Bueno, ahora sí, terminé de leer la JSA, apenas 14 años después de empezarla.
Este tomo es muy zarpado, no da un minuto de paz. Arranca con una saga de cinco episodios y ni bien termina ese arco, empalma con uno de tres. Sin unitarios, sin un momento tranqui para que los personajes bajen un par de cambios. De hecho, el epílogo, o la exploración de algunas de las consecuencias de lo que pasa al final de Black Vengeance (el segundo arco incluído en este tomo), está en el Vol.11, el cual leí hace mucho, antes de empezar con el blog.
La primera saga es otra de viajes en el tiempo: esta vez, la JSA de 2005 viaja a 1951 para lograr que la JSA de aquella época, recientemente desbandada tras confrontar con el Senado de los EEUU, se reúna para impedir que Per Degaton mate al presidente y tome el poder. La verdad es que el planteo no daba para cinco episodios, sobre todo porque Degaton es un loser consumado y sabemos de antemano que va a fracasar. Lo interesante es que a Geoff Johns no le calienta demasiado el conflicto, sabe que la lucha con el villano se va a liquidar rapidito, en 10 páginas del último episodio. El guionista arma la saga en torno a los diálogos, a la relación que se entabla entre estos héroes del presente y los héroes de la Golden Age, que para 1951 ya eran tipos cansados, baqueteados, con problemas que iban más allá de “el Gobierno me exige que revele mi identidad y yo no quiero”. Por supuesto, en todos esos team-ups entre los miembros de 2005 y 1951 hay algo de acción, como para engañar a los que buscan sólo eso, aunque lo más rico, lo más jugoso sea todo lo otro, todo el desarrollo de personajes, que es algo que en esta época Johns cuidaba muchísimo.
De a poco, con el correr de los números, te empieza a caer la ficha de que para Johns el verdadero protagonista de esta serie es Albert Rothstein, alias Atom Smasher, el personaje al que –desde que mi clon se sube a la serie- le pasan las cosas más heavies y más impactantes. El segundo tramo del libro, el arco titulado Black Vengeance, tiene apariciones del Spectre, Eclipso (ahora encarnado en Jean Loring), el brujo Shazam, Mordru y mucho protagonismo para Black Adam, otro personaje al que Johns desarrolló muchísimo. Aún así, todo gira en torno a Atom Smasher. Qué hace, qué piensa, a quién le es más leal, qué ideología compró. Eclipso y el Spectre (acá en un rol casi de villano) son la excusa para llevar la acción al país que gobierna Black Adam, y ante esa situación límite, ver qué camiseta se pone Al Rothstein. El final es abrupto, imprevisible y un poco desolador, aunque coherente con lo espeso de los dilemas morales que pone de manifiesto la trama.
En materia de dibujantes, esto es un verdadero sacerdocio. Excepto un par de tramos de Black Vengeance, que se reparten entre el casi digno Leonard Kirk y el correctísimo Stephen Sadowski, el grueso del tomo cayó en las garras de Don Kramer, un dibujante decididamente malo y que además mejora poco con el correr de los muchos episodios que le encomiendan. El entintador Keith Champagne (que en el Vol.11 le dará una mano a Johns en los guiones) trata de remar contra el dibujo de Kramer, pero necesitábamos un necromante, no un entintador. A favor de Kramer, debemos decir que no tiene ningún problema en la narrativa, que organiza bien esas viñetas en las que aparecen 145.000 superhéroes y que muy rara vez te va a mezquinar un fondo. Pero claro, ves las portadas de Dave Gibbons o de Alex Rosss, las comparás con los dibujos de adentro, y te querés detonar el ojete con el báculo de Stargirl.
Si todavía no arrancaste con esta serie, te cuento que este es un gran punto para terminarla. Este TPB llega hasta el número 75 y la serie cierra en el 87, pero de los 12 que faltan, seis están demasiado enroscados, demasiado contaminados con tie-ins y crossovers de Countdown, The OMAC Project, Day of Vengeance, Villains United y demás boludeces vinculadas a la penosa Infinite Crisis. Y los otros seis son una fumanchereada atrás de otra, escritas por Paul Levitz y difíciles de digerir a pesar de los dibujantes grossos que lo acompañan. Yo que soy un guapo, un duro, un recio de verdad, aguanté hasta el Vol.11, un poco para hacerle el aguante a Geoff, que tanta garra le puso a la JSA. Pero puesto a recomendar, si bien al final del Vol.10 no cierra todo, no me da para recomendar más allá de este tomo.
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miércoles, 20 de marzo de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
18/ 02: JSA Vol.7
Finalmente conseguí los dos tomos que me faltaban para completar esta serie, a la que vengo leyendo en perfecto desorden. De hecho, ya reseñé acá en el blog los tomos 6 y 8, o sea que esta reseña iría en medio de esas dos. Algún día tendré tiempo para releer toda la JSA en orden, como debe ser. Esto es una expresión de deseos, no una afirmación, pero bueno... es lo que hay.
