el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 26 de marzo de 2012

26/ 03: MADAME XANADU Vol.4

Hora de despedir a otra serie de Vertigo bastante breve (29 episodios), que sin dudas daba para mucho más. Para este último tomo, Matt Wagner nos espera con seis episodios autoconclusivos, ambientados en distintos momentos de la década del ´60, con distintos protagonistas y con distintas dibujantes (“dibujantas”, diría Cristina). Veamos cómo viene la mano:
La primera historia es un toque predecible, pero logró ponerme nervioso y levantó mucho con el final. La dibuja Marley Zarcone, a la que no le sobra nada. Sus mejores viñetas parecen las de un clon correcto (aunque poco inspirado) de Brian Wood o Paul Pope y las peores parecen de Becky Cloonan un día “de esos” en los que no le sale una.
En la segunda hay un problema y es que sobra Madame Xanadu. Como el protagonista claramente “es malo”, se caga en el consejo de la que la tiene clarusa, y sigue adelante como si nada hacia su propia destrucción. O sea que si le sacás la escena entre Spencer y Nimue, te queda una muy jodida historieta de Flinch, o un capítulo con mucha mala leche de The Twilight Zone. Dibuja Laurenn McCubbin, una Ana María Flicker de la B Metropolitana, con un trazo que quiere parecerse el de Tony Harris pero no tiene onda y está mal coloreado. Decí que el guión es grosso...
El guión de la tercera historia no sólo es predecible: también se parece demasiado a decenas de guiones que ya leíste antes, sobre todo si consumís Vertigo (y especialmente Hellblazer) hace muchos años. Y encima está muy estirado: eso mismo se podía contar en –como mucho- 12 páginas. Dibuja Chrissie Zullo, quien parece estar muy canchera en el tema de ilustración de cuentos infantiles. Como historietista, más o menos, no es ni un adefesio ni una maravilla.
La cuarta historia es la más truculenta, la que más coquetea con el terror. Está ambientada en el siempre fértil mundo de las top models y los diseñadores de ropa cara y tiene un único problema (menor, por cierto) que es que Madame Xanadu resuelve todo muy fácil y en las dos últimas páginas. Frente a una amenaza tan heavy, daba para verla transpirar un poquito más. El dibujo corre por cuenta de Celia Calle, excelente ilustradora que había hecho varias portadas para American Virgin. Con su trazo extraño, sensual, hiper-estilizado e hiper-moderno (podría publicar tranquilamente en la Fierro o en La Murciélaga), Calle se adapta muy bien a las exigencias narrativas del guión de Wagner y termina por firmar las mejores páginas del tomo.
El quinto episodio juega con los hippies y las drogas y es –a nivel guión- la historia más importante, más canónica para Madame Xanadu. No quiero spoilear mucho. Sí subrayar que hay escenas realmente estremecedoras que yo nunca antes habia visto en un comic. Para dibujarla, Wagner convocó a Marian Churchland, una artista muy limitada a nivel dibujo, pero que se salva del descenso directo gracias a un magnífico trabajo con el color, que por momentos nos remite a una onda cuasi-pictórica, tipo Charles Vess.
Para el cierre, el regreso de la cada vez más sólida Amy Reeder (lo más parecido a una dibujante titular que tuvo Madame Xanadu) y un episodio rarísimo en el que no hay ningún conflicto, ni peleas, ni nada. La primera mitad nos muestra a Nimue interactuando con... un personaje secundario que debutó en el episodio anterior, y en la segunda mitad tenemos por un lado una especie de epílogo a la saga del Vol.3 (la de Morgaine Le Fay), y por el otro la vuelta de dos elementos recurrentes en los tomos anteriores: la visita del Phantom Stranger (que amagaba con co-protagonizar la serie allá por el Vol.1) y las menciones cada vez más explícitas al Universo DC. Y se acabó.
Como las adivinas truchas de Plaza Francia, yo le vaticinaba a esta serie una vida larga y próspera, pero no pudo ser. Me queda la tranquilidad de poder recomendar los cuatro tomos que salieron sin ganarme nuevos enemigos, porque realmente no hay un sólo arco que defraude. Te banco a muerte, Matt Wagner. Sabelo.

