el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 11 de agosto de 2023

VIERNES DE CLÁSICOS SEMI-OCULTOS

Hoy también hay reseñas, vengo leyendo a un ritmo un poco más aceptable que el de los últimos... meses, creo. Empezamos en Japón, año 1970, el momento en que Osamu Tezuka está on fire y publica varios mangas oscurísimos y geniales en un montón de antologías, todos al mismo tiempo y todos de gran calidad. Bomba! es un manga que el ídolo publica en una antología básicamente centrada en el shonen, y se supone que tiene que ser una aventura para adolescentes. Sin embargo, las primeras páginas van para el lado del manga romántico: un triángulo amoroso entre una joven y bella profesora del secundario, un profe mala leche y violento y un nene de la primaria que sueña con casarse con la Señorita Mizushima, obviamente cuando sea más grande. Esto evoluciona rápidamente hacia una historia densa y retorcida acerca de la obsesión de Tetsu con la profesora, una fijación irracional que se pone todavía más perturbadora cuando Tezuka introduce un elemento sobrenatural: un caballo fantasma que causa accidentes en los que mueren aquellas personas a las que Tetsu se quiere sacar de encima. El caballo (Bomba) funciona como una especie de Death Note: Tetsu le dice "quiero que muera Tal Persona", y efectivamente Tal Persona muere, en un accidente truculento donde alguien dice haber visto al caballo fantasma. El pibito es consciente del enorme poder que maneja y lo usa sin piedad, en un descenso a las fosas de la abyección que lo llevan a eliminar a sangre fría incluso a sus padres (que muy bien no lo trataban, pobre). De todos modos, no es que Tetsu sea "el villano" y Tezuka plantee el clásico conflicto entre él y un "héroe". Acá no hay buenos, por lo menos hasta que faltan unas 35 páginas para que el manga se termine. A partir de ahí, un personaje intentará rescatar a Testu de este espiral sin fin de muerte y obsesión, en otro volantazo que nunca me vi venir. No quiero spoilear nada del final, simplemente decir que en 144 páginas, Bomba! te lleva a experimentar muchos estados de ánimo distintos, visita tópicos de distintos géneros y guarda siempre un as bajo la manga para que la tensión y la sorpresa nunca escaseen. El trabajo del Manga no Kamisama en la faz gráfica es demoledor. Me imagino las caras de los pibes que compraban la revista Bessatsu Shonen Magazine cuando se encontraron con esto. Acá hay experimentación y expresionismo al palo, en la planificación de las secuencias, en la elección de los ángulos y en la composición de las viñetas. Tezuka juega al claroscuro como nadie y tira magia con el trazo, con la mancha y con la aplicación de los grises. En algún momento se pasa de rosca y dota a algún personaje secundario de expresiones faciales demasiado caricaturescas, mucho