el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 25 de febrero de 2011

25/ 02: MUSEUM OF TERROR Vol.2


Wow! Qué jodido es esto! Entre el primer y el segundo tomo, no sólo mejoró notablemente el dibujo de Junji Ito; también se le terminó de limar el cerebro y acá nos embiste con unas ideas tan pasadas de rosca que ya parecen más de Hideshi Hino que de Kazuo Umezu. Ito llega a ese nivel de virulencia en el que, más que miedo, las historias causan gracia por lo extremo, lo grotesco, lo escabroso más allá de la repulsión.
Pero primero admiremos un cachito el dibujo. En el primer tomo, Ito era un principante, muy torpe en las historias con las que abría la saga de Tomie (que de eso se trata, aunque los yankis le hayan puesto ese título frutihortícola), y para el final arrimaba a un nivel muy digno, aunque no muy original. Acá avanza a pasos agigantados y para el final de este tomo tenemos a un dibujante devastador, al que es un placer indescriptible mirar y estudiar. Las minitas le salen más lindas que a Manara, las páginas están mejor balanceadas, pela más recursos mejor usados a la hora de poner grises, texturas y líneas cinéticas; y aún así tiene esa frescura, esa cosa fluída, como de tipo que improvisa, que busca, que no repite un libreto aprendido de memoria. De las 11 historietas, la mejor dibujada es la octava (Gathering), donde Ito deja la vida en cada viñeta repleta de personajes fuera de control, pero la verdad es que todas están buenísimas y ya no hay prácticamente pifias ni errores de los que vimos en el primer tomo. Muy grosso.
Y claro, además Ito usa todo este arsenal para darnos cuiqui, para pegarnos un julepe (como decíamos en los ´70), para crear climas que nos hagan fruncir un poquito el ojete. A veces, decía, las ideas son tan descabelladas, tan zarpadas, que en vez de miedo te causan risa. Pero la construcción de los climas tensos está, funciona y por momentos es exasperante, como en la tercera historia (Adopted Daughter), la de la mansión donde viven los viejitos que torturan chicas. Esa y la quinta (Boy) son de lo más tremendo que leí en mi vida, con escenas más perturbadoras que bajarte una porno y descubrir que la protagonista es tu vieja.
La sexta historia recupera a un personaje secundario del primer tomo (uno de los que sobrevivió milagrosamente a su encuento con Tomie) y lleva el delirio a niveles alucinantes. Acá, el poder de Tomie de replicarse a partir de cada pedacito de su cuerpo pega una vuelta increíble y no podés parar de reirte de lo excesivo del planteo argumental. Y también hay que destacar las tres últimas historias del tomo, que componen una trilogía también muy limada: Tres réplicas de Tomie se enfrentan entre sí y manipulan a otros personajes para que maten a sus rivales. El episodio del medio parece no tener nada que ver, pero sobre el final Ito conecta de modo magistral esta historia (brillantemente maligna) con la trama central de la anterior y la siguiente. Un cierre a todo lujo para un tomo de escalofriante belleza.
Qué loco que esto sea virtualmente desconocido en Argentina, donde los cines se llenan cada vez que se estrenan películas de terror medio salvajes. Tomie tiene mutaciones asquerosas, descuartizamientos, mutilaciones, torturas, gente que apuñala gente, gente que se prende fuego, un erotismo insinuado pero no por eso menos hot, una crítica sutil al culto desmesurado a la belleza… y todo dibujado muy, pero muy bien. Ni siquiera tiene grandes pretensiones, ni un vuelo sofisticado, como para que los editores (especialistas en subestimarnos) crean que ”la gilada no lo va a entender”. Esta vez, esa excusa no corre. ¿Qué será, entonces, lo que impide que el lector argento vibre al ritmo de las truculentas muertes y las grotescas resurrecciones de Tomie? ¿Alguna idea, de aquel lado de la pantalla?

