el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 19 de abril de 2010

19/ 04: SUB-MARINER: THE DEPTHS


Nah, se fueron al carajo. ¿Cómo le van a poner grandote el nombre de Sub-Mariner a un libro en el que Namor aparece en menos de 15 viñetas y no dice una sóla palabra? Acá Namor no hace de Namor, sino de una especie de criatura sanguinaria y misteriosa que mata gente, un rol parecido al del Alien de la primera peli, o de esos típicos bichos asesinos de película de misterio/ terror. Olvidate del Namor arrogante, noble y conflictivo. El Príncipe de Atlantis que aparece en esta saga es una leyenda, un mito para asustar a “los profundos” (que es como se llama a los tripulantes de los submarinos que operan a gran profundidad), una especie de yeti de cuya existencia nadie está 100% convencido. O sea, si sos fan de Namor no te dejes engañar y seguí de largo cuando te ofrezcan este libro, por más grossa que sea la ilustración de la portada (en la que te crean la ilusión de que Namor tiene el re-protagonismo).
Dicho todo esto, es momento de aclarar que The Depths es un muy buen comic. Para disfrutarlo, hay que leerlo como lo que es: un thriller asfixiante, claustrofóbico, siempre al límite de la locura, que nos narra la aventura de un científico de los años ´50 que quiere refutar de una vez por todas las leyendas acerca de la existencia de la ciudad sumergida de Atlantis. Racionalista obstinado y bastante soberbio, el Dr. Randolph Stein se embarca en un submarino preparado para surcar las máximas profundidades oceánicas. La excusa es averiguar el paradero de un colega suyo que desapareció buscando Atlantis, pero lo que Stein realmente se propone es demostrar que Atlantis no existe.
La meta científica de Stein se va transformando en obsesión y el clima a bordo del submarino se enrarece. Pasan cosas extrañas, crecen las tensiones y para cuando llega el momento de reabastecerse en la base ubicada en la fosa de las Marianas, el suspenso cede frente al horror liso y llano. No quiero spoilear la trama, así que hasta acá llegamos.
El guionista que imaginó esta historia sórdida y truculenta, sin buenos ni malos, no es otro que Peter Milligan, un grosso de notable grossitud, tan grosso que logra que Marvel le publique una obra tan extraña como esta. Milligan construye a la perfección al personaje de Stein y al resto de los tripulantes del submarino. En el contrapunto entre estos (supersticiosos y básicos) y el científico (racional y sofisticado) descansa buena parte del atractivo de la primera mitad de la saga, que puede hacerse un poquito pesada, pero cuyo clima es fundamental para que lo que viene después impacte con la fuerza necesaria. El final es tan lógico como polémico, ya que todo pasa por un dilema moral que Milligan resuelve de modo bastante atípico. Perdón por no ser más específico, pero me estoy esforzando por no revelar la data que Milligan mantiene oculta.
Por el lado del dibujo, nos reencontramos con el croata Esad Ribic, el monstruo que ya nos había hecho flashear con Loki. Acá hay una notable evolución en el trabajo de Ribic, que se despega de la línea más “fotográfica” y se vuelca hacia la impronta de autores como Bo Hampton y Richard Corben que, sin salir del estilo pictórico, han hecho cosas más expresionistas y personales. Al tener tanto peso en la historia el factor psicológico, Ribic se mata en las expresiones faciales, y por supuesto acomoda su paleta de modo milimétrico para plasmar con más fidelidad y más fuerza los climas cada vez más ominosos y jodidos que plantea el guión. Su Namor es espectral, pesadillesco, y sus marineros son, indudablemente, gente de carne y hueso.
The Depths es un trabajo consagratorio para Ribic y una nueva demostración de que, si lo dejan, Milligan puede pilotear con éxito proyectos totalmente inusuales, con otro tipo de personajes y tramas. Sin necesidad de pasarse de rosca o caer en lo ininteligible, The Depths logra atraparnos a los que queremos leer otro tipo de historieta, menos trillada y menos obvia. Sobra Namor, claramente, y lo podrían haber reemplazado por cualquier criatura fumanchera de Atlantis. Pero sin Namor esto era invendible y yo quiero que las buenas historietas se vendan mucho.

