Mostrando entradas con la etiqueta Superman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Superman. Mostrar todas las entradas
sábado, 12 de julio de 2025
SUPERMAN
Fui a ver la peli de Superman de James Gunn, así que acá va la crítica CON SPOILERS.
Lo que más me gustó de la película es que eligió el camino difícil. La consigna fundamental era despegarse rápido y de manera contundente de la versión de Zack Snyder, que había arrancado con el pie derecho con Man of Steel en 2013, pero rápidamente se fue al descenso. Había que dejar atrás ese Superman triste, incomprendido, al que querían hacer boleta todos menos su mamá y su novia, que en vez de admiración generaba lástima, y los caminos obvios eran dos: Uno, hacer una película prácticamente cómica, como había hecho Gunn cuando le tiraron el Suicide Squad a ver si lo podía resucitar. O dos, volver al eterno retro-homenaje a Christopher Reeve y Richard Donner. Felizmente Gunn no elige ninguno de esos dos caminos, y aún así logra un film que se parece tan poco a los de Snyder como aquellos a la iteración anterior, la de Bryan Singer.
Acá tenemos 129 minutos de aventura y acción, espectacular, luminosa (pero no estridente), con los toques justos de comedia, sin golpes bajos ni escenas para moquear, con muy buenas actuaciones, momentos épicos, subtextos políticos y cientos de guiños comiqueros. En general, lo que más miedo me da cuando voy a ver una peli de Superman es que la caguen con los personajes secundarios... que me torturen con versiones insoportables de Lois Lane, Jimmy Olsen, Ma y Pa... ya pasó varias veces y esta vez por suerte no solo no pasa, sino que TODOS los personajes secundarios son importantes en la resolución de la trama. Otra cosa que suele complicarle la vida a los guionistas de cine es encontrar una amenaza a la altura de los poderes de Superman. Acá no solo la encuentran, sino que se arma un kilombo tan zarpado, que Superman no lo puede resolver por sí solo. Así se termina por articular una aventura de protagonismo grupal, donde el lucimiento se reparte entre varios personajes además del obvio.
La película tiene varios hallazgos, entre ellos la forma sumamente original de recontarnos el origen de Superman, la decisión de arrancar con el Universo DC "ya empezado", con varios años de historia previa, que por ahora no vienen al caso, pero en los que la figura de Superman ya se dio a conocer y ya aparecieron varios superhéroes más. La mejor escena es una en la que no vuela ni un sopapo: la entrevista de Lois a Clark/ Superman, en la que la periodista pincha al kryptoniano al plantearle toda una problemática que tiene que ver con el poder, el ordenamiento global, tanto geopolítico como jurídico, y demás temas que subyacen todo el tiempo en los relatos modernos de superhéroes y que ponen sobre la mesa conflictos espesos, de los que no se resuelven con rayos y trompadas.
Pero vamos a lo más importante, a lo que más me impactó de la peli. No te dejes engañar por ese traje de mierda, que se parece al que diseñó Jim Lee para la movida del New 52. Este Superman es básicamente EL DE JOHN BYRNE. Es un Superman poderoso, pero no invulnerable. Un Clark Kent que nunca fue Superboy y que no es un imbécil. Sus padres adoptivos están vivos y son casi ancianos. Viene de un Krypton que no es una utopía ni mucho menos. Luthor es un empresario garca que detesta a Superman por los mismos motivos que en los comics de Byrne, y hasta logra hacerle un clon medio cabeza. Lois es valiente, picante y atrevida. Jimmy no es un subnormal, sino un aliado valioso. ¡Está Cat Grant!. Superman tiene buena onda con los otros superhéroes, pero nunca fue miembro de la Justice League. Y se le arma kilombo por interferir en litigios bélicos entre países extranjeros (esto lo desarrolló más Marv Wolfman, pero en la misma Era Byrne). Obvio que al barbeta le va a dar un ACV cuando vea la chapa que tiene Krypto, o lo bien que funcionan los robots. Pero en general, es una iteración MUY afín al Superman ochentoso que surge de Man of Steel.
La peli de James Gunn especula -creo yo- con que el espectador ya vio como 30 películas de Marvel. Por eso se juega a no contar el origen de manera lineal, y a tirar conceptos fantásticos bastante complejos como el pocket universe, los clones y los vórtices, o poderes tremendos como los de Metamorpho o la Engineer, todas cosas que en las películas más antiguas no se podían incluir, primero por una cuestión de limitaciones tecnológicas y segundo porque la mitad de los espectadores no iba a entender un choto. Y otro detalle muy notable -que en las pelis anteriores de Superman nunca hubo- son las puteadas. No se les escapa un "fuck", pero hay "shit" y "asshole" para tirar al techo, y son palabras que aún hoy no aparecen en los comics de DC, a menos que sean Black Label.
Celebro la llegada de un Superman pensado para protagonizar aventuras de alto impacto, visualmente deslumbrantes, que no descuidan los dilemas morales ni las implicancias políticas de lo que hace el héroe. Celebro que haya buenos diálogos, que tengamos muchos personajes copados, que los villanos sean realmente amenazantes, y que te vayas del cine diciendo "qué capo Superman" y no "pobre pibe, qué mal la pasa". Celebro los guiños comiqueros, los gastes sutiles al rol de las redes sociales y los medios de comunicación, el legado de Byrne y Wolfman, el ritmo que no decae nunca y hasta que le dieran un papel ínfimo al infumable Sean Gunn, para que aparezca tres segundos, no como en Guardians of the Galaxy, donde le daban una importancia que su exiguo talento actoral nunca justificó.
Otra vez un reinicio de Superman en la pantalla grande me provoca aplausos y expectativas. Veremos si esta vez James Gunn logra sostener a lo largo de varias películas el entusiasmo que genera con esta.
lunes, 1 de enero de 2024
DECIMOQUINTA TEMPORADA
Hoy se cumplen 14 años (casi una vida) desde el día en que empecé con este blog. Desde entonces cambió prácticamente todo, excepto que yo sigo adelante con este blog. Ya casi no hay espacios de este tipo, y si hay, a nadie le importan en lo más mínimo.
Por eso lo primero que se me ocurre (antes de cualquier tipo de festejo) es preguntarme si tiene sentido seguir con este proyecto a lo largo de una decimoquinta temporada. Podría tranquilamente no hacerlo más, porque la verdad que no le debo nada a nadie. Las novedades que con enorme generosidad me hacen llegar editores y autores, las podría reseñar en el sitio de Comiqueando, o en el Podcast, que son espacios mucho más visitados, de mayor visibilidad dentro del medio. Y encima el blog ya no funciona tanto como un registro personal de qué leí y qué no leí, porque estoy leyendo bastante en digital, y acá sólo hablo de lo que leo en físico. También estoy leyendo muchas revistas de comics (básicamente antologías europeas de los ´80), de las que tampoco hablo en este espacio, y revistas y libros SOBRE comics, que tampoco da para reseñar acá en el blog.
Hace AÑOS (literalmente) que no miro cuánta gente lee lo que yo posteo. El único número que tengo a mano es el de la cantidad de suscriptores, y se mantiene bastante estable hace mucho tiempo. O sea que la repercusión de lo uno publica en este espacio me tiene MUY sin cuidado. Escribo acá básicamente para hinchar las bolas, porque me parece estimulante ordenar en la cabeza el kilombo que se me arma cada vez que leo un comic (o veo una película) y transmitirlo de la manera más coherente posible. No hay otra explicación. De vez en cuando, echo mano a algún párrafo que escribí acá y lo integro a algún artículo para la Comiqueando, o para algún otro medio, pero es algo bastante infrecuente, con una incidencia ínfima sobre el total de párrafos que llevo escritos para este blog. Así que la única función real que cumplen estas reseñas es el placer que me causa tomarme un rato un par de veces por semana para sentarme a escribir. Y, a veces, ver que editores y autores que encuentran reseñadas acá sus obras, comparten los links en las redes, como el pibe que viene orgulloso a mostrarle el boletín a los padres, porque "se sacaron buenas notas".
Ese es todo el sentido que le encuentro a esta tarea. No creo que nadie vaya a comprar o no un comic porque yo lo recomiendo, no creo que nadie diga "che, este limado nos regala hace siglos sus reseñas, comprémosle dos veces por año la revista digital que publica", no espero que en los comentarios surjan debates que me enriquezcan ni a mí ni a nadie... es más una cuestión personal que cualquier otra cosa. Como hacerse la paja, pero más higiénico y menos placentero.
Esto es algo que está, que se da por sentado, y que si hasta ahora no dejó de existir es porque probablemente nunca lo haga... o en realidad que se corte cuando yo me muera y no pueda tipear más.
Dicho todo esto, anoche terminé de leer (por segunda vez, lo había leído de prestado como 20 años atrás) Superman & Batman: Generations 2, del maesto John Byrne. Muy sintéticamente, el dibujo está un poquito por debajo de lo que mostró Byrne en la primera serie y bastante por debajo de lo que va a pelar en la tercera, que es -lejos- la mejor dibujada. Las aventuras en sí, tampoco son gran cosa. Están bien, cumplen, no mezquinan escenas potentes, pero tienen sentido en función de otra cosa, que es lo que hizo imprescindible a Generations: la construcción de un Universo DC alternativo, en muchísimos aspectos más atractivo que el Universo DC oficial.
El concepto de Generations (contar historias de Superman y Batman que arrancan en 1939 y avanzan de a 10 u 11 años para mostrarlos en distintos momentos de los Siglos XX y XXI, con la posibilidad de verlos envejecer en tiempo real) es excelente, y está ejecutado de manera brillante. Esta segunda serie (lanzada en 2001) amplía el foco aún más, y además de Clark, Bruce, sus hijos, hijas, nietos, etc., tenemos bastante protagonismo para la Justice Society y distintos superhéroes que -en distintas épocas- pueblan de a poco este universo. Así, Byrne nos invita a armar un rompecabezas en el que cada pieza por sí sola difícilmente te parezca una maravilla, pero a medida que se completa el mosaico, no quedan más opciones que la ovación de pie, sostenida y sentida desde el alma de cualquier fan de los superhéroes. Cuanto más sabés de la historia del DCU (y de sus autores y sus contextos de producción) más te ceba Generations y más niveles discursivos le encontrás. Recomiendo mucho esta serie a los fans de Byrne y de DC, y me quedo con muchas ganas de volver a leer la tercera parte, de la que me acuerdo poquísimo.
Nada más, por hoy. Me quedan algunas historietas argentinas del 2023 para leer, así que pronto vuelvo con eso. Gracias, feliz 2024 para tod@s, y acuérdense de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital.
Etiquetas:
Batman,
DC,
Elseworlds,
John Byrne,
Superman
miércoles, 27 de febrero de 2019
MIERCOLES DE MATERIAL RECIENTE
Hoy se me juntaron para reseñar dos publicaciones bastante recientes,
ambas aparecidas en 2018.
Arranco con el nº1000 de Action Comics, una antología de 80 páginas,
con lomito, muy buen papel y ni uno solo de esos millones de avisos nefastos
que hacen que uno no quiera coleccionar issues ni aunque fueran gratis. La
historia más extensa la escribe y dibuja Dan Jurgens, masacrado sin piedad por
las horrendas tintas de Norm Rapmund. No es que el dibujo sea sublime, pero uno
que leyó mucho a Jurgens se da cuenta de que, con entintadores menos chotos,
los trabajos de este autor se ven mucho mejor. El guión es un poquito frío,
pero tiene la buena intención de poner el foco en los vínculos de Superman con
sus amigos y su ciudad, no tanto en la machaca. Peter Tomasi acomete la dura
tarea de armar una historia con 15 splash-pages dibujadas con mucho power por
Patrick Gleason… y por suerte le queda algo bastante presentable. La que dibujó
Curt Swan no la pude leer porque hice patito precisamente contra el dibujo.
La de Geoff Johns y Richard Donner tiene unos dibujos zarpadísimos de
Olivier Coipel, pero no me interesó para nada. La misma ecuación (dibujos de la
San Puta, guión rayano en la nada misma) experimenté con la de Scott Snyder y Rafael
Albuquerque y con la de Tom King y Clay Mann. Tanto Louise Simonson (que
trabaja junto al maestro Jerry Ordway) como Brad Meltzer (cuyo guión fue
dibujado por John Cassaday) tratan de ofrecer una vueltita más, un ganchito más
atractivo en los guiones, pero lo logran sólo a medias. Acá tenemos también el
debut de Brian Michael Bendis en los títulos de Superman, con 12 páginas que
funcionan como prólogo a la miniserie The Man of Steel, que se quedan en la
machaca a todo o nada contra el enésimo villano alienígena sin personalidad.
Encima dibuja Jim Lee, que (por lo menos para mí) ya perdió toda sorpresa y
todo atractivo.
Dejo para el final la mejor historieta del librito: Actionland, una
cátedra de apenas cinco páginas de los próceres Paul Dini y José Luis García
López, sencilla, divertida, impredecible y exquisita. Me imagino que a los muy
fans de Superman este especial los emocionará mucho más que a mí. Yo me llené
los ojos con unos dibujantes magníficos, pero a nivel guiones, encontré muy
poco para rescatar.
Me vengo a Argentina, para leer El Loco Komare y Otras Historias, un
librito que marca el reencuentro entre Fabio Zurita y Francisco Baron, la dupla
detrás del libro reseñado un lejano 26/12/13. Esta vez tenemos una historieta
de 24 páginas, una de 18 y un montón de relleno (textos, relatos en prosa con
ilustraciones, bocetos, carátulas, hojas en blanco, etc.). Y tenemos además un
salto cualitativo muy notable en el trabajo de Francisco Baron, que acá ya
muestra nivel de sobra para ocupar un lugarcito en la mesa de los grandes
dibujantes de historieta que hay hoy en nuestro país. Las dos historietas, pero
sobre todo la primera (la que da título al libro), tienen mucho espacio para
secuencias mudas, en las que el dibujante se pone el relato al hombro con una
solvencia y un aplomo indescriptibles. Acierta en los ángulos, en los detalles
que enfoca, se zarpa en el armado de la página, le pone toda la garra a las
expresiones faciales para enfatizar lo grotesco o lo bizarro de las situaciones
que tiene que narrar y la rompe cuando pone los grises con el Photoshop. Un
laburo realmente excelente, absolutamente consagratorio de Baron, que andá a
saber por qué no es mucho más conocido en el ámbito local.
El guión de El Loco Komare es simple, sin pretensiones, un poco más
que una mera acumulación de anécdotas, cuyo principal atractivo es el impacto
de algunas secuencias bastante violentas… y obviamente los huevos para animarse
a contar casi toda la historia sin textos. En la otra historieta (La Otra
Explotación) se habla un poco más, pero la temática me interesó un poquito
menos. Acá Fabio Zurita nos cuenta varias peripecias medio inverosímiles que
vive Lucho, en su ruta hacia un encuentro entre poetas… que terminará con todos
peleados entre sí por diferencias políticas. Es una historieta divertida,
intensa, que arranca como una mezcla entre humor y aventura (aventura a nivel
urbano, bien croto, casi lumpen) y termina con una especia de sátira a las
eternas divisiones entre los intelectuales de la izquierda y sus alrededores.
Recomiendo este librito a los buscadores de rarezas dentro del panorama actual
de la historieta argentina, y por supuesto a los que quieran disfrutar del
talento de un Francisco Baron inspiradísimo.
Y nada más. Por ahí vuelvo a postear mañana, por ahí queda para el viernes,
pero ya tengo material leído como para escribir nuevas reseñas. Hasta muy
pronto.
