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viernes, 30 de diciembre de 2022
DOS AL CIERRE
Se termina el 2022, nomás, y yo estoy a full avanzando con la lectura del material de autores argentinos que se publicó este año.
La lamentable editorial Deux publicó un libro al que no me pude resistir: La Maga, una recopilación de la mítica serie creada para Skorpio por Eugenio Mandrini y Gustavo Trigo, allá por 1978. Son apenas seis episodios, pero alcanzaron para que cuando yo empecé a trabajar en esa revista (1987) todavía se recordara a La Maga como una de las mejores series que habían formado parte de la longeva antología.
La Maga es, sencillamente, una genialidad. Una obra claramente adelantada a su época, que incorpora un montón de elementos de los que 15 años más tarde le iban a dar forma a la "dark fantasy" que asociamos con la primera etapa del sello Vertigo. Los cinco primeros episodios componen un arco muy potente, donde la violencia no está enfatizada para nada, y el último es un unitario glorioso que se mete (repito, en 1979) con el tema del abuso sexual a niñas. Antes de volcarse de lleno a la literatura y la poesía, Mandrini escribió unas cuantas historietas, y esta es sin duda la mejor, la más arriesgada, la que exhibe de manera más perfecta su talento para crear textos hermosos, de un lirismo impensado para una revista de historieta de aventuras que leían pibes de 14 años. Diálogos y bloques de texto revelan desde el primer momento que La Maga no es una historieta más, sino que propone llevarnos hacia otros planos de la imaginación y la fantasía, más oscuros, más profundos y más bellos.
El dibujo de Gustavo Trigo es sublime. No recuerdo haberlo visto a este nivel en ningún otro de sus trabajos. El último episodio es el más tranqui, con una impronta muy similar a la que veríamos en Tierra de Monstruos (por ejemplo), pero los primeros cinco son una detonación nuclear. Con unos hallazgos impactantes en la puesta en página, Trigo arma unas secuencias hipnóticas, imposibles, combinadas con otras más tradicionales como para no alienar al lector de Skorpio con algo demasiado experimental. Pero cuando se zarpa, el recordado Negro Trigo se va al carajo y más allá, con imágenes fantasmagóricas en las que aparecen técnicas extrañas dignas del Viejo Breccia, composiciones dignas de Sergio Toppi, cross-hatchings enfermizos al nivel de los mejores trabajos de Leopoldo Durañona, manchas, tramas, momentos en los que el plumín parece cobrar vida, figuras hiper-realistas cercanas a lo que hacía Luis García, o José Ortiz en su momento más inspirado. Creo que es la primera vez que lo veo al Negro poner todo, no guardarse nada, demostrar con creces por qué los colegas lo consideraban un dibujante de otra categoría, que no se destacaba demasiado simplemente por la cantidad de páginas que producía todos los meses. Intuyo que Trigo se enamoró de La Maga y dijo "acá me la juego" y en vez de sacar las páginas con fritas, las sacó con pasión, con enjundia, con un virtuosismo rayano en la hechicería, que andá a saber si el público de aquel entonces valoró en toda su fabulosa dimensión. Este año tuvimos la posibilidad de redescubrir a esta maravilla perdida en las amarillentas páginas de Skorpio de fines de los ´70, y realmente me conmovió la calidad de lo que me encontré detrás de esa portada. Es una edición con falencias, como todas las de Muñones, pero el contenido hace imposible no recomendarla con vehemencia.
Y leí también un libro cuya edición es sencillamente magistral, una auténtica preciosura: Mara y Samu Rajan del Cielo, lo nuevo de Bruno Chiroleu. Pero nuevo en serio, porque no se parece una chota a las obras anteriores del autor rosarino. Si no te juran que es el mismo de El Borde, o de las historias que aparecían en la Términus, no lo podés creer. De la noche a la mañana, Chiroleu se reinventó como un autor de comedia, con un estilo mucho más caricaturesco que por momentos lo acerca al Lucas Varela más minimalista, o al Steve Purcell más descontrolado. Chiroleu desarrolla un grafismo hermoso, redondito, limpio, ideal para ser complementado con el color, que está aplicado con un buen gusto exquisito. El armado de las páginas también es muy atractivo, muy original, con grillas rarísimas que funcionan muy, muy bien, y una forma de ubicar las viñetas dentro de la página también muy llamativa y muy funcional al ritmo vertiginoso que Bruno le quiere dar al relato.
Mi único "pero" es que Mara y Samu se me hizo un poco larga. Esto mismo, con 30 ó 35 páginas menos, seguramente me habría pegado más fuerte y me habría atrapado más. Es algo que suele pasar con las historietas en joda: a veces la extensión (en este caso son unas 150 páginas) les juega en contra. Acá, en contraste con esa acumulación de peripecias que por momentos se hace confusa o pierde relevancia, tenemos personajes muy atractivos, muy buenos diálogos y un jueguito metatextual, con muchas referencias al hecho de que estamos frente a una ficción narrada en forma de historieta por un autor que -en su rol de demiurgo- decreta para dónde van a ir los personajes y qué tanto éxito van a tener en lo que se proponen.
No voy a contar de qué se trata la historia (el título algo explica), pero sí que parte de un planteo muy original, que tiene una muy lograda construcción de universo y que -como ya dije- es básicamente en joda, una aventura trepidante y descontrolada en la que puede pasar virtualmente cualquier cosa. De todos modos, el guion queda un par de escalones por debajo de la faz gráfica que -repito- es formidable en todos los rubros y tiene todo para catapultar a Chiroleu a trabajos de alto perfil en editoriales de mercados mucho más grandes que el nuestro.
