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jueves, 1 de agosto de 2024
EDITOR SE BUSCA
Tengo para reseñar dos libros bastante distintos entre sí, pero con algo en común: son obras en las que los autores tienen total libertad para hacer lo que se les canta, y la desperdician.
Cazador Sagas: Viajes Inesperados es un tomo de 2022 en el que la editorial Deux republica viejos episodios de Cazador de mediados de los ´90, ahora en blanco y negro. Son tres historias largas y una corta, todas a cargo de Jorge Lucas y Claudio Ramírez, dos dibujantes de gran talento que -inexplicablemente- no cosecharon más éxitos una vez que se terminó aquel furor que fuera Cazador. Esto arranca con una historia corta que repasa el origen del personaje, muy bien dibujada por Lucas y narrada "en serio", sin. chistes ni puteadas. Y después hay tres aventuras bien de machaca, con muchas puteadas, mucha violencia y poca profundidad. En la primera, Cazador es transportado al Lejano Oeste, donde visita y parodia todos los tópicos de ese género. En la segunda, aparece en el Ulster, en la época de Cuchulainn, donde combate junto a los antiguos guerreros celtas contra poderosos enemigos, entre ellos dragones y hechiceras. Y finalmente, tenemos una aventura en la que Cazador queda en el medio de una batalla entre ángeles y demonios, visita el Cielo y el Infierno y conoce a Dios y al Diablo. La segunda es una historia de palo y palo, donde todo pasa por el combate y el humor aparece solo en los diálogos groseros del protagonista, mientras que las otras dos son claramente sátiras, en las que los autores se cagan de risa de todo y meten chistes groseros (y algunos medio boludos) prácticamente en todas las viñetas.
En general, está todo muy bien dibujado (con "homenajes" a monstruos como Berni Wrightson, Frank Frazetta y Simon Bisley, más algunos dibujos copiados de fotografías), más allá de que, al ver las páginas en blanco y negro, se nota muchísimo que los fondos escasean más que los dólares en el Banco Central. No es todo parejo: hay páginas en las que se ve un esfuerzo, un compromiso, que no está presente en todo el libro.
Y ahí es donde hubiese estado bueno que apareciera un editor que les dijera a Lucas y Claudio que dibujen más fondos, que aflojen con las páginas de una sola viñeta, que les corrija las faltas de ortografía que ensucian los diálogos, que agregue los signos de puntuación que faltan en casi todas las páginas, que no afanen de manera tan alevosa dibujos de otros colegas... Un poco de orientación, para que el resultado sea un poco más consistente. Así como están, son aventuras ultra-violentas con chistes groseros, que probablemente impacten a los pibes de 12 ó 13 años, pero no mucho más. Si sos lector de comics, la aventura de "la guerra del Cielo y el Infierno" ya la viste hace mil años protagonizada por Lobo, y la sátira al clásico western ya la leíste en ocho millones de historietas. Pero la gracia de Cazador (por lo menos en los ´90, cuando se distribuía en todos los kioscos del país) era que llegaba a otro público, que en su mayoría no leía otros comics, por eso esto resultaba novedoso y original. Casi 30 años después y leído por un consumidor extremo de historietas, el atractivo de estas historias se reduce a unos cuantos dibujos muy bien logrados, que se disfrutan a full incluso en blanco y negro.
Me voy a Estados Unidos, año 2008, cuando reaparece Madman en la editorial Image, con una serie llamada Madman Atomic Comics, cuyo tercer y último tomo vimos el 27/09/22. A la hora de lanzar la revista (y después de seis o siete años alejado del personaje), Mike Allred entiende perfectamente que esto lo va a comprar gente que jamás leyó un comic de Madman y se le ocurre una idea brillante para que el nº1 funcione como una re-introducción de Frank Einstein y su mundo, atractiva para el que conoce lo anterior e hipnótica para quien se engancha por primera vez. Pero le sigue un nº2 en el que no se resuelve nada y la historia prácticamente no avanza, y un nº3 en el que Allred demuestra su talento desmesurado para el dibujo (con homenajes a un centenar de historietistas de distintos países y distintas épocas) pero tampoco aclara nada de lo que sucede. Ahí ya tendría que haber alguien que le diga "Bajá un cambio, maestro. Todo muy lindo, unos divagues existencialistas maravillosos, dignos de Jim Starlin en Warlock, un experimento visual glorioso, pero se supone que la gente lee esto para que le cuentes una historia".