Etiquetas:
Fabio Zurita,
Francisco Baron,
Superman
martes, 22 de marzo de 2016
BATMAN vs. SUPERMAN: DAWN OF JUSTICE
Primero, lo más importante: esta película no sólo es secuela de Man of Steel. Incluso arranca antes de que termine Man of Steel. O sea que si odiaste esa peli (reseñada en el blog el 11/06/13), ni se te ocurra ir a ver esta.
La verdad es que BvS:DoJ no es brillante. Se hace muuuy larga (dura 153 minutos que parecen 500) y se pone realmente buena en el último tercio. Pero tampoco está mal. Tiene momentos emotivos y sacudones totalmente impredecibles incluso en esos dos primeros tercios en los que la aventura parece no arrancar nunca. En algún momento, Zack Snyder desata el nudo gordiano y la película despega hacia un festival de machaca, destrucción y muerte realmente impactante, intenso, con todos los elementos épicos que tiene que tener una peli de superhéroes.
Lo más flojo de BvS:DoJ es cómo le cae a Batman la ficha de que Superman no es malo. Pero claro, ni bien sucede eso, la peli cambia de rumbo y empiezan esos últimos 35 minutos que justifican por sí solos el valor de la entrada. Hasta llegar a ese punto, pareciera que Superman se enfrenta a dos villanos medio pelo, dos gansos que –por distintos motivos no del todo sólidos- se dedican a hacerle la vida imposible: Luthor y Batman. Por suerte, los buenos terminan por armar el team-up que todos esperábamos y ahí agarrate, porque estalla el cine.
Me gustó mucho este Batman cuarentón que propone Ben Affleck, muy curtido, sin reparos a la hora de dispararle con munición gruesa a los comandos paramilitares con los que se enfrenta. Me cerró también el Luthor de Jesse Eisenberg, histriónico, sacadito, al límite del desequilibrio mental. Wonder Woman… y, qué sé yo… está tan cambiada, la interpretación del personaje se parece tan poco a cualquiera de las que vimos en los comics, que si le ponían otro nombre (Warrior Queen, ponele) nadie iba a decir ni mu. Hay brevísimas apariciones de Flash, Aquaman y Cyborg, como para cebarte con futuras pelis, pero son apenas cameitos, escenas mínimas. Y aparece otro villano grosso, al que no se puede nombrar para no spoilear.
Otro giro muy logrado es la forma en que el guión resuelve uno de los conflictos que quedaron picando de Man of Steel: el debate acerca de si Superman es responsable o no de la muerte y la destrucción causados en la batalla contra Zod y los genocidas de Krypton. Eso engancha con el final, que es asombroso e impredecible y abre un montón de puntas para las secuelas.
Más allá de si te gusta o no el casting, o si te cierran o no algunas volteretas que pega el guión, lo que me parece definitivo a la hora de recomendarte o no que la vayas a ver es si te fumás dos horas y media de oscuridad, violencia y solemnidad. Esta es una película densa, seguramente menos retorcida que The Dark Knight, pero tremenda en cuanto al contenido de sangre, torturas, destrucción y muerte. El único que calza un chiste cada tanto es Perry White, y también hay una sana cuota de ingenio y picardía en los diálogos de Luthor. Pero al lado de cualquier peli de Marvel, esto es un velorio.
¿Guiños comiqueros? Hay algunos, pero no son tan relevantes. Seguramente lo que le va a dar tema de discusión ad infinitum a los nerds más extremos es la “continuidad” de Batman. ¿Es el Batman de la trilogía de Christopher Nolan? ¿Es otra versión del personaje cuyo pasado desconocemos? Yo me inclino más por lo segundo.
Para mi infinita alegría, tenemos una peli más sin que aparezca el detestable Jimmy Olsen, y para mi infinita decepción, el guión le da demasiada bola a una Lois Lane que –está científicamente comprobado- sólo sirve para meter en kilombos a Superman. Al final se van al descenso dos personajes importantes (ni en pedo te revelo quiénes son), pero la boluda de Lois zafa una vez más de una muerte que tiene recontra-merecida casi desde Man of Steel.
Repito: BvS:DoJ no me pareció ni una joya ni un embole. Pago gustoso el valor de la entrada sólo por esos últimos 35 minutos que son un despelote visual y narrativo a todo o nada, imposible de olvidar y muy difícil de superar.
La verdad es que BvS:DoJ no es brillante. Se hace muuuy larga (dura 153 minutos que parecen 500) y se pone realmente buena en el último tercio. Pero tampoco está mal. Tiene momentos emotivos y sacudones totalmente impredecibles incluso en esos dos primeros tercios en los que la aventura parece no arrancar nunca. En algún momento, Zack Snyder desata el nudo gordiano y la película despega hacia un festival de machaca, destrucción y muerte realmente impactante, intenso, con todos los elementos épicos que tiene que tener una peli de superhéroes.
Lo más flojo de BvS:DoJ es cómo le cae a Batman la ficha de que Superman no es malo. Pero claro, ni bien sucede eso, la peli cambia de rumbo y empiezan esos últimos 35 minutos que justifican por sí solos el valor de la entrada. Hasta llegar a ese punto, pareciera que Superman se enfrenta a dos villanos medio pelo, dos gansos que –por distintos motivos no del todo sólidos- se dedican a hacerle la vida imposible: Luthor y Batman. Por suerte, los buenos terminan por armar el team-up que todos esperábamos y ahí agarrate, porque estalla el cine.
Me gustó mucho este Batman cuarentón que propone Ben Affleck, muy curtido, sin reparos a la hora de dispararle con munición gruesa a los comandos paramilitares con los que se enfrenta. Me cerró también el Luthor de Jesse Eisenberg, histriónico, sacadito, al límite del desequilibrio mental. Wonder Woman… y, qué sé yo… está tan cambiada, la interpretación del personaje se parece tan poco a cualquiera de las que vimos en los comics, que si le ponían otro nombre (Warrior Queen, ponele) nadie iba a decir ni mu. Hay brevísimas apariciones de Flash, Aquaman y Cyborg, como para cebarte con futuras pelis, pero son apenas cameitos, escenas mínimas. Y aparece otro villano grosso, al que no se puede nombrar para no spoilear.
Otro giro muy logrado es la forma en que el guión resuelve uno de los conflictos que quedaron picando de Man of Steel: el debate acerca de si Superman es responsable o no de la muerte y la destrucción causados en la batalla contra Zod y los genocidas de Krypton. Eso engancha con el final, que es asombroso e impredecible y abre un montón de puntas para las secuelas.
Más allá de si te gusta o no el casting, o si te cierran o no algunas volteretas que pega el guión, lo que me parece definitivo a la hora de recomendarte o no que la vayas a ver es si te fumás dos horas y media de oscuridad, violencia y solemnidad. Esta es una película densa, seguramente menos retorcida que The Dark Knight, pero tremenda en cuanto al contenido de sangre, torturas, destrucción y muerte. El único que calza un chiste cada tanto es Perry White, y también hay una sana cuota de ingenio y picardía en los diálogos de Luthor. Pero al lado de cualquier peli de Marvel, esto es un velorio.
¿Guiños comiqueros? Hay algunos, pero no son tan relevantes. Seguramente lo que le va a dar tema de discusión ad infinitum a los nerds más extremos es la “continuidad” de Batman. ¿Es el Batman de la trilogía de Christopher Nolan? ¿Es otra versión del personaje cuyo pasado desconocemos? Yo me inclino más por lo segundo.
Para mi infinita alegría, tenemos una peli más sin que aparezca el detestable Jimmy Olsen, y para mi infinita decepción, el guión le da demasiada bola a una Lois Lane que –está científicamente comprobado- sólo sirve para meter en kilombos a Superman. Al final se van al descenso dos personajes importantes (ni en pedo te revelo quiénes son), pero la boluda de Lois zafa una vez más de una muerte que tiene recontra-merecida casi desde Man of Steel.
Repito: BvS:DoJ no me pareció ni una joya ni un embole. Pago gustoso el valor de la entrada sólo por esos últimos 35 minutos que son un despelote visual y narrativo a todo o nada, imposible de olvidar y muy difícil de superar.
domingo, 22 de noviembre de 2015
22/11: DC COMICS PRESENTS SUPERMAN: SOLE SURVIVOR
Rescaté a este TPB para pobres de una batea de ofertas en la que agonizaba, a ver con qué me podía llegar a encontrar. Como otros TPBs para pobres que ya vimos, este se nutre de lo que en su momento fueron cuatro números de la revista Legends of the DC Universe, un título muy desparejo, obviamente a causa de la constante rotación de personajes y autores.
La revista se lanzó con una saga de tres episodios protagonizada por Superman, escrita por el entonces encumbrado James Robinson y reeditada en este one-shot. La consigna de Robinson parece ser actualizar a los ´90 la primera batalla de Superman contra el Ultra-Humanite (considerado el primer supervillano de la historia del comic), que originalmente había sido narrada en 1939 por Jerry Siegel y Joe Shuster. Coherentemente, la historia está ambientada en los albores de la carrera de Superman, en la época de los primeros números de The Man of Steel, cuando Luthor todavía tenía pelo y nadie había visto un cacho de kryptonita.
Más allá de que la consigna y la ambientación puedan resultar interesantes, la historia es muy floja. Robinson hace bien dos cosas: le escribe los mejores diálogos a Lois Lane, como para justificar su participación en la trama, y nos hace comer el amague a los que conocemos la historia clásica del Ultra-Humanite al mostrar a Dolores Winters como una posible “anfitriona” de la mente del villano, que salta de cuerpo en cuerpo. Uno apostaba hasta la dignidad a que la clave estaba en Dolores Winters y al final no era así. Salvo por esos dos detalles, la historia es aburrida, el villano que introduce Robinson (Madness) es choto y en ningún momento uno siente esa tensión, esa vibración que te hace pensar “acá está por pasar algo muy grosso”.
El dibujo de Val Semeiks tampoco contribuye. Es básico, ramplón y encima el color no lo ayuda. Lo peor que tiene el dibujo de Semeiks es que dibuja la musculatura de Superman de un modo grotesco, muy exagerado. Eso por ahí quedaba bien cuando dibujaba a Lobo, que es un personaje grotesco, más virado a la joda que a la aventura con alguna pretensión de realismo. Lo más digno lo logra cuando intenta copiar cositas de John Byrne o Alan Davis, y para esto último lo ayudan las tintas de Paul Neary. Pero visualmente, esta es una historieta bien del montón.
Como complemento, tenemos un unitario que apareció en el n°39 de LOTDCU, escrito por Danny Fingeroth, guionista y coordinador de muchos títulos auténticamente aberrantes de la Marvel de los ´90. Fingeroth sorprendió a propios y ajenos con un breve unitario de Superman en una antología, y en esta nueva visita a Metropolis trae una consigna atractiva: un científico multimillonario se convence de que la Tierra está por explotar en mil pedazos y lanza a su bebé en una nave espacial, en busca de un planeta supuestamente habitable. Por supuesto todo sale mal y será Superman quien deba evitar la tragedia y salvar al bebé. No está mal, tiene su encanto, más allá de lo poco verosímil que resulta la existencia de un científico multimillonario, capaz de construir robots hiper-tecno y naves espaciales… al que nunca ningún otro guionista había mencionado. “Hola, soy más grosso que Luthor, pero nunca nadie había hablado de mí en ningún comic”. En fin… el dibujo de estas 22 páginas es un horror cancerígeno y abisal, perpetrado por Randy Green, un dibujante espantosamente precario, que en un mundo más justo estaría limpiando parabrisas en los semáforos.
Me guardo este TPB para pobres… para regalárselo a algún amigo fan de Superman.
La revista se lanzó con una saga de tres episodios protagonizada por Superman, escrita por el entonces encumbrado James Robinson y reeditada en este one-shot. La consigna de Robinson parece ser actualizar a los ´90 la primera batalla de Superman contra el Ultra-Humanite (considerado el primer supervillano de la historia del comic), que originalmente había sido narrada en 1939 por Jerry Siegel y Joe Shuster. Coherentemente, la historia está ambientada en los albores de la carrera de Superman, en la época de los primeros números de The Man of Steel, cuando Luthor todavía tenía pelo y nadie había visto un cacho de kryptonita.
Más allá de que la consigna y la ambientación puedan resultar interesantes, la historia es muy floja. Robinson hace bien dos cosas: le escribe los mejores diálogos a Lois Lane, como para justificar su participación en la trama, y nos hace comer el amague a los que conocemos la historia clásica del Ultra-Humanite al mostrar a Dolores Winters como una posible “anfitriona” de la mente del villano, que salta de cuerpo en cuerpo. Uno apostaba hasta la dignidad a que la clave estaba en Dolores Winters y al final no era así. Salvo por esos dos detalles, la historia es aburrida, el villano que introduce Robinson (Madness) es choto y en ningún momento uno siente esa tensión, esa vibración que te hace pensar “acá está por pasar algo muy grosso”.
El dibujo de Val Semeiks tampoco contribuye. Es básico, ramplón y encima el color no lo ayuda. Lo peor que tiene el dibujo de Semeiks es que dibuja la musculatura de Superman de un modo grotesco, muy exagerado. Eso por ahí quedaba bien cuando dibujaba a Lobo, que es un personaje grotesco, más virado a la joda que a la aventura con alguna pretensión de realismo. Lo más digno lo logra cuando intenta copiar cositas de John Byrne o Alan Davis, y para esto último lo ayudan las tintas de Paul Neary. Pero visualmente, esta es una historieta bien del montón.
Como complemento, tenemos un unitario que apareció en el n°39 de LOTDCU, escrito por Danny Fingeroth, guionista y coordinador de muchos títulos auténticamente aberrantes de la Marvel de los ´90. Fingeroth sorprendió a propios y ajenos con un breve unitario de Superman en una antología, y en esta nueva visita a Metropolis trae una consigna atractiva: un científico multimillonario se convence de que la Tierra está por explotar en mil pedazos y lanza a su bebé en una nave espacial, en busca de un planeta supuestamente habitable. Por supuesto todo sale mal y será Superman quien deba evitar la tragedia y salvar al bebé. No está mal, tiene su encanto, más allá de lo poco verosímil que resulta la existencia de un científico multimillonario, capaz de construir robots hiper-tecno y naves espaciales… al que nunca ningún otro guionista había mencionado. “Hola, soy más grosso que Luthor, pero nunca nadie había hablado de mí en ningún comic”. En fin… el dibujo de estas 22 páginas es un horror cancerígeno y abisal, perpetrado por Randy Green, un dibujante espantosamente precario, que en un mundo más justo estaría limpiando parabrisas en los semáforos.
Me guardo este TPB para pobres… para regalárselo a algún amigo fan de Superman.
Etiquetas:
DC,
James Robinson,
Superman,
Val Semeiks
martes, 1 de septiembre de 2015
01/ 09: BATMAN & SUPERMAN: WORLD ´S FINEST
Este es un proyecto de 1999-2000 que en su momento pasó bastante desapercibido y que todavía a nadie se le ocurrió elevar al status de clásico semi-oculto, aunque la verdad es que no le faltan méritos. La consigna que plantea el guionista Karl Kesel es muy interesante: una vez por año, durante 10 años, Superman y Batman se encuentran. Y no por capricho, hay un hilo conductor, un elemento en la trama que le da sentido a los encuentros. Y a la vez, cada uno de los encuentros es muy distinto del anterior.
