de los ancianos sin recursos, a los que tan caro resulta mantener en una sociedad envejecida como es la japonesa. Y con la eutanasia, así, en general, con la gente que vive porque no le queda otra pero -si le dan a elegir- preferiría morir. La saga de A-Kira tiene un guionazo, una intriga tensa, espesa, donde nunca tenés idea de qué puede llegar a pasar, qué nuevos volantanzos pueden llegar a pegar el propietario del Death Note y Ryuk, nuestro shinigami favorito. Es todo un gran in crescendo maligno, pasado de rosca, que va a terminar con una puñalada trapera por parte de... alguien. Una historia en la que alguien que no ambiciona el poder ni la riqueza desequilibra todo un mundo regido por esos "valores". Y la saga de Taro Kagami es la que baja a tierra el concepto del Death Note, porque esta vez no está en manos de un maestro de la manipulación, ni de un estratega genial, sino de un pibe más chico, de unos 13 o 14 años, que toma conciencia de a poco de lo zarpado que es poder decidir si los demás viven o mueren.
Las tres historias recuperan la sensación que me produjo la lectura del manga original, y en buena medida se debe a lo bien que narran estos dos monstruos. El dibujo apenas baja un poquito la calidad en la última historia (la de Taro), pero también mejora notablemente en las dos secuencias breves de la infancia de L. Así que visualmente esto es tan cautivante como los 12 tomos de Death Note. Solo lamenté que en estas historias no haya personajes femeninos importantes, que es algo que Takeshi Obata dibuja maravillosamente bien. Pero está todo muy bien logrado: el mundo de los shinigamis y el contraste con el mundo real, las expresiones faciales de los personajes, los sutiles toques que le mete a Near para dar cuenta de que pasó el tiempo... todo funciona tan bien como en el manga original. La traducción de Damián Gaggero, impecable.
Y ahora sí, creo que no hay más Death Note. Pero si cada tanto se juntan Ohba y Obata y se les ocurren ideas tan interesantes como estas para continuarla (o para continuar Bakuman, ¿por qué no?), cuenten conmigo, que acá hay un comprador incondicional.
Vuelvo pronto con nuevas reseñas. Gracias por el aguante, hasta entonces, y no dejen de descargar la nueva Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/, que está buenísima.
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jueves, 17 de mayo de 2012
17/ 05: DEATH NOTE Vol.12
Y finalmente terminó Death Note, una de esas series que empezamos a recorrer cuando el blog todavía era una novedad, un experimento.
Por supuesto no terminó como yo esperaba. El más grosso, el pulenta, el personaje que tomo a tomo se subió al podio de los mejores de la historia del manga, el que puso huevo los 90 minutos, el tiempo suplementario y hasta en los penales, el que fue héroe y villano, presa y cazador, perdió sobre la hora contra un pendejito yanki medio freak. Donde fracasaron L y Mello, Near levantó la copa. Gracias a él, no existe más Kira, el genocida justiciero. La forma en que Near derrota a Light es tan rebuscada, tan retorcida, que parece de un guión de Gardner Fox de la Silver Age de DC. Pero no es una movida trucha, ni inválida, ni imposible de justificar por parte del guionista Tsugumi Ohba. Simplemente no es ni por casualidad el final que uno esperaba (en realidad, anhelaba) leer.
De Ohba no se puede decir ni mu. El tipo es tan capo que en este último tomo se hizo cargo y corrigió las dos falencias más evidentes que tenía la serie, sobre todo en este segundo tramo. Por un lado, le dio un rol importante a Ryuk, el shinigami, que venía de muuuchos tomos comiendo banco de suplentes. Parecía el pibe Sergio Araujo, el delanterito de Boca que va a criar nietos desde el banco, pobrecito. Ryuk pela chapa cuando ya faltan menos de 40 páginas para el final, pero –por fin- su accionar es decisivo. Y completamente impredecible.
Por el otro lado, y también con el correr de los tomos, Ohba había convertido todo esto en un duelo personal: Light contra L, Mello contra Light, Light contra Near y todos contra Kira. Y al hacerlo tan personal, se desdibujó lo más interesante, que era el dilema moral. En el último tomo, el guionista vuelve a dedicarle unas cuantas páginas al debate crucial, al que hace que todas las acciones de todos los personajes tengan sentido o sean un capricho de nenes pelotudos. A lo largo de los años que abarca la serie, Kira ejecutó sin misericordia a miles y miles de criminales. ¿Es un adalid de la justicia, o un genocida hijo de mil putas? Light, Near y los adláteres de ambos entrecruzan opiniones al respecto pasadita la mitad del tomo y ahí aparecen los diálogos más interesantes que escribió Ohba en mucho tiempo. Sobre el final, y para dejar en claro que lo suyo no es el resultadismo, Ohba pela una escena impactante y conmovedora que nos muestra cómo una inmensa masa de hombres y mujeres mantiene vivo el culto a Kira. Sin ejecuciones, sin cuadernos, sin shinigamis, sin el cerebro mágico de Light, la noción de que un dios llegó al planeta y lo cambió para mejor, sigue viva. ¿Quién tiene razón? O como decía Matías Martin (que ahora se hace el neutral), “Chabón! ¿De qué lado estás?”.
Este tomo tiene como 12 páginas de acción, lo cual es casi un record. Y como siempre, Takeshi Obata las dibujó maravillosamente. Monumento urgente para este capo absoluto.
Sí, ya sé. Hablar en Argentina de lo que venden los mangas en Japón es casi obsceno, como mostrarle a un hincha de Racing los títulos que ganó el Barcelona. Uno mira esas cifras y tiene dos opciones: a) pegarse un corchazo y b) decir “estos tipos son de otro planeta, juegan con otras reglas”. En el caso del manga, está claro que la opción correcta es la b. En Japón, la producción y la comercialización del manga tienen otras reglas, otra lógica. Aún así, lo de Death Note es extrañísimo: más de 26 millones de lectores se compraron los recopilatorios de una serie que tenía todo para ser oscura, para quedar relegada a las márgenes, o directamente para fracasar, simplemente porque iba en contra de todo lo que el fan clásico del shonen busca en un manga. Acá, felizmente, se impuso otra lógica y una obra lenta, muy hablada, sin machaca, sin colegialas que muestran la bombacha, casi sin elementos fantásticos, encontró un público masivo. Un público al que Ohba y Obata invitaron a reflexionar, a debatir, a deducir las jugadas más retorcidas de los personajes, a analizar el poder de las palabras, de los silencios, de los razonamientos. Una obra pensada para hacer pensar. Un delirio, un oasis, una genialidad.
Por supuesto no terminó como yo esperaba. El más grosso, el pulenta, el personaje que tomo a tomo se subió al podio de los mejores de la historia del manga, el que puso huevo los 90 minutos, el tiempo suplementario y hasta en los penales, el que fue héroe y villano, presa y cazador, perdió sobre la hora contra un pendejito yanki medio freak. Donde fracasaron L y Mello, Near levantó la copa. Gracias a él, no existe más Kira, el genocida justiciero. La forma en que Near derrota a Light es tan rebuscada, tan retorcida, que parece de un guión de Gardner Fox de la Silver Age de DC. Pero no es una movida trucha, ni inválida, ni imposible de justificar por parte del guionista Tsugumi Ohba. Simplemente no es ni por casualidad el final que uno esperaba (en realidad, anhelaba) leer.
