Ahora que terminé con las novedades que nos ofreció el mercado editorial argentino durante 2015, me animo a clavarme la reedición de un clásico, en este caso a cargo de la editorial española 001 Ediciones.
Este primer tomo de Savarese reúne los episodios originales de la serie creada en 1978 por Robin Wood y Cacho Madrafina. Son las 12 primeras entregas de esta serie que se extendería por más de 10 años en las revistas de Columba y que está recopilada en libros hasta el final sólo en Italia. Acá podemos atestiguar el origen de Savarese, la muerte de su familia, su llegada a EEUU y recién sobre el final, sus primeros coqueteos con la idea de convertirse en agente de la ley y el orden.
Son historias tristes, desgarradoras, donde las situaciones crueles y violentas que narra Wood están prolijamente adornadas con una prosa sugestiva, con mucho vuelo, que apunta siempre a la emoción y nunca falla. Obviamente hay una abundancia de bloques de texto que hoy nos resulta casi alienígena, pero de alguna manera funciona. Las tramas son atrapantes y por supuesto está muy cuidado el desarrollo de este personaje joven, frágil, inexperto en todo (principalmente en ser feliz), al que Wood y Mandrafina convertirán, con el correr de los años, en un grosso de aquellos.
El dibujo es adusto y expresivo, está resuelto con muchos primeros planos y con una magia increíble a la hora de jugarse todas las fichas la claroscuro. Lástima la calidad de la reproducción (eterno problema a la hora de reeditar trabajos clásicos de Robin Wood) que no logra captar un montón de las sutilezas del trazo de Mandrafina, que acá se ve mucho más opaco y empastado que en otras ediciones.
Otro clásico que resistió bien el paso del tiempo es la maxiserie de los Inhumans, de Paul Jenkins y Jae Lee. Esto armó un lindo kilombito cuando salió allá por 1998-99 y leído hoy, por suerte sigue teniendo onda y sentido. Es una historia rara, bastante rupturista, que busca abordar la temática de los Inhumans desde una óptica muy distinta a la de las clásicas aventuras de los ´60 y ´70. Pero Jenkins se sale con la suya y logra revigorizar la mitología de Blackagar Boltagon y su familia.
La saga en sí está muy estirada, con episodios enteros que podrían tranquilamente no estar. En general, están compuestos por escenas de desarrollo de personajes, o de escenas que le sirven a Jenkins para describir aspectos de esta sociedad basada en la diversidad. La trama central, una clásica rosca política, casi sin margen para la machaca, se resuelve muy sobre el final, de modo para nada predecible. El dibujo de Jae Lee está bien. Esta es la obra en la que se decide a dejar de ser un clon de Leo Manco y buscar su propia identidad dentro del estilo Juan Carlos Flicker, que aún hoy lo tiene como abanderado. No esperes mucha plasticidad, ni muchos logros en materia de narrativa y puesta en página, pero por lo menos no es un artbook con textos encima.
Así que si sos fans de los Inhumans, seguramente te va a interesar bastante más que todos estos títulos que lanzó Marvel en los últimos años y que resultan tan difíciles de diferenciar entre sí y del resto de la línea heroica de la editorial. Con sus defectos y virtudes, los Inhumans de Jenkins y Lee no se parecían a nada de lo que editaba Marvel en ese entonces y eso le otorga a esta serie la chapa de haber propuesto un comic de autor dentro del mainstream (además de haber logrado nominaciones a varios premios en los que Marvel llevaba años siendo sistemática y merecidamente ninguneada).
Y tengo más material leído, pero estas dos reseñas me quedaron larguísimas, así que guardo para una futura entrada. Me despido, no sin antes confirmarles a los amigos uruguayos que nos vemos este finde, el 28 y 29 de Mayo, en Montevideo Comics.
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sábado, 21 de mayo de 2016
jueves, 23 de diciembre de 2010
23/ 12: FANTASTIC FOUR/ INHUMANS
Este tomo recopila dos sagas, una originalmente publicada como miniserie (Inhumans, 2000) y la otra serializada en 2002 en la revista Fantastic Four, justo en el bache entre la partida de Carlos Pacheco y la llegada de Mark Waid y Mike Wieringo.
El mismo Pacheco es el guionista de la mini de los Inhumans, un comic más político que superheroico, con más intriga palaciega que machaca, en la que cambia el status quo de la familia real liderada por Black Bolt cuando Attilan pasa a ser una especie de fortaleza espacial que vaga por el espacio y el monarca y su familia son expulsados de la msima por el resto de los inhumanos. Pacheco trabaja bien las personalidades de los protagonistas, le da mucha chapa a Ronan the Accuser y relanza el concepto de Starlord, creado por Steve Englehart en los ´70.
Pero lo más impactante es el dibujo. El astro mexicano José Ladronn se propuso clonar (dentro de lo humanamente posible) el estilo en el que Juan Giménez hacía La Casta de los Metabarones, y esto se ve por todos lados: las naves, las armas, los trajes, las caras, por supuesto la paleta de colores, con esos engamados donde priman los colores fríos… impresionante. Pero Ladronn fue más allá y hasta se decidió a contar la historia como si en vez de un comic-book yanki fuera un álbum francés, con muchísimas páginas de 10 viñetas, pocos primeros planos y demás. Agobiado por la magnitud del laburo, se bajó antes de terminar y el último episodio cayó en manos de Jorge Lucas (el autor de Cazador) quien –dentro de los lineamientos planteados por Ladronn- metió bastante de su impronta personal, mucho más cerca de Jack Kirby que de Juan Giménez.
En la segunda saga, el siempre correcto guionista (y magnífico entintador) Karl Kesel se propone cerrar alguna puntas argumentales que dejó abiertas Pacheco cuando se desvinculó de los Fantastic Four. Acá tenemos la resolución del plot de Johnny y su carrera de actor en Hollywood, el misterio de Senso y su relación con los poderes de Ben, y el nacimiento de la nueva hijita de Reed y Sue. Y además nos enteramos a dónde fueron a parar Black Bolt y los suyos cuando los rajaron de Attilan. O sea que, para cuatro episodios, hay material de sobra. Sumémosle una acertada bajada de línea contra la xenofobia y la discriminación (otra, porque la de Nemesis de ayer no alcanzó) y una participación del glorioso Dr. Doom que llenará de emoción a todos sus fans (me incluyo, por supuesto) y tenemos una saguita que –sin ser una joya fundamental- te deja mucho más satisfecho que el típico artefacto de continuidad para restaurar o cambiar el status quo de una serie y dejársela prolija y lisita al equipo creativo que se está por hacer cargo.
Eso sí, hay que aguntar los dibujos de un Mark Bagley no muy inspirado y fuera de sintonía con los tres entintadores (repito: tres entintadores) que le meten mano a su trabajo a lo largo de estos cuatro episodios. Me imagino lo que debe haber puteado Bagley, que se siente a sus anchas dibujando a los pedos, sacando las páginas con fritas, cuando le dijeron que le tenía que agregar a los trajes de los Inhumans todos esos detallitos microscópicos que le había agregado Ladronn en la miniserie… Pero bueno, con buena voluntad se sobrelleva.
Ahora sí, ya no tengo excusas para no entrarle a la etapa de Waid y Wieringo en Fantastic Four, que todo el mundo me dice que es alucinante. La tengo entre mis prioridades para 2011, a full.
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