el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 14 de febrero de 2023

ANT-MAN AND THE WASP: QUANTUMANIA

Mientras avanzo con la lectura de un libro que se me está haciendo infinito, es hora de mechar la reseña de una película que acabo de ver... y que también se me hizo infinita. Son apenas 125 minutos, no es una bestialidad, pero en un momento me aburrí, empecé a pensar "por favor, vayan al grano, no pelotudeen más con peripecias boludas que no van a tener ninguna consecuencia para ningún personaje". No me suele pasar esto en las películas de Marvel, y eso hace que este largometraje de Peyton Reed no se pueda poner, a mi juicio, entre las grandes entregas que nos ha dado la factoría capitaneada por Kevin Feige. A nivel visual, esto es demasiado bueno para ser real. El despliegue de imaginación más delirante, más fumado, más extremo que alguna vez haya plasmado un dibujante en una historieta, acá aparece en pantalla, con actores de carne y hueso. El diseño de producción de esta película, el laburo que hay en trajes, vehículos, escenarios, edificios, hasta en las razas de seres extrañísimos que se agolpan en la pantalla, es sencillamente glorioso. Te quita el aliento, no se puede entender. No sabés si estás viendo una película o si te quedaste dormido y estás soñando. Como siempre, los efectos especiales y la coreografía de las peleas (y las batallas) son impecables. Incluso en este film, estos genios le encontraron la vuelta a los villanos para que se vean sorprendentemente parecidos a como nos los muestran en los comics, sin verse ridículos ni payasescos. El argumento, por el contrario, nos lleva a años luz de los comics. Creo que es la peli de Marvel que menos toma del material original (o sea, las historietas). No solo porque en los comics Janet es la Wasp titular, y jamás formaría pareja con un tipo como Scott, ni ocultaría los secretos zarpados que oculta el personaje de Michelle Pfeiffer en el film. Acá prácticamente no hay elementos que nos resultan familiares a los comiqueros. Los muy eruditos notarán que el universo subatómico al que acá llaman "el Quantum Realm" no es otro que el que visitamos varias veces en los comics de Hulk, llamado K´ai en el material original. Pero acá Jarella tiene otro nombre, y visualmente (en parte por el accionar del villano) el universo se parece bastante poco a lo que hemos visto en K´ai. Esta conexión con los comics no está para nada enfatizada, y eso tampoco es óbice para que el argumento (si bien se excede, como ya dije, en peripecias que no aportan demasiado) funcione bien y se haga llevadero durante la mayor parte del metraje. Durante largos tramos del film, sentí que estaba viendo una de Star Wars, pero bien hecha. O una de Flash Gordon con un presupuesto generoso. Quantumania es eso: un grupete de humanos (en este caso con poderes) que viaja a un universo extraño sometido por un tirano que va por todo, y al que le van a hacer la vida imposible. Sacalo a Kang, ponelo a Ming, y es todo más o menos lo mismo. Como en las buenas películas de Star Wars, los chistes no son demasiados y están puestos en los lugares correctos. Y como en unas cuantas de las últimas pelis de Marvel, alguien se dio cuenta de que Paul Rudd tiene más de 50 años y en cualquier momento tiene que colgar el casquito, y ya le empiezan a dar mucha chapa a quien será su sucesora: obviamente su hija Cassie, que acá ya tiene unos 14 años. Dentro de 10 años, los Avengers van a ser todas pibas: Cassie, Shuri, la nena a la que adoptó Thor, la nueva Hawkeye, Ironheart, Miss Marvel y donde te distraés, te inventan una Captain America adolescente. En fin, Quantumania es una maravilla visual, con buen desarrollo de personajes, mucha acción y buenos diálogos, a la que le sobran por ahí 15 minutos de persecuciones, caídas, peleas y giladas varias. Espectaculares las dos escenas post-créditos, así que quedate hasta el final. Y ahora sí, es la hora de los SPOILERS (podés dejar de leer si no querés enterarte de nada). Era obvio que Lord Krylar los iba a cagar. Era obvio que Cassie tenía una armadura. Era obvio que Hank iba a formar un hiper-ejército de hormigas. Era obvio que quienes exiliaron a Kang habían sido los propios miembros del Consejo de los Kangs. Nada más. Gracias y hasta pronto.

