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martes, 4 de agosto de 2026
NOCHE DE HUMOR Y AVENTURAS
Otro martes, otra entrada en el viejo y querido blog.
Arranco muy contento, porque Del Zorzal me confirmó lo que siempre sospeché: el formato de integral recontra-garpa a la hora de publicar el material franco-belga. Este tomo de 200 páginas trae TODO Oumpah-Pah y no pesa seis toneladas ni cuesta un millón de pesos. Sin dudas es el formato que yo utilizaría para publicar Astérix, Lucky Luke, Spirou, Los Pitufos, Blueberry... Cuatro álbumes de 44-46 páginas por tomo, más algún texto introductorio. Y listo, tenés 200 páginas de la San Puta a un precio menor que el que tenés que cobrar por cuatro álbumes individuales.
Este tomo, además, tiene varias particularidades. Primero, que las cinco aventuras de Oumpah-Pah (creadas para el semanario belga Tintin en el lapso de apenas tres años por la insuperable dupla René Goscinny-Albert Uderzo) están totalmente conectadas entre sí. Cada una empieza exactamente donde terminó la otra, no tenemos (como en Astérix y Lucky Luke) un regreso al statu quo "oficial" de la serie al final de cada álbum para que el siguiente empiece prácticamente de cero y las aventuras se puedan leer en cualquier orden. Estos son cinco relatos de 30 páginas cada uno, que también se pueden leer como una novela gráfica de 150 páginas dividida en cinco capítulos. Entonces, la decisión de publicar todo junto en un mismo tomo es doble o triplemente acertada. Segundo, las 50 páginas que no ocupan estas cinco aventuras tienen unos textos espectaculares a cargo de César Da Col, que por momentos son más interesantes que las propias historietas. Y además entre los extras están las 24 tiras de la primera versión de Oumpah-Pah, la de 1951, pensada para colocarla en los diarios de EEUU. Si las aventuras del guerrero piel roja que aparecieron en la revista Tintin tienen mucho en común con las de Astérix, más la influencia bastante conspicua de Patoruzú, las tiras de prensa son un asalto a mano armada a Li´l Abner, el clásico de Al Capp. El dibujo de Uderzo se encolumna de manera imposible detrás del de Capp y los argumentos (por lo menos en lo poco que se llegó a producir) van claramente para el mismo lado.
Pero la versión canónica de Oumpah-Pah es la otra, la de las cinco aventuras ambientadas en el Siglo XVIII, con Uderzo ya establecido en un estilo gráfico mucho más parecido a lo que vamos a ver en Astérix que al de Al Capp. La primera aventura está muy bien, se trata del choque de culturas entre el indio y su amigo europeo Hubert de la Pâte Feuilletée (traducido en la edición argentina como Huberto De la Pastafrola) y es muy entretenida. La segunda está mucho mejor dibujada, con una puesta en página más dinámica y atractiva, pero el guion es bastante intrascendente. Y las tres últimas son una fiesta, con prácticamente nada para envidiarle a los buenos álbumes de la etapa clásica de Astérix. La forma de combinar aventura y humor en esta serie es EXACTAMENTE la misma que en las historietas del héroe galo, el dibujo es igual de bueno, el color es mejor, están los juegos con los sucesos históricos, están los juegos de palabras, está el slapstick, están las batallas, están los viajes, está el contraste entre "los civilizados" y "los bárbaros". Posta, el tramo final de Oumpah-Pah es un perfecto Lado B de cualquier buen álbum de Astérix. Podría hablar mucho más de esta serie, pero me limito a recomendar la gran nota que escribió Jaume Vaquer para el nº11 de Comiqueando Digital. Si sos fan de Uderzo y Goscinny, este libro no puede faltar en tu biblioteca bajo ningún concepto.
Retomé después de una pausa de más de dos años la lectura de Sex Criminals, la gran serie de Matt Fraction y Chip Zdarsky. De nuevo, no recuerdo otro comic yanki con más y mejores chistes de pija, concha, guasca y garche. Acá el sexo es absolutamente explícito, y si resulta grosero, no importa. Se habla de coger, se coge, y se muestra todo lo que hay para mostrar. Y por si eso fuera poco, los garches son relevantes para la trama, no están ahí para escandalizar a las tías.