sábado, 16 de enero de 2010

16/ 01: ESSENTIAL SUB-MARINER Vol.1


Tarde pero seguro, Marvel se decidió a recopilar las historias de Namor de los ´60, las que arrancan justo después de su aparición en el n°7 de Daredevil, cuando el Príncipe de Atlantis pasa a compartir las páginas de Tales to Astonish con el Increíble Hulk. El Essential reúne todas esas historias de 12 páginas (TTA n°s 70-101), el especial que Namor compartió con Iron Man y el n°1 de su propia serie mensual, de 1968.
Casi todo está escrito por Stan Lee, así que si te gusta el estilo del viejito, se re-banca. Namor es un personaje atípico: taciturno, tempestuoso, siempre propenso a embarcarse en extensos soliloquios shakespeareanos en los que declama su nobleza, su fortaleza y su chapa infinitas. Pero es bueno y no es ningún tarado. Sus conflictos con los humanos estallan cuando los intereses de estos contrastan con los de Atlantis, y siempre se amigan a tiempo. Namor es, ante todo, un político, y esta es una serie que trata básicamente del poder. Los villanos que combaten a Namor no roban joyerías ni crean rayos devastadores: son tipos que quieren gobernar Atlantis, ni más ni menos. Lee nos muestra a Atlantis como una civilización culturalmente avanzada, de ancestral prosperidad, pero muy fácil de desestabilizar a nivel político, con reyes incuestionados que a la primera de cambio son destronados y condenados al exilio, o a escuchar la discografía completa de Enrique Iglesias. Es todo tan ingenuo y simplista que cualquier salame amasa enormes consensos en dos páginas y los pierde en cuatro viñetas (tipo Blumberg, pero mejor dibujado). Pero la serie fluye al ritmo del poder y la popularidad de Namor entre los atlanteanos.
Cuando se va Stan Lee (que vuelve para la obligatoria machaca con Hulk en el Tales to Astonish n°100) lo suceden sin mucha onda Archie Goodwin y Roy Thomas y es el segundo el que empieza a pelar una saga más o menos atractiva, justo cuando se termina el Essential.
En cuanto al dibujo, la mayoría de los episodios están dibujados por el genial Gene Colan, pero que acá sufre el entintado de ese flagelo, esa pandemia de los ´60 y ´70 conocida como Vince Colletta, un criminal de la tinta china que merecía terminar sus días en un penal de máxima seguridad, rodeado de asesinos y violadores que lo sodomizaran y le contagiaran las más dolorosas enfermedades venéreas. Los capítulos de Colan sin Colletta son gloriosos. Colan te convence en cada viñeta de que ese tipo semi-desnudo con cara de pocas pulgas no es un fisiculturista, ni un campeón de natación, ni un stripper, sino un REY, posta. Cada molécula de ese cuerpo (hasta las alitas en los talones) ostenta sublime majestad. Eso es power.
Y cuando no está Colan, tenemos nada menos que al legendario Bill Everett (que dibujaba a Namor en la Golden Age), con un estilo muy trabajado, muy lindo, aunque ya antiguo a mediados de los ´60. En los episodios de relleno, pintan Jack Kirby, Dan Adkins (acá en su faceta de clon de Wally Wood, con páginas logradísimas) y algún vedulero irredento, tipo Werner Roth. Para el último tramo, el del n°1 de Sub-Mariner, nos despedimos con otro lujo: el maestro John Buscema, como para que te den ganas de comprarte el segundo Essential ni bien salga.
Al igual que Aquaman, Namor es un personaje difícil de escribir, al que rara vez los guionistas le agarran la mano. Tal vez por eso no tenga en el Universo Marvel de hoy el protagonismo y la chapa que tuvo en la Golden Age. Pero este Essential da testimonio de que en los ´60, Stan Lee creyó en el personaje y lo laburó con toda la onda que le permitía el hecho de escribir 300 series por minuto. El resultado es un comic de superhéroes que se parece poco a todos los demás y que sin ser glorioso, conserva bastante de su atractivo original, lo cual no es poco. Imperius Rex!