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domingo, 3 de noviembre de 2024
DOS DE DOMINGO
Como broche de oro para un lindo fin de semana, salen con fritas las reseñas de los últimos libritos que leí.
El Vol.3 de Moon Girl and Devil Dinosaur continúa la línea de los anteriores, por eso lo disfruté mucho. El dibujo de Natacha está en un nivel exquisito, ideal para un comic apuntado a un segmento infanto-juvenil, que se supone que puede ser la puerta de entrada al Universo Marvel para chicos y chicas que recién se inician en la lectura de comics de superhéroes. Y lo que más me sorprendió es que en el número que no dibuja Bustos, entra un suplente que la descose. Un tal Ray Anthony Height, a quien no conocía, pero me impactó con su trazo fluído, potente, con un equilibrio logradísimo a la hora de ponerle volumen y peso gráfico a las líneas y las masas negras, enfoques copados, personajes muy expresivos... Muy capo.
En este tercer tomo, los guionistas Amy Reeder y Brandon Montclare cierran dos puntas que venían de los tomos anteriores: por un lado, terminan de consolidar la inserción de Lunella Lafayette en el Universo Marvel y de explicar cuál va a ser su rol de acá en más en una comunidad superheroica que no está muy acostumbrada a integrar a nenas de nueve años a sus filas. Por otro lado (y esto es seguramente más relevante) se terminan de aclarar los poderes de Lunella y su conexión con Devil Dinosaur. Si esto fuera una serie de TV, acá terminaría la primera temporada, porque hay un cierre consistente para los "misterios" que impulsaron las tramas hasta este punto.
Y aprovecho para tirar una idea que se aplica a este comic y a muchos otros. En esto de querer insertar a un personaje nuevo en un panteón superheroico que existe hace décadas, lo que realmente define es la mirada de afuera. ¿Qué quiero decir con esto? Que yo guionista de Moon Girl, en la revista de Moon Girl puedo hacer aparecer como invitados a todos los personajes grossos de Marvel, que todos la quieran, la aplaudan y la reconozcan como la superheroína más inteligente y más grandiosa de todos los tiempos. Si quiero puedo hacer que le gane ella sola al Dr. Doom, a Thanos, al que se me dé la gana. Pero eso no es lo que realmente define el status de Moon Girl en el Universo Marvel. Lo que define es lo que hagan con el personaje los guionistas de las otras series. Que la tengan en cuenta para hacerla aparecer como invitada de otros personajes, que le den roles relevantes en las sagas grandilocuentes en las que se involucra a todo el universo, que algo de lo que pasa en la serie de Moon Girl repercuta en otra revista, escrita por otros autores. Ahí es donde se realmente se concreta la integración de un nuevo personaje al universo, porque lo que vos hacés en tu propio título puede ser fácilmente ninguneado por todos los demás guionistas. Pero las apariciones en otras series, no. Sobre todo si son muchas y en roles importantes.
Nada, eso solo. Hay mucho más Moon Girl and Devil Dinosaur, por suerte la serie duró varios años, pero yo creo que llego hasta acá. No tengo los tomos posteriores, y los compraría solo cuando los vea muy baratos. Con lo que leí hasta ahora, estoy muy, muy conforme. Y me alcanza para recomendarle la serie a cualquier fan de Marvel, o del buen comic infanto-juvenil.
Y tengo otro Vol.3, en este caso de Gorgona, la antología producida en Colombia, que sigue creciendo y esta vez cruza el umbral de las 100 páginas. Una vez más, lo que prima en cuanto a contenidos son breves historias autoconclusivas, casi todas de cuatro páginas, escritas por Rodrigo Lucio. Hay una sola historieta en la que no participa el ubicuo guionista, un aporte muy competente de Mateo Ramírez y Gusanillo. Después hay mucho Rodrigo Lucio, con una amplia gama de dibujantes. de los cuales el único que dibuja más de una historieta es el talentoso entrerriano Carlos Dearmas, quien se destaca muy por encima del resto de los dibujantes que participan de la antología.
