Mostrando entradas con la etiqueta Achdé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Achdé. Mostrar todas las entradas
lunes, 6 de octubre de 2025
ULTIMAS RESEÑAS PRE-VACACIONES
¿Única entrada en el blog para este mes de Octubre? Puede ser. Me voy de vacaciones mañana a la noche y vuelvo el 30. No descarto postear reseñas el 31, pero tampoco tengo ninguna certeza de que vaya a hacerlo. Así que es probable que esta sea la única vez que comparto reseñas en el mes.
Vengo de muchos días sin postear porque me dediqué a disfrutar muy de a poco las 20 historietas que componen la reciente edición de Dioses y Demonios, de los maestros Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Tres por día, cuatro como mucho. Esa me parece que es la dosis ideal para que estos relatos peguen como tienen que pegar. Son historietas de principios de este milenio, muchas de las cuales nunca se habían publicado en castellano y varias de las cuales están al nivel de las mejores producciones de la dupla mágica.
Acá no hay personajes recurrentes, no hay un héroe o una heroína a quien vemos evolucionar a lo largo de una saga, sino que son todas historias autoconclusivas de 12 páginas. Muchas de ellas involucran a deidades de infinito poder y nombres estrambóticos, que son siempre las mismas, aunque esto no está muy enfatizado. No es como en los comics de superhéroes, que cuando vuelve a aparecer un villano clásico se arma todo un build-up, y un espamento tremendo. Acá algunos de estos dioses reaparecen en varias historias y es algo que resulta normal, o tan normal como pueden resultar las cosas en un contexto de fantasía extrema. Pero si republicás cada una de estas historietas en una antología distinta, apuntadas a lectores que nunca van a leer las otras 19, no pasa nada. Está todo bien, nadie se queda con menos data de la que hace falta para que estas historias te hagan muy feliz.
Como es su costumbre, Mazzitelli recurre a reyes majestuosos, guerreros imbatibles, princesas hermosas, engendros horrendos, dioses omnipotentes y demonios abyectos para contar historias absolutamente humanas de obsesiones, ambiciones, amores, lealtades, heroísmo, codicia y poder. Son breves fábulas en las que los personajes por lo general aprenden una lección, a veces demasiado tarde. Fábulas de muerte con y sin honor, de guerras, catástrofes y holocaustos, en las que los dioses y los demonios suelen tener roles secundarios mientras los hombres y mujeres motorizan las tramas y forjan las leyendas. El guionista adorna todo esto con su prosa elegante, sus sentencias extremas y su tinte entre filosófico y poético, que eleva a la aventura por encima de las peripecias, los engaños entre fulleros cósmicos y la machaca contra monstruos inconmensurables.
Y si faltara algo para sumarle sofisticación a la épica, está el dibujo de un Alcatena inspiradísimo, que deja la vida en cada página y en cada viñeta. También fiel a su estilo, Quique no escatima ni un trazo de tinta ni una pizca de su formidable imaginación. Todo está en estas páginas, volcado por el dibujante con una generosidad pasmosa. Los diseños de los personajes, los palacios, las criaturas, los dioses... Todo se ve absolutamente original, todo forma parte de una especie de orquestación perfecta que incluye hasta a los bordes de las viñetas. Un ensamble que deslumbra y asombra, sobre todo porque para que un comic de aventura y fantasía funcione bien, normalmente hace falta mucho menos de lo que Quique pone en cada página de Dioses y Demonios. Pero los grandes son así, y no se miden: dan todo y más, siempre, pase lo que pase.
Obviamente si sos fan de Mazzitelli y Alcatena, Dioses y Demonios te va a volar la cabeza. Y si no, si nunca leíste nada de los Reyes Magos de la historieta argentina, es un buen punto de entrada para empezar a explorar sus alucinantes multiversos. Repito: se disfruta más si leés pocas historias por día. Pero entiendo que te las quieras deglutir todas de un saque, porque es muy difícil resistirse a tanto talento junto.
