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miércoles, 5 de marzo de 2025
TIEMPO PARA RETOMAR
Marzo empieza con un poco de delay en el blog, porque bueno... le dediqué el finde extra-large a otras cosas y leí poca historieta. Pero algo hay para reseñar.
Allá por el 26/12/17, me tocó comentar un álbum de El Jueves que recopilaba historietas del maestro Tabaré previamente publicadas en las revistas de Ediciones de la Urraca (Hum®, SexHum®, quizás SexHum® Ilustrado). Ahora conseguí otro, titulado "¡Sopla! ¡Sopla!", con las mismas tres características para destacar: la forma errática e inconsistente en la que se reemplazan algunos "argentinismos" por "españolismos" (y otros no); lo anclado al pasado que quedó este tipo de humor; y lo bestial, lo inexplicablemente genial que es el dibujo del prócer uruguayo que viviera mil años en la Zona Sur del conurbano bonaerense.
A esto hay que agregarle un par de items. 1) La mejor historieta del álbum (más que historietas son chistes largos, pero bueno...) es "Gorosito, una fiera"... ¡y aparece DOS veces!. Mirá la poca bola que le daría la gente de El Jueves a estos álbumes, que hasta repiten una de las 31 historietas de dos páginas que componen el librito. 2) Su nombre no aparece ni en la portada ni en los copyrights, pero varios de los guiones de estas historietas son de "H.G.B.", que no es otro que Héctor García Blanco, quien fuera muchos años director de SexHum® y más tarde co-guionista, junto al propio Tabaré, de la tira diaria de Diógenes y el Linyera. Se nota bastante cuando mete mano García Blanco, porque la prosa aparece con más protagonismo y más cuidada. Nunca llega a levantar vuelo ni profundidad, primero porque todo se remata en apenas dos páginas, y después porque se trata de relatos sumamente prosaicos, groseros, generalmente con una mirada bastante brutal acerca de las relaciones de pareja y el sexo, que no excluye escenas que -para los standards de hoy- son muy violentas.
Por supuesto que el trazo de Tabaré deja en claro de modo categórico que es todo una caricatura grotesca, no una crónica, ni una denuncia, ni una apología, ni nada. Es humor, liso y llano, y hay que entenderlo como tal. Después, te puede causar gracia o no (a mí la verdad que me hizo reir pocas veces), pero es eso: situaciones shockeantes, con gente golpeada, humillada o empomada, casi siempre en un contexto de joda pasada de rosca. Y dibujadas como los dioses por un tipo que tenía una línea mágica, versátil, muy reconocible y absolutamente ganchera.
Conseguí este librito en oferta, y lo compré a sabiendas de que -a nivel guiones- no era mucho lo que me podía ofrecer. Pero el dibujo de Tabaré garpa todo. Y como en Argentina a nadie se le ocurre recuperar estas historietas de los ´80 y ´90, y a mí no se me ocurre ponerme a coleccionar números del año del pedo de Hum® y SexHum®, seguiré levantando estos albumcitos de El Jueves cada vez que los vea a buen precio.
Después de mucho buscarla, conseguí a buen precio la edición yanki de Utsubora: The Story of a Novelist, que trae la obra completa en un masacote 500 páginas. Este es un manga de Asumiko Nakamura de principios de la década pasada, que venía con altas recomendaciones... pero le encontré unos cuantos problemas. En primer lugar, el dibujo, que -a grandes rasgos- no me gustó. Las escenas de sexo están bien dibujadas, porque ahí Nakamura, para escapar de lo obvio y lo vulgar, extrema el carácter expresionista de su trazo, y enrosca a los cuerpos en unos escorzos anatómicamente imposibles, pero lindos de ver. El resto de la faz gráfica, muy flojita. Incluso la narrativa por momentos es confusa... Hay una escena en la que Tsuji coge... y no logro deducir con quién. Puede ser que sea un garche que sucede solo en su imaginación, y eso tendría un cierto sentido... pero nunca se aclara.