martes, 10 de mayo de 2022

ESSENTIAL ANT-MAN

Uh, qué difícil este libro... Entré como un caballo porque vi en la portada los nombres de Stan Lee y Jack Kirby, y adentro me dieron para que tenga. Ant-Man fue uno de los primeros superhéroes de Marvel que empezó a aparecer con regularidad, en la mitad de la revista Tales to Astonish allá por Septiembre de 1962. Primero compartió cartel con monstruos bizarros ignotos, después con Hulk, y en 1965 le dieron salida para que ese espacio lo ocupara Namor. En el medio, Stan Lee probó con varios enfoques distintos para esta serie, pero nunca le encontró la vuelta. Las primeras aventuras, si bien son obra de Lee y Kirby, parecen publicadas por DC, en cualquier revista de las que coordinaba Julius Schwartz. Hank Pym era un señor aburrido, sin rasgos de personalidad, que resolvía casos con sus poderes, y sobre todo con formas ingeniosas de aplicar su vasto conocimiento científico. Los villanos son invariablemente patéticos (al principio había mucho espía ruso) y los ayudantes de Lee (entre ellos su hermano Larry Lieber) no se esmeraban en lo más mínimo por ponerle onda a diálogos o textos. Recién cuando aparece Wasp, levanta un poco la puntería, porque se arma el contraste entre una chica de 16-17 años a la que le gusta la joda y la emoción de la aventura, y este tipo de más de 30, viudo, formal y medio amargo. Pero dura poco: Stan se olvida rápido de que le había puesto una esposa (muerta en flashbacks) a Pym, y para avanzar con el romance entre él y Wasp (que le empieza a tirar onda desde su primera aparición), achica la brecha etárea, supongo yo que para que no pareciera un pedófilo. Así que en un par de números, Janet y Hank ya parecen tener casi la misma edad, o por lo menos andar por los veintipico. Cuando Pym deja de ser Ant-Man y pasa a ser Giant-Man, las historias pierden ese cariz más científico y se enrolan más en la típica aventura con machaca super-power que asociamos con la Marvel de esa época. Y cuando finalmente aparece un subplot copado (el del stress físico y mental que provocan en Pym los constantes cambios de tamaño), ya la serie no le interesaba a nadie y a los dos números la vuelan de Tales to Astonish para no volver. O sea que a nivel de los argumentos, guiones, etc., no es mucho lo que tienen para ofrecernos estas 576 páginas. En cuanto a los dibujos, esta serie sufre una inestabilidad atroz, poco frecuente en la Silver Age, no solo de Marvel, sino en general. Acá vemos todas las combinaciones de dibujantes y entintadores posibles, casi siempre con flojísimos resultados. A saber: Lápices de Jack Kirby y tintas de Dick Ayers: Bastante bien. Lápices de Jack Kirby y tintas de Sol Brodsky: Más que aceptable. Lápices y tintas de Don Heck: en los primeros episodios, cuando lo dejan entintarse a sí mismo, Heck me sorprendió muy gratamente. Está apenas un pasito por debajo de los dibujantes clásicos de DC de esta época, tipo Mike Sekowsky, Dan Barry o Gil Kane, y dos o tres por debajo de Alex Toth. La narrativa no es derivada de la de Kirby, mete planos variados, no