Y me vengo a 2022, cuando los grossísimos Jul y Achdé clavan otro álbum magistral de Lucky Luke, que felizmente tuvo edición argentina en Libros del Zorzal en 2023. El Arca de Rantanplán es uno de los álbumes en los que más presente está el fantasma de René Goscinny, y ese es un elogio gigantesco. Jul entiende como pocos los mecanismos que el maestro ponía a funcionar en cada aventura de Lucky Luke y gracias a eso, logra reproducir la magia de los mejores álbumes de la serie. Todo parte de un dato de la realidad: en 1866, plena época del Salvaje Oeste, se crea en EEUU la primera asociación de lucha contra la crueldad hacia los animales. De ahí en más, Jul juega a imaginar cómo le iría en esa época a un tipo que predica dejar de morfarse a los animales de granja, no cazarlos por deporte, no usarlos como bestias de carga, no forzar a los caballos a transportar personas durante más de 20 minutos... Si hoy nos parece medio bizarro, hace 150 años esto era un delirio absoluto, y por ende, fuente de una cantidad inagotable de situaciones humorísticas. Jul las combina con la arista aventurera, encarnada en Lucky Luke y un temible villano llamado Tacos Cornseed. Pero la revolución que impulsa Ovidio Byrde es tan radical que se involucran también los indios de una tribu comanche, otros forajidos del Oeste y hasta la gente común de Cattle Gulch. El resultado es una aventura sumamente sociológica, similar en ese aspecto a joyas como Obélix y Compañía o La Residencia de los Dioses.
Como siempre, Achdé replica a la perfección no solo el dibujo de Morris sino también el timing para la comedia que caracterizaba al genial autor belga. Hoy que el debate acerca del veganismo y los derechos de los animales empieza a cobrar fuerza en la sociedad, trasladarlo a 1870 resulta una idea brillante. Y está tan bien plasmada por Jul y Achdé, que me animo a recomendarle este álbum inclusive a quienes nunca leyeron nada de Lucky Luke y no tienen la más puta idea de por qué en un comic que, a primera vista, parece una sátira a los clásicos relatos del género Western, aparecen un caballo que habla y un perro que piensa.
Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos el jueves 30 a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando para una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta. ¡Gracias y hasta entonces!
Etiquetas:
Achdé,
Eduardo Mazzitelli,
Jul,
Lucky Luke,
Quique Alcatena
jueves, 18 de septiembre de 2025
DOS CLÁSICOS DE SIEMPRE
Hoy tengo para comentar aventuras relativamente recientes de dos personajes con larguísima andadura en el mundo de las historietas.
Empiezo en 2014, cuando la editorial Hermes le encarga al maestro Howard Chaykin que reformule, actualice o reactive de alguna manera a Buck Rogers, un personaje que llegó a las viñetas en 1929 de la mano de Dick Calkins y desde entonces se convirtió en el pionero absoluto en el campo de la ciencia ficción. De hecho, un personaje hoy mucho más recordado como es Flash Gordon, existe gracias al enorme éxito que tuvo Buck Rogers en aquellos años. Chaykin ya había revitalizado viejos conceptos como The Shadow y Blackhawk, así que habrá dicho "qué le hace una mancha más al tigre", y se puso manos a la obra para repensar los mitos de Buck Rogers en el Siglo XXI.
El principal aporte del maestro es el de la entrada en juego de un contexto político. Buck es un héroe con conciencia social, que ya desde su juventud a principios del Siglo XX se dio cuenta de que los oprimidos se tienen que unir para combatir a los opresores, que son poderosos, pero poquitos. Tras su larguísimo letargo, ahora nos lo encontramos en el Siglo XXV, donde su plan es el mismo: ponerle freno a las luchas intestinas entre las facciones de estadounidenses que sobreviven en un país sometido por invasores chinos, lograr una alianza entre todos y mandarse juntos, a derrotar a los usurpadores y recuperar el país que aman. Esta vez, la aventura de ciencia ficción de buenos contra malos, con naves espaciales, mochilas propulsoras y pistolas que tiran rayitos, se da en un contexto de revolución contra el poder establecido. Buck convence (no sin esfuerzo) a Wilma Deering y al resto de los cabecillas de los distintos grupos rebeldes de apoyar una movida muy arriesgada para detectar las debilidades de la ocupación china, y asestarle un golpe letal antes de que los invasores liquiden definitivamente a los pocos yankis que quedan en pie. De eso se trata, básicamente, Grievous Angels.