El argumento en general es muy interesante: un novelista consagrado se ve enredado en un misterio que involucra la muerte de una fan suya con la que tuvo un touch-and-go, la aparición de una chica enigmática y seductora, idéntica a la occisa, y un apriete muy heavy que tiene que ver con pruebas contundentes que indican que el escritor en vez de escribir, se afanó una novela cuya verdadera autora es una de estas chicas. El atildado Shun Mizorogi va a quedar envuelto en medio de estos misterios y de una trama romántico/ erótica que lo supera por completo. ¿Quién es el verdadero autor de Utsubora? ¿Quién es realmente Sakura? ¿Quién era Aki? Con todos esos enigmas, Nakamura construye un relato complejo, lleno de suspenso y tensión.
Pero que lamentablemente se empantana más de una vez por culpa de personajes que no aportan prácticamente nada a la trama, como los insufribles inspectores que investigan la muerte de Aki, o la sobrinita de Mizorogi, otro personaje que podría tranquilamente no estar, sin que la historia cambie en lo más mínimo. Sin dudas lo peor que tiene este manga es su elenco de personajes secundarios. El ritmo no está mal, pero mejoraría sin todas esas escenas centradas en estos personajes cuasi-irrelevantes, y la resolución podría ser más contundente. Tampoco está mal, pero le falta impacto para estar a la altura del espesor y el enrosque que había logrado el misterio a lo largo de la obra.
Y lo mejor es cómo Nakamura explora el lado turbio del mundillo de los escritores y las editoriales. La autora mete el bisturí en el vínculo entre los novelistas y sus lectores, nos habla de la construcción de una identidad a través del estilo, de la presión que significa tener que replicar un éxito literario, del bloqueo creativo que sufren algunos escritores consagrados, de lo que son capaces de hacer ciertos autores inéditos para dejar de serlo... Hay todo un subtexto bastante rico que va por este lado, y que enriquece la trama de suspenso de Shun Mizorogi y su supuesta obra maestra.
Utsubora: The Story of a Novelist no llega a ser un thriller, porque su ritmo pachorro y su sutileza desenfatizan las aristas más violentas de los conflictos que plantea. Asumiko Nakamura se siente más cómoda ahí, en la frontera, sin cruzar el límite entre el misterio y el thriller, y cuando sube la temperatura, la sube por el lado del erotismo, no de la violencia. En 2022 se adaptó este manga en formato de serie de TV, y estaría bueno chequear con qué se quedaron los guionistas de todo lo que Nakamura tiró sobre la mesa. Qué entendieron, a qué le pusieron más fichas, cómo se ve el guion cuando lo liberás de los dibujos de una autora que -para mi gusto- falla bastante por ese lado. Pero no seré yo el que se ponga a buscar/ mirar la adaptación de Utsubora.
Sigo con la lectura de comics y vuelvo pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
martes, 3 de marzo de 2020
MARTES CALUROSO
Por fin tengo un rato para
sentarme a escribir las reseñas de los últimos libritos que leí.
Empezamos en 1993, cuando
yo era joven y leía más comics de superhéroes de los humanamente digeribles.
Así fue como le di escasa bola a algunas historietas argentinas muy buenas que
se publicaban en ese entonces (yo leía la Skorpio, Puertitas, de vez en cuando
Cazador y gracias). Una de las obras más que dignas que en su momento pasaron
bajo mi radar fue Max Calzone, de dos uruguayos radicados en argentina: los
maestros Julio Parissi (guión) y Tabaré (dibujos). El álbum (editado en formato
grandote, 24 x 32) trae 13 historias cortas de 5 páginas cada una, que supongo
fueron hechas para las antologías italianas o para El Jueves (de España) y –en
una de esas- publicadas también en Hum® o SexHum®.
