Mostrando entradas con la etiqueta Martín Túnica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martín Túnica. Mostrar todas las entradas
martes, 3 de febrero de 2026
MARTES DE CALOR
Y eso que llovió un ratito, eh? Pero acá en Buenos Aires el clima está re-heavy y me estoy por quedar pegado a la silla. Vamos rápido a las reseñas de más libros que leí en estos últimos días.
Me devoré el tercer y último tomo de Tokyo Days, esa joyita que nos regaló Ivrea a principios del año pasado, en una demostración de buen gusto tan bienvenida como infrecuente. Una historieta realmente hermosa, que te entretiene, te conmueve, te invita a reflexionar, y -como mínimo- te informa de la existencia de otros tipos de manga. Pareciera que Taiyo Matsumoto escribe toda esta serie para convencernos de que no todo pasa por los hits más obvios, y que en los senderos menos transitados, o descartados por algún pelotudo que los considera anticuados, también se pueden encontrar grandes obras, a las que los autores les ponen el corazón, sin pensar tanto en la popularidad o en la facturación.
En este tercer tomo Aoki cede buena parte de su protagonismo, y sin dudas el que le disputa ese rol a Shiozawa es Chosaku, a esta altura un personajón recontra-desarrollado, con un carisma increíble, al que el lector siente que conoce y ama desde siempre. Y claro, en algún momento hay que resolver el tema de la nueva revista que Shiozawa quiere lanzar al mercado y a eso le dedica Matsumoto todo el episodio final. Pero sin estridencias, sin armar mucho bardo. Esto no es épico, es realista y -pese a lo idiosincrático del dibujo- trata de parecerse lo más posible a cómo se dan los hechos en la vida real. Es un hermoso final, con alguna rendija abierta para una eventual continuación (que la flasheo yo, no Matsumoto), y con una especie de repaso final por todos los personajes que tuvieron roles importantes en los episodios anteriores. De alguna manera, el logro de Shiozawa los atraviesa a todos.
Como entre episodio y episodio pasa bastante tiempo, en este tercer tomo desaparece el subplot de la campaña electoral. Nadie lo explicita, pero se supone que ya pasaron las elecciones. Y quedó esa ciudad, con esas localidades más apartadas, con esos barrios más tranquilos, a los que se nota que Matsumoto ama con todo su corazón. Esta vez muchos de esos paisajes con los que el autor cierra cada episodio son nocturnos, como si se propusiera mostrarnos un Lado B de la ciudad en el que el ritmo pachorro (que obviamente lo seduce) se imponga por completo.
Y no hace falta hablar del dibujo, porque ya lo hicimos en todas las reseñas de libros de Matsumoto que publiqué acá a lo largo de los años (o siglos, no recuerdo). Simplemente recomendarle a todo lector interesado por la buena historieta que le dé una posibilidad a Tokyo Days, por su propio bien y por el bien de todos, porque si esto vende decentemente, en una de esas tenemos más obras de Matsumoto publicadas en nuestro país.
Hoy es el cumpleaños de Martín Túnica, enorme dibujante argentino cuya obra más relevante (hasta la fecha) es esta que acabo de leer: Monarch, con guion de Mauro Mantella y color de Ramón Bunge. Se trata de una obra rara, porque fue escrita originalmente en inglés por Mantella (para publicarla en una editorial de EEUU) y traducida años más tarde al castellano. Y si se la puede considerar "historieta argentina" es solo por la nacionalidad de los autores, porque en 260 páginas no hay la más mínima pista, no hay nada que la vincule con la tradición del Noveno Arte nacional.
El guion parece, a todas luces, obra de un guionista británico. En los primeros episodios, Mantella nos ofrece una mezcla muy atractiva entre The Boys (de Garth Ennis) y The Invisibles (de Grant Morrison). Con el correr de las páginas, el rol de los superhéroes en la trama se va a hacer menos preponderante y va a ganar la vertiente que Morrison exploró en The Invisibles: la explicación en términos aventureros del universo, el origen del Mal y cómo este terminó por articular todas las relaciones entre los seres humanos. Y todo el tiempo tenemos diálogos que nos remiten al Warren Ellis de Transmetropolitan: alocuciones extensas, afiladas, en las que se combinan conceptos complejos, ideas fantásticas o de ciencia ficción y groserías (casi siempre graciosas) vinculadas con el sexo y la escatología. En Monarch no hay tanta escatología, pero la temática del sexo está mucho más presente que en cualquier comic normal con superhéroes. No es mucho lo que se ve, pero se habla todo el tiempo (en serio y en joda) de penes, vaginas, semen, eyaculaciones, pedofilia (que ahora está tan de moda entre los ricos y poderosos), necrofilia y violaciones, un cantidad bestial de violaciones.