Este es un tomo gordito, jugoso, con 10 episodios de la serie regular en los que tenemos la última saga co-escrita por Geoff Johns y David Goyer, un arquito de dos números y dos episodios unitarios, ya con Johns solito al frente del timón. De atrás para adelante, el último unitario es el típico (y logradísimo) canto de mi doppleganger a la chapa y la tradición de la JSA y además recupera a Ma Hunkel, un personaje cuasi-olvidado, que llevaba décadas sin aparecer. El otro episodio autoconclusivo narra una reunión entre la JSA y la JSA y se centra íntegramente en los diálogos (buenísimos) entre los personajes. Páginas y páginas de tipos y minas con disfraces locos, que charlan y comen. Hay un intento de conflicto pero se desactiva por el lado de la joda (con humillación para los villanos incluída), al mejor estilo de la Liga de Giffen y DeMatteis.
El arquito de dos episodios arranca muy bien, con la exploración de varias de las consecuencias que dejó la saga anterior y con el desarrollo de un sub-plot que desembocará en el tomo siguiente. Hasta que a Johns se le ocurre focalizar la acción en la nueva y misteriosa Crimson Avenger, que ya había aparecido alguna vez, y ahí se va todo al carajo. Esta mina, ciega y medio pirada, se lanza contra Wildcat y Power Girl en una lucha absurda e innecesaria, encima muy mal dibujada por el precario Don Kramer, quien también dibuja el unitario con la JLA. Yo entiendo que meter TRES capítulos seguidos de gente hablando significa un riesgo enorme, y bueno, Johns le quiso poner algo de machaca al epílogo de Princes of Darkness, con resultados discutibles.
En cambio, en los seis números de la saga que le da título al TPB, a mi clon perdido y a Goyer les sale todo demasiado bien. Princes of Darkness tiene más de 150 páginas, más de 20 superhéroes, tres villanos grossos, escenas en el pasado, en el futuro, en dimensiones paralelas, machaca en cantidades industriales, diálogos magníficos, secuencias intimistas, momentos cruciales para casi todos los protagonistas... esto está al nivel de lo mejor de Chris Claremont en X-Men, y si no se puede postular que es incluso mejor, es porque en vez de a un John Byrne, Johns y Goyer tuvieron a un Leonard Kirk, dibujante segundón con escasa onda. Con dibujante del montonardo y todo, Princes of Darkness es una montaña rusa impresionante. Por la cantidad de cosas grossas que pasan, la cantidad de líneas argumentales que se cierran, la cantidad de veces que te hacen sentir que se pudrió todo y la JSA va a perder, la audacia para pegarle sacudones importantes a un montón de héroes y villanos, la magnitud del conflicto, la habilidad maradoniana para entretejer decenas de conceptos que ya existían en el Universo DC pero que a nadie se le había ocurrido vincular... Sin duda esto es comic de superhéroes de primera calidad, con todos los elementos que uno quiere ver en una epopeya de este tipo, e incluso más.
Lástima el dibujo: el primer episodio lo pilotea un muy decoroso Sal Velluto y en el resto, Leonard Kirk hace lo que puede, que no es demasiado. Sin ser horrible (al lado de Don Kramer es... Alan Davis), a Kirk estos guiones le quedan un poco grandes y se nota cómo trata de remarla para que sus limitaciones no se hagan tan evidentes. Encima ocho de estos 10 episodios salieron con unas portadas devastadoras de Carlos Pacheco: buscar en las páginas interiores UNA viñeta dibujada al nivel de las portadas es totalmente al pedo, como buscar escenas de sexo explícito en el Discovery Kids.
En estos comics de 2003 y 2004, Geoff Johns justificaba ampliamente la enorme chapa que acumuló en años posteriores. A diferencia de su infumable reboot de la Justice League, esta etapa en la JSA es una cátedra en la que Johns enseñó a humanizar, modernizar, upgradear y sobre todo a respetar a héroes y villanos de larguísima tradición, en historias vibrantes, emotivas, con dilemas morales jodidos y un equilibrio perfecto entre machaca y caracterización. Después (creo que cuando se fue de Action Comics) traicionó definitivamente estos valores y se dedicó a chorear, convertido en un vil sicario de Dan DiDio. Por suerte nos quedan comics como la JSA para recordar al Johns copado, al que dejaba la vida en cada página. Volvé, Geoff, está todo bien...
Este es un tomo gordito, jugoso, con 10 episodios de la serie regular en los que tenemos la última saga co-escrita por Geoff Johns y David Goyer, un arquito de dos números y dos episodios unitarios, ya con Johns solito al frente del timón. De atrás para adelante, el último unitario es el típico (y logradísimo) canto de mi doppleganger a la chapa y la tradición de la JSA y además recupera a Ma Hunkel, un personaje cuasi-olvidado, que llevaba décadas sin aparecer. El otro episodio autoconclusivo narra una reunión entre la JSA y la JSA y se centra íntegramente en los diálogos (buenísimos) entre los personajes. Páginas y páginas de tipos y minas con disfraces locos, que charlan y comen. Hay un intento de conflicto pero se desactiva por el lado de la joda (con humillación para los villanos incluída), al mejor estilo de la Liga de Giffen y DeMatteis.