viernes, 16 de marzo de 2012

16/ 03: MADAME XANADU Vol.3

Mirámelo a Matt Wagner, qué vanguardista... Para este tomo abandona la ambientación que maneja de taquito (la New York de fines de los años ´30) y nos sitúa en 1957, ese fascinante período de la historia yanki, en el que el Sueño Americano estuvo a punto de hacerse realidad, de no haber sido por... un montón de contradicciones que estaban latentes, barridas abajo de la alfombra y que iban a hacer eclosión después de la muerte de JFK. La trama en sí se nutre de este contexto histórico un poquito menos de lo que debería, pero los detalles (que suelen enriquecer bastante a las tramas mayores) están y están muy bien puestos.
Como en el tomo anterior, Wagner elige narrar en paralelo una segunda historia, esta vez intercalada en el medio del tomo a modo de un extenso flashback, ambientado a lo largo de los años de juventud de Nimue (que así se llama Madame Xanadu) y su hermana Morgaine Le Fey, la villana de este arco. La mocedad de las chicas coincide con la llegada del homo magi a Europa, las conquistas del Imperio Romano y la época en la que las criaturas mágicas y los hombres coexistieron armónicamente, una época marcada por el legendario hechicero Merlín y el no menos legendario Rey Arturo. El flashback no sólo hace más sustancioso el pasado de las protagonistas al mostrarnos cómo la hoy irredimible, perversa y corrupta Morgana empezó su tránsito por la senda del mal ante la impotencia y la frustración de Nimue. Además provee muy buenas secuencias con tonalidades muy variadas: guerras, travesuras infantiles, masacres sanguinarias, sexo y debates profundos entre las chicas acerca de cómo usar sus fantásticos dones en un mundo donde el lugar de la magia está puesto en crisis.
Ya te recontra-spoilié quién es la responsable del bolonki que Madame Xanadu debe confrontar en 1957. Lo que no te dije es cómo le gana, y mucho menos gracias a la ayuda de quién. El co-protagonista de la historia que transcurre en los ´50 es el taciturno detective John Jones, un extraño policía que se hace invisible, levita, lanza rayos ópticos y se caga en las patas cuando algo se prende fuego. Wagner no lo nombra nunca con su alias más conocido, ni con su nombre original, así que yo tampoco lo voy a hacer, pero bueno, ya están todas las pistas para que el que entiende de qué estamos hablando saque sus conclusiones. Hoy, apenas dos años después del momento en que se publicaron estos comics, eso que hizo Wagner no se podría hacer en ningún comic de Vertigo, ya que estos no conservan ni el más tenue lazo con la continuidad (vieja, nueva, cualquiera) del Universo DC.
En cuanto al dibujo, en los flashbacks al pasado tenemos a Joëlle Jones, la muy competente dibujante de Token, una gran novelita gráfica que DC editó en su malogrado sello Minx. Y en el resto del tomo tenemos de regreso a Amy Reeder, la principiante que dejó al mundo boquiabierto con su labor en el primer tomo. Acá vemos a Reeder experimentar mucho más con la narrativa, pero sin repetir los truquitos clásicos de Matt Wagner. También la vemos optar por una estética más realista, más cercana a la del típico comic americano y no tan cercana a la de ciertos mangakas cuyas influencias se notaban más en el primer tomo. El guión, si bien no salta por 1000 años de historia como en el Vol.1, es muy, muy exigente para con quien tiene la tarea de ilustrarlo y Reeder sale más que airosa del desafío. En las portadas la vemos hacer gala de un dibujo sofisticado, glamoroso, rico en detalles preciosistas, pero adentro Reeder se pone el overol y se mata en cada escena para lograr imágenes fuertes, impactantes, coherentes con el misterio truculento y la acción furibunda que propone el guión.
En resumen, un muy buen arco argumental, bellamente ilustrado, para una serie que no termino de entender cómo no duró mucho más de lo que duró. Me queda por leer el cuarto y último tomo, que será reseñado a la brevedad.

