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domingo, 6 de junio de 2021
31 de MAYO al 6 de JUNIO (parte 2)
Bueno, ahora sí, más reseñas de material que leí durante estos últimos días.
Me gustó mucho Viaje con Bill, una extensa novela gráfica del maestro alemán Matthias Schultheiss que data de 2010. Esto es algo muy distinto a todas las obras en la muy diversa carrera del autor, que esta vez nos propone una road movie atravesada por un realismo mágico con ciertos tintes new age. Sostenida en dos personajes muy carismáticos y uno que es una especie de cero a la izquierda, Viaje con Bill no se preocupa demasiado por explicar todo lo que sucede, y por momentos hasta te hace sospechar si algunas de las cosas que suceden están ahí porque son importantes para la trama, o simplemente porque Schultheiss tenía ganas de dibujarlas. Pero siempre ganan la tensión dramática y la profundidad emocional que el autor le imbuye a la historia y a los protagonistas (por lo menos a Bill y a Tweety), con lo cual ni siquiera las escenas más limadas, o aparentemente más inconexas, alcanzan para desengancharnos del relato. Como toda road movie, Viaje con Bill propone un ritmo lento, con trayectos en los que no pasa demasiado y en los que la contemplación predomina por sobre la acción. Y de nuevo, eso tampoco le resta atractivo a la historia ni nos invita a desengancharnos ni a pasar más rápido las páginas del libro.
Esto se debe en buena medida al maravilloso trabajo que realiza Schultheiss en el dibujo, en las composiciones, en la puesta en página, en los climas que logra con su inagotable paleta de colores. Acá tenemos un retrato de la Norteamérica actual, de sus rutas, sus pueblos, su gente, sus paisajes, realmente sublime. Te dan ganas de agarrar un auto y salir a hacer el mismo recorrido que hacen los personajes en el libro, para ver con tus propios ojos ese pedazo (extenso y variado) del mundo real que Schultheiss muestra a través de su particular estilo. La verdad, no se me ocurre nada para criticarle. Por ahí ese tramo medio new age, con el chamán y el barquito, pero está todo tan bien dibujado y a nivel narrativo etsá tan bien contado, que no tiene sentido cuestionar nada. Si no te provocan rechazo las historias en las que algunos elementos fantásticos se cuelan por la ventana de una trama realista, 100% verosímil y 100% humana, no tengo dudas de que Viaje con Bill tiene altas chances de conquistarte, como me conquistó a mí. Y si sos fan de Schultheiss y amás sus dibujos al punto de comprarle cualquier cosa sin importar la calidad de los guiones, obviamente esto no te lo podés perder por nada del mundo.
Ya muy cerca de terminar la pila de libros editados en Argentina durante 2020, me sumergí en Las Nuevas Aventuras de Dugong y Manatí, la novela gráfica realizada en solitario por Quique Alcatena, en la que retoma a los personajes que ya conocíamos de aquel librito reseñado el 01/07/14. Guarda, este no es el Alcatena que trabaja para Italia, sino el Alcatena que escribe, dibuja y colorea una aventura apta para todo público, en la que se otorga a sí mismo total libertad para jugar a un juego en el que está muy canchero. La novela gráfica está poblada de personajes tomados de otras mitologías (la de Popeye, la de Corto Maltés, la de Tintín, la de Moby Dick, la del Yellow Submarine de los Beatles, etc.) y de otros inventados por Quique, en la línea de los superhéroes de la Silver Age de DC, y que no desentonarían para nada en el universo de Dr. Paradox.
Como las aventuras de Paradox, esta de Dugong y Manatí no exploran demasiado en la personalidad ni las motivaciones de los protagonistas, sino que se centran en una trama de suspenso y acción, que derivará en una gran pelea final en la que (lógicamente) ganarán los buenos. El poco desarrollo de personajes que hay, se lo llevan los secundarios, mientras que el dúo protagónico funciona más como un deus ex machina que como personajes con los que el lector se pueda identificar. De hecho, ni siquiera está muy justificado que sean dos. La historia se puede contar exactamente igual sólo con Dugong o sólo con Manatí, porque parte del chiste (que a mí particularmente no me parece gracioso) es que ambos sean casi imposibles de distinguir uno del otro.