Y en los cuatro números que completan este libro (que llega hasta el nº7) hay una especie de trama bastante fumanchera, que me hizo acordar a un comic de Moebius, de esos que mezclan misticismo con ciencia ficción. Hay viajes interplanetarios, un árbol que está vivo y ve cosas, un villano cósmico hiper-poderoso, una excusa medio absurda para que Madman comparta el protagonismo con los Atomics y un final con cierto vuelo poético, también muy raro, narrado con unos dibujos fastuosos a lo largo de 26 páginas sin textos.
En total, el libro consta de 162 páginas, en las que Allred desarrolla un argumento que se podría haber contado tranquilamente en una novela gráfica de 72 u 80. Acá hay espacio para escenas de acción (varias de las cuales no aportan nada a la trama), escenas románticas, escenas introspectivas, escenas lisérgicas, pero todo parece puesto más en función de mostrarnos lo bien que dibuja Allred que en función de un relato potente.
Me encanta cómo el autor nos invita a meternos en la cabeza del personaje para entenderlo y quererlo cada vez más, me derrito de emoción con esos dibujos (y los colores que aporta Laura Allred), me vuelvo loco con esas puestas en página imposibles y me divertí un montón jugando a identificar a los muchísimos autores cuyo trazo Allred reproduce en las distintas viñetas del nº3. Pero de nuevo, como cuando leí el Vol.3, me quedó gusto a poco en materia argumental. Veremos cómo me va con el Vol.2. Espero no llegar a la conclusión de que no fue una buena idea relanzar a Madman en el Siglo XXI, porque estoy hablando de un autor y un personaje que en los ´90 jerarquizaron como pocos al Noveno Arte y a mí, en lo personal, siempre me hicieron muy feliz.
Ni bien tenga más material leído, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.
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Cazador,
Jorge Lucas,
Madman,
Mike Allred
jueves, 19 de noviembre de 2015
19/11: MYSTIQUE Vol.1
Nunca fui muy fan de Mystique, y menos después de ver las últimas películas de los X-Men en las que le dan demasiado protagonismo y termina por opacar a personajes mil veces más interesantes como el Profe, Magneto, Beast o Quicksilver. Pero me sedujo el equipo creativo, y dije “bue, veamos qué onda”.
La idea es muy loca: el Profe Xavier tiene una especie de “Suicide Squad” que ni los X-Men conocen. Son agentes secretos (y mutantes) que cumplen misiones jodidas, comprometidas, vinculadas a entreveros políticos, en las que no se puede ver la mano del Profe ni siquiera cuando les va bien. Y a Xavier no se le ocurre mejor idea que reclutar como agente a Mystique, justo cuando la están por hacer boleta las fuerzas armadas de EEUU por sus numerosos crímenes de lesa humanidad. Entre palmar o laburar para el dolape, la mercenaria no duda demasiado y firma el pase (una vez más) al bando de los buenos.
La gran cagada que tiene este planteo es lo lento que se desarrolla. Para cuando Mystique empieza a involucrarse en su primera misión, faltan 7 páginas para que se termine el tercer episodio. O sea que está todo muy estirado. La idea es dedicarle todo un TPB de 144 páginas a una historia que se podría haber contado perfectamente en una graphic novel o un prestige de los ´80, es decir, unas 64 páginas. Pero claro, el guionista (al que todavía no nombré) es el maestro Brian K. Vaughan, especialista en estirar ideas para que abarquen un TPB entero, y además experto en armar secuencias en las que sólo hay diálogos. Lo positivo (ni hace falta decirlo) es que esos diálogos son casi siempre brillantes, punzantes, a veces cómicos, a veces durísimos, y sobre todo puestos en función de la construcción y el desarrollo de los personajes. La onda y la carnadura que lo pone a Forge, por ejemplo, es increíble. En 15 páginas lo hace mucho más creíble que John Francis Moore y Howard Mackie en más de 50 números de X-Factor.
