el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Lucky Luke. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lucky Luke. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de octubre de 2025

ULTIMAS RESEÑAS PRE-VACACIONES

¿Única entrada en el blog para este mes de Octubre? Puede ser. Me voy de vacaciones mañana a la noche y vuelvo el 30. No descarto postear reseñas el 31, pero tampoco tengo ninguna certeza de que vaya a hacerlo. Así que es probable que esta sea la única vez que comparto reseñas en el mes. Vengo de muchos días sin postear porque me dediqué a disfrutar muy de a poco las 20 historietas que componen la reciente edición de Dioses y Demonios, de los maestros Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Tres por día, cuatro como mucho. Esa me parece que es la dosis ideal para que estos relatos peguen como tienen que pegar. Son historietas de principios de este milenio, muchas de las cuales nunca se habían publicado en castellano y varias de las cuales están al nivel de las mejores producciones de la dupla mágica. Acá no hay personajes recurrentes, no hay un héroe o una heroína a quien vemos evolucionar a lo largo de una saga, sino que son todas historias autoconclusivas de 12 páginas. Muchas de ellas involucran a deidades de infinito poder y nombres estrambóticos, que son siempre las mismas, aunque esto no está muy enfatizado. No es como en los comics de superhéroes, que cuando vuelve a aparecer un villano clásico se arma todo un build-up, y un espamento tremendo. Acá algunos de estos dioses reaparecen en varias historias y es algo que resulta normal, o tan normal como pueden resultar las cosas en un contexto de fantasía extrema. Pero si republicás cada una de estas historietas en una antología distinta, apuntadas a lectores que nunca van a leer las otras 19, no pasa nada. Está todo bien, nadie se queda con menos data de la que hace falta para que estas historias te hagan muy feliz. Como es su costumbre, Mazzitelli recurre a reyes majestuosos, guerreros imbatibles, princesas hermosas, engendros horrendos, dioses omnipotentes y demonios abyectos para contar historias absolutamente humanas de obsesiones, ambiciones, amores, lealtades, heroísmo, codicia y poder. Son breves fábulas en las que los personajes por lo general aprenden una lección, a veces demasiado tarde. Fábulas de muerte con y sin honor, de guerras, catástrofes y holocaustos, en las que los dioses y los demonios suelen tener roles secundarios mientras los hombres y mujeres motorizan las tramas y forjan las leyendas. El guionista adorna todo esto con su prosa elegante, sus sentencias extremas y su tinte entre filosófico y poético, que eleva a la aventura por encima de las peripecias, los engaños entre fulleros cósmicos y la machaca contra monstruos inconmensurables. Y si faltara algo para sumarle sofisticación a la épica, está el dibujo de un Alcatena inspiradísimo, que deja la vida en cada página y en cada viñeta. También fiel a su estilo, Quique no escatima ni un trazo de tinta ni una pizca de su formidable imaginación. Todo está en estas páginas, volcado por el dibujante con una generosidad pasmosa. Los diseños de los personajes, los palacios, las criaturas, los dioses... Todo se ve absolutamente original, todo forma parte de una especie de orquestación perfecta que incluye hasta a los bordes de las viñetas. Un ensamble que deslumbra y asombra, sobre todo porque para que un comic de aventura y fantasía funcione bien, normalmente hace falta mucho menos de lo que Quique pone en cada página de Dioses y Demonios. Pero los grandes son así, y no se miden: dan todo y más, siempre, pase lo que pase. Obviamente si sos fan de Mazzitelli y Alcatena, Dioses y Demonios te va a volar la cabeza. Y si no, si nunca leíste nada de los Reyes Magos de la historieta argentina, es un buen punto de entrada para empezar a explorar sus alucinantes multiversos. Repito: se disfruta más si leés pocas historias por día. Pero entiendo que te las quieras deglutir todas de un saque, porque es muy difícil resistirse a tanto talento junto.
Y me vengo a 2022, cuando los grossísimos Jul y Achdé clavan otro álbum magistral de Lucky Luke, que felizmente tuvo edición argentina en Libros del Zorzal en 2023. El Arca de Rantanplán es uno de los álbumes en los que más presente está el fantasma de René Goscinny, y ese es un elogio gigantesco. Jul entiende como pocos los mecanismos que el maestro ponía a funcionar en cada aventura de Lucky Luke y gracias a eso, logra reproducir la magia de los mejores álbumes de la serie. Todo parte de un dato de la realidad: en 1866, plena época del Salvaje Oeste, se crea en EEUU la primera asociación de lucha contra la crueldad hacia los animales. De ahí en más, Jul juega a imaginar cómo le iría en esa época a un tipo que predica dejar de morfarse a los animales de granja, no cazarlos por deporte, no usarlos como bestias de carga, no forzar a los caballos a transportar personas durante más de 20 minutos... Si hoy nos parece medio bizarro, hace 150 años esto era un delirio absoluto, y por ende, fuente de una cantidad inagotable de situaciones humorísticas. Jul las combina con la arista aventurera, encarnada en Lucky Luke y un temible villano llamado Tacos Cornseed. Pero la revolución que impulsa Ovidio Byrde es tan radical que se involucran también los indios de una tribu comanche, otros forajidos del Oeste y hasta la gente común de Cattle Gulch. El resultado es una aventura sumamente sociológica, similar en ese aspecto a joyas como Obélix y Compañía o La Residencia de los Dioses. Como siempre, Achdé replica a la perfección no solo el dibujo de Morris sino también el timing para la comedia que caracterizaba al genial autor belga. Hoy que el debate acerca del veganismo y los derechos de los animales empieza a cobrar fuerza en la sociedad, trasladarlo a 1870 resulta una idea brillante. Y está tan bien plasmada por Jul y Achdé, que me animo a recomendarle este álbum inclusive a quienes nunca leyeron nada de Lucky Luke y no tienen la más puta idea de por qué en un comic que, a primera vista, parece una sátira a los clásicos relatos del género Western, aparecen un caballo que habla y un perro que piensa. Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos el jueves 30 a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando para una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta. ¡Gracias y hasta entonces!