De Ohba no se puede decir ni mu. El tipo es tan capo que en este último tomo se hizo cargo y corrigió las dos falencias más evidentes que tenía la serie, sobre todo en este segundo tramo. Por un lado, le dio un rol importante a Ryuk, el shinigami, que venía de muuuchos tomos comiendo banco de suplentes. Parecía el pibe Sergio Araujo, el delanterito de Boca que va a criar nietos desde el banco, pobrecito. Ryuk pela chapa cuando ya faltan menos de 40 páginas para el final, pero –por fin- su accionar es decisivo. Y completamente impredecible.
Por el otro lado, y también con el correr de los tomos, Ohba había convertido todo esto en un duelo personal: Light contra L, Mello contra Light, Light contra Near y todos contra Kira. Y al hacerlo tan personal, se desdibujó lo más interesante, que era el dilema moral. En el último tomo, el guionista vuelve a dedicarle unas cuantas páginas al debate crucial, al que hace que todas las acciones de todos los personajes tengan sentido o sean un capricho de nenes pelotudos. A lo largo de los años que abarca la serie, Kira ejecutó sin misericordia a miles y miles de criminales. ¿Es un adalid de la justicia, o un genocida hijo de mil putas? Light, Near y los adláteres de ambos entrecruzan opiniones al respecto pasadita la mitad del tomo y ahí aparecen los diálogos más interesantes que escribió Ohba en mucho tiempo. Sobre el final, y para dejar en claro que lo suyo no es el resultadismo, Ohba pela una escena impactante y conmovedora que nos muestra cómo una inmensa masa de hombres y mujeres mantiene vivo el culto a Kira. Sin ejecuciones, sin cuadernos, sin shinigamis, sin el cerebro mágico de Light, la noción de que un dios llegó al planeta y lo cambió para mejor, sigue viva. ¿Quién tiene razón? O como decía Matías Martin (que ahora se hace el neutral), “Chabón! ¿De qué lado estás?”.
Este tomo tiene como 12 páginas de acción, lo cual es casi un record. Y como siempre, Takeshi Obata las dibujó maravillosamente. Monumento urgente para este capo absoluto.
Sí, ya sé. Hablar en Argentina de lo que venden los mangas en Japón es casi obsceno, como mostrarle a un hincha de Racing los títulos que ganó el Barcelona. Uno mira esas cifras y tiene dos opciones: a) pegarse un corchazo y b) decir “estos tipos son de otro planeta, juegan con otras reglas”. En el caso del manga, está claro que la opción correcta es la b. En Japón, la producción y la comercialización del manga tienen otras reglas, otra lógica. Aún así, lo de Death Note es extrañísimo: más de 26 millones de lectores se compraron los recopilatorios de una serie que tenía todo para ser oscura, para quedar relegada a las márgenes, o directamente para fracasar, simplemente porque iba en contra de todo lo que el fan clásico del shonen busca en un manga. Acá, felizmente, se impuso otra lógica y una obra lenta, muy hablada, sin machaca, sin colegialas que muestran la bombacha, casi sin elementos fantásticos, encontró un público masivo. Un público al que Ohba y Obata invitaron a reflexionar, a debatir, a deducir las jugadas más retorcidas de los personajes, a analizar el poder de las palabras, de los silencios, de los razonamientos. Una obra pensada para hacer pensar. Un delirio, un oasis, una genialidad.
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viernes, 4 de mayo de 2012
04/ 05: DEATH NOTE Vol.11
Aleluya, hermanos! Los dioses de todos los panteones dejaron de lado por un rato sus diferencias y se mandaron un hiper-team-up para permitir el milagro que mucho estábamos esperando: que LARP publicara en un lapso realmente breve los dos tomos de Death Note que faltaban para terminar con la saga de Takeshi Obata y Tsugumi Ohba. Hoy el milagro es increíble, pero real.
El Vol.11 es un poco extremo: hay una pequeña persecución de vehículos en las últimas cuatro páginas y el resto, todo chamuyo, conjetura, especulación. Un altísimo porcentaje de las viñetas nos muestra un plano detalle de las caras de Light o de Near (su contrincante en esta etapa de la serie), con textos superpuestos así, de una, sin globo de diálologo ni de pensamiento, que nos cuentan qué está elucuburando cada uno. Páginas y páginas de eso, de mentes trabadas en un duelo a muerte y textos (a veces redundantes) que nos cuentan qué pasa por esas mentes.
La mejor secuencia del tomo está cerca del final y son esas ocho páginas mudas en las que los autores recorren la vida cotidiana de los protagonistas durante una semana (o un poquito más) en la que lo único que pueden hacer es dejar correr el tiempo para poner en marcha su siguiente jugada. Sobre el final, será Near quien cante “quiero retruco” y vuelva a acorralar a Light con una propuesta muy arriesgada, pero que el protagonista absoluto de Death Note no podrá rechazar.
No quiero contar mucho más para no spoilear, pero está claro que todo avanza hacia un final definitivo. Lo que me sorprende es cómo Ohba sigue sin echar mano a un recurso fundamental, que para mí debería ser decisivo en el desenlace: los shinigamis. Acá se los nombra... 15 cuadritos, y Ryuk aparece en ocho o nueve, pero completamente pintado al óleo, sin el menor amague de recuperar algo del protagonismo perdido hace ya muchos tomos. ¿Cometerá el guionista el error de mantener a los shinigamis relegados incluso en el último tomo? Me cuesta creerlo, pero muy pronto me voy a enterar.
El dibujo de Obata, magistral como siempre, con una perfecta integración de la referencia fotográfica y millones de recursos para que no se haga soporífera la lectura de un manga donde lo único que se ve es gente que piensa, escribe o habla. Un prócer.
Y hasta acá llego. En poquitos días más tendré en mis manos el Vol.12, lo leeré, lo reseñaré y –lo más importante- me enteraré cómo carajo termina esta historia que me tiene agarrado de los huevos hace años. Aleluya!
El Vol.11 es un poco extremo: hay una pequeña persecución de vehículos en las últimas cuatro páginas y el resto, todo chamuyo, conjetura, especulación. Un altísimo porcentaje de las viñetas nos muestra un plano detalle de las caras de Light o de Near (su contrincante en esta etapa de la serie), con textos superpuestos así, de una, sin globo de diálologo ni de pensamiento, que nos cuentan qué está elucuburando cada uno. Páginas y páginas de eso, de mentes trabadas en un duelo a muerte y textos (a veces redundantes) que nos cuentan qué pasa por esas mentes.
La mejor secuencia del tomo está cerca del final y son esas ocho páginas mudas en las que los autores recorren la vida cotidiana de los protagonistas durante una semana (o un poquito más) en la que lo único que pueden hacer es dejar correr el tiempo para poner en marcha su siguiente jugada. Sobre el final, será Near quien cante “quiero retruco” y vuelva a acorralar a Light con una propuesta muy arriesgada, pero que el protagonista absoluto de Death Note no podrá rechazar.
