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jueves, 30 de enero de 2025
NOCHE DE JUEVES
Con una sonrisa gigante, muy vinculada a la goleada de Racing, me siento a escribir un par de reseñas.
Empezamos con el tercer y último tomo de las aventuras de Jan Karta, escritas por Roberto Dal Prá y dibujadas por Rodolfo Torti. Una vez más, el libro ofrece dos relatos, en este caso ambientados en Berlín, entre 1936 y 1937. Sí, volvemos a donde empezamos, pero ahora Alemania es un lugar mucho más horrible que en el Vol.1, porque gobiernan los nazis y todas las libertades y los derechos están en peligro, sobre todo para las minorías (¿por qué me suena tanto esto?). En estas dos últimas aventuras, Jan Karta no va a funcionar tanto como un investigador privado, sino más bien como un agente encubierto que ayuda a los grupos que intentan resistirse al régimen autoritario de Adolf Hitler y sus partidarios. Una especie de "terrorista light", que realiza misiones de bajo perfil por debajo del radar de la policía nazi. Y claro, como siempre que se lucha contra un poder opresivo y sanguinario, las victorias son chiquitas, cuestan una fortuna y dejan un sabor amargo en la boca. Estas son las historias más amargas de Jan Karta, donde el protagonista peor la pasa, donde se conforma con los logros menos significativos. Si bien consigue ser una piedrita en el zapato del régimen, lo paga caro y está años luz de cambiar el curso de la historia, que avanza cuesta abajo rumbo al holocausto del pueblo judío y la Segunda Guerra Mundial. Una vez más, Dal Prá le saca un jugo sumamente atractivo a este oscuro período de la historia europea, que conoce a la perfección y que ofrece -mucho más que otros- un conflicto bien diáfano, donde nadie duda quiénes son los malos de la película.
Estos dos episodios en la vida de Jan Karta están realizados por la dupla autoral en la década del ´90: uno es de 1992 y otro de 1997. Los años transcurridos desde el tomo anterior fueron muy, pero muy productivos para Rodolfo Torti, que definió y pulió mucho más su trazo y acomodó mucho mejor su puesta en página. En el dibujo ya no vemos ese cambalache de influencias de ocho o nueve autores distintos, sino que ahora Torti se definió por una línea muy clara, muy prolija y muy similar a la de Giancarlo Alessandrini. Hay primeros planos que directamente parecen de Alessandrini. En la primera historia vi muchas cosas de las que se veían en 1992 en los dibujantes "de segunda línea" de la revista Puertitas (Vitacca, Genlot, Da Col, Enio, Vispo, etc.) y en la segunda historia, dibujada cinco años después, Torti mete un volantazo más y a esa base cercana a Alessandrini. la complementa con momentos que me hicieron acordar a Sanyú, y con detalles que parecen venir del lado de Alfonso Font y Jordi Bernet. Un coctel visual muy sólido, muy idóneo para el tipo de tramas que urde Dal Prá y más que interesante para quien se tome un ratito para leer este material.
En la última escena de la segunda aventura, Jan Karta se toma un tren con destino a España (otro país que en 1937 estaba gobernado por el fascismo), para iniciar una nueva etapa en su vida... que veremos recién en Septiembre de 2024. Sí, posta. Dal Prá y Torti tardaron 27 años en retomar esta serie, y recién hace poquitos meses se dio a conocer (en Francia) la aventura de Jan Karta ambientada en Barcelona. Obviamente no la tengo ni la leí, pero estoy atento, porque me hice fan.
Tengo para comentar otro especial de 80º Aniversario de DC Comics, en este caso el dedicado a Green Lantern, o en realidad a LOS Green Lanterns. Sin dudas esta antología se beneficia ampliamente del hecho de que cada historia tiene un protagonista distinto, y son todos personajes a los que se les puede agregar una vueltita de tuerca en ocho páginas. Y por supuesto también se beneficia de la participación de varios autores realmente solventes, que juegan de titulares en cualquier comic superheroico y son la figura del partido casi sin despeinarse.