La trama de Jon, Suzie y sus extraños poderes avanza a un ritmo tranqui, como para que haya mucho espacio dedicado al desarrollo de personajes. Los protagonistas, los antagonistas y un nutrido elenco de secundarios desfilan (muchas veces en bolas) por estas páginas sin esa presión de que "tienen que pasar cosas TODO el tiempo". Hay episodios muy hablados, episodios en los que los propios autores ironizan con que se fueron al carajo con los diálogos, y hasta momentos meta en los que Zdarksy y Fraction aparecen brevemente como protagonistas, para explicarnos a los lectores (por supuesto, MUY en joda) algunos puntos de la historieta y su realización. Como en Oumpah-Pah, acá tenemos un combo muy bien logrado entre aventura y humor, aunque el tono del humor sea absolutamente distinto. Me da la sensación de que, con el correr de los episodios, a Fraction le empieza a interesar menos el tema de los poderes bizarros de los personajes y más el vínculo entre ellos. De a poco, Sex Criminals se convierte en un estudio acerca de la relación entre Suzie y Jon, qué los atrae, qué los mantiene juntos, cómo funciona esa pareja que, cuando comparte un orgasmo, logra detener el tiempo. Y esto está muy bien logrado, tanto desde los diálogos (impecablemente zarpados) como desde las expresiones faciales, encima todo respaldado por un timing de comedia romántica yanki perfectamente reproducido, que se articula muy bien con las escenas de corte más policial, las de corte más fantástico, las de corte más erótico y las que introducen elementos que van para el lado del espionaje.
Una lectura muy entretenida, con carcajadas, con secuencias más tensas, secuencias MUY hot y con varios misterios que Fraction y Zdarsky no tienen ningún apuro en resolver. No tengo el Vol.4, así que tal vez tarde dos años (o más) en retomar la serie, pero no pasa nada. Tengo otras obras de Fraction bastante arriba en el pilón de los pendientes. Ya las comentaremos por acá.
Nada más, por hoy. No se pierdan el estreno de Opiniones Meméticas este miércoles en los canales de YouTube de Comiqueando y La Batea, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.
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lunes, 18 de marzo de 2024
A VER SI LOGRO RETOMAR
Acá estamos, después de una semana rara, en la que me absorbió muchísimas horas el evento de los Premios Cinder que hicimos sábado y domingo. Algo logré leer (siempre menos de lo que me hubiese gustado) y ahora tengo un rato para escribir las reseñas.
De casualidad, boludeando en una comiquería de París, me enteré que existía Ikki Mandara, un manga de Osamu Tezuka del que jamás había oído hablar. Son alrededor de 550 páginas, que el Dios del Manga serializó a lo largo de unos siete meses, entre 1974 y 1975, en la revista Weekly Shonen Sunday, hasta que la cerró de manera medio arbitraria, en un punto donde quedan colgadas algunas de las tramas que venía desarrollando.
La historia arranca en China en el año 1900, y se mete a fondo con la famosa (pero poco difundida en Occidente) revolución de los Boxers. En ese contexto, turbulento y complejo, emerge Sanniang, una joven campesina, ingenua e iletrada, que de alguna manera se convertirá en una hábil guerrera, por momentos una verdadera máquina de matar, que cobrará notoriedad entre las tropas rebeldes. Tezuka no le cobra para nada barato el protagonismo que le va a dar a Sanniang: la pobre piba va a vivir cientos de páginas al límite, y va a recibir (además de la discriminación típica de una sociedad que le tenía asignados roles muy menores a las mujeres) golpes, heridas, traiciones, torturas y violaciones. En algún momento, parece cobrar relieve una trama de amor no correspondido, pero al lado de lo que sufrió Sanniang por involucrarse con los Boxers, un revés romántico es casi una pelotudez.
Sobre el final de la primera mitad, Sanniang logra huir de China a Japón junto a Wang Taihai y en el segundo tramo de la obra, este otro revolucionario chino va a compartir protagonismo con la joven. Y se va a sumar un tercer protagonista, en este caso alguien que existió en la vida real: Ikki Kita, un destacado pensador, una figura de la filosofía política japonesa de principios del Siglo XX. Este tramo ambientado en Japón será un toque menos violento que el primero, pero seguirá a full la rosca política, la intriga palaciega, los conflictos entre tradiciones ancestrales y una modernidad que (con mucha guita en juego) viene a llevarse todo por delante. Acá hay más tiempo de debatir ideología, porque los personajes no están todo el tiempo tratando de que no los asesinen... aunque Wang Taihai la pasa bastante mal, pobre, por meterse en el medio entre la hija de una familia aristocrática y un poderoso empresario que tenía planeado casarse con ella.