Lo más llamativo es que Chaykin no incorpora uno de sus elementos predilectos, que es el sexo. Acá no se coge, no se habla de coger y ni siquiera aparece la palabra "fuck". Este es un Chaykin apto para todo público, con diálogos afilados y momentos muy impactantes, pero acotados a lo que ya mencionamos: la aventura (intensa, vibrante) y el contexto político. Comparada con otras obras del ídolo, la trama de Grievous Angels es bastante lineal, menos enroscada. No llegás al final del tercer episodio pensando cómo corno va a resolver todo el despelote que se armó en el episodio que le queda, sino que (salvo el primer episodio, que funciona como presentación de los personajes y el mundo de Buck Rogers para quien no lo conoce) en general toda la historia avanza de manera bastante clara y orgánica hacia la confrontación final entre Buck y sus aliados y los invasores.
No me quiero extender con largas loas a la faz gráfica de Buck Rogers: Grievous Angels porque en los años que lleva el blog ya vimos unas cuantas obras de Howard Chaykin dibujadas en este siglo, incluso muchas de ellas con el mismo colorista que lo complementa esta vez, el siempre sólido Jesús Aburtov. La narrativa, la puesta en página, el trazo, es todo 100% Chaykin, todo muy fiel a la impronta del ídolo que ya vimos unas cuantas veces (igual para los que somos fans de Chaykin, nunca es suficiente). Y obviamente está buenísimo todo, a años luz de los dibujantes del montón con los que suelen llenar las páginas de sus revistas las editoriales del mainstream yanki. Si nunca leíste comics de Buck Rogers, empezá por acá, que lo de Calkins es absolutamente ilegible.
Nos vamos a 2020, cuando la tremenda dupla integrada por Jul y Achdé se despacha con una aventura de Lucky Luke que acá se publicó como "La Tierra Prometida". De nuevo, no quiero perder tiempo hablando del dibujo, porque en otras reseñas de álbumes de esta serie ya conté qué opino del trabajo de Achdé y de cómo esta bestia del Noveno Arte (cuyo verdadero nombre es Hervé Darmenton) honra y perpetúa el inmortal legado de Morris.
Por el lado del guion, Jul se enfrenta a dos grandes desafíos. Primero que nada, encontrar algo nuevo para hacer con un personaje que ya tiene casi 100 álbumes a sus espaldas y que ya vivió una cantidad de aventuras tan brutal, que es casi imposible no repetirse. Pero al guionista se le ocurre un argumento original: Lucky Luke debe escoltar a una familia de judíos ortodoxos que llegan desde Europa y necesitan atravesar buena parte del salvaje Oeste para llegar a la tierra prometida, un pueblo llamado Chelm City (como una ciudad de Polonia) en la que ya se han asentado unas cuantas familias de origen judío. Y ahí llega el segundo desafío: satirizar las costumbres de estos personajes, percibidos por Lucky Luke y Jolly Jumper como extravagantes y bizarros, sin faltale el respeto a la religión judía.