El arquito de dos episodios arranca muy bien, con la exploración de varias de las consecuencias que dejó la saga anterior y con el desarrollo de un sub-plot que desembocará en el tomo siguiente. Hasta que a Johns se le ocurre focalizar la acción en la nueva y misteriosa Crimson Avenger, que ya había aparecido alguna vez, y ahí se va todo al carajo. Esta mina, ciega y medio pirada, se lanza contra Wildcat y Power Girl en una lucha absurda e innecesaria, encima muy mal dibujada por el precario Don Kramer, quien también dibuja el unitario con la JLA. Yo entiendo que meter TRES capítulos seguidos de gente hablando significa un riesgo enorme, y bueno, Johns le quiso poner algo de machaca al epílogo de Princes of Darkness, con resultados discutibles.
En cambio, en los seis números de la saga que le da título al TPB, a mi clon perdido y a Goyer les sale todo demasiado bien. Princes of Darkness tiene más de 150 páginas, más de 20 superhéroes, tres villanos grossos, escenas en el pasado, en el futuro, en dimensiones paralelas, machaca en cantidades industriales, diálogos magníficos, secuencias intimistas, momentos cruciales para casi todos los protagonistas... esto está al nivel de lo mejor de Chris Claremont en X-Men, y si no se puede postular que es incluso mejor, es porque en vez de a un John Byrne, Johns y Goyer tuvieron a un Leonard Kirk, dibujante segundón con escasa onda. Con dibujante del montonardo y todo, Princes of Darkness es una montaña rusa impresionante. Por la cantidad de cosas grossas que pasan, la cantidad de líneas argumentales que se cierran, la cantidad de veces que te hacen sentir que se pudrió todo y la JSA va a perder, la audacia para pegarle sacudones importantes a un montón de héroes y villanos, la magnitud del conflicto, la habilidad maradoniana para entretejer decenas de conceptos que ya existían en el Universo DC pero que a nadie se le había ocurrido vincular... Sin duda esto es comic de superhéroes de primera calidad, con todos los elementos que uno quiere ver en una epopeya de este tipo, e incluso más.
Lástima el dibujo: el primer episodio lo pilotea un muy decoroso Sal Velluto y en el resto, Leonard Kirk hace lo que puede, que no es demasiado. Sin ser horrible (al lado de Don Kramer es... Alan Davis), a Kirk estos guiones le quedan un poco grandes y se nota cómo trata de remarla para que sus limitaciones no se hagan tan evidentes. Encima ocho de estos 10 episodios salieron con unas portadas devastadoras de Carlos Pacheco: buscar en las páginas interiores UNA viñeta dibujada al nivel de las portadas es totalmente al pedo, como buscar escenas de sexo explícito en el Discovery Kids.
En estos comics de 2003 y 2004, Geoff Johns justificaba ampliamente la enorme chapa que acumuló en años posteriores. A diferencia de su infumable reboot de la Justice League, esta etapa en la JSA es una cátedra en la que Johns enseñó a humanizar, modernizar, upgradear y sobre todo a respetar a héroes y villanos de larguísima tradición, en historias vibrantes, emotivas, con dilemas morales jodidos y un equilibrio perfecto entre machaca y caracterización. Después (creo que cuando se fue de Action Comics) traicionó definitivamente estos valores y se dedicó a chorear, convertido en un vil sicario de Dan DiDio. Por suerte nos quedan comics como la JSA para recordar al Johns copado, al que dejaba la vida en cada página. Volvé, Geoff, está todo bien...
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miércoles, 28 de marzo de 2012
28/ 03: SHOWCASE PRESENTS ALL-STAR COMICS
Hacía mucho que no leía nada de superhéroes, no? Bueno, este masacote de casi 450 páginas trae todo lo que se hizo con la Justice Society en los ´70. Una historia que arranca en 1976 en la revista All-Star Comics y después pasa a Adventure Comics, no sin antes protagonizar un DC Special dedicado a revelar –por primera vez- el origen del primer super grupo de la historia.
En los primeros cinco episodios lo tenemos a Gerry Conway, guionista icónico de la Verdul Age, al que los personajes parecen importarle poco. Le da mucha bola a los nuevos miembros (Power Girl y Star-Spangled Kid) y poca a la interacción, al desarrollo de personajes (que se limita a generar discusiones pelotudas entre PG y Wildcat) y a los villanos, que son cualquiera. Pero –fijate vos- Conway baja línea acerca de la recesión económica que afecta a EEUU a mediados de los ´70, cuestiona sutilmente el programa espacial de la NASA y habla –y esto sí es impactante- del apartheid en Sudáfrica! En un comic de superhéroes de 1976! Ya sólo por eso, hay que reivindicarlo.