más acordes a un manga humorístico que al drama turbio que presenta en Bomba!, pero bueno, recordemos que todavía trabajaba para una revista de shonen. Si te bancás la oscuridad, el enrosque y la total falta de escrúpulos del protagonista, Bomba! te va a enganchar con la arrolladora fuerza del dibujo y con una trama retorcida, donde no todo tiene explicación, pero que te va a poner nervioso y te va a sorprender varias veces.
Salto a Bélgica, para leer un álbum de Comanche titulado "El Prisionero". ¿Qué es esto? Son historias escritas y dibujadas por el maestro Hermann que, debido a su extensión, no entraban en los álbumes comunes. Es lo que los franceses llaman un "hors serie" (fuera de serie). En este caso, con unas ilustraciones magníficas y cinco historietas breves. Las dos primeras se publicaron en 1972, en la revista Tintin Selection, y están claramente pensadas para aparecer en un formato mucho más pequeño que el que eligió Planeta Comic para este álbum. Al agrandar las páginas, tenemos pocos cuadros enormes y el trazo de Hermann se ve más grueso, casi grotesco. A esto sumémosle que (como ya vimos hace un par de años en los álbumes de Yugurta) en 1972 Hermann no dibujaba ni en pedo tan bien como unos años más tarde. De todos modos, la primera historieta (la que da título al álbum) es buenísima. La segunda (Recuerda, Kentucky...) ya no tanto. Después tenemos una historia corta de 1979, publicada en la Tintin Special. Son apenas ocho páginas, pero no están agrandadas, y además acá el trazo de Hermann ya brilla casi como en su mejor momento. El guion también es hermoso, y cuenta una anécdota del pasado de Red Dust y Ten Gallons que no se había revelado hasta ese entonces. Y finalmente, dos historietas de una página cada una, muy locas porque son básicamente chistes con los personajes del Ranch 666. Estas están dibujadas en 1982, cuando Hermann ya la rompía toda. Lamentablemente el álbum no brinda ninguna data acerca de las historietas, las fechas y las revistas donde aparecieron originalmente. Yo las encontré en un artículo de un colega español en Zona Negativa. Una verdadera cagada que se arme un álbum así, de rejunte de material disperso, y no te digan de dónde lo sacaron. Pero si sos fan de Comanche, o de Hermann, muy probablemente desconocieras la existencia de estas historietas, y en ese caso El Prisionero es un gran complemento para tu colección de álbumes del ídolo belga. Si nunca leíste historietas de Comanche y no tenés idea de quién es Red Dust, no recomiendo empezar por acá. Y si no te gusta el western, obviamente tampoco. Este libro es para el fan termo de Comanche o para el fan termo de Hermann. Nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, se vienen nuevas reseñas acá en el blog. Ah, y el domingo no votes a ningún fascista, por favor.