Buena parte del humor de este álbum se sostiene en ese contrapunto entre un cowboy simple, sin el menor contacto con la religión, ni con la tradición judía, y esta familia que respeta a rajatabla ritos extraños, rebuscados, incómodos, que hacen aún más traumática su adaptación a estas tierras inhóspitas que deben recorrer. Jul se caga de risa de la idishe mame, de los voluminosos libros religiosos, de la forma en que los judíos ortodoxos excluyen de su dieta un amplio espectro de comidas, y un larguísimo etcétera, siempre pensando en conseguir la complicidad del lector, sea judío o no. Obviamente no se puede zarpar mucho en la sátira, precisamente por eso: estos álbumes se leen mucho en países con grandes colectividades judías, y además siempre está flotando la sombra de René Goscinny, que también venía de esa tradición. Pero Jul es muy capo y logra un muy buen equilibrio entre esta sátira de las costumbres judías, su choque con las tradiciones de cowboys, milicos y tribus indígenas de los EEUU y -lógicamente- la aventura en la que vuelan tiros, flechazos y piñas. Tal vez lo más flojo sea el villano, que ya desde la primera secuencia en la que aparece se nota que no está a la altura del plan que urde para amargarle la vida a Luke y sus acompañantes. Tanto fracasa este pobre Ned, que Jul se termina deshaciendo de él unas 11 páginas antes del final.
Claramente no pongo a La Tierra Prometida en mi selección de las mejores historias de Lucky Luke, porque Jul y Achdé ya me ofrecieron álbumes mejores que este. Pero la verdad que lo disfruté bastante, me entretuvo, me reí mucho con los chistes (tiene referencias a Batman, Star Wars, los Hermanos Marx y un montón de boludeces más) y en varios momentos sentí esa magia que sentía de pibe cuando leía los Lucky Luke de Goscinny y Morris... lo cual ya es un montón.
Gracias totales, nos reencontramos pronto acá en el blog y el miércoles 24 en el canal de YouTube de Comiqueando, donde tendremos un nuevo programa en vivo de Agenda Abierta. Hasta entonces.
Etiquetas:
Achdé,
Buck Rogers,
Howard Chaykin,
Jul,
Lucky Luke
martes, 30 de enero de 2024
MARTES A.T.R.
Cerramos el Enero más largo de la historia con una noche calurosa en la que aprovecho un rato libre para escribir reseñas.
Tenía colgada desde Abril una serie alucinante como es 20th Century Boys, del maestro Naoki Urasawa. Y me tocó volver con un tomo en el que el autor reincide en la especialidad de la casa: insertar en la trama nuevos personajes y desarrollarlos un montón, a los efectos de contar en detalle algo que, en el contexto general de la obra, no es tan relevante. En este caso quiero subrayar el trabajo que hace Urasawa con el padre Luciano, un personajón increíble, totalmente tridimensional, que le sirve para darle dramatismo y fuerza a la historia en la que el Papa viaja a Japón a pesar de que se está cocinando una runfla muy espesa para hacerlo boleta. Todo el tema de Amigo muerto y su posible resurrección es muy potente y está narrado de tal modo de generar el máximo suspenso posible como para poner muy nervioso al lector.
La segunda parte del libro se excede un poco en la extensión de los flashbacks a la infancia de Amigo, pero claro, ahora que nos reveló su identidad, Urasawa ya puede explorar con más libertad la conexión entre el villano central del manga y el grupito de "los buenos". Y como tantas cosas en 20th Century Boys, esa conexión tiene que ver con el pasado y más precisamente con la infancia. Este segundo tramo arranca con un timeskip, y también presenta con lujo de detalles a nuevos personajes que -en una de esas- se integrarán al elenco protagónico.
Es muy loco que todo esto esté escrito ANTES de la pandemia de Covid-19, porque los puntos de contacto con lo que pasó en el mundo real son muchísimos y muy alarmantes. Y lo más absurdo y disparatado de todo es -como siempre- la calidad del dibujo de Urasawa. La secuencia del Papa y el pandillero japonés en el pueblito chino de QingDong es una cátedra de narrativa totalmente demoledora, que te descoloca por completo en su complejidad y en la emoción que transmite. Y como esa hay varias. Tengo el Vol.9 en el pilón de los pendientes, así que prometo entrarle pronto.