Después, y hasta el final, lo tenemos a Paul Levitz, que tampoco se calienta demasiado en darle onda a los villanos, tampoco se mata para generar plots interesantes y también ofrece una caracterización que se limita a hacer que los héroes discutan por giladas. Pero se juega a contar tres historias MUY importantes, realmente definitivas: el origen de la JSA (en los ´40 a nadie se le ocurría que hubiera que explicar cómo y por qué los héroes se juntaban para formar un grupo), la disolución de la JSA en los ´50, cuando los apura el Comité de Actividades Anti-Americanas fogoneado por el infausto senador McCarthy, y la muerte (verdadera, irreversible) nada menos que de Batman. Del Batman de Tierra-2, claro. También la primera aparición de Huntress, pero sucede en una aventura tan chota que casi ni merece ser mencionada. O sea que lo de Levitz, sin ser bueno, es importante. Evidentemente el tipo se sentía comprometido con la serie y quería dejar una huella duradera en la historia de los héroes de Tierra-2. Después vendría Roy Thomas y haría todo tanto mejor y más divertido que Levitz, que sólo los muy freaks reivindicarían esta etapa, pero esa es otra historia.
A nivel visual, el Showcase arranca como si fuera un comic de los ´50: dibuja el nada inspirado Ric Estrada y lo entinta el legendario Wally Wood, con los tapones de punta, dispuesto a imponer su estilo por sobre el del dibujante. El resultado es un comic que atrasa mucho, no sólo frente a lo que pubilicaba Marvel en esa misma época, sino incluso frente a lo que había hecho Wood a fines de los ´60 en THUNDER Agents o en la revista Witzend. Los tres últimos números de Conway los dibuja un muy joven Keith Giffen, a quien –por supuesto- la tinta de Wood oculta por completo. Pero el talento de Giffen se ve en la puesta en página, arriesgada, moderna, compleja, a años luz de la nada que proponía Estrada. Ya con Levitz al frente, hay tres episodios donde Wood se hace cargo de lápices y tintas. Ahí hay unos pocos momentos de gran belleza plástica (las tomas panorámicas de los castillos medievales y los hologramas en la secuencia del futuro) pero en general, todo es bastante aburrido.
Y después llega el co-equiper favorito de Paul Levitz, Joe Staton. Acá todavía estamos lejos del Staton que a mí me gusta, que es el de los ´80. Los primeros números son bastante flojos y la calidad mejora, pero lentamente. El primer entintador, el correcto Bob Layton, pone mucho de su estilo y tapa bastante a Staton. Después, pobre pibe, se tendrá que fumar a dos de los peores entintadores de la historia: Dave Hunt y el impresentable Joe Giella. Y finalmente, en apenas cuatro o cinco episodios de Adventure Comics, Staton se entinta a sí mismo y ahí sí, cumple con creces. No te digo “la descose”, porque sería mucho, pero la verdad que pone mucho huevo y logra momentos fuertes, con buenos climas, buenas peleas, buenas expresiones faciales y un balance muy atractivo entre blancos y negros (cosa que el Showcase nos permite apreciar y las revistitas coloreadas para el ojete no).
Esto sólo se le puede recomendar a los muy fans de la JSA, o a los nostálgicos de la clásica Tierra-2. Si no entrás en ninguna de esas categorías, el consejo es que sigas de largo porque las historias en sí no justifican la compra (ni mucho menos la lectura) de este mega-broli.
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martes, 16 de agosto de 2011
16/ 08: JSA Vol.9
Otro TPB gordito y jugoso de la JSA, que supuestamente arranca donde terminó el Vol.8 (comentado el 23 de Mayo de 2010), pero no. En la reseña de ese TPB, yo señalaba que en el Vol.8 pasaban tantas cosas tan heavies, que hacía falta un epílogo, unas páginas finales que pasaran en limpio las vastas consecuencias de lo que acabábamos de leer. Supuse que este tomo arrancaría con eso, pero no. Arranca con unas paginitas de texto que nos resumen lo que sucedió en sagas anteriores… y ahí me entero que, tras los sucesos del Vol.8, Hawkman fue expulsado de la JSA! ¿Y en qué comic pasa eso? Ni idea, no se ve ni en el tomo anterior ni en este. Por ahí es en un Secret Files & Origins, o en una secuencia en la revista de Hawkman, pero si sos lector de la JSA, te quedás con la duda, forever.
El tomo arranca con un unitario brillante, magníficamente dibujado por Sean Phillips, donde Geoff Johns se las ingenia para mechar varios plots. El que más avanza es el de la relación entre Stargirl y el Capi Marvel, que termina con el alejamiento de este último de las filas de la JSA. Los tres episodios siguientes son menores: a mi clon perdido le empieza a crecer la sospecha de que Hal Jordan como Spectre, o por lo menos como espíritu de redención, no es tan buena idea. Y con el correr de las páginas (y el regreso del Spirit King, artífice de la muerte del primer Mr. Terrific), nos muestra a un Spectre cada vez más zarpado y sanguinario, mientras la JSA pelea con amenazas intrascendentes. Todo eso, mechado con flashbacks a la época de Jim Corrigan, dibujados por el maestro Tom Mandrake.
