el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 16 de diciembre de 2015

16/12: THE SANDMAN Vol.10

Ultimo tomo de Sandman y la verdad que arrancó muy mal, logró ponerme muy nervioso: 14 páginas de prólogos, carátulas y boludeces hasta llegar al momento en que arranca la historieta. Gimme a fuckin´break.
Los tres episodios centrales de The Wake son un experimento muy raro de Neil Gaiman: una historia sin conflicto. No pasa nada y la trama ni se calienta en crearnos la ilusión de que va a pasar algo. Lo más parecido a una “tensión” es la expectativa del nuevo Dream por conocer a sus hermanos. El resto es un largo adios al protagonista de los nueve TPBs anteriores, donde aparecen (poquísimas escenas cada uno) varios personajes secundarios de los que conocimos a lo largo de la saga. Incluso, antes de apagar la luz e irse a la mierda, Gaiman se acuerda de que Sandman era parte del Universo DC y mete cameos de Superman, Batman, Martian Manhunter y Darkseid. Y de otros personajes místicos de DC más cercanos a Vertigo, claro.
Hay muchas secuencias maravillosas en estos tres episodios sin conflictos, pero yo me quedo con dos: el discurso de Thessaly en el funeral (donde levanta toneladas de chapa) y esa escena en la que Lyta Hall se reencuentra con Daniel, que tiene una fuerza y una emotividad que me sacudieron todo por dentro. Y hablando de chapa, ya venía muy arriba en los tomos anteriores, pero lo que pela en The Wake el querido cuervo Matthew no tiene nombre. Parece un disparate, pero al final es el personaje con el que más identificado me sentí.
Hay algo más bizarro que agregar tres episodios de The Wake a modo de epílogo de lo que sucedió en The Kindly Ones, y es que la propia The Wake tenga su epílogo. En realidad es chamuyo, es una historia post-funeral de Morpheus, en la que el protagonista es otro personaje al que aprendí a amar: Hob Gadling. Acá sí hay un conflicto, chiquito pero conflicto. Y un tono muy distendido, cero solemne, con espacio para chistes finos y guarangos, de enorme efectividad. Por supuesto no hacían falta 22 páginas para desarrollar lo que Gaiman desarrolla en este unitario, pero lo disfruté mucho.
Vamos con un unitario más, el del sabio japonés. La idea está buena, los textos tienen un vuelo poético muy notable, hay pequeñas cositas que hacen impredecible a la trama y el final es fuerte, tiene esa definición muy concreta de por qué pasó lo que pasó: “Everything changes, but nothing is truly lost”. Si durara ocho páginas menos, estaríamos hablando de un punto altísimo en la saga de Sandman.
Y nos queda el último episodio, The Tempest, centrado en la última obra de teatro que escribe William Shakespeare a instancias de Morpheus. La verdad es que, hasta el punto en que ambos se encuentran cara a cara, la historia me interesó poco. Después empieza a levantar y termina muy arriba, con grandes reflexiones acerca de los sueños, las historias, la forma en que el artista trasciende a su época y otros temas que, por su propia profundidad, muy rara vez son tocados en un comic. Son 38 páginas, una bestialidad. Esto mismo en 24, era majestuoso.
The Tempest nos trae de vuelta al virtuoso Charles Vess, que esta vess se colorea a sí mismo, con hermosos resultados. El dibujo se ve muy fluido, muy puesto al servicio del relato, y esos homenajes a Bone me emocionaron y me arrancaron sonrisas. El unitario del sabio japonés está ilustrado por el gran Jon J Muth, en un estilo raro, experimental, trabajando con recursos gráficos que no tienen que ver con su inmenso talento como artista plástico. Y los cuatro episodios de The Wake marcan el regreso de otro que alguna vez jugó de suplente: Michael Zulli. Este es prácticamente otro Zulli. La tecnología le permite entregar los dibujos sin entintar, con un acabado muy firme y a la vez muy generoso en detalles y texturas. Ahí salteamos el paso de los entintadores, que muchas veces tropiezan cuando el dibujante pone tanta línea en cada dibujo. Y la responsabilidad del colorista es enorme, pero me saco el sombrero ante Daniel Vozzo, que evidentemente entendió al toque lo que quería hacer Zulli y lo complementó con sutileza y jerarquía. Me animaría a decir que nunca volvimos a ver a Michael Zulli en este nivel… pero creo que en Seekers into the Mystery volvió a cosechar otra parva de laureles.
Y se acabó la Sandmarathon. Diez días, diez tomos, miles de páginas. Mañana, un epiloguito. Si Gaiman te metió un tomo entero de epílogo, yo también tengo derecho. Felices sueños.