el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 4 de mayo de 2010

04/ 05: HUMAN TARGET: FINAL CUT


Ah, bueno… Esto es jodido de verdad!
Obviamente, con Christopher Chance en Los Angeles, no se podía hacer esperar la saguita hollywoodesca, en la que el Blanco Humano se sumerja en el mundillo rutilante e hipócrita de las estrellas del Séptimo Arte. Ahí, donde todos juegan a ser lo que no son, donde la ficción tiene más peso que la vida real, el Gran Simulador puede sentirse casi a gusto y volver a encontrarle sentido a la profesión después de la tragedia de la saga anterior. Esta llegó tres años más tarde (en 2002) y en forma de una extensa novela gráfica, 91 páginas sin respiro y sin concesiones.
Acá Milligan ya tiene al personaje armado y lo maneja de taquito: “Todos estamos mintiendo. Toda mi vida es una mentira. Yo no soy nadie”, dice Chance en una de las mejores escenas del libro. Y esta vez, las consecuencias de vivir la vida de otro, y de SER otro, son muy heavies, porque Chance se enamora perdidamente de la esposa de uno de los hombres a los que suplanta. Que en total son tres: un actor veterano, un guionista y actor segundón (sospechoso de haber raptado a un chico que con sólo 13 años es estrella de cine) y un prestigioso productor, hijo de actores y padre del chico desaparecido. El Blanco Humano está acostumbrado a meterse en kilombos y a ser testigo (y partícipe) de relaciones tortuosas, sórdidas y perturbadoras, pero lo que va a tener que ver (y hacer) en Hollywood está más allá de su vasta preparación. Sobre todo cuando le toca encarnar a Davey King, el guionista de un film que ningún estudio aceptó rodar. King está hasta las bolas en más de un kilombo, y casi todos son producto de su relación con Conchita, una bomba atómica, más zarpada y problemática que él, que lo envuelve en un tsunami de sexo, droga y rock´n roll, que Chance trata de entender sobre la marcha, mientras esquiva los corchazos.
En la novela gráfica Milligan no sólo resuelve el misterio de la desaparición de Ronan White: también nos enteramos quién contrató a Emerald (la mercenaria de la saga anterior) para que le volara la cara a Chance. La respuesta es totalmente impredecible, al igual que la resolución del caso de Ronan White. Esta última, además, es totalmente cruel y shockeante. En esa secuencia final se va a la mierda todo ese clima frío, de “todo bajo control”, de investigación detectivesca prolija y bien estudiada. Ahí estalla la emoción violenta, se caen las máscaras que realmente importan y el lector recibe una seguidilla de patadas a la garganta, salvaje y visceral. No es la única escena de alto voltaje, para nada. Esta saga tiene menos machaca que la anterior, pero tampoco es un dibujito del Discovery Kids.
Para reemplazar al difunto croata Edvin Biukovic, llega un gran dibujante español: Javier Pulido. En el trazo de Pulido se ven vestigios de lo mejor de la línea clara valenciana (o sea, Daniel Torres), pero su manejo del pincel y su estilo adusto, austero y a la vez demoledoramente sólido nos remite también a Hugo Pratt y su narrativa tiene bastante de Dave Lapham. Pulido hace gala de un gran manejo de la acción, pero también de los climas más introspectivos. Su Human Target es reflexivo, serio, profundo, lleno de elocuentes silencios. Ni loco se mata en los fondos tanto como Biukovic, pero eso no le resta ni credibilidad ni efectividad a su Hollywood manchado de sol y sangre. El estilo de Pulido, rico en claroscuros e intencionalmente pobre en detalles, requiere un colorista especial, que entienda el planteo estético del dibujante y se acople a él armoniosamente. Ese enorme mérito le corresponde a Dave Stewart, el grossísimo colorista al que ya nos cruzamos en varias reseñas, siempre dispuesto a apuntalar con su paleta mágica los laburos de buenos dibujantes.
Final Cut es otra historieta perfecta por donde se la mire, intensa, arriesgada, potente, capaz de arrancarte una sonrisa, de ponerte los pelos de punta, y de dejarte pidiendo más. Misterio, acción, corrupción y las relaciones humanas más retorcidas del mundo, en una historia llena de vueltas de tuerca alucinantes que no podés dejar de leer.