A diferencia de otras historias de los World´s Finest (la de Dave Gibbons y Steve Rude, o la de Walt Simonson y Dan Brereton), esta saga tiene como uno de sus principios básicos respetar y reflejar fielmente la continuidad de ambos personajes (obviamente la continuidad “oficial” de 1999-2000). Kesel investigó a conciencia y descubrió en qué andaba cada uno de ellos mientras al otro le pasaban cosas importantes, definitivas para su historia, y tomó esos hitos como elementos importantes para sus guiones.
Sobre esas bases se sostiene -a lo largo de muchísimas páginas- el contrapunto (siempre renovado, porque pasan muchos años y los personajes y la relación entre ellos evolucionan un montón) entre Batman y Superman, y también entre Gotham y Metropolis, a las que Kesel les da mucho protagonismo.
La mejor aventura, la más dinámica, la menos predecible, es la que enfrenta a Superman, Batman, Robin y Lois Lane con Mr. Mxyzptlk y Bat-Mite, un delirio repleto de situaciones bizarras y diálogos muy cómicos. Y la otra que la descose es una que funciona como epílogo a A Death in the Family y la saga en la que Superman se exilia en el espacio. Son 22 páginas sin machaca, a puro diálogo, en las que Bruce y Clark hablan de todo: de sus coincidencias, de sus disensos, de la ley, de la justicia, de sus miedos, de sus sueños, de sus triunfos, de sus fracasos. Si alguien alguna vez indagó a fondo en la esencia y la motivación de estos personajes, fue Kesel en esta historia, pensada para dejarte en claro que, antes que íconos, estos pibes son personas.
Lamentablemente, justo esos dos episodios (y el Catwoman vs. Luthor) son los que cayeron en manos de Peter Doherty, un dibujante que le puso voluntad, pero no estuvo ni cerca del desempeño que merecían estos guiones. El resto de la obra cuenta principalmente con los dibujos de Dave Taylor, un elegante, un distinto, al que cuando se lo permiten las fechas de entrega, pela un estilo alucinante, con influencias de Moebius y Barry Windsor Smith. Acá las fechas de entrega se lo comieron crudo y no está para nada al nivel de trabajos anteriores (Tongue Lash) o posteriores (Batman: Death by Design). Sólo en las portadas lo vemos acariciar la gloria a la que nos tenía acostumbrados. El resto, sin ser choto ni mucho menos, parece más obra de un dibujante correcto que de un virtuoso como demostró ser Taylor.
La verdad es que mucho no calienta ver a Taylor mezquinar algo de su magia para entregar a tiempo, porque lo que verdaderamente sostiene a esta saga es el guión de Kesel, las ideas, el mecanismo que armó para que todo funcione, el constante tira y afloje entre los héroes que quieren ser amigos pero no pueden, y los diálogos que están cuidadísimos. Ah, y el laburo en los personajes secundarios: Alfred, Lois, Gordon, Dick Grayson, Jimmy Olsen… hasta Azrael está bien escrito cuando le toca aparecer.
Si sos fan de los World´s Finest pero nunca te fumaste el hecho de que compartan serie regular, este TPB te va a resultar genial. Para que te termines de ubicar, va justo antes de No Man´s Land y unos cuantos meses antes de la saga de President Luthor. No era el mejor momento de ninguno de los dos héroes en sus series regulares, pero acá Karl Kesel supo sacarle un jugo riquísimo a la luz que representa uno y a las tinieblas que envuelven al otro para contar una historia que funciona en muchos niveles.
A diferencia de otras historias de los World´s Finest (la de Dave Gibbons y Steve Rude, o la de Walt Simonson y Dan Brereton), esta saga tiene como uno de sus principios básicos respetar y reflejar fielmente la continuidad de ambos personajes (obviamente la continuidad “oficial” de 1999-2000). Kesel investigó a conciencia y descubrió en qué andaba cada uno de ellos mientras al otro le pasaban cosas importantes, definitivas para su historia, y tomó esos hitos como elementos importantes para sus guiones.
Sobre esas bases se sostiene -a lo largo de muchísimas páginas- el contrapunto (siempre renovado, porque pasan muchos años y los personajes y la relación entre ellos evolucionan un montón) entre Batman y Superman, y también entre Gotham y Metropolis, a las que Kesel les da mucho protagonismo.
La mejor aventura, la más dinámica, la menos predecible, es la que enfrenta a Superman, Batman, Robin y Lois Lane con Mr. Mxyzptlk y Bat-Mite, un delirio repleto de situaciones bizarras y diálogos muy cómicos. Y la otra que la descose es una que funciona como epílogo a A Death in the Family y la saga en la que Superman se exilia en el espacio. Son 22 páginas sin machaca, a puro diálogo, en las que Bruce y Clark hablan de todo: de sus coincidencias, de sus disensos, de la ley, de la justicia, de sus miedos, de sus sueños, de sus triunfos, de sus fracasos. Si alguien alguna vez indagó a fondo en la esencia y la motivación de estos personajes, fue Kesel en esta historia, pensada para dejarte en claro que, antes que íconos, estos pibes son personas.
Lamentablemente, justo esos dos episodios (y el Catwoman vs. Luthor) son los que cayeron en manos de Peter Doherty, un dibujante que le puso voluntad, pero no estuvo ni cerca del desempeño que merecían estos guiones. El resto de la obra cuenta principalmente con los dibujos de Dave Taylor, un elegante, un distinto, al que cuando se lo permiten las fechas de entrega, pela un estilo alucinante, con influencias de Moebius y Barry Windsor Smith. Acá las fechas de entrega se lo comieron crudo y no está para nada al nivel de trabajos anteriores (Tongue Lash) o posteriores (Batman: Death by Design). Sólo en las portadas lo vemos acariciar la gloria a la que nos tenía acostumbrados. El resto, sin ser choto ni mucho menos, parece más obra de un dibujante correcto que de un virtuoso como demostró ser Taylor.
La verdad es que mucho no calienta ver a Taylor mezquinar algo de su magia para entregar a tiempo, porque lo que verdaderamente sostiene a esta saga es el guión de Kesel, las ideas, el mecanismo que armó para que todo funcione, el constante tira y afloje entre los héroes que quieren ser amigos pero no pueden, y los diálogos que están cuidadísimos. Ah, y el laburo en los personajes secundarios: Alfred, Lois, Gordon, Dick Grayson, Jimmy Olsen… hasta Azrael está bien escrito cuando le toca aparecer.
Si sos fan de los World´s Finest pero nunca te fumaste el hecho de que compartan serie regular, este TPB te va a resultar genial. Para que te termines de ubicar, va justo antes de No Man´s Land y unos cuantos meses antes de la saga de President Luthor. No era el mejor momento de ninguno de los dos héroes en sus series regulares, pero acá Karl Kesel supo sacarle un jugo riquísimo a la luz que representa uno y a las tinieblas que envuelven al otro para contar una historia que funciona en muchos niveles.
Etiquetas:
Batman,
Dave Taylor,
DC,
Karl Kesel,
Superman
martes, 23 de junio de 2015
23/ 06: TRINITY
Desde que salió en 2003 que venía escuchando buenos comentarios acerca de esta novela gráfica y la encaré con toda la fe. La verdad, no me terminó de convencer. Por ahí porque uno es, ante todo, fan de Matt Wagner. Y me queda claro que acá Wagner está muchos cambios por debajo de sus trabajos de mayor impronta autoral. Este es un Wagner muy moderado, muy civilizado, muy domesticado. No se ve esa furia, esa cosa visceral, ese filo experimental de las mejores obras del creador de Grendel y Mage. Hay una historia sólida, que no te toma en ningún momento por pelotudo, pero falta lo otro, la provocación, la transgresión. De hecho, el guión de Trinity es tan redondo y tan “reader-friendly” que me extraña que todavía no lo hayan convertido en una película animada de esas que DC edita varias veces por año directo en DVD.
¿Qué es exactamente lo que nos cuenta Wagner en esta historia? La primera vez que se reúnen los tres íconos centrales de la mitología heroica de DC: Superman y Batman ya se conocen entre ellos, ya confían bastante el uno en el otro, y ahora se suma a la ecuación Wonder Woman, esta bomba atómica a la que sólo habían oído nombrar, pero con la que nunca se habían visto cara a cara. Como siempre, al principio hay rispideces, cuestionamientos, frases punzantes… aunque sin llegar a las piñas, porque esto no es Marvel. Y después habrá entendimientos, complicidades, pruebas de lealtad para un lado y para el otro. Sin dudas lo mejor que tiene el guión de Wagner pasa por los detalles en la caracterización, por esos toquecitos sutiles con los que el autor demuestra conocer a la perfección a Clark, Bruce y Diana, que son los que le permiten lograr que la química entre ellos funcione de manera creíble, armónica, natural.
Lo artificial, lo forzado, pasa por la lucha con los villanos. Esta saga, sin los villanos, sin los conflictos, sería mucho mejor. Claro, DC no te va a publicar un broli de 190 páginas en el que tres superhéroes se sientan a charlar para conocerse un poco más. Nos guste o no, tiene que haber una aventura, algo que los impulse a actuar, a involucrarse en situaciones dramáticas que se puedan resolver por la vía de la violencia. Y ahí es donde entran los malos: Ra´s al Ghul, Bizarro y… ¿Artemis?!? Es una selección por lo menos polémica, sobre todo cuando Wagner te blanquea que en esta aventura Artemis tiene… 14 años. Ojo, el tratamiento que le da el autor a este personaje es atractivo, está bien desarrollado, pero se hace muy obvio dónde está el eslabón flojo, el punto débil de esta trinidad del mal. Bizarro también tiene buenos momentos, hasta que Batman le hace ese aguante mano a mano y decís “nah, no me jodas”. Y obviamente el pulenta, el que manipula a todos los demás, el verdadero motor de la trama, es Ra´s. No es una gran trama, Ra´s ha tenido planes mejores y –como ya dije- las peleas entre los héroes y los villanos están bastante por debajo de los logros de Wagner en la caracterización. También hay cameos de Robin, Lois Lane, la reina Hippolyta y Aquaman, que aparece una viñeta y media y no abre la boca. Nada de eso alcanza para distraernos de lo más importante, que es el gran manejo por parte de Wagner de los tres personajes protagónicos.
Bueno, sí, hay algo que nos puede distraer: el dibujo, que está buenísimo, y el color del siempre asombroso Dave Stewart. Sin irse nunca al carajo con la puesta en página como en Grendel, Matt Wagner se concentra en dibujar claro, lindo, en que todo se vea grandioso y espectacular. Acá lo vemos trabajar con su línea la típica de estos últimos… 20 años: trazo sintético, personajes muy expresivos, cuerpos muy dinámicos, con una gran observación del lenguaje gestual de cada personaje, excelente equilibrio entre espacios blancos y masas negras, cuadros sin fondos mezclados con cuadros en los que los fondos te hacen caer de ojete, tomas de lejos en las que los personajes se convierten en siluetas toscas al filo del garabato… todo plasmado en páginas que suelen tener pocas viñetas, como para que el dibujo se pueda lucir a fondo. En sus obras posteriores para DC (las dos saguitas ambientadas en los primeros días de la carrera de Batman), Wagner volverá a apostar por los climas ominosos, la onda más cruda, más tétrica, más pulp. Acá, en cambio, hay mucha más luz, es todo más claro, más prolijo… como decía al principio, más domesticado.
En fin, si sos fan del Matt Wagner jodido, sórdido y sanguinario, no creo que esto te enganche. Si comprás cualquier cosa que lleve la firma del ídolo, supongo que ya lo tenés. Y si sos fan de los tres héroes más emblemáticos de DC, dale una posibilidad que -más allá de las luchas con los villanos- el guión está bien y hay muchos momentos muy finos, muy lindos en lo que hace al tratamiento de los personajes.
¿Qué es exactamente lo que nos cuenta Wagner en esta historia? La primera vez que se reúnen los tres íconos centrales de la mitología heroica de DC: Superman y Batman ya se conocen entre ellos, ya confían bastante el uno en el otro, y ahora se suma a la ecuación Wonder Woman, esta bomba atómica a la que sólo habían oído nombrar, pero con la que nunca se habían visto cara a cara. Como siempre, al principio hay rispideces, cuestionamientos, frases punzantes… aunque sin llegar a las piñas, porque esto no es Marvel. Y después habrá entendimientos, complicidades, pruebas de lealtad para un lado y para el otro. Sin dudas lo mejor que tiene el guión de Wagner pasa por los detalles en la caracterización, por esos toquecitos sutiles con los que el autor demuestra conocer a la perfección a Clark, Bruce y Diana, que son los que le permiten lograr que la química entre ellos funcione de manera creíble, armónica, natural.
Lo artificial, lo forzado, pasa por la lucha con los villanos. Esta saga, sin los villanos, sin los conflictos, sería mucho mejor. Claro, DC no te va a publicar un broli de 190 páginas en el que tres superhéroes se sientan a charlar para conocerse un poco más. Nos guste o no, tiene que haber una aventura, algo que los impulse a actuar, a involucrarse en situaciones dramáticas que se puedan resolver por la vía de la violencia. Y ahí es donde entran los malos: Ra´s al Ghul, Bizarro y… ¿Artemis?!? Es una selección por lo menos polémica, sobre todo cuando Wagner te blanquea que en esta aventura Artemis tiene… 14 años. Ojo, el tratamiento que le da el autor a este personaje es atractivo, está bien desarrollado, pero se hace muy obvio dónde está el eslabón flojo, el punto débil de esta trinidad del mal. Bizarro también tiene buenos momentos, hasta que Batman le hace ese aguante mano a mano y decís “nah, no me jodas”. Y obviamente el pulenta, el que manipula a todos los demás, el verdadero motor de la trama, es Ra´s. No es una gran trama, Ra´s ha tenido planes mejores y –como ya dije- las peleas entre los héroes y los villanos están bastante por debajo de los logros de Wagner en la caracterización. También hay cameos de Robin, Lois Lane, la reina Hippolyta y Aquaman, que aparece una viñeta y media y no abre la boca. Nada de eso alcanza para distraernos de lo más importante, que es el gran manejo por parte de Wagner de los tres personajes protagónicos.
Bueno, sí, hay algo que nos puede distraer: el dibujo, que está buenísimo, y el color del siempre asombroso Dave Stewart. Sin irse nunca al carajo con la puesta en página como en Grendel, Matt Wagner se concentra en dibujar claro, lindo, en que todo se vea grandioso y espectacular. Acá lo vemos trabajar con su línea la típica de estos últimos… 20 años: trazo sintético, personajes muy expresivos, cuerpos muy dinámicos, con una gran observación del lenguaje gestual de cada personaje, excelente equilibrio entre espacios blancos y masas negras, cuadros sin fondos mezclados con cuadros en los que los fondos te hacen caer de ojete, tomas de lejos en las que los personajes se convierten en siluetas toscas al filo del garabato… todo plasmado en páginas que suelen tener pocas viñetas, como para que el dibujo se pueda lucir a fondo. En sus obras posteriores para DC (las dos saguitas ambientadas en los primeros días de la carrera de Batman), Wagner volverá a apostar por los climas ominosos, la onda más cruda, más tétrica, más pulp. Acá, en cambio, hay mucha más luz, es todo más claro, más prolijo… como decía al principio, más domesticado.
En fin, si sos fan del Matt Wagner jodido, sórdido y sanguinario, no creo que esto te enganche. Si comprás cualquier cosa que lleve la firma del ídolo, supongo que ya lo tenés. Y si sos fan de los tres héroes más emblemáticos de DC, dale una posibilidad que -más allá de las luchas con los villanos- el guión está bien y hay muchos momentos muy finos, muy lindos en lo que hace al tratamiento de los personajes.