El siguiente tramo es un deleite. Johns se las rebusca para traer de vuelta a Sand (ausente desde el Vol.7, que es uno de los que me faltan) y al mismo tiempo rendir tributo a Jack Kirby, a Neil Gaiman y a Infinity Inc. Y de paso, a avanzar (y provisoriamente cerrar) el plot de Hector Hall y Fury, todo con los hermosos dibujos de otro maestro, Jerry Ordway. El próximo héroe a recuperar es Hourman II, Rick Tyler, y para eso Johns pela una intensa saguita de dos episodios que entralaza a los tres Hourmen y les da mucha chapa sobre todo a Rex Tyler y al androide. También aprovecha para meterle sutiles toques a la batalla contra Extant que vimos en Zero Hour y para darle un poquito más de onda al subplot de Per Degaton, que atraviesa (aunque a un ritmo más lento que el de la entrada a Capital por la General Paz a las 8 de la matina) todo el tomo. Y para el cierre, un descuelgue: la autopsia al cadaver de Sue Dibny, un tie-in con Identity Crisis, con mínima exploración de las consecuencias de aquella bajonera miniserie de 2004 (creo). Este episodio también tiene invitado de lujo (nada menos que Dave Gibbons), pero acá el prócer dibuja con muy, muy poca onda.
Lo que no dibujan ni Phillips, ni Mandrake, ni Ordway, ni Gibbons, cae en las manos de Don Kramer quien –como ya dije varias veces- me parece un verdulero de improbable digestión, muy por debajo de Leonard Kirk, que nunca me convenció. Muy triste lo de ese muchacho.
Ya sin David Goyer de co-piloto, Johns seguía bastante firme al timón de esta gran serie, con algunos tropiezos (DiDioteces como lo de Identity Crisis) que se multiplicarán en tomos futuros (me acuerdo de unos crossovers con Day of Vengeance absolutamente infumables), pero con ese atractivo equilibrio entre tradición e innovación, machaca y desarrollo de personajes, giros impredecibles, buenos diálogos, erudición geek, habilidades maradonianas para manejar un elenco de héroes, heroínas y villanos virtualmente infinito y un innegable (e infrecuente) cariño por los personajes y su historia. Si hoy Geoff es un número uno, es por lo que peló en estos años al frente de la JSA.
martes, 12 de julio de 2011
12/ 07: JSA Vol.6
Sigo leyendo esta serie en perfecto desorden y una vez más, me tengo que sacar el sombrero ante la labor de Geoff Johns y David Goyer, los guionistas de esta memorable etapa de la JSA. Esto es pornografía para geeks, pero de gran, gran nivel.
El tomo abre con un unitario protagonizado por Power Girl, muy divertido, con un conflicto de baja intensidad, pero muy bien llevado. Y además es el episodio mejor dibujado, ya que cuenta con la participación de Patrick Gleason, mucho mejor que Leonard Kirk, el dibujante titular de esta etapa. Si todos los fill-ins fueran como este, los fans jamás putearían por su existencia.
Después tenemos otro unitario en el que el rol más importante le toca al Captain Marvel. El guión es redondo, fuerte, profundo, pensado para recordarnos que estos íconos legendarios enfrascados en la eterna lucha entre el Bien y el Mal son, ante todo, humanos. Muy grosso.
Y el tercer episodio marca el inicio de una saga de viajes en el tiempo, centrada en tres protagonistas: el Capi Marvel, Hawkgirl y Mister Terrific. La primera parte (con los Freedom Fighters y el Terrific de los ´40) está muy buena, pero el descontrol arranca más adelante, cuando los héroes quedan varados en el antiguo Egipto, en el medio de una guerra que involucra a todos los personajes de DC con raíces egipcias: Nabu (el Amo del Orden que creó al Dr. Fate), el príncipe Khufu y Chay-ara (quienes reencarnarán varias veces hasta convertirse en Hawkman y Hawkgirl), Teth-Adam (más tarde Black Adam), y hasta el orbe de Ra, que le diera sus poderes a Metamorpho. Sumémosle un villano inmortal como el Vandal Savage y el recuerdo de un reciente viaje de Jay Garrick a Egipto y está todo dado para que se arme una saga de palo y palo en la que tengan peso –como siempre en la JSA- la tradición, el legado heroico y el desarrollo de las personalidades de todos estos muchachones (y chicas) con poderes.