Una vez que Vaughan la corta con los prólogos, las explicaciones y el sembradío de plots a futuro (siembra para 24 episodios, más o menos, pero al final escribirá sólo 13), arranca la misión en sí, y es todo medio blandengue hasta el final del quinto capítulo, en el que Mystique se ve enroscada en un dilema moral muy heavy, que se resuelve de modo bastante satisfactorio. Y ahí está la gracia, porque la lucha contra los “villanos” (el ejército de Cuba, nada menos) en ningún momento resulta atractiva, ni siquiera realmente riesgosa para la despiadada cambiaformas. La variante de Mystique jugando de heroína, al punto de arriesgar su vida para salvar la de los inocentes, hace ruido, pero poco. Es otro punto a favor.
Al frente de la faz gráfica está un artista seguramente conocido por todos los lectores de este blog: Jorge Lucas. Acá, el uruguayo radicado en Argentina reafirma sus cualidades camaleónicas. Así como en sus primeros trabajos se disfrazaba de Frank Miller, en Cazador coqueteaba con la línea de Simon Bisley y en sus primeros trabajos para Marvel jugaba a parecerse a Jack Kirby, acá Lucas arranca muy pegado al estilo Top Cow, al de los clones de Marc Silvestri. Después, de a poco, se va soltando y para la mitad del tomo (más o menos) ya lo vemos en un estilo un poco más personal, aunque siempre muy medido, muy controlado. Ni hace falta decir que Lucas tiene una capacidad de narrar con el dibujo muy notable, a años luz de los pecho frío de Top Cow. O sea que incluso disfrazado de ese tipo de pseudo-historietistas, brinda páginas muy armónicas, en las que la narrativa fluye sin mayor dificultad… y la rema hasta donde puede con esas páginas repletas de texto donde sólo puede dibujar a gente que habla.
En el balance final, la verdad que esta saga de Mystique no me emocionó como para salir a buscar otras. La recomiendo a los fans del personaje (obvio), a los talibanes de los comics de mutantes, a los completistas que quieran tener todo lo que escribió Vaughan, y a los que bancan a Lucas de local y de visitante, porque acá su trabajo es muy sólido, sin fisuras ni tiradas a chanta de ningún tipo. Ah, y esas portadas cuasi-porno de Joseph Michael Linsner me dieron vergüenza ajena…
La idea es muy loca: el Profe Xavier tiene una especie de “Suicide Squad” que ni los X-Men conocen. Son agentes secretos (y mutantes) que cumplen misiones jodidas, comprometidas, vinculadas a entreveros políticos, en las que no se puede ver la mano del Profe ni siquiera cuando les va bien. Y a Xavier no se le ocurre mejor idea que reclutar como agente a Mystique, justo cuando la están por hacer boleta las fuerzas armadas de EEUU por sus numerosos crímenes de lesa humanidad. Entre palmar o laburar para el dolape, la mercenaria no duda demasiado y firma el pase (una vez más) al bando de los buenos.
La gran cagada que tiene este planteo es lo lento que se desarrolla. Para cuando Mystique empieza a involucrarse en su primera misión, faltan 7 páginas para que se termine el tercer episodio. O sea que está todo muy estirado. La idea es dedicarle todo un TPB de 144 páginas a una historia que se podría haber contado perfectamente en una graphic novel o un prestige de los ´80, es decir, unas 64 páginas. Pero claro, el guionista (al que todavía no nombré) es el maestro Brian K. Vaughan, especialista en estirar ideas para que abarquen un TPB entero, y además experto en armar secuencias en las que sólo hay diálogos. Lo positivo (ni hace falta decirlo) es que esos diálogos son casi siempre brillantes, punzantes, a veces cómicos, a veces durísimos, y sobre todo puestos en función de la construcción y el desarrollo de los personajes. La onda y la carnadura que lo pone a Forge, por ejemplo, es increíble. En 15 páginas lo hace mucho más creíble que John Francis Moore y Howard Mackie en más de 50 números de X-Factor.