carga demasiado las tintas, no pone en los rostros esos rasgos con los que causará espanto en los ´70 y ´80... la verdad que dignísimo. Después se va a relajar, y aparecen episodios que parecen dibujados directamente en tinta, sin lápiz previo, bastante más flojos, pero sin llegar al horror de los ´70. Lápices de Kirby y tintas de Heck: Acá ya me gusta menos el trabajo de Heck. Tiene algunas hermosas, en las que se complementa muy bien con los lápices del Rey y otras medio fuleras. Lápices de Jack Kirby y tintas de Steve Ditko: El horror. Juntás a dos monstruos gloriosos y en vez de algo genial, sale una bazofia. Estas páginas están entre las peores del libro. Lápices de Larry Lieber y tintas de George Bell: Otra abominación. El hermano de Stan escribió y dibujó algunas historias cortitas de Wasp, y la verdad que son horrendas. Nada para rescatar. Lápices y tintas de Dick Ayers: No, tampoco. Muy aburrido y por momentos muy feo, también. Banco a Ayers en comics de guerra y de cowboys, pero dibujando superhéroes era durísimo. Lápices de Larry Lieber y tintas de Don Heck: Menos mal que son solo cinco páginas, porque me quería arrancar las retinas para no sufrir más. Lápices de Larry Lieber y tintas de Sol Brodsky: Horrible. Lápices de Larry Lieber y tintas de Paul Reinman: Una falta de respeto absoluta. Lápices de Dick Ayers y tintas de Paul Reinman: Un tormento para los ojos pocas veces visto. Por momentos se hace realmente ilegible. Juicio y castigo. Lápices de Larry Lieber y tintas de Chic Stone: Muy flojo. Lápices y tintas de Larry Lieber: Bastante mejor que esas historietas en las que los entintadores le estropeaban los dibujos sin piedad, pero lejos de un nivel disfrutable. Lápices de Carl Burgos y tintas de Dick Ayers: Apenas correcto, pero infinitamente aburrido. Lápices de Carl Burgos y tintas de Chic Stone: Atrasa 25 años, parecen páginas de principios de la Golden Age. Un embole. Lápices de Carl Burgos y tintas de Paul Reinman: Bochornoso es poco. Lápices de Bob Powell y tintas de Heck: Un poquito más de onda en la narrativa, pero el pincel de Heck ya se va al carajo y tira bastante para atrás al dibujo. Lápices de Bob Powell y tintas de Frankie Ray: Acá huelo un pseudónimo de un dibujante grosso, porque estas páginas son realmente lindas de mirar. Hay viñetas que parecen entintadas por Gene Colan, por ejemplo, y son hermosas. Lápices de Bob Powell y tintas de Chic Stone: La nada misma. Lápices de Bob Powell y tintas de Vince Colletta: El abismo. Lápices de Bob Powell y tintas de John Giunta: Si creías que no había nada peor que Reinman o Colletta, acá aparece Giunta a terminar de lesionarte los ojos. En fin, no se puede decir que no hayan probado. El tema es que no funcionó. En general, los críticos veneramos toda esa etapa de Marvel que va de 1963 a 1968, y nos olvidamos que había títulos flojos (Daredevil), títulos decididamente malos (Iron Man y Hulk) y material al filo de lo ilegible como la serie de Hank Pym y Wasp en Tales to Astonish. Pero bueno, de todo se aprende. Gracias por el aguante y hasta pronto.