Lo cual no significa que no haya otros buenos dibujantes. Me encantó el trabajo de Zauros, un destello de imaginación y una cátedra de aplicación de tramas mecánicas. También vi buenos momentos en los aportes de Andrea Lucio, el impactante Hellokuso, Andy Mahler, Eri Kamaron y dos dibujantes que están para jugar en Primera: Adrián Castilla y Daniela Martín del Campo. Por supuesto que cuatro páginas son muy pocas para colgarle la chapa de crack a un dibujante, pero es lo que nos ofrece Gorgona: mucha variedad y poca cantidad de cada uno de los artistas involucrados.
De nuevo, me encuentro con que los guiones de Lucio son rarísimos. Muchos de ellos me sorprendieron por lo elevado de los conceptos, o por el vuelo poético de la prosa, o por un cierto tono filosófico. Pero lo que más me asombra es que la gran mayoría prescinde por completo del conflicto. Una cosa es plantear un conflicto y no llegar a desarrollarlo o a resolverlo del todo -porque tenés cuatro fuckin´páginas que no alcanzan para nada- pero Lucio va más allá y propone historietas (en algunos casos muy interesantes) sin siquiera presentar un conflicto. Reproduzco a continuación el texto que Lucio escribe y Daniela Martín del Campo reparte entre las dos primeras páginas de la historieta "Nubes Oscilantes":
Ahora lo entiendo. Recuerdo escucharte decir "el cielo es una inmensa fotografía de la gran explosión". Lo sé. Todo se mueve. Todo está estallando. Pero no podemos verlo. Todas las vidas, todas las civilizaciones, nos ofrecen solo una pequeña ventana hacia la eternidad. Somos demasiado efímeros, demasiado mortales. Solo nos llegan pequeñas señales de luz. Un mapa de huellas. De los caminos que tomaron la energía y la materia desde el primer momento. Incendios inimaginables. Nubes hechas de metal. El universo entero en llamas viajando a toda velocidad. Mutando segundo a segundo por milenios. Para luego enfriarse lentamente por siempre. Creando estrellas y galaxias y agujeros negros. Fugaces ilusiones de estabilidad en medio del caos celestial.
Está buenísimo. Es obvio que el tipo escribe muy bien, pero... ¿cómo dibujás esto? ¿Cómo lo plasmás en un relato gráfico? ¿Cómo generás en el lector una intriga, algo que lo atrape, que lo seduzca? Es muy raro. Y así son muchas de las historietas que Lucio escribe para Gorgona. Cuando logra que sus textos inspiren a los dibujantes y saquen lo mejor de ellos mismos, la falta de conflictos y las elevadas pretensiones se hacen más que tolerables. Pero a veces eso no sucede y te queda algo narrativamente etéreo y gráficamente frustrante. Por eso me parece raro que, número a número de la antología, Lucio insista con esta tesitura (sería injusto llamarlo "fórmula", porque acá hay más experimentación que repetición). Aún así, creo que entre los tres números de Gorgona que leí, hay unas nueve o diez historietas de Lucio muy notables, que se bancarían tranquilamente una recopilación en libro que funcione como una especie de "Greatest Hits" del guionista colombiano, que le sirva para darse a conocer (junto con los mejores dibujantes de la antología) en el resto del habla hispana.
Me fui al carajo. Perdón por la extensión de los textos y será hasta la próxima.
miércoles, 23 de octubre de 2024
RECUPERANDO RITMO
De a poco voy entrando en la sintonía de leer más y a mejor ritmo.
Hoy empiezo con un libro de 2018, el team-up entre Batman y The Shadow, dos justicieros nocturnos con muchas décadas de trayectoria que -inevitablemente- en algún momento tenían que tener su aventura conjunta. Esta la co-escriben Scott Snyder y Steve Orlando, y la dibuja Riley Rossmo.