lunes, 3 de mayo de 2010

03/ 05: HUMAN TARGET


Una vez más, se repite la situación en la que un guionista se anima a reinterpretar a un personaje longevo y a dotarlo de una profundidad y un atractivo que no tenía en su versión original. A ver, lo de Len Wein no era bochornoso, ni mucho menos. Pero era un personaje pensado para aventuritas de ocho páginas, breves historias complementarias que aparecían de vez en cuando en las revistas de Superman o de Batman. Los primeros en sospechar que el personaje daba para más fueron los productores de TV, que en 1992 lo convirtieron en protagonista de una efímera serie con Rick Springfield, seguramente para sorpresa de la propia gente de DC, que a esa altura ni se debía acordar que existía Christopher Chance, el Blanco Humano.
Lo cierto es que en 1999, el grossísimo Peter Milligan logra que Vertigo le compre el pase a Christopher Chance y lo relanza en una miniserie impresionante, 100% adulta y moderna, que le debe poco a lo que habíamos visto tanto en la tele como en los comics de los ´70 (igual Len Wein figura como “consultor”, en un dignísimo gesto de respeto por el creador del personaje). La primera gran movida del británico es mudar a Chance a Los Angeles, capital mundial de la superficialidad. La segunda es enfrentar al Target con un enemigo tan grosso que ni llegamos a verle la cara. Es apenas el jefe de Emerald, la asesina a sueldo que trata de matar varias veces a nuestro impostor favorito. El personaje de Emerald está trabajado a fondo, delineado y desarrollado con mucho más cuidado que el que suelen ponerle los guionistas a un villano de segunda línea. Pero nos falta mencionar la más pulenta de las movidas de Milligan: nada menos que preguntarse qué efectos tiene en la psiquis humana ese juego perverso de absorber la identidad de otro, de llevar la actuación y la simulación al punto de –literalmente- ser durante meses o días OTRA persona. ¿Cómo se vuelve de eso? ¿Qué secuelas trae? ¿Cuánto hay de patológico en esa habilidad innata de Chance y su asistente, Tom McFadden, de suplantar a otros sin que nadie sospeche nada?
En un relato con identidades volátiles, donde todos se hacen pasar por quien no son en realidad, la cornisa es finita y un paso en falso hace que la historia se vaya a la mierda y nadie entienda nada. Acá Milligan impacta con las revelaciones acerca de Christopher, Tom y el reverendo Earl James (al que ambos suplantan en algún momento de la trama), pero nada está librado al azar. Cada cambio de aspecto e identidad de los protagonistas está absolutamente claro y tiene toda la lógica que uno pueda exigirle a un relato tan adulto y realista como este. El personaje de Tom es otro hallazgo de Milligan, otra figura compleja y de múltiples dimensiones. La acción es abundante y creíble, y la resolución (en la que cobra muuucha chapa Dee-Noyze, otro villanito del Ascenso) es potente y emotiva. De ahí seguramente surgirá un Christopher Chance distinto, con otra visión de esta profesión-adicción y de los efectos que tiene en su personalidad.
En materia de dibujantes, Milligan se sacó la lotería, pero le duró poco. El croata Edvin Biukovic (una mezcla entre Eduardo Risso y Luis García Durán) le puso todo a este trabajo y confirmó las expectativas que había despertado con su labor en Grendel: Devils and Deaths. Pero poco después de finalizar el último episodio de la saga, falleció repentinamente, con apenas 30 años. Biukovic sorprendió con una narrativa dinámica, totalmente en sincro con el comic yanki actual, con un gran timing para la acción, una Los Angeles totalmente consistente y verosímil, y mucha onda para que las escenas más tranqui no se hicieran densas. Realmente su pérdida fue un golpe durísimo.
Por suerte quedan un puñado de historieta del croata publicadas en inglés y castellano, entre ellas esta aplanadora que supo combinar intriga y machaca, pochoclo e introspección. ¿Vieron? Me aguanté un mes sin comentar nada de Vertigo, pero cuando volví, volví con tutti. Mañana hay más Human Target!