En Ikki Mandara vemos a Tezuka ensayar lo que años más tarde va a hacer un poco mejor en Adolf: tomar un conflicto bélico del mundo real, un personaje fuerte que existió y que (por lo menos en Japón) todo el mundo conoce, y "decorarlo" con personajes ficticios, enroscados en una trama compleja, por momentos demasiado retorcida, y con un nivel de violencia absolutamente shockeante. ¿Por qué digo que en Adolf lo hace mejor? Primero, porque llega a un final mucho más contundente. Acá el manga se termina en cualquier lado, con uno de los protagonistas preso y los otros dos viendo qué carajo hacen con sus vidas. El propio Tezuka reconoce en el epílogo que le hubiese gustado continuar Ikki Mandara más adelante, tal vez en otra revista. Y lo más importante: el dibujo. Estas no son ni remotamente las páginas más inspiradas de Tezuka a nivel visual. Hay un trabajo excelente en los fondos, y en las batallas, y en todo lo que está pensado para apuntalar el realismo de la historia, pero los personajes están dibujados así nomás, de modo a menudo inconsistente. Así, mientras Sanniang parece un personaje de un manga infantil, que cada tres viñetas ve sus rasgos deformados de manera grotesca por el dolor, la sorpresa, la furia, o incluso por la alegría, Kita está dibujado como si fuera Golgo 13, o algún otro personaje de un gekiga de Takao Saito. Hasta los caballos están dibujados así nomás, sin mucho cuidado por la anatomía. Por suerte la puesta en página es gloriosa, y destaco sobre todo esa página de 32 viñetas, algo que nunca había visto funcionar tan bien como acá.
Imposible poner a Ikki Mandara entre las obras fundamentales del Manga no Kamisama, pero está buena para leer algo distinto, una aventura trepidante y zarpada en un contexto histórico fascinante. Como Adolf, pero varios años antes.
Hace mil años, el 20/07/16, hubo reseña del Vol.1 de Sex Criminals y recién ahora leí el Vol.2. Cualquiera. Lo importante es que me cagué de risa. En este segundo tomo pasan menos cosas que en el Vol.1, o por lo menos hay bastante menos acción. Entonces hay más desarrollo de personajes, más diálogos, más profundidad, y más sexo. Es maravilloso lo ido al carajo que está Matt Fraction en materia de chistes de pija, concha, guasca y garche. No recuerdo otros comics de mainstream yanki donde haya tanto de eso... Por ahí The Pro, aquella obra maestra de Garth Ennis y Amanda Conner... pero me acuerdo que en The Pro se hablaba de coger más de lo que efectivamente se cogía. En Sex Criminals, además de la sanata y los chistes, hay garche a pleno, y muchas veces es relevante para la trama.
Me pareció brillante el episodio en el que Fraction cuenta la vida de una piba que pasa en poco tiempo de bailar en bolas en cabarulos, a posar para revistas eróticas, a protagonizar películas porno, y todo el tiempo te hace la comparación entre lo que factura esta piba y lo que gana la gente común en laburos "normales" de oficina o mostrador. Pero en general, todo el tomo está bueno y te genera una empatía enorme con Jon y Suzie, los protagonistas de la serie.
Los dibujos son de Chip Zdarsky (sí, el guionista de Batman), que hace gala de un trazo preciosista, muy detallado, con gran atención por los detalles en los fondos y en el lenguaje corporal y gestual de los personajes. Además el propio Zdarsky está a cargo del color, que es magnífico y acompaña a la perfección los climas de la historia.
No sé cuándo voy a retomar la lectura de Sex Criminals, porque no tengo el Vol.3. Ojalá no pasen casi ocho más, porque este Vol.2 me dejó muy al palo. Hasta los extras que vienen al final del tomo están buenísimos, de verdad.
Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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miércoles, 20 de julio de 2016
HORA DE VOLVER
La verdad es que durante esa inolvidable semana en España no tuve tiempo para postear nada. Sí para leer, porque el viaje fue largo. Así que, ya en casa, es hora de reseñar algunos de los libritos que me bajé en aviones, trenes y micros.