Etiquetas:
Batman,
DC,
Matt Wagner,
Superman,
Trinity,
Wonder Woman
lunes, 18 de mayo de 2015
18/ 05: SUPERMAN Y LA BOMBA DE LA PAZ
Esta es una historieta rarísima, que yo nunca había leído, a pesar de que se editó en 1990 en Dinamarca y al año siguiente en España (es decir, en algo más parecido a un idioma humano). Originalmente se llamó Superman og Fredsbomben y pasó a la historia por ser la primera historieta de Superman desarrollada oficilamente en Europa, sin supervisión de DC. Nunca supe muy bien por qué DC accedió a darle luz verde a un proyecto que no pudo controlar. Sospecho que habrá sido por expreso pedido de una editorial que tenía la licencia para publicar DC en Dinamarca y que debería desembolsar cifras muy convincentes. Dinamarca es un mercado en el que a DC le va muy bien hace muchísimos años, así que puede ser. Lo cierto es que el guionista Neils Sondergaard tuvo total libertad para contar una historia de Superman en un formato bien europeo: un álbum 100% autoconclusivo, de 46 páginas, tamaño grande, pintado a color directo… Y la timba, la extraña cruza entre un álbum europeo y un comic de superhéroes, le salió bastante bien.
Dos datos curiosos: primero, esta historia nunca se editó en EEUU. Segundo, esta historia está integrada casi perfectamente al Universo DC. Sondergaard no mandó fruta, no mezcló elementos de distintas versiones, no agarró para el lado de los Elseworlds. Este es el Superman posta de la continuidad oficial (de 1990), con la Lois Lane de esa época y el Lex Luthor de esa época. Incluso se menciona a los Global Guardians y hace un cameo Ice, en el que deja en claro que es una heroína noruega que forma parte de la JLI. La única libertad que se toma el guionista es la de inventarle una hermana a Ice, una fisiculturista agresiva, una marimacho con poderes sobre el hielo que parece una caricatura mitad graciosa y mitad grotesca de Brigitte Nielsen. El resto, podía pasar tranquilamente como un Annual o un prestige editado oficialmente por DC en EEUU.
Bueno, no… hay un pequeño detalle. El comic tiene un marcado matiz político. Sondergaard aborda el tema del desarme nuclear y lo hace desde una postura muy crítica del doble discurso de EEUU y Rusia, muy lejos de la ingenuidad política con la que los guionistas yankis suelen abordar este tema. Acá hay una visión muy europea, de países que hicieron muy buena letra en el ámbito de la lucha por la paz (si se me permite el oxímoron) y que tienen la autoridad moral suficiente para decirle en la cara a los yankis “Paren de vender humo y tomen medidas EN SERIO para frenar la carrera armamentista”. Sondergaard podría haber aprovechado la presencia de Luthor para cargar las tintas sobre el villano y no salpicar al gobierno de EEUU, y sin embargo elige el camino más arriesgado, que es el de cuestionarlo duramente.
¿Y qué hace Superman en una historia que se mete con los tapones de punta a discutir temas de política internacional? La última vez que lo habíamos visto envuelto en una trama que agarraba para ese lado (The Dark Knight Returns), cumplió un rol lamentable, reducido por Frank Miller a un títere de Ronald Reagan, crédulo y fácil de manipular. Acá el rol de Superman está mejor pensado y el ensamblaje entre la bajada de línea y la aventura superheroica funciona bastante bien. La machaca no abunda, pero siempre está bien justificada, con amenazas que casi están al nivel de poder del Hombre de Acero.
De todos modos, lo más lindo que tiene este álbum es el dibujo, del ídolo danés Teddy Kristiansen. Ojo, no es el Kristiansen de ahora, el que venera a Egon Schiele. Es el Kristiansen anterior a Grendel Tales, el que miraba muchísimo a Pasqual Ferry y a Fernando De Felipe, el que aprendió narrativa yanki copiándole los yeites a Matt Wagner y en menor medida al Dark Knight de Miller, Janson y Varley. Es un Kristiansen mínimo, vital y móvil: Mínimo porque tiene un trazo muy despojado, muy claro, casi sin manchas, con el que define todo en pocas pinceladas y recién en el color le agrega tonalidades; vital porque son dibujos frescos, amistosos, llenos de onda, a los que se le nota una gran libertad; y móvil porque las figuran tienen un gran dinamismo, una plasticidad alucinante. Un hermoso trabajo de este gran danés que más tarde se reinventaría como un artista mucho más complejo.
Y bueno, obviamente me gustó y recomiendo esta extraña aventura de Superman. No es la mega-maravilla definitiva pero como intento de mestizaje entre comic europeo y comic yanki, funciona realmente muy bien. Ojalá hubiera más proyectos de este tipo, más cruces entre estas formas tan distintas de pensar y producir historietas.
Dos datos curiosos: primero, esta historia nunca se editó en EEUU. Segundo, esta historia está integrada casi perfectamente al Universo DC. Sondergaard no mandó fruta, no mezcló elementos de distintas versiones, no agarró para el lado de los Elseworlds. Este es el Superman posta de la continuidad oficial (de 1990), con la Lois Lane de esa época y el Lex Luthor de esa época. Incluso se menciona a los Global Guardians y hace un cameo Ice, en el que deja en claro que es una heroína noruega que forma parte de la JLI. La única libertad que se toma el guionista es la de inventarle una hermana a Ice, una fisiculturista agresiva, una marimacho con poderes sobre el hielo que parece una caricatura mitad graciosa y mitad grotesca de Brigitte Nielsen. El resto, podía pasar tranquilamente como un Annual o un prestige editado oficialmente por DC en EEUU.
Bueno, no… hay un pequeño detalle. El comic tiene un marcado matiz político. Sondergaard aborda el tema del desarme nuclear y lo hace desde una postura muy crítica del doble discurso de EEUU y Rusia, muy lejos de la ingenuidad política con la que los guionistas yankis suelen abordar este tema. Acá hay una visión muy europea, de países que hicieron muy buena letra en el ámbito de la lucha por la paz (si se me permite el oxímoron) y que tienen la autoridad moral suficiente para decirle en la cara a los yankis “Paren de vender humo y tomen medidas EN SERIO para frenar la carrera armamentista”. Sondergaard podría haber aprovechado la presencia de Luthor para cargar las tintas sobre el villano y no salpicar al gobierno de EEUU, y sin embargo elige el camino más arriesgado, que es el de cuestionarlo duramente.
¿Y qué hace Superman en una historia que se mete con los tapones de punta a discutir temas de política internacional? La última vez que lo habíamos visto envuelto en una trama que agarraba para ese lado (The Dark Knight Returns), cumplió un rol lamentable, reducido por Frank Miller a un títere de Ronald Reagan, crédulo y fácil de manipular. Acá el rol de Superman está mejor pensado y el ensamblaje entre la bajada de línea y la aventura superheroica funciona bastante bien. La machaca no abunda, pero siempre está bien justificada, con amenazas que casi están al nivel de poder del Hombre de Acero.
De todos modos, lo más lindo que tiene este álbum es el dibujo, del ídolo danés Teddy Kristiansen. Ojo, no es el Kristiansen de ahora, el que venera a Egon Schiele. Es el Kristiansen anterior a Grendel Tales, el que miraba muchísimo a Pasqual Ferry y a Fernando De Felipe, el que aprendió narrativa yanki copiándole los yeites a Matt Wagner y en menor medida al Dark Knight de Miller, Janson y Varley. Es un Kristiansen mínimo, vital y móvil: Mínimo porque tiene un trazo muy despojado, muy claro, casi sin manchas, con el que define todo en pocas pinceladas y recién en el color le agrega tonalidades; vital porque son dibujos frescos, amistosos, llenos de onda, a los que se le nota una gran libertad; y móvil porque las figuran tienen un gran dinamismo, una plasticidad alucinante. Un hermoso trabajo de este gran danés que más tarde se reinventaría como un artista mucho más complejo.
Y bueno, obviamente me gustó y recomiendo esta extraña aventura de Superman. No es la mega-maravilla definitiva pero como intento de mestizaje entre comic europeo y comic yanki, funciona realmente muy bien. Ojalá hubiera más proyectos de este tipo, más cruces entre estas formas tan distintas de pensar y producir historietas.
Etiquetas:
Neils Sondergaard,
Superman,
Teddy Kristiansen
miércoles, 4 de junio de 2014
04/ 06: SUPERMAN: EARTH ONE
Tarde pero seguro, me sumergí en esta novela gráfica en la que el maestro J.M. Straczynski y el dibujante Shane Davis tienen la oportunidad histórica de reformular desde cero el mito de Superman para mostrárselo a la nueva generación, la generación que nunca coleccionó comic-books, sino que compra historietas en las librerías. Lo de reformular el mito para un público nuevo y mucho más amplio que el de los comiqueros no es nuevo: se hace cada vez que sale una nueva serie o una película basadas en alguno de estos longevos personajes que hoy integran el imaginario colectivo. Por eso Superman: Earth One tiene más que ver con Man of Steel (la peli de 2013) que con Man of Steel (la historieta de 1986).
Como con el largometraje de Zack Snyder, acá lo más interesante pasa por ver qué conserva y qué descarta Straczynski, a qué aspectos del personaje le da bola y a cuáles no, con qué argumentos des-bizarrea esas cosas que hoy no se pueden respetar de la versión clásica sin tomar por boludos a los lectores. La trama está bien, tiene momentos espesos, bien dramáticos, y es todo lo coherente que puede ser una historia de este tipo. Incluso hay alguna que otra sorpresa para que no nos aburramos los que leímos 150 versiones del origen de Superman. Pero lo más atractivo es eso, imaginarse a “Stratosky” diciendo “esto sí, esto no, esto quizás más adelante”.
Terminé por coincidir con el guionista en varias cosas: hay poca infancia de Clark en Smallville, y son todas escenas centradas en su relación con Ma y Pa. Cero Lana Lang, cero Peter Ross, cero Superboy, cero Krypto. Hay roles chiquitos para Lois Lane y Jimmy Olsen; el Clark que se suma al Planet no es un infeliz, torpe y pusilánime, al que los demás tratan de idiota; no hay villanos conocidos (ni siquiera Luthor), no hay kryptonita, no tiene peso el secreto de la doble identidad, no hay casi escenas ambientadas en Krypton... Por ahí lo único que no me cierra es que el guión le da bastante entidad al villano pero no se anima a darle un nombre, a tirarnos aunque sea una referencia velada a alguno de los genocidas cósmicos con los que se enfrentó Superman en las versiones anteriores. Es un personaje 100% nuevo y funciona bien, se convierte en una amenaza sumamente acorde con el impacto que tiene que tener la historia, pero queda medio colgado, como un N.N. que de la nada cobró una chapa inmensa en poquísimas páginas.
Como en las series y las películas, hay un poco menos de machaca que en los comics normales, y está bueno, porque Straczynski usa ese espacio para indagar más a fondo en la personalidad de Clark, como para que entendamos perfectamente por qué elige este camino y no otros. Más o menos hasta la página 70, la novela se centra en la vida “normal” de un pibe anormal y, obviamente, eso también la acerca a las películas “de origen” en las que el héroe aparece por primera vez con su disfraz, en acción y repartiendo sopapos cuando ya van como 70 minutos.
El dibujo de Shane Davis está buenísimo si pensamos que este es un comic apuntado a gente que habitualmente no lee comics. Se trata de un dibujante con un estilo académico-realista muy correcto, pero para mi gusto, un poquito pecho frío. Es como una especie de Lee Bermejo o Gene Ha sin onda. En los primeros planos, las tintas de Sandra Hope acercan a Davis a un Phil Jiménez y a veces, cuando se zarpa con las rayitas y las texturitas, a un David Finch. Lo mejor que tiene Davis es el esfuerzo que pone para camuflar la referencia fotográfica, para no parecer un Juan Carlos Flicker más, de los tantos que sólo saben copiar o manosear fotos. La paleta digital de Barbara Ciardo está muy bien, ayuda a crear climas copados, efectos impactantes y a redondear esa sensación de estar viendo un blockbuster de Hollywood.
Hablando de blockbusters de Hollywood, si alguna vez vuelvo a ver Man of Steel, seguro voy a flashear al detectar muchas coincidencias entre ese guión y este. Mientras tanto, como esta primera novela me gustó, me propongo entrarle a la segunda, en algún momento, más adelante.
Como con el largometraje de Zack Snyder, acá lo más interesante pasa por ver qué conserva y qué descarta Straczynski, a qué aspectos del personaje le da bola y a cuáles no, con qué argumentos des-bizarrea esas cosas que hoy no se pueden respetar de la versión clásica sin tomar por boludos a los lectores. La trama está bien, tiene momentos espesos, bien dramáticos, y es todo lo coherente que puede ser una historia de este tipo. Incluso hay alguna que otra sorpresa para que no nos aburramos los que leímos 150 versiones del origen de Superman. Pero lo más atractivo es eso, imaginarse a “Stratosky” diciendo “esto sí, esto no, esto quizás más adelante”.
Terminé por coincidir con el guionista en varias cosas: hay poca infancia de Clark en Smallville, y son todas escenas centradas en su relación con Ma y Pa. Cero Lana Lang, cero Peter Ross, cero Superboy, cero Krypto. Hay roles chiquitos para Lois Lane y Jimmy Olsen; el Clark que se suma al Planet no es un infeliz, torpe y pusilánime, al que los demás tratan de idiota; no hay villanos conocidos (ni siquiera Luthor), no hay kryptonita, no tiene peso el secreto de la doble identidad, no hay casi escenas ambientadas en Krypton... Por ahí lo único que no me cierra es que el guión le da bastante entidad al villano pero no se anima a darle un nombre, a tirarnos aunque sea una referencia velada a alguno de los genocidas cósmicos con los que se enfrentó Superman en las versiones anteriores. Es un personaje 100% nuevo y funciona bien, se convierte en una amenaza sumamente acorde con el impacto que tiene que tener la historia, pero queda medio colgado, como un N.N. que de la nada cobró una chapa inmensa en poquísimas páginas.
Como en las series y las películas, hay un poco menos de machaca que en los comics normales, y está bueno, porque Straczynski usa ese espacio para indagar más a fondo en la personalidad de Clark, como para que entendamos perfectamente por qué elige este camino y no otros. Más o menos hasta la página 70, la novela se centra en la vida “normal” de un pibe anormal y, obviamente, eso también la acerca a las películas “de origen” en las que el héroe aparece por primera vez con su disfraz, en acción y repartiendo sopapos cuando ya van como 70 minutos.
El dibujo de Shane Davis está buenísimo si pensamos que este es un comic apuntado a gente que habitualmente no lee comics. Se trata de un dibujante con un estilo académico-realista muy correcto, pero para mi gusto, un poquito pecho frío. Es como una especie de Lee Bermejo o Gene Ha sin onda. En los primeros planos, las tintas de Sandra Hope acercan a Davis a un Phil Jiménez y a veces, cuando se zarpa con las rayitas y las texturitas, a un David Finch. Lo mejor que tiene Davis es el esfuerzo que pone para camuflar la referencia fotográfica, para no parecer un Juan Carlos Flicker más, de los tantos que sólo saben copiar o manosear fotos. La paleta digital de Barbara Ciardo está muy bien, ayuda a crear climas copados, efectos impactantes y a redondear esa sensación de estar viendo un blockbuster de Hollywood.
Hablando de blockbusters de Hollywood, si alguna vez vuelvo a ver Man of Steel, seguro voy a flashear al detectar muchas coincidencias entre ese guión y este. Mientras tanto, como esta primera novela me gustó, me propongo entrarle a la segunda, en algún momento, más adelante.