En paralelo a los viajes en el tiempo, Goyer y Johns desarrollan un sub-plot muy atractivo en torno al Dr. Fate que involucra a Gemworld, Mordru, Lyta Trevor y Dawn Grainger, en una seguidilla de sacudones y sorpresas que nunca te ves venir y que seguro van a desembocar en una próxima saga grossa. También sobre el final arranca un plot que involucra a Eclipso, pero con mínimo desarrollo. Y el último episodio, el del juicio a Kobra, es uno de los más relevantes, porque funciona como disparador de varias de las sagas futuras, entre ellas la que reseñamos el 23 de Mayo del año pasado. Las 17 páginas que no involucran ni a Eclipso ni a Mordru son probablemente las mejor escritas de todo el tomo: complejas, espesas, inquietantes, atravesadas por dilemas realmente jugados que cuestionan de raíz el rol del superhéroe. Un lujo.
Y bueno, fuera de ese primer unitario muy bien dibujado por Gleason, en el resto del tomo tenemos a Leonard Kirk, un dibujante mediocrón, sin mucha onda, pero sin pifias ni errores groseros. Kirk se desloma para dibujar muchos personajes, fondos, ambientaciones muy distintas entre sí, batallas con miles de elementos en cada viñeta… y ahí se gana un poco el changüí para después dibujar esas caras repetidas, obvias, poco expresivas. No es un desastre, tampoco. Simplemente le falta onda, se conforma con ser un típico obrero del mainstream en vez de aspirar a algún sello personal, a un estilo más propio, ya sea en el dibujo o en la narrativa.
Como digo siempre, este es un gran comic de superhéroes, pero que cobra cara la entrada: para disfrutarlo a pleno tenés que tener un conocimiento enciclopédico de toda la historia del Universo DC, porque Goyer y mi doppleganger te bombardean todo el tiempo con referencias oscuras no sólo a los back issues de esta serie, sino a los más variados comics de los ´40 para acá, y hay que ser un erudito (o estar muy hecho mierda) para pescarlas todas. La JSA de Johns y Goyer va para adelante como una locomotora, pero no deja ni un segundo de mirar para atrás, de homenajear, reinterpretar o simplemente carroñar las historias pergeñadas por hordas de autores que mojaron antes que ellos en el DCU. Lo bueno es que les sale muy, pero muy bien.
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lunes, 7 de marzo de 2011
07/ 03: JSA Vol.1
Si leés la serie actual de la Justice League of America, seguramente te costará creerme si te digo que en los ´90 James Robinson era un guionista del mega-carajo, un especialista en pilotear series regulares ambientadas en el Universo DC, un tipo que le sacaba un inmejorable jugo a los personajes, su interacción, su pasado, y los metía en sagas raras, en las que los villanos eran más que meras amenazas u obstáculos. En algún punto de la década pasada, Robinson perdió la magia y derrapó hacia ese guionista aburrido y predecible que es hoy (aunque no descarto que en algún momento haga otro click y recupere la onda), pero antes de que eso sucediera, se cargó al hombro la colosal tarea de relanzar a la Justice Society, un concepto hoy bastante afianzado, pero que en 1999 parecía bastante más complicado, no sólo desde las posibles ventas, sino también desde cómo bancarlo, cómo hacerlo funcionar después de casi 60 años de manoseo editorial.
En estos primeros números, Robinson contó con la colaboración de David Goyer, quien se quedaría hasta el n°25, a escribir en equipo con quien reemplazaría a Robinson a partir del n°6, el por entonces promisorio Geoff Johns. Goyer es otro que por sí solo no vale un peso, pero acá la dupla -primero con el inglés y después con mi doppleganger- funcionó, y el tipo pudo firmar unas cuantas historietas más que atractivas.
Porque, digámoslo de una vez, esta serie de la JSA arranca muy, muy arriba, y después no hace más que mejorar, por lo menos hasta pasado el n°60. El arco inicial (el Secret Files & Origins y los cuatro primeros números) apenas llega a las 35 páginas de machaca. Lo importante es lo otro: cerrar algunos cabos sueltos (Wesley Dodds, por ejemplo), volver a presentar a un montón de personajes que andaban desperdigados por las más variadas colecciones (de hecho, el villano solía aparecer en Legion of Superheroes) y, obviamente, mostrarnos desde cero a algún personaje nuevo (Hawkgirl). Todo esto con un ritmo no tan pachorro como el de algunas saguitas de Starman (la serie fundamental para entender y amar a James Robinson y a muchos héroes y heroínas arraigados en la Golden Age), pero a años luz del “palo y palo” que pelaba Grant Morrison en la JLA, por ejemplo.
Esto le permite a Robinson y Goyer desarrollar perfectamente a los protagonistas, definir en buena medida la dinámica que van a establecer entre ellos, darle buen clima al misterio central (quién será el nuevo Dr. Fate), homenajear a la ilustre tradición de la JSA y formar un nuevo grupo en el que quedan los que tienen que quedar, no todos los personajes que desfilan por la saga. Lo único medio choto es que, para demostrar que el malo es muy malo, se cargan casi al voleo a un par de personajes copados, como Kid Eternity y el Fate de Books of Fate, que seguro se podrían haber aprovechado mejor. El resto, todo impecable, sobre todo el rescate de personajes totalmente desactivados como Sandy Hawkins o Hector Hall.