Pedro and Me es una novela gráfica editada en 2000, en la que Judd Winick (que todavía no era guionista, sino autor integral) nos cuenta su experiencia en MTV: The Real World, uno de los primeros realities de la historia de la televisión. En esa convivencia filmada por no sé cuántas cámaras, este joven dibujante newyorkino se hizo amigo de Pedro Zamora, un chico nacido en Cuba y emigrado a EEUU, portador del virus del HIV. La historia de Pedro conmovió a todo el país, sobre todo porque unos pocos meses después de terminado el reality, este incansable vocero de los enfermos de SIDA falleció, con sólo 24 años. En 180 páginas, Winick nos cuenta su vida, la de Pedro y la increíble experiencia de haberse conocido en condiciones tan atípicas como un reality que vieron millones de personas, donde también participaba la que hoy es la esposa del autor. Por supuesto que el conflicto central es la enfermedad de Pedro, y desde el primer momento sabemos que va a terminar mal. Pero el tono no es excesivamente bajonero ni solemne. De hecho, creo que lo mejor que tiene la obra es el tono, la forma en la que Winick nos mete en la historia y logra que nos interesemos por lo que sucede sin apelar a golpes bajos y sin predicar. El dibujo no llega a ser precario, pero no brilla demasiado. Lo que más me gustó de la faz gráfica es el rotulado, que me hizo acordar mucho al de Scott McCloud. Si no te aburre la temática, Pedro and Me se puede abordar como una historieta autobiográfica muy lograda, o como un rastreo arqueológico de la época en que Judd Winick todavía dibujaba sus propios guiones, sin superhéroes, pero con luchadores de carne y hueso.
Finalmente, y después de muuuuchos años, conseguí el tomito que me faltaba de Los Reyes Elfos, casualmente el primero, el que dio origen a la extensa saga creada por Víctor Santos también en el 2000. Al haber leído todo lo posterior, ya sabía todo lo que iba a pasar en estas primeras 42 páginas: el príncipe Ehren Heldentodsson regresa a Alfheim tras un largo exilio en medio de un clima enrarecido y debe suceder en el trono a su padre, que muere en un combate. Lo que me llamó la atención es cómo suceden estas cosas, a qué ritmo, y con cuántas pistas acerca de lo que iba a pasar más adelante. Evidentemente acá había un plan, Santos sabía muy bien que esto era sólo el principio y abre un montón de puntas que más adelante se van a explorar a fondo. Las 42 páginas parecen 64, porque hay muchas páginas con más de 12 viñetas. Esto permite que el espacio alcance para explicar todo el entramado sociopolítico de Alfheim, presentar a los personajes y desembocar en una machaca no tan enfatizada, pero muy satisfactoria. El dibujo está muy verde comparado con lo que veremos hacer más adelante a Santos, y aún así se la re-banca.
Vamos con el primer tomo de Sex Criminals, la muy original, picante, transgresora y ganchera serie de Matt Fraction y Chip Zdarsky. Al dibujante no lo conocía y la verdad es que me gustó mucho, sobre todo por cómo trabaja la composición de las viñetas, por cómo encara esas páginas de muchos cuadros y por su manejo del color, que es impactante y elegante a la vez. Al guionista, en cambio, ya lo tengo bastante junado y –por más limada que sea la idea de esta serie- difícilmente me sorprenda como me sorprendió con Casanova, por citar su obra más personal. Lo que sí me resultó increíble es lo zarpado del contenido, la cantidad de menciones y apariciones explícitas de las pajas, los lechazos, los dildos, los petes, los garches, los orgasmos y todo el universo de los placeres carnales, que en la historieta aparecen con frecuencia sólo en el género porno, y están prácticamente suprimidos en todos los demás. Acá a Fraction se le ocurrió la forma de que una historia de amor y aventuras funcione en torno a un “superpoder” íntimamente ligado al sexo, y el resultado es gracioso y efectivo. Le falta un poquito más de fuerza a la aventura: por momentos parecieran sobrar los villanos, su aparición no resulta ni a palos tan natural ni tan interesante como la relación entre Suzie y Jon, que está muy, muy bien trabajada. Obviamente me cebó como para ir por un segundo tomo… y para desear que los autores no se jueguen a estirar la idea más de lo que esta puede resistir sin hacerse burda o reiterativa.
Tengo más material leído así que, si llego con el tiempo, clavo una reseña más antes del domingo. Será hasta pronto!