Etiquetas:
DC,
J.M. Straczynski,
Shane Davis,
Superman
jueves, 23 de enero de 2014
23/ 01: ALL-STAR SUPERMAN
Hoy me toca algo raro, que es releer una historieta que ya había leído varios años atrás, en otro formato (tuve la edición hardcover en dos tomos, y la hice guita apostando a que saliera todo junto en un sólo softco). Con la perspectiva que dan los años, All-Star Superman me cebó un poco menos que la primera vez que la leí.
Suele decirse que esta obra de Grant Morrison y Frank Quitely es lo mejor que le pasó a Superman en la década pasada. ¿Es posta? Puede ser, pero fijate que la época de Geoff Johns en Action Comics le hace MUCHO el aguante. El combate de Superman contra otros kryptonianos, la saga contra Bizarro, la muerte de Jonathan Kent... esas tres cosas que pasan en ASS pasan también en Action, y Johns las maneja mejor.
Lo mejor que tiene ASS, lo que la eleva muy por encima de los episodios de Johns y de los esfuerzos de un montón de otros autores, es que se trata de una obra fruto de la TOTAL LIBERTAD. Este es un Morrison sin cadenas, al que le dejaron hacer TODO lo que quiso. Más que en la JLA, mucho más que en Batman, casi como en sus comics para Vertigo. Y vos sabés cómo es esto: si a Morrison le das libertad para limar, el tipo lima como pocos y convierte en un comic de interesante para arriba a cualquier garcha en la que lo dejes meter mano. All-Star Superman cumple por ese lado: está lleno de ideas locas, extremas, muy imaginativas, tiene desarrollos bastante jugados para unos cuantos personajes y –lo más impactante- se da el lujo de gambetear el final feliz. Uno, que leyó muchas historias alternativas de Superman, esperaba el final clásico, con el héroe y Lois en pareja y Luthor en cana. Bueno, Morrison agarró para otro lado y le salió muy, muy bien. Sólo por eso, hay que bancar a esta saga.
Después, se puede estar de acuerdo o no con los gustos del autor. Morrison se copa con la Fortaleza de la Soledad, los robots de Superman, el Clark Kent torpe y pusilánime, el Jimmy Olsen aventurero y figuretti, la Lois obsesionada con el secreto de Superman, el Luthor que no es empresario ni político sino villano full-time, el Superman científico, los inagotables sobrevivientes de Krypton, las 140 variaciones de la kryptonita... A mí, como fan del Superman rebooteado en el ´86 por John Byrne, todas esas cosas me parecen pelotudeces típicas de la Silver Age, me irritan, me parece que no se hacen reivindicables ni tolerables por más que las reversione Morrison, Alan Moore (que ya lo hizo en Supreme) o Naoki Urasawa. Igual se le escapan un par de tiros para el lado de la justicia: aparece Cat Grant, hay una referencia a Doomsday y Superman hace uso de su campo bioeléctrico.
Dentro de este contexto de “vale todo” que se puebla gradualmente de elementos medio chotos, o que a mí no me cierran, también hay momentos muy zarpados, muy emotivos, realmente icónicos. El plan de Luthor es malignamente genial, Lois está muy bien escrita, está muy bien aprovechado el truquito de subirle los poderes a Superman a niveles ridículos... Si le sacamos la presión de ser la joya definitiva en las carreras de Superman o de Morrison, ASS se la recontra-banca.
Buena parte del mérito le corresponde, obviamente, al copadísimo Frank Quitely, que laburó dos años para que esto se vea así de lindo, así de potente, así de monumental. El guión de Morrison es tan ambicioso, abarca tanto, vuela tanto, que le permite a su compañero imaginar planetas, culturas, tecnologías, armas, y por supuesto diseñar y resideñar a villanos y personajes clásicos. Y Quitely, por supuesto, no desaprovecha la oportunidad de lucirse y de entrar cómodo, caminando lo más pancho, al panteón de los mejores dibujantes de Superman de todos los tiempos. Con su línea finita y expresiva, con su detallismo sobrehumano en los fondos (las pocas veces que los dibuja) y con una narrativa cristalina, que deja que el texto asuma todos los riesgos que haya que asumir, Quitely dejó su huella en la mitología del Hombre de Acero, y además nos legó su obra más extensa, por lo menos para el mercado estadounidense.
La relectura de All-Star Superman cinco o seis años después, me detonó el bocho mucho menos que la primera vez, pero aún así la disfruté mucho. Si te gustan los superhéroes clásicos reinterpretados en clave moderna, con ciertos guiños posmodernos y ciertas veleidades vanguardistas, el Superman de Morrison y Quitely te va a emocionar a niveles cósmicos. Y si no, también vale pegarle una leída por los conceptos fumancheros que tira el guionista (como siempre, con dos boludeces de las que Morrison apenas esboza sacás jugo para un año de cualquier serie regular) y el trabajo descomunal del dibujante.
Suele decirse que esta obra de Grant Morrison y Frank Quitely es lo mejor que le pasó a Superman en la década pasada. ¿Es posta? Puede ser, pero fijate que la época de Geoff Johns en Action Comics le hace MUCHO el aguante. El combate de Superman contra otros kryptonianos, la saga contra Bizarro, la muerte de Jonathan Kent... esas tres cosas que pasan en ASS pasan también en Action, y Johns las maneja mejor.
Lo mejor que tiene ASS, lo que la eleva muy por encima de los episodios de Johns y de los esfuerzos de un montón de otros autores, es que se trata de una obra fruto de la TOTAL LIBERTAD. Este es un Morrison sin cadenas, al que le dejaron hacer TODO lo que quiso. Más que en la JLA, mucho más que en Batman, casi como en sus comics para Vertigo. Y vos sabés cómo es esto: si a Morrison le das libertad para limar, el tipo lima como pocos y convierte en un comic de interesante para arriba a cualquier garcha en la que lo dejes meter mano. All-Star Superman cumple por ese lado: está lleno de ideas locas, extremas, muy imaginativas, tiene desarrollos bastante jugados para unos cuantos personajes y –lo más impactante- se da el lujo de gambetear el final feliz. Uno, que leyó muchas historias alternativas de Superman, esperaba el final clásico, con el héroe y Lois en pareja y Luthor en cana. Bueno, Morrison agarró para otro lado y le salió muy, muy bien. Sólo por eso, hay que bancar a esta saga.
Después, se puede estar de acuerdo o no con los gustos del autor. Morrison se copa con la Fortaleza de la Soledad, los robots de Superman, el Clark Kent torpe y pusilánime, el Jimmy Olsen aventurero y figuretti, la Lois obsesionada con el secreto de Superman, el Luthor que no es empresario ni político sino villano full-time, el Superman científico, los inagotables sobrevivientes de Krypton, las 140 variaciones de la kryptonita... A mí, como fan del Superman rebooteado en el ´86 por John Byrne, todas esas cosas me parecen pelotudeces típicas de la Silver Age, me irritan, me parece que no se hacen reivindicables ni tolerables por más que las reversione Morrison, Alan Moore (que ya lo hizo en Supreme) o Naoki Urasawa. Igual se le escapan un par de tiros para el lado de la justicia: aparece Cat Grant, hay una referencia a Doomsday y Superman hace uso de su campo bioeléctrico.
Dentro de este contexto de “vale todo” que se puebla gradualmente de elementos medio chotos, o que a mí no me cierran, también hay momentos muy zarpados, muy emotivos, realmente icónicos. El plan de Luthor es malignamente genial, Lois está muy bien escrita, está muy bien aprovechado el truquito de subirle los poderes a Superman a niveles ridículos... Si le sacamos la presión de ser la joya definitiva en las carreras de Superman o de Morrison, ASS se la recontra-banca.
Buena parte del mérito le corresponde, obviamente, al copadísimo Frank Quitely, que laburó dos años para que esto se vea así de lindo, así de potente, así de monumental. El guión de Morrison es tan ambicioso, abarca tanto, vuela tanto, que le permite a su compañero imaginar planetas, culturas, tecnologías, armas, y por supuesto diseñar y resideñar a villanos y personajes clásicos. Y Quitely, por supuesto, no desaprovecha la oportunidad de lucirse y de entrar cómodo, caminando lo más pancho, al panteón de los mejores dibujantes de Superman de todos los tiempos. Con su línea finita y expresiva, con su detallismo sobrehumano en los fondos (las pocas veces que los dibuja) y con una narrativa cristalina, que deja que el texto asuma todos los riesgos que haya que asumir, Quitely dejó su huella en la mitología del Hombre de Acero, y además nos legó su obra más extensa, por lo menos para el mercado estadounidense.
La relectura de All-Star Superman cinco o seis años después, me detonó el bocho mucho menos que la primera vez, pero aún así la disfruté mucho. Si te gustan los superhéroes clásicos reinterpretados en clave moderna, con ciertos guiños posmodernos y ciertas veleidades vanguardistas, el Superman de Morrison y Quitely te va a emocionar a niveles cósmicos. Y si no, también vale pegarle una leída por los conceptos fumancheros que tira el guionista (como siempre, con dos boludeces de las que Morrison apenas esboza sacás jugo para un año de cualquier serie regular) y el trabajo descomunal del dibujante.
Etiquetas:
DC,
Frank Quitely,
Grant Morrison,
Superman
martes, 11 de junio de 2013
11/ 06: MAN OF STEEL
Ahora sí, puedo explayarme acerca de esta película que vi el viernes y me pareció excelente. Vamos a tratar de spoilear lo menos posible, porque supongo que la mayoría la verá a partir del jueves.
Los hallazgos de Zack Snyder son muchísimos, de verdad. Creo que lo mejor que hizo fue estudiar a fondo la irredimible Superman Returns para detectar todo lo que no funcionaba en aquel bodrio y agarrar para el lado contrario, algo similar a lo que vimos en The Amazing Spider-Man en relación a la trilogía de Sam Raimi. Snyder hizo milagros con la doble consigna de ser lo más fiel posible a la esencia del personaje y a la vez cagarse lo más posible en la peli de 2006. ¿Bryan Singer le daba mucha bola al Daily Planet? Acá aparece lo mínimo indispensable. ¿La trama giraba en torno a Luthor y la kryptonita? Snyder no nombra a ninguno de los dos. ¿En Returns no se hacía hincapié en el origen alienígena del héroe? En MOS no sólo la trama gira en torno a eso, sino que además se redefinen por completo Krypton y los roles de Lara y –especialmente- Jor-El, que tiene tanta chapa que casi se morfa la película.
Como pasó con Gotham en la trilogía de Batman de Christopher Nolan, acá no se le da mucha bola a Metropolis. Es una ciudad más, a la que apenas se nombra. A Smallville ni siquiera eso. Vemos un cartel con el nombre del pueblo y gracias. Ahí hay otro hallazgo: durante mil años, una serie de TV batalló para que relacionáramos a los primeros años de Superman con Smallville y Metropolis. Snyder agarra para otro lado y le da un tinte mucho más global a estos “años secretos” en los que Clark le agarra el gustito a esto de ayudar a los demás con sus poderes. Otro tema interesante es el de la doble identidad: al ver esta peli, te cae la ficha de que ese tópico que generalmente resulta una forrada no es una forrada, sino que simplemente no estuvo bien manejado en las versiones anteriores. En MOS el secreto de que Clark es Superman está planteado de un modo totalmente rupturista, 100% impredecible y además brillante.
La otra peli a la que hay que hacer referencia es, sin dudas, Avengers. Me juego la chota a que Snyder se la estudió de memoria, para contar cuántos edificios, autos y naves se destruyen en ese film... y destruir muchos más! Si en algún momento de Avengers la sobredosis de machaca y destrucción te hizo decir “Paren un poquito, muchachos, dejen algo entero”, acá vas a ver un “quiero retruco” jodido, en el que –posta- no queda NADA entero. Por suerte, más allá de su increíble espectacularidad y su marcado protagonismo, la machaca no se lleva puesto al argumento, no es pochoclo por el pochoclo mismo.
¿Guiños comiqueros? Muchos. Me quedo con uno que me emocionó. ¿Te acordás cuando comentamos Secret Identity, y yo ovacionaba al maestro Kurt Busiek por haber escrito una escena PERFECTA, que cualquier guionista que metió mano en Superman hubiese querido escribir? Bueno, en la peli están ESOS MISMOS DIALOGOS, textualmente transplantados, aunque repartidos en dos escenas distintas. De todos modos, dejate cebar por ESTA versión de Superman, sin colgarte demasiado en encontrar guiños a las otras. MOS garpa a full y seguro va a dar pie a muy buenas secuelas.
La música, buenísima. Los efectos especiales, perfectos. El elenco: creo que la que menos me cerró fue Lois Lane, no porque Amy Adams actúe mal, sino porque la Lois de 2006 (Kate Bosworth) estaba mil veces más fuerte. El resto, muy grosso. Yo -que no consumo cine- no conocía a Michael Shannon, y me encontré con un actor intenso, talentoso... un lujo. Diane Lane, viejita y todo, sigue siendo hermosísima y le pone onda y calidez a una Ma Kent insuperable. Kevin Costner aparece poco, pero se lleva una de las escenas más emocionantes de las dos horas y 10 que dura la peli. Laurence Fishburne también aparece poco y parece el papá del chabón que hacía de Morpheus hace 10 años en las infaustas secuelas de Matrix. Y un actor al que yo detesto, el habitualmente insulso Russell Crowe, acá se pone a la altura de un papel grossísimo. Henry Cavill, impecable, un auténtico Superman, de punta a punta.
Por fin, después de siglos de aburrirnos con telenovelas chotas y bodrios introspectivos, Superman se carga al hombro una peli de SUPERHEROES con todas las letras. Con muchísima ciencia-ficción, aventura, romance, cataclismos zarpados, un poco de runfla política... pero siempre basada (como toda buena historia de superhéroes) en el conflicto a todo o nada entre monos con superpoderes, dispuestos a dar y repartir sin asco. MOS tiene ritmo, tiene escenas MUY emotivas (estuve dos veces al borde del lagrimón) y tiene un respeto nunca antes visto por la esencia de lo que un superhéroe debe ser.
Y si te faltaba algo para convencerte de ir a verla, te tiro la fatality: No aparece Jimmy Olsen! Gloria y loor a Zack Snyder, que ya me había hecho pasar un gran momento con su adaptación de Watchmen.
Los hallazgos de Zack Snyder son muchísimos, de verdad. Creo que lo mejor que hizo fue estudiar a fondo la irredimible Superman Returns para detectar todo lo que no funcionaba en aquel bodrio y agarrar para el lado contrario, algo similar a lo que vimos en The Amazing Spider-Man en relación a la trilogía de Sam Raimi. Snyder hizo milagros con la doble consigna de ser lo más fiel posible a la esencia del personaje y a la vez cagarse lo más posible en la peli de 2006. ¿Bryan Singer le daba mucha bola al Daily Planet? Acá aparece lo mínimo indispensable. ¿La trama giraba en torno a Luthor y la kryptonita? Snyder no nombra a ninguno de los dos. ¿En Returns no se hacía hincapié en el origen alienígena del héroe? En MOS no sólo la trama gira en torno a eso, sino que además se redefinen por completo Krypton y los roles de Lara y –especialmente- Jor-El, que tiene tanta chapa que casi se morfa la película.