martes, 12 de febrero de 2013

12/ 02: COMANCHE Vol.4

Retomo esta serie clásica a la que redescubrí con ojos de adulto a mediados de Agosto del año pasado. Aquel tomo, Les Loups de Wyoming, enfrentaba a los buenos contra los hermanos Dobbs, temibles forajidos responsables de infinitos robos y violentos asesinatos. Uno de los Dobbs, Russ, el más jodido, lograba escaparse y este tomo, llamado Le Ciel est Rouge sur Laramie, consistirá precisamente en cerrar ese plot.
Acá la dupla sin apellido, integrada por el guionista Greg y el dibujante Hermann (ambos belgas), tomará una decisión arriesgada: Les Loups de Wyoming era un álbum de protagonismo coral, con seis o siete personajes importantes, entre los que se destacaban por sobre el resto dos: uno creado ex profeso para esa aventura y otro, Red Dust, que integraba el elenco de la serie desde el Vol.1. Esta vez será Red Dust, el pelirrojo fachero, cínico, testarudo y siempre al filo del conflicto con los compañeros y la patronal, quien monopolice las acciones. Los otros cowboys del Rancho 666 aparecen en apenas tres páginas y Comanche, que supuestamente es la protagonista, en una sola. Ella será la encargada de leerle a sus muchachos la carta que envía Red Dust, en la que narra (en primera persona) la osada cacería que emprende para capturar vivo o muerto al perverso Russ Dobbs.
Entre la página 5 y el final del álbum, entonces, será Red Dust quien cabalgue por la majestuosa geografía de Wyoming. Lo más loco es que no lo hará solo. No sé si para llenar páginas o porque piensa usarlos más adelante, Greg rodea a Red Dust de un atractivo combo de personajes secundarios, a los que desarrolla bastante pero utiliza poco. “Bombardero” Cavendish secunda a Dust en el tramo final y junta mucha chapa, Amos Coogan y Shaver Sharp tienen buenos momentos, con escenas importantes para la trama, pero Isadora Davenport y Leighton Hart, por lo menos en este tomo, están ahí para hacer número, no para aportar nada memorable, ni mucho menos. Sospecho que más adelante tendrán peso en alguna otra historia.
Como ya olfatearás, a una historia de 47 páginas en la que hay que presentar y desarrollar a cinco personajes nuevos no se le puede pedir demasiado énfasis en la acción. Por el contrario, se hacen imprescindibles las escenas más tranquis, para que estos personajes puedan conocerse y uno se interese mínimamente por ellos y sus motivaciones. Greg lo tiene clarísimo. Fuera de las cuatro o cinco páginas finales, la acción se circunscribe a un puñado de viñetas, estratégicamente repartidas en distintos pasajes del libro. Y en el final sí, estalla la violencia y Red Dust, cansado y molido a palos, encuentra lo que fue a buscar al pueblo de Laramie.
El dibujo de Hermann no hace más que mejorar y acercarse de a poco al estilo que lo haría famoso a nivel mundial en los ´80, en las obras que él mismo escribiera. En el trazo del belga sigue muy presente la influencia del gran Antonio Hernández Palacios, el más notable de los muchos maestros de la línea académico-realista a los que Hermann estudiaba en esta etapa. Cuando trata de sintetizar, de prescindir de algunas líneas, sombras y texturas, se empieza a ver muy de a poquito el Hermann de Jeremiah y Las Torres de Bois-Maury. Cuando va a fondo con el realismo más “fotográfico” no sólo aparece con fuerza la impronta de Hernández Palacios, sino también viñetas de inconmensurable fuerza visual, desbordantes de virtuosismo, como esa secuencia de las páginas 17 y 18 en la que los malos cascotean un puente y la diligencia y los caballos caen al río. Eso es casi imposible de dibujar y menos al nivel que lo hace Hermann. El resto es todo de muy bueno para arriba: muy expresivo, muy dinámico, muy bien narrado, y si hay algo que no me deja del todo conforme es el color, que en algunas viñetas recurre (como sucedía en los álbumes clásicos de Blueberry) al “pintamo´todo el fondo del mismo color y a comerla”. Si en el fondo además de decorados hay gente, no calienta. Será gente toda azul, toda violeta, toda naranja o toda marrón. Habría que ver si en las ediciones más recientes esto no fue recoloreado con más tiempo, más dedicación y técnicas más modernas.
Le Ciel est Rouge sur Laramie es un álbum incluso más al límite que el anterior en materia de crueldad y violencia, lo cual es muy loco si pensamos que esto se publicaba (allá por 1975) en una revista infanto-juvenil. Quiero más Comanche, para disfrutar de más Greg y Hermann, y para ver si los otros personajes del Vol.3 reaparecen, o si la serie fue definitivamente copada por Red Dust, el Wolverine del Rancho 666.