Lo mejor que tiene Max
Calzone es el dibujo de Tabaré, que en tamaño grande se aprecia muchísimo. Este
es el momento de mayor perfección del dibujante de Diógenes y el Linyera,
cuando combina la fuerza icónica y la gracia de un Angeli con la elegancia y la
plasticidad de un Sergio Izquierdo Brown. Además los gloriosos primeros planos
a los que nos acostumbró a lo largo de décadas, acá Tabaré se mata en los
fondos, repletos de detalles maravillosos, con ratas, gatos, perritos,
pajaritos… Esos excesos alucinantes que tanto se disfrutan en las viñetas de
Francisco Ibáñez, por ejemplo, acá están y suman un montón. Y por supuesto hay
todas esas cosas que Tabaré dibuja mejor que nadie: tugurios de mala muerte,
gente siniestra e inescrupulosa, escupitajos, vómitos, eructos…
Max Calzone es un comic
que aborda en son de joda el mundo de la mafia, y la misión de Parissi es crear
en cada entrega una pequeña comedia de enredos donde vemos ganar, perder y
empatar a una excecrable organización de extorsionadores, secuestradores,
chorros, narcotraficantes, proxenetas y capos de la timba clandestina. Los
tanos son venales y violentos, los negros son traicioneros y violentos, los
mexicanos son machistas y violentos, los sudamericanos son coimeros y
violentos, son las mujeres son lascivas y violentas… En este submundo de la
abyección moral que nos muestra Parissi no se salva nadie.
Obviamente no se ve el
mismo nivel en las 13 historias, y hay un par bastante flojas. Pero también hay
un par muy buenas, con giros impredecibles y que cumplen ampliamente la
consigna de arrancarnos una sonrisa. Y como el dibujo y la narrativa son excelentes, me animo a recomendarlo sin
sumar un delito más a mi prontuario.
Salto a España, año 2008,
cuando se publica (la primera edición de) Cuaderno de Tormentas, una obra
semi-oculta del inmenso David Rubín, que se ubica entre sus trabajos
cuasi-underground (La Tetería del Oso Malayo y El Circo del Desaliento) y el
trabajo con el que explotó a nivel repercusión (El Héroe). Acá vemos al gallego
de Galicia incursionar en el color (sus obras anteriores eran en blanco y
negro) y en el formato de un único relato extenso (sus libros anteriores
jugaban a hilvanar varias historias cortas).
Y no, Cuaderno de
Tormentas no se acerca al nivel de El Héroe ni en el color ni en el guión. Sí
en el dibujo, que no está tan lejos. Pero en los otros rubros, se nota que el
Rubín de 2008 todavía no manejaba el volumen de magia, de riesgo, de genialidad
que va a desplegar en su magnum opus de 2011 (ver reseñas del 24/11/13 y
27/04/14). Acá hay una gran dosis de sutileza, una impronta casi gaimanesca
aplicada a un relato de fantasía oscura, donde la prosa tiene mucho más peso
que en las otras obras de David, con bastante margen para la introspección y
muy poco para la machaca. Cuaderno de Tormentas es una versión adulta de The
Wizard of Oz o Alice in Wonderland, con algunos puntos en común también con Las
Calles de Arena, de Paco Roca.
En vez de jugar al
world-building, Rubín juega al city-building y le da todo el protagonismo a una
ciudad crepuscular en la que lo imposible es lo cotidiano. Por eso por momentos
el tono de la obra es más descriptivo que narrativo, y por eso se da este
contraste entre un dibujo vibrante, impactante, que no para de sorprenderte un
segundo, y una trama más pachorra, más reflexiva, más de viaje al interior de
uno mismo. ¿La recomiendo? Sí, obvio. A esta altura, cualquier cosa dibujada
por David Rubín tiene ganado un lugar en las bibliotecas de cualquier comiquer@ al que le guste la narración secuencial. Y en ese sentido, acá lo vamos a ver
al ídolo imaginar unas puestas en página absolutamente novedosas, rupturistas y
alejadas del “más de lo mismo”. Motivo más que suficiente para jugarse el alma
en las ominosas calles de Ciudad Espanto.