Tengo leídos... un librito y medio más. Así que puede ser que mañana, último día del año, haya nuevas reseñas. Mientras tanto, si quieren leer más, les cuento que escribí un montón de material para el nuevo y espectacular número de la Comiqueando Digital, que se puede descargar por muy poquita plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com/
Gracias y hasta mañana.
Etiquetas:
Bruno Chiroleu,
Eugenio Mandrini,
Gustavo Trigo
sábado, 12 de enero de 2019
PREVIA CON RESEÑAS
Gran noche de sábado para
salir a atorrantear, pero antes, las reseñas de los brolis que me terminé en
estos días.
El Vol.3 de la Daredevil
Ultimate Collection recopila los números que me faltaba leer para completar la
etapa de Ed Brubaker al frente de esta serie, acompañado casi siempre por
Michael Lark. Brubaker tomó las riendas de Daredevil con el protagonista en
cana, y se va subiendo la apuesta, cantándole “quiero retruco” al pobre pibe
que viene después, que es Andy Diggle: para el final de la Era Brubaker,
Daredevil queda de capo de The Hand, la nefasta secta de ninjas místicos, que
se dedican a asesinar gente por un puñado de dólares. Si te parece mucho, te
cuento que Charles Soule cerró su etapa en Daredevil dejando al personaje muerto.
Eso es un “quiero vale cuatro”.
Básicamente el mega-TPB
podría dividirse en tres arcos argumentales. El primero (estirado hasta el
infinito) narra la odisea de Matt y sus amigos para evitar que muera en la
silla eléctrica un tipo de mierda, que en realidad es inocente. Una gran
historia, con infinita chapa para Dakota North, que pasa de cero a la izquierda
a personajón. El segundo tramo es el más pochoclero, el más jugado a la acción
de palo-y-palo, muy centrado en la irrupción de Lady Bullseye como asesina
estrella de The Hand. Acá Brubaker reparte el juego entre más y más personajes
y brillan el Maestro Izo y Iron Fist, entre otros. Y el tercer tramo es la
resolución: el regreso del Kingpin a New York, la guerra triple entre el
ninjerío, el capo mafia y los buenos y al final, el giro magistral e
impredecible con el que todo cierra: Daredevil desactiva la identidad de Matt
Murdock y asume la conducción de The Hand para la estupefacción de propios y
ajenos.
Por supuesto que todo este
descenso de Matt a los abismos de la corrupción está muy bien llevado. Todo el
tiempo al héroe le pasan cosas horribles, que lo hacen caminar por una cornisa
cada vez más finita. Rosquear con el Kingpin y The Hand es casi la solución
menos asquerosa de todas las que se le aparecen a Daredevil, en un contexto que
lo va asfixiando cada vez más, a medida que Brubaker le pisotea los ideales y
le complica los vínculos. Gran laburo de este guionista fundamental que tiene
hoy EEUU, muy bien complementado por un Michael Lark muy inspirado y muy
comprometido, al mismo nivel (o un poquito por encima) de lo que vimos en
Gotham Central. Gran cierre de la etapa que tuvo que bancarle los trapos nada
menos que a la de Brian Michael Bendis.
Salto a Argentina, año
2018, para leer El Borde, una novela gráfica escrita y dibujada por Bruno
Chiroleu, otrora director y asiduo colaborador de la antología Términus.
Me encantó el dibujo.
Bruno encuentra un punto justo entre realismo y expresionismo, y lo complementa
con un manejo magnífico del claroscuro y las tramas mecánicas. El armado de las
secuencias, la elección de los ángulos, el movimiento de la “cámara”, los
momentos en los que el autor decide matarse en los fondos u omitirlos por
completo… todo eso está impecable, al nivel de cualquier autor consagrado en
cualquier mercado de los importantes.
El argumento también me
resultó atrapante: un hotel en el medio de la nada (poco casualmente parecido
al que le sirve de sede a la San Luis Comic Con) varios huéspedes, un garca que
domina la escena con maligna frialdad, historias que se cruzan y se enredan, un
final trágico… No está mal. Lo que me hizo un poco de ruido es el guión en sí,
la forma en la que Chiroleu desarrolla esas ideas y esos personajes. El autor
recurre a escenas mudas, escenas oníricas, va armando un clima más bien
extraño, que por momentos se vuelve un poco críptico. No es que Bruno le escape
a las escenas más explícitas, para nada: hay piñas, tiros, cuchillazos,
persecuciones y hasta sexo entre un hombre grande y una menor de edad, que
acepta tomar una droga para estar inconsciente durante el garche.
Por suerte abundan las
sorpresas, los momentos fuertes y los volantazos en algunos personajes, que
parecen ir por un carril pero terminan en otro. Recomiendo tratar de leer El
Borde en clave de thriller clásico, sin dejarse distraer por esa impronta más
extraña, más ambigua, de relato enroscado onda David Lynch, que aflora por
momentos y que no es ni a palos lo que mejor le sale a Chiroleu. Espero ansioso
nuevos trabajos de este notable historietista.
Y esto es todo por hoy.
Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
Etiquetas:
Bruno Chiroleu,
Daredevil,
Ed Brubaker
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