Una vez que Vaughan la corta con los prólogos, las explicaciones y el sembradío de plots a futuro (siembra para 24 episodios, más o menos, pero al final escribirá sólo 13), arranca la misión en sí, y es todo medio blandengue hasta el final del quinto capítulo, en el que Mystique se ve enroscada en un dilema moral muy heavy, que se resuelve de modo bastante satisfactorio. Y ahí está la gracia, porque la lucha contra los “villanos” (el ejército de Cuba, nada menos) en ningún momento resulta atractiva, ni siquiera realmente riesgosa para la despiadada cambiaformas. La variante de Mystique jugando de heroína, al punto de arriesgar su vida para salvar la de los inocentes, hace ruido, pero poco. Es otro punto a favor.
Al frente de la faz gráfica está un artista seguramente conocido por todos los lectores de este blog: Jorge Lucas. Acá, el uruguayo radicado en Argentina reafirma sus cualidades camaleónicas. Así como en sus primeros trabajos se disfrazaba de Frank Miller, en Cazador coqueteaba con la línea de Simon Bisley y en sus primeros trabajos para Marvel jugaba a parecerse a Jack Kirby, acá Lucas arranca muy pegado al estilo Top Cow, al de los clones de Marc Silvestri. Después, de a poco, se va soltando y para la mitad del tomo (más o menos) ya lo vemos en un estilo un poco más personal, aunque siempre muy medido, muy controlado. Ni hace falta decir que Lucas tiene una capacidad de narrar con el dibujo muy notable, a años luz de los pecho frío de Top Cow. O sea que incluso disfrazado de ese tipo de pseudo-historietistas, brinda páginas muy armónicas, en las que la narrativa fluye sin mayor dificultad… y la rema hasta donde puede con esas páginas repletas de texto donde sólo puede dibujar a gente que habla.
En el balance final, la verdad que esta saga de Mystique no me emocionó como para salir a buscar otras. La recomiendo a los fans del personaje (obvio), a los talibanes de los comics de mutantes, a los completistas que quieran tener todo lo que escribió Vaughan, y a los que bancan a Lucas de local y de visitante, porque acá su trabajo es muy sólido, sin fisuras ni tiradas a chanta de ningún tipo. Ah, y esas portadas cuasi-porno de Joseph Michael Linsner me dieron vergüenza ajena…
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viernes, 21 de septiembre de 2012
21/ 09: REGRESO A ARKHAM
Este libro es raro. Por un lado está bueno, porque siempre es positivo que los lectores de Cazador sepan que Jorge Lucas y Claudio Ramírez pueden hacer otras cosas, además de las tropelías bastante atroces y bastante reiterativas que le vimos protagonizar en los ´90 al Paladín de las Puteadas. Por el otro, a la variante que deciden explorar Jorge y Claudio, que es la de las historias cortas de terror al estilo Creepy, Dr. Tetrik y demás antologías setentosas, se le nota mucho la pasión y no tanto el brillo.
El libro respeta la estructura de aquel número 27 de Cazador y de hecho lo republica en su integridad, aunque remixado. Aquellas 28 páginas aparecen en este tomo, en distinto orden y en blanco y negro. Y el truco de hilvanar historias cortas con una secuencia en la que Cazador narra estos relatos a unos pibes kilomberos se extiende en páginas dibujadas ad hoc, para presentar otras historias cortas, realizadas por Lucas y Ramírez para otras publicaciones. Vamos a obviar las secuencias “nexo”, para centrarnos en los relatos breves.