Y esto es todo, por hoy.
Ni bien tenga más libros leídos se vienen nuevas reseñas, acá en el blog.
Etiquetas:
David Rubín,
Julio Parissi,
Tabaré
martes, 30 de julio de 2019
RESEÑAS RIOPLATENSES
Tengo para comentar varios
libros aparecidos recientemente a ambas orillas del Río de la Plata. Empiezo
con Romancero Ilustrado del Cacique Tabaré, un libro de 100 páginas editado por
Montevideo Comics como parte del homenaje al maestro Tabaré, uruguayo de
nacimiento pero radicado hace como 45 años en Argentina. Lo que más me gustó es
la investigación histórica, la cantidad de data sobre la vida y la obra de
Tabaré que yo desconocía y que este tomo me aportó. Después, en materia de historietas,
tenemos Bicherío y Vida Interior (material que ya tenía en el libro de la
colección Hyspamérica de Grandes Humoristas Argentinos), Paja Brava y Bosquivia
(recopilados en sendos libros por Ediciones de la Urraca), varias historias
unitarias descolgadas (algunas están en No Somos Nada, el librito editado en
España que vimos el 26/12/17), apenas dos entregas del Romancero Ilustrado del
Eustaquio (tenía vagos recuerdos de haber leído esto en Hum®y me volví a mear
de risa como el primer día) y una selección de tiras de Diógenes y el Linyera
(un poco más de 70) que jamás había leído.
Por supuesto, la obra de
Tabaré incluye un montón de otros títulos que no están representados en el
libro, pero no me quejo. Lo que hay está muy bueno y, si bien ya tenía casi
todo en otros libros, este me da la posibilidad de acceder a unas cuantas tiras
de Diógenes y el Linyera (incluyendo la primera) sin necesidad de buscar
libritos que recopilen esa obra, de la que sigo sin ser muy devoto.
Técnicamente, el libro está mejor realizado que otros de los que me traje de
ediciones anteriores de Montevideo Comics y siempre es un placer tener más
material de este prócer de la historieta humorística en la biblioteca. Ahora
falta un librito que recopile Don Chipote de la Pampa, Manfloro y lo mejor de
Vilcapugio y Ayohuma (todo no, porque se repetían bastante los chistes). Aguante
Tabaré.
Marcelo Dupleich volvió a
la carga con un nuevo libro de Roberto (un tipo de mierda), ahora titulado
Mierdapura. Lamentablemente tengo que repetir muchos de los conceptos vertidos
en la reseña del 15/10/18: la cantidad grotesca de páginas SIN historietas ya
alcanza para no recomendar la compra del libro. Posta, esto requería urgente
una o dos historietas más, o 16 páginas menos. No se puede pagar por esa
cantidad de páginas en blanco o en negro sin sentirse estafado.
La narrativa está un
poquito mejor, hay más recursos para evitar la trampa de la grilla de dos
cuadros, el dibujo sigue anclado en esa estética feísta, jugado (con buen tino)
a un blanco y negro extremo, y de nuevo lo más atractivo son los diálogos. Ese
es sin duda el item en el que sobresale Dupleich. Las tramas, en cambio,
sorprenden e impactan un poco menos que en la primera entrega. Encontré una
sóla idea realmente buena, que para todo un libro es muy poco. Con las
aventuras de Roberto, Dupleich sigue corriendo los límites de lo que se puede
contar en una historieta, al irse al carajo y más allá con la sordidez y la
truculencia de los relatos. El problema es que también corrió los límites de
con cuántas páginas se puede llenar un libro, a tal punto que se cayó del mapa
de lo tolerable, al menos para mí. Ojalá en algún momento se reedite TODO el
material de Roberto en un único tomo que tenga un equilibrio más razonable
entre las páginas de historieta y las páginas de relleno.