jueves, 18 de septiembre de 2025

DOS CLÁSICOS DE SIEMPRE

Hoy tengo para comentar aventuras relativamente recientes de dos personajes con larguísima andadura en el mundo de las historietas. Empiezo en 2014, cuando la editorial Hermes le encarga al maestro Howard Chaykin que reformule, actualice o reactive de alguna manera a Buck Rogers, un personaje que llegó a las viñetas en 1929 de la mano de Dick Calkins y desde entonces se convirtió en el pionero absoluto en el campo de la ciencia ficción. De hecho, un personaje hoy mucho más recordado como es Flash Gordon, existe gracias al enorme éxito que tuvo Buck Rogers en aquellos años. Chaykin ya había revitalizado viejos conceptos como The Shadow y Blackhawk, así que habrá dicho "qué le hace una mancha más al tigre", y se puso manos a la obra para repensar los mitos de Buck Rogers en el Siglo XXI. El principal aporte del maestro es el de la entrada en juego de un contexto político. Buck es un héroe con conciencia social, que ya desde su juventud a principios del Siglo XX se dio cuenta de que los oprimidos se tienen que unir para combatir a los opresores, que son poderosos, pero poquitos. Tras su larguísimo letargo, ahora nos lo encontramos en el Siglo XXV, donde su plan es el mismo: ponerle freno a las luchas intestinas entre las facciones de estadounidenses que sobreviven en un país sometido por invasores chinos, lograr una alianza entre todos y mandarse juntos, a derrotar a los usurpadores y recuperar el país que aman. Esta vez, la aventura de ciencia ficción de buenos contra malos, con naves espaciales, mochilas propulsoras y pistolas que tiran rayitos, se da en un contexto de revolución contra el poder establecido. Buck convence (no sin esfuerzo) a Wilma Deering y al resto de los cabecillas de los distintos grupos rebeldes de apoyar una movida muy arriesgada para detectar las debilidades de la ocupación china, y asestarle un golpe letal antes de que los invasores liquiden definitivamente a los pocos yankis que quedan en pie. De eso se trata, básicamente, Grievous Angels. Lo más llamativo es que Chaykin no incorpora uno de sus elementos predilectos, que es el sexo. Acá no se coge, no se habla de coger y ni siquiera aparece la palabra "fuck". Este es un Chaykin apto para todo público, con diálogos afilados y momentos muy impactantes, pero acotados a lo que ya mencionamos: la aventura (intensa, vibrante) y el contexto político. Comparada con otras obras del ídolo, la trama de Grievous Angels es bastante lineal, menos enroscada. No llegás al final del tercer episodio pensando cómo corno va a resolver todo el despelote que se armó en el episodio que le queda, sino que (salvo el primer episodio, que funciona como presentación de los personajes y el mundo de Buck Rogers para quien no lo conoce) en general toda la historia avanza de manera bastante clara y orgánica hacia la confrontación final entre Buck y sus aliados y los invasores. No me quiero extender con largas loas a la faz gráfica de Buck Rogers: Grievous Angels porque en los años que lleva el blog ya vimos unas cuantas obras de Howard Chaykin dibujadas en este siglo, incluso muchas de ellas con el mismo colorista que lo complementa esta vez, el siempre sólido Jesús Aburtov. La narrativa, la puesta en página, el trazo, es todo 100% Chaykin, todo muy fiel a la impronta del ídolo que ya vimos unas cuantas veces (igual para los que somos fans de Chaykin, nunca es suficiente). Y obviamente está buenísimo todo, a años luz de los dibujantes del montón con los que suelen llenar las páginas de sus revistas las editoriales del mainstream yanki. Si nunca leíste comics de Buck Rogers, empezá por acá, que lo de Calkins es absolutamente ilegible.
