el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 4 de octubre de 2010

04/ 10: REX MUNDI Vol.2


Y hoy de nuevo tenemos un mundo alternativo, una versión de nuestro viejo y no muy querido mundo real, pero con algunas variaciones: la Iglesia Católica jamás perdió su hegemonía, el Sacro Imperio Romano todavía existe y Europa llega a la década del ´30 en un clima de tensión política, esta vez no generado por la Alemania nazi, sino por distintos conflictos menores y más sutiles que amenazan la estabilidad del Sacro Imperio y de Francia, que es donde transcurre la obra, y que acá es una monarquía parlamentaria, pero monarquía al fin. Ah, también hay hechiceros y sectas mágicas.
En ese contexto nos reencontramos con el médico forense Julien Sauniére, quien sigue adelante con su investigación para encontrar a los asesinos de su amigo, el cura Marin, y que sin darse demasiada cuenta, lo lleva a enredarse en el ancestral misterio del Santo Grial. Imaginate que el tipo, que viene de la medicina forense, no entiende nada de Templarios, órdenes secretas y sectas que hablan en latín, o sea que está perdidísimo. Ni siquiera es ambicioso, o sea que el supuesto valor económico del supuesto Santo Grial tampoco le quita el sueño. Pero va, va con todo, decidido a hacer lo que haga falta para exponer a los asesinos de su amigo. Claro que las pistas lo llevan hacia sospechosos cada vez más poderosos, y ya se sabe que investigar a los poderosos suele traer consecuencias jodidas, cuando no letales.
De eso se trata, por lo menos hasta ahora, Rex Mundi. Una serie creada por el guionista Arvid Nelson que guarda no pocas similitudes con El Código DaVinci (que se publicó después de los primeros números de Rex Mundi) y con otra novela mil veces mejor, El Péndulo de Foucault, de Umberto Eco, la cual Nelson no leyó nunca. Con paciencia y con un acertado timing, Nelson desovilla de a poco la intrincada madeja y logra no aburrir a pesar de que cada tanto hay que parar la acción para que alguien le explique al Dr. Sauniére quiénes son, de dónde vienen y de qué juegan las distintas facciones que lo quieren boletear o que lo ayudan en su búsqueda.
Sauniére, fuera de su valentía, es un personaje un poquito chato, por eso está bueno que los secundarios cobren un poco más de vuelo. Hasta ahora eso pasa, pero no tanto, y ese es el único déficit de un guión muy, pero muy ganchero y muy atento, muy preciso a la hora de meterse en detalles complicados. En este tomo, lo que realmente levanta mucho vuelo es el aspecto político de la trama. Las runflas del principal candidato a “malo de la película”, el Duque de Lorraine, ganan protagonismo y le sirven a Nelson para tensionar la situación, para poner no sólo a Sauniére, sino al resto de los personajes en un contexto cada vez más extremo, en el que puede pasar cualquier cosa, incluso si nadie descubre el Santo Grial.
Por el lado del dibujo, tenemos a Eric J, un dibujante más que digno, pero que evolucionó poco del tomo anterior a este. Uno imaginaba que se iba a soltar un poquito más y no, sigue ahí, firme. Con un dibujo limpio, lindo, muy funcional a la historia, pero con personajes cuyos rostros se parecen bastante entre sí y en los cuales las expresiones faciales escasean bastante. Uno se imagina esto dibujado por algún autor cuyos personajes “actúen mejor” (un Stuart Immonen, un Kevin Maguire) y en un punto lamenta que Eric J no le ponga tanta pila a ese aspecto, aunque en los demás cumple sobradamente con lo que se le pide. Y tiene además, un gran aliado en el colorista Jeromy Cox, que lo levanta muchísimo y hace un enorme aporte al look realista y ominoso de la saga.
En resumidas cuentas, si -como yo- sos fan de esas historias de conspiraciones milenarias, con los Templarios, el Priorato de Sion y todas esas runflas alucinantes para esconder, encontrar, resignificar o vender en e-bay el Santo Grial, o algún otro secreto ancestral de la Iglesia, Rex Mundi te va a apasionar y la vas a querer seguir hasta el final (son seis libros, nomás, tampoco es tanto). ¿Va lento? Sí, va lento, pero se disfruta muchísimo.