A lo largo de estas... 132 páginas de historieta, me cayó la ficha de que Rossmo es mejor en dosis más pequeñas. Una historia corta en una antología, un numerito unitario, a lo sumo un annual o un prestige. En una dosis tan grande, no solo pierde impacto su particular estilo, sino que además le noto inconsistencias. Me gusta mucho su puesta en página, pero por momentos al dibujo le falta fuerza, parece hecho así nomás, y hasta te preguntás qué pasaría si le sacaras los colores de Ivan Plascencia. Probablemente varias de estas páginas quedarían al límite de lo impublicable.
¿Y tiene sentido que la historia se extienda a lo largo de todas esas páginas? No, ni a palos. Todo está jugado al contrapunto entre Batman y The Shadow: uno banca hasta las últimas consecuencias ese dogma de no matar a los villanos (ni siquiera a un psicópata pasado de rosca e irredimible como el Joker) y el otro los quiere hacer boleta a todos. Esa diferencia es la que los guionistas mejor explotan a lo largo de todo el comic. También hay una idea fascinante: The Shadow vigila a Bruce desde que quedó huérfano, y muchos de los maestros que entrenaron al joven Wayne para convertirlo en el justiciero perfecto... ¡eran identidades que asumió The Shadow para estar cerca suyo y guiarlo en su camino!. Eso solo garpa todo. Pero... así como abundan los aciertos en el rubro "interacción entre los personajes", escasean en el aspecto aventurero de la trama. El rol de Joker es patético, el de Jim Gordon también, los clásicos adláteres de The Shadow aparecen metidos con forceps y no aportan nada... y en general todas las peripecias, luchas contra los villanos, etc., son poco atrapantes. Hay excelentes diálogos (para variar, muchos los dice Alfred), está muy bien la caracterización de Renée Montoya (la única policía que parece tener un nivel intelectual superior al de un crustáceo), pero falla la acción, falla el misterio, la amenaza es chota, poco creíble... y ya para cuando aparece todo ese ejército de villanos de Gotham (donde conviven los más grossos con malhechores de cuarta y quinta categoría, algunos con tres o cuatro apariciones, con suerte), cualquier clase de verosímil que hayan construido Orlando y Snyder se va por el inodoro.
Básicamente, toda la historia (guion y dibujo) tendría mucha más fuerza si la hubieran resuelto en menos páginas. En 64, por ejemplo, con estas mismas ideas se podría haber hecho casi una obra maestra. Y por ahí nos ahorrábamos momentos bochornosos como esa batalla contra 20 villanos, o esa secuencia en la que Bruce queda a un milímetro de la muerte y al rato sale de nuevo a jugarse la vida, metido adentro de una bati-armadura que le permite moverse como si tres páginas atrás no lo hubiésemos visto hecho mierda, con más agujeros que ventana de bosnio. Siempre quise ver a estos dos personajes juntos, hacía tiempo que quería leer este team-up, y bueno... el resultado final me pareció bastante mejorable, más allá de algunos buenos momentos que me ofrecieron Orlando, Snyder y Rossmo. Es lo que hay.
Hace un tiempito (05/09/24) reseñé por acá el Vol.1 de Gorgona, la antología colombiana en la que distintos dibujantes trabajan sobre guiones de Rodrigo Lucio, y ahora voy por el Vol.2. Esta vez tenemos una entrega más voluminosa, de 88 páginas, que arranca con una portada magistral de nuestro compatriota Carlos Dearmas. Adentro, al haber más historietas, hay también más diversidad de dibujantes, entre ellos la muy correcta Luisa Rojas, la interesante Andrea Lucio y el más que digno Andrés Cruz. Pero claro, ninguno se acerca siquiera al nivel descomunal de los dibujos de Dearmas. Las dos historietas en las que mete mano el entrerriano son, lejos, lo más memorable de la antología.