Nos vamos a 2020, cuando la tremenda dupla integrada por Jul y Achdé se despacha con una aventura de Lucky Luke que acá se publicó como "La Tierra Prometida". De nuevo, no quiero perder tiempo hablando del dibujo, porque en otras reseñas de álbumes de esta serie ya conté qué opino del trabajo de Achdé y de cómo esta bestia del Noveno Arte (cuyo verdadero nombre es Hervé Darmenton) honra y perpetúa el inmortal legado de Morris. Por el lado del guion, Jul se enfrenta a dos grandes desafíos. Primero que nada, encontrar algo nuevo para hacer con un personaje que ya tiene casi 100 álbumes a sus espaldas y que ya vivió una cantidad de aventuras tan brutal, que es casi imposible no repetirse. Pero al guionista se le ocurre un argumento original: Lucky Luke debe escoltar a una familia de judíos ortodoxos que llegan desde Europa y necesitan atravesar buena parte del salvaje Oeste para llegar a la tierra prometida, un pueblo llamado Chelm City (como una ciudad de Polonia) en la que ya se han asentado unas cuantas familias de origen judío. Y ahí llega el segundo desafío: satirizar las costumbres de estos personajes, percibidos por Lucky Luke y Jolly Jumper como extravagantes y bizarros, sin faltale el respeto a la religión judía. Buena parte del humor de este álbum se sostiene en ese contrapunto entre un cowboy simple, sin el menor contacto con la religión, ni con la tradición judía, y esta familia que respeta a rajatabla ritos extraños, rebuscados, incómodos, que hacen aún más traumática su adaptación a estas tierras inhóspitas que deben recorrer. Jul se caga de risa de la idishe mame, de los voluminosos libros religiosos, de la forma en que los judíos ortodoxos excluyen de su dieta un amplio espectro de comidas, y un larguísimo etcétera, siempre pensando en conseguir la complicidad del lector, sea judío o no. Obviamente no se puede zarpar mucho en la sátira, precisamente por eso: estos álbumes se leen mucho en países con grandes colectividades judías, y además siempre está flotando la sombra de René Goscinny, que también venía de esa tradición. Pero Jul es muy capo y logra un muy buen equilibrio entre esta sátira de las costumbres judías, su choque con las tradiciones de cowboys, milicos y tribus indígenas de los EEUU y -lógicamente- la aventura en la que vuelan tiros, flechazos y piñas. Tal vez lo más flojo sea el villano, que ya desde la primera secuencia en la que aparece se nota que no está a la altura del plan que urde para amargarle la vida a Luke y sus acompañantes. Tanto fracasa este pobre Ned, que Jul se termina deshaciendo de él unas 11 páginas antes del final. Claramente no pongo a La Tierra Prometida en mi selección de las mejores historias de Lucky Luke, porque Jul y Achdé ya me ofrecieron álbumes mejores que este. Pero la verdad que lo disfruté bastante, me entretuvo, me reí mucho con los chistes (tiene referencias a Batman, Star Wars, los Hermanos Marx y un montón de boludeces más) y en varios momentos sentí esa magia que sentía de pibe cuando leía los Lucky Luke de Goscinny y Morris... lo cual ya es un montón. Gracias totales, nos reencontramos pronto acá en el blog y el miércoles 24 en el canal de YouTube de Comiqueando, donde tendremos un nuevo programa en vivo de Agenda Abierta. Hasta entonces.