No quiero contar mucho más para no spoilear, pero está claro que todo avanza hacia un final definitivo. Lo que me sorprende es cómo Ohba sigue sin echar mano a un recurso fundamental, que para mí debería ser decisivo en el desenlace: los shinigamis. Acá se los nombra... 15 cuadritos, y Ryuk aparece en ocho o nueve, pero completamente pintado al óleo, sin el menor amague de recuperar algo del protagonismo perdido hace ya muchos tomos. ¿Cometerá el guionista el error de mantener a los shinigamis relegados incluso en el último tomo? Me cuesta creerlo, pero muy pronto me voy a enterar.
El dibujo de Obata, magistral como siempre, con una perfecta integración de la referencia fotográfica y millones de recursos para que no se haga soporífera la lectura de un manga donde lo único que se ve es gente que piensa, escribe o habla. Un prócer.
Y hasta acá llego. En poquitos días más tendré en mis manos el Vol.12, lo leeré, lo reseñaré y –lo más importante- me enteraré cómo carajo termina esta historia que me tiene agarrado de los huevos hace años. Aleluya!
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domingo, 4 de marzo de 2012
04/ 03: DEATH NOTE Vol.10
Ah, bueno! Existen los milagros! Los muchachos de LARP apagaron la PlayStation y se dignaron a ofrendarnos un nuevo tomo de Death Note a apenas dos meses de la salida del tomo anterior. Y creo que hasta le pusieron un papel menos choto que el de los dos o tres tomos anteriores. Un lujo desmesurado que ojalá no se repita, a ver si los terminan por confundir con una editorial seria.
Este tomo de Death Note es brillante, un claro ejemplo de por qué es considerado (al menos desde este blog) el manga más inteligente de todos los tiempos. Sin trompadas, sin piñas, sin garches, sin siquiera una persecución, Tsugumi Ohba y Takeshi Obata hacen crecer la tensión hasta que uno cree que está por explotar en mil pedazos. El tomo arranca con Light, protagonista indiscutido y candidato a mejor personaje de la historia del comic japonés, definitivamente acorralado: el team-up entre Mello y Near dio resultado y este último ya está seguro (aunque le faltan evidencias concretas) de que Light, L y Kira son la misma persona. Bajo vigilancia y sospecha permanente, Light va a tener que hacer una jugada magistral para desmarcarse, eludir a los cinco defensores y volver a quedar en posición de agujerear la red.
Para esto, Ohba va a recurrir a dos tácticas distintas: una ya se había insinuado en el tomo anterior y tiene que ver con la exploración del fenómeno masivo que representa Kira en esta sociedad. Los millones de fieles seguidores que, desde los cuatro puntos cardinales, lo veneran como a un dios, empiezan a jugar un rol definitivo en la saga y Light, que no es ningún boludo, va a encontrar la forma de que jueguen a su favor. La otra táctica tiene que ver con un nuevo recambio en el elenco: en el tomo anterior, Ohba se sacó de encima a Soichiro Yagami y ahora no boletea, pero sí desactiva a Misa, que cuando apareció por primera vez parecía que se llevaba la trama por delante y en estos últimos tomos había sido condenada a un rol absolutamente terciario, de boluda manipulada, ninguneada y hasta basureada por Light. Ahora la rubia siamo fuori de toda la runfla del cuadernito, los asesinatos y demás, y sus chances de recuperar algo de protagonismo en los próximos dos tomos son tan bajas como las de la Independiente en el Clausura.
¿Con qué reemplazamos a los personajes desactivados? Con nuevos personajes: uno es un injerto de continuidad, una minita a la que Light se había transado en la universidad, antes de conocer a Misa. Me tomé el laburito de buscar los primeros tomos, a ver si aparecía Tacky, pero no la encontré. Y acá alguno dirá que la casualidad está medio forzada: de los millones de seguidores de Kira, la elegida para ser su vocera es justo una minita que tenía onda con Light. Pero está explicado: la mina conduce un noticiero muy visto en todo Japón.
El otro personaje nuevo aparece a la mitad de este tomo y rápidamente gana un protagonismo muy notable. A tal punto que Ohba y Obata dedican un episodio completo, 19 páginas íntegramente centradas en la vida y la forma de sentir y pensar de Teru Mikami. Un experimento osado, pero sumamente logrado, ya que este tramo, tan distinto a todos los demás, está seguro entre lo mejor del tomo. No quiero vaticinar que Mikami va a ser decisivo en el final de Death Note, porque el guacho de Ohba ya nos hizo comer cientos de amagues de cosas que uno suponía que iban a pasar y después no pasaron un carajo. Veremos.
Obata, mientras tanto, sigue pelando excelencia en todos y cada uno de los aspectos del dibujo. En este tomo se zarpa mal en la secuencia inicial, la de los disturbios en Los Angeles, con Demegawa agitando a la horda pro-Kira desde un helicóptero, Near armando una lluvia de billetes sobre la multitud y la cana –cómo no- reprimiendo violentamente a los manifestantes. En el resto del tomo, no hay otra cosa más que gente que habla o piensa. Y como ya es costumbre, Obata se las fuma mansito y sin mezquinarle nada al espléndido realismo de su estilo.
No veo la hora de leer el final de esta saga, que otra vez está en un momento impresionante. Quiero ver hasta dónde está dispuesto a llegar Light para encubrir sus asesinatos, quiero ver una vuelta más de tuerca a la relación humano-shinigami, no sé... quiero más.
Este tomo de Death Note es brillante, un claro ejemplo de por qué es considerado (al menos desde este blog) el manga más inteligente de todos los tiempos. Sin trompadas, sin piñas, sin garches, sin siquiera una persecución, Tsugumi Ohba y Takeshi Obata hacen crecer la tensión hasta que uno cree que está por explotar en mil pedazos. El tomo arranca con Light, protagonista indiscutido y candidato a mejor personaje de la historia del comic japonés, definitivamente acorralado: el team-up entre Mello y Near dio resultado y este último ya está seguro (aunque le faltan evidencias concretas) de que Light, L y Kira son la misma persona. Bajo vigilancia y sospecha permanente, Light va a tener que hacer una jugada magistral para desmarcarse, eludir a los cinco defensores y volver a quedar en posición de agujerear la red.
Para esto, Ohba va a recurrir a dos tácticas distintas: una ya se había insinuado en el tomo anterior y tiene que ver con la exploración del fenómeno masivo que representa Kira en esta sociedad. Los millones de fieles seguidores que, desde los cuatro puntos cardinales, lo veneran como a un dios, empiezan a jugar un rol definitivo en la saga y Light, que no es ningún boludo, va a encontrar la forma de que jueguen a su favor. La otra táctica tiene que ver con un nuevo recambio en el elenco: en el tomo anterior, Ohba se sacó de encima a Soichiro Yagami y ahora no boletea, pero sí desactiva a Misa, que cuando apareció por primera vez parecía que se llevaba la trama por delante y en estos últimos tomos había sido condenada a un rol absolutamente terciario, de boluda manipulada, ninguneada y hasta basureada por Light. Ahora la rubia siamo fuori de toda la runfla del cuadernito, los asesinatos y demás, y sus chances de recuperar algo de protagonismo en los próximos dos tomos son tan bajas como las de la Independiente en el Clausura.
¿Con qué reemplazamos a los personajes desactivados? Con nuevos personajes: uno es un injerto de continuidad, una minita a la que Light se había transado en la universidad, antes de conocer a Misa. Me tomé el laburito de buscar los primeros tomos, a ver si aparecía Tacky, pero no la encontré. Y acá alguno dirá que la casualidad está medio forzada: de los millones de seguidores de Kira, la elegida para ser su vocera es justo una minita que tenía onda con Light. Pero está explicado: la mina conduce un noticiero muy visto en todo Japón.