miércoles, 1 de abril de 2020

FIGURITAS REPETIDAS

En estos tiempos en que los días se parecen tanto entre sí, se me ocurrió clonar la entrada del jueves pasado, con dos lecturas que no sólo se parecen mucho, sino que continúan directamente de las de ese día.
Empiezo con el Vol.2 de Spirit of Wonder, con más historias cortas realizadas durante la década del ´90 por Kenji Tsuruta. Acá tenemos una novedad interesante y es que, si bien cada historia es autoconclusiva, Tsuruta se reserva el derecho de retomar a algunos personajes para nuevas historias. En este tomo regresa Maiko, la chica del batiscafo a la que vimos en el Vol.1, y además hay dos historias (la primera y la última) protagonizadas por el mismo elenco de personajes.
El resto, va más o menos para el mismo lado. Historias costumbristas, a veces más bien románticas, con elementos científicos que pueden virar hacia lo fantástico. Y conflictos muy light, a los que invariablemente les falta fuerza. La historia mejor planteada, con la premisa más atrapante, es la más larga: 33 páginas… de las cuales Tsuruta desperdicia la mitad con escenas que no le aportan nada a la trama. O sea que ni con mejores ideas para los argumentos logramos vencer el principal obstáculo que tiene Spirit of Wonder, que es la impericia de Tsuruta a la hora de escribir los guiones.
Me encanta cómo Tsuruta plasma esa fascinación que tiene por lo europeo, y por la labor científica de las últimas décadas del Siglo XIX. No es algo frecuente en los autores de manga, y acá se disfruta un montón. También me gusta que un tipo que maneja con tanta perfección la figura femenina no caiga en la tentación de estar todo el tiempo mostrando chicas en bolas, o con la menor cantidad de ropa posible. Acá vemos chicas en ropa interior y trajes de baño, pero no más de las imprescindibles, y no en poses de fan service, con angulaciones forzadas para que se luzcan más los culos y las tetas. En realidad, a nivel visual TODO este manga es perfecto. Tsuruta (ya lo dije) es un distinto, un virtuoso, un dibujante exquisito, elegante, original, creativo, capaz de emocionar con su línea a un monolito de piedra o a un economista neoliberal. Y si bien no conecto con su forma de encarar los relatos, sigo hipnotizado con sus mangas porque como dibujante me parece demasiado genial. Me queda para la próxima el tercer y último librito de esta serie.
Y retomo también el Ant-Man de Nick Spencer y Ramón Rosanas, con este segundo TPB, que también sigue la línea del anterior: desarrollo de personajes a pleno, excelentes diálogos, dosis exactas de acción y machaca y ese bienvenido tono de comedia que nos hace sentir a Scott Lang como un personaje cercano, casi un amigo. Desde la primera viñeta, Spencer nos convence de que este no es el típico superhéroe guacho-pistola que se las sabe todas y resuelve todo sin despeinarse. Scott tiene más problemas que Medio Oriente y transpira grosso la camiseta, a veces para rescatar un empate. Y lo hace con buena onda, con picardía, a veces con trampa… “argentinescamente”, si se me permite el horrible neologismo.
Este vez Spencer no logra gambetear (como en el tomo pasado) la breve trayectoria de Cassie Lang como superheroína, pero es un elemento de escasísimo peso en las tramas, casi un comentario al margen para cumplir. Felizmente, la caracterización de Cassie es tan buena, que no necesita salir a a repartir trompadas para convertirse en un personaje fundamental para la serie.
Everybody Loves Team-Ups es un tomo con varios momentos conmovedores, pensados para emocionar al lector nuevo y para satisfacer al fan clásico de Ant-Man que lo sigue desde fines de los ´70. El desfile de héroes y villanos invitados no cesa, los chistes son realmente graciosos y funciona muy bien el “romance” entre Scott y Beetle (un personaje creado al voleo por Ed Brubaker al que Spencer le dio chapa y carnadura en Superior Foes of Spider-Man). Creo que no hay más Ant-Man de Spencer fuera de estos dos tomos, pero ojalá me equivoque.
El dibujo de Rosanas, de nuevo, me pareció muy competente. Una muy buena base clásica, tipo Barry Kitson, con cositas de Ty Templeton en la línea y de Kevin Maguire en las expresiones faciales. Esta vez hay muchas menos páginas con chotocientas viñetas microscópicas, así que la labor de Rosanas se luce un poco más.

Y esto es todo, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 26 de marzo de 2020

