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jueves, 14 de mayo de 2026
OTRA VEZ CON POCO TIEMPO
Tengo varios libros leídos, pero me costó un maple de huevos encontrar un rato para escribir las reseñas. Aprovecho que son libros cortitos para volver a incursionar en el formato de tres reseñas en una misma entrada del blog.
Johan et Pirluit es una serie clásica del maestro belga Peyo, recordada sobre todo por ser donde aparecieron por primera vez Les Schtroumpfs (los Pitufos, en el habla hispana). Pero, ¿qué onda el resto de la serie? ¿Se la bancan hoy estas aventuras escritas y dibujadas en 1957, pensadas para los pibes de 9-10 años que compraban todas las semanas la revista Spirou? Me parece que sí, a ver si lo puedo fundamentar.
El dibujo de Peyo todavía no está tan suelto como en los años ´60, sobre todo porque está atrapado en una grilla de 12 cuadros por página que no rompe casi nunca. Y muchos de ellos son cuadros con MUCHO texto, que dejan poco espacio para que levante vuelo el dibujo. Pero el trazo del belga es ajustado, amistoso, expresivo, dinámico, un par de cambios más abajo respecto del frenesí que André Franquin le ponía en esos años a las aventuras de Spirou, y sobre todo con una claridad narrativa infernal, lo cual hace de Johan et Pirluit la lectura ideal para los chicos que están en esa transición desde la historieta 100% humorística hacia relatos más aventureros, con más densidad argumental.
Y lo otro que me llamó la atención es que acá hay pinceladas del humor que asociamos con la etapa clásica de Astérix... ANTES de Astérix. Ese juego de "estamos en la Edad Media pero hablamos entre líneas de lo que sucede en la actualidad" ya está presente en esta obra de Peyo y la bajada de línea contra la explotación a los trabajadores por momentos cobra un enorme protagonismo. Por último (y hablando de Astérix) el devenir de la trama lleva a Johan y Pirluit a encontrarse con un anciano de larga barba blanca, poseedor de ancestrales saberes arcanos, que les habilita un líquido que proporciona fuerza, resistencia y vitalidad fuera de lo normal. ¿Visitaron la aldea gala y se encontraron con Panorámix? No, pero evidentemente el tropo de "la poción mágica" ya estaba presente en el comic infanto-juvenil franco-belga antes de que René Goscinny y Albert Uderzo rompieran todo con su icónica creación.
Johan et Pirluit está muy bien para conocer al Peyo pre-Pitufos, cuando el equilibrio entre aventura y humor lo llevaba más para el lado de la aventura, más allá de que en este álbum puntual hay varios chistes bastante graciosos. Y siempre es un placer verlo dibujar al ídolo.
Hace poco me topé con un recopilatorio de chistes de Crist editado en 1977 por Ediciones de la Flor (cómo la vamos a extrañar, LPMQLP). El librito titulado Crist-Dos ofrece un poco menos de 80 chistes de una sola viñeta, que andá a saber dónde se publicaron originalmente (¿Hortensia, Chaupinela, Mengano, Satiricón, Clarín...?) y que funcionan como un gran muestrario de lo que hacía el capo cordobés en esa etapa de mediados de los ´70. Lo más interesante es cómo cambia la línea de Crist: la evolución no es lineal, porque los chistes siguen un orden temático, no cronológico. Pero se nota que en un momento deja el plumín para adoptar las fibras, y se disfruta muchísimo cuando mezcla técnicas y mete pincel, plumín, fibra, algo que parece rotring (aunque no sé si ya existía el rotring a mediados de los ´70)... un delirio fascinante, con un impacto visual exquisito.
Es inevitable: uno trata de hablar de la obra de Crist como humorista gráfico y termina hablando de sus prodigios como dibujante, de su manejo inigualable de las técnicas gráficas, cuando no pictóricas. Y sí, en el libro me encontré con varios chistes muy buenos. Pero todo pasa a un segundo plano cuando entra en escena un dibujante de la magnitud de Crist. Hay dibujos tan zarpados, tan elaborados, tan complejos, que ni hace falta que los personajes digan algo gracioso. Eso que caracteriza al Crist de hoy, está presente también en esto trabajos de hace casi 50 años. La diferencia es que en el librito los dibujos están en blanco y negro y reproducidos a mayor tamaño, con lo cual se los disfruta más.
Creo que me falta un solo librito de humor gráfico de Crist, y estoy atento a ver si aparece, porque me parece un monstruo del que (injustamente) se habla muy poco.