El Asilo Siniestro, de Ramírez, está bien dibujada, pero el guión es la nada misma, apenas un puñado de lugares comunes, vulgarmente rejuntados. Herbert West, Reanimador de la Oscuridad, es el famoso cuento de H.P. Lovecraft adaptado por Lucas. La historieta tiene muchísimo texto (por ahí quedaba mejor con un par de páginas más) y está dibujada a un nivel altísimo, incluso con un bellísimo homenaje al Frankenstein de Bernie Wrightson. “El Gallego” Ramírez vuelve a la carga con Una Alianza Macabra, donde se nos narra el origen del enésimo monstruo imparable creado en los laboratorios de los científicos nazis en los días finales del Tercer Reich. Estaba bueno como origen para un enemigo de Cazador, o algo así. Como historia en sí misma, es muy predecible. El dibujo, impecable, eso sí. Y en su siguiente turno, Lucas mete la historieta del Cazador yanki que ya habíamos visto el año pasado en el Vol.1 de Etnica. Acá nos (re) encontramos con un guión breve pero muy digno, con alguna intención de trascender la mera machaca entre el protagonista y un bicho alienígena y un dibujo muy virado al estilo de Jack Kirby, con mucho dinamismo.
Las siguientes 24 páginas son las del infausto número 27 de Cazador, pero en blanco y negro. Acá vemos al antihéroe racinguista putear, matar, destripar, comerse cadáveres y hasta extorsionar a una minita para abordarla carnalmente. Es una orgía de sangre, gore y guarangadas, totalmente irredimible aunque en algún momento, alguna sonrisa te roba. Por supuesto, enseguida te avergonzás de que algo tan atroz te cause gracia.
Las Ratas del Cementerio es otro cuento clásico adaptado por Lucas, y otro trabajo visualmente increíble, con un montón de referencias fotográficas muy bien integradas al dibujo y algún homenaje (o choreo, andá a saber) al Viejo Breccia. La Ciudad de la Noche Eterna es otra historia corta de Ramírez, que funcionaría mejor si fuera un chiste largo, de dos o tres páginas. Como está bien dibujada, no molesta que esté estirada. La adaptación de El Sabueso que ofrece a continuación Lucas (también de aquel n° 27 del Cazita) tiene buen ritmo pero acá sí, la referencia fotográfica le gana definitivamente el protagonismo al dibujo y la historieta termina por verse como un pastiche de fotos apenas disimulado. Y esto se acaba con La Estirpe Maldita (otra del n° 27), donde Lucas y Ramírez realizan a cuatro manos una historieta muy interesante, con buen guión y un muy buen tratamiento gráfico, de nuevo con las fotos mucho mejor integradas al dibujo. Le hubiesen venido bárbaro tres o cuatro páginas más, para redondear mejor la conexión entre esta nueva historia y el origen del Cazador que se narró allá por el n° 7, pero está muy bien.
Obviamente el impactante éxito de este libro se apoya en el fanatismo que aún hoy genera Cazador. No creo que los fans del terror clásico se ceben demasiado con la propuesta, porque la verdad es que faltan guiones a la altura de los buenos dibujos que pelan Lucas y Ramírez. A falta de argumentos propios, Jorge recurre a la adaptación de cuentos ajenos y lo hace bien, pero el fan de las adaptaciones literarias seguramente se volcará por un Breccia o un Lalia y no se copará con las escenas en joda en las que aparece Cazador haciendo gala de su violencia extrema, su machismo revulsivo y su humor de letrina. Igual está piola que se hayan rescatado las historietas más civilizadas de esta dupla de salvajes, que sin duda dejaron su marca en la historia de nuestro Noveno Arte.