El encumbrado James Tynion IV abre el juego con una muy linda historia de Alan Scott, profunda y emotiva, dibujada como los dioses por Gary Frank. En cambio, la de Hal Jordan es casi un chiste largo. Una humorada de Geoff Johns, también dibujada a un nivel superlativo por el animal de Ivan Reis. La de Sinestro está bien, no desentona. Es un guion correcto de Cullen Bunn, potenciado por los maravillosos dibujos de Doug Mahnke. Después tenemos una de los Hard-Travelling Heroes (Hal y Green Arrow), escrita por Denny O´Neil en tono intimista, fuera del registro aventurero, y con un dibujo de Mike Grell que evidencia que para 2020 el maestro ya estaba muy lejos de su mejor nivel.
Llega el turno de Kyle Rayner, en una historia a cargo de sus creadores, Ron Marz y Darryl Banks, que arranca bien y termina más o menos. Pero no es infumable, para nada. La de Guy Gardner y Kilowog también va medio para el lado de la comedia, bien escrita por Peter Tomasi y dibujada sin mucha onda por Fernando Pasarin. El querido John Stewart hace un team-up con Hawkgirl para vencer (demasiado fácil, para mi gusto) al Dr. Polaris, en una historia muy menor, escrita por Charlotte Fullerton (la viuda del maestro Dwayne McDuffie) y muy bien dibujada por ChrisCross. Sospecho -desde el desconocimiento- que para 2020 Guy Gardner estaba muerto, porque en la historia de Robert Venditti (con dibujos muy dinámicos de Rafa Sandoval) tres de sus compañeros (Kyle, Hal y John) le rinden un homenaje muy emotivo.
Ya casi en el final, un dream-team: Mariko Tamaki y Mirka Andolfo unen fuerzas para una aventura (también muy menor) de Jessica Cruz. Esperaba un toque más de ambas ídolas. Simon Baz protagoniza la última historieta, con un guion competente de Sina Grace y dibujos medio cachivache de Ramón Villalobos, una especie de Frank Quitely de la B Metropolitana. Para el final, ocho paginitas de info muy escueta acerca de unos cuantos Green Lanterns, de los importantes y de los que conocemos solo los eruditos, o los fans muy hechos mierda. El balance general de la antología es muy favorable, porque al haber tantos personajes, seguro con alguno te vas a enganchar. Y participan unos cuantos autores buenos que en su mayoría no se tiran a chantas, como para que eso también resulte un anzuelo que da ganas de morder. Tengo más especiales de 80º Aniversario en el pilón de los pendientes, así que ya volveremos a festejar de manera tardía los cumpleaños de los personajes más icónicos de DC.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto y vamos Racing, que no decaiga, que este año tenemos que ganar un par de títulos más.
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lunes, 20 de enero de 2025
LECTURAS DE LUNES
Entre compromisos laborales y sociales y las muchísimas horas en las que los hijos de mil putas de EDESUR me cortaron la luz, vengo de varios días en los que pude leer poco y nada. Pero bueno, algo hay, como para que no falten reseñas en este espacio...
Recordando al Señor Breccia tiene el título más pedorro y menos imaginativo que yo recuerde en muchos, muchos años, pero por lo menos en la contratapa tiene la honestidad de batirte la posta: es un libro para completistas. Acá no están las mega-papongas de Alberto Breccia, con las que detonó el multiverso en su etapa de madurez. En cambio, tenemos nueve relatos breves, de los que el Viejo publicó en las revistas de Record, para después colocarlas en Italia sin más pretensiones que las de facturar unos mangos.
La única historieta realmente experimental y críptica es la última, Desfile Nocturno, un pseudo-guion de Carlos Trillo que le da al Viejo la posibilidad de irse al carajo y más allá con una apuesta gráfica inclasificable, más cercana a lo que había hecho cuando (también junto con Trillo) produjo esas adaptaciones locas de cuentos clásicos que vimos el 22/05/14. El resto es mucho más convencional, lo cual no es garantía de nada.