viernes, 23 de agosto de 2024

VIERNES CON SOLCITO

Que lindo que hoy tenga para comentar dos ediciones argentinas de comics clásicos, uno francobelga y uno japonés. Esto hace no tantos años, era impensable. Pero vamos con las reseñas. Tarde pero seguro me enteré que existía La Ciudad Fantasma, un álbum de la etapa clásica de Lucky Luke (la de Morris junto a René Goscinny) que se lanzó en Francia en 1965, pero que por algún motivo yo nunca había visto, hasta que se me ocurrió chequear la lista de títulos que aparece en la contratapa de las ediciones locales, a cargo de Del Zorzal, a ver si me faltaba alguno. Me faltaba este, y la gente de la editorial me lo hizo llegar con mucha generosidad. Bajo esa portada poco imaginativa, poco promisoria, poco esmerada, me encontré con una historieta muy entretenida, con acción, buenos chistes, villanos carismáticos de esos que uno quiere que vuelvan a aparecer, y sobre todo con una bajada de línea fuerte. No es muy frecuente que en una aventura de Lucky Luke el maestro Goscinny ponga la ideología arriba de la mesa, pero acá tenemos una notable excepción: buena parte del argumento está atravesado por una concepción ideológica, que tiene que ver con el rechazo al modelo económico extractivista, la típica "fiebre del oro" que ilusiona a muchos, hace ricos a unos pocos, y en el corto plazo se esfuma sin dejarle nada a los habitantes de la tierra donde apareció el codiciado mineral. Goscinny dice abiertamente "déjense de pelotudear con el oro y pónganse a cultivar la tierra, que con eso morfamos todos sin dañar al ecosistema". Todo esto, en el marco de una aventura atrapante, con diálogos muy cómicos (bien traducidos por Leopoldo Kulesz), tiros, piñas y garcas que se quieren hacer ricos a costa de los demás pero no cuentan con la astucia de Lucky Luke. La Ciudad Fantasma tiene muy buen ritmo, no parece ni a palos un comic de hace 60 años, ni siquiera en esas páginas de 10 u 11 viñetas. Y por supuesto, el dibujo de Morris acompaña a la perfección lo que quiere contar Goscinny. Es increíble como Morris combina un trazo tan sobrio, tan accesible, con ese nivel de expresividad en los personajes. La forma en que fluye el relato entre sus viñetas es magnífica, al igual que su talento para captar y reproducir detalles que tienen que ver con la ambientación histórica y geográfica: por más humorístico que sea el planteo, vos no dudás nunca de que estamos en un pueblito de la Loma del Orto en el Lejano Oeste de los EEUU, en algún momento entre 1865 y 1885. La Ciudad Fantasma no te cambia la vida, no se sube a los empujones al podio de las mejores historias de Lucky Luke, pero es una muy buena historieta, un gran punto de entrada a la serie para quien no la conoce y, como si fuera poco, habla de un tema actual y relevante como es el de los pro y los contra de la minería a cielo abierto. Muy, pero muy disfrutable, de punta a punta.
Prometí terminar Monster en Agosto y cumplí. El Vol.9, sin ser perfecto, es el único que me pareció igual de bueno que el Vol.1. No coincido con la mayoría de las decisiones que tomó Naoki Urasawa a la hora de determinar quiénes llegan vivos hasta la última página y quiénes mueren, pero no puedo hablar de decepciones, ni de un final que no es final, como me pasó con 20th Century Boys. Este es un tomo de una intensidad agobiante, de hecho lo tuve que cerrar cuando iba por la mitad porque ya era todo tan extremo que me estaba poniendo muy nervioso. La cantidad de gente que muere es una animalada... y encima está bien, tiene sentido en el contexto del plan del villano. Predeciblemente, algunos elementos que tenían relevancia en los tomos anteriores acá prácticamente desaparecen para dejarle espacio a la acción, que es trepidante. En la primera mitad de este tomo, el zarpado de Urasawa, al que le pedíamos por favor que achicara el elenco en vez de agrandarlo, presenta no a un nuevo personaje ni a dos, sino a todo un pueblo. Con el foco puesto en unos 10 ó 12 personajes, algunos de los cuales resultan ser mucho más de lo que parecen a priori. En esas secuencias en las que presenta a toda esta gente, el autor tira ideas con las que se podrían contar muy buenas historias cortas, por supuesto fuera del contexto de Monster. Probablemente el personaje cuyo rol más me impactó en este tomo final sea el del Inspector Runge. Después de tantos fracasos, Runge ya era (con perdón de la analogía futbolera) una especie de Huracán, el típico equipo que cuando aparece como líder de un torneo en vez de respeto o miedo genera risas, porque sabés que nunca le alcanza la nafta, nunca tiene los jugadores, la actitud, o el ojete que hace falta para salir campeón y tarde o temprano se cae de la punta. Durante muchísimas páginas lo vemos a Runge liderar el torneo, y si bien no da la vuelta olímpica, levanta en pala toda la chapa que no juntó en los tomos anteriores y se gana una ovación sostenida y emocionante, sobre todo en comparación con personajes como Eva o Nina, que parecía que iban a tener roles mucho más decisivos en el bolonki final. Repito: se me ocurren otras formas de terminar Monster que me cierran más que las que implementa Urasawa, y obviamente sostengo que el camino hacia este final fue un auténtico laberinto, arduo, cuesta arriba, enroscado y casi inexpugnable por una sucesión de caprichos del autor. Se podría haber contado lo mismo en muchos menos tomos, de modo más directo, menos puntilloso, con otra dinámica, sin irse tanto por las ramas y sin sacrificar la emoción y la potencia que tiene este tomo final. Maravilloso el dibujo, brillante la narrativa, muy bien los diálogos (grossa también la traducción de Agustín Gómez Sanz), preciosa la edición de Ivrea y alucinante el subtexto de Verdad, Memoria y Justicia que emerge con todo en los últimos tomos. Pero tanto relleno, tantas secuencias y tantos subplots al pedo, tantos personajes que se desarrollan muchísimo para después no tener un carajo que ver con nada, son cosas que me impiden rendirme a los pies de Urasawa y sumarme a los que consideran a Monster un pico del seinen, o del comic para adultos, en general. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog y el miércoles a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando para compartir una nueva Agenda Abierta, en vivo, gratis y para toda el habla hispana.

martes, 30 de enero de 2024

MARTES A.T.R.