AHORA SÍ, RESEÑAS

Bueno, hoy cero chamuyo y vamos al grano con las reseñas de los últimos libritos que leí.
Yo creía que Spirit of Wonder era una obra extensa de Kenji Tsuruta, caprichosamente dividida en tres tomitos por Glénat para la edición española. Bueno, no. En realidad es el título genérico con el que Tsuruta agrupó un montón de historias cortas autoconclusivas, en las que no se repiten personajes ni requieren ser leídas en ningún orden en particular. El primer librito de la edición española ofrece cuatro historias cortas, de las cuales la primera y la segunda me gustaron mucho más que la tercera y la cuarta.
Lo que vincula a las cuatro historias es que combinan elementos de las aventuras “de género” (científicos que desarrollan inventos imposibles, búsqueda del tesoro, viajes en el tiempo, viajes al espacio) con climas intimistas, donde tienen mucho peso los vínculos, cierta sensación de nostalgia y a veces incluso una impronta romántica, sin llegar a ser shojo ni mucho menos. Tsuruta propone una mirada distinta acerca de estos tópicos que generalmente vinculamos a una aventura más física, más trepidante, al conjugar estos elementos con relatos mucho más pausados, más atravesados por el costumbrismo, más “bajados a tierra”.
Lo peor que tiene Spirit of Wonder es que muchas veces el autor no llega a darle fuerza dramática a los conflictos. No los plantea como algo heavy, donde hay muchísimo en juego, como si tratara de eludir intencionalmente la potencial importancia de lo que están por hacer los personajes. Y como en sus otras obras (ya vimos varias acá en el blog) tiene algún momento en el que la narrativa se torna un poco confusa. Lo mejor, lejos, es el dibujo. Es lo que me hace volver una y otra vez a las obras de este mangaka. La elegancia, la expresividad, la versatilidad, la belleza en estado puro que te manda Tsuruta en cada página es realmente impresionante. La segunda historieta (mi favorita) tiene páginas que parecen de Horacio Altuna, o una versión japonesa y muy sofisticada de Horacio Altuna. Yo creo que hasta los coordinadores de la edición española se dieron cuenta de eso, porque eligieron para globos y textos una tipografía que se parece mucho al rotulado del maestro argentino. Tengo los dos tomitos que completan la colección, así que pronto volveremos a babearnos con el virtuosismo de Kenji Tsuruta.
Salto a EEUU, año 2015, cuando Nick Spencer y Ramón Rosanas relanzan a Ant-Man en una serie cuyos primeros cinco episodios reúne este TPB. Como le pasó a tantos personajes de Marvel, acá a Scott Lang se lo llevan casi de prepo muy para el lado de las películas de Marvel Studios. La trama no se parece a la de las pelis, pero la caracterización sí, y el clima de comedia familiar mezclado con robos imposibles también. De hecho, Spencer se hace cargo de que Cassie (la hija de Scott) tiene partículas Pym en la sangre, pero no hace la más mínima mención a su (breve) carrera como superheroína, seguida de una muerte y una resurrección. También la define como una chica de 14 años, mientras que para el momento de la muerte (en la saga Avengers: The Children Crusade) ya parecía tener 17 años, si no 18.
Minucias nerdas aparte, esta saguita de Ant-Man es muy divertida. Spencer sacrifica un poco de ritmo para meter MUCHISIMO diálogo, pero está muy bien escrito, con mucha gracia, mucho ingenio y buenos chistes. Obviamente la (breve) vuelta de Darren Cross es fan service para los espectadores del primer film de Ant-Man, pero el guionista le encuentra la vuelta para hacerla funcionar. Hay un buen equilibrio entre desarrollo de personajes, comedia y machaca superheroica, así que da mucho más para entrarle al segundo TPB que para quejarse. Sobre todo si (como yo) sos fan del Scott Lang de los comics y además bancás a muerte las dos películas.
El dibujo de Ramón Rosanas me gustó muchísimo. Es como un upgrade de Barry Kitson, con ese trazo fino y sintético que tan bien le queda a Ty Templeton y algunas expresiones faciales inspiradas en la magia de Kevin Maguire, máximo especialista en esa materia. Rosanas pilotea con aplomo unas cuantas páginas de ocho o nueve cuadros donde sólo vemos gente hablando (mucho), no se complica en la narrativa y no recurre a suplentes porque no llega a cumplir las entregas. La verdad que leer un TPB de Marvel con más de 100 páginas dibujadas (¡y entintadas!) por una misma persona es un bonus track digno de agradecerse. Tengo otro TPB de Ant-Man sin leer, así que pronto vamos por más.

