Hoy tardísimo, pero bue... surgieron compromisos inesperados.
Esta es la última novela gráfica de Max y la primera que se edita en Argentina. Me encanta que se edite historieta española en nuestro país, sin embargo no me cierra que no se la traduzca al “argentino”. En España, cuando se publican obras de autores argentinos, les suelen meter mucha mano a los diálogos y a llenarlos de localismos propios de la Madre Patria. Acá habría que hacer lo mismo. No clonar la edición española así como viene, sino meterle mano a los diálogos para argentinizarlos. Creo que eso es lo único que no me maravilló de Vapor, el gusto agridulce de estar leyendo una edición argentina repleta de localismos de otro país.
El resto fue puro disfrute, porque la verdad que acá Max saltó (de nuevo) al vacío y el experimento le salió demasiado bien. Muy básicamente y para no spoilear (porque la idea es que, si te interesa mínimamente, banques con tu compra la edición argentina), Vapor cuenta la historia de Nicodemo, un tipo del que no sabemos casi nada, excepto que se cansó de la civilización y se fue a vivir solo a un desierto. A no hacer nada, a meditar, a comer, beber y bañarse muy de vez en cuando. En ese vacío, en esa nada, Nicodemo espera encontrar alguna verdad, o al menos alguna respuesta. Claro que la falta de comida y bebida y la exposición al sol lo van a hacer ver... cosas raras y pronto se empezará a desdibujar la frontera entre lo que Nicodemo realmente vive y lo que alucina.
Con acertado criterio, Max no dejará pasar demasiadas páginas para rodear a Nick de otros personajes, reales o imaginarios, con los que el aspirante a anacoreta podrá dialogar y de ahí saldrán las mejores secuencias del tomo. Y cuando uno cree que ya le “tomó el tiempo” a la obra, que ya entendió cómo está planteada la estructura dramática y supone que Max no se va a mover mucho de ahí, el catalán pega un volantazo brillante y a 10 páginas del final arma y resuelve un conflicto a una escala mucho mayor que los que habíamos visto hasta el momento. Con lo cual la novela se vuelve otra vez impredecible, como si en vez de en la página 101 estuviéramos en la 2.
El desierto y las alucinaciones le permiten a Max crear algo que a los historietistas en general les encanta: un mundo donde la lógica funciona distinto, donde las reglas son otras y pasan cosas rarísimas en un contexto de fingida normalidad. Eso que inventó hace más de 100 años George Herriman en Krazy Kat, sigue vivo en Max, y de hecho acá hay algún homenaje bastante explícito a la inmortal historieta de Herriman. En pocas páginas, Max le da entidad a un mundo ensimismado, bizarro, de una falsa simplicidad. Ese mundo le impone el clima a la obra, tanto que Nicodemo se ve sumergido en él tan rápido y de modo tan definitivo, que si Max quisiera mostrarnos un flashback a la vida del protagonista previa a su llegada al desierto, nos parecería un desubique mayúsculo, casi una atrocidad.
Hasta la página... 16, uno sospecha que Max decidió ambientar esta historieta en un desierto para no dibujar fondos y terminarla más rápido. Pero pronto (y gradualmente) empiezan a aparecer escenarios más y más elaborados, cosas cada vez más difíciles de dibujar y ya en el último tramo de la obra (cuando nos acercamos a la página 90, más o menos) lo tenemos al catalán dibujándose la vida, en secuencias que le exigen un tremendo despliegue de efectos gráficos, todos solucionados con tinta, plumín, pincel y talento. A lo largo de toda la obra, además, tenemos un trabajo formidable en el lenguaje gestual de los personajes: rostros y cuerpos de increíble expresividad, en constante movimiento, que se contraponen brutalmente a la quietud y la escacez de los decorados. Y todo en un blanco y negro puro, sin tonalidades, perfectamente equilibrados.