Cerramos el Enero más largo de la historia con una noche calurosa en la que aprovecho un rato libre para escribir reseñas. Tenía colgada desde Abril una serie alucinante como es 20th Century Boys, del maestro Naoki Urasawa. Y me tocó volver con un tomo en el que el autor reincide en la especialidad de la casa: insertar en la trama nuevos personajes y desarrollarlos un montón, a los efectos de contar en detalle algo que, en el contexto general de la obra, no es tan relevante. En este caso quiero subrayar el trabajo que hace Urasawa con el padre Luciano, un personajón increíble, totalmente tridimensional, que le sirve para darle dramatismo y fuerza a la historia en la que el Papa viaja a Japón a pesar de que se está cocinando una runfla muy espesa para hacerlo boleta. Todo el tema de Amigo muerto y su posible resurrección es muy potente y está narrado de tal modo de generar el máximo suspenso posible como para poner muy nervioso al lector. La segunda parte del libro se excede un poco en la extensión de los flashbacks a la infancia de Amigo, pero claro, ahora que nos reveló su identidad, Urasawa ya puede explorar con más libertad la conexión entre el villano central del manga y el grupito de "los buenos". Y como tantas cosas en 20th Century Boys, esa conexión tiene que ver con el pasado y más precisamente con la infancia. Este segundo tramo arranca con un timeskip, y también presenta con lujo de detalles a nuevos personajes que -en una de esas- se integrarán al elenco protagónico. Es muy loco que todo esto esté escrito ANTES de la pandemia de Covid-19, porque los puntos de contacto con lo que pasó en el mundo real son muchísimos y muy alarmantes. Y lo más absurdo y disparatado de todo es -como siempre- la calidad del dibujo de Urasawa. La secuencia del Papa y el pandillero japonés en el pueblito chino de QingDong es una cátedra de narrativa totalmente demoledora, que te descoloca por completo en su complejidad y en la emoción que transmite. Y como esa hay varias. Tengo el Vol.9 en el pilón de los pendientes, así que prometo entrarle pronto.
Me voy a Francia, año 2020, cuando se publica Un Cowboy entre Algodones, un álbum de Lucky Luke escrito por Jul y dibujado por Achdé. Acá reaparece el legendario Bass Reeves (a quien conocimos el 05/09/23), aunque en un rol secundario. Pero está bueno que haya un personaje negro en el centro de la escena, porque este álbum aborda (por primera vez en la historia de esta longeva serie) el tema de las secuelas de la Guerra de Secesión y la reinserción de los ex-esclavos negros en la nueva sociedad que se va a construir en los Estados Unidos. El nuevo statu quo es particularmente picante en los estados del Sur (donde el sistema esclavista era prácticamente el motor de la economía) y ahí es donde Jul lleva a Lucky Luke para esta aventura. El motivo por el cual el cowboy se inserta en el contexto de una gigantesca plantación de algodón es medio frutero, pero todo lo demás (diálogos, situaciones, desarrollo y resolución de los conflictos) es magnífico. Jul no ahorra ni una gota de mala leche a la hora de mostrar la crueldad de los terratenientes blancos, unos villanos perversos e irredimibles a niveles dignos de Toto Caputo o Federico Sturzenegger. Un crueldad que duele el doble porque estos soretes no son criminales, ni marginales (como los Dalton) sino que son el establishment y sus conductas está totalmente normalizadas y gozan de la más absoluta impunidad. El dibujo de Achdé recupera a la perfección la onda de Morris y hasta un par de veces se anima a meter cuadros más grandes, que rompen con la clásica grilla de cuatro tiras. Lo que le falta en originalidad, Achdé lo compensa con una notable solvencia narrativa y unas composiciones muy logradas, sobre todo en las viñetas superpobladas de elementos. Sin dudas uno de los mejores álbumes de Lucky Luke de la era post-Goscinny, muy bien editado en Argentina por Del Zorzal.
Y ahora que paré un poco con las reseñas de historieta argentina, me puedo dedicar al pilón de material de otros países de Latinoamérica. Ya vimos el otro día historieta boliviana, y ahora es el turno del Vol.1 de Gas Station, del chileno Víctor Abarca Lizana, aparecido en 2022. Este es el típico relato noir del detective privado de la B Metropolitana que, por un buen fangote de guita, acepta meterse en un bolonki que huele recontra turbio desde el primer minuto, y donde todo el tiempo es obvio que el millonario que lo está contratando es el verdadero Garca Mayor de la historia. Y ahí va Val Bruises, a jugarse la vida para descubrir la agenda secreta de un minón infernal, casada con el millonario, y adentrarse en un laberinto de pornografía, sadomasoquismo, freaks horrendos y sobre todo, mucha violencia. No hay grandes sorpresas en el argumento en sí, pero Víctor Abarca apuesta fuerte al ritmo narrativo, a los climas, a los momentos que elige para detonar las revelaciones más impactantes, y sobre todo al plato fuerte de Gas Station, que es el dibujo. Acá vemos a un dibujante especialmente dotado para dibujar espacios cerrados, climas sórdidos y gente desfigurada. No tanto acción, ese quizás sea el talón de Aquiles de Víctor. Imaginate una especie de Nicolás Brondo, pero más compacto en la narrativa, al que se le aparece Guido Crépax y le dice "dejame que te entinte yo a las mujeres, así te quedan más hermosas". Esa pátina de sofisticación enriquece mucho al dibujo de Abarca, y lo distingue al toque de sus contemporáneos. Si te gusta el género noir, creo que Gas Station te va a atrapar y vas a querer matar gente con tal de saber cómo sigue la historia de Val y Candice. En Argentina esto no se consigue, pero por ahí conocés a alguien que viaje a Chile, donde sí está disponible en librerías y comiquerías. Hasta acá llegamos. Mañana cerramos este Enero infinito con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, a partir de las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando, gratis para toda el habla hispana. Nos vemos.