También regresó (tras una
prolongada ausencia) el Caballero Rojo, la creación de Toni Torres y Mariano
Navarro que debutara allá por 1996 en las páginas de Comiqueando. Este regreso
trae de nuevo al equipo titular, con la novedad de que ahora la historieta se
publica a color. También marca el regreso de Rafael Reynoso, el Caballero Rojo
más conocido por los lectores, que había sido reemplazado por otro enmascarado
allá por el… 2000, creo.
El guión de Torres tiene
dos hallazgos: en primer lugar, el sacudón imprevisto en cuanto al nuevo plan
de la Orden, sumamente ingenioso y prometedor. Y en segundo lugar, el acierto a
la hora de crear situaciones en las que quedan cara a cara personajes que (si
alguna vez leíste esta serie) querías ver enfrentados, a ver si finalmente se
decían las cosas que se tenían que decir. Esos “encuentros y reencuentros” son
–por afano- lo más atractivo de este tomito. Los diálogos y los bloques de
texto no están mal, pero hay páginas muy sobrecargadas, donde se habla mucho,
ya sea en “voz alta” o en off. Y hay un misterio, que deriva en un conflicto
con una villana, que no me terminó de atrapar. El dibujo de Navarro está
buenísimo, muy bien complementado con el color de Hernán Cabrera, con muchos
recursos para pilotear esas escenas en las que se habla demasiado y hay poca
acción. Un placer ver a Navarrito tan comprometido con la narrativa, con tantas
pilas para dibujar Buenos Aires.
Como complemento a la
historia principal, hay una de 16 páginas protagonizadas por Román Castillo
(quien actuara como Caballero Rojo desde que Rafael dejó la capucha), donde el
guión ofrece menos sorpresas. Para peor, el dibujo (a cargo de Leonardo Laino)
repite uno atrás de otro un millón de clichés de los comics hiper-violentos y
pasados de rosca del mainstream yanki de los ´90. La verdad es que sin esta
historieta, el puntaje del librito sería bastante más alto. Dicho esto, espero
que Volver sea sólo el principio para una nueva y larga etapa en la carrera de
este personaje, que ya pasó por tres décadas y cuatro editoriales, siempre
sembrando muchas puntas argumentales (y cosechando muchos fans) pero sin
encontrar nunca una continuidad de publicación.
Habrá nuevas reseñas muy
pronto, acá en el blog.
Etiquetas:
Caballero Rojo,
Marcelo Dupleich,
Tabaré,
Toni Torres
martes, 26 de diciembre de 2017
RAREZAS DE MARTES
Cumplida la meta de los 100 posts en 2017, lo mío ya es sumar para la estadística.
Allá por 1994 se editó en España el álbum No Somos Nada, un recopilatorio dedicado al maestro rioplatense Tabaré, con un montón de historietas previamente publicadas en las revistas de Ediciones de la Urraca (Hum®, SexHum®, quizás SexHum® Ilustrado) y en una de esas también en El Jueves, el famoso semanario satírico de la Madre Patria. Conocía una sola de las 31 historietas del tomo (la de Eustaquio) porque creo que son de fines de los ´80, una época en la que yo ya consumía ni Hum® ni SexHum®. O sea que accedí a un montón de material que no conocía. Esto fue lo que más me llamó la atención:
1. Los españoles de El Jueves no tradujeron este material al español. Apenas reemplazaron algunos pesos por pesetas y todos los “coger” por “follar”. El resto, está todo en argentino. Los personajes se tratan de vos y usan palabras que en España no se conocen, como “guacha”, “turra”, “pija” y “pelotudo”. Me imagino que esta jerga les parecería graciosa… o en una de esas les daba paja re-rotular las historietas, andá a saber…
2. Varias de las historietas son apenas chistes largos, desarrollados en dos páginas, cuando se podrían rematar en una… o incluso en tres o cuatro viñetas. Unas cuantas mantienen intactas su comicidad, otras no, y otras no eran graciosas ni siquiera cuando se publicaron originalmente. Lo más notable es que este material atrasa mucho. No te digo que parecen sketches de Hugo o Gerardo Sofovich de los ´80, pero van más o menos para ese lado, si bien Tabaré se zarpa más con la temática sexual. Hoy, que estamos todos más sensibles con el tema de la cosificación de la mujer, la violencia de género y demás, muchas de estas historietas no se editarían en ningún medio. Obviamente también hay varias en las que los varones son los losers y las minas las pícaras, pero para los standards de hoy, es todo medio jurásico.