Básicamente esto es Alcatena apostando a lo seguro, a lo que conoce a la perfección y le sale de taquito. Y funciona, te entretiene, te arranca varias sonrisas, por momentos te atrapa en la intriga que urden los villanos, y además está todo muy bien dibujado. Extraño un poco esa galería infinita de palacios, criaturas y ejércitos tomados de las más diversas culturas o nacidos de la inagotable imaginación de este prócer del plumín, pero también entiendo que esta historieta en particular va para otro lado y se nutre de otra iconografía... que Quique también maneja con una maestría infinita. O sea que no hay mucho riesgo, pero hay garantía de diversión, de personajes atractivos, de una trama ganchera y, si venís muy acostumbrado al Alcatena que dibuja en blanco y negro esas historias más solemnes o más reflexivas, acá vas a encontrar algo muy distinto, que te puede servir como recreo, o para descubrir otra faceta de este autor fundamental del Noveno Arte.
Y ahora sí, no hay más. Será hasta la semana que viene, y no dejen de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital.
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Quique Alcatena
martes, 1 de julio de 2014
01/ 07: DUGONG Y MANATI
Este librito reúne el material realizado por Quique Alcatena para la revista Comic.ar y es una auténtica delicia. En primer lugar, se trata de uno de los pocos y espaciados trabajos de Alcatena como autor integral, sin formar equipo con un guionista. En esta serie, Quique recupera mucho de la onda de sus historietas “solistas” para la revista Anteojito, aquellas gemas ochentosas entre las que se destaca El Capitán Morsa, porque era la que a mí más me gustaba y la que quizás tenga más puntos en común con Dugong y Manatí. Con esto no quiero decir que Dugong y Manatí sea una historieta infantil. En todo caso, podría ser “para todo público”. Lo cierto es que la tira está imbuída de un espíritu lúdico alucinante, de modo que en cada viñeta hay juego, hay diversión, hay un autor que no se toma la aventura demasiado en serio, sino que la explora principalmente como vehículo de escapismo, de esparcimiento, de una fantasía mucho menos épica y mucho más distendida que en las obras más famosas de Alcatena.
Vistos de lejos, los portentosos protagonistas parecen ser héroes, o incluso superhéroes. Sin embargo, cuando te adentrás en las historias, resultan ser dos freaks valientes, pero bastante torpes y con menos luces que la lancha del contrabandista. Las aventuras tienen como factor común el mar, los puertos, las profundidades oceánicas, y eso le brinda a Alcatena la posibilidad de jugar con un amplísimo espectro de personajes secundarios y villanos, desde típicos marineros (como Tobías y su sobrina Pepita) hasta un faro que cobra vida, pasando por ligas (y sociedades) de justicieros enmascarados. Como en sus obras más complejas junto a Eduardo Mazzitelli, acá Quique se zarpa metiendo referencias y homenajes a otros historietistas (Hugo Pratt, Elzie Segar, Bill Everett), a Pinocchio, a Bob Esponja y –como siempre- a los Beatles. Y en un giro argumental digno de Caoscomic (otra obra semi-oculta realizada con Mazzitelli) incursiona en el meta-comic y termina por convertirse en personaje de su propia historieta, en el episodio en el que el villano ½ Mundo se roba el protagonismo.
El tono de toda la obra es claramente jocoso, y se puede leer en clave de sátira muy sutil a los comics de superhéroes de la Silver Age, con cuyas ediciones mexicanas creció Quique. De hecho, acá hay hasta palabras y giros idiomáticos que sólo recuerdo haber leído (hace no menos de 30 años) en aquellas infaustas traducciones que la editorial Novaro nos infligía a los chicos que queríamos leer comics de DC. Quizás lo más notable sea que, aunque las historias van para el lado del esparcimiento light, y la onda es muy familiar, muy ATP, las historias tienen su complejidad y hasta un cierto vuelo. No son pavadas, ni obviedades, ni esa cosa ramplona que uno asocia con los comics de DC de los ´60, escritos para un público compuesto en su mayoría por chicos de nueve años.