lunes, 14 de febrero de 2011

14/ 02: MUSEUM OF TERROR Vol.1


“Museum of Terror”… cualquiera. Esto no es otra cosa que la edición yanki de la famosísima Tomie, obra que consagrara a Junji Ito como uno de los principales mangakas del género del terror. Pero bueno, a los amigos de Dark Horse les pareció más ganchero ese título pedorro, que parece de una película chota de Porcel y Olmedo.
Lo importante es lo de adentro, dijo Jack el Destripador, así que nos metemos ya en la historia de Tomie, una estudiante secundaria hermosa y conflictiva, a la que mata sin querer un compañero. Pero el profesor que presencia el hecho (y que se curtía a la joven) hace un pacto de silencio con sus 41 alumnos: entre todos trozan el cadáver de Tomie en 42 partes y cada uno hace desaparecer un cacho de la occisa. Claro, jamás se les iba a ocurrir que Tomie tenía superpoderes: como el Lobo original (el de Omega Men), cada cacho de Tomie se reconstituye hasta cobrar la forma de la chica muerta. No son zombies, no es Tomie que resucita: son nuevas personas que se generan a partir de los pedazos de la muerta, como clones, pero que crecen en poquísimas horas. Imaginate el kilombo en la escuela cuando aparece de la nada, vivita y coleando, una chica idéntica a Tomie (incluso con sus recuerdos).
El resto de las historias sigue más o menos un mismo patrón: una chica igual a Tomie aparece de la nada, interactúa con gente que por algún motivo la quiere boletear (a veces, simplemente porque es una turra hija de puta), la hieren, la trozan y en un momento, de un cacho de la chica muerta crece una chica viva. Ito le encuentra varias vueltas copadas a este mecanismo: en una historia, la nueva Tomie sale de un riñón, implantado a una chica que necesitaba un transplante. En otra, se reconstituye a partir de un charquito de sangre en una alfombra. El impacto nunca falla: los monstruosos regresos de Tomie y los escabrosos modos en los que es asesinada o mutilada garantizan momentos de enorme tensión, con los que el autor suele cerrar cada uno de los episodios.
A nivel guión, todo pasa por ahí: por el suspenso creciente y la reacción de la gente común frente a la asombrosa capacidad de esta chica para volver de la muerte y muchas veces ejercer una venganza truculenta contra sus asesinos. No hay mucho más. A lo largo de tres episodios, aparecen dos personajes secundarios recurrentes, a los que Tomie les hará la vida imposible: la joven fotógrafa Tsukiko y el fachero del colegio, Yamazaki. Ninguno de los dos son buenos, por eso Tomie no llega a jugar el rol de villana, y eso es sin duda un acierto. Pero no hay un gran desarrollo de personajes y varias de las cosas que hacen estos pibes (y que desembocan en encuentros muy jodidos con Tomie) están medio forzadas, medio por afuera de la lógica.
A nivel dibujo, a lo largo de las 370 y pico páginas que tiene el tomo, vemos a Junji Ito mejorar notablemente. Al principio su dibujo era bastante tosco y las chicas le salían medio bizcas. Tenía un criterio alucinante para armar la página y para elegir los planos, pero el dibujo en sí todavía era bastante rudimentario. Para el final, la mejora es muy, muy notable. El Ito de los últimos episodios parece un muy buen clon de Ryoichi Ikegami, pero que aprendió a entintar mirando a Suehiro Maruo. Ito se termina de asentar en una estética dark, decadente, pútrida, pero no carente de sensualidad (aunque en todo el tomo no se ve ni una teta). Para el final del tomo, maneja la mancha negra, el cross-hatching, las tramas mecánicas y las líneas cinéticas como un grosso de verdad. El Ito principiante tenía más personalidad, era más reconocible a simple vista, pero le faltaban destreza y recursos para hacerle justicia desde el dibujo a las atrocidades que imaginaba.
Tengo un segundo tomo sin leer, que prometo comentar pronto.