Me voy a Francia, año 2020, cuando se publica Un Cowboy entre Algodones, un álbum de Lucky Luke escrito por Jul y dibujado por Achdé. Acá reaparece el legendario Bass Reeves (a quien conocimos el 05/09/23), aunque en un rol secundario. Pero está bueno que haya un personaje negro en el centro de la escena, porque este álbum aborda (por primera vez en la historia de esta longeva serie) el tema de las secuelas de la Guerra de Secesión y la reinserción de los ex-esclavos negros en la nueva sociedad que se va a construir en los Estados Unidos. El nuevo statu quo es particularmente picante en los estados del Sur (donde el sistema esclavista era prácticamente el motor de la economía) y ahí es donde Jul lleva a Lucky Luke para esta aventura. El motivo por el cual el cowboy se inserta en el contexto de una gigantesca plantación de algodón es medio frutero, pero todo lo demás (diálogos, situaciones, desarrollo y resolución de los conflictos) es magnífico.
Jul no ahorra ni una gota de mala leche a la hora de mostrar la crueldad de los terratenientes blancos, unos villanos perversos e irredimibles a niveles dignos de Toto Caputo o Federico Sturzenegger. Un crueldad que duele el doble porque estos soretes no son criminales, ni marginales (como los Dalton) sino que son el establishment y sus conductas está totalmente normalizadas y gozan de la más absoluta impunidad. El dibujo de Achdé recupera a la perfección la onda de Morris y hasta un par de veces se anima a meter cuadros más grandes, que rompen con la clásica grilla de cuatro tiras. Lo que le falta en originalidad, Achdé lo compensa con una notable solvencia narrativa y unas composiciones muy logradas, sobre todo en las viñetas superpobladas de elementos. Sin dudas uno de los mejores álbumes de Lucky Luke de la era post-Goscinny, muy bien editado en Argentina por Del Zorzal.
Y ahora que paré un poco con las reseñas de historieta argentina, me puedo dedicar al pilón de material de otros países de Latinoamérica. Ya vimos el otro día historieta boliviana, y ahora es el turno del Vol.1 de Gas Station, del chileno Víctor Abarca Lizana, aparecido en 2022.
Este es el típico relato noir del detective privado de la B Metropolitana que, por un buen fangote de guita, acepta meterse en un bolonki que huele recontra turbio desde el primer minuto, y donde todo el tiempo es obvio que el millonario que lo está contratando es el verdadero Garca Mayor de la historia. Y ahí va Val Bruises, a jugarse la vida para descubrir la agenda secreta de un minón infernal, casada con el millonario, y adentrarse en un laberinto de pornografía, sadomasoquismo, freaks horrendos y sobre todo, mucha violencia. No hay grandes sorpresas en el argumento en sí, pero Víctor Abarca apuesta fuerte al ritmo narrativo, a los climas, a los momentos que elige para detonar las revelaciones más impactantes, y sobre todo al plato fuerte de Gas Station, que es el dibujo. Acá vemos a un dibujante especialmente dotado para dibujar espacios cerrados, climas sórdidos y gente desfigurada. No tanto acción, ese quizás sea el talón de Aquiles de Víctor. Imaginate una especie de Nicolás Brondo, pero más compacto en la narrativa, al que se le aparece Guido Crépax y le dice "dejame que te entinte yo a las mujeres, así te quedan más hermosas". Esa pátina de sofisticación enriquece mucho al dibujo de Abarca, y lo distingue al toque de sus contemporáneos. Si te gusta el género noir, creo que Gas Station te va a atrapar y vas a querer matar gente con tal de saber cómo sigue la historia de Val y Candice. En Argentina esto no se consigue, pero por ahí conocés a alguien que viaje a Chile, donde sí está disponible en librerías y comiquerías.
Hasta acá llegamos. Mañana cerramos este Enero infinito con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, a partir de las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando, gratis para toda el habla hispana. Nos vemos.
Etiquetas:
Achdé,
Jul,
Lucky Luke,
Naoki Urasawa,
Víctor Abarca Lizana
Suscribirse a:
Entradas (Atom)