martes, 14 de agosto de 2012

14/ 08: COMANCHE Vol.3

Me cebé mal con el western francófono, nomás. Me pegó tanto Bouncer que empecé a buscar para atrás y me encontré con Comanche, una serie emblemática de la década del ´70, que salía en el Journal Tintin, siempre de a poquitas páginas por semana, y después se recopilaba en lujosos tomos de tapa dura. En total, y con varios parates en el medio, la serie se publicó hasta 2002, pero la pulenta –dicen- son los 10 primeros tomos, que son los realizados por la dupla creadora, integrada por dos belgas de lujo: el guionista Greg y el dibujante Hermann (la dupla sin apellidos, de acá en más). Cuando Hermann dejó la serie, Greg escribió cuatro tomos más, pero no era lo mismo.
En una comiquería de Rosario me encontré varios tomos de Comanche originales, editados en Bélgica en los ´70, obviamente en francés. Compré dos, leí uno, y me guardé otro para el año que viene (sí, ya estoy comprando material que no voy a poder leer antes de fin de año). Yo había leído alguno en castellano, cuando Billiken los editaba como un suplemento dentro de la revista en épocas de verano, allá por el ´77 o ´78, no recuerdo bien (posta, era muy chico). Obviamente no me acordaba nada, excepto que había cowboys y unos dibujos de la San Puta, que en su momento me parecían un poquito más pedorros que los de Antonio Hernández Palacios, cuyos westerns conocía por la revista Trinca. No es que ahora sean mejores (difícil superar a Hernández Palacios a la hora de dibujar un western realista), pero como en los ´80 me hice fan de Hermann, estoy en condiciones de disfrutar mucho más esos dibujos en los que ya se insinuaban muchas de las genialidades que el belga nos regalaría en las décadas posteriores.
Este tomo, Les Loups du Wyoming, es el tercero de la serie, editado en álbum en 1975. La protagonista es Comanche, una chica valiente y un poco cabeza dura que –nunca supe cómo- está al frente del rancho 666. Pero es la protagonista hasta ahí nomás. Está muy claro que la idea es repartir el juego entre Comanche y sus empleados, cinco tipos a las órdenes de una minita, cosa que en el duro far west no sé si era tan frecuente. De los cinco, el que más chapa tiene, o por lo menos al que más bola le da la dupla sin apellidos es Red Dust, el guacho recio y fachero, quien en buena parte de la aventura eclipsa por completo a Comanche. De todos modos, el verdadero artífice de la derrota de los villanos será un personaje creado sólo para esta aventura: Braggshaw, un sacerdote poco ortodoxo, que predica la paz y el amor pero no duda a la hora de pelar el chumbo y disparar. Paradójicamente, es Red Dust quien menos se copa y más choca con quien tendrá el rol más destacado de esta saga.
El argumento de Greg es bastante lineal. No tonto, ni siquiera predecible, pero ni por casualidad tan oscuro, complejo y realista como los dibujos de Hermann. Hay malos muy malos, buenos muy buenos y un montón de guita que no puede caer en las garras de los villanos para que no se paralicen las construcciones en un pueblo vecino al rancho, en las inmensas planicies de Wyoming. Y por ahí pasa el subtexto más sutil propuesto por Greg: se viene el progreso, muchachos! Hasta los majestuosos bosques de Wyoming pronto dejarán de ser terreno salvaje para integrarse a un país moderno, pujante y civilizado. La reacción frente a eso no es igual en Comanche que en Red Dust, y mucho menos en los hermanos Dobbs, los malos de esta película. Por ahora, ese punto está apenas sugerido, pero por ahí más adelante Greg se decide a explorarlo a full. Como en todo western “serio” va a morir mucha gente, más que en cualquier otra historieta de las que recuerdo haber visto en los ´70 en las revistas para chicos. Por lo menos no hay torturas ni gente morfada por los lobos, como en Bouncer, Blueberry y otros franco-westerns un toque más jodidos.
Del dibujo de Hermann ya hablé bastante y me queda por destacar una cosa: que no es tributario del de Jean Giraud, una especie de milagro en el comic de cowboys made in Europe. En todo caso, Hermann mira más a Jijé (el maestro de Giraud) y obviamente a Hernández Palacios. El resultado es muy atractivo, con una narrativa muy ágil y un dibujo que combina rigor documental con mucho margen para darle expresividad y onda a los rostros de héroes y villanos. Lo único lamentable es el color, muy precario para los standards actuales y que desluce mucho el dibujo de Hermann, especialmente en las (extensas) secuencias que transcurren en la oscuridad de la noche.
Greg no tiene ni medio fan en Argentina (creo), pero Hermann seguro que sí. Si sos uno de ellos, fijate si se puede conseguir de algún modo Comanche en castellano (o en el idioma que te guste) y jugale unas fichas, que además de mostrarte cómo dibujaba el ídolo en sus años mozos, te va a entretener con una aventura intensa, con muy buen ritmo y personajes sumamente atractivos.
Ah, en cuanto a lo que decía antes de que ya estoy acovachando material que voy a poder leer recién en 2013, sé que es un poco temprano, pero te tiro igual la bomba atómica: El año que viene hay SEGURO cuarta temporada para este blog.