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martes, 24 de junio de 2025
EN LA CLANDESTINIDAD
Ya hace tanto que no escribo reseñas para el blog, que me olvidé como se hacía. Perdón, pero estoy realmente muy jugado con los tiempos hasta el lunes 30, que -con un poco de suerte- sale el nº11 de Comiqueando Digital y empiezo a recuperar algo así como una vida. A durísimas penas y de a muy poquitas páginas por día, tengo un par de libros para comentar, así que ahí vamos.
Mish Mash es un álbum precioso, con hojas gruesas, que viene con una tarjeta de regalo, todo de super-lujo, para compilar bajo una misma portada 16 historietas cortas del maestro Blutch, originalmente desparramadas por distintas publicaciones entre 1992 y 2002. Como en toda antología, no hay un nivel parejo, sobre todo en los guiones. Blutch ya dibujaba como los dioses desde los inicios de su carrera, pero al principio las historias eran apenas excusas para dibujar lo que tenía ganas. No hay, en esos primeros trabajos, un cuidado por las tramas, o por desarrollar personajes, ni nada de eso. A veces son simplemente gags, o una breve serie de situaciones bizarras hilvanadas por una lógica que apenas se sostiene, como en los sueños. Pero siempre hay algo extraño, fascinante, o muy gracioso. Y los dibujos no son siempre iguales: Blutch está probando cosas nuevas todo el tiempo, algunas de las que va a descartar y otras de las que va a incorporar a su estilo más reconocible.
El primer guion de interesante para arriba es el de "Souviens-toi de Juan de la Cruz", y ya para "L´Enfance de l´Art" vamos a tener un guion tan cautivante como el dibujo. Las historietas que incorporan la temática del boxeo son espectaculares, con un despliegue de técnicas entre gráficas y pictóricas que te dejan knock-out, y las de Rancho Bravo (ambientadas en el far west y a veces con la colaboración de algún guionista) son una maravilla. También hay una breve historia de dos páginas protagonizada por Blotch (a quien conocimos un lejano 17/02/11), pero dibujada en un estilo muy distinto al que disfrutamos en ese entonces.
Libro ecléctico, con altas y bajas en los guiones y unos dibujos demasiado buenos para ser reales, o para ser obra de un autor que en 1992 tenía 25 y menos trayectoria que la piba que encabezaba la boleta de la UCR en la elección de legisladores porteños. Pero también un lindo rescate para que los fans de Blutch sumemos a nuestra biblioteca y descubramos material del ídolo que no sabíamos que existía y que no siempre se parece a sus obras más famosas.
Me voy a Japón, año 2020, cuando Masasumi Kakizaki (el autor de Hide Out, de quien hablamos el 29/07/20) toma la película Spy´s Wife (que es de ese mismo año) y la convierte en un manga de dos tomos, que por suerte en Argentina apareció en uno solo, cortesía de Ivrea. Como vimos hace poco en varias obras de autores europeos, las tramas de espionaje en el marco de la Segunda Guerra Mundial suelen dar frutos interesantes, y en este caso, con Japón en el medio del bolonki, hay mucho de dónde nutrirse.
Más allá de algún tropiezo narrativo, el manga es ganchero, te dan ganas de leerlo de una sentada, no de 130, como me pasó a mí... Le sobra un poco de data histórica, que aporta, pero no tanto como para dedicarle tantas páginas al "minuto a minuto" de lo que pasaba en la guerra, sobre todo al interior de Japón y en la relación con Estados Unidos. Obviamente el contexto determina varias decisiones que toman los personajes, pero Kakizaki lo presenta (para mi gusto) en demasiado detalle.
En general, las historias de espías tienen el atractivo de que no hay "buenos y malos". Todos son jodidos, todos esconden cosas y todos "flexibilizan" ciertos códigos éticos para cumplir la misión. Eso acá se respeta, pero a medida que el foco del relato se va hacia Satoko (la esposa del japonés que quiere denunciar un genocidio que descubrió en Manchuria, del cual es responsable su país), nos vamos a encontrar con una mina que no tiene maldad. Un personaje demasiado noble y puro para una historia como esta, que no tiene los dobleces que enriquecen al resto del elenco. O sea que paulatinamente, el guion le da cada vez más bola al personaje que menos encaja con este tipo de relatos. Al que aprendemos a querer, al que vemos desarrollarse un montón, pero que queda un poco anclada en la unidimensionalidad del amor y la lealtad extremas hacia su marido, que se revela (también paulatinamente) como tipo recontra turbio. Entonces tenemos malos tremendos (aunque hacen la mayoría de las maldades "fuera de cámara), a un personaje ambiguo e impredecible (Yusaki, el marido de Satoko) y un personaje (Satoko) que no para de arriesgarse ni de sacrificarse en un conflicto donde lo único que tiene para ganar es que no le maten a su compañero... que es incapaz de confiar en ella y blanquearle toda la verdad.
El dibujo está muy bien, al principio un poco frío, después ya más expresivo, más acorde a tiempos más extremos y más violentos que le toca vivir a los protagonistas. Kakizaki dibuja solo seres humanos y toma de fotos prácticamente todo lo demás, no sé si por rigor histórico o por fiaca. Y particularmente a mí me gusta cómo se ve el "efecto máscara" que explicaba Scott McCloud, con personajes y fondos en distinto registro, unos más sintéticos, o caricaturescos (el villano principal para el último tramo ya parece una caricatura de un personaje de Hirohiko Araki, o de Tetsuo Hara), y otros realistas al mango. Básicamente, Spy´s Wife me entretuvo, por momentos me shockeó y por momentos me conmovió, aunque me doy cuenta de que esta misma historia, ambientada en un país donde la gente le da más rienda suelta a las emociones, las pasiones, e incluso las venalidades, sería mucho más impactante.