El libro abre con tres historias escritas cortas escritas por Guillermo Saccomanno. La primera es un embole, lastrada por una extensión exagerada (podría resolverse en la mitad de las páginas), y sin siquiera un giro interesante en el final. La segunda es un poco más ganchera, y está mejor dibujada, aunque de nuevo, al final se desinfla un poco. Y la tercera, la más corta del libro, remata una buena idea en apenas cinco páginas, y logra que la tensión no decaiga y que el texto no opaque al dibujo. Después tenemos tres historias escritas por Eugenio Mandrini, con distinta suerte. La primera es larga al pedo, tendría más sentido con menos páginas. La segunda es excelente, probablemente la mejor del libro, con un desarrollo impredecible, un impacto fuerte en el final y un Breccia que deja la vida en cada viñeta. Gema posta. Y la tercera maneja bien la tensión, pero cuando se resuelve el misterio decís "nah, ¿en serio? ¿14 páginas para este final tan choto?".
En el tramo final hay una historia escrita por Alberto Ongaro con unos dibujos gloriosos, pero que no me enganchó. Una con guion de Ítalo Fasán que es... ¿cómo decirlo? Una bazofia, una historieta totalmente olvidable que solo se rescató del oprobio porque está firmada por Breccia (aunque dibujada en un nivel MUY inferior al del resto de las historietas del libro). Y bueno, al final levanta la faz gráfica con esa escrita por Trillo que había salido en el nº100 de Skorpio.
Recordando al Señor Breccia es un pochoclito lindo, para los fans de la faceta menos ambiciosa del maestro de los maestros. No llega a los niveles de pochoclo de Nadie (ver reseña del 30/01/21) pero son historietas de género, misterios o dramas con estructuras bastante clásicas, a las que el Viejo les agrega esos climas ominosos y sombríos con su trazo y sus manchas. Tanto Saccomanno como Mandrini se esfuerzan porque la prosa sea tan sugestiva y tan original como el dibujo de Breccia, y cuando lo logran, los resultados son muy disfrutables. Cuando no, no importa, porque dibuja Breccia.
Vuelvo a Italia, de la mano de Roberto Dal Prá y Rodolfo Torti, para reencontrarme con Jan Karta, este investigador alemán medio pecho frío, pero con valores éticos sumamente loables. Una vez más, 001 Ediciones combina en un mismo libro dos aventuras, esta vez casi sin errores en los textos, lo cual se agradece. La primera aventura, ambientada en Roma en 1934 (pleno auge del fascismo) es brillante. De alguna manera indescifrable (pero magistral) Dal Prá se las ingenia para desarrollar muchísimo a los personajes secundarios, al punto de convertirlos subrepticiamente en protagonistas. Tanto la condesa Eleonora Rossi como Marta se ponen al hombro la narración, y uno siente que las conoce y las entiende incluso más que a Jan Karta. La operación que ensaya Dal Prá es tan genial, que ni siquiera hace falta que estas mujeres adopten roles heroicos para que uno las admire y quiera saber cómo siguen sus historias. Todo el tiempo se conserva un velo de ambigüedad, la sospecha de que cualquiera puede estar mintiendo, de que el complot que intenta desenmascarar Jan puede incluir a cualquiera de los que parecen ser sus aliados. Como en el tomo anterior, la situación sociopolítica le agrega una capa más de peligro a los bolonkis en los que Jan va a meter la nariz, y aún más que en el tomo anterior hay páginas con una cantidad desmesurada de viñetas, todas repletas de texto y de información visual. Si hay algo para criticarle a esta historieta es eso: Dal Prá y Torti plantearon en 52 páginas un relato que necesitaba -por lo menos- 10 ó 12 páginas más, para no quedar tan apretujado.