En el resto del tomo, cada tanto aparece la puntita de una idea... que en cuatro páginas no se llega a desarrollar y mucho menos a resolver de manera satisfactoria. No entiendo bien la decisión arbitraria por parte de Rodrigo Lucio de que todas las historietas sean tan breves, porque es obvio que varias de ellas mejorarían mucho si tuvieran más espacio. La única de seis páginas (En el principio existió el vacío, una de las que dibuja Dearmas) es -para mi gusto- la que está mejor escrita, y en parte es porque Lucio tiene más páginas para desarrollar la idea y desplegar la prosa, ambas muy logradas. Lucio es un guionista raro, atípico, que plantea relatos cortos, pero además alejados de las fórmulas tradicionales. Por ahí aparecen géneros de "los de siempre" (ciencia ficción, terror, fantasía épica, peplum) pero Lucio los aborda de un modo muy peculiar, menos aventurero, a veces con más introspección, a veces con un tono más épico, pero siempre extraño, nunca fácil de clasificar. En sus historias no hay chistes, no hay estridencias, no hay conflictos entre malos y buenos... y a veces ni siquiera hay conflictos. Hay ideas, o puntitas de ideas, que la mayoría de las veces no se llegan a desarrollar. Tengo para leer también el Vol.3 de Gorgona (creo que hasta ahora es el último), así que pronto habrá más historieta colombiana acá en el blog.
Estoy en medio de la lectura de dos libros extensos, que prometo reseñar a la brevedad. Y para el miércoles 30, les prometo también una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando. En la de Septiembre me cubrió Diego porque yo estaba lejos, pero esta no me la pierdo. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 5 de septiembre de 2024
JUEVES DE HISTORIAS CORTAS
Costó un triunfo llegar a la noche de hoy con material leído como para sentarme a escribir reseñas, pero bueno, acá estamos.
Lo primero que tengo para comentar es un libro que contiene 24 historias cortas de Leiji Matsumoto, originalmente realizadas a mediados de los años ´70, cuando el hoy mítico mangaka era relativamente joven e inexperto. En 1998 las historias cortas se recopilaron en Japón, en 2014 una editorial francesa las tradujo con el título de 24 Histoires d´un Temps Lontain, y 10 años después me pude sumergir en estos relatos de aventura y fantasía.
Visualmente, esto está lejos de los mejores trabajos de Matsumoto. Se lo ve sólido en la narrativa (con muchos yeites heredados de la etapa más adulta y experimental de Osamu Tezuka), se luce cuando dibuja naves, máquinas y paisajes, pero a los personajes les falta variedad y expresividad, más allá de las pifias grotescas en la anatomía de las mujeres. Obviamente con el correr de más de 400 páginas, uno termina por acostumbrarse a ese trazo medio tosco, y a ese contraste entre personajes dibujados así nomás y máquinas alucinantes. Pero en 1975 a Matsumoto todavía le faltaba calidad para jugar en las grandes ligas.
Entre los guiones me encontré con tres o cuatro muy buenos, tres o cuatro calamitosos, y una mayoría de historietas con alguna buena idea, no del todo bien desarrollada, o muy estirada, o que viene bárbaro hasta las últimas dos páginas y ahí se desploma. Son todas historias en ambientaciones exóticas, desde la Prehistoria a las profundidades del espacio exterior, desde civilizaciones y planetas extintos a una de vikingos, o una de cowboys. Algunos son guiones que podrían haber aparecido tranquilamente en Skorpio, firmados por Ricardo Barreiro o Alfredo Grassi, por ejemplo. Y otros son más delirantes, porque a veces Matsumoto se va al carajo con el humor más ramplón y a veces derrapa por el lado más metafísico.
Me llamaron mucho la atención dos cosas: Primero, que en varios de los relatos (sobre todo en los últimos) aparece en un rol no demasiado relevante el famoso Capitán Albator. Sí, así es como se llama en Francia el Capitán Harlock, o Raimar, o Hārokku, el personaje central de la compleja mitología espacial que Matsumoto va a desarrollar a lo largo de varias series en las décadas de los ´70 y ´80, y que cada tanto reaparece aún hoy, generalmente en proyectos donde el creador se limita a supervisar el trabajo de otros autores. No sé si estas historias cortas son las primeras apariciones de Harlock, o si intersectan de alguna manera con series más extensas que ya circulaban en el mercado japonés.