Nada más, por hoy. Vuelvo a sumergirme en el laburo, que ya está en la recta final. Y nos encontramos mañana a las 22:30 en Agenda Abierta, para otro programa en vivo en el canal de YouTube de Comiqueando. Gracias y hasta pronto!
miércoles, 29 de julio de 2020
HIDEOUT
Pronto vuelvo a leer obras
de los mangakas fetiches de este blog (Inio Asano, Shintaro Kago, Usamaru
Furuya, esos muchachos), pero antes, una disgresión, un paréntesis para reseñar
un tomo autoconclusivo a cargo de Masasumi Kakizaki, un autor cuyo nombre es
imposible de recordar, y que Ivrea publicó en nuestro país a fines de 2019.
Hideout arranca como un
manga de misterio, incluso con un argumento que parece tomado de una historia
corta de House of Mystery o House of Secrets, y recién en la segunda mitad,
cuando ya estás totalmente sumergido en la historia, la cosa se pone bien
espesa en materia de terror. Lo bueno que tiene el guion de Kakizaki es que
combina terror “de asustarse” con terror psicológico. Hay personajes
monstruosos, pero también hay personajes de apariencia normal que meten miedo
por lo garcas, inescrupulosos y soretes que son. De nuevo aparece el tema tan
explorado por Hideshi Hino del seno familiar como el ámbito en el que el terror
crece, se desarrolla y se apodera de la gente. Acá, un hecho fatídico se
convierte en un trauma para una pareja cuyo dolor, en vez de cicatrizar con el
tiempo, los va a pudrir, a corromper hasta convertirlos en algo más
pesadillesco que los horrores que se van a encontrar en esa cueva en la islita
perdida en la Loma del Orto.
Kakizaki acierta al no
contar la historia de manera lineal, de modo que cada vez que la situación del
presente alcanza un punto jodido de tensión, frena el relato para introducir un
flashback y revelar algo importante del pasado de Seiichi y Miki. Y está muy
bien, porque cada vez que suponés que estos personajes ya no se pueden hundir
más en la fosa de la depravación, sucede algo más tremendo, más sórdido, que
hace que los consideres todavía más hijos de puta. Después, la peripecia en sí,
los peligros que corren, las amenazas a las que se enfrentan, son un
complemento que está bien, porque agrega tensión, impacto, violencia y todas
esas cosas que un buen thriller no puede no tener. No me volvió loco esa parte,
me parece que –mirada fríamente- le resta un poco al verosímil de la historia.
Funciona, porque uno ya está nervioso por la acumulación de cosas turbias que
el autor encara desde que van apenas 24 páginas. Pero también hace un poco de
ruido, porque no se termina de precisar (los propios personajes lo subrayan)
cuánto tiempo pasan ahí adentro, sin comer, sin tomar agua, sin curarse las
heridas, sin cagar… Ahí es como que lo turbio se hace medio borroso, como que
Kakizaki, en busca de ese shock bien salvaje, tira más humo que solidez
argumental.
Y lo mejor, lejos, está en
el aspecto visual de la obra. Gracias a Hideout descubrí a un dibujante
realmente increíble, dotado como pocos para dibujar terror, truculencia, asco.
Salvando las distancias, Masasumi Kakizaki es una especie de Berni Wrightson
del Siglo XXI, un dibujante con un manejo formidable de los climas, sobre todo
de los oscuros, y además dueño de un trazo firme, potente, de un virtuosismo
arrollador. Como a todos los mangakas de estilo más o menos realista, se le
nota muchísimo el trabajo con fotos, pero Kakizaki además mete mucho de su
propia cosecha en esos rostros desfigurados, o no, pero que estallan de
expresividad, y en esos efectos gráficos que le agregan unas texturas
alucinantes a la línea, que ya de por sí es espectacular. Y esos raspados sobre
las masas negras, que le quedan tan bien, sobre todo en las escenas de lluvia…
Además en las secuencias ambientadas en el pasado, cambia totalmente de
registro, de iluminación y hasta de técnicas para incorporar los grises, como
para dejar bien en claro que lo suyo no es repetir hasta el infinito el truco
que le sale bien.
Obviamente quiero leer más
material de Masasumi Kakizaki, a ver cómo se desenvuelve en otro tipo de
historias. Acá lo vi muy, muy bien, compenetrado con la narrativa, con mucha
variedad de enfoques, mucho ritmo. Una excelente sorpresa que ojalá haya encontrado
buena respuesta por parte del público local. Mientras Ivrea siga apostando por
este tipo de material (tomos autoconclusivos con temáticas que se alejan de los
pibitos con superpoderes y las chicas que se enamoran), acá tienen un goma dispuesto
a comprarles prácticamente cualquier cosa. Hideout me dejó en claro que
criterio para elegir buen material no les falta. Esto no está al nivel de un
Bakuman, o de un Oyasumi Punpun, pero no está lejos de un buen manga de Junji
Ito. Al lado de la mayoría de los mangas que se publican en Occidente, es una
obra maestra del Noveno Arte.
Bueno, nada más por hoy.
Creo que nos reencontramos el mes que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.
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