El segundo caso nos lleva a París, al año 1935, donde la situación política es espesa, pero no tanto como en Italia. Esta vez la trama me resultó un poco menos interesante, y hasta me atrevo a postular que si Hugo Pratt la tomaba para un relato de Corto Maltés, la liquidaba en 22 páginas. Lo que me pareció fascinante de esta aventura es que, al estar ambientada en Francia, Torti cambia su estilo gráfico para hacerlo mucho más francés. Los personajes secundarios adquieren rasgos que nos remiten a los grandes maestros del comic franco-belga: Hergé, Edgar-Pierre Jacobs, Fernand Dineur... y asombrosamente, conviven sin ningún problema con el trazo habitual de Torti, en el que veíamos cositas de Carlos Giménez, Dave Gibbons, Giancarlo Alessandrini, Jacques Tardi, Moebius y Magnus, entre otros. Me parece que lo único choto que tiene Torti es que no elige bien en qué momento poner los fondos y cuándo omitirlos. Así le quedan páginas cargadísimas de líneas e información visual que no aporta demasiado, y otras páginas muy peladas, en las que vendrían bien los fondos en aunque sea un par de viñetas. Hay páginas bellísimas, en las que blancos, negros y hasta globos de texto están perfectamente equilibrados, pero también momentos demasiado barrocos, en los que la expresividad de los personajes (que ya de por sí no es demasiada) se pierde entre un montón de elementos más. A veces, para enfatizar lo más importante (las emociones de los personajes, la acción) hay que despojarse de lo accesorio, y a Torti eso le cuesta más que a San Lorenzo meter un gol. Me queda entre los pendientes un tomo más de Jan Karta, el del arriesgadísimo regreso a su Berlín natal, que prometo leer pronto.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos a la brevedad con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 10 de enero de 2025
VIERNES EN BLANCO Y NEGRO
Este es el post nº 2999 y mañana llega el 3000.
Estamos en Italia, mediados de los años ´80, y la dupla integrada por el guionista Roberto Dal Prá y el dibujante Rodolfo Torti crea a Jan Karta, un investigador privado que va a vivir varias aventuras en la Europa de las décadas del ´20 y el ´30, primero en la revista Orient Express y más tarde en publicaciones francesas.
Como el último álbum de Corto Maltés (que vimos el 05/11/24), la primera historia de Jan Karta aprovecha a full la atmósfera cautivante de la Berlín de 1925, repleta de intrigas políticas y vanguardias artísticas. El caso que al principio pinta sencillo se enrosca y se complica de manera notable. Más allá de alguna viñeta muy sobrecargada de texto, no hay mucho para criticarle a la labor de Dal Prá. Allá por el 29/06/23 habíamos visto al guionista trasladar con éxito tropos del hard boiled (habitualmente asociados a los años ´30 y ´40 en Estados Unidos) a Moscú, en los albores de la era post-Muro de Berlín. Ahora hace lo propio en otra ambientación histórica y geográfica de manera brillante. El segundo caso está situado en 1933, con la situación sociopolítica ya más calentita, con la llegada al poder de Adolf Hitler a punto caramelo, pero también hay una intriga policial atrapante, aunque un poquito más rebuscada que la primera. Un acierto por parte de la editorial española 001 Ediciones haber publicado estas dos historias en un mismo tomo, y una pena los errores que se notan en algunos textos.
Como tantos protagonistas de estas aventuras para adultos típicas de los ´80, Jan Karta no es un personaje especialmente carismático, lo cual sumado al regusto amargo que nos dejan las historias (algo habitual en este tipo de relatos policiales donde siempre está la intención de poner sobre la mesa vicios, miserias y corrupción, ya no de una persona sino de una sociedad) resulta en una cierta distancia, una cierta frialdad. Son historias que te enganchan, pero no te apasionan.