El otro personaje nuevo aparece a la mitad de este tomo y rápidamente gana un protagonismo muy notable. A tal punto que Ohba y Obata dedican un episodio completo, 19 páginas íntegramente centradas en la vida y la forma de sentir y pensar de Teru Mikami. Un experimento osado, pero sumamente logrado, ya que este tramo, tan distinto a todos los demás, está seguro entre lo mejor del tomo. No quiero vaticinar que Mikami va a ser decisivo en el final de Death Note, porque el guacho de Ohba ya nos hizo comer cientos de amagues de cosas que uno suponía que iban a pasar y después no pasaron un carajo. Veremos.
Obata, mientras tanto, sigue pelando excelencia en todos y cada uno de los aspectos del dibujo. En este tomo se zarpa mal en la secuencia inicial, la de los disturbios en Los Angeles, con Demegawa agitando a la horda pro-Kira desde un helicóptero, Near armando una lluvia de billetes sobre la multitud y la cana –cómo no- reprimiendo violentamente a los manifestantes. En el resto del tomo, no hay otra cosa más que gente que habla o piensa. Y como ya es costumbre, Obata se las fuma mansito y sin mezquinarle nada al espléndido realismo de su estilo.
No veo la hora de leer el final de esta saga, que otra vez está en un momento impresionante. Quiero ver hasta dónde está dispuesto a llegar Light para encubrir sus asesinatos, quiero ver una vuelta más de tuerca a la relación humano-shinigami, no sé... quiero más.
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martes, 27 de diciembre de 2011
27/ 12: DEATH NOTE Vol.9
Otra vez hubo que esperar seis meses para que los amigos de LARP editaran un nuevo tomo de Death Note. La verdad, ya no hay palabras para tanta desidia, tanta inoperancia, tanto “me chupa un huevo la gente que nos compra”. Se merecen que nadie les compre un puto manga, si no fuera porque la calidad de Death Note justifica casi cualquier garrón que haya que comerse...
En este tomo hay de todo. Incluso una escena de acción que dura más de 10 páginas! Tsugumi Ohba y Takeshi Obata matan a un personaje importante, se sacan de encima al último shinigami que había entrado en escena (de hecho sólo vemos a Ryuk quien, una vez más, no hace nada en todo el tomo) y se concentran –básicamente- en lo jodido que es para Light manener ocultas sus dos identidades secretas: la de Kira y la del segundo L, en una cancha bastante embarrada por el accionar de Mello y Near, los dos pibes yankis que quieren lograr lo que el primer L no pudo: terminar para siempre con el reinado de Kira.
Acá ya pasó algo que no está muy enfatizado en los diálogos, pero que es fundamental para el argumento de la saga: ya no es más secreto el hecho de que detrás de Kira hay poderes sobrenaturales que tienen que ver con los cuadernos y los shinigamis. Ya lo saben la cana de Japón, Near, Mello... falta que salga la nota en la revista Genios, nomás. Y eso no está bueno. La gracia de los primeros tomos era ver cómo toda la gilada investigaba los asesinatos de Kira como crímenes comunes, policiales, sin tener la más puta idea de que en realidad la cosa pasaba por estas criaturas del más allá y sus fantásticos poderes. Ahí la ventaja de Light era grossa. Ahora ya tiene que remar un poco más.
En este tomo sufre mucho, pierde mucho y lo acorralan demasiado. Le queda una carta de triunfo, que es la gran aceptación que logra Kira entre la gente común, especialmente en EEUU, que es donde transcurren casi todas las secuencias de este tramo de la serie. Pero justo cuando la juega, se termina el librito y a esperar otros seis meses a ver cómo carajo sigue la historia. Lo más interesante es cómo Ohba se esfuerza por dejarnos bien en claro que, si bien Near y Mello se oponen a Kira y su particular forma de impartir justicia, no son “los buenos”. Son bastante hijos de puta, tan retorcidos como Light o tal vez un poco más. O sea que de las runflas entre estos tres (y hay varias) sólo puede salir uno de ellos con el ojete en llamas, al grito de “Traidores! Me empomaron al primer descuido!”.
Pero la cosa está planteada así, como una competencia entre Mello, Near y L a ver quién captura primero a Kira. Light (que es L y Kira a la vez) sigue siendo el personaje mejor trabajado y desarrollado de la serie (de la historia del manga, me atrevo a decir) y así como en el tomo anterior vimos bastante de los esbirros de Mello, esta vez el guión le da bastante bola a los esbirros de Near. La que pobrecita sigue morfando banco de suplentes a lo pavote es Misa, otrora fundamental para la trama y hoy convertida en la menos importante de los aliados de Light.
Como siempre, el dibujo de Takeshi Obata se pasa de glorioso. Por supuesto estalla en la secuencia de la razzia en la guarida de Mello, pero también sorprende y emociona en las miles de escenas de gente que piensa, habla o teclea en una computadora. En la página 7 del tomo argentino, justo antes de que arranque el episodio 71 de la saga, hay una ilustración de Obata publicada en blanco y negro, pero que se nota que originalmente era a color. Esa página es la fuckin´perfección y –si te gusta el dibujo realista- vale por sí sola lo que te cobren por todo el tomo. Me la imagino a color y me chorrea la masa encefálica por los agujeros de la nariz.
Quiero leer el final de Death Note, pero YA. En 2011 salieron tres tomos, o sea que hay una remota chance de que antes del 31/12/12 esté publicado el final. Pero yo la empecé a leer en Enero de 2010 (¿te acordás?) y me parece una guachada de crueldad inmisericorde hacerme esperar tres años para saber cómo corno termina la saga...
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viernes, 17 de junio de 2011
17/ 06: DEATH NOTE Vol.8
Una vez más, yo tardo menos en leer el tomito nuevo de Death Note de lo que LARP, o la gente que les distribuye los mangas, tarda en subir la portada a la web. Por eso hoy tenemos la tapa de la versión mexicana ocupando el espacio de la ilustración acá en el blog.
Pero vamos a lo que importa: Ahora que no está L, Light es L. O sea, es Kira y L a la vez! Esto es simplemente brillante. Si tenías miedo de que sin L se perdiera la emoción de ese vibrante Boca-River entre L y Kira, olvidate. Ahora la tensión es mucho mayor y mucho más emotiva, porque Light cumple los dos roles! En este tramo en particular, el “villano” es Mello, uno de los chicos entrenados para suceder a L, que está un poquito pasado de rosca. Un hallazgo absoluto, un personaje al que, con pocas escenas, los autores nos describen con toda precisión y lo plantan firme y coherentemente en el rol que le asignaron en la trama. También le dan bastante bola al otro sucesor de L, Near (o N, a secas), pero es un personaje bastante menos interesante que Mello, por lo menos hasta ahora. El papá de Light recupera bastante protagonismo, y Misa, que hasta ahora era fundamental en los planes de Light, pasa a un triste tercer plano, que consiste en busconear al protagonista mientras este la ningunea o la basurea. Veremos hasta dónde aguanta Misa este trato por parte de Light. Yo ya lo hubiera mandado bien a la shinigami de su madre.