Y para terminar, me leí el Vol.5 de Battlefields, la colección que recopila las miniseries de guerra que realizó Garth Ennis para Dynamite. Esta vez me cerraron bien el orto a mí, que siempre digo que Ennis la rompe toda cuando escribe historieta bélica. "The Firefly and his Majesty" es una historia tirando a pobretona, que cuenta en 66 páginas lo mismo que Bob Kanigher contaba en 10 ó 12 en los comics de DC de los años ´60. Lo más jugoso, que es esa fricción entre los ingleses y los irlandeses (que además no se fuman a los yankis), no está muy enfatizado más allá de algún diálogo. Y al final lo que más rescato (junto con los diálogos, claro) es el esfuerzo que hace Ennis para darle volumen y tridimensionalidad a los soldados de Tercer Reich, que no son simples villanos, sino personajes muy bien trabajados, que por las circunstancias de la guerra están del lado opuesto al de los protagonistas.
El dibujo del prócer Carlos Ezquerra está bárbaro, muy bien complementado por las tintas de su hijo Héctor y los colores de Tony Aviña. Pero esperaba más del argumento, sinceramente. Por suerte tengo en el pilón de los pendientes varias obras de Ennis, entre ellas otro libro de Battlefields en el que (me parece) aparecen por primera vez varios de los personajes de este arco que no me terminó de enganchar. Así que el irlandés tendrá oportunidad de "levantar la nota".
Nada más, por hoy. Sigo a full en la producción de la Comiqueando Digital que va a estar lista a fines de Junio, y siempre hay algo más por ahí, cobrando forma de a poco. Gracias y hasta pronto.
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domingo, 6 de septiembre de 2020
CRIST… ICA DE LA RAZON PURA
Ya me falta un tomito menos para tener todos los que me interesan de la mítica colección de Grandes Humoristas Argentinos publicada por Hyspamérica a fines de los ´80. El último que logré sumar a mi biblioteca es el de Crist, un libro que tarda en arrancar (el primer chiste aparece recién en la página 13) y que termina con SEIS páginas en blanco, como si el autor no tuviera más material digno de ser recopilado en libro. Por suerte en el medio hay 140 páginas de las cuales casi todas tienen chistes, y algunas tienen varios. Después discutimos si está bueno que aparezcan chistes de 35 tamaños distintos, algunos recontra-ampliados y otros reducidos a su mínima expresión. Pero me gusta que el material esté elegido con un criterio amplio: hay muchos gag panels de los que Crist realiza aún hoy para la contratapa de Clarín, mezclados con un montón de otros chistes que aparecían en revistas como Hum® u Hortensia, entre otras revistas. La producción de Crist que se ve reflejada en este libro es (a ojo de buen cubero) la de fines de los ´70 y el período 1980-87, una época en la que el maestro cordobés también incursionó en el campo de las historietas, que por suerte ya tengo en el libro reseñado el 27/01/14.
Varias cosas me llamaron la atención: Primero, que se eligieran para la recopilación unos cuantos chistes muy vinculados a la coyuntura de su momento, en los que Crist hacía humor con Ronald Reagan, Mikhail Gorbachev, o con películas que se estrenaron hace 35 años y hoy poca gente recuerda. Segundo, que la inmensa mayoría de los chistes no requieren del dibujo para lograr el efecto cómico que busca Crist. Los hay más graciosos y menos graciosos, pero lo más loco es que el humor que predomina es el que los humoristas gráficos llaman “humor radial”, es decir, chistes que podrían ser leídos por radio, sin la más mínima apoyatura de la imagen, sin perder su comicidad. Realmente son muy pocos los chistes en los que la gracia surge de la contraposición o de de la dinámica que se establece entre el texto y el dibujo. Esperaba que hubieran muchos más.
En cuanto al nivel de comicidad, encontré pocos chistes que me hicieran reir fuerte. La mayoría son (como es la norma dentro del “humor radial”) juegos de palabras ingeniosos, puestos en función de reflexiones, de ideas que postula Crist, desde una mirada en general bastante pesimista, de la vida, de la política, de la economía, de la sociedad, del progreso científico, etc.. Hay mucha filosofía en estos diálogos amañados, enroscados para arrancarle una sonrisa al lector. Evidentemente detrás del humorista hay un tipo preocupado, pensante, observador. No infalible, porque también tiene chistes que no son muy eficaces y otros que hoy serían impublicables, como el que dice “Yo creo que el animal transmisor del SIDA debe ser la Pantera Rosa”. Pero en su mayoría, las reflexiones de Crist van para el lado del deterioro económico, de la hipocresía de los políticos, de la ambiciones imperialistas de las grandes potencias, del choque entre culturas, de la alienación que padecen los artistas… Todos temas bastante más complejos que los clásicos chistes que aparecen en cualquier página de humor de cualquier diario.