Y lo mismo se aplica al dibujo de Torti. Tiene cosas de Jacques Tardi, de Carlos Giménez, de Dave Gibbons, hasta de Magnus y Moebius, pero no logra una gran expresividad. Es correctísimo, tiene un gran manejo del blanco y negro, un excelente trabajo en los fondos, buenos recursos para pilotear las páginas o viñetas en las que el guionista se zarpa con la cantidad de texto, pero no te hacés fanático. No salís corriendo a la librería ni te zambullís en los sitios de compra online a ver si encontrás más material de Rodolfo Torti.
Tengo dos libros más de Jan Karta para leer, así que veremos cómo evoluciona esta serie a la que desconocía por completo, pero me llamó la atención sobre todo por el jugo que le saca Dal Prá al contexto sociopolítico que elige para ambientar la obra.
Me vengo a Argentina, año 2024, para deleitarme con uno de lo mejores títulos nacionales del año que terminó hace poquito: Chamán, un "Vertigo criollo" escrito y dibujado por Carina Altonaga. Frené la lectura del libro unas 25-30 páginas antes del final y me dije a mí mismo "Por favor, que esto no termine para el orto, que no se desinfle ni se desplome ni derrape en el final, porque hasta acá, Chamán tiene todo para ser una obra realmente memorable". Con alegria y alivio puedo contar que el final se la re banca. Que el desarrollo de los personajes no es al pedo, que todos tienen un rol importante en el desenlace, que los misterios (sobrenaturales) se resuelven de manera consistente, que hay sorpresas impactantes y que si alguien "paga el pato", en todo caso es el dibujo, que baja un poquito la calidad en las últimas páginas.
Como fan de Vertigo, no me puedo resistir a una trama de misterio sobrenatural que, además de estar muy bien llevada, está vertebrada alrededor de las tradiciones místicas de los aborígenes del Noroeste argentino. Altonaga pone sobre la mesa la mirada cínica del porteño, la mirada del que "consume" los servicios del chamán como algo pintoresco, bizarro, extravagante... y tambien nos habla de una fe genuina en los poderes de este sanador de almas, de este John Constantine de la puna. Ese contraste enriquece la trama, le agrega tensión, logra que el lector sospeche un poco de todos, porque (otro gran acierto de la trama) acá no parece haber héroes ni villanos, y cuando te das cuenta dónde anida el Mal, dónde está la verdadera amenaza, la vorágine del desenlace ya te tiene totalmente subyugado y entregado a lo que la autora quiere hacer con nosotros.
El dibujo de Carina (que alguna vez se subió a la estetica oscura de Leonardo Manco) ahora se parece bastante al de Salvador Sanz. Me gusta un poquito menos que el de Salva, porque se nota que Altonaga está más pendiente que Salva de las referencias fotográficas. Pero las diferencias son muy sutiles: si te gusta cómo dibuja Sanz, la faz gráfica de Chamán te va a cerrar por todos lados. Al igual que Sanz, Altonaga la tiene muy clara en materia de planificación de las secuencias y armado de la página, lo cual es importantísimo para que un relato complejo y jugado como este pueda fluir de un modo ágil y fresco en esta extraña conjugación de tiempo y espacio a la que llamamos "historieta". Blancos, negros, grises y varios efectos visuales muy bien logrados bailan una danza hipnótica, donde lo real y lo fantástico cobran vida y te invitan a vivir en carne propia la experiencia que van a atravesar Brenda, Andrés, Dante y Emilio de la mano del enigmático "Tío". Pero guarda, que en esta danza bailan también espíritus, demonios y aspectos muy jodidos del Mal que se esconde dentro de cada uno de nosotros. En apenas 60 páginas, Carina Altonaga redondea un gran comic, sumamente recomendable, y -repito- de los mejores trabajos de autores argentinos que leí recientemente.
Hasta acá llegamos hoy. Mañana, una cita muy especial con el post nº 3000, que tambien va a ser sumamente especial. Grazie per tutti.
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