Y lo otro muy llamativo es que en casi todas las historias hay escenas de sexo, muy light, en las que nunca se ven genitales. La mayoría son innecesarias, no contribuyen al avance de las tramas, parecen estar ahí porque alguien así lo dictaminó. Y lo más heavy es lo mucho que escasea el sexo con amor en el mundo de Matsumoto. Muchas de estas escenas tienen a la mujer (además de mal dibujada) en un rol lamentable. O se enamoran de un boludo que no las ama, o alguien las entrega a cambio de otra cosa, o se ven forzadas a tener sexo para obtener algo que necesitan, o son simplemente violadas por hombres feos o criaturas bizarras. Hay un par de historias donde aparecen, además de estas excusas chotas para mostrar nerca, mujeres empoderadas que no se sacan la ropa cuatro viñetas después de aparecer, pero son las menos.
En fin, si todas las historietas del tomo fueran como "La Ville Perdu de Venus", estaríamos hablando de una maravilla del Noveno Arte. Pero no es el caso y las inconsistencias tanto en guiones como en dibujos son insoslayables. Estaría bueno que esto se publique en castellano, para que los fans de Matsumoto puedan acceder a estos trabajos de la primera época del maestro, cuando no estaba en pañales, pero todavía se mandaba cagadas que más adelante no van a aparecer en obras que resistieron mejor el paso del tiempo, como Galaxy Express 999 o Queen Emeraldas.
Hasta hace no mucho tiempo, el virtuoso dibujante entrerriano Carlos Dearmas vivió en Colombia. Allá participó de la antología Gorgona, en cuyo Vol.1 lo vemos dibujar varias historias cortas escritas por Rodrigo Lucio. De nuevo, el nivel de los guiones es muy desparejo. Hay uno excelente (el aborda el mito de Aquiles), otros con una buena historia no tan bien desarrollada, y un par que no tienen ningún sentido, o que por lo menos yo no entendí qué intentaban contarme. Son historias cortitas (la más larga tiene ocho páginas), que Dearmas aprovecha para experimentar, sobre todo con la puesta en página. De ahí salen locuras, genialidades de un dibujante prodigioso pasado de rosca, aunque a veces sufre la propia narrativa, porque tantos elementos organizados de manera tan atípica hacen que el flujo de los relatos se pierda en algún lugar de todo ese fastuoso despelote gráfico. Esto está bueno para ver a Dearmas jugar, darle rienda suelta a su creatividad y su desmesurado talento para el dibujo, pero la lectura en sí es más confusa que gratificante.
Y las historias que no dibuja Dearmas cuentan con lápices, tintas y hasta colores de Gusanillo, un autor apenas correcto que -obviamente- pierde por goleada cuando vemos sus páginas al lado de las del entrerriano. Pobre Gusanillo, lo mandaron a atajar penales después del Dibu Martínez. Lo mejor que puedo decir de este dibujante es que encuentra la forma de que el color potencie muchísimo su dibujo. La historia en la que lo vemos trabajar en blanco y negro evidencia falencias muy notables, que solo se pueden permitir en un fanzine de autores muy primerizos. Y las que incorporan el color se ven mucho mejor, además de apoyarse en una narrativa más convencional y más clara que la que explota en las páginas de Dearmas. Lo cual sería genial si los guiones que le proporciona Lucio fueran buenos, pero no es el caso. Ninguno de los que dibuja Gusanillo se acercan siquiera al de Aquiles.
Tengo para leer dos tomitos más de Gorgona, que ojalá me sirvan para descubrir a nuevos autores colombianos a los que no tenía en el mapa. Ya sé que si reaparece Carlos Dearmas me voy a encontrar con un nivel de dibujo superlativo, con páginas que te detonan las retinas incluso si los guiones son la nada misma. Ese disfrute está garantizado. Pero voy por más, porque quiero encontrar trabajos de los autores colombianos que se acerquen a ese nivel.
Gracias por el aguante y ni bien pueda vuelvo a postear por acá, ya en la recta final rumbo al parate que imponen mis vacaciones.
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