Por el lado del dibujo, el grueso de las páginas están a cargo de Stephen Sadowski, un dibujante correcto, prolijo, sin estridencias, con muy buenas composiciones de página y la cancha necesaria para orquestar escenas con multitudes de supertipos, sean tranquis o de pelea. Con el correr de los números, lo veremos mejorar. Lo que no dibuja Sadowski se lo reparten entre dos dibujantes menores, el cero onda Scott Benefiel y el más personal (pero no por eso mejor) Derec Aucoin. En el numerito que dibuja Aucoin hay un golpe al corazón de los nostalgiosos: aparece John Stewart (mi Green Lantern favorito) cuando era paraplégico y arquitecto, antes de que algún imbécil lo re-escribiera retroactivamente para hacerlo milico.
Esto ya es tan clásico que hasta Sticker Design lo publicó en Argentina. O sea que, si tenés un mínimo interés por el Universo DC, seguro ya lo leiste. Y si no, si el DCU no te llama en lo más mínimo la atención, seguí sin leer la JSA, porque no creo que te vaya a entusiasmar, por más bien escrita que esté.
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jueves, 12 de agosto de 2010
12/ 08: JSA: ALL-STARS
Vamos en un trip a 2003, cuando Geoff Johns todavía era grosso, a ver si esto sana alguna de las heridas que está provocando en mi mente, espíritu y cuerpo la excecrable Brightest Day…
Esta es una saguita con trampa: la trama central se desarrolla en los episodios 1 y 8, y el resto no avanzan nada, son simplemente historias “solistas” de seis personajes a los que Johns les quiere dar un poco más de consistencia, y mostrar un poco más de sus vidas privadas. Son historias casi sin acción pero muy interesantes, en las que Hawkgirl, Dr. Fate (Hector Hall), Star-Spangled Kid, Hourman, Dr. Mid-Mite y Mr. Terrific confrontan a algún fantasma del pasado, saldan alguna cuenta pendiente o blanquean algún secreto. Todas están co-escritas por Johns y David Goyer, y los dibujantes son mayormente tercerones, pero hay lindos aportes de Phil Winslade y Mike McKone.
Se supone que estas procesiones internas de los seis héroes es lo que les va a permitir ganarle al villano pulenta de los episodios 1 y 8, que rápidamente se sacó de encima a los miembros clásicos: Hawkman, Wildcat, Flash, Green Lantern, Sand y al Spectre (Hal Jordan), que estaba como invitado. Y por supuesto es así: los héroes de la nueva generación salvan a los próceres y el villano resulta derrotado una vez más (no lo nombro, porque es sorpresa). Para que eso dure 44 páginas, también hay una pelea en la que la JSA le gana muy fácil a la Injustice Society, y que obviamente aporta poco, más allá de que durante ese combate los miembros más viejos caen en manos del malo.
Como esta saga se publicó por afuera de la revista de la JSA, Johns supuso que la leería mucha gente no tan familiarizada con los personajes, su historia y sus conflictos, y por eso hay un esfuerzo por presentarlos debidamente a todos, cosa que se agradece muchísimo. Por supuesto, como en toda historieta en la que mete mano mi doppleganger, hay escenas que transcurren en museos y/o cementerios. Eso es sagrado, como los petes en las películas porno, y no puede faltar nunca en ningún comic de Johns.
Pero hay más. Cada numerito “del medio” incluye, además de las historias de los héroes actuales, historias de los legendarios, los que inspiraron a la nueva generación. Casi todas tienen apenas 6 páginas, pero todas son excelentes. El Hawkman clásico protagoniza una mini-joya escrita por Jeph Loeb y dibujada por Tim Sale (la dupla infalible). El Dr. Fate de la Golden Age tiene su aventurita escrita y dibujada nada menos que por Darwyn Cooke, en un alucinante homenaje a los comics de los ´40. El primer Starman (Ted Knight) pela chapa de la mano de James Robinson y Tony Harris (¿quiénes, si no?). El Hourman original mete mano en la Segunda Guerra Mundial en otra mini-gema del maestro Howard Chaykin. El Dr. Mid-Nite de los ´40 vive un momento noir creado por otra dupla insumergible: Brian Azzarello y Eduardo Risso.
Y la mejor de todas es además la más extensa, y la dedicada a un personaje que en la Golden Age tuvo poquísimas apariciones y escasísima chapa, pero que se recibió de ídolo décadas más tarde, cuando ya estaba muerto hacía rato. Me refiero obviamente al primer Mr. Terrific, que acá brilla en una historieta perfecta de 16 páginas (pero con más viñetas que la mayoría de las historietas de 22), escrita nada menos que por Michael Chabon, un verdadero especialista en la Edad Dorada, a quien aquí acompaña un inspiradísimo Michael Lark.