El libro respeta la estructura de aquel número 27 de Cazador y de hecho lo republica en su integridad, aunque remixado. Aquellas 28 páginas aparecen en este tomo, en distinto orden y en blanco y negro. Y el truco de hilvanar historias cortas con una secuencia en la que Cazador narra estos relatos a unos pibes kilomberos se extiende en páginas dibujadas ad hoc, para presentar otras historias cortas, realizadas por Lucas y Ramírez para otras publicaciones. Vamos a obviar las secuencias “nexo”, para centrarnos en los relatos breves.
El Asilo Siniestro, de Ramírez, está bien dibujada, pero el guión es la nada misma, apenas un puñado de lugares comunes, vulgarmente rejuntados. Herbert West, Reanimador de la Oscuridad, es el famoso cuento de H.P. Lovecraft adaptado por Lucas. La historieta tiene muchísimo texto (por ahí quedaba mejor con un par de páginas más) y está dibujada a un nivel altísimo, incluso con un bellísimo homenaje al Frankenstein de Bernie Wrightson. “El Gallego” Ramírez vuelve a la carga con Una Alianza Macabra, donde se nos narra el origen del enésimo monstruo imparable creado en los laboratorios de los científicos nazis en los días finales del Tercer Reich. Estaba bueno como origen para un enemigo de Cazador, o algo así. Como historia en sí misma, es muy predecible. El dibujo, impecable, eso sí. Y en su siguiente turno, Lucas mete la historieta del Cazador yanki que ya habíamos visto el año pasado en el Vol.1 de Etnica. Acá nos (re) encontramos con un guión breve pero muy digno, con alguna intención de trascender la mera machaca entre el protagonista y un bicho alienígena y un dibujo muy virado al estilo de Jack Kirby, con mucho dinamismo.
Las siguientes 24 páginas son las del infausto número 27 de Cazador, pero en blanco y negro. Acá vemos al antihéroe racinguista putear, matar, destripar, comerse cadáveres y hasta extorsionar a una minita para abordarla carnalmente. Es una orgía de sangre, gore y guarangadas, totalmente irredimible aunque en algún momento, alguna sonrisa te roba. Por supuesto, enseguida te avergonzás de que algo tan atroz te cause gracia.
Las Ratas del Cementerio es otro cuento clásico adaptado por Lucas, y otro trabajo visualmente increíble, con un montón de referencias fotográficas muy bien integradas al dibujo y algún homenaje (o choreo, andá a saber) al Viejo Breccia. La Ciudad de la Noche Eterna es otra historia corta de Ramírez, que funcionaría mejor si fuera un chiste largo, de dos o tres páginas. Como está bien dibujada, no molesta que esté estirada. La adaptación de El Sabueso que ofrece a continuación Lucas (también de aquel n° 27 del Cazita) tiene buen ritmo pero acá sí, la referencia fotográfica le gana definitivamente el protagonismo al dibujo y la historieta termina por verse como un pastiche de fotos apenas disimulado. Y esto se acaba con La Estirpe Maldita (otra del n° 27), donde Lucas y Ramírez realizan a cuatro manos una historieta muy interesante, con buen guión y un muy buen tratamiento gráfico, de nuevo con las fotos mucho mejor integradas al dibujo. Le hubiesen venido bárbaro tres o cuatro páginas más, para redondear mejor la conexión entre esta nueva historia y el origen del Cazador que se narró allá por el n° 7, pero está muy bien.
Obviamente el impactante éxito de este libro se apoya en el fanatismo que aún hoy genera Cazador. No creo que los fans del terror clásico se ceben demasiado con la propuesta, porque la verdad es que faltan guiones a la altura de los buenos dibujos que pelan Lucas y Ramírez. A falta de argumentos propios, Jorge recurre a la adaptación de cuentos ajenos y lo hace bien, pero el fan de las adaptaciones literarias seguramente se volcará por un Breccia o un Lalia y no se copará con las escenas en joda en las que aparece Cazador haciendo gala de su violencia extrema, su machismo revulsivo y su humor de letrina. Igual está piola que se hayan rescatado las historietas más civilizadas de esta dupla de salvajes, que sin duda dejaron su marca en la historia de nuestro Noveno Arte.
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