sábado, 2 de octubre de 2021

27 de SEPTIEMBRE Al 3 de OCTUBRE

No tengo muchas ganas de escribir, pero como creo que mañana voy a tener menos ganas que hoy, pongo primera y arranco. Juliet e Gengis es el Vol.33 de la colección de novelitas gráficas de 96 páginas de Cybersix, secuela directa de la última que leí y que me pareció brillante. Esta tiene muy buenos bloques de texto (sospecho que escritos por Viviana Centol), pero la trama no me enganchó ni a palos como la del tomito anterior. Abusa un poco del recurso (muy típico de Trillo) de rellenar páginas con los sueños de los personajes, le da mucha bola al insportable Joseph (el hijo de Von Reichter) y lleva la idea de “el villano es un bebé de un año con chupete y pañales” a un extremo en el que la misma pierde la sutileza y el dramatismo que tenía la primera vez. Queda solo el impacto emocional de que Cybersix tenga que combatir a su propio hijo, pero se va diluyendo con el correr de las páginas. Era una idea excelente, pero para usarla menos veces, me parece. Por si faltara algo, Centol nos da los primeros indicios de que Gengis se le puede llegar a dar vuelta a Von Reichter y dejar de lado el objetivo de matar a su madre. Ojalá eso no suceda en las próximas entregas. El dibujo está a cargo de Gustavo Mazali, por supuesto alineado al estilo de Carlos Meglia, con fondos y personajes diseñados por el prócer quilmeño. Y si bien no está mal, le falta la magia de Meglia y se ven algunas limitaciones que no se veían en las historietas a cargo de Alejandro Santana o Ricardo Vispo. Era poco probable que este episodio estuviera al excelente nivel del anterior, pero yo me había hecho ilusiones…
Tenía sin leer otro librito de Jorge Quien, el Vol.2 de Anoche, un recopilatorio de 40 tiras en las que el autor cuenta e ilustra sus sueños. Son apenas tres o cuatro viñetas por tira, en las que los textos se hacen cargo de “contar la historia” mientras que los dibujos le agregan despliegue visual a lo que cuentan los textos. Libres del peso de llevar adelante la narrativa, los dibujos de Quien cobran vuelo y se prodigan en texturas alucinantes y claroscuros poderosos. No recuerdo haber visto otros trabajos de Jorge dibujados a este nivel. Y los sueños… sueños son, diría Calderón de la Barca. No les pidas coherencia, ni desarrollo de personajes, ni una evolución razonable hacia un final satisfactorio. En tres o cuatro viñetas hay, como mucho, una idea más o menos interesante, impactante o bizarra y hasta ahí llegamos. La edición del librito (publicado en Chile en 2017) es impecable y el texto con el que abre (tomado de un ensayo de Eric Fromm) es brillante. Allá por el 22/06/17 me tocó ver al enorme Matthieu Bonhomme cabalgar por las praderas del Lejano Oeste, en una excelente serie escrita por Lewis
Trondheim. Esta vez no solo escribe él mismo el guion, sino que además tiene la posibilidad de trabajar con Lucky Luke el cowboy más icónico del comic franco-belga. El Hombre que Mató a Lucky Luke tiene más páginas que los álbumes clásicos del solitario justiciero del Oeste, una narrativa mucho más jugada, que se anima a dejar de lado el esquema de páginas divididas en cuatro tiras, y una paleta de colores intencionalmente acotada, fiel a la estética de Morris. Visualmente es un trabajo intachable, que no defrauda en lo más mínimo ni al fan de toda la vida de Lucky Luke ni a los que alucinamos con cada obra que dibuja el bueno de Bonhomme. Pero el riesgo fuerte, la apuesta que si te sale bien te propulsa a la estratósfera y si te sale mal te hunde en la ignominia es la de contar una aventura de Lucky Luke sin pantomimas, sin bizarreadas como la de hacer hablar a Jolly Jumper y casi sin humor. O con un humor más sutil y más ácido que el de la mejor época de René Goscinny en la famosa serie. Y a Bonhomme le sale MUY bien. La mirada más cruda, menos ingenua (similar a la que Emile Bravo le aportó a Spirou), al universo y a la estructura narrativa de Lucky Luke resultan un aporte magnífico a la serie, y un mimo al alma de cualquier adulto que haya flasheado de pendejo con las aventuras del carismático cowboy. Sin dudas, un paso adelante, un nuevo hito en la mitología de un personaje que ya acumula 75 años de gloria. Y nada más, por hoy. Gracias a tod@s l@s que descargaron la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y será hasta el finde que viene.