lunes, 6 de septiembre de 2010

06/ 09: REX MUNDI Vol.1



Esta es una serie a la que le tenía ganas hace mucho tiempo y a la que finalmente le pude entrar. Ya está, ya me hice fan. Con los primeros seis episodios me engancharon para seguirla hasta el final.
Arranca muy parecida al Tercer Testamento: alguien se choreó un papiro con data muy jodida de una catacumba top secret de los curas y empieza la investigación para encontrarlo antes de que caiga en las manos incorrectas. Pero en Rex Mundi el mundo no es el mundo real del Siglo XIII, sino un mundo alternativo del Siglo XX, en el que en la década del ´30 no existía el nazismo, sino una inquisición todavía muy poderosa, en una Europa sojuzgada por el poder de la iglesia católica. Julián Sauniére, un médico forense, será el encargado de llevar adelante (sin recursos ni apoyo ni nada) la investigación, en la que está bastante claro que van a jugar desde el arranque muchos más elementos místicos y sobrenaturales que en El Tercer Testamento. Pero una vez más vamos a escuchar hablar de los Templarios, de la primera cruzada y del supuesto parentesco entre Jesucristo y los merovingios, una familia que gobernó a Francia durante varias generaciones.
O sea que esto es una especie de cruza entre Sherlock Holmes y El Código Da Vinci, con intereses espúreos vinculados a la religión que se convertirán en obstáculos para que este científico llegue a la verdad. Por supuesto, ya de entrada hay una compleja y atractiva runfla política, que se enriquece con esa división política de Europa, EEUU y Asia inventada para esta serie, parecida a lo que hizo Howard Chaykin en American Flagg! Hay bastante Chaykin en la forma en que se desenvuelve la trama e incluso en la puesta en página y en la resolución gráfica de varias de las cosas que pasan en este primer tomo.
Los autores eran dos absolutos desconocidos hasta el momento en que debutó esta serie (que empezó en Image y terminó en Dark Horse): el guionista Arvid Nelson y el dibujante Eric J. Pero la falta de trayectoria no se convirtió en falta de chapa, para nada. Nelson se destapó como un gran guionista, que construye muy bien la trama, los personajes centrales, los climas, la ambientación y el ritmo que le quiere dar a la historia, mientras que con sólo ver un par de secuencias queda claro que Eric J es un historietista nato, completo, con todo para romperla. No quiero contar mucho de la trama porque es un misterio complejo que recién empieza. Pero sí destacar el jugo que le saca Nelson al truquito de hacer co-existir a la Inquisición con los gangsters de los años ´30, y cómo se las ingenia para mostrar escenas muy heavies, muy truculentas, sin que uno diga “Nah, te fuiste a la mierda”.
Eric J es parcialmente responsable de muchos de estos logros. De estilo académico y realista (una especie de Mike McKone inspirado, o mezclado con el mejor Bryan Talbot), Eric se basa en fotos para reproducir catedrales y palacios de la París de los años ´30, pero se reserva un sano nivel de frescura y expresionismo para dibujar a los personajes, todos muy bien definidos. El protagonista pone muchas veces la misma cara, pero se trata de un tipo particularmente áspero en el trato. El resto de los personajes actúa mejor, se mueve y se expresa con más soltura. Lo mejor de Eric J, de todos modos, está en la narrativa, en la forma en que fluyen las viñetas y en cómo dosifica la información que vuelca en cada una de ellas. No es un genio ni un maestro de los fundamentales, pero sí un tipo que entendió desde temprano que, por más lindo que se vea tu dibujo, si no lo ponés al servicio del relato, no aportás nada.
El tomo cierra con una historia breve, realizada para la web por los autores como promoción de Rex Mundi, con otra trama y otros personajes. Acá Nelson se termina de ganar mi confianza, cuando me demuestra que en pocas páginas (menos de 40) también puede plantear, desarrollar y cerrar una historia con inteligencia y originalidad.
Me quedan varios tomos sin leer, así que pronto volveremos con Rex Mundi, a ver cuánto cumple de todo lo que promete este primer recopilatorio.