Como pasó con Gotham en la trilogía de Batman de Christopher Nolan, acá no se le da mucha bola a Metropolis. Es una ciudad más, a la que apenas se nombra. A Smallville ni siquiera eso. Vemos un cartel con el nombre del pueblo y gracias. Ahí hay otro hallazgo: durante mil años, una serie de TV batalló para que relacionáramos a los primeros años de Superman con Smallville y Metropolis. Snyder agarra para otro lado y le da un tinte mucho más global a estos “años secretos” en los que Clark le agarra el gustito a esto de ayudar a los demás con sus poderes. Otro tema interesante es el de la doble identidad: al ver esta peli, te cae la ficha de que ese tópico que generalmente resulta una forrada no es una forrada, sino que simplemente no estuvo bien manejado en las versiones anteriores. En MOS el secreto de que Clark es Superman está planteado de un modo totalmente rupturista, 100% impredecible y además brillante.
La otra peli a la que hay que hacer referencia es, sin dudas, Avengers. Me juego la chota a que Snyder se la estudió de memoria, para contar cuántos edificios, autos y naves se destruyen en ese film... y destruir muchos más! Si en algún momento de Avengers la sobredosis de machaca y destrucción te hizo decir “Paren un poquito, muchachos, dejen algo entero”, acá vas a ver un “quiero retruco” jodido, en el que –posta- no queda NADA entero. Por suerte, más allá de su increíble espectacularidad y su marcado protagonismo, la machaca no se lleva puesto al argumento, no es pochoclo por el pochoclo mismo.
¿Guiños comiqueros? Muchos. Me quedo con uno que me emocionó. ¿Te acordás cuando comentamos Secret Identity, y yo ovacionaba al maestro Kurt Busiek por haber escrito una escena PERFECTA, que cualquier guionista que metió mano en Superman hubiese querido escribir? Bueno, en la peli están ESOS MISMOS DIALOGOS, textualmente transplantados, aunque repartidos en dos escenas distintas. De todos modos, dejate cebar por ESTA versión de Superman, sin colgarte demasiado en encontrar guiños a las otras. MOS garpa a full y seguro va a dar pie a muy buenas secuelas.
La música, buenísima. Los efectos especiales, perfectos. El elenco: creo que la que menos me cerró fue Lois Lane, no porque Amy Adams actúe mal, sino porque la Lois de 2006 (Kate Bosworth) estaba mil veces más fuerte. El resto, muy grosso. Yo -que no consumo cine- no conocía a Michael Shannon, y me encontré con un actor intenso, talentoso... un lujo. Diane Lane, viejita y todo, sigue siendo hermosísima y le pone onda y calidez a una Ma Kent insuperable. Kevin Costner aparece poco, pero se lleva una de las escenas más emocionantes de las dos horas y 10 que dura la peli. Laurence Fishburne también aparece poco y parece el papá del chabón que hacía de Morpheus hace 10 años en las infaustas secuelas de Matrix. Y un actor al que yo detesto, el habitualmente insulso Russell Crowe, acá se pone a la altura de un papel grossísimo. Henry Cavill, impecable, un auténtico Superman, de punta a punta.
Por fin, después de siglos de aburrirnos con telenovelas chotas y bodrios introspectivos, Superman se carga al hombro una peli de SUPERHEROES con todas las letras. Con muchísima ciencia-ficción, aventura, romance, cataclismos zarpados, un poco de runfla política... pero siempre basada (como toda buena historia de superhéroes) en el conflicto a todo o nada entre monos con superpoderes, dispuestos a dar y repartir sin asco. MOS tiene ritmo, tiene escenas MUY emotivas (estuve dos veces al borde del lagrimón) y tiene un respeto nunca antes visto por la esencia de lo que un superhéroe debe ser.
Y si te faltaba algo para convencerte de ir a verla, te tiro la fatality: No aparece Jimmy Olsen! Gloria y loor a Zack Snyder, que ya me había hecho pasar un gran momento con su adaptación de Watchmen.
domingo, 17 de marzo de 2013
17/ 03: SUPERMAN: KRYPTONITE
Lo único que sabía sobre esta historieta antes de leerla era que había tenido problemas en su serialización (en la efímera revista Superman Confidential), por las demoras que tuvo el dibujante a la hora de entregar el último episodio. Ni idea si estaba buena, si era un choreo, o si era simplemente intrascendente. ¿Por qué me la compré? Porque el guionista es Darwyn Cooke y el dibujante es Tim Sale, dos tipos por los que apuesto ciegamente prácticamente a cualquier proyecto que encaren.
Esta vez la consigna era contar una historia del pasado de Superman, nada menos que su primer encuentro con la kryptonita y su primer contacto posta con la historia, la cultura y el trágico fin del planeta Krypton.
Cooke aclara desde el prólogo que va a hacer trampa a la hora de ceñirse a la continuidad, y efectivamente, la manosea más que a una borracha que está buena, en los reservados de un boliche, un sábado a las 5 AM. Si hojeás la historieta, así, superficialmente, vas a ver al Lex Luthor y a la Lois Lane de la continuidad de Man of Steel, en versiones muy fieles a las desarrolladas por John Byrne y Marv Wolfman. De hecho, hasta nos explican cómo obtiene Luthor la kryptonita para su famoso anillo. Hasta ahí, todo joya. Esto encajaría perfecto entre mediados y fines del primer mes de Superman como residente de Metropolis. Hasta que ves el Krypton que dibuja Tim Sale y a Jor-El con la vinchita y se va todo a la mierda. Ah, no! Perdón! Ya se había ido todo a la mierda al final del cuarto episodio, cuando aparece un robot de Clark Kent que interactúa con Superman y Jimmy Olsen, que se come el engaña-pichanga sin sospechar para nada que ahí había gato (o androide) encerrado! Ese truco berreta, oprobioso y digno de la época de Mort Weisinger no se podría haber hecho nunca en la etapa de Byrne y Wolfman, y sin duda es el punto más flojo de esta saga.
El resto del guión es entre muy bueno y excelente. Cooke entiende perfectamente a los personajes: nos brinda un Superman humano, creíble, vulnerable; una Lois sensual y astuta, un Luthor inescrupuloso e implacable, unos Ma y Pa Kent tiernos y queribles y un Jimmy Olsen con mucha, mucha chapa. El misterio de Tony Gallo, que anima buena parte de la trama, se resuelve de un modo totalmente inesperado: uno cree durante casi toda la obra que el recurso de Cooke de dejarle narrar parte de la historia en primera persona a un cacho de kryptonita es un giro retórico, una prosopopeya arriesgada pero efectiva. Sobre el final, el guionista ofrece un volantazo, una revelación impactante y una resolución insólita (y a la vez emotiva), de esas que cuando el que las firma es Alan Moore, nos quedamos boquiabiertos, atónitos, estupefactos y hablando maravillas durante años. Esta es la primera historia extensa que Cooke escribió para que la dibujara alguien que no fuera él mismo y la verdad es que demostró que no sólo es un crack como dibujante.
Y sí, uno se imagina Kryptonite dibujada por el propio Cooke y se derrite de la emoción. Sin embargo, el trabajo de Tim Sale es magnífico, con dos cosas que quiero destacar. La primera es obvia, y es lo bien que se complementa el trazo del dibujante con los colores del maestro Dave Stewart, el mago del photoshop al que tantas historietas vimos jerarquizar con su paleta. Acá el combo Sale-Stewart se ve afiladísimo en toda la obra, y estalla con sublime majestad en los flashbacks, en esos fragmentos virados a los colores opacos y combinados con el verde fluo de la kryptonita. En segundo lugar, en esta saga Sale se cura de su vicio más espantoso, ese que figura de modo omnipresente, conspicuo y molesto en las historietas que comparte con Jeph Loeb: la doble página con una sóla viñeta, esa especie de poster en la que aparecen una o dos figuras a tamaño gigante y algo parecido a un fondo para rellenar, a veces con bastante texto y a veces sin siquiera esa excusa. Esta vez hay que fumarse una sóla de esas doble splash, en el primer episodio, la primera vez que vemos a Superman en acción. Y en todo el resto de la saga, Sale aparece más contenido, ajustado a grillas más tranquis en las que no puede renunciar nunca a la narrativa para derrapar en el super poster. Pero la verdad que se lo ve muy cómodo tanto en las escenas intimistas como cuando explotan la machaca y la grandilocuencia. La escena de Superman casi ahogado en un río de lava, tratando de emerger de las profundidades de un volcán, es tan memorable como esos primeros planos de Lois, seductora y cautivante como pocas veces, o esas secuencias del crepúsculo en la granja de los Kent.
Si sos fan de Superman, no tengo dudas de que esta saga te va a emocionar. Si sos fan de Cooke o de Sale, también, vas a flashear. Y si no sos fan de ninguno de los tres, no sé si te recomiendo Kryptonite. Lo más probable es que no. Pero la pregunta es, ¿queda algún fan del comic que no sea fan de Darwyn Cooke?
Esta vez la consigna era contar una historia del pasado de Superman, nada menos que su primer encuentro con la kryptonita y su primer contacto posta con la historia, la cultura y el trágico fin del planeta Krypton.
Cooke aclara desde el prólogo que va a hacer trampa a la hora de ceñirse a la continuidad, y efectivamente, la manosea más que a una borracha que está buena, en los reservados de un boliche, un sábado a las 5 AM. Si hojeás la historieta, así, superficialmente, vas a ver al Lex Luthor y a la Lois Lane de la continuidad de Man of Steel, en versiones muy fieles a las desarrolladas por John Byrne y Marv Wolfman. De hecho, hasta nos explican cómo obtiene Luthor la kryptonita para su famoso anillo. Hasta ahí, todo joya. Esto encajaría perfecto entre mediados y fines del primer mes de Superman como residente de Metropolis. Hasta que ves el Krypton que dibuja Tim Sale y a Jor-El con la vinchita y se va todo a la mierda. Ah, no! Perdón! Ya se había ido todo a la mierda al final del cuarto episodio, cuando aparece un robot de Clark Kent que interactúa con Superman y Jimmy Olsen, que se come el engaña-pichanga sin sospechar para nada que ahí había gato (o androide) encerrado! Ese truco berreta, oprobioso y digno de la época de Mort Weisinger no se podría haber hecho nunca en la etapa de Byrne y Wolfman, y sin duda es el punto más flojo de esta saga.
El resto del guión es entre muy bueno y excelente. Cooke entiende perfectamente a los personajes: nos brinda un Superman humano, creíble, vulnerable; una Lois sensual y astuta, un Luthor inescrupuloso e implacable, unos Ma y Pa Kent tiernos y queribles y un Jimmy Olsen con mucha, mucha chapa. El misterio de Tony Gallo, que anima buena parte de la trama, se resuelve de un modo totalmente inesperado: uno cree durante casi toda la obra que el recurso de Cooke de dejarle narrar parte de la historia en primera persona a un cacho de kryptonita es un giro retórico, una prosopopeya arriesgada pero efectiva. Sobre el final, el guionista ofrece un volantazo, una revelación impactante y una resolución insólita (y a la vez emotiva), de esas que cuando el que las firma es Alan Moore, nos quedamos boquiabiertos, atónitos, estupefactos y hablando maravillas durante años. Esta es la primera historia extensa que Cooke escribió para que la dibujara alguien que no fuera él mismo y la verdad es que demostró que no sólo es un crack como dibujante.
Y sí, uno se imagina Kryptonite dibujada por el propio Cooke y se derrite de la emoción. Sin embargo, el trabajo de Tim Sale es magnífico, con dos cosas que quiero destacar. La primera es obvia, y es lo bien que se complementa el trazo del dibujante con los colores del maestro Dave Stewart, el mago del photoshop al que tantas historietas vimos jerarquizar con su paleta. Acá el combo Sale-Stewart se ve afiladísimo en toda la obra, y estalla con sublime majestad en los flashbacks, en esos fragmentos virados a los colores opacos y combinados con el verde fluo de la kryptonita. En segundo lugar, en esta saga Sale se cura de su vicio más espantoso, ese que figura de modo omnipresente, conspicuo y molesto en las historietas que comparte con Jeph Loeb: la doble página con una sóla viñeta, esa especie de poster en la que aparecen una o dos figuras a tamaño gigante y algo parecido a un fondo para rellenar, a veces con bastante texto y a veces sin siquiera esa excusa. Esta vez hay que fumarse una sóla de esas doble splash, en el primer episodio, la primera vez que vemos a Superman en acción. Y en todo el resto de la saga, Sale aparece más contenido, ajustado a grillas más tranquis en las que no puede renunciar nunca a la narrativa para derrapar en el super poster. Pero la verdad que se lo ve muy cómodo tanto en las escenas intimistas como cuando explotan la machaca y la grandilocuencia. La escena de Superman casi ahogado en un río de lava, tratando de emerger de las profundidades de un volcán, es tan memorable como esos primeros planos de Lois, seductora y cautivante como pocas veces, o esas secuencias del crepúsculo en la granja de los Kent.
Si sos fan de Superman, no tengo dudas de que esta saga te va a emocionar. Si sos fan de Cooke o de Sale, también, vas a flashear. Y si no sos fan de ninguno de los tres, no sé si te recomiendo Kryptonite. Lo más probable es que no. Pero la pregunta es, ¿queda algún fan del comic que no sea fan de Darwyn Cooke?
Etiquetas:
Darwyn Cooke,
DC,
Superman,
Tim Sale
lunes, 11 de junio de 2012
11/ 06: DC COMICS PRESENTS SUPERMAN: SECRET IDENTITY Vol.2
Ah, bueno... Esto empezó bien y terminó espectacular.
La idea es muy loca, es como que Kurt Busiek hace una de más: un mundo 100% real, idéntico al nuestro, en el que Superman es un famoso personaje de ficción. De pronto aparece un pibe con los mismos superpoderes del héroe y decide adoptar la identidad de Superman y convertirse –efectivamente- en un superhéroe del mundo real. Hasta ahí, todo bien. ¿Dónde se zarpa Busiek? Cuando nos cuenta que este pibe que recibe los poderes de Superman también se llama Clark Kent. ¿Hacía falta? ¿No se puede pensar en un Superman que no sea Clark Kent ni siquiera sacándolo del DCU para ponerlo en nuestro universo? Eso me pareció too much.
El resto es Busiek respondiendo la pregunta que más de uno se habrá hecho alguna vez: ¿Cómo funcionaría Superman en el mundo real? Y ahí, los hallazgos del guionista son innumerables. Posta, esta es una de las mejores –si no la mejor- versiones alternativas del mito del Hombre de Acero. ¿Cuántos tipos y minas habrán escrito historias de Superman de 1938 para acá, entre comics, películas, series y dibujos animados? ¿100? ¿150? No puede haber UNO que no envidie a Kurt Busiek por haber escrito la escena de la página 34 de este TPB para pobres. No sólo está magníficamente escrita, es una escena central, quintaesencial, crucial para cualquier ficción ambientada en el mundo real y que involucre a un personaje con habilidades extraordinarias. Cátedra absoluta.
Y hay muchísimas secuencias más de un nivel altísimo. El desafío es enorme: acá no existen los supervillanos y Superman –básicamente- no tiene contra quién pelear. Entonces la saga deriva en algo rarísimo: historias de superhéroes donde no irrumpen conflictos que deben resolverse por la vía de la violencia, algo que de antemano suena tan bizarro como definir una partida de ajedrez pateando penales. Y sin embargo, el maestro Busiek demuestra que se puede. El resultado es un comic sumamente introspectivo, con mucho slice of life y hasta con cierto vuelo poético. Con poquísima acción, claro, porque acá tienen más chapa la reflexión, la contemplación y sobre todo los vínculos. Pocas veces se escribió un Superman tan humano, capaz de entablar relaciones tan creíbles con sus semejantes.