Y tenemos a otro personaje nuevo: Shidoh, el tercer shinigami en entrar en escena, propietario de ese cuaderno que cambió de manos más veces que las zorras que bailan en los parlantes de Cocodrilo. Este es un bicho bastante más horrendo que Ryuk, y además bastante más idiota. Sin embargo, pavote y recién llegado, se morfa la única escena de acción que tiene este tomo. Que encima dura… tres páginas. Todo el resto es chamuyo: investigación, intimidación, diálogos, deducción, conjeturas, espionaje, laburo de escritorio. Es increíble cómo pasan los tomos y el guionista Tsugumi Ohba se mantiene firme en su postura inicial, sin permitir jamás que Death Note derrape hacia un comic de acción, o de machaca. Hay policías, militares, grupos comando de todo tipo y hasta seres sobrenaturales de inconmensurable poder, y sin embargo la resolución de los conflictos no va nunca por el lado de las armas y la violencia. Muere gente a lo bestia, claro, pero todos a causa de los poderes del Death Note.
Los combates son más mentales que físicos y lo más grosso es que muchos tienen lugar en la mente de un mismo personaje, que es Light. Light quiere un mundo mejor, sabe que para lograrlo tiene que actuar como un villano, y a la vez actúa en el rol del héroe que trata de frustrar el plan del villano, o sea, el suyo propio. Y todo esto, bajo la presión de agencias policiales y servicios secretos de varios países, donde hay mucha gente pesada y a la que no se engaña así nomás, como si fueran votantes del PRO. Light debate permanentemente consigo mismo cómo llegar a buen puerto en estas aguas turbulentas, donde él es capitán, grumete, tormenta, barco pirata y hasta los tiburones que se lo van a morfar si se cae al agua. Eso hace que Death Note sea un manga complejo, rico, repleto de matices, de sustancia. Yo también creía que buscar algo así en un shonen era un disparate, como ir a buscar discos de chamamé a las disquerías de Seattle, pero Tsugumi Ohba demostró con creces lo contrario.
Y fuerte el aplauso también para Takeshi Obata, que acá además de Japón y el mundo de los muertos, dibuja también mucho EEUU. Se nota a ocho cuadras que trabaja con fotos, pero lo hace realmente muy bien. También la rompe cuando dibuja a Near en un estilo más sintético, menos cargado que el resto de los personajes. Bah, en realidad la rompe siempre, no hay UNA viñeta floja y estamos hablando de un guión dificilísimo de dibujar.
Death Note, hasta ahora, es una obra maestra, una adicción, un placer, un lujo. Esperemos que no afloje en el último tramo y –como siempre- que no nos tengamos que fumar otros cuatro o cinco meses para leer la continuación de esta historia que –entre millones de méritos- se atrevió a enseñarnos a pensar.
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viernes, 4 de febrero de 2011
04/ 02: DEATH NOTE Vol.7
Por fin, querido! Desde Septiembre que estos pseudo-editores de morondanga no sacaban un tomo de esta adicción irrefrenable creada por Tsugumi Ohba y Takeshi Obata! Hace CINCO MESES que quiero saber cómo corno continúa el mejor shonen que leí en mi vida! ¿Puede ser que haya que mendigar y suplicar para que esta gente publique un tomo? No es para regalar, muchachos… Los cebados vamos y lo compramos, y el precio lo ponen ustedes! Cuando salió el Vol.2 de Monster, apenas SEIS MESES después del primero, primó la sangre fría y dije “Nah, ni en pedo lo compro. Una serie de 18 tomos, a dos tomos por año, la termino de comprar en el 2019”. Ya buscaré una edición más razonable de esa joya de Naoki Urasawa. Pero Death Note no admite sangre fría, esto es cebamiento infinito al punto de ebullición. Y con la mitad de la saga ya comprada, cambiar de edición es medio truculento. Así que sigo prisionero de estos excelentes alumnos de Muñones, que ya adoptaron el calendario del maestro (ese en que los meses tienen 100 días) y además bajaron notablemente la calidad del papel de los mangas, mientras que el precio subió. Idolos absolutos.
Pero vamos a la historieta, que este es el tomo en el que pasa TODO: el fin de la saga-dentro-de-la-saga contra la Corporación Yotsuba, el regreso al protagonismo de Ryuk y Rem, la impactante revelación del magnífico plan urdido por Light antes de renunciar al Death Note y perder la memoria, la liberación de Misa y –por si faltara algo- la muerte de L! Que parece posta, no un mero golpe de efecto.
Si no fuera porque no está bueno que Kira gobierne el mundo, acá podría terminar tranquilamente la historia. Sería un final medio dark, en el que ganó “el malo”, pero estaría perfecto. Está claro que los autores (o los editores) no se bancan el final dark, la distopía en la que Kira impone definitivamente su ley. Por eso en las últimas 50 páginas del tomo nos presentan a los posibles herederos de L, a dos chicos entrenados para tomar el lugar que quedó vacante con la muerte del detective que estuvo a milímetros de desenmascarar a Kira. Parecen ser personajes interesantísimos. Habrá que ver si su accionar justifica haber vuelto a abrir una trama que se cerraba a la perfección, prácticamente sin dejar cabos sueltos.
Ohba incluso se da el lujo de tirar personajes a la basura casi sin haberlos usado, como Wedy y Aiber, que en un momento amagaron con cobrar protagonismo. El tipo juega así, con sombreritos, caños y tacos en el área. Por supuesto, cualquiera capaz de resolver como lo hizo Ohba el tema de los shinigamis, los cuadernos y las memorias de Light y Misa, tiene todo el derecho del mundo a florearse, a cancherear, mientras baja el “ole” de la tribuna.
El increíble Obata también merece su container de flores. En este tomo pela escenas memorables, como las muertes de Higuchi y L, o el encuentro de Misa con Ryuk en ese bosque obscenamente bien dibujado. A medida que se suman nuevos personajes (los sucesores de L y sus esbirros), Obata sorprende de nuevo con su infalible ojo para imaginarlos, vestirlos, dotarlos de gestos y movimientos creíbles y originales. Un grosso total.
Bueno, este tomo cierra montones de cosas, pero también abre. Veremos para dónde dispara el próximo tramo y qué vericuetos impredecibles encuentran los autores para poner en jaque al –por ahora- imbatible Light, este cautivante hijo de puta adicto a la manipulación y a la justicia por mano propia. Y (ya parezco Mirtha de tanto que me repito) ojalá no haya que esperar otros cinco meses para leer la continuación.
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sábado, 11 de septiembre de 2010
11/ 09: DEATH NOTE Vol.6
Otra vez tardé en comprar y reseñar el nuevo tomo de Death Note menos de lo que LARP tarda en subir una portada digitalizada a la web. Por eso hoy ilustramos esta reseña con la portada de la edición yanki. Es lo que hay…
Vamos al tomo en sí. Esta vez la cosa tarda bastante en arrancar. Al principio, L y Light sospechan de una conexión entre Kira y la corporación Yotsuba y durante buena parte del libro moverán cielo y tierra para descubrir por dónde pasa esta conexión, juntar evidencias y finalmente deducir cuál de los siete capos de la junta directiva es el que tiene el poder de matar a distancia y sin ensuciarse. La cosa avanza lento, con muchos diálogos, discusiones en las que los argumentos que se esbozan son complejos, retorcidos, y hasta a veces reiterativos. Todo es especulación, cálculo, sesudas disquisiciones, pero al final será Misa, el personaje más irracional e impulsivo de la serie, quien logre conseguir la data que L necesita. Light sigue en un rol secundario, su padre también, a Ryuk ya ni se lo recuerda, y Rem gana un poquito de protagonismo, a la vez que nos aporta nueva data sobre los shinigamis. Pero claramente el foco de este tramo está puesto sobre L, Misa y los ejecutivos de Yotsuba.