3. Qué bestia como dibuja Tabaré, qué genio, qué maravilla. Casi todas las historias del libro están planteadas en cuatro tiras, algunas con textos, otras mudas, con Tabaré tirando magia con sus pantomimas hiper-expresivas. Pero hay una, La Fiesta, resuelta en tres tiras, con viñetas más grandes y en otro estilo, sin manchas negras y con la línea como protagonista, y ahí te terminás de rendir ante el virtuosismo de este monstruo.
Creo que ninguna de las historietas de No Somos Nada se editó en libro en nuestro país, así que si sos hardcore fan de Tabaré, recomiendo buscar esta edición española.
Me voy a Perú, donde hace ya un par de años se editó Estética Unisex, segunda novela gráfica de Rodrigo La Hoz (la primera la vimos acá el 04/06/11). Si aquel trabajo me pareció extraño, imaginate este, que tiene el triple de extensión. De todos modos es una extensión tramposa, porque la historia está estiradísima y se nota todo el tiempo, el autor no intenta ocultarlo en ningún momento.
La trama secundaria, la de Alberto y su relación con los chongos a los que frecuenta, está ahí para aportar una cuota de humor bizarro, no le agrega mucho a la trama central, la del misterio de la desaparición de Socorro, la abuela perdida en Japón. Todo el tiempo La Hoz interrumpe el discurrir de esta trama central con escenas de diálogos en los que Gema (la protagonista fármacodependiente) habla boludeces con otros personajes… o directamente con secuencias oníricas, en las que el dibujo asume totalmente el protagonismo como si no hubiera nada para contar.
Narrativamente, esto es un kilombo. Un experimento demasiado intrincado, una jungla superpoblada de elementos por la que cuesta un huevo avanzar. Pero hay premio, porque el final es brillante. Y la travesía, si bien es ardua, se disfruta gracias al gran talento de La Hoz para los dialogos y el costumbrismo, y sobre todo gracias al dibujo, que es alucinante de punta a punta. Imaginate un Chris Ware oscuro, bizarro, sin llegar a Charles Burns, pero en esa senda. Eso te va a dar una idea de lo que hace La Hoz cuando se controla. Y cuando se descontrola, pela imágenes imposibles de explicar con palabras, un despliegue enfermizo de blancos y negros más enfiestados que contrastados.
Rodrigo La Hoz sigue siendo un marciano, un freak con muchos problemas psiquiátricos, pero sus trabajos en este campo no pierden atractivo en lo más mínimo. Veremos con qué nos sorprende cuando lance su tercera novela gráfica.
Y veremos también cuándo me hago un ratito para volver a postear reseñas, acá en el blog. Gracias y hasta pronto.