Y dejo para el final lo más lindo, lo más brutal, lo más fascinante, que es el dibujo de Crist. Acá lo vemos experimentar con no menos de seis técnicas distintas, modificar totalmente su trazo, refinar el rotulado a niveles imposibles… La evolución nos la tenemos que imaginar, porque los chistes no están publicados en el orden en que fueron dibujados, sino que en una misma página conviven viñetas de épocas distintas, que parecen dibujadas por distintas personas. Así, conviven codo a codo trabajos de un Crist más genérico, más pegado a la estética típica del humor gráfico argentino de los ´70, con material en el que el cordobés ya se caga en todo y despliega rasgos estilísticos absolutamente propios, de esos que nadie puede reproducir sin convertirse en “un clon choto de Crist”. En todos los estilos, con todas las técnicas, tanto cuando juega al minimalismo como cuando sobrecarga las imágenes con detalles o texturas microscópicas, Crist impacta con su dominio del grafismo, su expresividad, su soltura y su inmensa libertad para hacer lo que se le cantara, sin ninguna restricción. Hace ya unos cuantos años que en la contratapa de Clarín los chistes de Crist aparecen coloreados, pero toda esta extensa etapa de blanco y negro (que se aprecia también en el hermoso librito La Tintaesencia de Crist, publicado en 1993 por Ediciones de la Flor) es asombrosa, por los riesgos y sobre todo por los logros que exhibe el autor. Aunque desaparecieran todos los textos de este libro (y junto con ellos, el 99% de los chistes) re da para tenerlo sólo para disfrutar de los dibujos, que son brillantes.
Nada más por hoy. A seguir leyendo historietas, y atenti que en cualquier momento nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.
lunes, 27 de enero de 2014
27/ 01: LAS HISTORIETAS DE CRIST
La verdad es que cuando uno piensa en Crist, no piensa precisamente en su producción como historietista, sino en su impresionante carrera como autor de “panel gags”, de chistes de una sóla viñeta. Sin embargo, el cordobés se esfuerza por dejarnos bien en claro que si llegó a donde llegó es porque el punto de partida fue la historieta, o en realidad su amor por las historietas de Milton Caniff, Frank Robbins y Hugo Pratt. De hecho, dos de las 14 historietas cortas que componen este libro se tratan de eso, del homenaje que Crist les hace a esos tres próceres del Noveno Arte, e incluso una indagación bastante a fondo acerca de qué elementos estilísticos de cada uno de ellos le llamaron la atención y resultaron definitivos para su formación como artista del pincel y la tinta china.
Por supuesto, las historietas de Crist rompen brutalmente con las rígidas consignas de los maestros del pasado. Más allá de que su manejo de ciertos implementos lo emparente con ellos, queda claro muy rápido que Crist está dispuesto a ir con su dibujo a donde Caniff, Robbins y Pratt no fueron jamás. Acá, además de un notable laburo de pincel y un magnífico manejo del claroscuro, hay aguadas, raspados, esfumados, texturas logradas de las formas más extrañas, mucho dibujo a plumín y hasta pedacitos de fotos o de otras historietas, recortados y pegados, integrados de alguna manera al grafismo del autor. A esto hay que sumarle un rotulado muy personal, por momentos bastante extremo, cercano al de Luis Scafati, y vamos a quedar frente a historietas que guardan pocas similitudes con las clásicas aventuras de los referentes a los que cita y homenajea Crist.
Tenemos, entonces, una faz gráfica repleta de libertad, de riesgo, de rupturas y búsquedas alucinantes, marcadas por una impronta autoral fuerte, tremendamente original y tan moderna que cuesta diferenciar a las historietas de los ´70 de las del 2007, que son las más recientes. ¿Y qué onda los guiones? Veamos.
Hay tres historietas en las que Crist no inventa las historias sino que trabaja sobre letras de canciones conocidas y las acompaña con imágenes, a veces bastante secuenciales (Pedro Navaja, La Gayola) y a veces cero secuenciales (Algo Personal). En las dos primeras hay ingenio y desafíos interesantes. En la tercera hay... buenos dibujos. No llega a calificar como historieta, casi.
La que más me gustó fue Love Story (paradójicamente, una de las que estaba inédita hasta la aparición de este libro), donde el dibujo resigna un cierto virtuosismo para dedicarse a apuntalar un guión muy ganchero. Las Manos de Cristóbal Reinoso se basa en un ejercicio de virtuosismo gráfico pero tiene la intención, a partir de ahí, contar algo divertido. Sigmund Marlowe es un festival de técnicas pictóricas, con un argumento original, interesante, y una narrativa rarísima, pero cuidada.
El Otro es otra de las que equilibran un dibujo vanguardista e hipnótico con un relato atrapante, que por ahí no termina tan arriba como empieza, pero igual está muy bien. Guns and Ammo, con sólo dos páginas, es otra de las historietas fundamentales, de las joyas que ofrece el recopilatorio. Y la otra impredecible y maravillosa es Hermanos, que es la que tiene un planteo narrativo más ajustado, más difícil de dibujar y a la vez más reader-friendly. Acá Crist se luce en todas las áreas y combina excelentes dibujos con ángulos variados, diálogos perfectos y un final muy gracioso.