sábado, 7 de agosto de 2021

2 AL 8 DE AGOSTO

Una semana bastante productiva, por lo menos en materia de lecturas para comentar en este espacio. Por motivos insondables, nunca había leído Western Circus, un álbum de Lucky Luke de 1970, o sea, del período clásico en el que René Goscinny escribía y Morris dibujaba las aventuras del icónico cowboy franco-belga. Lo único que puedo decir en contra de Western Circus es que no es un álbum definitivo. No es parte de esa pequeña elite, de esos álbumes que si no los tenés en tu Top Tres es porque no entendiste de qué se trata Lucky Luke. Fuera de eso, estamos ante una aventura exquisita, con un argumento atrevido, pensado para disparar situaciones atípicas para esta serie, y explotarles la veta cómica hasta los límites más insospechados. Western Circus te descoloca con su trama, mantiene la intriga hasta el final (repleto de situaciones disparatadas, pero resuelto con una lógica inapelable) y nos presenta a unos cuantos personajes secundarios de impecable factura, a los que estaría bueno retomar en algún punto, aunque sea más de 50 años después. Goscinny acierta una y otra vez en la construcción de estos excéntricos personajes, al punto de que Lucky Luke casi se convierte en una figura de segundo orden dentro de la trama. Pero sin dudas lo mejor llega al final. Esas últimas cinco páginas en las que los autores te embocan una sorpresa atrás de otra, y llevan el delirio a un nivel tan genial como consecuente con lo que venían narrando a lo largo de toda la aventura. El dibujo de Morris (escueto, sobrio, atento a los detalles, siempre funcional sobre todo al timing que necesita el relato para ser aún más cómico) potencia desde el contraste el disparate. Ese recurso de algunos actores cómicos que te hacen reir porque dicen unas animaladas atroces con su mejor cara de piedra, Morris lo lleva al plano de la historieta, con un resultado magnífico. Un comic realmente brillante, para leer y releer de grande o de chico, da lo mismo.
Me leí otra novelita de 96 páginas de Cybersix, en este caso “Un pezzo di notte”, de 1996. El guion de Trillo cuenta con la colaboración de un muy joven Fernando Calvi, que se asomaba a la historieta como asistente del mítico autor. Y en el dibujo, quien se encarga de llevar adelante la estética creada por Carlos Meglia es Alejandro Santana, uno de los asistentes que mejor entendía al maestro quilmeño. Visualmente esto está muy logrado, y si no sabés que Meglia para esta altura era más supervisor del laburo de sus colegas que quien realmente dibujaba las historietas, acá no vas a encontrar demasiadas pistas. Como ya vimos en otras entregas de esta colección, esta vez hay un segmento de ocho páginas en las que en vez de ver la historia de Cybersix vemos un manga que estaba leyendo un alumno de Adrián Seidelman, y acá sí, el trazo es 0% Meglia y (supongo) 100% Santana. ¿Engancha bien con la trama? Y, la verdad que no, que parece más relleno que otra cosa. El guion en general me pareció flojito, menor, bastante predecible. Está la sana intención de sumar al elenco una nueva villana importante, pero la verdad es que la liquidan 26 páginas antes del final, y de ahí en más es todo un epílogo largo, innecesario y aburrido. Sigo sin encontrar en las novelas de 96 páginas la magia que me cautivó en las primeras historias cortas de Cybersix. Pero no me doy por vencido.
Y termino en Japón, en 2012, cuando Jiro Taniguchi se decide a adaptar una segunda novela de Itsura Inami protagonizada por Taku Ryumon, el taciturno “detective” especializado en encontrar perros de caza perdidos. Otra vez la trama lo va a obligar a buscar otro tipo de cuadrúpedos (en este caso un caballo de carreras) y a eso se dedicará junto a su inseparable Joe. Así como la vez pasada se ahondaba en el vínculo entre un perro lazarillo y una chica ciega, esta vez todo pasa por la relación entre este caballo de carreras y su cuidador (me enteré que la palabra exacta es “palafrenero”). Pero además, en este tomo de El Sabueso el misterio y la investigación estarán condimentados con una aventura más jugada, más intensa, que por momentos nos llevará a la confrontación violenta y a todo o nada entre buenos y malos. Las sesudas deducciones y los dilemas morales (que están, y funcionan muy bien) le cederán el protagonismo un ratito a la acción, y eso le permitirá a Taniguchi impactarnos con unas escenas vertiginosas y alucinantes, con cuerpos humanos y animales en un despliegue formidable de violencia. Esta también es una historia totalmente autoconclusiva, que retoma en roles muy secundarios a personajes que ya habían aparecido en la anterior, y me atrapó aún más que la primera, así que la recomiendo a pleno. No sé si poner a El Sabueso entre las obras fundamentales del glorioso Jiro Taniguchi. Me parece que no califica para el podio. Pero sin dudas es un manga de una belleza gráfica aplastante, y con una trama muy interesante, un desarrollo atípico y un final muy satisfactorio. No es poco. Nada más, por esta semana. Veremos cuánto puedo leer la próxima. Gracias y hasta pronto.