Por abajo de todos esos espléndidos diálogos y bloques de texto, pasa una topadora: el dibujo del increíble canadiense Stuart Immonen. Acá el ídolo despliega un trabajo monumental, con la técnica del lápiz escaneado, reventado en el photoshop y con las masas negras aplicadas en forma digital, en un layer aparte. Cuando reseñé el Vol.1, dije “El lápiz a la vista y los aciertos de Immonen a la hora de potenciar los climas con el color se combinan de un modo tan perfecto, que en algunas viñetas parece sobrevolar la magia del genial Gene Colan”. Bueno, a eso le canto “quiero retruco”. El color es mucho más importante en este segundo tramo, mucho más expresivo, mucho más decisivo a la hora de establecer los climas, y la magia del inolvidable Gene Colan se siente mucho más, está mucho más palpable en esos lápices frescos, dinámicos, llenos de emoción. Si te copa la estética realista, esto es visualmente perfecto, de verdad.
No quiero contar mucho más para no spoilear. Solamente recomendarte que si nunca habías leído Superman: Secret Identity no desaproveches la oportunidad de tenerla completa (y sin avisos!) en estos dos hermosos TPBs para pobres. Te vas a encontrar con una historieta realmente brillante, emotiva, fuerte, y sobre todo muy distinta a lo que te imaginás. Sumale los dibujazos de Immonen y te queda una obra prácticamente imprescindible, para recordar y recomendar toda la vida.
Etiquetas:
DC,
Kurt Busiek,
Stuart Immonen,
Superman
lunes, 30 de abril de 2012
30/ 04: DC COMICS PRESENTS SUPERMAN: SECRET IDENTITY Vol.1
Lo mejor de los muy añorados TPBs para pobres de DC era cuando reeditaban una historia originalmente publicada en dos libritos prestige. Era una saga completa, y además dos prestiges de 48 páginas sumaban 96 páginas de historieta, con lo cual no había lugar para meter avisos. Lo siguiente mejor es esto: una mini de cuatro prestiges, reeditada en dos TPBs para pobres. En ese formato, me tiré de cabeza sobre esta obra de 2004 que en aquel entonces dejé pasar y que tiene un gancho irresistible: guión de Kurt Busiek, dibujos de Stuart Immonen, el team-supreme de las inolvidables ShockRockets y Superstar.
El planteo es muy raro. Un pibe nace en nuestro mundo (no en el DCU), en un pueblito de Kansas, hijo de un matrimonio de apellido Kent. Para joder, los padres lo bautizan Clark, y el chico es cuasi-estigmatizado por llamarse igual que Superman. Los tíos le regalan comics, muñecos y remeras del personaje, sus pocos amigos lo gastan a morir, y su vida en el pueblito de Picketsville no es un infierno, pero tampoco se la cobran barata. Hasta ahí, es casi gracioso. Pero cuando van apenas 9 páginas, Clark Kent descubre que... sí, adivinaste: tiene los poderes del más famoso superhéroe.
De ahí en más, Busiek planteará la enésima saga de “un tipo con superpoderes en el mundo real”, con dos agregados interesantes: por un lado, el tránsito de la adolescencia a la adultez de Clark; y por el otro, la constante referencia a las cosas que Kal-El y su alter ego hacen en los comics y que en el mundo real no se pueden hacer, porque resultan insostenibles. Acá no hay Metropolis, claro, por eso nuestro Clark en algún momento deja de ser Superboy y se va a vivir a Manhattan. Pero hay una Lois (la enésima Lois con la que sus amigos le tratan de hacer gancho) y hay un amor entre ella y el chico de Picketsville, muy bien presentado por Busiek.
Pero lo más interesante (por lo menos en esta primera mitad) es que en el mundo real, Superman no tiene contra quién pelear. Hay una secuencia bastante áspera en la que es capturado por una agencia del gobierno que lo quiere estudiar, pero Clark se escapa rápido y con alguna pista (por ahora mínima) acerca del posible origen de sus superpoderes. Pero la machaca dura... dos páginas, y no confronta con ningún ser humano. Simplemente hace mierda la base donde estaba prisionero. O sea que el rol de las piñas, los rayos e incluso de la acción en general, por ahora es muy menor y eso define el tono de la obra que –repito, por ahora- se mueve en el terreno de la introspección con destreza y con atención por detalles que le permiten parecer infinitamente más realista que casi cualquier otra saga de chabones que vuelan con capas y trajecitos ajustados.
Por el lado del dibujo, tenemos a un Immonen inspiradísimo, comprometido a full con la obra, y potenciado por una técnica muy interesante, en la que se ve con claridad el trazo del lápiz del ídolo canadiense. Supongo que será lápiz escaneado, reventado en el photoshop, con las masas negras aplicadas en forma digital, en un layer aparte. El propio Immonen colorea la historieta, así que tiene a su disposición otro arsenal poderosísimo para poner al servicio del dibujo y sumarle expresividad. El lápiz a la vista y los aciertos de Immonen a la hora de potenciar los climas con el color se combinan de un modo tan perfecto, que en algunas viñetas parece sobrevolar la magia del genial Gene Colan. Visualmente, Secret Identity es una maravilla, una referencia ineludible para los fans del dibujo académico-realista.
Veremos cómo remata la trama el maestro Busiek en la segunda mitad de la obra. Por ahora, esto pinta muy interesante y acumula los suficientes hallazgos para aspirar a un lugarcito entre las grandes historias alternativas del inagotable Hombre de Acero. Prometo entrarle pronto al Vol.2.
El planteo es muy raro. Un pibe nace en nuestro mundo (no en el DCU), en un pueblito de Kansas, hijo de un matrimonio de apellido Kent. Para joder, los padres lo bautizan Clark, y el chico es cuasi-estigmatizado por llamarse igual que Superman. Los tíos le regalan comics, muñecos y remeras del personaje, sus pocos amigos lo gastan a morir, y su vida en el pueblito de Picketsville no es un infierno, pero tampoco se la cobran barata. Hasta ahí, es casi gracioso. Pero cuando van apenas 9 páginas, Clark Kent descubre que... sí, adivinaste: tiene los poderes del más famoso superhéroe.
De ahí en más, Busiek planteará la enésima saga de “un tipo con superpoderes en el mundo real”, con dos agregados interesantes: por un lado, el tránsito de la adolescencia a la adultez de Clark; y por el otro, la constante referencia a las cosas que Kal-El y su alter ego hacen en los comics y que en el mundo real no se pueden hacer, porque resultan insostenibles. Acá no hay Metropolis, claro, por eso nuestro Clark en algún momento deja de ser Superboy y se va a vivir a Manhattan. Pero hay una Lois (la enésima Lois con la que sus amigos le tratan de hacer gancho) y hay un amor entre ella y el chico de Picketsville, muy bien presentado por Busiek.
Pero lo más interesante (por lo menos en esta primera mitad) es que en el mundo real, Superman no tiene contra quién pelear. Hay una secuencia bastante áspera en la que es capturado por una agencia del gobierno que lo quiere estudiar, pero Clark se escapa rápido y con alguna pista (por ahora mínima) acerca del posible origen de sus superpoderes. Pero la machaca dura... dos páginas, y no confronta con ningún ser humano. Simplemente hace mierda la base donde estaba prisionero. O sea que el rol de las piñas, los rayos e incluso de la acción en general, por ahora es muy menor y eso define el tono de la obra que –repito, por ahora- se mueve en el terreno de la introspección con destreza y con atención por detalles que le permiten parecer infinitamente más realista que casi cualquier otra saga de chabones que vuelan con capas y trajecitos ajustados.
Por el lado del dibujo, tenemos a un Immonen inspiradísimo, comprometido a full con la obra, y potenciado por una técnica muy interesante, en la que se ve con claridad el trazo del lápiz del ídolo canadiense. Supongo que será lápiz escaneado, reventado en el photoshop, con las masas negras aplicadas en forma digital, en un layer aparte. El propio Immonen colorea la historieta, así que tiene a su disposición otro arsenal poderosísimo para poner al servicio del dibujo y sumarle expresividad. El lápiz a la vista y los aciertos de Immonen a la hora de potenciar los climas con el color se combinan de un modo tan perfecto, que en algunas viñetas parece sobrevolar la magia del genial Gene Colan. Visualmente, Secret Identity es una maravilla, una referencia ineludible para los fans del dibujo académico-realista.
Veremos cómo remata la trama el maestro Busiek en la segunda mitad de la obra. Por ahora, esto pinta muy interesante y acumula los suficientes hallazgos para aspirar a un lugarcito entre las grandes historias alternativas del inagotable Hombre de Acero. Prometo entrarle pronto al Vol.2.
Etiquetas:
DC,
Kurt Busiek,
Stuart Immonen,
Superman
jueves, 20 de octubre de 2011
20/ 10: LEGENDS OF THE WORLD´S FINEST
Volvieron los superhéroes, que venían medio relegados en las últimas semanas del blog. Y los elementos sobrenaturales, a pleno. Esto es una cruza entre el género superheroico y el terror: hay conjuros, pesadillas, posesiones, demonios, todo tipo de criaturas abisales y hasta una invasión de Gotham por parte de las huestes infernales. En el medio, Superman y Batman hacen más o menos lo que pueden, ampliamente superados por la magnitud de la amenaza que enfrentan.
Igual sabés que al final van a ganar, pero en el medio el guión del mítico Walt Simonson ofrece varios giros interesantes. El que a mí más me gustó tiene que ver con Batman. Atormentado por pesadillas que no son las habituales (o sea, que no tienen que ver con el asesinato de sus padres), Batman empieza a perder el foco, se equivoca, se tropieza, se manda cagadas que demuestran impericia y falta de planificación, todo lo contrario al Guacho Winner, copa y medalla en todas las disciplinas, al que estamos tan acostumbrados. Y después hay otras boludeces menores, pero lindas, como ese Superman más dark, más pasado de rosca, y todo el desarrollo de Silver Banshee, que es el personaje que sale más enriquecido de la saga, aunque no sé si otros guionistas se hicieron cargo más adelante de algo de lo que sucede acá.
Lo más difícil en los comics compartidos por Superman y Batman debe ser repartir parejo el protagonismo. Generalmente, si la amenaza es más cósmica, Superman se luce y Batman está pintado al óleo. Si la amenaza es más urbana o requiere de más intelecto, es el kryptoniano el que queda pintado, como Ricardito Alfonsín en el electrizante duelo entre Víctor Hugo y Magdalena. Acá Simonson la hace bien: la amenaza esta vez es mística, y ahí los dos campeones juegan de visitante, como en la final de la Intercontinental. La trama está un poco estirada: si te ponés en estrecha, sobran todos los villanos de Gotham, Lois Lane, Man-Bat y hasta Silver Banshee, con sus escenas grossas y todo. Pero más o menos se banca, porque el plan del villano está bueno y porque es todo tan heavy que las fronteras entre los buenos y los malos terminan por desdibujarse al punto en que deja de ser obvio quién de todos esos hijos de puta va a perder y quién puede llegar a zafar una vez que ganen los buenos.
De todos modos, lo realmente grosso, lo que justifica comprarse el tomo sin dudarlo 15 segundos no es el guión de Simonson, sino el arte de Dan Brereton, bestia salvaje, en su laburo inmediatamente anterior a Nocturnals (el que reseñamos un ya lejano 15 de Agosto de 2010). Brereton dibuja todo perfecto menos a Batman, que le sale un poco grotesco, casi desproporcionado. Todo lo demás es finoli-finoli, y por supuesto bien dark, para estar a tono con el guión. Como siempre, Brereton no sacrifica la narrativa para apostar fuerte al estilo pictórico. Tiene cuadros un poquito estáticos, donde se nota demasiado el trabajo con modelos (la gran Alex Dioss, Tony Harris y un infinito etcétera), pero también pela un montón de secuencias de gran dinamismo, claras, precisas, en las que podríamos omitir los textos y aún así entender todo lo que pasa. Se nota que, aunque el guión no sea suyo, Brereton metió miles de sugerencias y terminó por dibujar lo que él tenía ganas de dibujar: demonios, guerreros y monstruos que se cagan a espadazos. El último episodio es básicamente eso, pero para llegar hasta ahí, el tipo se fumó unas cuantas páginas de más de cinco viñetas y largas secuencias urbanas de gente común que habla, todo piloteado con gran jerarquía por este talentoso artista oriundo de San Francisco.
Si te querés deleitar con hermosas visiones de Superman, Silver Banshee, una Blaze aterradora, un Man-Bat escalofriante, un Two-Face magistral y un montón de machaca sobrenatural con criaturas del Averno, Brereton te sirve en bandeja un manjar pesadillesco pero inolvidable. Y Simonson te cobra peaje, pero barato. No hace falta resignarse a soportar un guión pedorro, porque –sin ser una maravilla- este se sostiene con bastante decoro, sobre todo si pensamos que es del ´93-´94, cuando la mayoría del mainstream yanki apestaba más que las pútridas criaturas con las que pelean los World´s Finest en esta saga.
Etiquetas:
Batman,
Dan Brereton,
DC,
Superman,
Walt Simonson
domingo, 9 de octubre de 2011
09/ 10: KRYPTONITA
Desde que empecé este blog, y por lógicas cuestiones de tiempo, mi relación con las otras artes cambió bastante. Al cine directamente renuncié. Desde Enero de 2010 hasta hoy fui tres veces al cine y, fuera de eso, habré visto otras… ocho películas, en micros o aviones, nunca en mi casa ni en casas de amigos. Con la literatura, en cambio, me cuesta más dejarla y siempre termino por hacerme un huequito para leer alguna novela, aunque sea de a cachitos, en los subtes o los bondis. Hoy, una novela se coló en un blog de comics…
A Leonardo Oyola lo conocí por su novela Siete y el Tigre Harapiento, un policial urbano, lumpen y 100% argento, que tiene no pocas referencias al álbum homónimo, fundamental en la discografía de Duran Duran (Seven and the Raggedy Tiger, 1983). Después leí otra novela suya, Santería, y más tarde me enteré de que Oyola es muy amigo de mi amigo y referente Max Aguirre. Max me contó acerca de la pasión de Oyola por el rock & pop de los ´80, de sus hábitos noctámbulos y hasta me enumeró la lista de boliches que solía frecuentar, tan parecida a la de los que frecuento yo, que seguramente nos habremos cruzado mil veces. Pero nunca nos conocimos personalmente, ni por mail, ni nada.
Imaginate mi sorpresa cuando me compro su libro nuevo y resulta ser 100% comiquero. Kryptonita es un Elseworlds, en el que la navecita kryptoniana no cae en Kansas, sino en una villa del partido de La Matanza, cerca de Isidro Casanova, en 1970. Adoptado por una pareja local, el bebé kryptoniano crece hasta convertirse en Pinino, alias Nafta Súper, alias “el Super”, capo de una banda de chorros famosa en toda La Matanza. Súper tiene una ese en el pecho, una cicatriz escarada. Y muchos poderes, sobre todo cuando pega el sol. Su novia se llama Lu, su principal enemigo, el Pelado. Incluso murió peleando contra un monstruo blindado en un tremendo combate fechado, oh casualidad, el 13 de Noviembre de 1992 (el día que salió a la venta la Superman n° 75). El monstruo era un GEO, un comando policial sangriento, y ambos parecieron morir, pero ambos volvieron de la muerte.