miércoles, 8 de febrero de 2012

08/ 02: MADAME XANADU Vol.2

Retomo otra serie de Vertigo que tenía colgada desde los albores de este blog y que –como Unknown Soldier- sufrió inmerecidamente las bajas ventas y la prematura cancelación.
Guarda al hilo: sin ser choto ni mucho menos, este tomo no está al nivel del Vol.1 de esta serie ni del Vol.2 de Unknown Soldier. El primer tomo de Madame Xanadu dejó el listón muy arriba y era obvio que buena parte de sus logros tenían que ver con la forma en que Matt Wagner nos narró el pasado de este personaje que, antes de que él le metiera mano, era puro misterio, pura conjetura, a milímetros de la tábula rasa, de la nada misma. Y el origen no se puede contar en todos los tomos, por ende, ese impacto del Vol.1 lógicamente no se iba a repetir esta vez.
Aún así, Wagner se las ingenia para narrar en paralelo dos historias: un misterio sobrenatural bastante jodido que Nimue (que así se llama Madame Xanadu) debe resolver en 1940, y un drama, una tragedia sin nada parecido a un final feliz que le tocó vivir a nuestra mística favorita a fines del Siglo XV, en la España de la Sagrada Inquisición. Como Arturo Pérez-Reverte en la novela del Capitán Alatriste que vimos convertida en comic hace unas semanitas, Wagner encuentra en Torquemada y sus sicarios a un villano perfecto, incuestionable, al que le saca muy buen jugo. Las vivencias de Nimue en esa España oscurantista, en la que la fe religiosa justificaba algo que si no fue un genocidio pegó en el palo, mezclan el romance prohibido (Nimue, a la que hasta ahora habíamos visto revolcarse sólo con varones, se pone de novia con una joven y hermosa aldeana) con la denuncia social, un profundo cuestionamiento a las instituciones y, al final, con un desenlace devastador, cuyos ecos resuenan en nuestra heroína incluso en 1940.
Por el otro lado, la historia que transcurre en New York a mediados del siglo pasado también tiene sus atractivos. Principalmente el hecho de que nadie te condena a la hoguera por bruja, entonces Madame Xanadu pela hechizos a full para vencer a una amenaza muy truculenta. Este arco tenía que resistir al exigente escrutinio de los hardcore fans de Wagner y de Vertigo, porque parte de la gracia era que Nimue interactuaba con Wesley Dodds, el Sandman clásico, el del Midnight Theatre. Y si bien la interacción es poca, la aparición de Sandman suma bastante a la trama, no es un capricho ni un truco de marketing. Lo único medio traído de los pelos es cómo Wagner trata de conectar esta historia con la que transcurre en la España de la Inquisición. Hay una explicación (que intenta, de paso, explicar al villano de la historia de 1940) pero a mí no me resultó muy convincente.
El otro atractivo grosso de este arco era el dibujante: Michael Wm. Kaluta, nada menos que el creador de Madame Xanadu, un tipo muy conocido y muy respetado, pero que dibuja muy poca historieta, supongo que porque como ilustrador le pagan mejor. Y acá me voy a ganar un par de enemigos (saquen número y esperen su turno) pero la verdad es que a Kaluta lo prefiero mil veces como portadista que como historietista. Ese estilo barroco, sobrecargado, con coqueteos permanentes con la estética de Alphonse Mucha y los ilustradores de fines del Siglo XIX, se disfruta más en dosis más pequeñas. Una portada está bien. 120 páginas de historieta, es mucho. Dan demasiadas oportunidades para que el dibujante muestre la hilacha. Las portadas de estos episodios nos muestran a un Kaluta glorioso, inspiradísimo. En las historietas lo vemos jugarse en la narrativa, tratar de pilotear con dignidad el hecho de que su estilo atrasa 40 años y por momentos lo consigue. Ahí parece Charles Vess, que es como un Kaluta más dotado para la historieta. O Guy Davis, que es otro que se ceba mal con los detalles en las historietas de época, pero igual la rompe. Cuando no parece ni Vess ni Davis, Kaluta derrapa hacia una onda aburrida, solemne, con dibujos muy estáticos y algunas pifias notorias en las caras. La narrativa –repito- no tiene mayores fallas y eso ya es mucho decir. Por eso no lo puedo putear. Y porque obviamente estamos hablando de un virtuoso del plumín. No es un trabajo que me emocione, pero tampoco me da vergüenza ajena.
Espero ansioso el momento de entrarle al tercer tomo, a ver si vuelve Amy Reeder Hadley, la dibujante que la descosió en el primer arco de la serie.