jueves, 19 de marzo de 2020

JUEVES DE MAS AISLAMIENTO

Mientras colapsan las economías mundiales y empezamos a pensar si no será hora de cagarnos en todo lo que hasta ahora era intocable, yo sigo acá en casa, leyendo tranqui, sin pegarme grandes atracones de historietas.
En Febrero prometí más Alcatena para Marzo, y acá estoy, con el segundo recopilatorio de Dr. Paradox, el comic que Quique realiza de manera intermitente para el sitio Totem Comics desde 2012. Dr. Paradox tiene el atractivo de poder verlo a Alcatena a todo color, jugando de manera muy libre, muy genuina, en un campo donde se mueve con enorme comodidad, que es el de los superhéroes. El tomito incluye dos historias largas (bah, de 24 páginas) y un par de historias muy cortitas. Una de ellas (la de El Topo) tiene los dibujos que más me gustaron en todo el libro, pero a nivel argumental son bastante menores.
En este sentido (el del argumento) me sorprendió muy favorablemente la primera aventura, la de los Mellizos Paradox, que a priori me parecía una cosa medio naïf, casi pavota, pero con el correr de las páginas fue cobrando un espesor dramático que, combinado con el clima festivo, le permitió a Alcatena redondear una muy buena historia. La segunda, la de los velocistas, me parece que se queda en el impacto de ver a Quique diseñar los trajes de 25 personajes con los mismos poderes y el mismo esquema de colores, sin repetirse y sin clonar a los velocistas que ya existen en otras editoriales.
Claramente, a nivel visual esto es fascinante, en parte por lo que decíamos en la reseña del primer librito (31/03/19): Alcatena despliega con su característica generosidad una estética que se parece poco a la que vemos en sus obras para el mercado italiano. La magia del trazo es la misma, pero todo lo demás es distinto, y habla con elocuencia de la versatilidad de un creador cuya imaginación no se puede acotar a una sóla forma de contar historias.
¿Por qué no me emociono más con Dr. Paradox? Porque Quique va al extremo en su vocación de homenaje a los comics de superhéroes de la Silver Age (especialmente de DC), apuntados a chicos de 9 años, con ideas más bizarras que consistentes y con personajes más estrambóticos que profundos. En una de las historias, Alcatena echa mano a otro recurso bien de la Silver Age: romper los niveles de realidad y que de pronto el Dr. Paradox pueda dialogar con su autor. Acá incluso se hace cargo de que los personajes hablan en un castellano neutro medio ridículo, heredado de las pésimas traducciones con que los editores mexicanos de los ´60 mancillaban los comics provenientes de EEUU. Incluso con estos “peros”, no tengo dudas de que Dr. Paradox en el País de las Maravillas es un lindísimo libro para flashear con las ideas más limadas y los dibujos más espectaculares del inmenso Quique Alcatena.
Salto a Francia, año 2018, cuando se publica Un Cowboy en París, el que hasta ahora es el último álbum de Lucky Luke, y se convierte en el comic más vendido de ese año en idioma francés. Hacía mucho que no leía aventuras nuevas de Lucky Luke, de hecho la muerte de Morris (año 2001) para acá debo haber leído… menos de cuatro álbumes. Pero volví gracias a la edición argentina de Un Cowboy…, apuntalada por la visita a Buenos Aires de Jul, el guionista hoy a cargo de esta serie ya eterna.
Un Cowboy en París me pareció genial, brillante de punta a punta, comparable a los mejores álbumes de la etapa clásica (la de Morris y René Goscinny, obviamente). La premisa es tan buena que no podés creer cómo no se le ocurrió antes a ningún otro guionista. Ya sólo con el contrapunto entre yankis y franceses te podés hacer un festín en materia de chistes. Pero Jul no se queda con eso y saca momentos cómicos y guiños perfectos de todas partes, hasta de situaciones de candente actualidad como el muro en la frontera que separa a México de EEUU. Todo el álbum está repleto de juegos anacrónicos en los que el año 1883 dialoga con épocas posteriores de un modo muy gracioso, digno –reitero- del maestro Goscinny. También hay una aventura, un conflicto que impulsa a la trama hacia adelante, pero no es muy relevante, en parte porque uno ya sabe cómo va a terminar la historia. El villano, encargado de motorizar el conflicto, no tiene gran peso en la obra pero por lo menos está bien construído, con personalidad y con gracia como para ser él también generador de buenos chistes. 
Y finalmente, una mención al dibujo de Achdé, perfectamente mimetizado con el Morris de la mejor época. Posta, para la segunda página ya me había olvidado de que no estaba leyendo un álbum de Morris, sino de uno de sus seguidores. La onda del maestro está intacta en todos los rubros, desde el color hasta las expresiones faciales y corporales de los personajes. Lo único que se perdió de la época clásica es el pucho que colgaba siempre del labio de Lucky Luke, ahora astutamente reemplazado por una pajita. Me cebé muy mal con Un Cowboy en París, al punto de querer conseguir HOY La Tierra Prometida, el otro álbum de Lucky Luke a cargo de esta misma dupla.
Nada más, por hoy. Si se aburren mucho en casa, lean historietas, o reseñas de las de los 10 primeros años del blog. Gracias y hasta pronto.