Pedro and Me es una novela gráfica editada en 2000, en la que Judd Winick (que todavía no era guionista, sino autor integral) nos cuenta su experiencia en MTV: The Real World, uno de los primeros realities de la historia de la televisión. En esa convivencia filmada por no sé cuántas cámaras, este joven dibujante newyorkino se hizo amigo de Pedro Zamora, un chico nacido en Cuba y emigrado a EEUU, portador del virus del HIV. La historia de Pedro conmovió a todo el país, sobre todo porque unos pocos meses después de terminado el reality, este incansable vocero de los enfermos de SIDA falleció, con sólo 24 años. En 180 páginas, Winick nos cuenta su vida, la de Pedro y la increíble experiencia de haberse conocido en condiciones tan atípicas como un reality que vieron millones de personas, donde también participaba la que hoy es la esposa del autor. Por supuesto que el conflicto central es la enfermedad de Pedro, y desde el primer momento sabemos que va a terminar mal. Pero el tono no es excesivamente bajonero ni solemne. De hecho, creo que lo mejor que tiene la obra es el tono, la forma en la que Winick nos mete en la historia y logra que nos interesemos por lo que sucede sin apelar a golpes bajos y sin predicar. El dibujo no llega a ser precario, pero no brilla demasiado. Lo que más me gustó de la faz gráfica es el rotulado, que me hizo acordar mucho al de Scott McCloud. Si no te aburre la temática, Pedro and Me se puede abordar como una historieta autobiográfica muy lograda, o como un rastreo arqueológico de la época en que Judd Winick todavía dibujaba sus propios guiones, sin superhéroes, pero con luchadores de carne y hueso.
Finalmente, y después de muuuuchos años, conseguí el tomito que me faltaba de Los Reyes Elfos, casualmente el primero, el que dio origen a la extensa saga creada por Víctor Santos también en el 2000. Al haber leído todo lo posterior, ya sabía todo lo que iba a pasar en estas primeras 42 páginas: el príncipe Ehren Heldentodsson regresa a Alfheim tras un largo exilio en medio de un clima enrarecido y debe suceder en el trono a su padre, que muere en un combate. Lo que me llamó la atención es cómo suceden estas cosas, a qué ritmo, y con cuántas pistas acerca de lo que iba a pasar más adelante. Evidentemente acá había un plan, Santos sabía muy bien que esto era sólo el principio y abre un montón de puntas que más adelante se van a explorar a fondo. Las 42 páginas parecen 64, porque hay muchas páginas con más de 12 viñetas. Esto permite que el espacio alcance para explicar todo el entramado sociopolítico de Alfheim, presentar a los personajes y desembocar en una machaca no tan enfatizada, pero muy satisfactoria. El dibujo está muy verde comparado con lo que veremos hacer más adelante a Santos, y aún así se la re-banca.
Vamos con el primer tomo de Sex Criminals, la muy original, picante, transgresora y ganchera serie de Matt Fraction y Chip Zdarsky. Al dibujante no lo conocía y la verdad es que me gustó mucho, sobre todo por cómo trabaja la composición de las viñetas, por cómo encara esas páginas de muchos cuadros y por su manejo del color, que es impactante y elegante a la vez. Al guionista, en cambio, ya lo tengo bastante junado y –por más limada que sea la idea de esta serie- difícilmente me sorprenda como me sorprendió con Casanova, por citar su obra más personal. Lo que sí me resultó increíble es lo zarpado del contenido, la cantidad de menciones y apariciones explícitas de las pajas, los lechazos, los dildos, los petes, los garches, los orgasmos y todo el universo de los placeres carnales, que en la historieta aparecen con frecuencia sólo en el género porno, y están prácticamente suprimidos en todos los demás. Acá a Fraction se le ocurrió la forma de que una historia de amor y aventuras funcione en torno a un “superpoder” íntimamente ligado al sexo, y el resultado es gracioso y efectivo. Le falta un poquito más de fuerza a la aventura: por momentos parecieran sobrar los villanos, su aparición no resulta ni a palos tan natural ni tan interesante como la relación entre Suzie y Jon, que está muy, muy bien trabajada. Obviamente me cebó como para ir por un segundo tomo… y para desear que los autores no se jueguen a estirar la idea más de lo que esta puede resistir sin hacerse burda o reiterativa.
Tengo más material leído así que, si llego con el tiempo, clavo una reseña más antes del domingo. Será hasta pronto!
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