martes, 19 de enero de 2010

19/ 01: MADAME XANADU Vol.1


Volvemos a la que ya es la especialidad de la casa: los Tomos 1 de alguna serie de Vertigo. Esta vez, es un comic de Vertigo casi por accidente. Como supongo saben, las (relativamente pocas) apariciones de Madame Xanadu tienen lugar en el Universo DC y están firmemente entroncadas en la “continuidad” de los héroes místicos de la editorial de Superman y Batman. Bueno, acá también. Sin ser tan obvios como en –por ejemplo- la primera Books of Magic (la de Neil Gaiman), los autores de esta serie nos ponen muy en claro que esto TAMBIEN es el Universo DC. El Merlín que se encama con nuestra protagonista es el mismo que condena a Jason Blood a ser el eterno receptáculo de Etrigan, la lámpara verde y mágica que Marco Polo se lleva de Mongolia es la que siglos más tarde tomará la forma de un farol verde que le cambiará la vida a Alan Scott, y así. También nos enteramos, ya que estamos, qué relación tenía Madame Xanadu con Zatara (el papá de Zatanna) y cuál fue su rol en la espectral resurrección de Jim Corrigan. Y como si faltara algo, el co-protagonista, el personaje que acompaña a Nimue (que así se llama Xanadu) a lo largo de los siglos, y con el que ella entabla una relación de amor-odio (y a veces también competencia) no es otro que el Phantom Stranger. O sea que si lo querés leer como un comic “de universo”, que arma, pasa en limpio o repasa los orígenes de los personajes místicos de DC, se puede, porque las referencias geek están ahí y aciertan siempre en el blanco.
Pero si jamás leíste un comic de DC (ni te interesa), Madame Xanadu se entiende perfectamente y se sostiene por sí sola como cualquier otra serie del Vertigo actual. La clave está en el enorme potencial que el personaje evidentemente tenía, pero que recién ahora un autor se decide a explorar. En este primer tomo el potencial explota de la mano de un origen apasionante, y del viejo y querido truco (llevado a la perfección por el ya mencionado Gaiman) de darle al personaje aventuras ambientadas en distintas épocas de la historia universal. Con el correr de los episodios y los siglos, vemos a Nimue convertirse en la grossa que es hoy, y acumular experiencia, poderes, amigos y enemigos, y hasta rosquear con Death de los Endless para no morirse nunca.
Realmente no sé si los arcos posteriores retoman donde termina este (fines de los años ´30), o si saltan al presente. A mí me gustaría que se quedara en los años ´30, porque el guionista (dato que me venía guardando, miren qué piola soy ;) no es otro que Matt Wagner, quien la descosiera con otra serie de Vertigo ambientada en los ´30, la memorable Sandman Mystery Theatre. Es obvio que Wagner conoce esa época a la perfección y que además se ceba con el hecho de que es en esos años cuando empiezan a brotar como hongos los justicieros enmascarados que con tanta onda logró integrar a la saga de Nimue.
Pero el truquito del personaje longevo con miles de historias a lo largo de los siglos naufraga rápido si no tenés un dibujante que sepa recrear los ambientes de cada período. Acá, Wagner volvió a recitar su viejo conjuro, el que le permite hacer aparecer a dibujantes geniales de los que nunca nadie oyó hablar, y sacó de la galera a Amy Reeder Hadley. Hadley es una chica joven (menos de 30) con un talento descomunal para dibujar los más variados decorados y vestuarios, con un gran manejo de la acción y de las expresiones faciales y una cierta influencia del manga que le da un aire fresco, y la diferencia muchísimo de la gran masa de los comics de Vertigo, donde la onda es hacerse los oscuritos, en lo posible choreando a Risso.
Y bueno, así es como con un guionista consagrado, una dibujante surgida de las inferiores con pasta de crack y un concepto bastante raro para una serie de Vertigo, un personaje siempre tercerón ascendió a Primera y empezó a levantar nominaciones a los principales premios y tsunamis de críticas favorables. Madame Xanadu es la especialista en “leer” el futuro, pero yo igual me juego a pronosticarle a esta serie una larga vida y muchas sagas más al nivel de esta extensa y cautivante Disenchanted.