En un momento, un personaje dice "Creeme que entiendo perfectamente la cantidad de información atroz y traumática que estás digiriendo". Y eso es exactamente lo que me pasó mientras leía Monarch. La cantidad de data y de atrocidades aberrantes que Mantella comparte con sus lectores es totalmente apabullante. Impacta, claro, porque está presentada de manera tremenda, descarnada. Pero también agobia en un punto, sobre todo cuando la trama de "te vamos a explicar cómo funciona realmente el universo" se lleva puesta a la trama más "miraclemanesca" del superhéroe que trata de descubrirse a sí mismo tras superar años de manipulación por parte de las autoridades. Por si todo eso no fuera suficiente, algunos diálogos incursionan en el meta-relato: algunos personajes hablan de rebooteos, de manoseos en la continuidad, en historias que se contradicen unas a otras a la hora de explicar ciertos hechos, ciertos orígenes secretos. No es algo que resulte crucial para el desarrollo del argumento, sin embargo, y queda como un guiño de Mantella hacia los lectores muy curtidos en esto de los universos superheroicos.
Dibujada a todo culo por Túnica, coloreada como los dioses por Bunge y editada de manera impecable por Rabdomantes, Monarch se postula como la obra definitiva de Mauro Mantella, por lo menos en lo referido al género superheroico. Y sin dudas es una lectura atrapante, que te fascina con la complejidad y la precisión de sus conceptos, e incluso con lo actuales y reales que resultan muchas de las atrocidades que describe. Para mi gusto, el guion de Mauro se pasa un par de pueblos en materia de ambición: nos quiere narrar algo tan zarpado, tan enorme, tan trascendental, que los superhéroes le quedan chicos. Monarch es un mega-tratado de filosofía, historia y política atravesado por las teorías conspiranoicas más fundamentadas de las que tengo memoria... y en algún punto todo eso se ensambla tan bien que la aventura queda disminuida, se hace casi anecdótica, casi innecesaria. Lo cual no quita que haya momentos de tremenda emoción, narrados en clave épica por un guionista mega-cerebral al que estos temas evidentemente lo apasionan y un dibujante que supo ponerle onda y emoción incluso a escenas dominadas por larguísimos soliloquios. Y drama, y violencia a raudales y alguna que otra pincelada de humor. Esto hay que leerlo para creerlo.
Perdón, me fui a la mierda con la extensión de los textos. Ya está, cortamos acá y retomamos pronto, ni bien tenga más material leído. Gracias y hasta pronto.
Etiquetas:
Martín Túnica,
Mauro Mantella,
Taiyo Matsumoto
sábado, 6 de diciembre de 2014
06/12: LA TORRE DE BURBUJA
Esta es otra obra a la que vi nacer en el tablero del dibujante, Martín Túnica, cuando recién se embarcaba en el proyecto, sin tener idea de que eventualmente el libro terminaría por pubicarse en varios países con muy buena repercusión. Aún así, sin saber con demasiada certeza qué iba a suceder y sin conocerse personalmente con el guionista (el peruano Antonio Taboada) Martín Túnica (hermano mellizo de Pablo) se comprometió a full con el trabajo y entregó casi 80 páginas a un nivel altísimo. En un estilo mucho más realista que el de Pablo, “Marto” encontró su propia voz, su propio tono, durante la realización de La Torre de Burbuja. Logró integrar con solvencia la referencia fotográfica, aplicar los grises con técnicas muy distintas, pero siempre con gran criterio, jugar con el trazo finito del plumín y con la pincelada bien heavy, y hasta armar truquitos “con la cámara”, a la que la vemos moverse de un modo muy original, muy atractivo, para lograr efectos narrativos muy gancheros. Esto se ve realmente bien, y parece la obra de un tipo recontra-profesional con 30 años de trabajo contínuo en el medio, no una de las primeras obras extensas de un muchacho de 28 o 29 años, que eran los que tenía Martín cuando encaró este proyecto.
El guión de Antonio Taboada es sumamente atípico. Ya desde el texto anónimo de la contratapa y el prólogo de Dante Ginevra, nos vienen avisando que estamos por leer una historieta distinta, en la que los hechos no están narrados de forma tradicional. Muy sutilmente, esos textos nos invitan a abrir el paraguas, para que no nos empape el chubasco si finalmente la historia se va al carajo, o si Taboada se pasa de vanguardista en el planteo, el desarrollo o la resolución de los conflictos. Y la verdad es que, leída con el paraguas abierto, sabiendo de antemano que puede pasar cualquier cosa y que todo se puede llegar a resolver (o no) del modo más fumanchero posible, La Torre de Burbuja es una lectura muy entretenida, y por momentos hasta enriquecedora.