Con el correr de las páginas, L y su equipo lograrán (no sin antes poner en marcha una complicadísima red de recursos, trampas y operativos mediáticos y policiales) acorralar al capo de Yotsuba que tiene en su poder un Death Note, y será ese tramo final donde la acción repunte y se sacuda un poco la modorra. Ahí la tensión se va a hacer más palpable, más física, más brutal, hasta que estalle la violencia.
Pero siempre serán victorias a medias, porque L, si bien empieza a sospechar de la presencia de elementos sobrenaturales, todavía está lejos de deducir cómo carajo hace Kira para matar a sus víctimas. Es un procedimiento tan extraño, con tantos vericuetos, que no sería lógico que lo dedujera jamás. Y por supuesto, queda la sospecha acerca de si Light realmente olvidó todo acerca del Death Note y su desaparecidísimo shinigami, o si se está haciendo bien el boludo para desorientar a L.
En medio de toda esta complicadísima cátedra de lógica deductiva que nos ofrece Tsugumi Ohba, su co-equiper, el impresionante Takeshi Obata, se aburre un poco de tantas cabecitas que hablan y de tanta viñeta desbordante de diálogos, y por primera vez se nota un bajón en la calidad del dibujo, que hasta ahora era inmaculada. Para el último tramo del tomo, cuando la acción le gana a la especulación, Obata dice “presente” y se zarpa con escenas vibrantes, trepidantes, repletas de un impacto visual fascinante. Pero hay que bancarse muchas páginas en las que el ídolo dibuja a media máquina, lo cual sigue siendo más de lo que dibujan un montón de mediocrones, incluso cuando tratan de dejar todo en cada viñeta.
Obstáculo superado. La “saga dentro de la saga” en la que L debe desarticular el control de la corporación Yotsuba sobre un Death Note parece llegar a su fin. Veremos cómo la terminan de cerrar en el próximo tomo y para dónde dispara la cosa, ahora que nuestro detective estrella está unos pasitos más cerca de la verdad acerca de Kira y el poderoso cuaderno. Yo creo que ahora el ritmo ya no puede decaer más, que ya no nos podemos comer muchos más tomos con 160 páginas de diálogos adentro de una oficina y 30 de acción. Ya la cosa está madura como para que los acontecimientos se empiecen a precipitar. Pero bueno, todavía tenemos por delante la mitad de la obra, así que hay margen para unos cuantos golpes de timón. Los espero ansioso.
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lunes, 24 de mayo de 2010
24/ 05: DEATH NOTE Vol.5
¿Cuánto creías que iba a poder aguantar sin leer esto? Banqué DOS semanas! Es un montón! O no, porque aunque parezca mentira, este tomo, con más de 15 días en la calle, todavía no está digitalizado en la web! Posta, busqué como loco la portada para ponerla en el blog, y encontré la mexicana, la yanki, la francesa… pero NADIE escaneó la portada de la edición argentina de LARP. Ni siquiera los propios editores, para subirla a su sitio y decir “Bueno, acá está, no rompan más las pelotas”. Al final terminé optando por la portada japonesa, que es casi idéntica a la argentina.
Pero ¿a quién carajo le importa si esto está escaneado o no, cuando –después de cinco meses de espera- podemos leer el quinto tomo de la obra de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata que nos tiene agarrados de las pelotas y no nos deja dormir? Mis hermanos, o mis amigos que miran mucha tele, están en crack con el final de Lost. A mí no me interesa en lo más mínimo: estoy mil veces más cebado con el misterio de Kira y la investigación de L, y las arriesgadas timbas de Light, y todas esas cosas que hacen que cuando agarrás un tomo de Death Note no lo puedas soltar hasta que no llegás a la última viñeta. El tomo anterior había terminado en una encrucijada bravísima, y este arrancaba al filo de la cornisa: un paso en falso del guión de Ohba y Death Note se iba al descenso con Rosario Central.
Pero no: otra vez apareció el volantazo justo a tiempo, el as bajo la manga que le permite al guionista seguir sumándole emoción y complejidad a la trama, en vez de machacar ad infinitum con lo mismo. Uno de los elementos más atractivos de la historia, que era el juego de sospechas entre L y Light se desactiva por completo. De hecho, el núcleo del argumento de los cuatro primeros tomos (Light es Kira y trata de evitar que L y la policía lo descubran) se cierra (sospecho que no de modo definitivo) y la historia (y la investigación de L) agarra para otro lado. Un salto mortal, sin duda, porque la química entre Light y L funcionaba a la perfección, y el agregado de Misa había sumado tensión y confusión en dosis muy atractivas. Pero Ohba demuestra que le sobran los recursos: pasada la página 50, Light se va al banco de suplentes a descansar de cuatro tomos al recontra-palo, y el guionista se las ingenia para que la tensión no baje un milímetro. Uno de los secundarios, el detective Matsuda, entra a reemplazar a Light en el elenco protagónico, y además se suman Aiber y Wedy, dos personajes bastante promisorios (que espero tengan más desarrollo en los próximos tomos) y un nuevo “villano”, encarnado en la corporación Yotsuba.
Sin el apoyo de la policía, L y sus aliados van ahora contra un Kira distinto, que mata por intereses menos nobles que el castigo a los asesinos, y se abre un nuevo y complejo abanico de posibilidades. O en realidad dos, porque todavía no hay ninguna pista de dónde fue a parar Ryuk. Acá la obsesión de L por desenmascarar a Kira ya llega a un punto tan extremo, que parece una ironía de los autores: nosotros cada vez sabemos más sobre las excéntricas reglas del Death Note y la relación entre los shinigamis y los humanos que encuentran los cuadernos, mientras que L, el guacho-detective, el mega-bocho que se las sabe todas, parece tener CERO idea de todo el aspecto sobrenatural de la trama. Veremos cómo sigue esto, y si efectivamente Light se va a convertir en un personaje secundario más, o si se está guardando una grossa para volver con todo y armar un kilombo de aquellos.
Takeshi Obata, formidable, como siempre. Pocas veces vi a un dibujante tan virtuoso comerse mansito infinitas páginas en las que el guión no le permite lucirse, y en las que se tiene que limitar a dibujar gente conversando en una oficina. Acá tiene una breve escena de acción, muy bien resuelta, y el resto consiste en remar para que la lectura de tooodas esas escenas de diálogos, pensamientos y conjeturas nos resulten interesantes y atractivas. Obata lo logra sobradamente y con la jerarquía de los grandes. Esto sigue tan prendido fuego como cuando empezó. Ahora la pulenta sería no tener que esperar otros cinco meses para leer el próximo tomo…
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viernes, 26 de marzo de 2010
26/ 03: DEATH NOTE Vol.4
Qué lindo es estar leyendo un comic y desear que se termine pronto para poder respirar. Este tomo de Death Note te causa tanta tensión, te agarra de los huevos y te los estruja tanto, que no ves la hora de llegar a la última página, cerrar el tomito, respirar hondo y decir “Bue, ya pasó lo peor”. Es más resignación que alivio, porque ahora hay que esperar hasta quién sabe cuándo para leer la continuación y la verdad es que el cliffhanger con el que cierran Tsugumi Ohba y Takeshi Obata no puede ser más hijo de puta.