O sea que, aunque la pelea contra el villano pulenta te interese poco, todas esas mini-joyas conforman un mega-atractivo para este tomo, que intersecta de lleno con una época inmejorable de la JSA. Si te emocionan el Universo DC y la forma en la que Geoff Johns maneja el omnipresente tema del legado heroico que pasa de generación en generación, esto es fundamental. Y si venís siguiendo a glorias como Risso, Chaykin, Cooke o Sale, acá los vas a ver en un gran nivel, y –lo más importante- encarando historias muy distintas a las habituales.
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domingo, 23 de mayo de 2010
23/ 05: JSA Vol.8
Acá tenemos polémica garantizada: hoy me toca hablar maravillas de Geoff Johns, mi querido clon al que últimamente se puso de moda putear (y me incluyo entre los que lo putean, obvio). Y sí, hoy lo vemos firmar algunos latrocinios que llenarían de vergüenza a los hermanos Dalton, pero hasta hace no tanto tiempo, Johns podía chapear con obras realmente notables, en las que daba cátedra de cómo se debe abordar el género de los superhéroes. Tal vez su incursión más destacada en el género haya sido la serie regular de la JSA, a la que se subió cuando James Robinson ya la había hecho arrancar, y en la que se quedó casi hasta el final, para después lanzar una segunda serie (Justice Society of America) en la que no logró mantener el nivel. Pero, no jodamos: lo que hizo Johns en la JSA entre 1999 y 2005 es muy difícil de superar y hasta de igualar.
Este tomo nos ofrece tres números de la JSA intercalados con tres de Hawkman, otra serie que en ese entonces (2003) escribía mi doppleganger. Black Reign (así se llama la saga) es uno de los picos de la ilustre etapa de Johns en la JSA. Para empezar, porque es Civil War antes de Civil War. O sea, el conflicto es entre los propios héroes, y por motivos 100% políticos. Johns quería hablar de la invasión a Irak liderada por el borracho-genocida-retrasado mental George W. Bush y se le ocurrió esta trama: Black Adam, el ex-villano que buscaba su redención de la mano de la JSA, hace rancho aparte y, junto a algunos superhéroes de la B Metropolitana, forma un grupo de asalto que toma por la fuerza Kahndaq (el país natal de Adam) para liberarlo del yugo de un dictador miserable, que tiene a la nación sumida en la ignorancia, la pobreza y la explotación. Obviamente por las malas. Y claro, como Black Adam y sus muchachos no dijeron “Estimado dictador, tenga a bien dimitir”, sino que lo hicieron boleta frente-march, el siempre aguerrido Hawkman decide tomar de prepo las riendas de la JSA y mandarse con su “tropa” a ponerle los puntos a los libertadores de Kahndaq.
Pero claro, en Kahndaq, la banda de Black Adam logró status de héroes de la patria y todo el pueblo se encolumna detrás de ellos para resistir el embate de la JSA, que con la excusa de “rescatar” a los otros superhéroes (como si estuvieran ahí contra su voluntad), se lanza con violencia sobre el país africano. El dilema moral, potenciado por las diferencias políticas, le da dimensión y jugo a la machaca de héroes contra héroes, y Johns lo aprovecha al mango. ¿Se justifica una masacre para liberar a un país de una dictadura? ¿Da para cuestionar esos procedimientos cuando lo que se necesita es un líder que reconstruya un país hecho mierda? Y como suele suceder en DC, todos los conflictos entre héroes están agravados por el vínculo. Todos son parientes, o amigos, o ex-compañeros de equipo, o incluso ex-parejas de los que tienen enfrente, y eso potencia y enriquece las tensiones.
Johns aprovecha este contexto de “guerra civil” para trabajar a full las caracterizaciones. El argumento general es potente, pero los hallazgos que más se disfrutan están en pequeñas escenas, o veces en un mínimo diálogo, que Johns dedica a explorar las interrelaciones entre este enorme y complejo elenco de personajes. No todo llega a resolverse, obvio. Por ahí faltaba un epílogo, como para pasar en limpio y cerrar con más prolijidad tantas cosas que pasan en seis episodios. Pero en tiempos en los que nos comemos sagas enteras en las que no pasa nada, no se puede criticar que acá pase mucho.
En materia de dibujo, los capítulos de JSA corren por cuenta del mediocre Don Kramer, y los de Hawkman por el más que correcto Rags Morales. Esto no es para que lo lea cualquiera: conviene conocer previamente a la JSA (y a Infinity Inc.), porque así se disfruta mucho más. Pero la lucha entre la justicia y lo legal, la lucha contra el demonio interior que te ceba para que hagas mierda al adversario, el sufrimiento del que perdió todo y se quiere vengar… esos son temas universales, que se pueden entender y te pueden emocionar aunque no lleves la cuenta de cuántas veces murió y resucitó cada uno de los 25 personajes que aparecen en la saga. Muy grosso.
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