Por supuesto que, al estar pensada como una tira, Dugong y Manatí se ve muy distinta a las otras obras de Alcatena sobre todo en la espacialidad. Olvidate de esas páginas intrincadas, con dibujos inmensos laburados más allá de la comprensión humana y que bien podrían prescindir de los textos para disfrazarse de art-book. Acá, en una misma tira tenemos hasta cuatro viñetas chiquitas, y eso obliga al autor a dibujar y a narrar de otra manera. Así y todo, se conserva intacta la magia del plumín de Alcatena, su imaginación visual desbordante y su talento innato para crear maravillas sólo con el blanco y el negro. No están esas guardas, esos firuletes increíbles con los que Quique ornamenta sus viñetas en Shankar o Acero Líquido, por ejemplo. Pero están las texturas, los tramados, las manchas, los trazos de distinto grosor e incluso una atención llamativa a las expresiones faciales, supongo que producto de la intención cuasi-humorística de algunas secuencias.
Si sos fan de Alcatena, no tengo dudas de que Dugong y Manatí te van a cautivar. Se parece poco a lo que seguramente ya conocés, pero es un comic muy genuino, hecho con mucha pasión, con mucha onda y mucha calidad por un maestro que nunca, en ningún medio y en ningún formato, da menos del 100%. Pronto habrá más Alcatena, acá en el blog.
Vistos de lejos, los portentosos protagonistas parecen ser héroes, o incluso superhéroes. Sin embargo, cuando te adentrás en las historias, resultan ser dos freaks valientes, pero bastante torpes y con menos luces que la lancha del contrabandista. Las aventuras tienen como factor común el mar, los puertos, las profundidades oceánicas, y eso le brinda a Alcatena la posibilidad de jugar con un amplísimo espectro de personajes secundarios y villanos, desde típicos marineros (como Tobías y su sobrina Pepita) hasta un faro que cobra vida, pasando por ligas (y sociedades) de justicieros enmascarados. Como en sus obras más complejas junto a Eduardo Mazzitelli, acá Quique se zarpa metiendo referencias y homenajes a otros historietistas (Hugo Pratt, Elzie Segar, Bill Everett), a Pinocchio, a Bob Esponja y –como siempre- a los Beatles. Y en un giro argumental digno de Caoscomic (otra obra semi-oculta realizada con Mazzitelli) incursiona en el meta-comic y termina por convertirse en personaje de su propia historieta, en el episodio en el que el villano ½ Mundo se roba el protagonismo.
El tono de toda la obra es claramente jocoso, y se puede leer en clave de sátira muy sutil a los comics de superhéroes de la Silver Age, con cuyas ediciones mexicanas creció Quique. De hecho, acá hay hasta palabras y giros idiomáticos que sólo recuerdo haber leído (hace no menos de 30 años) en aquellas infaustas traducciones que la editorial Novaro nos infligía a los chicos que queríamos leer comics de DC. Quizás lo más notable sea que, aunque las historias van para el lado del esparcimiento light, y la onda es muy familiar, muy ATP, las historias tienen su complejidad y hasta un cierto vuelo. No son pavadas, ni obviedades, ni esa cosa ramplona que uno asocia con los comics de DC de los ´60, escritos para un público compuesto en su mayoría por chicos de nueve años.
Por supuesto que, al estar pensada como una tira, Dugong y Manatí se ve muy distinta a las otras obras de Alcatena sobre todo en la espacialidad. Olvidate de esas páginas intrincadas, con dibujos inmensos laburados más allá de la comprensión humana y que bien podrían prescindir de los textos para disfrazarse de art-book. Acá, en una misma tira tenemos hasta cuatro viñetas chiquitas, y eso obliga al autor a dibujar y a narrar de otra manera. Así y todo, se conserva intacta la magia del plumín de Alcatena, su imaginación visual desbordante y su talento innato para crear maravillas sólo con el blanco y el negro. No están esas guardas, esos firuletes increíbles con los que Quique ornamenta sus viñetas en Shankar o Acero Líquido, por ejemplo. Pero están las texturas, los tramados, las manchas, los trazos de distinto grosor e incluso una atención llamativa a las expresiones faciales, supongo que producto de la intención cuasi-humorística de algunas secuencias.
Si sos fan de Alcatena, no tengo dudas de que Dugong y Manatí te van a cautivar. Se parece poco a lo que seguramente ya conocés, pero es un comic muy genuino, hecho con mucha pasión, con mucha onda y mucha calidad por un maestro que nunca, en ningún medio y en ningún formato, da menos del 100%. Pronto habrá más Alcatena, acá en el blog.
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