La banda de Nafta Súper está integrada por el Señor de la Noche (el más hábil y el único que no usa armas de fuego), Juan Raro (que se hace invisible, tiene poderes mentales y se paraliza frente al fuego), Lady Di (una travesti con estrellas tatuadas en todo el cuerpo), Ráfaga (el rápido de la banda, con buzo y capucha rojos), el Faisán (un morocho grandote con un anillo verde que emite energía) y la Cuñataí Güirá, una chica paraguaya con alas tatuadas en la espalda. Además de esta especie de Justice League Villa, tenemos a un tipo pelirrojo, con un mechón blanco, que recita un conjuro y se transforma en un demonio de piel amarilla y capa azul, que habla en rima. Y si los buscás muy finito, también están el Joker, la Reina Hipólita, Lana Lang… un montón.
Obviamente, Oyola hizo los deberes. Pero lo más loco es que ninguno de estos personajes se come la historia. Lo más cercano a un protagonista es un médico de guardia del Hospital Paroissien, donde transcurre el grueso de la trama. El autor interrumpe esta trama en los momentos justos para contarnos el pasado, las vidas de estos tipos y minas, y todas tienen guiños a las vidas de otros personajes que seguramente conocés. Además de nutrirse de la mitología heroica de DC, Oyola aprovecha a full el contexto histórico: Nafta Súper “nace” en 1970 y crece en los ´80. Eso le da al autor la chance de insertar con gran criterio miles de referencias ochentosas, desde Carozo y Narizota hasta Alphaville y Modern Talking, la novela está llena de referencias a la cultura popular de los ´80 y –en menor medida- los ´90. Y como en sus trabajos anteriores, Oyola sorprende con su manejo y comprensión de los códigos de las villas, de los barrios pobres del Conurbano, que son fundamentales en esta trama de aguante y marginalidad.
Kryptonita te propone, además de una mirada nueva sobre el clásico tema de “superhéroes en el mundo real”, un relato ágil, intenso, con bastante humor, acción, y esa sensación melancólica, esa ficha que le va cayendo a Nafta Super y que le dice que él está ahí, pero no es de ahí, no es lógico que esté ahí, y mientras esté ahí, su vida y la de sus seres queridos va a ser un kilombo atrás de otro. No sé cómo le pegará Kryptonita al lector que no caza las analogías, pero a mí, con el correr de las páginas, se me fue haciendo cada vez más difícil no imaginarme al mundo que pinta Oyola dibujado por Dan Jurgens. Y decí que debe ser casi imposible de traducir, que si no me encantaría que la leyeran los guionistas yankis que escriben a Superman o la JLA, a ver qué opinan…
Etiquetas:
Argentina,
Leonardo Oyola,
Superman
miércoles, 5 de octubre de 2011
05/ 10: DC COMICS PRESENTS SON OF SUPERMAN
Son of Superman fue una novela gráfica editada a todo culo en 1999. En su momento me asustó el precio, por eso no la compré. Pero ahora, reeditada en la colección de “TPBs para pobres”, el combo Howard Chaykin + su habitual esbirro David Tischman + J.H. Williams III se hizo absolutamente irresistible y, algunos años tarde, descubrí un muy buen Elseworlds, con varias semejanzas con otra obra de Chaykin y Tischman, Secret Society of Super Heroes (la reseñamos el 10 de Enero de este año), que es justo posterior.
Acá ya aparece el tema de los superhéroes que se corrompen por guita y los que tienen una doble agenda y aprovechan los poderes para operar en la clandestinidad. Como en JLA: The Nail, la no participación de Superman en la Liga abre las puertas para situaciones confusas, en las que una mano negra manipula a los superhéroes. Eso es lo más interesante de Son of Superman: la conspiración política-mediática-empresarial orquestada por Lex Luthor para su propio provecho. En paralelo –y también en las sombras- un personaje habitualmente enrolado en las filas de “los buenos” lleva adelante otra runfla bastante jodida, con atentados terroristas y todo, que contribuye a agregarle controversia a la aparición del hijo de Superman. Que al final tiene chapa, pero es casi lo menos relevante. Lo que hace atractiva a la historia es la dinámica conspirativa, los momentos en que la novela parece una de espionaje. Y por supuesto, la faceta humana de la historia, la relación entre Jon Kent, su madre (Lois) y su padre, desaparecido hace muchos años.
Como en todos los comics donde los héroes son tipos ya maduros (por no decir viejos chotos), la machaca no resulta tan preponderante. Acá hay una sóla pelea grossa y se resuelve en 9 de las 94 páginas que dura la novela. ¿Y ganan los buenos? Hasta ahí. Chaykin y Tischman saben escaparle a las obviedades y, ya que se calentaron en darle espesor a los matices, a los dilemas morales y a las movidas de keruza de los “héroes”, se guardan para el final algunas cartas bravas, que dan vuelta la historia en el aire, y si bien Luthor no se sale con la suya, los finales que les reservan a cada uno de los major players no son para nada los que uno puede preveer, excepto el de Superman Jr., que se ve venir a ocho cuadras.
De todos modos, por si el guión no te interesa, o no te cierra, te recuerdo que esto lo dibujó J.H. Williams III, justo antes de empezar con Promethea. Acá, el monstruo termina de redondear lo que había insinuado en Chase, y en otros trabajos anteriores: sus dotes para el realismo, la influencia –cada vez menos obvia- de Tony Harris y Paul Gulacy, su compulsión a meter viñetas redondas, y su asombrosa capacidad para que estas mejoren -en vez de entorpecer- la narrativa, su versatilidad para lucirse tanto en las escenas icónicas y grandilocuentes como en las secuencias más intimistas, su enorme imaginación para crear armas, vehículos, locaciones y trajes… Visualmente, Son of Superman no está al nivel de Promethea, pero se le acerca muchísimo.
Un detalle boludo: Jon Kent aparece con su traje de Superman apenas en 20 páginas, o sea que poca gente recordará ese traje hoy, 12 años después. Pero posta, es increíblemente parecido al traje que tiene HOY el Hombre de Acero en la Justice League de Jim Lee, sin el calzoncillo rojo, con la capa prendida por atrás de los hombros, el cuellito alto... No sé si el Chino se lo habrá afanado conscientemente a Williams, pero las similitudes son muy, muy notorias.
En fin, otro motivo para añorar las épocas en las que DC le habilitaba el sellito Elseworlds a los creadores grossos que tenían ganas de jugar al “dale que…” y explorar alguna faceta extraña o poco convencional de los héroes más conocidos. Y una excelente inversión, porque por sólo u$ 8, te llevás 94 páginas dibujadas por J.H. Williams III prendido fuego, comprometido a full con una historia más que interesante.
Etiquetas:
David Tischman,
DC,
Howard Chaykin,
J.H. Williams III,
Superman
viernes, 30 de septiembre de 2011
30/ 09: SUPERMAN/ SAVAGE DRAGON: CHICAGO
Todo muy lindo, muy grosso Erik Larsen, pero esta era muy brava, incluso para él. No sé si Superman/ Savage Dragon: Chicago es mejor que el team-up ambientado en Metropolis aparecido varios años antes, porque aquel se veía tan poco atractivo que jamás me animé a leerlo. Tampoco sé si era importante leerlo para que este me resultara menos blandito, menos intrascendente. El tema es que –nueve años tarde- me jugué por este librito, simplemente por fan de Larsen, sin saber con qué me podía llegar a encontrar, y me encontré con un guión entre remanido, predecible y chato.
Lo más copado es cuándo elige Larsen ambientar el team-up. Esto es, claramente, 1991, o principios de 1992: Luthor ya perdió una mano pero todavía no fue reemplazado por el pelirrojo melenudo que dice ser su hijo, Lois ya sabe el secreto de Clark, y Doomsday todavía está lejos. Era una muy linda época para leer comics de Superman (aunque cuatro comic-books por mes era medio zarpado) y Larsen estuvo bárbaro (o muy pillo) al elegir ese momento para insertar esta historia. Por supuesto, en 1991 no había comics de Dragon, ni siquiera existía Image. Pero si leíste Dragon, te enteraste por flashbacks mucho de lo sucedido antes de la miniserie en la que empieza la leyenda que (milagrosamente) sigue hasta hoy. Igual creo que en la continuidad de Dragon, esto engancha más adelante, porque Larsen establece que Antonio Seghetti FUE el Overlord, en tiempo pasado. Medio raro, pero bueno, son distintos universos.
Larsen también opta por el recurso que a mí menos me copa cuando se juntan personajes de distintas editoriales: todos actúan como si siempre hubiesen compartido universo. Uno en Metropolis y el otro en Chicago, Superman y Dragon siempre escucharon hablar uno del otro. Incluso los villanos de uno y otro se conocen desde siempre. Me gusta más lo otro, la extrañeza de que uno sepa que el otro no pertenece a su universo, que hay una anomalía, una invasión, algo que no cierra. Y la otra elección bizarra de Larsen es que obvia por completo la infaltable pelea entre los buenos. Ese clásico malentendido, que termina cuando los héroes bajan un cambio y deciden guardar las trompadas para los villanos, acá no está. Y había mil formas válidas de meterlo, eh?
El argumento gira en torno a un éxodo masivo de los villanos de Superman a la ciudad de Dragon, un hiper-super-villain-team-up entre todos ellos más los enemigos del verdoso para masacrar a los buenos y una revelación final que explica quién hizo venir hasta Chicago a a los Malos Metropolitanos y para qué. Al final, casi nada es lo que parece. Pero todo tiene gusto a viejo, a trillado, o a traído de los pelos. Y que la oficial de policía Alex Wilde sea la quien salve a los héroes, tampoco da ni un poquito.
Entre una cosa y otra, tenemos toneladas de machaca, bien power y estridente, que es algo que Larsen aprendió de Jack Kirby y le sale cada día mejor. Acá se revolean trompadas por centenares, y el que no destruye una pared, no existe. Por suerte, el lungo creador de Dragon mecha estas páginas con otras donde muestra que, además de peleas pasadas de rosca, sabe contar otras cosas. Entre las splash pages grandilocuentes se cuelan páginas de 9 y 10 viñetas, páginas con viñetas horizontales, verticales y con la clásica grilla de Kirby, de seis cuadros iguales. La acción casi no deja lugar para el desarrollo de personajes y el poco que hay se lo llevan un par de villanos del Vicious Circle y Luthor, que seguramente encajaría mejor en el universo de Dragon que su némesis kryptoniano. Pero a nivel narrativo y sobre todo a nivel dibujo, estamos ante un comic muy, muy atractivo, que no decae en ningún momento.
Lo único que no me cerró fue el guión, pero en tan pocas páginas no sé si se podía pedir mucho más. El fan de Dragon está acostumbrado a mejores guiones, sin dudas. El de Superman… depende de qué épocas haya leído. Al lado del Superman pre-Byrne, por ejemplo, esto es Watchmen. Al lado del Superman post-Zero Hour, no sé si es Watchmen, pero tampoco apesta. Y el fan de la machaca superheroica sin mayores pretensiones, o de los team-ups entre héroes de distintos universos seguro lo va a disfrutar.
Etiquetas:
Erik Larsen,
Savage Dragon,
Superman
viernes, 17 de septiembre de 2010
17/ 09: SUPERMAN: BRAINIAC
Acá está de nuevo mi encumbrado doppleganger, con historietas de 2008, cuando le tocó la dura tarea de levantar las ventas de Superman, junto al glorioso dibujante británico Gary Frank.
Fiel a su estilo retro, Geoff Johns se propone ahora relanzar otro concepto de los albores de la Silver Age. Lo había hecho con los villanos de la Zona Fantasma, con la Legión y con Bizarro, y ahora va por Brainiac. La onda es que el lector vuelva a sentir que Brainiac es una amenaza grossísima, de esas que Superman enfrenta sin tener el triunfo garantizado de antemano. Y por momentos lo logra. Cuando sobreviene la machaca, primero parece que Brainiac lo va a someter al kryptoniano, después parece que no, que estamos en la misma de siempre y que Superman le va a ganar fácil, pero al final Johns pela un giro impredecible y lo que era una gran victoria del Hombre de Acero, se tiñe de tragedia con la muerte de… no te lo voy a contar.
Pero a lo largo de toda la saga (que está un poquito estirada), son varios los momentos en los que lo vemos a Superman jugar al límite: de su fuerza, de su ingenio y hasta de su integridad, porque la tentación de matar a este genocida hijo de puta es demasiado grande hasta para él, sobre todo después de la muerte de… no, ya te dije que no te lo voy a contar. Para que la cosa no decaiga a pesar de las más de 120 páginas, Geoff pela tres recursos: escenas muy copadas de Clark con sus padres en Smallville, distendidas, tiernas, muy al margen de los cataclismos cósmicos que plantea el plot central; escenas con Supergirl –pieza importante en la trama- que aportan data y sustancia acerca del origen de un personaje parido entre gallos y medianoche por Dan Didio y Jeph Loeb; y varias escenas en el Daily Planet, al que Johns trata de “rearmar” con incorporaciones como Steve Lombard (personaje segundón de la continuidad pre-Crisis), Cat Grant (de la etapa Byrne-Wolfman-Ordway, ahora convertida en un yiro veterano) y como siempre, el parco Ron Troupe, el insoportable Jimmy Olsen y la irritante Lois Lane. Pero lo peor es Clark Kent. Johns ama al Clark Kent pre-Crisis, ese que cuando interactúa con los otros periodistas del Planet se comporta como un pusilánime, un tarado que está siempre dos pasos atrás de todos los demás (lo cual contrasta con la calidad de lo que escribe y con la magnitud de las primicias que consigue, pero bue…). Ese Kent patético –por suerte- se convierte de nuevo en el Kent con un poquito más de onda cuando se queda a solas con la gente que conoce su secreto, o sea, Ma, Pa y Lois. Pero en las escenas dentro de la redacción lo querés cagar a sopapos, mal.
O sea que, además de la indispensable secuencia en un cementerio (marca de fábrica de Johns) tenemos un buen upgrade de un villano clásico, un lifting de personajes secundarios para Clark, algunas lindas pinceladas de la relación con los padres, una redondeada prolija del background de Supergirl y –por si faltara algo- la muerte de alguien a quien no pienso nombrar (pero en realidad ya nombré) y un par de consecuencias más, de largo plazo. Si te gusta el Superman clásico, icónico, épico, pero con sutiles toques de humanidad, esto te va a cebar a full.
Como siempre, el trabajo de Gary Frank en la faz gráfica es demoledor. Me molesta (ya lo dije la otra vez) que le dibuje a Superman (y a Clark) la cara de Christopher Reeve en todas las putas viñetas, pero bueno, está todo tan bueno, que se lo perdono. Frank la rompe en todo: en la acción grandilocuente, en las escenas tranqui, cuando tiene que dibujar los mega-fondos de la nave de Brainiac, en su diseño de los esbirros mecánicos del villano, en los primeros planos que desbordan emotividad, todo es fabuloso. Y el epílogo, que arranca con esa secuencia de cinco páginas mudas, te pone los pelos de punta. Eso es historieta quintaescencial. Si no te interesa Superman pero te gusta el dibujo realista, no te pierdas esta cátedra de Gary Frank, muy bien secundado por las tintas de Jon Sibal y los colores de Brad Anderson.
Por ahí te ahuyentó todo ese tema del Nuevo Krypton, con Superman viviendo entre los kryptonianos y lejos de Metropolis, enredado en una saga compleja, larga y llena de crossovers… Bueno, eso nace acá, en esta saga contra Brainiac con la que mi clon perdido empezaba a cerrar su memorable paso por Action Comics, y que supo combinar impacto pochoclero y emoción, efectismo y siembra a futuro. Muy bueno.
Etiquetas:
DC,
Gary Frank,
Geoff Johns,
Superman
Suscribirse a:
Entradas (Atom)