Yo tenía miedo de que la aparición de Misa y el segundo Death Note desviara la trama, la empantanara o la simplificara demasiado. Nada que ver. Este es el mejor momento de la serie. Como en el segundo tomo, en este no pasa NADA. Son 200 páginas de gente que habla o piensa, pero hay menos acción que en Las Toninas un martes de Septiembre a las tres de la matina. Y sin embargo estos turros de Ohba y Obata te hipnotizan, te tienen aferrado al tomito como si la vida te fuera en ello. En buena medida por el dibujo, que sigue tan perfecto como cuando empezó, pero sobre todo por el guión.
Acá sigue el tira y afloje entre Light y L, las sospechas cruzadas, el juego de deducir qué va a pensar el otro de cada cosa que uno diga o no diga, cómo sacarle data al otro sin mostrar las cartas… en ese sentido, este manga es una cátedra, porque enseña a pensar, a analizar, a especular y a planificar cada movida en forma exhaustiva, con los pro, los contra, las posibilidades de éxito y las consecuencias de cada acción u omisión. Ohba se las pensó todas y se jugó a hacer lo que casi ningún otro mangaka se anima a hacer: un manga con MUCHO texto, lleno de diálogos y pensamientos, donde cada frase está estudiada a fondo y donde todo se decodifica. Esto hace que la lectura lleve mucho más tiempo que si leyéramos un manga común y además le agrega una dimensión a la trama y a los personajes mucho más profunda que la media de lo que se suele publicar en Occidente.
En este tomo buena parte del protagonismo recae en Misa. Desde las cagadas que se manda tratando de contactar a Kira hasta su heroico gesto “final”, esta minita con pinta de yiro hueco y vulgar resulta ser otro personaje muy bien trabajado. Un poquito menos de onda tiene Rem, el shinigami de Misa, pero su rol es importante porque aporta nuevos datos acerca de la relación entre los shinigamis, los humanos y los Death Note que hasta ahora no manejábamos y que seguro van a tener injerencia en la trama. Ryuk sigue pintado, el papá de Light volvió al segundo plano y L, que durante un buen tramo del tomo parece relegado por la relación entre Light y Misa, pega otro volantazo cerca del final que lo devuelve allá arriba, al rol fundamental que el guión le tiene reservado.
Pero el mejor jugador es claramente Light. Es el personaje más interesante, complejo y retorcido que tuve la suerte de leer en mucho tiempo. El precio que paga por cada silencio, por cada minuto en el que en vez de actuar sopesa las consecuencias de sus posibles acciones, los malabares que hace cada vez que alguien (humano o shinigami, con chapa de policía o cuadernito mortal bajo el brazo) lo acorrala contra la pared, su ciclo pendular entre la compasión, la especulación y la falta de pruritos para lograr su cometido, TODO lo eleva a un status de Personajón. No sé si al final gana, pierde o rosquea un decoroso empate. Pero yo lo banco a muerte.
Death Note es brillante, de verdad. El dilema moral, la invasión del mundo real por criaturas fantásticas, la faceta detectivesca, el duelo entre dos genios, todo está demasiado bien pensado y demasiado bien ejecutado. Menos mal que esto fue un recontra-hit. Si algo tan grosso fracasaba, era para cortarse la verga en fetas y mandarle una por correo a Masami Kurumada, ícono absoluto del manga choto pero vendedor.
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viernes, 12 de marzo de 2010
12/ 03: DEATH NOTE Vol.3
Después del bajón que significó el segundo tomo, el mega-cebamiento que genera Death Note vuelve a justificarse con el tercero. Y no porque Ryuk haya recuperado algo del protagonismo perdido, porque pobre bicho, sigue pintado al óleo, más intrascendente que un Arsenal- Atlético de Tucumán emitido un viernes a las 19 hs. La serie vuelve a levantar porque el turro de Tsugumi Ohba se las ingenió para llevar la tensión entre L y Light a niveles asfixiantes. La movida de L, tan osada como la de Light en el tomo anterior, es brillante y pone a Light a milímetros de quedar expuesto como Kira. Enseguida se arma un histeriqueo alucinante entre ambos: “Yo no digo que seas Kira, pero tampoco dejo de sospechar”, “Bueno, pero me tratás como si yo fuera Kira”, “Es que no sé si no sos, pero quiero creer que no sos”, “No, pero si te quiero ayudar es porque no soy”, y así, hasta que ya no sabés si lo que ocultan son sus verdaderas identidades o un romance homosexual. Pero está muy bueno, encaja perfecto con la forma en que razonan dos chicos de 18 años más inteligentes que el pelotudo promedio.
Esta vez, ese duelo de intelectos, donde todo lo que se dice y hasta lo que NO se dice puede desequilibrar la balanza, viene condimentado con un poco más de acción, y con un mayor protagonismo de un personaje hasta ahora bastante sub-aprovechado: el papá de Light, capo de la policía a cargo de la investigación. Baqueteado por el stress y todo, el veterano Soichiro Yagami saca pecho, ruge como un león herido y pela una chapa (y un peso en la trama) que pocos le sospechábamos.
De todos modos, el sacudón brutal al status quo de la serie (que esperemos sea para mejor) no viene por ese lado. Sin dudas lo más impactante es la aparición de un segundo Death Note en nuestra realidad, acompañado de un segundo shinigami y en manos de una minita, Misa, que habrá que ver de qué la juega. En las poquitas páginas que aparece, da la sensación de ser una boluda frívola y creída, pero esperemos que su rol vaya más allá de calentarle la pija a los lectores. La aparición de un segundo Kira es un elemento potencialmente muy rico, que le puede dar mucho jugo a la relación entre Light y L. Bien usado. Mal usado, puede resultar un faux pas atómico y dejar a la serie en zona de promoción. Veremos para dónde agarra el compañero Ohba.
Por su parte, Takeshi Obata ya está más allá del bien y del crack. Lo suyo es de un nivel tan mortífero, que deja a los otros mangas hiteros muy, muy mal parados. En este tomo, TODO está magníficamente dibujado, pero la secuencia del partido de tenis entre Light y Kira es verdaderamente memorable. Agarrá cualquier tomo de Prince of Tennis y ahí lo tenés al amargo de Takeshi Konomi, que muestra cómo hacer lo mismo que hizo Obata, pero mal. El partido de tenis de Obata es vértigo, emoción e impacto en su estado más puro. Es la visualización “física” del combate intelectual entre los personajes, a tal punto que te hace sentir que más que una pelotita, lo que va de un lado al otro de la red es una ojiva nuclear con poder para devastar un continente. El tipo dibuja mansito tooooodas esas páginas de cabecitas que hablan, pero cuando el guión lo deja zarparse, te detona el bocho con secuencias como la del tenis, o la del camión blindado en el canal de televisión, que te pone los pelos de punta.
Nada, ojalá esto siga así, siempre al límite, y no derrape. Este tomo sembró lindo para los siguientes y no veo la hora de ver qué cosechan para nosotros Ohba y Obata.