Vapor es una hermosa historieta, que te intriga, te inquieta, por momentos te hace vibrar al ritmo de una acción atípica (pero acción al fin) y al final te deja pensando. Son muchos los logros de Max en esta obra y muchos los huevos del sello Musaraña, que apostó a editar esta joyita en nuestro país. Ojalá haya muchos más sellos decididos a traernos buenas ediciones locales de las grandes obras del comic europeo.
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miércoles, 28 de mayo de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
25/ 01: ¡FLIPADOS!
Parece mentira, pero con casi 49 meses de blog a cuestas, nunca había reseñado un comic de Max, uno de los autores fundamentales de los últimos 35 años del comic español. Max nació en 1956, en Barcelona, con el nombre de Francesc Capdevilla. Y antes de cumplir 25 años ya era un referente indiscutido de la revolucionaria movida underground, que tuvo como nave insignia a la mítica revista El Víbora. Casi todo el material que integra este tomo recopilatorio se publicó originalmente en El Víbora entre 1980 y 1982, años tremendamente álgidos y fértiles para la historieta española y particularmente intensos para la revista que dirigía el maestro Josep María Berenguer.
¡Flipados! reúne 14 relatos breves de los inicios de Max, casi todos centrados en Gustavo (el primer personaje importante creado por el autor) o su amigovia Lilian. El dibujo de este Max incipiente está muy pegado a la línea chunga, a la estética propuesta principalmente por Miguel Gallardo y Juan Mediavilla, que le debía no poco a clásicos del comic norteamericano como Elzie Segar, Cliff Sterret o Billy DeBeck. Max además agrega el detalle de los ojos sin pupilas, clara herencia de Harold Gray. Rápidamente despunta en las historietas de Max su inapelable talento como dibujante y narrador gráfico, aunque acá hay pocas pistas del grado de elegancia y sofisticación que va a alcanzar su grafismo hacia finales de los ´80, y muchas menos del viraje hacia la síntesis y la abstracción que iniciará el autor en la segunda mitad de los ´90. En sus primeros trabajos, además de alguna ocasional pifia en el armado de las secuencias, Max ya mostraba un trazo sumamente expresivo, que le permitía contar con mucha onda estas historias donde nada es 100% en serio ni 100% en joda, con un gran manejo del claroscuro, de las tramas mecánicas y los cross-hatchings enfermizos. Si bien su estilo va a evolucionar muchísimo, estos primeros “palotes” son muy atractivos a nivel visual.
¿Y qué onda los guiones? La verdad es que el tomo arranca con tres historias muy divertidas: la desaforada El Cuarto Rey Mago, una fábula muy zarpada y sin textos llamada Mujer Violada, y La Secta Maligna un thriller bien de género, con persecuciones, tiros y garches, que termina con un maravilloso homenaje a Antoni Gaudí. Después viene El Golpe, un slice of life menor, con el atractivo de ver a Max bancarse una grilla de 16 viñetas por página y después tres historias sin textos, muy bien dibujadas pero con guiones intrascendentes.
Así llegamos a Las Aventuras del Dr.Zap, la única historieta de 1979 y la única que no salió en El Víbora (salió en una revista que la dejó inconclusa hasta 2006, cuando se editó este libro). Acá vemos a Max más cerca del estilo del Joost Swarte setentoso, y demasiado preocupado por meter toneladas de texto y decenas de viñetas microscópicas en cada página. El guión (un pastiche de género) pierde rápidamente el interés.
Cuando el protagonismo se desplaza hacia Lilian, los guiones mejoran. La Bella y la Bestia es un chiste largo, pero excelente. Carnaval en Montemago va para el lado del realismo mágico, pero con chistes y groserías. La historia más extensa, Las Amigas de Lilian, combina fantasía, terror, erotismo y slice of life con verdadera maestría.
Lilian y las chicas vuelven para protagonizar la breve (y también buenísima) El Concurso de Rock, gran comedia de enredos. Y cierra el libro una historia menor (esta vez con Pep como partenaire de Lilian), Botánica Oculta, otro chiste largo menos gracioso que el anterior y con un dibujo de la hiper-concha de Dios, en el que Max le pinta la cara a Bernie Wrightson jugando de visitante.
