Sigo encontrando obras rescatadas del bache, es decir, realizadas por los autores argentinos para Europa en la etapa post-1995, en la que acá ya no había dónde publicar esos trabajos, porque ya no existían ni Fierro ni Skorpio ni Puertitas, y Columba sólo reeditaba material viejo. Esta saga es de 1997, cuando Robin Wood ya no quería saber más nada con Pepe Sánchez, pero a pedido de la Eura de Italia, Carlos Vogt producía nuevos episodios con guiones propios.
Obviamente, luego de haber dibujado centenares de guiones de Robin, tanto de Pepe Sánchez como de Mojado, Mi Novia y Yo y otras series menores, Vogt tenía totalmente incorporado el ritmo narrativo y el estilo del humor tan particular que caracterizó a Pepe Sánchez desde sus inicios a mediados de los ´70. En esta saga, la ausencia de Wood se siente, pero no tanto. Lo más raro, lógicamente, es la extensión. Si bien cada uno de los cinco episodios tiene su remate, están todos integrados en un relato mucho más extenso que los que pergeñaba Robin. Las referencias a películas y series de TV están, pero no son tantas como en la etapa clásica, y además, al no tener que pasar por el filtro de la censura que ejercía Columba, hay algunos chistes un poquito más subidos de tono. O sea que, por lo menos a rasgos generales, las diferencias no son tantas ni tan marcadas.
El principal problema tal vez sea que Vogt es menos cómico que Wood. O por lo menos esta saga de Pepe no es tan graciosa como las que solían crear juntos. O en una de esas, lo que propone Vogt es demasiado fiel a un estilo de humor que nos causaba muchísima gracia hace 30 años y bastante menos gracia hoy. Lo cierto es que un personaje que habitualmente me arrancaba carcajadas, acá me sacó alguna risita tibia y un puñado de sonrisas, no mucho más.
Y eso que le puse onda, porque el dibujo de Vogt me gusta muchísimo. Excepto en los planos más amplios, esos donde los personajes se ven de cuerpo entero y de lejos, todo lo demás está perfecto. Vogt maneja como los grandes el lenguaje corporal y las expresiones faciales, tiene un gran dominio del timing, tanto para la acción como para la comedia, su narrativa es cristalina y cuidada, capaz de salir airosa de páginas con muchas viñetas y de secuencias donde sólo hay cabecitas que hablan, y además todo es absolutamente personal y reconocible. ¿Tiene historietas mejor dibujadas que esta? Ni hablar, seguramente habrá decenas de trabajos del maestro por encima de esta saga. Sin ir más lejos, Abbeyard de Scotland Yard, que es bastante posterior, le pasa el trapo con total facilidad. Pero, salvo esas viñetas de planos amplios que mencionaba (en las que las figuras humanas se ven torpes, como apenas bocetadas), no hay nada en este libro que no sea placentero a la vista.
Y bueno, así como Moonraker resultó una de las pelis más flojas de James Bond, nuestro torpe super-agente hincha de Chacarita también tuvo sagas mil veces mejores que esta. Uno a priori suponía que no sería demasiado complicado para Vogt revisitar los tópicos de la space opera desde una comedia costumbrista protagonizada por el más inepto de los espías, pero la verdad es que, incluso leída con onda, El Regreso del que te Jedi deja gusto a poco. Por ahí es que la temática no es la más afín al estilo del autor, tampoco es casualidad que en más de 50 años de carrera no la haya vuelto a tocar… no sé, no le termino de encontrar la explicación. Igual, si sos fan a muerte de Pepe Sánchez, sabés que toda excusa es buena para reencontrarte con el ídolo, y que mientras esté involucrado uno de los creadores, está garantizada la fidelidad a la fórmula que lo consagró y lo convirtió en uno de los personajes más populares de la historia de la historieta argentina.