Y nos quedan Seis Marías (un intento de mezclar comedia con realismo mágico, con dibujos impresionantes y un guión medio flojo), las dos que repasan y homenajean a las influencias de Crist, y la última, Un Cuento, en la que el dibujo es apenas un adorno, un acompañamiento para “vestir” de algún modo una idea más literaria que historietística, que aún así está muy bien.
El balance del libro es realmente positivo y además importante, porque nos muestra la faceta menos conocida de uno de los grandes nombres de nuestro humor gráfico. La edición de la Duendes es correcta, sin fallas notorias, más allá de la falta de onda e imaginación para dotar de un diseño atractivo a las páginas de texto (prólogo, biografía del autor, entrevista, índice). Esto desentona ostensiblemente con un libro que, en 65 de sus 80 páginas, te detona las retinas con un despliegue gráfico de altísimo vuelo. Si obviamos ese detalle, Las Historietas de Crist es un título sumamente recomendable, muy merecedor de la excelente repercusión que tuvo en los meses que lleva editado.
Por supuesto, las historietas de Crist rompen brutalmente con las rígidas consignas de los maestros del pasado. Más allá de que su manejo de ciertos implementos lo emparente con ellos, queda claro muy rápido que Crist está dispuesto a ir con su dibujo a donde Caniff, Robbins y Pratt no fueron jamás. Acá, además de un notable laburo de pincel y un magnífico manejo del claroscuro, hay aguadas, raspados, esfumados, texturas logradas de las formas más extrañas, mucho dibujo a plumín y hasta pedacitos de fotos o de otras historietas, recortados y pegados, integrados de alguna manera al grafismo del autor. A esto hay que sumarle un rotulado muy personal, por momentos bastante extremo, cercano al de Luis Scafati, y vamos a quedar frente a historietas que guardan pocas similitudes con las clásicas aventuras de los referentes a los que cita y homenajea Crist.
Tenemos, entonces, una faz gráfica repleta de libertad, de riesgo, de rupturas y búsquedas alucinantes, marcadas por una impronta autoral fuerte, tremendamente original y tan moderna que cuesta diferenciar a las historietas de los ´70 de las del 2007, que son las más recientes. ¿Y qué onda los guiones? Veamos.
Hay tres historietas en las que Crist no inventa las historias sino que trabaja sobre letras de canciones conocidas y las acompaña con imágenes, a veces bastante secuenciales (Pedro Navaja, La Gayola) y a veces cero secuenciales (Algo Personal). En las dos primeras hay ingenio y desafíos interesantes. En la tercera hay... buenos dibujos. No llega a calificar como historieta, casi.
La que más me gustó fue Love Story (paradójicamente, una de las que estaba inédita hasta la aparición de este libro), donde el dibujo resigna un cierto virtuosismo para dedicarse a apuntalar un guión muy ganchero. Las Manos de Cristóbal Reinoso se basa en un ejercicio de virtuosismo gráfico pero tiene la intención, a partir de ahí, contar algo divertido. Sigmund Marlowe es un festival de técnicas pictóricas, con un argumento original, interesante, y una narrativa rarísima, pero cuidada.
El Otro es otra de las que equilibran un dibujo vanguardista e hipnótico con un relato atrapante, que por ahí no termina tan arriba como empieza, pero igual está muy bien. Guns and Ammo, con sólo dos páginas, es otra de las historietas fundamentales, de las joyas que ofrece el recopilatorio. Y la otra impredecible y maravillosa es Hermanos, que es la que tiene un planteo narrativo más ajustado, más difícil de dibujar y a la vez más reader-friendly. Acá Crist se luce en todas las áreas y combina excelentes dibujos con ángulos variados, diálogos perfectos y un final muy gracioso.
Y nos quedan Seis Marías (un intento de mezclar comedia con realismo mágico, con dibujos impresionantes y un guión medio flojo), las dos que repasan y homenajean a las influencias de Crist, y la última, Un Cuento, en la que el dibujo es apenas un adorno, un acompañamiento para “vestir” de algún modo una idea más literaria que historietística, que aún así está muy bien.
El balance del libro es realmente positivo y además importante, porque nos muestra la faceta menos conocida de uno de los grandes nombres de nuestro humor gráfico. La edición de la Duendes es correcta, sin fallas notorias, más allá de la falta de onda e imaginación para dotar de un diseño atractivo a las páginas de texto (prólogo, biografía del autor, entrevista, índice). Esto desentona ostensiblemente con un libro que, en 65 de sus 80 páginas, te detona las retinas con un despliegue gráfico de altísimo vuelo. Si obviamos ese detalle, Las Historietas de Crist es un título sumamente recomendable, muy merecedor de la excelente repercusión que tuvo en los meses que lleva editado.
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