Si te gusta la historieta under española de los ´80, esa hipnótica salvajada pasada de sexo, droga y rockanrol, no te pierdas ¡Flipados!. Y si sos fan de Max y lo seguís a todas partes, un libro que te permite descubrir sus primeras historias cortas sin hacer arqueología en revistas de hace más de 30 años virtualmente inconseguibles, te va a resultar una tentación muy jodida de resistir.
¡Flipados! reúne 14 relatos breves de los inicios de Max, casi todos centrados en Gustavo (el primer personaje importante creado por el autor) o su amigovia Lilian. El dibujo de este Max incipiente está muy pegado a la línea chunga, a la estética propuesta principalmente por Miguel Gallardo y Juan Mediavilla, que le debía no poco a clásicos del comic norteamericano como Elzie Segar, Cliff Sterret o Billy DeBeck. Max además agrega el detalle de los ojos sin pupilas, clara herencia de Harold Gray. Rápidamente despunta en las historietas de Max su inapelable talento como dibujante y narrador gráfico, aunque acá hay pocas pistas del grado de elegancia y sofisticación que va a alcanzar su grafismo hacia finales de los ´80, y muchas menos del viraje hacia la síntesis y la abstracción que iniciará el autor en la segunda mitad de los ´90. En sus primeros trabajos, además de alguna ocasional pifia en el armado de las secuencias, Max ya mostraba un trazo sumamente expresivo, que le permitía contar con mucha onda estas historias donde nada es 100% en serio ni 100% en joda, con un gran manejo del claroscuro, de las tramas mecánicas y los cross-hatchings enfermizos. Si bien su estilo va a evolucionar muchísimo, estos primeros “palotes” son muy atractivos a nivel visual.
¿Y qué onda los guiones? La verdad es que el tomo arranca con tres historias muy divertidas: la desaforada El Cuarto Rey Mago, una fábula muy zarpada y sin textos llamada Mujer Violada, y La Secta Maligna un thriller bien de género, con persecuciones, tiros y garches, que termina con un maravilloso homenaje a Antoni Gaudí. Después viene El Golpe, un slice of life menor, con el atractivo de ver a Max bancarse una grilla de 16 viñetas por página y después tres historias sin textos, muy bien dibujadas pero con guiones intrascendentes.
Así llegamos a Las Aventuras del Dr.Zap, la única historieta de 1979 y la única que no salió en El Víbora (salió en una revista que la dejó inconclusa hasta 2006, cuando se editó este libro). Acá vemos a Max más cerca del estilo del Joost Swarte setentoso, y demasiado preocupado por meter toneladas de texto y decenas de viñetas microscópicas en cada página. El guión (un pastiche de género) pierde rápidamente el interés.
Cuando el protagonismo se desplaza hacia Lilian, los guiones mejoran. La Bella y la Bestia es un chiste largo, pero excelente. Carnaval en Montemago va para el lado del realismo mágico, pero con chistes y groserías. La historia más extensa, Las Amigas de Lilian, combina fantasía, terror, erotismo y slice of life con verdadera maestría.
Lilian y las chicas vuelven para protagonizar la breve (y también buenísima) El Concurso de Rock, gran comedia de enredos. Y cierra el libro una historia menor (esta vez con Pep como partenaire de Lilian), Botánica Oculta, otro chiste largo menos gracioso que el anterior y con un dibujo de la hiper-concha de Dios, en el que Max le pinta la cara a Bernie Wrightson jugando de visitante.
Si te gusta la historieta under española de los ´80, esa hipnótica salvajada pasada de sexo, droga y rockanrol, no te pierdas ¡Flipados!. Y si sos fan de Max y lo seguís a todas partes, un libro que te permite descubrir sus primeras historias cortas sin hacer arqueología en revistas de hace más de 30 años virtualmente inconseguibles, te va a resultar una tentación muy jodida de resistir.
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