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lunes, 1 de marzo de 2010
01/ 03: DEATH NOTE Vol.2
Uia, me cagaron… ¿Cómo escribo una reseña de la extensión habitual acerca de un tomo en el que pasa tan poco? Le tengo que pedir a Aníbal Fernández que me preste la guitarra mágica para sanatear…
En principio, el dibujo de Takeshi Obata sigue siendo tan grosso como en el tomo anterior. Acá ya tenemos una sóla ambientación, la de Tokyo, y un desafío: que el lector no se aburra a lo largo de 200 páginas en las que no hay acción, ni peleas, ni escenas en el mundo dark de los shinigamis, ni nada mucho más emocionante que un señor con saco y corbata pegando un par de gritos a sus empleados. Y Obata se arremanga y labura, trata de variar los enfoques, deja la vida en los fondos, se luce con las tramas mecánicas, le pone onda a los primeros planos para reflejar las expresiones de los personajes y darle rasgos individuales a los agentes que colaboran con L y el papá de Light en la investigación. Un fenómeno.
En todo caso, el problema está en el guión. Tsugumi Ohba baja de golpe tres cambios, y la historia queda al borde del punto muerto. Después de un primer tomo en el que pasaban montones de cosas, ahora la trama avanza más lento que el 151 por Bartolomé Mitre un martes a las dos de la tarde. Habíamos comparado el duelo entre Light (o Kira) y L con una partida de ajedrez… y bueno, esta es la parte aburrida, en la que los dos tratan de asimilar la última jugada del rival y delinear su próxima movida. Casi todo gira en torno a las consecuencias de la que hasta ahora fue la jugada más arriesgada de Light: la eliminación de los 12 agentes del FBI que respondían a L e investigaban a la policía japonesa. L no tiene más remedio que hacer causa común con los propios agentes a los que él mandó a espiar y para eso se tiene que ganar su confianza. A Light le pasa algo parecido: se tiene que ganar la confianza de una ex-agente, novia de uno de los que él mató. Si no, está en el horno.
Todo esto lleva muuuuchas páginas, en las que no pasa mucho más. Ryuk, el shinigami, está de adorno. Light ya aprendió las reglas del cuaderno y se las rebusca muy bien solito, o sea que esa relación de entrenador-jugador se disuelve en la nada misma. Ryuk está ahí simplemente para que Light tenga alguien a quien comentarle lo que piensa a medida que planifica sus movidas, pero su aporte en este tramo es mínimo.
En fin, no los quiero aburrir con chamuyos inconducentes, ni buscarle la quinta pata al gato. Este tomo simplemente no da el jugo necesario como para dedicarle el mismo espacio que a los anteriores. Ojalá en el próximo la historia recupere el ritmo y el impacto del primer tomo, así yo me divierto al leerlo y ustedes sufren un poco menos al leer la reseña…
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jueves, 18 de febrero de 2010
18/ 02: DEATH NOTE Vol.1
Qué lindo apostarle una ficha al Greatest Hit y descubrir que no se trata de la enésima trampa para esquilmar boludos, sino de una historieta de muy buena factura, buenas ideas y desarrollo convincente. De hecho, esto es lo más parecido a un comic de Vertigo que leí alguna vez en un manga… Me lo imagino escrito por Mike Carey, o incluso por Peter Milligan.
Al revés que en casi todas las reseñas, empiezo con las loas al dibujante. Takeshi Obata es IMPRESIONANTE, nada que ver con Yuuki Obata, la muerta de frío que firma la impresentable Erase Una Vez Nosotros. Este Obata narra bien y dibuja mejor. Se luce en secuencias urbanas de gran realismo, llenas de detalle y precisión, y cada tanto sorprende con esas tomas grandilocuentes y pesadillescas del mundo de los muertos, como para sacudir al lector y recordarle que acá están por pasar cosas muy heavies. Seguro tiene miles de ayudantes, pero igual se ve que detrás de las múltiple manos hay una visión artística grossa.
El guión de Tsugumi Ohba es magnífico, por la cantidad de capas que tiene. Arranca con la obvia: Tenés el poder de matar con total impunidad, ¿qué vas a hacer?. Lógicamente, de movida te sentís más poderoso que el Doctor Manhattan duro de merca y con una erección de tres cuadras. Pero enseguida te das cuenta de que no es tan así. Ni la impunidad es total, ni el tema de matar gente “a control remoto” es un viva la pepa. Ryuk, el shinigami, la juega de regulador de la data y pela el reglamento del Death Note en cuotas, habilitándole a Light la info a medida que este se ceba cada vez más con el chiche nuevo. Y para el final del primer tomo, usar el cuaderno mortal ya es casi una ciencia. Hay que leer la letra chiquita, estudiar las reglas, aprovechar los huecos que tienen, y además jugarla bien de keruza, porque más temprano que tarde, alguien empieza a sospechar que todas esas muertes no pueden ser meras casualidades.
Pero además de toda esta prolija, documentada y hasta burocrática irrupción de un elemento fantástico en el mundo real, tenemos el dilema moral. El que mata con total impunidad al que se le canta, ¿es bueno?. Y sí, porque mata a asesinos e hijos de puta. Pero ¿es justo que cualquier boludo se convierta en juez, jurado y ejecutor sólo porque encontró un cuaderno? ¿Y si se equivoca? ¿El bueno de verdad no dejaría que actúe la justicia? ¿Está bueno matar a los criminales? Muchas preguntas para un pibe (brillante, pero pibe al fin) de escuela secundaria. Y muy piola el truquito de que el padre de Light sea capo de la agencia gubernamental encargada de detener la ola de muertes.
Lo que no me cierra es que L, el super detective, el investigador más pulenta del universo, sea también un pibe joven. Entiendo que haya que lograr la identificación de los lectores (y facilitarle el laburo a los cosplayers), pero L ganaría credibilidad sin perder chapa ni onda si fuera un tipo de más de 30. Lo cierto es que el duelo entre Light y L promete ser tan apasionante como una gran partida de ajedrez. Y por si faltara un elemento en la ecuación, está Ryuk, con toda la data fantástica pero recontra-coherente acerca de los shinigamis, su rol en el universo, su relación con los humanos tanto vivos como muertos, sus poderes, y seguramente, alguna matufia dark que se guarda bajo la manga.
Un detalle puesto a propósito para que casi nadie lo pesque: en la primera página, ni bien Ryuk se da cuenta de que perdió el Death Note, otro de los shinigamis nos recuerda que Ryuk tenía DOS cuadernos, no uno. O sea que no debe faltar demasiado para que Light se encuentre con un segundo Death Note en manos de un segundo humano que andá a saber cuánto conoce del funcionamiento del cuaderno y para qué decide usarlo. Eso puede estar muy interesante.
Death Note arranca con una muy buena nota (cuac!). Veremos cómo sigue y cuánto tiempo aguanto antes de abalanzarme sobre el segundo tomo, que me mira seductor desde el estante y parece decirme “Sé que me deseas… Es inútil que te resistas”… Por ahora, resistiré. Pero conste que este manga me tiene más cebado que cualquier otro hitazo nipón que haya caído en mis manos en los últimos tiempos.
Ah, la edición de LARP, una masa. Y los comentarios de Agustín Gómez Sanz, un lujo.
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