Taboada juega con los sueños, con los símbolos, con deja-vus mutantes, recuerdos distorsionados de vidas no del todo reales. En un punto, todo parece tener sentido y de pronto, un volantazo del guión sacude todo a la mierda… varias veces. Pero no parecen ser volantazos caprichosos, sino muy calculados por parte del guionista, que busca eso: las múltiples interpretaciones, los interrogantes que quedan abiertos… De eso se tratan los sueños y los símbolos, al fin y al cabo. Felizmente, estos coqueteos con la locura (que es un tema central de la obra) están sustentados por una estructura dramática fuerte, una historia de gran dinamismo, que nunca te aburre y siempre logra generar la intriga suficiente como para que quieras seguir enganchado hasta el final.
O sea que hay una cuota de delirio, de fumanchereada, de climas y sacudones extraños al mejor estilo David Lynch, pero no es un comic críptico, ni pensado para excluir al lector por la vía de la excesiva sofisticación, o del mero aburrimiento. Es un guión complejo, con varias capas para descubrir en sucesivas relecturas, atravesado por misterios, saberes y enigmas que lo elevan por sobre la simple acumulación de peripecias y saltos al vacío.
Hechas estas salvedades, tomadas estas precauciones, me parece justo recomendar la lectura de La Torre de Burbuja a aquellos que estén buscando relatos distintos, más jugados e impredecibles. Por supuesto, me gustaría leer otras obras de Antonio Taboada, para terminar de sacarle la ficha, a ver si es siempre así, o si acá se sacó el gusto de pelar una obra extraña, a todo o nada. Y obviamente quiero más historietas de Martín Túnica, porque me queda clarísimo que este trabajo lo pone entre los grandes dibujantes de estilo realista que tiene hoy la historieta argentina. Aplaudo, además, la decisión de Loco Rabia de publicar una obra de estos dos notables artistas, hasta aquí ausentes de la escena editorial y hoy, gracias a este libro, ya parados sobre un éxito que ojalá les abra muchas puertas.
El guión de Antonio Taboada es sumamente atípico. Ya desde el texto anónimo de la contratapa y el prólogo de Dante Ginevra, nos vienen avisando que estamos por leer una historieta distinta, en la que los hechos no están narrados de forma tradicional. Muy sutilmente, esos textos nos invitan a abrir el paraguas, para que no nos empape el chubasco si finalmente la historia se va al carajo, o si Taboada se pasa de vanguardista en el planteo, el desarrollo o la resolución de los conflictos. Y la verdad es que, leída con el paraguas abierto, sabiendo de antemano que puede pasar cualquier cosa y que todo se puede llegar a resolver (o no) del modo más fumanchero posible, La Torre de Burbuja es una lectura muy entretenida, y por momentos hasta enriquecedora.
Taboada juega con los sueños, con los símbolos, con deja-vus mutantes, recuerdos distorsionados de vidas no del todo reales. En un punto, todo parece tener sentido y de pronto, un volantazo del guión sacude todo a la mierda… varias veces. Pero no parecen ser volantazos caprichosos, sino muy calculados por parte del guionista, que busca eso: las múltiples interpretaciones, los interrogantes que quedan abiertos… De eso se tratan los sueños y los símbolos, al fin y al cabo. Felizmente, estos coqueteos con la locura (que es un tema central de la obra) están sustentados por una estructura dramática fuerte, una historia de gran dinamismo, que nunca te aburre y siempre logra generar la intriga suficiente como para que quieras seguir enganchado hasta el final.
O sea que hay una cuota de delirio, de fumanchereada, de climas y sacudones extraños al mejor estilo David Lynch, pero no es un comic críptico, ni pensado para excluir al lector por la vía de la excesiva sofisticación, o del mero aburrimiento. Es un guión complejo, con varias capas para descubrir en sucesivas relecturas, atravesado por misterios, saberes y enigmas que lo elevan por sobre la simple acumulación de peripecias y saltos al vacío.
Hechas estas salvedades, tomadas estas precauciones, me parece justo recomendar la lectura de La Torre de Burbuja a aquellos que estén buscando relatos distintos, más jugados e impredecibles. Por supuesto, me gustaría leer otras obras de Antonio Taboada, para terminar de sacarle la ficha, a ver si es siempre así, o si acá se sacó el gusto de pelar una obra extraña, a todo o nada. Y obviamente quiero más historietas de Martín Túnica, porque me queda clarísimo que este trabajo lo pone entre los grandes dibujantes de estilo realista que tiene hoy la historieta argentina. Aplaudo, además, la decisión de Loco Rabia de publicar una obra de estos dos notables artistas, hasta aquí ausentes de la escena editorial y hoy, gracias a este libro, ya parados sobre un éxito que ojalá les abra muchas puertas.
Etiquetas:
Antonio Taboada,
La Torre de Burbuja,
Martín Túnica
Suscribirse a:
Entradas (Atom)