Nada más, por hoy. Sigan ahí, en sus casas, que cuando se termine la cuarentena hacemos una juntada en algún lado para abrazarnos y toquetearnos como corresponde ;)

martes, 3 de julio de 2018

ANT-MAN AND THE WASP

Si te fuiste del cine donde viste Infinity War medio bajoneado, o directamente indignado porque Ant-Man no apareció ni en un mísero cameo, acá tenés tu revancha. Si seguís sin perdonarle a Marvel Studios ese pecado original (y bestial) que fue imponer masivamente una versión de los Avengers en cuya formación no participaron Hank Pym y Janet Van Dyne, acá tenés una reivindicación, un intento de reparar ese error grosero.
En esta película, el director Peyton Reed y sus geniales guionistas siguen la línea del film anterior (ver reseña del 13/07/15): acción y comedia de la mano, y a llevarse el mundo por delante. Esta vez hay dos elementos novedosos, que le juegan muy a favor a la película: por un lado, la situación heredada de Civil War (y mencionada en Infinity War): Scott Lang tiene que cumplir un arresto domiciliario, mientras que Hank Pym y su hija Hope están prófugos de la justicia por haber facilitado la tecnología con la que Lang violó los protocolos de Sokovia. El guión le saca un jugo riquísimo a este estado de cosas (que se modificará recién en los últimos minutos de la cinta) y hasta se da el lujo de usarlo como disparador de algunas de las secuencias más cómicas de la película.
Por otro lado, esta vez todo es mucho más personal: la misión de los protagonistas no es robar tecnología, ni infiltrarse en lugares inexpugnables, ni siquiera derrotar a un villano: esta vez todo pasa por tratar de reencontrarse con Janet Van Dyne, la Wasp original, interpretada por Michelle Pfeiffer. O sea que es un conflicto 100% privado, del ámbito de la familia de Hope. Por supuesto, el plan de Pym y su hija va a intersectar en más de un punto con los planes de más de un antagonista, como para garantizar una buena dosis de conflictos que se puedan resolver por la vía de violencia, como en cualquier historia de superhéroes que se precie de tal. Pero la motivación pasa por el amor de un hombre y su hija a una mujer cuya ausencia marcó drásticamente sus vidas… y cuya presencia puede volver a cambiar todo para siempre.
La película tiene un ritmo frenético, casi no da respiro. Reed ya entendió que no hace falta frenar la acción para meter chistes grandiosos y por momentos no sabés si estás viendo una de superhéroes o una comedia de enredos. Y eso es parte de lo que hace tan atrapante el visionado de Ant-Man and the Wasp. El único personaje que está 100% concentrado en resolver los conflictos que motorizan a la trama es el de Hope, la única que no se deja llevar por el frenesí de los chistes y seguramente el personaje con más crecimiento entre la primera y la segunda entrega. Todo el tiempo los guionistas parecen decirnos “guarda con la nueva Wasp, que se toma MUY en serio esto de ser superheroína y no se come ni la punta”.
Los efectos especiales están más pasados de rosca que en la peli anterior, con momentos pensados para asombrar a los espectadores más curtidos en este género. En cuanto a las actuaciones, Michael Douglas una vez más la rompe, pero lo más destacable está en el elenco femenino: Evangeline Lilly respalda con un gran trabajo actoral el crecimiento de su personaje y Hannah John-Kamen (a quien no conocía) me sorprendió con una labor formidable en el rol de Ava. Y atenti también con Abby Ryder Fortson, la nena que interpreta a Cassie Lang, que tiene un potencial enorme. Si yo fuera Kevin Feige, ya le estoy haciendo firmar un contrato con Marvel Studios por 15 años, mínimo. ¿Y qué onda Laurence Fishburne? La verdad que yo esperaba un poco más, no tanto de su actuación (que es correcta), sino del rol en la trama de Bill Foster, que está un poquito desaprovechado.
¿Se hacen cargo Payton Reed y sus guionistas de los sucesos de Infinity War? Te tenés que quedar hasta la secuencia entre los créditos para averiguarlo. Y al final de todo, cuando terminan de pasar tooooodos los créditos, hay una breve secuencia más, que realmente no aporta nada y si te la perdés, te ahorrás varios minutos de embole viendo pasar letritas.
Al igual que en 2015, me reí mucho, me divertí horrores y me fui cebadísimo con la onda y la chapa que le están dando a estos personajes supuestamente “menores” de la mitología marveliana. Si sos fan de Pym, de Janet, de Scott Lang, de Cassie, de los personajes inventados para la peli anterior, o de la ciudad de San Francisco, preparate para vivir dos horas y cinco minutos repletos de acción, emociones y risas a un nivel altísimo (o subatómico, como vos prefieras).