Allá por 1994 se editó en España el álbum No Somos Nada, un recopilatorio dedicado al maestro rioplatense Tabaré, con un montón de historietas previamente publicadas en las revistas de Ediciones de la Urraca (Hum®, SexHum®, quizás SexHum® Ilustrado) y en una de esas también en El Jueves, el famoso semanario satírico de la Madre Patria. Conocía una sola de las 31 historietas del tomo (la de Eustaquio) porque creo que son de fines de los ´80, una época en la que yo ya consumía ni Hum® ni SexHum®. O sea que accedí a un montón de material que no conocía. Esto fue lo que más me llamó la atención:
1. Los españoles de El Jueves no tradujeron este material al español. Apenas reemplazaron algunos pesos por pesetas y todos los “coger” por “follar”. El resto, está todo en argentino. Los personajes se tratan de vos y usan palabras que en España no se conocen, como “guacha”, “turra”, “pija” y “pelotudo”. Me imagino que esta jerga les parecería graciosa… o en una de esas les daba paja re-rotular las historietas, andá a saber…
2. Varias de las historietas son apenas chistes largos, desarrollados en dos páginas, cuando se podrían rematar en una… o incluso en tres o cuatro viñetas. Unas cuantas mantienen intactas su comicidad, otras no, y otras no eran graciosas ni siquiera cuando se publicaron originalmente. Lo más notable es que este material atrasa mucho. No te digo que parecen sketches de Hugo o Gerardo Sofovich de los ´80, pero van más o menos para ese lado, si bien Tabaré se zarpa más con la temática sexual. Hoy, que estamos todos más sensibles con el tema de la cosificación de la mujer, la violencia de género y demás, muchas de estas historietas no se editarían en ningún medio. Obviamente también hay varias en las que los varones son los losers y las minas las pícaras, pero para los standards de hoy, es todo medio jurásico.
3. Qué bestia como dibuja Tabaré, qué genio, qué maravilla. Casi todas las historias del libro están planteadas en cuatro tiras, algunas con textos, otras mudas, con Tabaré tirando magia con sus pantomimas hiper-expresivas. Pero hay una, La Fiesta, resuelta en tres tiras, con viñetas más grandes y en otro estilo, sin manchas negras y con la línea como protagonista, y ahí te terminás de rendir ante el virtuosismo de este monstruo.
Creo que ninguna de las historietas de No Somos Nada se editó en libro en nuestro país, así que si sos hardcore fan de Tabaré, recomiendo buscar esta edición española.
Me voy a Perú, donde hace ya un par de años se editó Estética Unisex, segunda novela gráfica de Rodrigo La Hoz (la primera la vimos acá el 04/06/11). Si aquel trabajo me pareció extraño, imaginate este, que tiene el triple de extensión. De todos modos es una extensión tramposa, porque la historia está estiradísima y se nota todo el tiempo, el autor no intenta ocultarlo en ningún momento.
La trama secundaria, la de Alberto y su relación con los chongos a los que frecuenta, está ahí para aportar una cuota de humor bizarro, no le agrega mucho a la trama central, la del misterio de la desaparición de Socorro, la abuela perdida en Japón. Todo el tiempo La Hoz interrumpe el discurrir de esta trama central con escenas de diálogos en los que Gema (la protagonista fármacodependiente) habla boludeces con otros personajes… o directamente con secuencias oníricas, en las que el dibujo asume totalmente el protagonismo como si no hubiera nada para contar.
Narrativamente, esto es un kilombo. Un experimento demasiado intrincado, una jungla superpoblada de elementos por la que cuesta un huevo avanzar. Pero hay premio, porque el final es brillante. Y la travesía, si bien es ardua, se disfruta gracias al gran talento de La Hoz para los dialogos y el costumbrismo, y sobre todo gracias al dibujo, que es alucinante de punta a punta. Imaginate un Chris Ware oscuro, bizarro, sin llegar a Charles Burns, pero en esa senda. Eso te va a dar una idea de lo que hace La Hoz cuando se controla. Y cuando se descontrola, pela imágenes imposibles de explicar con palabras, un despliegue enfermizo de blancos y negros más enfiestados que contrastados.
Rodrigo La Hoz sigue siendo un marciano, un freak con muchos problemas psiquiátricos, pero sus trabajos en este campo no pierden atractivo en lo más mínimo. Veremos con qué nos sorprende cuando lance su tercera novela gráfica.
Y veremos también cuándo me hago un ratito para volver a postear reseñas, acá en el blog. Gracias y hasta pronto.
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