lunes, 13 de julio de 2015

13/ 07: ANT-MAN

Hollywood lo hizo de nuevo. Los creativos a cargo del universo fílmico de Marvel volvieron a encontrar la forma de hacer copado e interesante a un personaje que en los comics es menos que un cuatro de copas. Como pasó con los Guardians of the Galaxy, muchísima gente va a entrar al cine diciendo “¿quién carajo es Ant-Man?” y va a salir diciendo “ídolo absoluto Ant-Man”. Y es el mismo Scott Lang de los comics, eh? Presentado de modo distinto, adornado con personajes secundarios y villanos que en los comics no vimos nunca… pero sigue siendo Scott Lang.
El que cambia bastante es Hank Pym (muy bien personificado por Michael Douglas) que ahora asume el rol del veterano retirado que se convierte en mentor del pibe nuevo. Y acá los guionistas Edgar Wright y Joe Cornish se animan a hacer algo muy loco, que nunca habíamos visto en el universo fílmico de Marvel: contar aventuras de un superhéroe ambientadas entre la Segunda Guerra Mundial y la primera peli de Iron Man. ¿Todo para qué? Para darle chapa a este Pym crepuscular y a… al personaje cuya ausencia en casi toda la peli resulta importantísima.
Esta versión baqueteada y apenas oscura de Hank Pym es el elemento más dramático, menos festivo, de una historia en la que la acción va todo el tiempo de la mano de la diversión y hasta del humor. Ant-Man no es una película cómica pero -al igual que Guardians- dedica buena parte de sus 117 minutos a escenas muy graciosas, ya sea por las situaciones bizarras o por lo diálogos, repletos de ingenio, ironía y filo. La comedia se sostiene principalmente en la actuación de Paul Rudd (a quien yo no conocía, y no sé si posee la versatilidad suficiente para interpretar roles en los que no tenga que hacer de fachero/canchero) y de uno de los secundarios creados para la peli, brillantemente interpretado por Michael Peña.
Incluso dentro de este festival de chistes (que rivaliza con el festival de efectos especiales) hay conflictos fuertes, algunos más humanos (la relación de Scott con su hija Cassie, o la tensión entre Pym y su hija, interpretada por Evangeline Lilly) y otros más grandes, más peligrosos, y ahí es donde gana peso en la trama el villano, también muy logrado por Corey Stoll. En el último tramo, esta película tiene algo que casi no hemos visto en toda esta saga de films de Marvel: un villano con máscara y traje de villano. Quiero más de esos. Pero lo mejor es que estos conflictos hacen que los personajes crezcan, que enfrenten lo que les pasa, que no tengan más opciones que cambiar de rumbo, de actitud, aunque más no sea de opinión. Ant-Man no es una peli que pretenda venderte la hiper-epopeya, sino que se apoya mucho más en las luchas internas, las que se desatan en el fuero íntimo de los personajes. Si lográs hacer eso y que además nos cebemos con la aventura y nos riamos con los toques cómicos, sos un grosso.
Por si faltara algo, la gran traición de este guión (Hank Pym nunca fue miembro de los Avengers) está perfectamente justificada y cobra sentido en virtud de lo que pasa al final (en las escenas post-créditos), que obviamente no te lo voy a contar, pero que termina de integrar a esta película al resto del universo fílmico de Marvel. No hace falta boquear mucho, vos ya te imaginarás para dónde va la cosa…
Así que no dudes en pasar por tu cine favorito y subirte a este festival de la imaginación propuesto por el director Peyton Reed. Preparate para delirar con un despliegue visual realmente imponente y sobre todo para disfrutar de una muy buena historia, que te va a dejar pidiendo más. ¿En serio? ¿Más Ant-Man? Sí, en serio. Más Ant-Man.